Sara: Gracias por comentar!
Nat-Marie: Gracias :3
Sip, ya tengo mis quejas preparadas para el dentista xD
Jejejeje, no iba a escalar tanto, pero siento que se lo merecía, y peor, porque,...bueno, no te voy a contar; sería spoiler.
Guau! Entonces espero continuar con las sorpresas.
Gracias por comentar :)
Capítulo 33: La Hora de las Disculpas
31 de Octubre, 1981
La creciente luna brillaba tímidamente sobre las estrechas calles adoquinadas del Valle de Godric. Faltaba una hora para la media noche, y los escasos habitantes del lugar terminaban de guiar a sus hijos de regreso a casa.
Una brisa dio lugar a una breve conversación entre los árboles, sus ramas más débiles sacudiéndose de un lado a otro, el roce de las hojas emitiendo una canción hipnotizante.
James Potter se encontraba afuera, en el patio, haciendo a un lado los materiales que su esposa utilizó ese mismo día para arreglar el jardín. Lily no tenía mucho interés en las plantas, pero la pequeña familia de cuatro llevaba meses encerrada en su hogar sin mucho que hacer más que ver el tiempo pasar.
James hizo a un lado la pala y se enderezó, acomodando a la niña en sus brazos. Con añoranza, miró a los niños pasar sin notarlo. ¡Cómo deseaba sacar a sus pequeños bludger a pedir dulces! Lily se había rehusado rotundamente, alegando que era demasiado peligroso y que de todas formas eran demasiado pequeños para comer dulces.
James no le dijo que los dulces eran para él. De todas maneras, habría separado los blandos del montón para dárselos a sus hijos cuando la madre no estuviera cerca. Los maltrataba de esa manera a menudo, y continuaría haciéndolo sin importar lo que Lily dijera.
Una niña vestida de bruja pasó por su vereda, su piel teñida de verde. Su nombre era Susie Wilson, tenía ocho años y le gustaba hablar con la hija de los Potter.
-Hola, señor Potter-saludó Susie, deteniéndose frente al pequeño portón de madera. Iba sola, pero eso no era nada alarmante. El Valle era un lugar seguro; todos se conocían entre sí, todos se cuidaban. Era un lugar agradable para criar a dos niños, y James no podía esperar a que los suyos ganaran una reputación como mini-merodeadores. Sirius lo había dicho en su última visita, mirando a Morgan con recelo:
"-Ya te lo digo yo, esa de ahí le hará ojitos a cualquiera y ¡Puff! Ni siquiera McGonagall le va a dar detención.
La niña lo ignoró por completo, jugando con la mano de su padrino, Remus, quien intentaba hacer figuras con las sombras.
-No te vas a quedar quieta, ¿verdad?-preguntó Remus, altamente divertido, ante lo que la niña rió.
El hombre lobo la alzó en sus brazos, y la niña chilló en deleite, moviendo los brazos con la coordinación esperada de alguien de su edad.
-'Io 'Mush-intentó decir, para el orgullo del hombre y la molestia de Sirius, quien se encontraba sentado sobre la alfombra junto a Harry.
-Tú habla cuando quieras, eh-le dijo el pelinegro a su ahijado, quien ni siquiera levantó la mirada del libro de cuentos mágicos que le acababan de regalar aquí te espero.
Lily entró en ese momento con un plato rebosante de galletitas caseras, regañando a Remus.
-Sí te vomita encima, es tu problema-le advirtió.
-Y-yo quiero ver eso-habló Peter, apareciendo detrás de Lily, cargando con una bandeja en la cual se encontraba una tetera rodeada por pequeñas tazas.
Al escuchar la voz de Colagusano, la niña se removió inquieta, y al ser depositada nuevamente en el regazo de su padrino, extendió ambos brazos en dirección de Peter, abriendo y cerrando sus manos con insistencia.
-¡Ja! Mira esa traición, Lunático. Ya te cambió, mientras que Harry permanece tan leal como,...¡Oye, sabandija!
Pero el niño ya gateaba hacia su padre, quien acababa de entrar por la puerta principal."
James sonrió ante el recuerdo. Ya había pasado un tiempo desde que Sirius había visitado. La última vez fue cuando él y su esposa decidieron esconderse utilizando el encantamiento fidelio. De seguro Canuto pensaba que se encontraban al otro lado del país, en algún pueblo olvidado de Merlín.
