Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia tampoco, este es un fragmento del juego RDR2, así que no.
El fragmento original lleva como título, el castillo lavanda y es de la misma autora que otro fragmento que habla de castillos.
El esclarecimiento de lo que sucede se haya abajo.
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Al sentirse condenada para siempre a una trágica existencia tan vil y llena de miseria incuestionable.
La hermosa y despampanante joven rubia, Diane Amara se derrumbo en lágrimas.
Sabía de antemano que su amor, el duque Alistair Krei, iba a morir por culpa de la traicionera mano de la realeza de la tan franca y malvada noruega.
El hombre valiente y guapo al que iban a enviar a morir a la guillotina no era otro que el mismísimo Krei.
Si, ese hombre que parecía intocable y muy orgulloso pero que tenía aires de grandeza.
Con su pelo rubio dorado y su honesto honor, iba a morir decapitado por culpa del engaño.
Ambos, tanto Krei como Amara se amaban fielmente desde que eran jóvenes y desde que habían probado el delicioso ambiente del amor sin ropa.
Desde esa juventud jugaban en las majestuosas cañadas bañadas por la brisa, mientras las ovejas pastaban majestuosamente por todo el pasto recóndito del lugar.
De vez en cuando jugaban, únicamente con sus vestidos de sus nobles pero respetados clanes o familias.
Se había dejado engañar tontamente por el rencoroso duque noruego, Weselton, que ahora estaba comprometido con ella, mientras que el hombre al que amaba la mujer, iba de camino a morir en la cuchilla de un metro de alto.
Ella no se daría por vencida, tampoco se postraría hasta la muerte, ni mucho menos se sometería a la opresión del horrible viejo decrépito, claro que ¡NO!
Porque ella era Diane Amara, la princesa más valiente que se haya visto nunca jamás.
Ella con su vestido muy colorido de noble y sus preciosas facciones de una glamurosa princesa, se levantó del asiento de donde estaba, y se puso en pie majestuosamente.
Diane había recuperado su auténtico don a pesar de ser princesa; su fortaleza interior que rugía como un tigre.
Lentamente, se aclaró la esbelta y hermosa garganta mientras el viento le soplaba y se movía en su precioso vestido, e incluso, su más preciosa y salvaje melena rubia era víctima del fuerte soplido.
Sus bellos ojos seguían siendo coloridos pero ahora resplandecían de furia y pasión por liberar lo que la mantenía cautiva en sus emociones.
– Señor Weselton, me gustaría hablar con usted antes de que se vaya, si no le importa–, le dijo sin aliento pero con valentía y la voz con un tono cadencioso.
El duque se giró lentamente y la miró a la joven mujer.
Miró con sigilo a la dama envuelta en su vestido colorido, a la que él pensaba erróneamente que estaba apunto de engañar de por vida para que se convirtiera en su esposa.
Pero al instante mientras la miraba se dió cuenta que por la mirada sincera y honesta de la joven, todas sus mentiras y engaños no habían funcionado y que nunca le haría frente a la tan poderosa honestidad de la despampanante y hermosa chica.
– ¿Si, mi señora?–, le pregunto con acento aterciopelado.
– Ese pobre hombre al que acabamos de enviar a morir a noruega no era un asesino en absoluto, ¿No, infame vejete?–, exclamó en voz alta mientras sentía su dignidad elevarse con orgullo como un castillo en lo alto de un macizo en granito y veía cómo el detestable vejete que tenía ante ella se encogía como un cobarde extranjero de origen incierto.
– Señora, está muy equivocada–, balbuceó nerviosamente mientras empezaba a sudar.
– Creo que se equivoca por completo–, añadió de forma precipitada e insegura.
– No, Weselton–, dijo ella cadenciosamente con su elegante acento aterciopelado capaz de derretir los corazones de todo el mundo.
– No, señor. Jamás me casaré con usted. No mientras mi amor verdadero, siga vivo. Niégueme que está vivo. Mire estos ojos y dígame la verdad–, exigió.
– Krei…–, dijo con desesperación al darse cuenta de que sus débiles maneras no habían servido de nada frente a la virtud de la chica.
– Está usted en lo cierto, Krei, no está muerto. Mentí porque mi corazón es oscuro y porque soy un noruego desleal–.
– Guardias, detengan a ese impostor. No ha hecho nada más que comportarse como se comportan los traidores. Es un hombre desprovisto de honor–, ella habló de forma cadenciosa pero rotunda.
A pesar de ser un mentiroso, Weselton, no le quedaba nada más que un pequeño resquicio de honor, suficiente para darse cuenta de lo despreciable que era frente a la notable joven.
Antes de que fuera detenido, y con una última mirada anhelante por todo lo que nunca llegaría a poseer, incluida la bella y despampanante rubia.
Weselton fue detrás de ella y amenazo a los guardias, tomándola de rehén – Si me detienen, la mató–, grito al grado de que los guardias retrocedieron.
Sabía que si la mataba a la no tan aterrada joven, nunca podría gozar de sus preciosos ojos, su cuello perfecto, sus exquisitas curvas.
Sin siquiera dudarlo, el viejo la soltó y en su lugar se cortó de lado a lado su arrugada garganta, salpicando su néctar rojo sobre la inocente pero no tan asustada Diane.
