Sara: Gracias por leer!

Nat-Marie: Jeje, ya subí la primera parte ;)

¿Qué es un guamaso?

Entonces con el One-Shot ya te mueres definitivo, jejejejejejej


Capítulo 29: Rosier Se Pone Espeluznante.

31 de Julio, 1987

-¡Levántense! ¡Levántense, par de vagos!

Morgan pegó un salto, abriendo sus cansados ojos de golpe, sintiendo como el corazón amenazaba con salirse de su pecho. No le gustaba despertarse así, la sensación de miedo no se le iba en todo el día.

Desafortunadamente para ella, era una ocurrencia frecuente en la residencia Dursley.

A su lado, Harry se frotó los ojos y se sentó, tomando sus gafas y colocándoselas.

-Buen día-le dijo la niña a su hermano, quien a cambio le dio una pequeña sonrisa comprensiva.

-¿Te encuentras bien?-le preguntó.

Morgan asintió con vivacidad. Harry siempre le estaba preguntando eso, pero ella aprendió que si tía Petunia la escuchaba hablando con honestidad, se ganaría varios gritos y la marca de una mano en su rostro.

-¡Arriba! ¡El desayuno no se hará solo!

Harry abrió la diminuta puerta y salió de la alacena, pegando un pequeño salto para salir de la cama. Sosteniendo la puerta, esperó a que su hermana desenredara las piernas de las sábanas y saliera antes de volver a cerrar.

Morgan quería ir al baño, no iba desde la noche anterior. Dio una mirada a las escaleras y se removió sobre sus piecitos. Tía Petunia gritó de nuevo, y la pelirroja decidió que podía aguantar un rato más.

En la cocina, el tío Vernon leía el periódico antes de irse a trabajar, y su tía fingía lavar unos platos, pero los mellizos sabían que estaba espiando al vecino por la ventana.

-¡Tú!-le dijo a la niña, pegándole en el pecho al pasarle un pulcro plato amarillo la panceta.

Sus pasitos repiqueteando contra el frío suelo de cerámica, Morgan se detuvo ante el horno e hizo el plato a un lado. Colocó una pequeña mano alrededor de la gruesa asa del sartén y siseó cuando una gota de aceite aterrizó sobre su dorso. Dio una mirada furtiva a su tía, quien estaba demasiado ocupada metiendo su gran nariz donde no le incumbía como para escucharla. Eso era bueno; a tía Petunia no le gustaba cuando los mellizos se quejaban de que algo dolía.

Decía que eran unos flojos malagradecidos, que no merecían estar en su prestigiosa casa, pero que no había remedio porque eran familia.

Morgan no sabía lo que "prestigioso" significaba, pero si eso era la casa de los Dursley, no podía ser bueno.

Harry ya estaba barriendo el suelo, la escoba más grande que él, y cuando sus tíos no estaban mirando le sacó la lengua.

Morgan rió, pero se dio la vuelta y volteó la panceta cuando su tía la miró.

Tomó la espátula y se puso de puntas, intentando servir la panceta en el plato. Ese día, nada se le cayó al suelo, lo que era un alivio.

Dejó la sartén sobre la hornalla y la apagó, tomando el plato cálido y llevándolo hasta la mesa donde tío Vernon, cien kilos de grasa y otros cien de brutalidad, esperaba tranquilo.

-Ya era hora-gruñó con la boca llena de huevos revueltos, sin siquiera apartar la mirada del artículo que estaba leyendo a buscar el correo.

Morgan hizo como le decían, caminando por el pasillo alfombrado hasta la puerta. Abriéndola, miró a un lado y luego al otro. Todas las casas eran iguales, dos plantas, paredes de ladrillo macizo y tejas oscuras. Todas las casas tenían un pequeño garaje a la izquierda. En la casa de enfrente, el vecino regaba el césped, y junto a esa casa, una mujer de traje salía a las corridas con cuatro niños: tres varones y una niña.

El cartero se acercaba, y Morgan salió al sol para recibirlo.

El hombre se llamaba Clark y tenía una sonrisa amable. Siempre le preguntaba cómo estaba, y ella siempre le mentía.

