Capítulo 2

Un bostezo tomó lugar en mi rostro, parpadeando consecutivamente tratando de deshacerme del sueño y enfocarme nuevamente en el desierto camino de tierra que daba hasta la casa de Bokuto. Aparté las molestas plantas que me obstaculizaban la visión, entrando en una pequeña batalla con una en particular que no se cansaba de enterrarme sus púas en el brazo.

El sonido de unos pasos acercarse me sacaron del mini pleito que tenía y pude observar cómo el cartero venía caminando tranquilamente mientras silbaba una canción y ojeaba su radio. Tragué pesado al notar que era mucho más alto que yo y hasta tenía un aspecto de extranjero (¿ruso, tal vez?) que le era dado por su cabello color plata y sus ojos verdosos con un aire gatuno.

—Bien, Tetsuro, ya estás aquí, así que no te puedes echar para atrás— Me dije en un intento de autoconvencimiento—. Hey– Mi llamado captó la atención del joven cartero, quien me miró confundido por salir de repente de los arbustos, en tanto yo trataba de mostrarme amenazante con tierra y hojas en mi cabello.

–¿P-puedo ayudarlo en algo?– Preguntó entrecerrando los ojos y preparando sus pies para una posible huída de emergencia.

–Seré honesto contigo, hum...– Dije tomándolo por los hombros, tratando de leer la placa que llevaba en su ropa– Jev.

–Es Lev.

–Lo que sea– Le resté importancia con un movimiento de manos– Mira, seré claro y conciso: necesito que me dejes el morral y la ropa que llevas y que, de paso, no te vuelvas a pasar por la casa de por allá, ¿entendido?

–¿Me está asaltando?– Preguntó con su rostro en una mezcla de confusión y temor.

–Nah– Respondí con un gesto vago– Yo no diría "asalto" como tal– Dije poniendo énfasis en las comillas– Es más, se podría decir que te estoy ayudando con tu trabajo. Tú solo me das tu trajecito, te olvidas de esa casa y todos felices– Agregué con una sonrisa y un pulgar en alto que no parecieron convencerlo del todo.

—Ni siquiera te conozco— Siguió a la defensiva.

—Bah, eso se soluciona fácil, yo soy Kuroo Tetsuro, emprendedor de la vida, mucho gusto— Dije tomando su mano a modo de saludo— Así que, ahora, ¿qué me dices?

–Pues...podría consultarlo con Yaku-san– Dijo sacando su pequeña radio, la cual yo le aparté mientras negaba con la cabeza.

–Jev, ¿quieres vivir toda tu vida así? ¿Dependiendo de una vocecita que te diga qué hacer?– Traté de poner el rostro más desaprobatorio que pude, en tanto rogaba mentalmente para que cayera en mi trampa.

Él pareció meditarlo unos segundos que no me dieron buena espina, por lo que tuve que recurrir a mi último desesperado recurso.

–Ese tal "Yaku-san", ¿te gusta?– Era solo una pequeña hipótesis que saqué cuando lo vi silbando y mirando de reojo la pequeña radio antes de interceptarlo, pero ahora estaba suplicando que fuera cierto.

Obtuve mi respuesta del gran sonrojo que llenó la cara del joven cartero junto a un evidente tartamudeo.

Bingo.

–Esta es tu oportunidad de demostrarle el gran hombre que eres– Dije con sus brillantes ojos puestos en mí mientras extendía la mano hacia el horizonte para agregarle más dramatismo–. Sigue mi consejo y llegarás muy lejos, Jev. Ve tras él, dile tus sentimientos y empieza el camino a la felicidad en este mismo instante, yo me ocuparé del resto.

Puse una pose de hombre confiable que él se terminó por creer, dejándome su ropa (gorra incluida) y el morral con las cartas que le quedaban, para después marcharse con una radiante sonrisa camino a quién sabe donde, sin importarle estar solo en ropa interior.

—¡Tú puedes, Jev! ¡Gánate su corazón!— Me despedí de él agitando la mano, feliz de que mi plan haya funcionado.

Tras asegurarme de que se haya ido, procedí a ocultarme entre los arbustos nuevamente para poder colocarme la vestimenta que había obtenido y dejar las cartas del morral ahí ocultas. Tal vez fuera cruel de mi parte dejar esas cartas sin entregar, pero dicen que el destino lleva las cartas al destinatario (¿o las cartas al destino?), bueno, lo importante era que estaba seguro que, de alguna forma, sus dueños las encontrarían...tal vez, quién sabe.

