Sara: Me alegro!

Nat-Marie: Aaah, oks. No pasa nada, y gracias por la información nueva.

...si, vamos a decir que intento compensar...si...no soy tan cruel...por supuesto.

Grashiash :3


Capítulo 30:Tres Vociferadores

12 de Noviembre, 1976

El plan de Morgan de no obtener detenciones durante ese curso se fue por el drenaje antes del almuerzo. En sus años en Hogwarts, raramente se le había dado detención, y eso solía sucederle estando en compañía de Harry, siguiendo al incompetente de su hermano de una trampa mortal a prueba de tontos a otra. También se debía aclarar que dichas detenciones tendían a ser dadas por Snape, quien nunca sintió simpatía por los mellizos.

Sí se ponía a meditar en ello, podía contar las veces que tuvo detención con los dedos de ambas manos y varios sobrarían.

Hasta el curso anterior, su detención más humillante fue la que obtuvo luego de intentar hacerse la heroína y evitar que Snape se topara con Remus durante la luna llena.

Le dio una fugaz mirada de reojo a Sirius, permitiéndose un momento para caer en la cuenta de lo lejos que había llegado. Después de todo, tan solo un año atrás él la llamó "mortífaga" y ella le dio un puñetazo. Sirius le devolvió la misma mirada, pero sus ojos brillaban como los de un diablillo, y era claro que intentaba no sonreír. Morgan adoptó su posición anterior.

Nunca imaginó que acabaría en esa situación; cabizbaja, las mejillas de un rojo tan intenso que le ganaban a su cabello, sintiendo tanto calor que competía con el sol, y el cabello de un fucsia chirriante, delatando su mortificación mientras McGonagall los miraba con contenida furia y Slughorn en toda dirección excepto la de los adolescentes, claramente deseando estar en cualquier otro lugar, o al menos no estar sobrio para lidiar con ellos.

Sucedió camino a la clase de pociones. Ella y Sirius salían de su lección de historia de la magia temprano porque alguien (Sirius) decidió que sería buena idea infestar el salón con cucarachas. La mayoría de las chicas y varios chicos entraron en pánico al ver como las cucarachas salían de debajo de sus pupitres y trepaban sobre sus manos y brazos. Salieron corriendo y chirriando como cerdos mientras el profesor Binns miraba con desinterés.

Morgan esperó a Sirius fuera del aula, y el muchacho salió con las manos en los bolsillos de su pantalón negro, silbando una canción de Queen. Le dio una sonrisa inocente.

-¿Qué? Salimos antes.

Ella no le respondió. Esa mañana se levantó con un terrible dolor de cabeza, del tipo que comienza incluso antes de abrir los ojos, y no tenía ganas de discutir con Sirius y empeorarlo, por lo que simplemente giró sobre sus talones y marchó pasillo abajo, dispuesta a utilizar la hora libre hasta pociones para ir a la biblioteca.

Escuchó los pasos de Sirius apresurándose por alcanzarla, pero no estaba dispuesta a desacelerar.

-¿Vamos a las cocinas? Me vendría bien un segundo desayuno.

-Ve tú-le dijo malhumorada, masajeandose las sienes..

-¿No tienes hambre? Llegaste tarde al desayuno y apenas comiste.

-Estoy bien.

Sirius le pasó un brazo por los hombros, pero Morgan se lo sacudió con brusquedad.

-¿Estás bien?

-Si.

-Ajá. Eso no sonó muy convincente. ¿Quieres intentar de nuevo?

-¡Ve a las malditas cocinas y déjame sola!

Intentó poner un pie sobre el escalón, pero Sirius la tomó del brazo y la volteó. Parecía intentar decidir si debía sentirse preocupado o enojado.

-¿Te sientes bien?

-No, ahora déjame ir a la biblioteca.

-¿Qué sucede?

Morgan suspiró, sintiéndose mal por hablarle de tal modo, y al mismo tiempo irritada por sentirse culpable.