Tío Vernon decía que el hombre era un cartero porque era un bueno para nada. Harry le dijo que de no ser por ese "bueno para nada", no recibiría su "tonto correo".

Lo único que comió esa semana fue lo que Morgan pudo robarse y pasarle a escondidas en la noche, ya segura de que sus tíos dormían.

-¿A quién tenemos aquí? ¡Es la pequeña Morgan Potter!-sonrió Clark, dientes algo amarillentos expuestos en una sonrisa sincera.

Clark se quitó su gorro y se sacudió el cabello, tenía bastante, y era de un agradable tono arenoso. Sus ojos castaños brillaban mientras se arrodillaba a su altura.

Morgan se animó al verlo.

-No te ví ayer-le dijo Clark casualmente hermano tuyo no es tan simpático.

-Je, je-rió Morgan, no sabiendo qué decir. Solo el día anterior, la dejaron encerrada en la alacena porque Dudley dijo que ella le hizo tropezar.

Por supuesto, ella no hizo tal cosa, pero su inocencia no era de gran importancia en esa casa. Cuando llegó la hora del almuerzo, se cansó de gritar y se durmió.

-¿Adivina qué tengo?-le preguntó Clark emocionado.

-¿Correo?-le devolvió con otra pregunta la niña.

Clark rió por lo bajo, metiendo la mano en su bolso.

-Sí, pero también tengo una pequeña sorpresa. Pero tienes que prometer que no le dirás a nadie, ¿ok? Los otros niños de la calle se pondrán celosos.

Morgan hizo una pequeña mueca, su naricita frunciéndose de manera adorable.

-¿Le puedo decir a Harry?

Clark fingió pensarlo, mirando al cielo con un dedo golpeando contra su mentón.

-Sí, supongo que puedes. Después de todo, esto es para ambos.

De su bolso, Clark sacó dos chupetines. Los ojos verdes de la niña se iluminaron.

-¿Son para mi?

-¿Para quién más, ratoncito?

La llamaba así porque era pequeña, aún para su edad. ¡No era justo! ¡Era más alta que Harry!

Morgan los aceptó, sintiéndose tímida de repente.

-Gracias-le dijo, bajando la mirada y contemplando los dulces como si no los recibiera seguido.

No los recibía seguido.

-Uh, ya me olvidaba-continuó Clark, mientras Morgan se guardaba los chupetines en el bolsillo de sus viejos shorts todavía algo dubitativa, como si pensara que Clark podría arrepentirse y pedirselos de regreso. De su bolso sacó una bolsa llena de cubos de chocolate con una moña rosa -¡Feliz cumpleaños, ratoncito!

Morgan miró la bolsa de chocolates con la boca echa agua, luego a Clark.

-¿En serio?

-¡Por supuesto!-le dijo, empujando la bolsa contra su pecho con más gentileza que la de tía Petunia no olvides compartir con tu hermano. Con tu primo no, ese ya come demasiado. Oinc, oinc.

Morgan sonrió suavemente, pero no tomó la bolsa.

-Vamos, Morgan, tómala. Son de los que te gustan, los que tienen caramelo dentro.

Sabía que le gustaban esos porque en una ocasión Harry encontró un billete olvidado en la calle y se escabulló para comprarlos. Los mellizos se habían sentado bajo la sombra de un árbol en un parque para comerlos lejos de Dudley, y Clark, quien estaba paseando con una muchacha alta y rubia, se detuvo para hablar con ellos.

-G-gracias-le dijo, su manita cerrándose alrededor de la bolsa de plástico. Lo miró apenada yo no te dí nada en tu cumpleaños.

Clark sonrió, pasando sus dedos gruesos por el cabello de la niña, intentando desenredarlo. Morgan se preguntaba sí así sería tener un padre.

-¡Claro que sí!-desmintió el hombre diste un abrazo muy grande.

-Eso no es un regalo.

Clark se llevó una mano al pecho y abrió la boca en una gran "O".

-¿Qué no,...? ¡Por supuesto que lo es! ¡A mi me encantan los abrazos!

-¿En serio?

