Sara: Me alegro :)
Nat-Marie: Jejeje, entonces vas a desesperar por varios capítulos.
De hecho, se supone que los 70 fueron la década de la "liberación sexual" (eso tengo entendido, al menos), pero entre la gente mayor y el hecho de que en esa época los magos tenían a Hitler, digo, a Voldy, me imagino que también iban atrasados en otras cosas.
Gracias por leer y comentar :)
Capítulo 31: Un Tío Enfermo
12 de Marzo, 1996
La sala común de Slytherin se encontraba sumida en un silencio que ninguna otra sala común tendía a brindar. Varios estudiantes estaban dispersos por esta, grandes tomos antiguos abiertos por todos lados, plumas rascando contra pergamino, y la ocasional maldición cuando alguien accidentalmente desparramaba la tinta sobre alguna superficie.
Algunos hablaban en tonos bajos para no molestar, el sonido de las múltiples voces mezclándose con el del fuego verde que daba algo de calor a la sala. Era la humilde opinión de Morgan que la sala de Slytherin era la mejor del castillo (aunque la otra sala que conocía era la de Gryffindor); siempre sumida en una luz verdosa que procedía de las aguas del Lago Negro y las mismas velas que iluminaban el lugar, todas encantadas para despedir el color de la casa. Su lugar favorito para sentarse era en una pequeña mesa redonda para dos, que se encontraba a la altura de una ventana redonda, por la cual podía apreciar a las criaturas del lago. De tanto en tanto, el ojo del calamar gigante aparecía, nunca fallando en aterrorizar a los de primer año.
Se llevó una mano a la patilla de sus gafas y se las colocó sobre la cabeza, cerrando los ojos y presionando dos dedos contra el puente de su nariz. Merlín, esas cosas se volvían pesadas con el tiempo.
Frente a ella, Blaise leía la información de un libro de defensa como si fuera lo más insultante que hubiera visto en su corta vida. Ella no lo culpaba; después de todo, todo material asignado por el sapo rosa era un gran pedazo de basura brillante. Hasta los libros de Lockhart tenían más coherencia.
-Sigo sin entender porque te inscribiste a esa tonta brigada-dijo ella, haciendo la pluma a un lado y moviendo los acalambrados dedos.
Blaise apenas desvió sus oscuros ojos por un momento antes de volver a su libro.
-Tu novio dijo que sería una buena idea-le respondió, sacando cada palabra con lentitud, usando su usual tono, que le hacía parecer como si estuviera hablando con un niño pequeño.
-Draco no es mi novio-atajó ella, cruzándose de brazos.
Las comisuras de Blaise se elevaron.
-Yo no mencioné a Draco.
Morgan masculló algo por lo bajo, sus mejillas adquiriendo un tinte rosa al verse atrapada.
Las cosas entre la bruja y su mejor amigo parecían estar cambiando, o al menos así lo sentía ella.
Tal vez no estaban cambiando.
Tal vez estaba loca.
Era culpa de Umbridge y sus clases; estaban acabando con sus últimas neuronas.
Para cualquiera que no conociera a Draco o a Morgan, parecería que nada hubiera cambiado. Como era costumbre, tendían a ir de un lado al otro tomados de la mano o del brazo. Seguían sentandose juntos en todas las clase que compartían, y Draco intentaba no ser atrapado molestando a Harry. Ni Merlín sabía lo que le haría la pelirroja si lo encontraba con las manos en la masa.
Al menos ella, sentía que algo en el aire definitivamente se encontraba en transición. No sabía exactamente cuándo, pero comenzaron a sentarse aún más cerca del otro, Draco comenzó a jugar con su indomable cabello y ella comenzó a darle manotazos para que la dejara tranquila. Se había sorprendido apreciando su figura en desarrollo más de una vez, y lo sorprendió a él mirándola de una manera que hacía que le subiera la temperatura, algo extraño le bailara en el estómago, y que hacía que quisiera comenzar a cantar como en esas películas que Ginny fingía odiar.
