Apenas pueden llegar al ático, entre besos, risas y tropiezos. Lisbon entra primero, a la habitación que muchas veces le pareció fría y oscura, ahora echando un vistazo, sí, es oscura, apenas se filtra las luces de la calle por el gran ventanal, pero ¿fría? No, esta vez siente mucho calor en el aire.
Ve como él cierra la puerta con cerrojo, lo que hace se estremezca. Literalmente, está encerrada en una habitación con Patrick Jane, y no tiene escapatoria, bueno, no es que quiera escapar. Jane se gira y camina hacia ella, la rodea por la cintura y comienzan a besarse, lento e intenso, de esos besos eternos que hacen picar todo el cuerpo.
-Teresa. -Habla en sus labios. -Te mereces más que este oscuro ático. -Le sube la blusa y se separan para quitársela.
-Shh, cállate. -Le susurra y le quita el chaleco mientras vuelve a su boca.
Jane la guía hasta el escritorio y la levanta para sentarla allí. Ella inmediatamente lo rodea con sus piernas, trayendolo más cerca, sintiendo su erección entre los pantalones. Sonríe contra su boca mientras termina de desabrocharle la camisa y sacarla del camino. Los labios de Jane se dirigen a su cuello, besando, succionando y mordiendo, dejando marcas leves en su piel blanca. Ella toca su cuerpo caliente, lo raspa con las uñas, muerde su oreja, su cuello y se embriaga con su olor. Jane la despoja del sujetador e inmediatamente se sumerge en sus pechos, besando y tocándolos, dulce al principio, duro después. Los gemidos no se hacen esperar. La mezcla de placer y dolor es delirante, su boca hace maravillas con sus pechos, sus manos se enredan en su cabello, manteniéndolo allí, pero luego de unos segundos, él se aleja un poco. Su respiración entrecortada, su aliento contra su abdomen la están matando, y cuando ve que sigue descendiendo, pierde el poco control que le queda. Con los codos para sostenerse, se apoya en el escritorio y mira como su consultor besa cada parte de su abdomen, su cintura, sus caderas... Oh Dios.
Jane se coloca de rodillas ante ella, mirándola y oliendo su parte íntima, deleitándose con lo que provocó en ella. Demasiado para Lisbon, que echa la cabeza para atrás cuando siente sus manos desabrochar sus jeans. Sube sus caderas para ayudarlo a despojarla de sus prendas, quedando totalmente desnuda para él.
-Teresa... si creyera en los ángeles, diría fuiste creada por ellos. -Dice con voz ronca.
Ella suelta una risita entre divertida y excitada, y se siente cada vez más húmeda. Jane besa sus muslos, acaricia sus piernas, la tortura un poco, escuchando su respiración agitada, sus jadeos y gemidos. Él sigue burlándose de su deseo y roza sus labios contra su intimidad.
-Patrick. -Gime.
Lo siente reír, y dos segundos después gime más fuerte.
-Mmm, Patrick.
El consultor comienza a jugar allí, con su lengua, con sus labios, bebe su miel, se inunda en ella. Su excitación aprieta tanto sus pantalones que es doloroso, pero lo soporta, no se trata de él, se trata de ella, es su noche. Entonces decide darle más que su boca. Ella gime más profundo y comienza a mover sus caderas contra los dedos de Jane. Se siente delirar, no controla sus sonidos, los gemidos salen de su boca sin poder evitarlo, y más cuando ahora, su consultor se incorpora para besar sus pechos, mientras sus dedos siguen en ella. Jane siente que ya está cerca, acelera sus movimientos y muerde sus pechos, provocando dolor y placer, un cóctel explosivo. Lisbon busca el borde del escritorio y se aferra con todas sus fuerzas, su orgasmo estallando en gritos, gemidos y jadeos. Jane la sostiene, besando dulcemente cada parte de su rostro, susurrandole lo hermosa que es.
Apenas puede recuperarse, Lisbon lo vuelve a besar ardientemente, encendiendo cada parte de su cuerpo nuevamente. Sus manos salen disparadas hacia el cinturón, el cual desabrocha de inmediato.