-¿Cómo estás, Susie? ¿Tuviste suerte?-preguntó, cambiando a Morgan de un brazo al otro.
La niña suspiró, fingiendo tristeza.
-Pudo ser mejor. ¿Señor Potter,...
-Ah, no. Ya pasaste por aquí, ya te di tu parte-le dijo James, aunque traicionó sus palabras al sacar una pequeña barra de chocolate de su bolsillo y aventarla suavemente a la niña, quien la atrapó con destreza.
-Podría ser buena cazadora-pensó para sus adentros.
-Gracias. ¡Hola, Mor!
Saludó con la mano, y Morgan, quien estaba demasiado ocupada mirando como el Señor Bigotes hacía del baño frente a ellos, movió su cabeza con rapidez, sonriendo a Susie y estirando el brazo, devolviendo el saludo torpemente.
-¿Puedo venir a jugar mañana?-preguntó la niña, ansiosa por usar a Morgan como muñeca personal.
James se animó ante la idea. Susie era hija única y no tenía muchos amigos; por alguna razón, le gustaba utilizar a Morgan como juguete, y al padre de la niña no le molestaba. Susie era cuidadosa y dulce, e incluso Harry se unía de tanto en tanto, cuando no estaba gateando detrás de su madre.
-¡Claro! Pero pregunta a tus padres primero.
Susie asintió, sus rizos castaños rebotando.
-Lo haré. ¡Oh! ¿Sabe?-dijo luego de un momento, rompiendo el envoltorio del chocolate -El otro día, Morgan tenía el cabello muy raro.
-¿Raro?-inquirió James, quitando su dedo de la boca de la niña, notando brevemente, las marcas de pequeños dientes que el monstruo le había dejado.
Estaba seguro de saber a qué se refería Susie, pero la dejó hablar.
-Creí que lo tenía azul-explicó ella, encogiéndose de hombros.
-Creo que estás comiendo demasiados dulces-bromeó James ías aflojar. No querrás ir al dentista.
La niña se mostró desanimada.
-Mis padres dicen lo mismo -alzó sus brazos hacia arriba -¿Por qué todo lo que amo me lastima?
James lanzó la cabeza hacia atrás y rió, siendo imitado por Morgan, quien no entendía lo que sucedía.
-Vuelve a casa, Susie. Nos vemos mañana-se despidió, sacudiendo la cabeza divertido.
-Hasta mañana, señor Potter. Hasta mañana, Mor-volvió a saludar con la mano, antes de continuar su camino, saltando y tarareando.
James tomó la muñeca de su hija entre sus dedos y la alzó en dirección de Susie.
-Saluda, Morgan-le dijo livianamente.
-Iosh, Ushie.
Otra brisa inundó el pequeño patio de los Potter y James tembló, completamente ajeno a lo que se avecinaba.
Volvió a la casa, subiendo los escalones y llamando al Señor Bigotes antes de entrar.
Lily salía de la cocina y sonrió, cansada pero cariñosamente, al ver a Morgan.
-¡Má! ¡Má! ¡Ushie!
-Oh, ¿viste a Susie?-preguntó Lily, entendiéndole a la perfección.
Morgan asintió enérgicamente, intentando saltar en los brazos de su padre, quien luchaba por pasar el cerrojo a la puerta.
-Va a venir mañana-informó de manera distraída.
Lily tomó a la niña en brazos y la depositó sobre la alfombra. El Señor Bigotes pasó por su lado con la gracia característica de un felino, en dirección de la cocina, donde sabía que le esperaba su cena, y la niña se levantó sobre sus piernecitas para seguirlo.
-Ese pobre gato-sacudió la cabeza la madre de la criatura.
-¿Harry?
-En la sala. Le acabo de dar un baño. Lo juro, a ese niño le encanta ensuciarse-suspiró exasperada, ante lo que James sonrió de lado.
-Siempre podemos venderlos y comprar peces.
-¡James!
-Era un chiste, era un chiste-se defendió, esquivando la mano de Lily, que de todas maneras aterrizó sobre su brazo.
-Recibí una carta de Sirius-le informó, cambiando de tema.
-¿Alguna noticia sobre la Orden?-inquirió el pelinegro, quitándose la chaqueta y colgándola sin cuidado.
Lily la arregló, negando con la cabeza.
-No le permiten decir nada, pero parece que tampoco le dicen mucho-le confió, sentándose junto a su esposo en el cómodo sofá. Frente a ellos, tenían una bandeja y una tetera.