-En serio-asintió solemne í que ya sabes que regalarme el siguiente mayo.

-Clark, para mayo ya me voy a olvidar-se quejó la niña, dando una pequeña patada al piso.

El hombre rió, tirando la cabeza hacia atrás.

-Te haré acordar, ¿te parece?

-Mmm, ok-se encogió de hombros.

-¡Morgan! ¡¿En dónde te metiste?! ¡Los arbustos no se podan solos!

Morgan miró hacia atrás por un momento, y cuando se volteó, Clark ya estaba de pie, mirando hacia la puerta abierta con una expresión oscura. Volvió a bajar la mirada y le dio una pequeña sonrisa.

-Recuerda guardar eso-le dijo, y le dio un par de sobres. Uno blanco, otro más grande y amarillo . Para tú tío.

-Ok. Nos vemos, Clark-le saludó con la mano como pudo, mientras él se alejaba por la entrada y seguía calle arriba.

-¡Nos vemos, ratón!

Morgan volteó, acomodándose los sobres bajo un brazo y sosteniendo la bolsa bajo el otro. Estaba bastante llena, tal vez le durarían varios días, o ella y Harry podían usarlos cuando los Dursley se enojaran y los enviaran a la cama sin cenar.

-¡MORGAN!

-¡Ya voy!

Entró a la casa, y mientras cerraba la puerta, vio a un gato gris atigrado mirándola fijamente. El gato movía la cola, que la tenía encrespada; pero entonces se levantó y se fue, llevándose lo que parecía ser un mapa entre dientes.

La niña cerró la puerta y volvió por el mismo pasillo alfombrado, deteniéndose por un momento para abrir la puerta de la alacena.

-¡¿Qué es eso?!

Alguien la empujó y con un un jadeo, cayó sobre la pobre excusa de cama que compartía con Harry. Sintió cómo le arrebataron la bolsa.

-¡Mamá! ¡Papá! ¡Miren lo que tenía Morgan!-gritó Dudley, entrando en la cocina con pasos retumbantes.

Morgan se enderezó y lo siguió.

-¡Eso es mío!-intentó quitarle los chocolates, pero su primo la volvió a empujar, provocando que esa vez cayera al suelo.

Harry hizo a un lado la escoba y se apresuró para ayudarle a levantarse.

-¿Qué es esto? ¿Quién te lo dio?-preguntó rápidamente tía Petunia, mirando la bolsa de chocolates despectiva.

Dudley la miraba como el cerdo que era.

-Son míos. Un regalo de cumpleaños-le dijo la niña, levantándose con ayuda de su hermano.

Se masajeó la espalda baja, donde le dolía por la caída.

-¿Tú? ¿Quién te daría un regalo de cumpleaños?-preguntó tía Petunia, con ese tono asqueroso que hacía que los ojos de la niña se humedecieran, y se sintiera como si todo lo que hacía estuviera mal.

-¿Es tu cumpleaños?-preguntó Dudley, como si la sola idea fuera ridícula.

Morgan asintió.

-Hoy tenemos siete, tía Petunia-le dijo la niña, tragando. No quería que tirara los chocolates cartero dijo que era un regalo, para Harry y para mí.

-¿Para ustedes?-bufó tía Petunia, ojeando la bolsa una vez más.

Sonriendo de forma poco favorecedora, le dio la bolsa a Dudley y le acarició la mejilla.

-Aquí tienes, mi cielo. ¿Por qué no lo disfrutas mientras miras tus caricaturas?-le dijo con voz dulce.

Harry se puso enfrente a su hermana.

-¡Pero no son de él!

El humor de tía Petunia volvió a cambiar en un parpadeo, mirando a Harry como si fuera un parásito.

-Cállate o no comerás hasta el lunes. Ahora ve a lavar la ropa.

Las manitos de Harry se cerraron en puños. Detrás de él, Morgan comenzó a llorar y se cubrió el rostro, sintiéndose extremadamente sola y olvidada.

La puerta del microondas se abrió, y el vidrio de una de las ventanas se rompió. La pelirroja no tenía que mirar para saber que su cabello se había puesto azul.

