Capítulo 4
—Y eso es lo que pasó— Terminé de relatar con la mirada en el suelo ante los dos carteros que me observaban, uno sorprendido y triste mientras que el otro, más que nada, pensativo.
Los tres nos habíamos despedido de Akaashi Keiji hace algunas horas y yo me resigné a tener que contarles el motivo de mis dudosas acciones mientras nos sentábamos en una de las orillas del camino de tierra.
—Ya veo, es por eso que estás haciendo todo esto— Dijo Yaku con una mueca apenada.
—¡Aún no puedo creer que Bokuto-san haya muerto! É-él era una persona tan amable...siempre me daba propinas o me regalaba algunas frutas y verduras de su huerta...n-no puedo creerlo— Decía apenas el peliplata con lágrimas en sus ojos.
Yaku lo observaba con tristeza mientras también parecía recordar una que otra experiencia con el energético búho.
—Dicen que la muerte siempre elige las flores más hermosas del prado, ¿no?— Dijo el castaño.
No podía estar más de acuerdo con él, la muerte no era más que una maldita con la afición de quitarle la vida a las personas que más se merecen la felicidad, a personas que si tienen seres queridos que los esperen y se preocupen por ellos...personas definitivamente distintas a mí.
—¿Hasta cuándo planeas guardar el secreto?— Yaku me observaba de forma seria, como si me estuviera diciendo "se lo dices tú o se lo digo yo" con el porte de una madre.
—Probablemente no mucho tiempo más— Le respondí sinceramente, abriendo el morral que traía y mostrándole las pocas cartas que me quedaban por entregar— Una vez las cartas se acaben, le diré toda la verdad.
Yaku y Lev intercambiaron miradas dubitativas, como debatiéndose por la mejor solución. Al final, Yaku suspiró posando su mirada en mí.
—Déjame decirte que no creo que lo que estés haciendo esté bien— Dijo de forma seria mientras yo formaba una sonrisa irónica, ya esperándome ese comentario— Pero...pienso que si hay alguien que debe decírselo, ese eres tú.
Levanté la mirada algo sorprendido hacía él, después de todo, nunca me esperé que podría llegar a apoyarme con mi plan.
—Entonces, ¿no se lo dirán?— Me aseguré.
Ambos volvieron a intercambiar miradas y negaron con la cabeza, dándome a entender que, hasta el momento, podía seguir haciendo de cartero particular para Akaashi Keiji.
Solté un suspiro de alivio que ni siquiera me había percatado que estaba reteniendo. Vi cómo Lev se acercaba a mí tratando de disimular el moqueo de su nariz con una de sus mangas hasta quedar a mi altura.
—Akaashi-san es una gran persona, él no merece que le mientan de esta manera— Dijo con un semblante serio que me asustó más que el del castaño— Sin embargo, Yaku-san tiene razón, solo tú puedes decirle la verdad en estas circunstancias. Confiamos en ti— Deletreó las últimas palabras con gran significado, haciendo que el peso de cada una de ellas cayera abrumadoramente sobre mis hombros.
—Si— Fue todo lo que dije, pero eso fue más que suficiente para los dos carteros.
Ambos se despidieron de mí con un ligero movimiento de manos, para después marcharse por donde vinieron ante mi mirada reflexiva. Ellos tenían razón, él no merecía que lo engañen de esta manera...y a Bokuto tampoco le hubiera gustado.
Con un suspiro me decidí a ir de vuelta por donde había llegado, ya que técnicamente había perdido la oportunidad de entregar otra carta. Trataba de aligerar mi mal humor pateando pequeñas piedras o latas que encontraba en el camino, pero eso solo parecía frustrarme más.
—Hey— Sentí que me llamaban, por lo que guié mi vista hasta un pequeño azabache que me observaba con cara de pocos amigos.
—Kageyama, de verdad no importa— Trataba de frenarlo un pelinaranja, un tanto más bajo que él, mientras lo tiraba del brazo sin resultados.