Ella suspiró contenta al ver el cuerpo del malvado hombre.
– ¿Qué se puede esperar? Era un sinvergüenza, y no uno de los buenos que se odian a sí mismos por serlo–, se lamentó con voz honesta pero cadenciosa.
– Ya lo decía siempre mi padre; cuando un traidor se da cuenta de que ha actuado como se espera, debe cortarse el cuello como un verdadero culpable–, dijo acertadamente Judy, su fiel criada de confianza, tanto de ella como de Alistair, que no era del todo servil; algo que se esperaba de una persona supuestamente leal.
– Debemos apresurarnos y evitar que Krei muera–, dijo Diane súbita e inesperadamente, y luego corrió sin aliento por el castillo y a través de la escalera de caracol del mismo castillo.
Tras cruzar el puente levadizo, salto rápido sobre su noble corcel, Baymax, que era de color blanco.
Baymax relinchó y galopó a toda velocidad a través del furioso viento.
Diane Amara esperaba del todo poder salvar la vida del único hombre al que amaba y que le correspondía.
En vano, se dijo a sí misma y a su corcel que no llegaría demasiado tarde, – Vamos–.
Baymax relinchó nuevamente con fiereza y con majestuosidad, movilizándose.
Al llegar, grito con todas sus fuerzas, – ¡Alto!–.
Había llegado justo en el momento en que Krei sería ejecutado, – Ese hombre es inocente– exclamó con fiereza.
– Señorita, ¿Tiene las pruebas de que esté traidor es inocente?–, pregunto muy dubitativo el verdugo.
– Claro que las tengo, Weselton, el se suicidó– ante su noticia y afirmación, todos los que presenciarían la ejecución de Krei se quedaron boquiabiertos, no podían creer lo que habían escuchado.
– Mi amor...–, dijo al acercarse a el y mientras lo liberaba del castigó que lo mantenía aprisionado en la enorme cuchilla.
Una vez liberado, la abrazo con tanta fuerza mientras la besaba con pasión y desenfreno.
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Notas:
Hola de nuevo lector, les subo este fragmento de RDR2, bueno este fragmento junto a otros tres me di cuenta que la misma autora del juego hizo copia y pega de estos fragmentos.
Para diferenciar uno de otro, lo que hizo la autora inexistente del juego fue cambiar el nombre de los personajes y sus nacionalidades.
Para este fragmento, hice modificaciones para diferenciar este fragmento del otro ya compartido.
También lo que hice en este fragmento fue emparejar a Alistair Krei con... No con Elsa, sino con Diane Amara, la clon malvada de Liv Amara, el clon de este personaje es casi idéntico a Alistair. Cómo dicen entre villanos se entienden, en fin.
A continuación un avance del próximo fic que subiré (de ser posible el día 25 o hasta el último día de este año)
Disfruten...
Avance de otro proyecto romántico...
Ese lejano lugar polvoriento, deja entre ver en un andén de ese pequeño pero polvoriento pueblo; deja ver a nuestro hombre de cabellera pelirroja, este está paseando con lujo de detalle mientras a lo lejos desde un punto donde parten directamente los civiles de las líneas férreas, se presentan hombres dispuestos a eliminarlo.
Cómo una trigonometría, deshacerse de uno y luego de otro, sabe que su vida ha cambiado, de ser un dulce hombre pelirrojo a ser un mensajero de la muerte. Su mirada calculadora visualiza todo lo que le rodea, sus sonoras espuelas golpean al ritmo de los tambores el suelo.
Su encuentro con los angelitos hostiles no le termina agradando pero el ha salido de su sitio de confort para impartir justicia, tal vez no como héroe, pero si como villano.
Su andar sutil lo ha hecho creer que es hora de hacer pagar a todos los personajes que lo van rodeado.
Sin preocuparse, delante de los susodichos que lo rodean, inclina su sombrero, en señal de saludo y respeto.
Nunca estaba equivocado, era hora de impartir lo mejor que podía dar.
Mientras era rodeado, desenfundo su pequeña, y perfecta arma.
Difícil de explicar. Era el arma, la imagen, el símbolo que alguna vez proyecto el legendario entre los míticos.
Entre tirador y tirado no había límites; había que elegir.
Sin embargo, ya se sabía quién era el tirador y el tirado.
Después de un furtivo ataque en su contra, despistó a sus asesinos.
Entre muralla y muralla, les dio caza hasta que los acabo a uno por uno.
No había un momento mágico, ni había secretos a voces, ni confesiones, ni poderes más allá de la comprensión humana, ni celos… Lo que había era el veneno y el poder humano en un solo hombre.
Legado entre una leyenda del pasado.
Habiendo matado a sus enemigos, guardo su reluciente arma en su funda con un estilo muy parecido a un verdadero maestro y al final, nuevamente inclinó su cabeza junto a su sombrero.
Incluso de las leyendas nacen nuevas leyendas…
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Este texto que acabas de leer es de mi próximo fic, es del que tanto he hablado, lo reserve desde antes, pero creo que es el momento justo para presentarlo.
De antemano si no logro subir este fic el día 25, solo les deseo una feliz navidad (si suena seco, pero quiero presentar mi proyecto para hablar y explayarme mejor).
Review, fav y follow, si deseas.