-No es nada. Solo un dolor de cabeza. Vamos.

Pero el Gryffindor no la soltó, en su lugar la atrajo contra su cálido pecho. Morgan gruñó por lo bajo pero se dejó llevar, sin admitir lo agradable que encontró la forma en la que las frías manos del chico viajaron hasta sus sienes para masajearlas.

Se inclinó aún más contra él, sus brazos rodeando su cintura y enterrando su rostro en su pecho.

-Pobre de tí.

-No hay necesidad de ser condescendiente.

Sintió las vibraciones contra su mejilla cuando rió suavemente, y un momento más tarde una mano se encontraba bajo su mentón, inclinando su rostro hacia arriba.

Morgan se inclinó ante el beso con poco entusiasmo, pero pronto se encontró a sí misma rodeando el cuello de Sirius con sus brazos y parándose sobre las puntas de sus dedos para alcanzarlo mejor.

No estaba segura de quien profundizó el beso, pero supuso que no tenía importancia. Una de sus manos bajó por su rostro, acariciando la piel con toque fantasma, para luego tomar el chaleco negro del uniforme con su puño.

Sirius se apartó por un momento, y mientras él miraba hacia los lados para asegurarse de que nadie se acercaba, Morgan atacó su cuello, dejando besos lentos por su longitud.

Sirius la sostuvo con fuerza contra él y comenzó a caminar a ciegas, su mano libre viajando debajo de la camisa de la pelirroja para explorar la piel.

Abrió una puerta y la empujó dentro, mascullando un rápido "Lumos" para alumbrar el lugar.

Morgan apenas tuvo tiempo para mirar alrededor. Se encontraban en un pequeño armario de escobas, en el que apenas entraban sin tener que estar completamente pegados.

No que se estuviera quejando.

Sirius cerró la puerta y dejó caer su bolso, y Morgan hizo lo mismo con su mochila.

Sirius volvió a inclinarse contra ella e intentó capturarla en otro beso, pero Morgan se alejó, su espalda chocando contra la dura pared de piedra.

-¿Qué estás haciendo?

Sonrió de manera lobuna.

-Ayudando con tu dolor de cabeza.

Ella alzó una ceja, escéptica.

-Mph.

No puso objeción, dejándose acorralar contra la pared gustosa, dejándose saquear por las manos del chico.

-Alguien podría escuchar-intentó discurrir, por razones desconocidas para ella misma.

Sirius apenas despegó su boca de su mandíbula por un momento para aflojarle la corbata esmeralda, desabotonar su camisa, sus manos continuando con su cruzada, haciendo que se estremeciera.

-Tal vez aprendan algo útil-fue lo único que dijo, sus palabras vibrando contra la sensible piel de la bruja.

Morgan cerró los ojos. Otra cosa que no admitiría en voz alta, mucho menos a Sirius, era que la idea solo hizo que se excitara aún más.

Sus caderas se movieron por cuenta propia, y Sirius levantó la mirada, sus ojos grises brillando divertidos.

-¿Siempre vas a ser así de impaciente?

-Cállate y ayuda.

Su risa contra su vientre le puso la piel de gallina. Sus labios bajaron un poco, posándose justo sobre la cinturilla verde de la falda. Sus manos subieron por sus piernas con cruel lentitud, para luego enredar sus largos dedos alrededor de sus bragas, bajándolas con la misma lentitud. Le hizo levantar un pie y luego el otro, quitándole la pequeña prenda y guardándosela en un bolsillo.

-Más vale que me devuelvas eso-le advirtió, mirándolo con ojos entrecerrados pero sonriendo.

-Ya veremos.

Morgan intentó reír, pero en ese momento la cabeza de Sirius desapareció debajo de su falda, y lo siguiente que sintió fue una lengua pasando sobre sus pliegues y sus labios cerrándose alrededor de su clítoris.

Sus manos fueron hacia los lados intentando aferrarse a algo, pero sus esfuerzos probaron ser en vano.

