Nat-Marie: ¿Hola? ¿Sigues leyendo? ¿Ya me odias? Jejej

No maté a nadie, pero tampoco faltan las ganas :p

¡Que bueno! Daphne es de mis personajes favoritos, me encanta escribirla; con la excepción del one-shot, es un cago de risa.

No,no,...no lo maté,...pero ya no me cae tan bien xD


Capítulo 32: La Furia de una Madre

Parte 1

25 de Noviembre, 1976

A pesar de las grandes diferencias entre la medicina muggle y la mágica, el olor a hospital era exactamente el mismo.

A su lado, sentado sobre una incómoda silla de plástico, Sirius tenía la cabeza enterrada entre las manos, sus dedos jalando los largos mechones negros. Uno de sus pies se movía incesante, y no paraba de suspirar de forma trémula.

Morgan colocó una mano entre sus omoplatos, adaptando un patrón de círculos, en un pequeño intento por reconfortarlo. La otra tomó una de las de Sirius, dando a su perfecto cabello un descanso.

El chico se detuvo para observar el movimiento, atrayendo ambas manos hacia su rostro y besando el dorso de la de Morgan brevemente.

-Gracias por venir, ¿sabes? No tenías que hacerlo-le dijo en voz baja.

Morgan se encogió de hombros.

-No. Pero no querías que vinieras sólo.

Remus todavía tenía que ponerse al día con su tarea y deberes como prefecto luego de una luna llena particularmente desagradable; James tenía detención con Sprout por querer crear una nueva raza híbrida, producto de las mandrágoras y una planta carnívora; y Pettigrew andaba desaparecido.

Morgan no quería que Sirius se enfrentara a su tío solo.

-Entonces,...-empezó, intentando entablar conversación, y de ese modo, distraerlo -¿él es el tío decente?

El chico sonrió débilmente.

-Supongo-se encogió de hombros le gustan los hijos de muggle, pero tampoco cree que un genocidio sea buena idea.

Un doctor se acercó a ellos.

-¿Están aquí para ver a Alphard Black?-preguntó, mirándolos a ambos.

Sirius se levantó rápidamente.

-Sí, sí.

-¿Son familia?-inquirió el hombre, volteando y emprendiendo camino pasillo abajo.

-Soy su sobrino.

Se detuvieron ante una puerta, y el doctor le dio una mirada a Morgan.

-Solo familiares.

-Ella viene conmigo.

-Solo familiares-repitió, imperturbable.

Morgan sonrió de una manera que habría asustado hasta a la misma Daphne, lista para convencer al hombre de que le dejara pasar, pero en ese momento, la puerta se abrió hacia atrás de sopetón, y un hombre bajo y gordo, con media calva gris y un ojo claramente ciego, le hizo una mueca al doctor.

-¿Qué haces en el medio, mestizo inútil? Deja que pasen las visitas.

-Pero…

-¡Oh, por la próstata de Merlín! ¡No me hagas hacerte otra maldición danzante, escarabajo asqueroso! ¡Muévete!

Morgan dejó caer su fachada, observando boquiabierta como el doctor se apresuraba a alejarse, su expresión sin mostrar cambio alguno. Volvió su mirada verde al hombre de mediana edad, notando las grandes espinillas que decoraban su cuerpo. Todas se veían asquerosas, comenzando con un preocupante púrpura, pasando por rojo y terminando con puntas redondas amarillas.

Sirius sonreía de oreja a oreja. Se inclinó para abrazar al hombre, pero este se dio la vuelta y se internó dentro de su habitación, evitando el toque del muchacho.

-¿Acaso la edad de hizo idiota, chico? ¿O quieres morirte?-sin voltear, hizo un gesto apresurado con la mano -¡Pasen, pasen! No se queden ahí como lerdos. Y cierren la puerta, que no vivimos en carpa.

Sirius estiró el brazo a modo de invitación, y Morgan entró delante de él. El chico cerró la puerta con suavidad.