James sirvió una taza de té y se la ofreció a Lily, quien enseguida le agregó más leche de la que ya tenía.
-Tampoco tiene mucho que hacer-continuó, revolviendo el líquido con una pequeña cuchara, observando la foto familiar en la pared opuesta. Incluso Marlene estaba en ella, sosteniendo a Morgan sobre sus hombros y riendo a alguna tontería que Sirius le decía. Apartó la mirada, todavía dolida por la muerte de la rubia. No fueron amigas durante sus siete años en Hogwarts, pero su tiempo sirviendo para la Orden del Fénix les había ayudado a crear un lazo.
-¿Cómo que no?-James se mostró extrañado. Agregó leche a su té e hizo caso omiso del azúcar es un auror, hay trabajos de sobra que Dumbledore puede darle.
-Sirius cree-comenzó Lily luego de un momento dubitativo, observando a Harry mientras este jugaba con sus bloques -, y yo estoy de acuerdo, que el prof,...que Dumbledore no confía en él.
-¿En Canuto? ¡Pero qué barbaridad! ¿Por qué no confiaría en Sirius? Es tan leal como un perro.
La pelirroja le dio una mirada aburrida.
-Ponte serio.
-¡Estoy siendo serio! Pero, ¿Sirius?...-se detuvo y miró alrededor, su rostro siendo arrebatado por momentáneo pánico -¿Morgan?
Sus ojos avellana cayeron sobre la niña, sentada sobre su trasero con las piernas extendidas, jalando la cola del gato, que intentaba escapar. James suspiró aliviado, para entonces dar un codazo a Lily, quien derramó té sobre su pierna en el proceso.
-Oh, Lily, mírala-urgió su esposo, completamente arrebatado con su pequeña Señor Bigotes. Pero mírala. Es tan ador,...¿Qué es eso?
Se quedó quieto como una estatua, y de repente se sintió helado, como si el invierno hubiera llegado de un momento a otro. El frío se asentó sobre su pecho, uno que indicaba la caída de un encantamiento.
A su lado, Lily se encontraba en un estado similar, la taza de té a medio camino, su boca entreabierta, lista para dar un sorbo.
-¡Es él!-exclamó James, saltando sobre sus pies y buscando en sus bolsillos por su varita. Se le cayó el alma a los pies al no sentirla. Miró a Harry delante suyo -¡Toma a Harry y corre!
El pánico inundaba su voz, al igual que sus pensamientos.
Tal vez podría,...
Lily dejó caer la taza, sin importarle que había sido un regalo de bodas por parte de Euphemia y Fleamont, sin importarle los trozos sobre los que pisó con sus finas ballerinas, ni la mancha que dejaría sobre la alfombra.
Tal vez podría…
Tal vez podría…
Lily tomó a Harry con tal brusquedad que el niño comenzó a llorar, miró a su esposo brevemente, y cruzó la sala en grandes zancadas, corriendo escaleras arriba.
Tal vez podría...
Tal vez podría sacarlo de la casa. Darle a Lily tiempo de aparecerse lejos.
¡Sí! Le compraría solo unos segundos, pero eso era todo lo que necesitaba.
Se dio vuelta y su corazón dejó de latir.
El Señor Bigotes tenía la mandíbula cerrada alrededor de la tela del pantalón de Morgan. Vio la cabeza de su hija desapareciendo por la cocina.
Tragó en seco.
¡BOOM!
Volteó de nuevo, sudano a través del frío.
Tal vez podría...
Él tomó un paso dentro de la casa, completamente cubierto por una capa negra. James vio una varita siendo sujeta por una pálida, esquálida mano de uñas largas.
Tal vez podría…
Él era un auror entrenado. ¡Debía de haber algo que pudiera hacer! Algo en su entrenamiento que le pueda ayudar.
Tenía que sacarlo de la casa; pero la puerta principal estaba siendo bloqueada y la trasera se encontraba en la cocina.
¡Merlín! Esperaba que no encontrara a Morgan.
Escuchó los pasos de Lily y un portazo.
La cabeza del mago se alzó, pero James dejó los ojos clavados en él.
Intentó moverse hacia las escaleras, pero James se interpuso con asombrosa rapidez.
Tragó, enfrentándose a un par de ojos rojos entrecerrados, que brillantes como rubíes, lo observaban desde la oscuridad de la capa como si acabara de recordar su presencia.
Para asegurarse, volvió a palpar sus bolsillos.