Una vez con el traje puesto, me enorgullecí de mí mismo por el brillante plan que se me había ocurrido, aunque ciertamente no había contado con que el cartero fuera tan alto, dejando los pantalones tanto más largo de lo normal, pero se trataba de nimiedades sin importancia.

Acomodé en el morral una de las cartas aún sin entregar de Bokuto, lo que me hizo asimilar que el pequeño engaño que estaba haciendo no duraría por mucho, sino que estaba condenado a acabar una vez se me terminaran las últimas cartas que no alcanzó a enviar.

Hasta entonces estaba obligado a tomar el valor necesario para poder decírselo todo.

Respiré profundo y fui con el mejor aire de cartero que pude aparentar hasta la casa que había visitado algunos días atrás.

Me distraje unos metros antes de llegar al percatarme que aún traía la placa con el nombre "Lev", por lo que la oculté en uno de los bolsillos y me dispuse a seguir mi camino, sin embargo, nuevamente mis pasos se detuvieron. Esta vez mi rostro se había congelado al ver aquella elegante figura junto a las flores, la cual hizo que mi corazón dejara de latir por unos segundos.

"Los ojos que pone cada vez que trata con las flores que le gusta tanto plantar, te hace darte cuenta de cuánto ama hacerlo".

Fue como si, en ese instante, una pequeña burbuja se hubiera formado a nuestro alrededor, impidiendo que cualquier sonido interviniera entre el tenue brillo de sus ojos grisáceos y las delicadas flores que se dejaban tocar por él como si estuvieran conscientes del amor que les tenía con solo rozarlas.

Era una labor cotidiana, pero él la hacía ver de una forma que parecía irradiar armonía con cada leve movimiento que hacía. Hasta el mismo viento lucía violento contra las acciones que dejaban bailar a las hermosas flores que estaban plantadas en aquel jardín. Me extrañé de mí mismo al ni siquiera haber sido capaz de voltear a verlas la primera vez que había venido.

–Vaya, si es el cartero de la vez pasada.

Di un sobresalto involuntario al escuchar de repente su voz, topándome de frente con sus inquisidores ojos almendrados, los cuales me observaban con un tinte de curiosidad del que no me percaté hasta que caí en la cuenta de que llevaba un buen tiempo sin responder.

–¿Ah? Claro, soy yo, el cartero de la vez pasada– Dije dándome una cachetada mental por tal falta de elocuencia.

–Veo que hoy si lleva el traje consigo– Señaló.

–Si...la vez pasada estaba recién empezando en el oficio, por lo que hace poco obtuve el traje– Inventé tratando de sonar convincente, aunque el nerviosismo que me producía su mirada, claramente, no ayudaba mucho.

–Ya veo– Dijo con ese tono de parsimonia que ya me estaba acostumbrando a asociar a él.

Tras unos instantes de silencio, recordé el verdadero motivo por el que estaba ahí y me puse a buscar la carta que debía entregarle. Una vez en mis dedos, me limpié con disimulo el sudor de mis manos y se la tendí tratando que no se diera cuenta del leve temblor que no había sido capaz de controlar.

Él la tomó con cierto aire de confusión que hizo que la inquietud se empezara a adueñar de mi cuerpo todavía más.

–¿Sólo una?– Me preguntó tratando de ocultar un leve tinte de decepción que, por unos segundos, creí haber imaginado.

Y ese era el pequeño "pero" de mi astuto plan, después de todo, el correo que nos llegaba a nosotros en el servicio era cada semana, por lo que Bokuto, al escribir cartas a diario, tendía a enviar sus cartas de toda la semana en un solo viaje.

–Si...supongo que ya lo habrás escuchado– Dije tragando pesado a las palabras que se avecinaban– Me refiero a que el servicio militar acabó hace algunos días.

Él me miró sin comprender, pero pude notar el leve temblor en el iris de sus ojos que delataba sus pensamientos.

–Algunos...algunos de ellos decidieron quedarse más tiempo– Terminé por decir, reprendiéndome a mí mismo por dejar escapar otra oportunidad para decirle la verdad.

–¿Qué?— Soltó casi involuntariamente.

