Distrito 10
Ya están sonando los primeros cencerros cuando Devora sale de su casa con el suyo en la mano. Apenas está empezando a amanecer, tal y como debe ser. Esa es la tradición. La mañana del veinticinco de diciembre, cuando el sol empieza a asomarse, los jóvenes en edad de cosecha recorren el distrito diez haciendo sonar sus cencerros. Los niños más pequeños creen que lo que suena es la cabra que trae regalos todos los años a los habitantes del distrito. Siempre hay algún pillo que mira por la ventana intentando verla y se encuentra a un adolescente tocando el cencerro, pero la promesa de que cuando cumpla los doce podrá hacer lo mismo suele hacer desaparecer la desilusión porque la cabra fantástica no sea real.
Además del cencerro, cada adolescente lleva una bolsa con pequeños regalos que le han encomendado depositar en una puerta específica. Sabrina le ha dado varios paquetes para dejar en las casas de su numerosa familia y su madre también le ha dado los regalos para sus familiares ya que ella es la única de sus hermanas que sigue en edad de cosecha.
–Da igual que hayas salido cosechada ya. Sigues teniendo la edad, hija. Ve con tus amigos y diviértete –le había dicho cuando Devora le comentó que tenía dudas sobre si debía hacerlo o no.
Al final ha decidido hacerle caso, aunque no sabe cómo será recibida por sus amigos. Desde que volvió de los juegos ha estado esquivando a todo el mundo que no sea su familia o Sabrina. No es nada personal, es solo que necesita estar sola. No obstante, le apetece verlos y la tradición de los cencerros siempre le ha gustado, así que se dirije hacia el punto de encuentro que Kate le indicó cuando se la encontró en la plaza la semana anterior. Su amiga le dijo que a todos les gustaría verla y que hicieran la ronda juntos como todos los años. Eso es lo más divertido de la tradición, juntarse con los amigos e ir hablando y haciendo el tonto mientras dejan los regalos. Devora echa de menos eso, las conversaciones sin sentido y las tonterías de su pandilla. Cuando volvió estaba tan triste que pensó que había dejado todo eso atrás para siempre, pero ahora le apetece volver a estar con ellos y sentirse una más del grupo.
El primero en verla es Rick. Exclama su nombre con sorpresa y alegría y enseguida todos los demás hacen lo mismo. En un segundo Devora se encuentra rodeada de su pandilla de siempre mientras unos y otros la ponen al corriente de los chismorreos que se ha ido perdiendo.
Después todo transcurre igual que todos los años. Kate y Rick discuten sobre cuál es la ruta que deben seguir y tienen que acompañar a Allie a su casa porque se le ha olvidado un paquete que sus padres le dieron para su abuela. Devora les habla de algunas de las cosas curiosas que vio en el Capitolio como esas duchas con tantos botones o las comidas tan ricas que allí preparan y los cuatro comentan las nuevas parejas que han surgido en la escuela, a la que Devora dejó de ir tras sus juegos.
–A lo mejor deberías volver a venir –comenta Rick.
–Pero si tu te pasas la vida diciendo que no irías si pudieras –replica Allie.
–A ver, la escuela es un rollazo y los exámenes más, pero Devora ya no tiene que examinarse ni estudiar ni nada. Podría venir al recreo y a algunas clases y así estaríamos juntos. Dice que en su casa se aburre y, además, no es como si no nos pasáramos la clase pasándonos notas en vez de prestar atención.
A Devora la idea no le suena nada mal. Podría ir solo cuando le apeteciera y volvería a pasar tiempo con sus amigos, tiempo en el que no estaría sola en casa dándole vueltas a sus juegos. Sí, después de las vacaciones de navidad volverá al colegio y mientras tanto piensa salir con Kate, Allie y Rick todo lo que pueda. Sabe que las pesadillas y los malos recuerdos seguirán ahí, pero también sabe que está lista para volver a su vida.
Cuando llega a casa, en su puerta encuentra varios paquetes. Uno es de sus amigos, otro de su familia y otro de Sabrina. El cuarto es de John. Su exnovio nunca ha vuelto a hablarle después de que ella le dijera que ahora no podía seguir con su relación, a lo que él contestó que lo entendía y que lo llamara si necesitaba cualquier cosa. No obstante, le ha mandado un regalo. Al abrirlo Devora encuentra un colgante plateado con una clave de sol. Es barato, nada comparado a las joyas que le regalaron tras su victoria, pero es ciertamente bonito y tiene un significado especial.
Devora y John se conocieron en una clase de música. Él escribía relatos y poemas mientras que ella tocaba la guitarra. La profesora les encargó componer una canción para celebrar el final del curso de una manera especial. Estuvieron un año saliendo hasta que ella volvió de los juegos y lo echó de su vida junto a todos los demás, pero ahora ha vuelto a recuperar a sus amigos. Quizá también podría intentar acercarse de nuevo a él.
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Existe la creencia de que en Finlandia es una cabra la que trae regalos. Según una amiga que es de allí, esto es falso y lo que ocurre es que la palabra para "cabra" y la palabra para "Papá Noel" son muy parecidas. Eso sí, en el distrito 10 sí que es una cabra.
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