-Patrick... -Lo mira a los ojos. -Te quiero dentro de mí.
Suficiente para él, que no duda un segundo y la carga entre sus brazos nuevamente, para acostarla en su cama improvisada. Vagamente, Lisbon piensa lo incómodo que debe ser para él dormir en esa cama, pero rápidamente se concentra en lo que tiene en frente. Jane, ya despojado de sus ropas, completamente desnudo, se sube sobre ella y la besa con ternura. Luego de un momento, la mira a esos ojos verdes, grandes y anhelante, llenas de deseo y amor.
-Teresa...-Susurra. No puede hablar, no puede decir las palabras, esas dos palabras que siente con todo el corazón.
La mira fíjamente, intentando decirle todo con esa mirada. Unas lágrimas amenazan con salir, pero se controla. Ella lo acaricia suavemente y mira cada facción de su rostro.
-Lo sé. -Susurra. -Hazme tuya, Patrick.
Y es todo lo que necesita, para confesar su amor sin palabras. Jane entra en ella mientras se besan y comienzan un vaivén lento, intenso, caliente. Sentirlo dentro, como tantas veces deseó, como tantas veces pensó, supera todas sus expectativas. Incluso esa vieja cama improvisada, en un ático oscuro en el edificio del CBI, supera las expectativas, porque es Jane, es Patrick Jane quien está con ella y no necesita impresionar con una cama de hotel con una menta en la almohada para hacer sentir especial a una mujer. La dulzura y la rudeza en la medida justa, para hacerla delirar, sudar, gemir y gritar como nunca lo ha hecho.
Sentir su pequeño cuerpo debajo de él, es la gloria. No existe nada más en ese momento, Red John, su pasado y su venganza se fue al cuarto del olvido en su Palacion de Memoria, por lo menos por un momento. La forma en que se mueven es única, sincronizados, como si toda la vida lo hubieran hecho, como si estuvieran destinados a ser. Los gemidos son gradualmente más altos, el aire se llena de humedad y el aroma que desprenden le llenan los sentidos.
-Patrick, Patrick, Dios, Patrick.
Lisbon siente su inminente orgasmo en puerta e intensifican los movimientos. Cada vez más rápido, frenético. Sus cuerpos sudan, sus respiraciones se agitan y sus gritos mueren en la boca del otro. Y entonces sucede, suben al cielo, juntos. Lisbon muerde su hombro y su grito llena el ático. A los segundos, él la sigue, llenándola de su esencia.
Se quedan un momento así, enredados, sin aliento, recuperándose de la pasión. Jane se acomoda a su lado, suspirando, feliz y ella se voltea, quedando los dos frente a frente. Se miran, con una mezcla de amor y miedo en sus ojos.
-Teresa... no puedo prometerte que esto pase con frecuencia. -Susurra.
-Lo sé. Tienes que terminar con él primero para continuar con tu vida.
-Yo... no te voy a pedir que me esperes.
-No tendré que hacerlo. Estamos juntos en esto, no te dejaré solo, te ayudaré a atraparlo.
Patrick sabe el significado de esas palabras. Te ayudaré a atraparlo. Y se da cuenta que está dispuesta a entregárselo a él, para que ambos puedan ser felices... Juntos. Controla sus lágrimas una vez más y la besa.
-Feliz cumpleaños, Teresa.
Ella sonríe. -Gracias, Patrick. Pero ya han pasado varias horas desde que mi cumpleaños terminó.
-Oh... bueno, pero es válido igual.
Riendo y besándose, pasan las siguientes horas sin dormir, solo sintiendo la compañía del otro, como siempre quisieron. Una hora antes de que el CBI comience a llenarse de agentes, Lisbon comienza a vestirse, de manera silenciosa, intentando no despertar a Jane. Se lo ve en calma, en paz, tranquilo. Desearía verte dormir todos los días, en mi cama. El pensamiento ya no es tan vergonzoso ni doloroso, ahora tiene un tinte de esperanza.
-Lo atraparemos, Jane. Y podremos ser felices. -Susurra y le da un beso en la frente.
FIN.