-Veo que tu belleza interior es finalmente reflejada en el exterior-habló Sirius, acercándose y recostandose contra la pared, cruzando brazos y tobillos.

Sus ojos brillaban de nuevo, y por eso, Morgan se sintió aliviada.

-Mira niño; muestra respeto a tus mayores o te meteré el bastón por donde no te da el sol.

-De seguro y lo disfruta-pensó Morgan, llevándose una mano a la boca para ocultar su risa incrédula.

Sirius le dio una mirada de reojo, como si pudiera leer su mente, y movió las cejas de forma sugestiva.

La bruja tomó asiento en una silla de plástico verde, cerca de la cama sobre la que Alphard Black se dejó caer.

El hombre le dio una mirada de arriba a abajo, sus piernas, que no tocaban el suelo, balanceándose suavemente.

-¿Quién es el pastelito? ¿Tu novia?-preguntó sin quitar su calculadora mirada de ella.

Sirius asintió.

-Morgana Edevane. Ana, el tío Alphard.

Le dio una sonrisa indulgente.

-¿Cómo está, señor?

-¿Cómo estoy? Me exprimen dos veces al día-le dijo, señalándose las espinillas -,como a una maldita vaca. ¿Así que eres la novia de esta bala perdida?

Morgan miró a Sirius. La verdad era que nunca discutieron el asunto; solo se limitaban a escabullirse un par de veces al día y manosearse en un armario de escobas o un aula vacía.

Afortunadamente, Alphard no parecía esperar una respuesta.

-No debes ser muy brillante, para elegir al idiota ese.

-Tu amor por mi emana por tus poros en cantidades exuberantes.

El hombre señaló a Sirius con un dedo.

-Más te vale que seas cuidadoso, niño calentón. Donde me entere de que serás padre a esta edad, voy a ir a ese colegio para equelenques y te voy a quitar a tu precioso amigo.

Morgan miró la pared, horrorizada, pero Sirius rió con soltura.

-Ah, pero la reacción de tu hermana valdría la pena.

Alphard rió de manera ronca.

-La arpía cuenta los minutos hasta que muera, lo puedo sentir. Escuché que tu padre hizo malas inversiones de nuevo, el muy imbécil bueno para nada, y Walburga no puede esperar a poner un dedo sobre mi oro. ¡Ja! ¡Antes muerto que dejarla tocar mi dinero!

-Si, bueno, estás muriendo.

-Pendejo estúpido. Tú me entiendes.

Sirius sacó un cigarrillo y un encendedor. Se colocó el primero entre los labios, pero Morgan se lo quitó de un manotazo, recibiendo a cambio una mirada sucia.

Alphard rió por lo bajo, estirándose para tomar un vaso de plástico.

-¿Todavía te quedas con tu amigo ese? El de los pelos locos-preguntó, haciendo gestos sobre su cabeza mientras bebía el contenido del vaso.

Morgan se cubrió la boca, imaginando la ofensa que tomaría James de escuchar al hombre. Aparentemente, él creía que tenía su cabello dominado.

-James, sí-el chico se removió en su asiento también se queda con los Potter.

-¿Quién?

La señaló con un dedo, y Alphard entrecerró su ojo.

-¿Para que mierda le das un apodo?

-Porque su nombre es una tortura.

-¡Morgana fue una gran bruja, niño tonto! Es un honor llamarse como ella.

-Una muestra de poco cariño, en mi opinión.

Tío y sobrino pasaron varios minutos discutiendo las ventajas y desventajas de su nombre, mientras que Morgan los observó estupefacta, sin comprender en su totalidad lo que estaba sucediendo.

El tío Alphard no era lo que ella esperaba, para nada.

Su lenguaje vulgar le recordó brevemente a Daphne, lo que le hizo sonreír con afecto mientras Sirius cambiaba el tema a media frase, preguntando por la salud del hombre.