-¡No fuimos nosotros!-se apresuró a decir Harry, escuchando como los pasos del tío Vernon aceleraban sobre sus cabezas, haciendo un esfuerzo por bajar rápido.

-¿Quién más pudo ser? Cosas raras pasan cerca de ustedes todo el tiempo-espetó tía Petunia.

-¡Son unos anormales!-les señaló Dudley con los dedos sucios y chocolate en las comisuras de la boca.

Ante esa palabra, el llanto de Morgan aumentó.

-¡¿Qué está pasando aquí?!-la voz del tío Vernon se acercaba más y más.

Harry tomó a su hermana de la mano y se la llevó hasta la alacena. La niña forcejeó, sabiendo lo que se venía.

No quería estar encerrada. No quería estar encerrada.

Harry la empujó dentro y se metió detrás de ella, cerrando la puerta.


Eventualmente, luego de lo que parecieron años, dejaron de escuchar las pisadas de los Dursley.

Harry encendió la luz de la alacena, y vio que Morgan tenía las piernas contra el pecho.

-¿Te sientes mejor?-le preguntó.

No.

Asintió una vez.

-Lamento lo de los chocolates-le dijo Harry.

-¿Por qué es tan malo siempre?-preguntó la niña, colocando la mejilla sobre su rodilla.

Harry se encogió de hombros, y sus ojos se ensancharon cuando su hermana pegó un salto.

-Oh-exclamó sin aliento. Se metió la mano en el bolsillo y sacó dos chupetines. Estiró la mano, esperando que Harry no fuera a elegir el de frutilla.

Tomó el de uva.

-¿De donde lo sacaste?

-Clark me los dio. Dijo que tenía que compartir-su expresión volvió a caer én iba a compartir los chocolates.

Harry se movió a través del pequeño espacio hasta que estuvieron sentados codo con codo. Le quitaron el envoltorio y Harry estiró el brazo. Morgan hizo lo mismo, hasta que los dulces se tocaron brevemente, luego se los llevaron a la boca.

-Feliz cumpleaños, Harry.

-Feliz cumpleaños, Morgan.

Disfrutaron los chupetines en silencio. Eso era un regalo más del que recibieron el último año.


Apesar del terrible día, los sueños de Morgan fueron más agradables.

Estaba sentada sobre un regazo. Alguien jugaba con ella, moviéndola de lado a lado, como si amenazara con tirarla. Entonces, la persona tomó sus manos y comenzó a moverlas a lo loco.

Levantó la mirada, encontrándose con un pálido rostro enmarcado por cabello de un intenso rojo como el suyo, pero bonito.

-¡James! ¡Basta! Deja a esa niña en paz.

-Pero se ve tan linda. Mira-y la persona sosteniéndola comenzó a mover sus manos sobre su cabeza.

-¿Ya es mi turno de sostenerla?-preguntó otra voz, profunda y relajante.

-¡No!

-James, la tienes todos los días. Pasamela un rato.

-¡Qué no! ¡Es mía! ¿Verdad que sí? ¿Verdad que sí?

-¡James!

-¡Lily!

-¡James!

-¡Remus!

Morgan vio a un hombre alto y lánguido de aspecto cansado, con el rostro marcado por varias cicatrices y sintió como los músculos de su rostro se contraían en una amplia sonrisa. Liberó sus brazos y los estiró hacia el hombre.

-Traidora-masculló la voz detrás de ella.

-¡JAMES!


6 de Noviembre, 1976

Morgan apretó los párpados, abrió sus ojos y pestañeó rápidamente. Algo de luz se filtraba por el dosel escarlata de la cama, y tardó un minuto en reconocer el lugar.

Su mejilla se encontraba sobre algo suave, un brazo le rodeaba los hombros y una mano acariciaba su brazo con aire distraído.

Cuando levantó la mirada, notó que Sirius la miraba con interés.

Se aclaró la garganta.

-¿Qué?

Una esquina de su boca se curvó.

-Es la primera vez que te veo despertando. Te ves espantosa.

Morgan gruñó, dándole la espalda, sus piernas enredándose en las sábanas. En algún momento de la noche, Sirius debió meterla debajo.