Nada.
Esperaba que Lily y Harry ya hubieran escapado. Esperaba que Morgan no fuera encontrada.
Esperaba que Sirius y Remus estuvieran a salvo. Esperaba que no buscaran a Peter.
Esperaba muchas cosas, pero su tiempo se había acabado.
La mano se alzó con la varita.
Supuso que vería a sus padres de nuevo.
James se movió hacia el frente. No pensaba irse sin pelear. Se abalanzó sobre él.
Un rayo de luz verde lo encontró a medio camino.
6 de Diciembre, 1976
No fue hasta el siguiente lunes que Morgan obtuvo noticias del escurridizo Dumbledore. Se encontraba de camino a la biblioteca durante su periodo libre antes del almuerzo cuando una chica de Hufflepuff, de tercer año, la detuvo en la entrada.
Morgan aceptó el trozo de pergamino sellado con cera magenta y se apresuró a meterse dentro del lugar, echando humo internamente. ¿Acaso Dumbledore confiaba todo tipo de carta o documento confidencial a los alumnos? Imaginaba que el pergamino, o quizás el mismo sello, tenía algún tipo de encantamiento protector, pero el riesgo no disminuía. De darle la nota a James o Lily, de seguro que encontrarían la manera de evadir el encantamiento y leer el contenido más rápido de lo que podía darle puntos a Gryffindor.
Se sentó en un rincón, justo debajo de una ventana, y un escalofrío la recorrió al sentir los cálidos rayos del sol sobre su frío cuerpo. En momentos como esos, deseaba poder usar un pantalón. No le molestaban las faldas, pero no eran lo más inteligente para pasar el invierno escocés.
Con discreción, miró alrededor, pero no había nadie cerca. La mayoría se encontraba en clase, y los pocos alumnos de quinto y séptimo estaban bien esparcidos por el lugar, demasiado enfrascados en sus respectivas lecturas.
"Mi estimada amiga,
Si me visita en mi oficina este miércoles a las 9:00 am, podremos continuar con nuestra investigación.
¿No le parece que la purpurina es un material maravilloso? Todavía no me la termino de quitar de la barba."
-Pero, ¿de qué demonios habla?-se preguntó a sí misma en un susurro.
Bueno, ya era hora de que le diera la hora del día. Todavía tendría que esperar hasta el miércoles, pero era mejor que nada. Algo le decía que Dumbledore no le daría muchas respuestas, pero Morgan estaba decidida a completar su misión, con o sin su ayuda.
Le parecía algo extraño, debía admitir. Anteriormente, el director del colegio se había mostrado de lo más servicial, ocultando su identidad y recolectando información para aprender sobre la cantidad de horrocruxes que existían hasta la fecha y sus respectivos paraderos. Ciertamente notó cuando al comienzo del curso, el anciano se tomó su dulce tiempo antes de convocarla, o como en lo que llevaba del semestre, solo habían hablado a solas unas dos o tres veces.
Movimiento en su periferia captó su atención, y levantó la mirada para ver el reflejo de Sirius a través de la ventana, quien se acercaba lentamente, tan sigiloso como le era posible.
Morgan se apresuró a quemar la nota con un encantamiento no-verbal e hizo a un lado su varita, volteando sobre su asiento con una sonrisa brillante, la cual solo se ensanchó cuando la expresión del muchacho cayó al ser descubierto.
-¿Cómo supiste?-preguntó derrotado, moviendo una silla hacia atrás para tomar asiento.
Morgan apuntó a la ventana con un dedo. Lo bueno de sentarse en ese rincón, es que tenía ventanas en frente y a la izquierda, lo que le permitía escanear el lugar a menudo y sin ser muy obvia.
Sirius apretó los labios, asintiendo un par de veces.
-Traicionado por mi bello reflejo-comentó como si nada.
-¿No tienes clase?-preguntó, volviendo a su libro. Afortunadamente, no había sacado el de la magia negra. Merlín sabía que ya se estaba quedando sin excusas para sus investigaciones e incursiones a lugares de reputación dudosa.
Sirius se encogió de hombros, sonriendo de lado.
-Prefiero estudiarte a ti.
-Ew. Estás perdiendo tu toque, Black, y lo estás perdiendo rápido.
-¡Patrañas!
Era refrescante verlo bromear de nuevo. Fueron varias las veces en las que Morgan casi se mandó de cabeza a la Torre de Gryffindor para hablar con Sirius sobre su madre, pero James y Remus la convencieron de que no era buena idea.