—¿Se les ofrece algo?— Pregunté levantando una ceja. Si ese niño planeaba amedrentarme con su mal genio estaba equivocado.
—Estás pisando nuestro dibujo— Dijo apuntando a mis pies.
Bajé la mirada algo desconcertado para darme cuenta que, efectivamente, estaba sobre una especie de "arte vanguardista" bajo mis zapatillas.
—Oh— Solté un poco avergonzado de mí mismo, retrocediendo para volver a dejar libre su dibujo— ¿Qué es? ¿Arañas?— Pregunté curioso al ver que en la parte que no había sido pisada destacaban unos extraños círculos con líneas alrededor.
—¡No son arañas! ¡Son fuegos artificiales!— Exclamó el pelinaranja.
—¿Fuegos artificiales?— Repetí volviendo a analizar el dibujo, tratando de hallar el parentesco.
—Por supuesto que un anciano como tú no los vería— Le escuché murmurar al azabache.
—¡¿A quién le dices anciano?!— Reclamé indignado— ¡Estoy en plena flor de la juventud!
—Eso es algo que diría un anciano...
—¡¿Ah?!
—Ya, Kageyama, no pelees— Le dijo el más bajo, a lo que el otro solo formó una mueca.
—¿Y por qué dibujan fuegos artificiales en esta época? Que yo sepa falta bastante para año nuevo— Continué preguntando, después de todo, hablar con esos mocosos era mejor que volver a tratar con el mundo adulto y sus complicaciones.
Ambos mostraron un brillo en los ojos tras mi pregunta aunque, por supuesto, uno lo demostró más que el otro.
—¡Por el festival de otoño!— Exclamó el de hebras desordenadas.
—¿Festival de otoño?— Repetí confundido.
—¡Si! ¡Todos los años en esta fecha la gente que vive cerca se reúne para hacer juegos y mucha comida! ¡Y también, y también-!
—Hacen fuegos artificiales, ¿verdad?— Adiviné con una sonrisa mientras el pelinaranja asentía energéticamente— Suena bastante interesante, ¿y cuándo es?
—¡En un mes más!— Me respondieron ambos a la vez.
Asentí levemente, algo intrigado por tal grado de emoción por una situación tan simple como unos fuegos artificiales, sin embargo, antes de que me diera cuenta, ya estaba pensando si a cierta persona de rostro implacable también le brillarían los ojos de aquella manera al ver tal espectáculo pirotécnico.
Reí irónico de mis propios pensamientos, después de todo, no era como si tuviera alguna posibilidad de estar junto a él en una situación como esa.
—¡Oh, Kageyama! ¿Crees que Bokuto-san pueda venir este año?— Sentí mi cuerpo crisparse ante ese nombre mientras la ansiedad que ya bien conocía volvía a instalarse en mi cuerpo.
—No lo sé, recuerda que Akaashi-san dijo que aún no regresaba y también puede pasar lo mismo de la vez pasada— Dijo el azabache, haciendo que el pelinaranja hiciera un pequeño puchero.
—No creo que eso pase, Akaashi-san se veía completamente recuperado— Rebatió.
—Tú no sabes eso— Continuó el azabache.
—¡Si lo sé!
—No, no lo sabes.
—¡No es mi culpa que tú no te des cuenta de nada!
—¡¿Qué dijiste Hinata-idiota?!
Me decidí a interrumpirlos en ese punto, puesto que una de las oraciones había llamado particularmente mi atención.
—¿A qué se refieren con eso? ¿Akaashi está enfermo?
Ambos detuvieron su batalla campal, dijese de intentar pincharle los ojos al contrario, para verme algo desconcertados. Luego se apartaron unos metros, formando una especie de círculo donde, supuestamente, no podía escucharlos.
—Kageyama, el tipo de cabello extraño sigue ahí, escuchó nuestra conversación, ¿qué hacemos si es un loco secuestrador como los que salen en la tele?— Susurraba el pelinaranja, viendo "disimuladamente" hacia mi dirección.