Sirius colocó una de sus piernas sobre su hombro, una de sus manos acariciando la pálida piel mientras la otra viajaba hacia arriba. Despacio, uno de sus dedos se deslizó dentro de ella, y Morgan no pudo contener un gemido, dejándose manejar gustosa.

Mientras Sirius le daba el tratamiento especial para dolores de cabeza, Morgan intentó mantener los ruidos al mínimo.

Agregó otro dedo y succiono, ganándose otro gemido. Con su brazo, la pelirroja le pegó a unas escobas que reposaban en el rincón, y estas cayeron sobre ella.

El chico se levantó enseguida.

-¿Te encuentras bien?

-Sí, sí. No pares.

Se tambaleó con una de las escobas hasta acercarse a él de nuevo, atrayéndolo en un ferviente beso.

Sirius se acomodó, colocando una de sus piernas entre las de la muchacha, y sus manos sobre sus caderas. Lentamente la guió, moviéndola contra su entrepierna.

Morgan abrió los ojos pero no dijo nada. La sensación de tal sensible parte de su cuerpo contra la áspera tela era extraña y nueva, pero rápidamente la encontró grata. .

Dándole un manotazo a las manos de Sirius, volvió a besarlo, moviéndose a su propio ritmo urgente. El chico le dio el control, envolviendola en sus brazos, sus lenguas danzando lentamente, compartiendo su propio sabor.

Las manos del chico se posaron sobre sus pechos y les dio un apretón, para luego continuar con suaves caricias.

Morgan se movía con más urgencia bajo la atenta mirada del pelinegro.

Le rodeó la cintura con un brazo y pegó su pecho al suyo, reclamando el control y ayudándole a llegar.

-Vamos-le alentó en voz baja, sus ojos clavados en su rostro.

Morgan se movió de manera inconsistente y cuando alcanzó su clímax, no se molestó en intentar pasar por el en silencio.

Exhalando de manera pesada, se quedó quieta, todavía montada sobre la pierna de Sirius, quien se inclinó para posar su frente contra la suya.

-¿No es mejor remedio que una poción?

Todavía sin aliento, rió con él, mientras en chico pasaba sus manos por sus costados y besaba su mandíbula.

Sirius se alejó un poco para abotonarle la camisa, y la fantasía se volvió pesadilla.

La puerta se abrió de golpe, y los adolescentes pegaron un salto, volteandose aterrados para encontrarse con la maliciosa sonrisa amarilla de Filch.

-Ahora sí los van a expulsar-dijo el conserje, mirando entre ambos.

Mientras que Morgan recorrió los pasillos en dirección del despacho de McGonagall como alguien condenada a la horca, Sirius volvía a tener las manos en los bolsillos, viéndose petulante.

Cuando llegaron al despacho de McGonagall, Morgan bajó la mirada, escuchando con el corazón en la boca como Filch exageraba los acontecimientos, y la mujer le enviaba a llamar a Slughorn.

Esperaron en tenso silencio, la Slytherin tiesa como tabla y el Gryffindor recostado contra un pupitre, completamente despreocupado.

Slughorn se tomó su tiempo en llegar, y algo le decía a la bruja que fue hecho adrede. Se imaginaba que quería lidiar con ella tanto como ella con él.

El Jefe de Slytherin dejó que McGonagall tomara el control del sermón sobre la abstinencia y los embarazos no deseados.

-Oh, vamos, Minnie. ¿Me va a decir que en su época no dejó que le exploraran el arbusto?-preguntó Sirius.

Morgan le dio un codazo, y McGonagall extendió la detención del chico; dos semanas extra limpiando trofeos, sin magia.

La profesora continuó con su perorata, y Morgan la bloqueó imaginando a un unicornio bailando disco.

Les permitieron reitrarse luego de unos interminables minutos, y lo primero que Morgan dijo fue:

-La madre de James nos va a matar.

Sirius la miró de reojo, intentando no sonreír.