Harry le había dado la lata en varias ocasiones, diciendo que no podía entender cómo podían seguir siendo amigos cuando él chico continuaba riéndose de él a sus espaldas, hablando pestes de sus padres.
Morgan le dijo que ella nunca escuchó a Draco hablando mal de James y Lily, y eso solo agravó la discusión.
Le recriminó por seguir siendo su amiga, aún cuando era claro que apoyaba algunas de las políticas de Umbridge, el despido de Dumbledore, y a la maldita brigada.
Morgan hizo una pequeña mueca. Llevaba más de una semana sin hablar con Harry, y por ende Ron, aunque no le importaba mucho el segundo. Hermione la interceptó en la biblioteca solo un par de días antes, intentando de mala gana y fallando en entender su punto de vista.
-Supongo que es buena señal que alguien le vea algo bueno-suspiró la Gryffindor, apoyándose contra una mesa.
Tal vez debería hablar con Sirius. Él y Remus eran los únicos que alentaban la amistad. Sirius siempre sabía qué decir para aplacarla. Comunicarse con él sería sencillo. Harry se había olvidado del espejo que este le había obsequiado, que ahora se encontraba seguro dentro de la mesita de luz de la pelirroja, quien lo robó con sorprendente facilidad.
Decidida, cerró el libro y comenzó a enrollar el pergamino. No había tiempo como el ahora. Hacía varios días que no hablaba con el padrino de su hermano, y solo pensar en ello le provocó un sentimiento similar al que sentía cuando Draco se le quedaba mirando.
Sacudió la cabeza, deshaciéndose de esos pensamientos ridículos.
Una risa atrajo su atención, y en el centro de la sala, en uno de los sofás negros que se enfrentaban en un rectángulo sobre una vieja alfombra con diseño monótono, vio a Daphne riendo a carcajadas. Theo la miraba como el ciego que ve por primera vez; en ocasiones, Morgan creía que la mirada era tierna, en otras la encontraba hilarante.
Algunos decían que ella y Draco eran obvios, pero esa gente debía estar loca, pues Daphne y Theo eran aún más notorios. La rubia negaba cualquier insinuación de sus amigas, alegando que disfrutaba de su nuevo libertinaje demasiado, y que Theo era muy "blando" para ella.
Por supuesto, ni Morgan ni Tracey se lo compraban. Para alguien que tenía tan poco filtro y era tan espontánea, Daphne podía ser una gran cobarde con algo que debería ser tan sencillo como los "sentimientos", escupiría ella con desprecio.
-¿No crees que…
Se detuvo a media frase y ladeó la cabeza, su expresión suavizándose y convirtiéndose en una de comprensión y simpatía al ver la manera en la que Blaise apretaba la mandíbula al ver a Daphne colocar una mano sobre el brazo del castaño.
-¿Vas a hacer algo al respecto?-le preguntó ella, capturando su atención una vez más.
Blaise la miró.
-Daphne y yo no funcionaremos. Es demasiado tumultuosa-le dijo petulante, arreglándose las solapas.
Ella alzó una ceja.
-Yo hablaba de Theo.
La expresión del italiano se descompuso por un momento, confirmando sus sospechas.
-Yo,...¿perdiste la razón? No digas barbaridades-se apresuró a tartamudear.
Alzó la otra ceja, siendo esta la primera vez que lo escuchaba hablar de tal manera.
-¿Barbaridades? No lo creo-se encogió de hombros , Daphne no va a darle atención por un buen par de años, o décadas; y ¿quien sabe? Tal vez a Theo le gustas.
Blaise intentó enmascarar su miedo con escándalo.
-Morgan, no puedes hablar en serio. La simple idea es repulsiva.
La pelirroja se mordió el labio, no sabiendo cómo ayudarle. ¿Cómo se convencía a alguien de aceptar su propia naturaleza cuando dicha persona la repudia?