Riendo por lo bajo, el chico se movió hasta que su pecho tocaba su espalda, y su rostro descansó sobre el suyo.

-Me gusta.

-¿Qué me vea espantosa?

-Mjm.

Tomó su mano y entrelazó sus dedos. Morgan los observó por unos segundos, las mariposas molestándola de nuevo. Usualmente rechazaba sostener manos. No lo hizo con Draco, tampoco con Timothy; prefiriendo tomarles del brazo o pasar el mismo por la cintura de los muchachos, pero sostener la mano de Sirius no estaba tan mal.

Por un período de tiempo limitado.

-¿Qué hora es?-preguntó, su mano alcanzando la suave tela que los protegía del sol.

-Cerca de las nueve-respondió Sirius, acurrucándose aún más contra ella y besando la base de su nuca.

Morgan se enderezó en la cama, enseguida extrañando el calor que esta ofrecía.

-Tengo que ir a la biblioteca.

-Es sábado-le dijo Sirius, como si la creyera loca.

-¿Y?

-¡Espera!

Antes de que moviera el dosel para bajarse, la mano de Sirius se interpuso, tomando la tela y acomodándola.

-¿Qué?

-James podría estar despierto.

-Lo dudo. Ya nos habría escuchado y estarías muerto.

-Puse un encantamiento para eso.

-Bien.

Morgan se dejó caer sobre las almohadas y se desperezó, permitiendo que Sirius echara un vistazo. Se levantó y corrió el dosel. La bruja tuvo que cerrar los ojos por un momento, el sol brillaba demasiado en esa maldita torre.

Se levantó lentamente, sus músculos tensos. Sirius le ofreció un canguro rojo que decía "¡Vamos, Gryffindor!"

-¿Y esta monstruosidad?

Sirius bufó.

-Monstruosidad es el emblema de tu casa-empujó la prenda contra su estómago . Hace frío.

Era cierto; además ella llevaba un vestido y el camino de regreso a las mazmorras era largo. Tomó la prenda y se la colocó.

Vio que Remus dormía plácido sobre su cama, boca entreabierta y una línea de saliva seca visible desde la esquina de su boca, extendiéndose hasta la línea de su mandíbula. Pettigrew roncaba en el suelo, abrazando una almohada y llamándola "Lois". James estaba atravesado sobre su cama, piernas colgando desde un extremo y la cabeza colgando desde el otro.

-Casi nos pilla-dijo Sirius, llevándose las manos a los bolsillos a buscarme cuando desaparecí.

Morgan se pasó el puño por los ojos, intentando espabilarse.

-¿A qué hora terminó la fiesta?

El chico se encogió de hombros.

-No se. No volví a bajar.

-Oh, ¿acaso prefieres mi compañía?

Le dio un guiño.

-Por supuesto.

Lo dijo con picardía, en un tono juguetón, pero Morgan sabía que no está bromeando, y se sintió cálida bajo su mirada.

Se acercó a él y colocó una mano en su costado. Sirius se inclinó para besarla, pero Morgan se movió al último momento y plantó sus labios contra su mejilla.

Sintió su suspiro, y sus hombros se sacudieron.

La pelirroja caminó hacia la puerta y la abrió, haciendo una mueca cuando esta hizo ruido. James levantó la cabeza pero no miró en su dirección.

-¿Hola? ¿Operadora?

Dándole una sonrisa cómplice a Sirius, se escabulló, escuchando como alguien golpeaba el suelo.

-¡Canutoooo! ¡¿Por qué mierda hiciste eso?!


-Boa Constrictor.

El muro se deslizó hacia ambos lados., permitiéndole acceso a la sala común. Morgan entró con cuidado, sabiendo que si era vista usando ropa de Gryffindor, podría acabar en la enfermería.

Por fortuna, la sala común parecía estar vacía.

-Edevane.

Esa era su suerte.

Cerrando los ojos por un momento, le preguntó a Merlín porque la odiaba tanto y se dio vuelta con aspecto desinteresado.

