Más de dos horas pasaron y Jane no ha bajado del ático. "Leeré esto y volveré a la fiesta", sí, claro. Lisbon suspira enojada. Su mente la transporta una y otra vez a esos besos, a sus manos manos sobre ella, su cuerpo contra ella, y luego, un sobre y Red John. Aprieta los dientes. Está enojada, cualquiera que la conozca notaría la línea marcada en su frente, aunque lo intente disimular. Se siente tonta. Se dejó llevar por sus sentimientos, por la situación, por el alcohol y su maldita mirada que la hizo estremecer. ¿Y qué conseguiste? Ser puesta en segundo lugar, por un asesino serial. Sabes que su propósito es vengarse... ¡pero podría haberlo dejado de lado por un maldito día! Sacude su cabeza, deseando dejar de pensar y tratar de seguir en la fiesta.

Una hora después, los invitados comienzan a retirarse. Wayne y Grace están realmente borrachos, nunca los había visto así y le da mucha gracia, no puede evitar reírse. Cho, siempre tan serio, tampoco esconde su media sonrisa al verlos tropezar y balbucear, y como conductor designado, se los lleva a los dos.

-Los llevaré a sus casas, jefa.

-Hazlo. -Dice riéndose. -Nos veremos mañana.

-Sí. Buenas noches jefa.

-Buenas noches, tengan cuidado.

Cho, Grace y Wayne se van. Pasan unos minutos y los últimos agentes y el DJ también se van. Y queda sola. Suspira. Entra en su oficina y se dispone a irse, pero antes, se sienta en el sillón a descansar, realmente está agotada. Su enojo late en su pecho, cierra los ojos y su mente retrocede unas horas antes. El baile, las miradas, el ático, los besos... el sobre y Red John. Aprieta los puños contra el sillón, sus nudillos se vuelven blancos de tanta presión.

Jane repasa una y otra vez la lista de sospechosos. Siete nombres, siente hombres, siete sospechosos de ser Red John. Está muy cerca, muy cerca de su objetivo. La pista le sirvió tanto que redujo la lista a siete. Mira todo el papeleo a su alrededor, archivos, casos y más casos. Comienza a tirar todo. Mira su reloj. Demonios. Tres de la mañana y él todavía está en el ático. Decide dejar los archivos amontonados en la terraza y volver a la fiesta.

La fiesta. No escucha más la música ni el murmullo. Suspira otra vez, enojado consigo mismo, se había prometido no pensar en Red John este día, pero claro, el detective al que le pagó por la información tenía que traerlo justo hoy. Ya se habrá ido, seguramente está enojada conmigo, soy un idiota. Y no pude darle mi regalo. Recoge entre sus manos su regalo y lo envuelve cuidadosamente. Piensa en llamarla, pero luego decide que lo mejor es dejarla descansar, mañana tendrá tiempo para arreglar las cosas. No será nada fácil. Recuerda los besos, los suspiros y gemidos... ¿Cómo pude ser tan estúpido? Debí dejar este maldito sobre para mañana. Se siente impotente. Sabe que la lastima con su sola presencia, que no importa lo que haga, siempre la lastimará. Su amistad ya era muy complicada y con este paso que dieron, lo será mucho más. Pasa sus manos por la cara y suspira, cansado, frustrado, enojado. Entonces decide que lo mejor que puede hacer es ir a su oficina y dejarle el regalo allí, luego irse a su habitación de hotel y dormir un poco.

Baja las escaleras y se sorprende al ver algunas luces prendidas. No, una luz prendida, la luz de la oficina de Lisbon. Todavía está aquí. Respira profundo y se dirige a la puerta. Toca dos veces. Nadie responde.

-Lisbon. -Dice. Sentada en el sillón, ella mira la puerta, con una mezcla de nervios y enojo. -Abre la puerta, por favor. -Con el ceño fruncido, se levanta y la abre. Luego vuelve a sentarse.

Quedan en silencio, ahora la tensión es distinta, hay enojo y culpa en el aire, se puede palpar. Jane decide hablar.

-Lo siento. -Suspira. -Sabes que tengo que seguir cada pista que tenga.

-Sí, sé que todos quedan en segundo plano cuando se trata de él.

-No, no es así, no estás en segundo plano.

-¿No? -Lisbon se levanta. -¿Y qué fue eso? -Levanta su tono de voz. -¡Estábamos basándonos! -Su rostro se enciente. -¡Y después, prácticamente me echaste para que puedas trabajar, como si no fuera importante lo que estábamos haciendo!

-No es así Lisbon, por favor, tienes que entender.

-¿ENTENDER QUÉ? -Grita. Jane la mira fijamente un momento antes de hablar.

-Entender que necesito terminar con él para continuar con mi vida.

Quedan en silencio, mirándose, y Jane ruega que haya entendido el significado de esas palabras. Se acerca un poco e intenta tomar su mano, pero ella lo esquiva.

-Lisbon, mírame. -Busca su rostro. -Mírame. -Ella lo hace. Jane ve su dolor, su enojo, y le duele el pecho. -Teresa... lo que pasó en el ático, fue muy importante para mí.