Se puso en los zapatos de Blaise por un segundo. Se imaginó asustada de que la gente notara, la incertidumbre al ver a una persona:¿Seré la única que siente esto? ¿Sentirán como yo? ¿Cómo puedo saberlo? ¿Si intento algo y me equivoco?
Se puso de pie, colgándose el bolso sobre un hombro y tomó un paso, deteniéndose junto a su amigo.
Colocó una suave mano sobre su musculoso hombro, dándole un cálido apretón.
Se miraron a los ojos, y ella asintió una vez, asegurándole así que no tenía de qué preocuparse.
Blaise elevó su mano, como si fuera a colocarla sobre la suya, pero volvió a bajarla, junto con la cabeza.
Morgan se alejó en dirección de las habitaciones de las chicas. ¿Podría Sirius ayudarla con esto? Lo dudaba, recordaba la mención de sus numerosas conquistas, pero en ningún momento insinuó algún tipo de inclinación como la de Blaise.
Tampoco quería ir por ahí esparciendo los secretos de su amigo, en especial cuando este estaba tan avergonzado de ello.
Decidió no decir nada.
19 de Noviembre, 1976
Durante su lección privada con McGonagall, Morgan no dijo nada. Tomó las direcciones de la profesora e intentó hacer lo que le pedía, pero ese día parecía estar aún más bloqueada de lo usual.
Debía ser debido a la vergüenza que sentía al haber sido descubierta en un estado tan,...indecente, con Sirius de todas las personas en esa escuela. McGonagall esperaba mejor de ella, eso era seguro, si es que la mirada de decepción que intentaba ocultar miserablemente era algún indicador.
-¡Ooooh! ¡Suficiente! ¡Basta!
Morgan abrió los ojos, recostando su sudorosa espalda contra el respaldo de la silla, mirando a la profesora con ojos cansados.
-Es como si tomara un paso hacia adelante y diez hacia atrás-dijo la mujer, apretando la varita entre ambas manos y caminando a su alrededor.
-Lo siento, profesora-fue su respuesta sin aliento.
La mujer suspiró exasperada.
-Potter-comenzó, rodeando el pupitre ante el que se sentaba la serpiente -,entiendo que el proceso es complejo, pero siendo una metamorfomaga, creí que le sería mucho más sencillo alcanzar su meta.
Morgan se encogió de hombros, no estando acostumbrada a fallar en su materia favorita.
Con otro suspiro, la mujer se detuvo frente a la chica, apoyando su peso contra su escritorio.
-No creo que vaya a lograr su transformación completa antes del verano-dijo sin más, ante lo que Morgan bajó la mirada, ocultando sus lágrimas.
Tal vez estaba sobreactuando, pero no podía evitarlo. Ese día, rumbo al desayuno, se encontró con unos chicos de séptimo de Ravenclaw que intentaron acorralarla contra una esquina. La pelirroja entró en pánico cuando los tuvo tan cerca que ya no lograba ver el pasillo a sus espaldas, solo sus rostros burlones, mientras escuchaba sus insultantes preguntas.
Le lanzó una maldición a uno de ellos, a ciegas, y en el segundo que el resto se volteó para ver si el chico se encontraba bien, ella salió pitando rumbo al Gran Comedor, sabiendo que no se atreverían a molestarla una vez en compañía de Los Merodeadores.
James estaba demasiado ocupado fingiendo que ya no le interesaba Lily como para notar su estado, pero Remus y Sirius se la pasaron mandándole miradas furtivas durante todo el desayuno; el último intentó cuestionarla de camino al aula de historia, y una segunda vez rumbo a la de pociones.
Llevaba varios días andando con cuidado. Por suerte para ella, nada había sucedido estando en la biblioteca. Podía ver las miradas extrañas que Regulus le daba cuando pensaba que no le prestaba atención. También notó que ningún chico se atrevió a acercarse mientras estuviera con el menor de los hermanos Black, lo que le hizo sospechar que el mismo debió de decir algo para provocar tal falta de reacción.