Rosier se levantó de su silla y se acercó a ella con pasos lentos y deliberados, como un depredador. Ante una mesa en el rincón más oscuro de la sala, Snape, Nott y Greengrass la miraban con desprecio, mientras que Regulus mantenía una expresión neutra.

-¿Sí, diga?

Rosier se detuvo frente a ella, llevando sus manos a sus bolsillos, mirándola de pies a cabeza.

-¿Cómo estuvo la fiesta?

Se encogió de hombros, pensando en la entrada de Sirius y ocultando una sonrisa.

-Pasable. ¿Por qué? ¿Quieres que te consiga una invitación para la próxima?

No era secreto que los Merodeadores invitaban a todos a sus fiestas, excepto a los Slytherin.

Rosie alzó una ceja.

-Prefiero celebrar con gente civilizada-le dijo, alisando su caro chaleco negro.

Morgan bufó.

-¿Gente civilizada? ¿O sea los brutos que creen que aniquilar a una raza entera es buena idea?

Se arrepintió de sus palabras en el momento que abandonaron su boca, pero su inquietud fue reemplazada por estupefacción cuando Rosier no la maldijo. Sonrió, tomando un mechón rojo y colocándolo detrás de su hombro. Morgan estaba tensa.

-Tsk, tsk-regañó suavemente, sus ojos deslizándose de su hombro a su rostro como una serpiente sobre suelo llano hay razón para pelear, Edevane; solo estoy entablando una conversación amigable.

Morgan se cruzó de hombros, deseando ser tan pequeña que los oscuros ojos de Rosier no pudieran verla.

-No me interesa ser amigable-escupió.

Rosier suspiró, como si estuviera lidiando con una niña petulante.

-Vamos, Edevane. Creí que finalmente podríamos ser amigos.

La manera en la que usó la palabra "amigos" envió escalofríos por su espalda, y no del tipo que tuvo cuando dejó que los labios de Sirius vagaran por su cuerpo, menos de doce horas previas.

-¿Qué te dio esa impresión?

-Bueno, te he visto ayudando a mi amigo Regulus, y no olvidemos nuestra reunión en el Callejón Knockturn, o como hace poco te ayude con ese asqueroso sangre sucia de Ravenclaw.

Morgan ladeó la cabeza. Todo lo que ese muchacho hacía le olía mal.

-Regulus necesitaba ayuda con una clase, y resulta que soy buena en ella. En cualquier caso, sería su amiga, no la tuya.

-¿Siempre tienes que ser así de difícil?-le preguntó, tomando un paso en su dirección. Morgan no se movió, demasiado pasmada por su atrevimiento -.¿O es un acto para atraer a la gente?

La pelirroja apartó la mirada, clavándola en la chimenea que despedía un familiar fuego verde, y decidió hacerse la indiferente.

-No tengo ganas de soportar esto-le dijo, apartándose y encaminandose hacia los dormitorios de las chicas.

-¿Sabes, Edevane? Ese color no te favorece; te ves mejor en verde.

Continuó caminando, intentando no hacer arcadas.


10 de Noviembre, 1976

La Slytherin decidió aprovechar las mañanas libres de los miércoles para continuar su exploración de la Sección Prohibida de la biblioteca. Tenía un permiso de McGonagall, quien fue tan lejos como para pedirle a la señorita Pince que no la molestara. En lo que llevaba del curso, esa mujer parecía haberla ayudado más que Dumbledore.

Pasado un par de horas, se sentó sobre una vieja silla, gruñendo en frustración. No encontraba nada, y al paso que iba tardaría años.

La Sección Prohibida era más grande de lo que parecía, y la pelirroja sospechó que debía tener un encantamiento de expansión indetectable.

Haciendo a un lado un libro sobre magos célebres de la antigüedad, se masajeó las sienes. Le dolía la cabeza y no podía dejar de pensar en el relicario, y el día en el que ella, Harry y sus amigos casi son atrapados intentando conseguirlo.

Se dobló sobre sí misma, gimiendo levemente ante el punzante dolor,... y de repente se fue.

Morgan se quedó quieta, su respiración pesada y frente sudada, su mente viajando a cien por hora.

Ese dolor no era normal.