-Tal vez. Ciertamente, la imagino apareciéndose para castrarnos.

-Vaya. Eres de mucha ayuda-fue su respuesta mordaz, todavía incapaz de cambiar el color de su cabello.


Querida abuela:

Todo está bien por aquí. Los profesores son más exigentes de lo que uno pensaría, dada la experiencia previa.

¿Cómo está el abuelo? ¿Todavía se siente mal?

No te alarmes, pero me dieron tres semanas de detención en el Bosque Prohibido. Fue por una tontería, la verdad, pero agradecería que no le contaras al abuelo, y mucho menos a James. Después de todo, sería desafortunado enterrarlos al mismo tiempo, ¿verdad?

Hablando de James, me pareció escuchar que planea llenar el campo de Quidditch con bombas fétidas, pero no te enteraste por mi.

¡Gracias por la bufanda!

Con cariño,

Morgan.

Morgan re-leyó la carta y asintió una vez, enrrollándola y colocando una cinta a su alrededor. La ató a la pata de Júpiter, quien parecía ansioso por estirar las alas, y apenas hubo terminado el ave emprendió vuelo.

-Uff-se quejó ella, alejándose para no ser golpeada por las alas.

Observó como se elevaba, más y más, hasta que no fue más que un punto negro en el claro cielo, y esperando no morir a manos de su abuela, volvió al castillo.


12 de Noviembre, 1976

El viernes durante el desayuno, cayó la primer víctima.

Morgan discutía la tarea de Encantamientos con Remus, mientras Sirius construía una casa de panceta en su plato, y James reprendía a Pettigrew por sus malas bromas cuando sucedió.

Una lechuza dejó caer un sobre sobre el plato de cereales con leche de James, y el chico la levantó desinteresado.

-¡Aaah!

Los otros cuatro se voltearon para ver su expresión aterrada. Los ojos avellana del chico estaban sobre él sobre, abiertos tanto que se parecía a un búho.

Sirius echó la cabeza hacia atrás y lanzó una risotada.

James se levantó de inmediato y tomó el sobre, que comenzaba a ponerse rojo y a largar humo.

-¡Eh! ¡Potter recibió un vociferador!-gritó un Gryffindor de tercer año, recibiendo una mirada que prometía muerte por parte del susodicho.

El chico, en su urgencia por salir del comedor cuanto antes, tropezó con el banco en el que se encontraba sentado y cayó al suelo de sopetón.

Casi toda la mesa de leones tenía la vista clavada en él, cuchicheando entre ellos y lanzando risitas, esperando por el gran momento.

-Pero si no ho hice nada-se quejó James, levantándose torpemente.

-Hoy-respondió Morgan, sonriendo de manera angelical.

James apenas tuvo tiempo de mirarla mal antes de que la carta comenzara a chillar. Apretando el sobre entre ambas manos, corrió fuera del comedor, empujando a un Hufflepuff de quinto en su apuro.

-¡JAMES FLEAMONT POTTER! ¡¿QUË ES ESTO QUE ESCUCHO…-se escuchó la furiosa voz de Euphemia en la entrada.

James dobló hacia la derecha y desapareció.

Sirius continuaba riendo junto con Pettigrew. Varios asientos abajo, vio que Lily intentaba no mirar en su dirección mientras se aproximaba, deteniéndose junto a Remus. Con otra breve mirada en dirección de la Slytherin, se dirigió al licántropo:

-¿Cómo estás Remus?-le preguntó, juntando ambas manos sobre su estómago.

Morgan se levantó como resorte, no escuchando la respuesta del otro prefecto. Frente a ella, Pettigrew miraba entre las pelirrojas como si acabara de notar algo, y Sirius fingía no estar interesado, mirándose las uñas. ¿Acaso se hacía manicura? Las tenía perfectas.

-Bueno. Tengo cosas que hacer-anunció, guardando sus libros con urgencia, aplastando los rollos de pergamino, algo por lo que siempre reprendía a Sirius vemos.