Ella no dice nada, solo lo mira, buscando algún rastro de mentira. Continuar con su vida. Fue importante. Su corazón late fuerte, sabe que está diciendo la verdad, pero no confía en él, la ha lastimado tantas veces, y ahora, con esta nueva experiencia, sus besos y su toque, todo es mucho más complicado, doloroso y confuso.

-Entonces, si era importante, ¿por qué lo elegiste a él antes que a mí?

En otras circunstancias, sería muy loca esta pregunta, pero viendo la situación que vivieron hace horas, no hay razones para que Jane se sienta ofendido. Tiene razón, Jane eligió a Red John. Prefirió seguir una pista para su venganza personal, a continuar con su momento de pasión y amor con ella. Mira su mano, y una punzada de dolor y culpa invade su ser, la culpa que carga desde esa trágica noche, donde fue estúpido frente a las cámaras e hizo que mataran a su familia. Entonces se da cuenta de algo: su pasado y su presente están manchados por la tragedia y la culpa, Red John se ocupó y se ocupa todos los días de eso, pero ¿su futuro? Antes no veía un futuro más allá del día siguiente, soñando que ese día porvenir sería el gran día de su venganza, y después de eso, moriría, tal vez resistiéndose al arresto, tal vez por suicidio. Pero ahora, contempla su futuro de una manera distinta, ahora lo sabe, que su futuro es con ella.

-Por ellas. -Dice, mirando su anillo. -Por mí. -La mira a los ojos. -Por tí. Quiero continuar con mi vida en el futuro, por eso necesito sacarlo del camino.

Lisbon no dice nada, está casi mareada por sus palabras. No es una declaración de amor común, pero es tácito, las palabras están ahí, colgando entre ellos, como siempre en su relación. Las palabras sobran cuando las miradas hablan. Y las acciones. Los besos, las caricias, los toques. Se sienta en el sillón nuevamente, seguida de Jane.

-Entiendo. -Susurra, mirando el piso. Otro silencio. La tensión sigue en el aire, pero Jane sabe como calmar las aguas.

-Traje algo para tí. -Lisbon lo mira y recién se da cuenta que tiene un paquete en la mano. -Es mi regalo.

Ella sonríe un poco sin poder evitarlo y recibe el paquete. Cuando descubre el regalo, sus ojos se abren en sorpresa, su garganta se aprieta y sus ojos se empañan al instante. Lo mira, sorprendida, su boca se abre y se cierra, no puede formular palabra alguna. Jane sólo sonríe, le encanta tanto sorprenderla.

-¿Don... dónde la encontraste? -Logra preguntar y una lágrima cae por su mejilla. Jane se toma la libertad de limpiarla con su pulgar, acariciando su rostro.

-Hace dos semanas te fuiste enojada de aquí, habías discutido con tu hermano Jimmy por teléfono, y te vi salir demasiado enojada. -Explica en tono bajo. -Fui detrás de tí y te vi caminar hacia el auto mientras rompías un papel. Pensé en seguirte hasta tu casa pero me detuve cuando vi que eran pedazos de una carta.

-Pegaste los pedazos. -Su voz se quiebra.

-Uhum. -Asiente. -Quedó bien, ¿verdad?- Ella sonríe grandemente. Todo el enojo que estaba sintiendo, desapareció.

Es demasiado. Y es que Jane, no solo había pegado los pedazos de la carta de su hermano, sino que también la había colocado en un marco, como si fuera una fotografía, una reliquia que debe ser conservada por siempre.

-Jimmy me hizo esta carta, para una tarea de la escuela. Debían hacerle una carta a la persona que más admiraban, y él... me eligió a mí. Cuando me fui de casa, entre tantos recuerdos, me llevé este. Cuando caí en cuenta de que había roto la carta en un ataque de ira, me arrepentí tanto... -Ella lo mira. -Gracias.

-De nada, Teresa.

Jane coloca un mechón de cabello detrás de su oreja, y deja su mano caer en una caricia por su mejilla. Con sus dedos, acaricia su mentón y se acerca un poco. Lisbon mira sus labios, el recuerdo de su sabor y suavidad la hace desear que la bese sin sentido por horas y horas. Deja el regalo en algún lugar del sillón y se acerca más a él, su mano se dirige a su nuca, sus narices se rozan, su aliento contra sus labios, sus corazones saltan de ansiedad, la cercanía y el recuerdo de las horas pasadas en el ático los desestabilizan.

Se acercan, sincronizados y se besan, tiernamente, volviendo a probarse. Pronto profundizan el beso, invadiendo sus bocas con sus lenguas, enredando sus manos en sus cabellos y acercándose más si eso era posible. Cuando toman aire, se alejan apenas centímetros, apoyan sus frentes y respiran con dificultad.

-¿Quieres volver al ático?

-¿Con los archivos de Red John?

-No hay nada de archivos, créeme.

-¿Y eso? -Ella frunce el ceño.

-No te diré nada, está noche no. Ya bastante lo arruiné.

Vuelven a besarse y Lisbon casi grita de sorpresa cuando Jane la levanta en sus brazos, abre la puerta de la oficina y la lleva hacia el ático.

CONTINUARÁ.