-Estoy seguro de que te contará, a su propio tiempo-le tranquilizó Remus el día anterior.
Morgan pensaba que no era justo. Sirius hablaba sobre confianza, pero hasta él momento ella le había contado más de su vida (por enmascarada que fuera la historia) que él.
Suspiró, decidiendo que no podía usar la carta de la hipocresía sin que le reventara en el rostro.
Morgan se acomodó sobre la silla, de manera que sus piernas acabaron colgando de las rodillas de Sirius, y este se inclinó, tomando las solapas de su camisa y besándola con renovada energía.
La bruja se alejó luego de unos momentos, devolviendo la sonrisa que le era entregada, notando una enfurruñada figura en su línea de visión.
Regulus se encontraba a unos metros de distancia, la mano sobre un tomo a medio sacar, la mirada clavada en ellos.
Morgan se sintió culpable al recordar la manera en la que le había hablado luego de la visita al hospital. No dejaron de reunirse, pero Reg ya no le hablaba a menos que fuera para hacer una pregunta.
No podía creerlo, pero extrañaba al malcriado pretensioso, y le debía una disculpa.
Regulus se vio atrapado, por lo que apartó la mirada, sacó el libro, y se retiró apresuradamente.
Sirius rodó los ojos, sacando su libro de Herbología.
Dudando por solo un momento, Morgan habló:
-¿Hablan seguido?
-Ni una vez desde que me fui-respondió el Gryffindor, fingiendo interés en las ilustraciones.
Morgan se mordió el labio.
-Es tu hermano.
-Eligió su camino.
-Pero si crees que el camino está mal, ¿no deberías intentar ayudarle?
Sirius la miró, una mezcla entre suspicacia e incredulidad danzando en su rostro.
-¿Desde cuando te importa lo que le pase?
Ella se encogió de hombros, buscando la manera de evitar un pleito.
-Es solo que McGonagall me pidió que fuera su tutora-mintió como si nada, decidiendo que eso era más sencillo que la historia completa -, y hemos hablado un par de veces. Creo que te extraña.
Sirius bufó, manteniendo su expresión cuidadosamente compuesta.
-¿Ah, sí?
-Así es-afirmó rotunda -.Él fue quien me dijo sobre tu tío, y de tanto en tanto pregunta por tí, ¿sabes? -sonrió con suavidad, pinchandole la mejilla algo adorable, ahora que lo pienso. Se hace el indiferente pero es un terrible actor, justo como cierta persona que conozco.
-¿Regulus está dejando que una mestiza le ayude con la tarea?-preguntó, ignorando las palabras de la chica.
Morgan intentó no sonreír.
-¿Ves? Tal vez no esté perdido después de todo.
A la hora de la cena, Lily la llevó a rastras hacia la mesa de Gryffindor, pasando por el lugar habitual de los merodeadores (al centro de la mesa, porque ¿en donde más se sentaría ese grupo de acaparadores?), rumbo a un área cerca de la punta, demasiado próxima a la mesa de los docentes para el gusto de la mayoría.
Marlene fue la primera en verlas, y le dio un codazo a Alice, quien volteó luego de que la primera mascullara algo. Dorcas, sentada frente al par, fue más discreta.
Lily tomó a su amiga por los hombros y la plantó frente al trío.
-Mira lo que traen las ratas-habló Marlene, cruzándose de brazos.
-Morgan quiere decir algo-anunció la prefecta.
La presencia de Lily era reconfortante. Morgan se sentía como una gran tonta parada en ese lugar.
-Solo quiero decir que,...em, lamento haberlas ignorado estos últimos días. Luego de mi pelea con Lily, asumí que las tres se pondrían de su lado y decidí evitar el problema antes de que sucediera.
-Aw, cariño-se lamentó Alice, viéndose herida -¿Por qué pensaste tal cosa?
Morgan se encogió de hombros pero luego de tomar una gran bocanada de aire, respondió:
-Creí que ustedes eran amigas de Lily, y solo me dejaban andar de colada.
-Aw, cariño…
-Alice, te juro que si vuelves a expresarte así, le diré a todo el mundo que usas ropa interior para niños-interrumpió Marlene, para luego dar su atención a Morgan la pata, Edevane. Eres más idiota de lo que pensé. ¿Te sirvo ensalada?
La Slytherin pestañeó.