–Tú sabes, eligieron a algunos de los mejores para que pudieran seguir con un entrenamiento más...hum...avanzado, quiero decir, no es que yo sepa mucho de cosas militares, pero al ser el cartero de la milicia me llega algo de información– Dije tratando de no atropellarme con mis propias palabras– Por si fuera poco, la cartería está colapsada por las cartas de fin de temporada, así que no te extrañes si las cartas llegan atrasadas o una a la vez, hasta quizá ambas cosas.

Akaashi me miró con el ceño levemente fruncido, probablemente, tratando de asumir toda la nueva información que le había entregado y, también, dilucidando la veracidad de mis palabras.

Tras unos instantes que se me hicieron eternos, tomó con suavidad la carta de mis manos, convirtiéndome en testigo de cómo sus ojos menguaban la tormenta que estaban mostrando antes para volver a la calma mientras leía el nombre del remitente.

Una especie de pinchazo apareció en mi pecho, al ser espectador del gran amor que sentía por aquel enérgico búho sin siquiera la necesidad de palabras.

–Gracias– Dijo con parsimonia en cada una de las letras, en tanto posaba sus ojos en los míos, lo que traducí como el resultado de su batalla interna.

Te creo.

–No hay de qué, eso es lo que hago– Dije agachándome a modo de reverencia, para que vea la gorra que destacaba mi supuesto oficio.

–Aunque, ciertamente, la ropa le queda un tanto grande– Señaló el cómo mis pantalones terminaban rozando el suelo sin que me diera cuenta.

–De seguro me vieron demasiado joven y en crecimiento, por lo que optaron por anticiparse al futuro– Dije con aires de suficiencia mal disimulada.

Él me observó con un rostro de indiferencia que hizo que mi humilde ego tuviera que resguardarse tras el nerviosismo de nuevo.

–Bien, entonces, si me disculpas– Agregué con una mano a modo de despedida y encaminándome por el camino de vuelta.

Cuando ya llevaba un buen trecho, escuché algunos pasos acercarse detrás mío, lo que me hizo voltear con cierta curiosidad, encontrándome con una delicada flor color amarillo.

–Es una gerbera– Lo escuché decir mientras me tendía la flor con la misma cara neutral de antes, pero con unas gotas de sudor que adornaban su frente–. Dicen que representa el color de la luz y que significa felicidad.

Lo miré sin comprender mientras tomaba la flor con delicadeza entre mis manos, con especial cuidado de no rozar las suyas.

–Se me había olvidado decirle: felicidades por obtener su traje– Dio por toda explicación, haciéndome comprender su repentino gesto.

–¿Ah? Si...el traje...g-gracias– Fue lo más lógico que pude articular, aún conmocionado, alternando mi vista entre él y la flor.

–Nos vemos la próxima semana– Movió su mano a forma de despedida y comenzó a caminar de vuelta hasta su casa, dejándome con los ojos inevitablemente pegados a su espalda, la cual se empezaba a distanciar poco a poco.

Me fui caminando a paso lento de regreso a la ciudad, con la mirada puesta en la flor que destacaba entre mis dedos.

Una gerbera...si no mal recuerdo también significaba...

Suspiré con una sonrisa torcida ante la ironía del significado de las flores del que tanto hablaba mi madre cuando aún vivía.

Claro, también significaba amistad.

~•~•~

A mi querida lechucita,

Si creía que ayudarte a cargar la tierra del jardín y cortar la leña era horrible, ¡no sé qué estaba pensando! porque ahora hasta el más pequeño de mis dedos no puede ni siquiera moverse antes de que todo mi cuerpo sufra un calambre monumental.

¡Extraño los masajes que me dabas cuando eso pasaba!

Oh, pero no soy el único, tuve que arrastrar a Kuroo esta mañana para poder llegar hasta el salón a desayunar, ya que no se podía su propio cuerpo (arrastrarlo literalmente, aunque terminara cayéndoseme de las escaleras en dos ocasiones).

Últimamente lo veo más feliz, eso me alegra mucho, incluso durante el descanso me enseñó acerca del idioma de algunas flores que ni siquiera sabía que existían. ¡Cuando vuelva te enseñaré el significado de todas las que tenemos en el jardín! Aunque, probablemente, ya las conozcas a todas...¡Pero igual lo haré!

Espero no te quedes mucho tiempo fuera plantando flores, recuerda que tu salud siempre está primero.

Te ama por siempre, Bokuto Kotarou.


¡Capítulo 2! Espero les haya gustado ❤️ no creo que esta historia tenga muchos capítulos, pero veré cómo se va dando a medida que escribo ^-^

¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Saluditos virtuales