Eventualmente, cuando Alphard preguntó por sus estudios, Morgan se unió a la conversación. El hombre le hizo varias preguntas, y pareció impresionarle averiguar que su trabajo de ensueño era en el Departamentos de Misterios.

Cuando se enteró de que era una mestiza, le dio una mirada a Sirius.

-Si tú madre se entera...

-Le dará un ataque.

-Aunque tal vez nos libremos de ella antes de esa forma-Alphard se cruzó de brazos y se llevó una mano al mentón, pensativo.

Morgan decidió no hacer comentarios, notando por primera vez la mano del Gryffindor sobre su rodilla, su pulgar dibujando lentos círculos. Sirius no parecía notar lo que hacía, lo que hizo que Morgan sintiera una extraña calidez recorrer su cuerpo.

Mientras el hombre despotricaba contra el sistema educativo y su declive, Sirius le dio una mirada. La mano de Morgan se posó sobre la de Sirius, entrelazando sus dedos. Compartiendo una pequeña sonrisa, volvieron a unirse a la conversación.


Una enfermera interrumpió la reunión un par de horas más tarde; entró tímidamente, informando a Alphard que era hora de su segunda extripación diaria.

Gruñendo, el hombre dio un pequeño salto, aterrizando sobre el frío suelo blanco con una diminuta mueca. Sirius se levantó de inmediato para ayudarlo, pero su tío lo golpeó en el costado con su bastón, mientras que la enfermera se apresuraba a su lado, sus manos enguantadas tomando el brazo del hombre, o todo lo que podía.

-Muchacho tonto-masculló, para darle una mirada a Morgan placer conocerte, tomatin.

Morgan lo observó mientras se alejaba con dificultad, e indignada se volvió hacia Sirius, pero este parecía despreocupado ante el apodo que su tío le acababa de dar.

-¿Siempre es así?

-Su personalidad es un gusto adquirido-le dijo él, ofreciéndole un brazo.

Bufando, Morgan lo aceptó, envolviendo una de sus manos alrededor del bicep del Gryffindor y la otra alrededor de su antebrazo.

-¿Y, todos en tu familia son así?-preguntó.

-¿Así cómo? ¿Así de encantadores o dementes?

-¿Ambas?

Doblaron por el pasillo dispuestos a bajar por las escaleras, pero Sirius se detuvo de manera abrupta, provocando que la pelirroja tropezara con sus propios pies.

Siguiendo su mirada plateada, Morgan se encontró de frente con una mujer alta y esbelta. Vestía túnicas elegantes de un profundo púrpura, características de una bruja pura-sangre, y su lustroso cabello negro se encontraba atado en un moño bajo. Sus ojos, como el hierro, estaban clavados sobre su acompañante; una mueca desagradable posaba sobre su agraciado rostro.

-Sirius-saludó con voz tensa.

Morgan apretó su agarre sobre él chico, como si temiera que la mujer se lo fuera a llevar. Él apretó la mandíbula y se plantó firme, pero Morgan podía sentir como intentaba controlar los temblores de sus manos.

-Walburga-devolvió el saludo, desprovisto de emoción.

Walburga Black lo escrutinizó de manera fugaz.

-Veo que todavía vistes como vago-le dijo, mirando la camiseta con el logo de una banda muggle y sus jeans desgastados con disgusto.

-Todavía tienes el palo en el trasero-respondió su hijo, mirando a un punto detrás de ella.

Morgan clavó sus ojos en el rostro de la mujer y los entrecerró. Su mano le picaba; quería sacarse la varita del bolsillo y darle una cucharada de su propia medicina. Su agarre sobre el brazo de Sirius se intensificó, no confiando en su autocontrol.

Walburga tomó un amenazador paso hacia delante.