Eso no detenía a algunas de las chicas. Sabía que se calmarían en unos días; solo tenía que esperar a que se olvidaran o encontraran a una nueva víctima, pero de repente, era como si los días pasaran de tener veinticuatro horas a tener cincuenta. Ellas no decían mucho, pero susurraban lo suficientemente alto como para que Morgan escuchara.
Honestamente, no eran muy creativas. Si Daphne estuviera ahí, las invitaría a inventarse un mejor insulto que "zorra", "fácil" o "cualquiera". Luego, seguramente procedería a dejarles en evidencia su envidia, pues Daphne siempre aseguraba que ese tipo de gente no se sentía cómoda con su sexualidad, odiaban a aquellos que no eran tímidos sobre ella; o simplemente deseaban ser más activos pero se avergonzaban ante la idea.
"-La sociedad quiere intimidarnos-decía la rubia, mientras Morgan fingía prestar atención y Tracey argumentaba un punto de vista más conservativo
-Hay gente que prefiere mantener ese tipo de asuntos privado, Daph. O prefieren no,...
-¿Ser fáciles?
-No-le corregía con lentitud no tener, eh, tantos compañeros.
-.Sí, Trace, pero tu no andas de chismosa. Te da igual lo que me meta.
-No es cierto. Me preocupa que te agarres algo-le decía, manteniendo la calma ante el lenguaje burdo de la otra chica."
Uno pensaría que viviendo una vida con los Dursley, unas chicas tontas y unos chicos desubicados no serían nada que no pudiera manejar; pero Morgan estaba acostumbrada a una vida pacífica durante sus estadías en Hogwarts. Nadie se metía con ella por miedo a que Draco, o peor, Daphne se enterara, por lo que nunca creyó que estaría en los zapatos de su mejor amiga, escuchando como gente la llamaba por nombres a sus espaldas, y lidiando con gente que creía tener derecho a intentar poner una mano en su cuerpo solo porque escucharon un rumor.
De repente escuchó la voz de Quejicus, diciendo que el problema era el largo de su falda, y bajó la mirada, jalando suavemente en el dobladillo de la misma. Se detuvo casi de inmediato y sacudió la cabeza. Era ridículo; su falda cubría lo que tenía que cubrir. No iba a dejar que algunos idiotas le hicieran sentirse incómoda en su propia piel.
Le gustaría poder reaccionar como Daphne, gritando un par de verdades y lanzando maldiciones a diestra y siniestra, en lugar de congelarse o intentar ignorar el problema.
Evitó la mirada de McGonagall.
Últimamente se había vuelto buena en ello; ignorar sus problemas. Reconocía que debía salir de ese hábito, pero encontraba dificultoso comprometerse a ello.
-Creo que antes de volar, debemos caminar-anunció McGonagall, acomodándose sus pequeñas gafas ovaladas.
-¿A que se refiere, profesora?-le preguntó, volviendo a la realidad.
-Usted mencionó ser capaz de cambiar el color de su cabello a voluntad.
-Correcto.
-También dijo que rara vez perdía control de tal habilidad.
-Sí.
-¿Y no es capaz de cambiar ningún otro aspecto?
Morgan negó con la cabeza.
-No. Solía hacerlo, pero aprendí a controlarlo.
-Mmm-musitó la profesora, golpeando su mentón con un dedo diría que aprendió a suprimir sus habilidades -de repente, se enderezó como resorte y rodeó su escritorio que primero será mejor ayudarla con eso.
-Pero…
-Haremos como digo, Potter. Es por su bien-le dijo con severidad, mirándola sobre las gafas hay algo bloqueándola, y si seguimos insistiendo acabará lastimándose.
Le dio una pequeña nota.
-Déle esto a la enfermera, que le de algo para dormir tranquila.
Morgan se levantó y tomó el papel.
-Profesora, no es necesario…
-Shush, Potter. Tiene ojeras del tamaño del campo de Quidditch. Ahora váyase y duerma una siesta. Tiene detención en la noche.