Quería ir a ver a Dumbledore, pero no quería molestarlo. En los últimos días, Morgan había intentado concretar una fecha con el hombre, pero siempre parecía estar ocupado.

Se mordió el labio con fuerza y se levantó de la silla, decidiendo que era mejor prevenir que lamentar.


La contraseña no había cambiado, por lo que la bruja no tuvo problemas para subir hasta la oficina del director.

Golpeó la puerta con insistencia, la cual se abrió para revelar al profesor Dumbledore.

-Señor-saludó la pelirroja.

-Ah, Morgan. Qué agradable sorpresa-dijo el hombre, saliendo de su despacho y cerrando la puerta tras de sí -.¿Qué te trae por aquí?

Morgan metió la mano en su mochila y sacó un vial, dentro del cual varios recuerdos flotaban plácidamente.

-Es mi recomendación, señor. Para Hagrid-aclaró, al ver que el hombre no parecía entender.

El anciano asintió rápida y erráticamente.

-Ah, sí, sí. Muy bien-dijo, aceptando el vial y guardándolo en uno de sus numerosos bolsillos daré un vistazo cuando vuelva. Me temo que ahora estoy en un apuro. Tengo que reunirme con un funcionario del Ministerio de la Magia en Hogsmeade.

Morgan frunció el ceño, no estaba acostumbrada a ese lado agitado del profesor, quien siempre se mostraba sereno y en control.

-¿Sucedió algo, señor? ¿Tiene que ver con Voldemort?

-Nada de lo que preocuparse.

Lo siguió escaleras abajo, no estaba dispuesta a dejarlo escapar.

-Señor, con el debido respeto…

Y aguantándome las ganas de gritarle varias groserías.

-...creo que si tiene que ver con Voldemort, tengo derecho a saber.

El hombre suspiró y la tomó del brazo con toque suave, haciéndola a un lado. La luz del sol entraba por la ventana ante la cual estaban parados, pero Morgan no tenía tiempo para disfrutar su calor.

-La verdad es, señorita Potter, que no estoy seguro de que tenga que ver con Lord Voldemort.

Sus dientes acariciaron su labio superior un par de veces.

-Ok, pero ¿qué sucede?

-Varias familias muggles están siendo asesinadas-le dijo.

Eso no era una gran noticia. Ese tipo de artículo aparecía en El Profeta unas tres veces a la semana; y cada vez que salía un nuevo artículo, parecía ser más pequeño que el anterior.

Tal vez los periodistas ya no tenían mucho que decir, siendo cada caso tan similar al anterior.

-¿Que le hace dudar que haya sido Voldemort?

-Porque el Ministro ha sido acusado de dar las órdenes.


N/A: Whaaaaaaaaaaaaaaaaaat?

Jejeje, ¿que piensan que está pasando en el Ministerio de la magia? Digo, hay varias cosas pasando al mismo tiempo sobre las que todavía no voy a escribir, pero ¿adivinen?

¿Qué les pareció el recuerdo del comienzo? Me sentí mal por Morgan y Harry, pero al menos la pobrecita tuvo un lindo sueño, ¿verdad?

Por cierto, el gato que Morgan ve es en realidad una gata, y esa gata es McGonagall.

¿No? ¿Todavía me odian?

Para los interesados, por si las moscas, les dejo saber que la primer parte del AU de Sirius y Morgan ya está pronta! Pueden encontrar los One-shots en mi perfil. Planeo que tenga al menos tres partes. Oh, por si hay alguien a quien no le guste leer sobre las cochinadas de Morgan, aviso que hay un lemon.

¿Saben? Algo grande se va a desvelar antes de que Morgan y los demás retomen clases en enero.

Por si alguien extraña a Euphemia y Fleamont, es probable que sepan en qué andan el próximo capítulo.

También , por si las moscas, les dejo saber que cambié el nombre de usuario en Twitter a: EscritoraCruel

Me queda bien, ¿no? xDDDD

Gracias por leer, gente!

¡Feliz regreso a Hog…!

...Nah, mentira. Aquí nadie va a ningún lado, somos todos unos puñeteros muggles xD

*Se sienta en un rincón y llora*