-Oye, Morgan, ¿crees que podríamos…?-comenzó a preguntar Lily, pero la otra chica se alejaba con pasos pequeños y veloces.


Al día siguiente, Morgan intentó encontrar al profesor Dumbledore, pero el hombre no estaba en su despacho. Los profesores y alumnos se encontraban en el campo de Quidditch, donde Gryffindor se enfrentaba a Hufflepuff. James le había pedido que fuera a verlo jugar, y ella le prometió asistir.

No cumplió su promesa; en su lugar quedándose porque sabía, gracias a McGonagall, que el director del colegio estaría en su oficina lidiando con papeleo y podrían hablar con tranquilidad.

Le pareció extraño no encontrarlo. Tocó la puerta varias veces, y cuando intentó abrirla, esta no cedería. Luego de unos diez minutos, se resignó a ir a la biblioteca, que estaba tan vacía que casi le dio escalofríos.

Decidió hacer su tarea primero. Uno pensaría que, cuando tienes la carga de salvar al mundo de un Hitler sin nariz, los profesores serían más indulgentes; pero claro, a menudo Morgan se consideraba a sí misma una ilusa.

Rascándose la cicatriz del cuello con descuido, caminó entre los estantes lentamente, buscando un libro en específico para su tarea de estudios antiguos.

Esa clase no le estaba resultando tan útil como ella esperó. Aunque ese curso se estaba dedicando a la magia en la antigua Grecia y Roma, habiendo ya comenzado con la primera (Elena de Troya fue una ancestra de Salazar Slytherin), no parecía que fueran a hablar de la invención de los Horrocruxes.

Se sintió tonta por creer que en Hogwarts enseñarían sobre tal objeto.

Era imperativo que hablara con Dumbledore. Necesitaba más pistas sobre los posibles paraderos de los Horrocruxes, y tanto conocimientos sobre estos como pudiera.

Se dejó caer sobre una silla y suspiró. ¿Para qué se molestaba? Sabía que el fuego demoníaco podía destruir al objeto, aunque era arriesgado; demasiado impredecible y difícil de dominar. Su otra opción era el veneno de basilisco, y podía encontrar uno bajo sus pies.

Una voz, que sonaba preocupantemente como la de Bellatrix Lestrange, susurró en su oído:

-Tienes miedo.

-Cállate.

-Je, je, tienes miedo. Te colocaste unos zapatos demasiado grandes y ahora no te animas a seguir.

-¡Cállate!

-Ya veo que la cortesía más básica le resulta ajena.

Vio que Regulus Black tomaba asiento frente a ella, una ceja alzada en expresión desdeñosa.

Morgan tragó, disculpándose por lo bajo.

-Veo que la pulga no está con usted-dijo Regulus, sacando sus libros.

-¿Eh?-preguntó la bruja, viendo como varios estudiantes entraban a la biblioteca. El juego debía haber terminado.

-Mi hermano-se explayó Regulus, extendiendo sobre la mesa un rollo de pergamino de aspecto costoso -.Últimamente, la sigue como perro perdido.

Morgan casi sonrió ante la comparación.

-¿Te molesta?

-¿Que mi hermano se rebaje y ensucie el nombre de nuestra familia al asociarse con traidores y mestizos? Sí, debo admitir que lo hace.

-Qué pena-dijo ella, voz exuberante de sarcasmo.

Regulus cambió el tema.

-He terminado mi lista de lectura. Me preguntaba sí…

-¿Qué te ha parecido?-le interrumpió, solo para molestarlo.

El chico frunció los labios pero no dijo nada. Aún así, Morgan sabía que la encontraba impertinente. Sonrió de manera imperceptible.

-Repetitivo, pero de gran ayuda...Gracias-la última palabra la enunció como si se estuviera ahogando.

-¿Qué fue eso?

-No pienso reiterar.

Morgan se enderezó, moviéndose en la silla hasta poder mirarlo de frente.

-¿Quieres empezar ahora?