-¿No-no están enojadas?
-Bueno, yo estoy más dolida que enojada-habló Dorcas, colocando un oscuro dedo sobre la página de su libro antes de cerrarlo reconozco que debió ser difícil contarnos esto.
-¡Yo no estoy enojada!-saltó Alice -¡Siéntate! ¡Siéntense!
-Yo sí estoy cabreada, como no te imaginas-volvió a hablar Marlene, mirando a Alice de reojo que aguantarme a esta pesada por días, días, mientras se lamentaba por tí.
Morgan hizo una mueca, tomando asiento junto a Dorcas.
-Lo siento.
La rubia entrecerró los ojos por un momento para luego bufar.
-Cómprame algo lindo para navidad y tal vez te perdone, Edevane.
-Hecho.
Lily le dio una minúscula sonrisa orgullosa, e instantáneamente, la pelirroja se sintió mejor.
Ninguna mencionó que su disculpa fue previamente escrita y ensayada.
8 de Diciembre, 1976
Esa mañana, Morgan se saltó el desayuno. No por gusto, sino porque Sirius la interceptó en el camino y se la llevó a un armario de escobas. Esa vez, colocaron un encantamiento protector en la puerta antes de asaltarse el uno al otro.
-Por tu culpa me perdí el primer periodo-recriminó Sirius mientras salían del armario, sus ojos brillando mientras se acomodaba los pantalones.
Morgan acabó de quitarse la cola de caballo que el chico le había destrozado, para poder hacerla nuevamente.
-Yo te advertí-refutó, aunque sabía que él no hablaba en serio.
-Eres una terrible influencia.
-¿Ahora te vienes a dar cuenta?
-No, ahora me vengo…
La chica se dio media vuelta y se alejó con pasos cortos pero apresurados, no queriendo escuchar la broma que sabía estaba a punto de hacer.
Subió hasta el tercer piso, saludando al Barón Sanguinario en el proceso, y luego de dar la contraseña, subió otro tramo de escaleras.
Hogwarts necesitaba un elevador.
Golpeó algunas veces al ritmo de una tonta canción que aprendió en la escuela y rió para sus adentros ante lo ridículo.
La puerta se abrió y fue recibida por Dumbledore, quien tenía un caramelo de limón entre los dedos e intentaba quitarle el envoltorio.
-¿Cómo te encuentras hoy, Morgan? ¿Cómo está el señor Black?-preguntó casual el anciano.
Morgan enrojeció. De seguro que no sabía de dónde venía. ¡Merlín! ¿Y si el viejo podía ver todo lo que sucedía en el colegio?
Levantó la mirada de su caramelo, y a pesar de que su expresión era casual, sus ojos brillaban.
-Minerva les dió detención recientemente.
-Oh, eso-se aclaró la garganta, adentrándose en el despacho siento, señor. No volverá a pasar.
-No, no, está bien-le ofreció un pequeño platillo con caramelos, el cual Morgan rehusó a tí, Morgan, soy cincuenta galeones más rico.
-Me alegra saber que se beneficia de mis humillaciones públicas-habló entre dientes.
Fawkes entró por el balcón, batiendo sus majestuosas alas. Saludó a la bruja con una inclinación de su cabeza y se posó sobre el escritorio del director.
-Señor, ¿sabe algo del caso de Crewe?
Dumbledore se llevó el caramelo a la boca, acercándose al balcón seguido de la joven.
-El juicio se ha adelantado. Será mañana temprano, pero lamentablemente, ya se ha tomado una decisión.
-¿La declararán culpable?
-Así es, Morgan.
Ella se quedó en silencio, preguntándose de manera fugaz cuantos votos compraron los mortífagos y cuántos serían sinceros.
-Señor, usted no cree que sea culpable, ¿verdad?
-No, no, no, no. Por supuesto que no. La señora ex-ministra siempre ha sido muy lucida. No, creo que alguien plantó evidencia en su oficina, pero no he tenido éxito en descubrir al culpable, y mis ayudantes tampoco.
Morgan observó el patio lleno de nieve sucia, frunciendo los labios.
-Podemos estar de acuerdo en que fue un mortífago.
-Me sorprendería que no haya sido así.
-Deben estar desesperados por hacerse con el poder si se atrevieron a tocar a la ministra-comentó ella, apoyando una mano sobre el frío hierro.
-Así es. Desesperados o seguros.
-¿Algo más ha estado sucediendo?