-Si, profesora.
Tomó su mochila y se la colgó de ambos hombros. Llevaba tantos libros en esa cosa, que cargarla en uno solo era simplemente un martirio.
-¿Y Potter?
Ya en la puerta, la pelirroja volteó, quitándose el cabello de la frente con la mano.
McGonagall le dio una mirada casi maternal.
-Los adolescentes tienden a ser brutos neandertales, no escuche lo que dicen.
Asintió una vez.
-¿Y Potter?
Volteó una vez más, mordiéndose el labio.
McGonagall se retorció el pulgar, buscando las palabras adecuadas.
-Si alguien la molesta,...bueno, claro sabe que solo debe decírmelo.
Por un momento, fue como estar con la McGonagall del futuro. La que le daba galletas y siempre entregaba sus ensayos y exámenes primero. De nuevo, se sintió no solo como la favorita de la profesora, sino como si de nuevo tuviera a alguien además de sus amigos, un adulto responsable, que de verdad se preocupaba por ella.
Extrañaba a la McGonagall del futuro, con la que tomaba el té de tanto en tanto, mientras discutían investigaciones sobre su área de trabajo, o el mejor tipo de comida para gatos.
Sonrió. Era una pequeña sonrisa, pero sus ojos brillaron, mostrándose genuinos.
-Gracias, profesora.
Aunque por dentro dudaba que fuera a confiarle tal cosa. Se sentía demasiado abochornada.
Mientras Morgan y Sirius limpiaban el estiércol de los unicornios, Hagrid se aproximó a la primera.
-Criaturas celestiales, mi trasero. Si fueran tan celestiales no largarían estas cochinadas-mascullaba Sirius, intentando no respirar.
Morgan debía admitir que sus quejas hacían todo más divertido, aunque no tan divertido como cuando la punta de uno de sus dedos accidentalmente tocó el estiércol y pegó un grito que debió haber alertado a todo el bosque.
-¿Edevane?
La susodicha cesó de trabajar y miró arriba, y más arriba, hasta encontrarse con la gentil mirada de Hagrid. Le gustaría decir que en el futuro eran cercanos, pero el semigigante tendía a apegarse más a Harry. Eso no quería decir que no hubiera pasado algunas tardes en su cabaña; después de todo, a Fang le gustaba jugar con Artemisa.
-¿Sí?
Hagrid se pasó las manos por su chaleco de lana apolillado con aires nerviosos. Debajo de su barba, la pelirroja podía ver un ligero rubor.
-Solo quería darte las gracias, ¿sabes? Dumbledore me dijo que le hiciste una recomendación.
-Para el puesto de profesor de cuidados, sí-asintió ella, clavando la punta de la pala en el estiércol y recostandose contra ella -¿Te dieron el puesto?
Esperaba que sí. Hagrid era un excelente profesor.
-Bueno, no.
Su sonrisa cayó.
-Dumbledore dijo que ya tiene un suplente para el resto del curso-le explicó, emocionándose más y más con cada palabra é su asistente, y si no me las arreglo para arruinarlo, me darán el puesto para el próximo curso.
Volvió a sonreír.
-¡Eso es fantástico, Hagrid! ¡Felicidades!
-¡Felicidades, grandote!-añadió Sirius, contento de tener una excusa para dejar de trabajar por unos momentos -Estoy seguro de que finalmente aprenderemos algo.
Hagrid sonrió, ahora le era imposible ocultar su rubor.
-En cualquier caso-devolvió su atención a la slytherin -, solo quería darte las gracias, no tenías que hacerlo. Prometo devolver el favor.
Morgan le quitó importancia con un ademán de la mano.
-No es nada, Hagrid-le dijo con soltura , me di cuenta que nunca te agradecí por salvarme aquel día- dijo, señalándose el cuello, donde la cicatriz que Remus le había dejado se mostraba de un enfermizo blanco lo mínimo que podía hacer.
-Insisto…
Morgan rió, no habiendo notado antes que había extrañado al semi-gigante.