-Por favor.

-Bien. Te daré algunas preguntas para que respondas ahora, así sabré que tanto entendiste. Luego de eso...mierda.

Contempló la carta que acababa de caer frente a ella, justo sobre su libro de Transfiguración. Ya estaba bastante roja.

-Eeeh, mejor cambiamos fecha-dijo apresurada, intentando desesperada, de liberar la correa de su mochila del respaldo de la silla. Regulus la miraba, por primera vez, con un dejo de simpatía.

Morgan estiró la mano con intenciones de tomar el sobre, pero este salió disparado, doblándose sobre sí mismo, suspendido en el aire, hasta que una boca tomó forma.

-¡MORGANA LILY POTTER! ¡NO TIENES IDEA DE LO FURIOSA QUE ESTOY, JOVENCITA! ¡IMAGINA MI SORPRESA AL RECIBIR UNA CARTA DEL PROFESOR SLUGHORN, DICIENDO QUE EL SEÑOR FILCH TE ENCONTRÓ EN UN ESTADO INDECENTE EN UN ARMARIO! ¡Y CON UN CHICO! ¡¿EN QUÉ ESTABAS PENSANDO?! ¡¿ACASO TU HONOR Y VIRTUD NO SIGNIFICAN NADA PARA TÍ?!-a medida que gritaba, la carta osilaba de manera violenta, como si tuviera problemas para contener la furia de su abuela- ¡¿ME MENTISTE TAMBIÉN SOBRE EL CHICO ALBERTS?! ¡PODRÍAS ACABAR EMBARAZADA! ¡TU FUTURO ARRUINADO! ¡SIN OPORTUNIDAD DE ENCONTRAR UN ESPOSO DECENTE! ¡¿TIENES IDEA DEL DISGUSTO QUE DE TU ABUELO SI SE ENTERA?! ¡PEGAMENTO EN LAS PIERNAS, ESO NECESITAS, JOVENCITA! ¡ESPERA A QUE VUELVAS EN LAS VACACIONES! ¡ESPERO POR TU BIEN QUE NO VUELVAS A HACER UNA COSA ASÍ!

El pergamino se rompió, cayendo en pequeños pedazos sobre las manos y libros de Regulus, quien estaba muy quieto, mirándola atento.

-¿Se encuentra bien?-le preguntó.

Morgan asintió lentamente, el rostro rojo, el cabello una mezcla de magenta, azul y plateado, y lágrimas cayendo por sus mejillas y cuello.

Se levantó, colocándose la mochila sobre un hombro.

-Sobre, um...este…

-Podemos coordinar otro día-concedió el otro Slytherin con sorprendente gentileza, inclinando la cabeza de forma sutil.

Morgan asintió, dándose vuelta y congelándose. Bertúpido y sus compinches se reían a tan solo unas mesas de distancia, mientras que Timothy evitaba hacer contacto visual, mirando en su lugar a la pared a su izquierda, tamborileando de manera errática la madera de la mesa con los dedos.

Morgan bajó la mirada, sintiéndose mortificada y sucia; como si de repente, todos los que escucharon a su abuela gritando estuvieran al tanto de cada una de sus experiencias y fantasías.

Vio a un grupo de chicas de diferentes casas mirándola con burla y superioridad, como si creyeran que Morgan fuera una mujer caída en desgracia.

Marlene y Alice, que iban pasando y se detuvieron al escuchar los gritos, la miraron de la misma manera que Regulus.

-¡Ja!-se jactó una de las chicas sentada a dos mesas de distancia, inclinándose haia una de sus amigas. Por su bufanda, que estaba atada a su bolso, adivinó que era de Hufflepuff. En un fingido intento por susurrar, le dijo: -Zorra.

Morgan volvió a bajar la mirada y salió de la biblioteca tan rápido como pudo.

Se sintió como una pesadilla, del tipo en el que mientras más rápido intentas alejarte de algo, más lento te mueves; en los que la amenaza parece acelerar más y más, hasta estar justo detrás, y entonces despiertas.