-Muchachito insolente-habló con la mandíbula apretada, sus ojos, del mismo gris que los de su hijo, pero con un brillo oscuro en ellos, atraparon los de Sirius -.¿Tienes idea de lo que tu padre y yo tuvimos que soportar luego de tu tonta escapada? Y como si no fuera suficiente, tu hermano me dice que andas fraternizando con repugnantes mestizos.

-¿Repugnante?-Sirius se mostró indignado í lo único repugnante eres tú. Todo olía muy bien hasta que llegaste.

-¿Te crees muy valiente, ah? Ahora que tienes la protección de los Potter-Walburga continuó avanzando con cada palabra que salía de su boca que tú no me aocstumbraría. Asquerosos traidores como tú siempre obtienen lo que merecen.

Morgan pestañeó, y en ese milisegundo Sirius se puso blanco como un fantasma. Con el cabello repentinamente negro como las alas de un cuervo, se puso delante de él, mirando a su madre con contenida ira.

-¿Quién demonios se cree que es?-le preguntó, sacando su varita.

-¿Con qué empezar? ¿Un cruciatus, tal vez? Hace tiempo no uso la maldición de los insectos.

La maldición ardiente se la había enseñado Blaise, y servía para crear una ilusión; la víctima sentiría pequeños insectos debajo de la piel, mordiendo carne y abriéndose paso hacia los órganos.

-¿Señora Black?

Tres cabezas giraron hacia la izquierda con rapidez, para encontrarse con una enfermera. Era joven, menuda, y no dejaba de frotar sus manos. Parecía intimidada.

-Señora, por favor, obstruye las escaleras.

Walburga la miró como si fuera un insecto, pero la enfermera no se movió. Morgan podía ver que le costaba gran esfuerzo.

Finalmente, Sirius apartó la mirada, y sonriendo triunfante, Walburga los rodeó, asegurándose de que su cuerpo no rozara el de Morgan en el proceso.

La pelirroja observó, con las manos hechas puños y los ojos tan entrecerrados que apenas sí veía, cómo la mujer seguía a la enfermera pasillo abajo, ladrando indignaciones y quejas sobre la atención y "el tipo de gente" al que se le permitía la entrada.

Movimiento a su derecha la sacó de su laguna de furia, justo a tiempo de ver a Sirius bajando las escaleras de a tres. Maldiciendo sus piernas largas por lo bajo, la bruja lo siguió tan rápido como pudo, pasando por la recepción sin siquiera despedirse de la mujer al escritorio.

Cuando salió a la calle semi-desocupada, se encontró sola, pero un ruido a la izquierda la llevó hasta el callejón.

Encontró a Sirius contra la pared, inclinado hacia abajo con ambas manos sobre las rodillas y respirando laboriosamente.

Morgan no le quiso decir nada, y tampoco sabría que, dada la oportunidad.

Intentó colocar una mano sobre su hombro, pero el Gryffindor se la sacudió con brusquedad, enderezandose y alejándose un par de metros.

Como deseaba que James estuviera ahí, o Remus.

Los hombros de Sirius se movían de arriba a abajo de manera irregular, hasta que lentamente, adoptaron un ritmo casi sereno.

Morgan se mordió el labio, mirando hacia la pared de ladrillo.

-¿Te quieres ir?

Mirando a un punto sobre su cabeza, el chico asintió una vez.


N/A: *Se esconde detrás de Deadpool*

Bueeenoo, este,...jejeje, HOLA!

Lamento la demora, pero es que me empezaron a meter cosas (que escritos de matemáticas, que exámen de solfeo, y que me la he pasado de un médico a otro) y se me fue el mes, jejejeje. La verdad es que quería darles el capítulo entero, pero como la semana que viene ahora también va a ser algo movidita, decidí dividirlo en dos partes y darles la primera ahora.

Sí espero tener la segunda parte pronta en los siguientes días y OJO CON LOS ONE-SHOTS! Se viene uno que les va a interesar, jijijijijjijijiji

¿Qué piensan de Alphard? ¿Y de Walburga?