-Sí significa tanto, me lo puedes agradecer con té, y dejándome jugar con ella-asintió en dirección de Fang, quien dormitaba sobre el césped. Miró a Sirius de manera furtiva. El chico trabajaba con renovado vigor, de seguro todavía no le gustaba el recordatorio de esa cicatriz vi a un canino tan majestuoso.
Ante eso, el chico la miró ofendido, mientras Hagrid hinchaba el pecho y comenzaba a hablar de Fang como un padre orgulloso.
-Me ofendes, querida Ana-le dijo Sirius, pasándole un brazo por los hombros -¿Perro majestuoso? Esa cosa solo sabe largar babas.
-Al menos sabe hacer algo con éxito.
-No te pases de lista-le amenazó, pinchándole los costados.
Morgan pegó un salto e intentó alejarse corriendo, pero Sirius era demasiado rápido. La encarceló en sus brazos, plantando un beso justo detrás de su oreja.
-¿Sabes? Conseguí la contraseña del baño de prefectos-susurró en su oído.
Morgan se mordió el labio.
-Bien por tí.
Lily rodeó la esquina en ese momento, junto a Alice y Marlene. Las Gryffindor cesaron su charla apenas la vieron, y Morgan sintió, casi de inmediato, como su pecho se cerraba, mientras que su corazón latía de una manera violenta que hizo que se sintiera claustrofóbica.
Se separó de Sirius abruptamente, volviendo su espalda a las chicas.
-Tal vez otro día-le dijo, deseando más que nada poder tomar refugio en la sala común de Slytherin. No la que en esos momentos debía de ser ocupada por Rosier y sus compinches, pero aquella en la que podía encontrar a sus amigos discutiendo por algo tonto, donde nadie se atrevía a siquiera mirarla mal.
Sirius miró a las tres chicas por un momento, y luego le dio una sonrisa comprensiva, acercándose para besar su frente con rapidez. Morgan no se relajó.
-Por supuesto. Nos vemos.
Se dio la vuelta, casi tropezando con sus propios pies en el apuro, y marchó en línea recta, pasando frente al trío, yendo directa a por las escaleras que conducían a las mazmorras.
Escuchó a Lily llamándola, pero Morgan todavía no quería hablar con ella, aunque ya no estaba segura del porqué.
¿Era porque Lily la había ofendido? ¿O porque ella le devolvió el golpe?
Con lástima se dio cuenta de que se estaba familiarizando demasiado con el sentimiento de vergüenza.
22 de Noviembre, 1976
El pequeño grupo de Rosier se pasó un buen par de horas observándola desde una distancia segura. Con los libros abiertos enfrente de ellos, Greengrass y Nott fueron bastante obvios, ambos pares de ojos siguiendo cada movimiento de la pelirroja.
Cuando Madame Pince les preguntó qué estaban haciendo, Morgan escuchó cómo respondían, dando una mediocre excusa sobre un ensayo para Herbología.
-¿Entonces porque no están escribiendo?-preguntó la bibliotecaria, para entonces proceder a echarlos del espacio, alegando que tenían que dejar estudiar al resto.
Morgan intentó no reír. Le costaba creer que el padre de Daphne llegaría a su prestigiosa posición en el Ministerio de la Magia de esa manera. Greengrass y Nott no le preocupaban, pero Rosier sí. El chico se tramaba algo grande, por lo que Morgan intentaba mantenerse tan alejada de él como le fuera posible, en especial en esos días, cuando Dumbledore casi no estaba en su despacho. McGonagall le dijo que estaba lidiando con el asunto del Ministro, intentando mantener todo callado y llegar al fondo del asunto.
A menudo intentaba recordar algo como lo que sucedía esos días ser mencionado en el futuro, por Sirius, Remus, Ojo Loco o los señores Weasley; pero algo le decía que las cosas iban algo diferentes a como lo hicieron originalmente. Lo que sí recordaba, era a Molly Weasley diciendo que Voldemort y sus seguidores se volvieron más atrevidos alrededor del 79, cuando una profecía apareció, una profecía que hablaba de su hermano.