-¡Oye, Edevane!-gritó uno de los amigos de Bertúpido; no sabía cual, no pensaba voltear a ver -¿Eso significa que después de todo no cobras?


15 de Noviembre, 1976

Sirius recibió un vociferador. Euphemia le gritó sobre responsabilidades, caballerosidad y "la muerte de su juventud" antes de caer dentro del caldero en pequeños pedazos.

Con la mandíbula apretada, observó sus alrededores.

Slughorn ignoró el incidente, revisando la poción de Snape y entablando una pequeña conversación con el muchacho. Las chicas de la clase, en su mayoría, comenzaron a reír como colegialas y a mirar a Sirius con lo que Morgan supuso debían ser ojos coquetos. Algún que otro chico silbó; otro incluso felicitó a Sirius y le dio un amistoso puñetazo en el hombro, como si acabara de crear la cura para la viruela de dragón.

Durante la totalidad del intercambio, el Gryffindor permaneció relajado, sin confirmar ni negar cuando se le hacía alguna pregunta sobre su última conquista.

Varios lugares adelante, vio a Marlene susurrando algo al oído de Lily. Ambas voltearon a verla, y Morgan se removió en su asiento, apartando la mirada, clavándola en la pizarra.

Escuchando como Sirius era celebrado, y recordando la manera en la que había sido tratada solo días antes, hizo que apretara tanto los puños que sintió como sus cortas uñas lastimaban la piel de sus palmas.

Luego de unos momentos, el profesor llamó al orden. James y Sirius, a cada lado de la chica, volvieron a la poción.

Morgan no se movió, ni respondió cuando James le preguntó si iba entendiendo lo que hacían.

-Oye, Cornamenta, nos falta una lengua de rana.

-¡Oh! Creí traer…

-Falta una.

James se levantó y se encaminó hacia el armario de suministros.

Una mano se posó en la parte baja de su espalda, devolviendola a la realidad, y ella se removió con brusquedad.

-¿Te encuentras bien?-preguntó Sirius, apartando su mano al percatarse de su reacción.

Morgan se lo quedó mirando como si fuera un enigma. Era la primera vez que se percataba de las diferencias entre ambos. Su única experiencia previa fue a través de los ojos de Daphne, pero la rubia siempre le quitaba importancia al tema, como si fuera una ocurrencia rara con poco significado.

-No les hagas caso-dijo Sirius, asintiendo en dirección de algunos chicos de Gryffindor, los que lo habían felicitado unos idiotas.

Morgan asintió, volviendo la vista a la poción, de un verde pantanoso.

Sirius posó su mano sobre la de ella y le dio un apretón antes de soltarla, pero ella apenas se percató.

Lo único en lo que podía pensar era en las manos del Ravenclaw en su cuerpo, su peso acorralandola en el pasillo frente a sus amigos. Podía escuchar la voz de la chica de Hufflepuff, y la de Snape. Podía escuchar a los Gryffindor felicitando a Sirius por su última comida. Su abuela gritaba de nuevo.

Se miró a sí misma, esperando encontrarse con un uniforme sucio y roto; tal vez las piernas cubiertas en tierra.

No lo veía, pero se sentía asqueada de de su propia piel.


N/A: So...intenten entender que la generación de Euphemia y la de Morgan son muy diferentes.

¿Notaron el error de nuestra abuela favorita en el vociferador?

¿Que carajos está haciendo Dumbledore?

¿A qué carajos espera Morgan?

Lamento no haber actualizado. Por alguna razón, cada vez que me sentaba a escribir no podía reunir las fuerzas :/. Es extraño porque es mi favorita.

Lo siento, lectores que leen mis otros fics.

No sean tímidos y cuenten qué les pareció!

Nos leemos :)

Posdata: También me disculpo por los lemon. No son mi fuerte, pero estoy intentando mejorar.

Prefiero escribir sobre sufrimiento :p