—Hay que ignorarlo— Propuso el azabache imitando la acción del contrario.
—Pero no parece mala persona, tal vez también le gusten los fuegos artificiales— Dijo el más bajo con expresión de lástima.
—No, Hinata-idiota, eso es lo que los secuestradores quieren que pienses.
—¿De verdad?
—Oigan, par de mocosos, los estoy escuchando, ¿a quién le llaman secuestrador?— Dije llegando hasta su ubicación, logrando que dieran un brinco asustados.
—¡N-n-no me secuestre, por favor!— Gritó aterrorizado el pelinaranja.
Antes de que pudiera cambiar su parecer respecto a mí, recibí de lleno en la cara una de las latas que había estado pateando antes.
—¡Corre, Hinata!— Avisó el azabache, tomando de la mano al otro y corriendo lejos del lamentable adulto que aún se sujetaba su nariz hinchada, me gustaría decir que no soy yo, pero ya deberían saber la respuesta.
—¡Yo sólo quería preguntarles algo! — Reclamé, sin embargo, ya estaban muy lejos como para escucharme— ¡Agh! ¡Jodidos mocosos! ¡¿Qué hacen los padres hoy en día?! ¡¿Y el respeto a los adultos?! ¡Aprendan a respetar a sus mayores, maldita sea!
Tras recibir sólo silencio como respuesta, suspiré mientras posaba mi mirada en el extraño dibujo de fuegos artificiales en la tierra. Por un segundo me imaginé sus ojos grisáceos iluminados por los destellos en el cielo junto a una delicada sonrisa que no parecía estar dirigida a mi persona.
—Realmente...¿qué estoy haciendo?— Susurré ocultando mi rostro entre mis manos.
Tan solo quedan cuatro cartas.
Tan solo queda un mes para decírselo todo si continúo así.
Si le cuento la verdad...¿qué clase de mirada hará?
¿Yo...podré seguir viviendo tranquilo después de ver esa mirada?
Volví a suspirar, pero esta vez con la repetición de las palabras de esos niños. De alguna manera, sentía que había una parte de la historia que se me estaba pasando por alto, después de todo, ¿por qué Bokuto nunca me había mencionado esa supuesta enfermedad?. Siempre hablaba sobre Akaashi, pero jamás contó cómo llegaron a conocerse, ni tampoco porqué él estaba en el servicio militar y Akaashi no. Para empezar, desde el principio había considerado extraño el hecho de que estuviera en mi escuadrón, siendo que solo era constituido por "voluntarios" y él parecía muy feliz con su estilo de vida.
Saqué mi billetera del bolsillo y detuve la mirada en la desgastada foto que cargaba conmigo desde que comenzamos nuestra extravagante amistad, una imagen donde ambos llevábamos puestos nuestros uniformes y Bokuto me rodeaba con uno de sus brazos mientras con el otro saludaba a la cámara. Esa foto nos había costado un mes sin tener dinero para contrabando, pero ninguno se quejó de ello.
¿Qué tanto te conocía en realidad, búho-idiota?
~•~•~
A mi querida lechucita,
Últimamente he estado algo deprimido, te extraño a mi lado y no pasa día en que deje de pensar en ti. ¿Realmente estás bien? Sé por tu última carta que has ido a tus controles mensuales, pero no puedo evitar preocuparme por ti, después de todo, sé que siempre intentas mostrarte fuerte aunque estés sufriendo mucho.
No tienes que mentirme, ¿de acuerdo?. También sé que probablemente sigas culpándote por lo sucedido con tu familia, pero no tienes que preocuparte, toma esto como el anticipo a nuestra felicidad eterna. Una vez que salga de aquí ya verás como todo estará solucionado.
Te ama por siempre, Bokuto Kotarou.
P.D: Kuroo no deja de roncar, mañana a cambio de mis ojeras le pediré su postre.