Dumbledore permaneció en silencio durante unos minutos, admirando el horizonte.
-Creo que, quien quiera sea electo ministro, intentará interferir en Hogwarts-dijo sin importancia no se mucho más.
Morgan no le creía, pero no dijo nada. Tendría que buscar otra forma de enterarse de lo que sucedía fuera del colegio, una que Dumbledore no notara.
Por el momento, decidió, continuaría colaborando con el anciano. Sus ojos se posaron sobre los estantes con los viales, todos llenos de recuerdos de Voldemort. No podía romper su alianza con Dumbledore; no tenía evidencia de sus omisiones y él anciano todavía le era de uso. Tenía conecciones y podía conseguirle los recuerdos que necesitaba.
-Señor, necesito saber más sobre los horrocruxes-le dijo saber cuál fue el último en ser creado.
-Y la cantidad hasta ahora.
Ella asintió pero no dijo nada, encaminándose hacia el retrato de Phineas Black.
-Estoy bastante segura de que Regulus estará en Grimmauld Place para navidad.
Black asintió.
-Hablaré con él.
-Gracias.
Una pequeña idea surgió, pero no se permitió pensar en ella por temor a que el director intentara usar legilimancia.
Regulus la perdonaría.
10 de Diciembre, 1976
El viernes en la tarde, antes de su lección con McGonagall, Morgan se disculpó con Regulus.
El Slytherin se acercó sigiloso y tomó su habitual asiento frente a la pelirroja, quien se estaba mordiendo el labio inferior y mantenía las manos sobre la mesa.
-Tuve una prueba sorpresa-comenzó Regulus, sin molestarse en saludar -;creo que me fue bien.
-¿Reg?
-No me llamé así.
-Reg, lo lamento.
Ante esas palabras, el muchacho cesó toda acción, mirándola con bien disimulada estupefacción.
-¿Disculpe?
La pelirroja suspiró, rascándose la nuca.
-Estuve pensando, y no fue justo de mi parte hablarte así-cuando el chico no hizo más que continuar con su mirada de escrutinio, ella procedió :-Sé lo que es vivir en un ambiente turbio, y entiendo lo que uno puede llegar a hacer para mantenerse sano.
Se le revolvió el estómago al decir esas palabras, y empujó la imagen de un Sirius sangriento y moribundo al recoveco más oscuro de su mente.
Después de todo, ella no podía recriminar a Regulus por no ayudar a Sirius, no cuando ella sabía que de estar en la misma posición, y se tratara de Harry, ella abandonaría a su hermano a su propia suerte.
Si fuera Daphne quien estaba en peligro, o incluso Theo, no dudaría en echar la razón a la basura y ayudarles a como diera lugar.
-Solo quiero decir que lo lamento-se explicó, forzándose a mantener contacto visual es justo de mi parte asumir cosas y luego apuntarte con el dedo.
-No, no lo es. Diría que es increíblemente inmaduro-concedió el muchacho. Morgan se mordió la lengua decido perdonarla. Preveo que nos veremos con regularidad, y preferiría hacer la experiencia tan amena como sea posible.
Morgan sonrió de oreja a oreja, esperando que su destartalado plan diera frutos.
N/A: ¿Alguien quiere adivinar el plan de Morgan?
Pronto, probablemente en el próximo capítulo...SE PRENDE FUEGO TODOOOO,...bue, no todo, pero algunas cosas sí.
Volvemos a adentrarnos en el mundo de los horrocruxes. ¿Qué piensan que oculta Dumbledore? ¿O capaz que piensan que Morgane está siendo paranoica? ¿Y qué onda en el ministerio? ¿Notaron las opiniones de Morgan y Dumbledore? ¿Qué piensan que están planeando las personas detrás del crimen?
Hablando de Morgan; la muchachita salió bastante hipócrita, ¿no les parece? *cantando* Aaaalgún día, algún día las va a pagar!
Jijijijiji
La primer escena no fue planeada. Yo solo pensaba mostrar algo de Reliquias de la Muerte, pero entonces se me ocurrió hacer algo diferente y mostrar las muertes de James y Lily.
Esta historia se está expandiendo mucho más de lo que anticipé, y espero poder hacerle justicia a lo que tengo en mi cabeza, que usualmente me cuesta transmitir a página de madera constante y cuerda.
Denme sus honestas opiniones!
Planeo actualizar antes de navidad, pero por si no llego
¡FELICES FIESTAS!