Algo grande debió de haber sucedido en las filas de Voldemort para incriminar al Ministro de un ataque a familias muggles. O tal vez, el Ministro sí dio la orden, pero no fue lo suficientemente inteligente como para ocultarlo bien.
De cualquier manera, Morgan no creía que eso de "mantener todo callado" fuera a funcionar. Varios alumnos del colegio tenían padres que trabajaban en el Ministerio de la Magia, y algunos mestizos e hijos de muggles tenían familia en el gobierno muggle, por lo que ya medio colegio sabía sobre los asesinatos. James debía estar al tanto, pues a menudo se lo veía pensativo, mirando al vacío con expresión consternada, seguramente preocupado por la seguridad de su madre.
Alguien tomó asiento frente a ella, capturando su atención. Morgan levantó la mirada de su libro de encantamientos, al cual estuvo observando sin realmente leer, para encontrarse con un Regulus en conflicto.
-Señorita Edevane-saludó tenso.
-¿Teníamos que juntarnos hoy? Lo olvidé por completo.
Hizo amague de meter mano a su mochila, en busca de sus apuntes de transfiguración, pero Regulus negó con la cabeza.
-No, no. Acordamos los miércoles y viernes, ¿recuerda?
-Ah, cierto. Entonces, ¿surgió alguna duda?-preguntó, apoyando los antebrazos sobre la mesa.
Regulus dudó antes de hablar, algo que era atípico de él.
-No es eso. Es algo personal.
Morgan se enderezó. ¿Le había sucedido algo? Y de ser así, ´¿por qué acudir a ella? No se conocían mucho y era claro que no confiaba en ella.
Hizo un ademán con la mano, indicando que continuara.
Regulus se aclaró la garganta.
-Le exhorto a que le pase un mensaje a mi hermano.
-¿Sirius? ¿Por qué no le dices tú mismo?
La miró como si fuera estúpida, y su respuesta fue agitada, cada palabra saliendo más rápido que la anterior:
-No me encuentro en una posición favorecedora al momento, y hablar con ese traidor, simpatizante de…
-Ya entendí-le frenó ella monólogo racista no es necesario.
Asintió una vez.
-Bien.
-¿Qué le digo?
Regulus imitó la posición anterior de Morgan, apoyando ambas manos sobre la mesa de madera.
-Nadie puede saber que la información viene de mí-cuando la pelirroja se mostró de acuerdo, el chico procedió :-Dígale que el tío Alphard está enfermo y solicita verlo.
N/A: Por si no recuerdan, Alphard Black es el tío que le dejó dinero a Sirius luego de que este huyera de casa.
Soo...tenía el capítulo pronto y borré la escena, que era completamente diferente a esta, porque decidí que todavía no me voy a deshacer de cierto personaje. Me voy a atener a mi idea original, que les va a causar dolor.
¿Extrañan a Lily? Yo sí.
Por cierto, durante este curso, va a haber un viaje a Hogsmeade donde todo se va a ir a la mierda xD jejejejejej
Así que, anden con cuidado.
Lalalalal, la cosa se prende donde James o Lily se enteren de los idiotas que andan molestando a Morgan.
¿Que piensan de la escena con Blaise? La he querido escribir desde prácticamente el comienzo de la historia, y siento, no, es un hecho, que no le doy mucha atención a su relación con Morgan.
Eran amigos, pero él era mucho más cercano a Draco que al resto.
So,...si no vuelvo a actualizar nunca en la vida habrán cuatro posibilidades:
a-Maté a mi dentista y fui presa, pero si me porto bien o me dusculpo salgo antes xD, so don't worry.
b-Me maté yo xDD
c-Mi laptop pasó a mejor vida.
d-Me morí.
Saluditos! Gracias por leer, gente! Espero que sigan disfrutando esto :)
