Capítulo 6

Entré con las zapatillas pesadas debido a la lluvia, dejando pequeños charcos de agua en la escalera de entrada a la casa. Él se había quedado en silencio desde que le pedí permiso para entrar, rompiéndolo únicamente al terminar de girar la llave de la puerta y voltearse a verme.

—Espéreme aquí, iré por unas toallas y algo de ropa para que se cambie— Dejó el sobre que llevaba sobre la mesa y se encaminó hacia una habitación, dejándome sin posibilidad de negarme.

Suspiré, lamentando nuevamente mi personalidad tan impulsiva. Ni siquiera estaba seguro de lo que pretendía al venir a buscarlo cuando no me veía capaz de preguntarle por nada, ni mucho menos tenía el derecho cuando le ocultaba tales secretos.

Levanté mi mirada a los alrededores con una mueca indecisa. Era la segunda vez que entraba a esa casa, pero sentía que cada detalle me decía que yo no era el que pertenecía ahí. Fijé mi mirada en las figuras de búhos en los muebles, el color y forma de los sillones e, incluso, en los diseños de las cortinas. Cada cosa era un reflejo perfecto de la fusión de gustos de personas tan distintas como lo eran Bokuto y Akaashi.

Mi vista se detuvo inevitablemente en el sobre encima de la mesa, acercándome para cerciorarme si había leído correctamente, pero era tal como había pensado, después de todo, un símbolo como ese no se olvida fácilmente y más cuando se trata de la misma clínica en la que había visto morir a mi madre años atrás.

Recordé la conversación de los niños que me había encontrado en el camino cercano, pero cuando un leve roce del papel estaba instalándose en mis dedos fue que lo vi parado en la entrada del pasillo. Podía ser solo una idea mía, después de todo, sus ojos grisáceos siempre fueron un misterio para mí, pero esta vez parecían estar viendo más lejos que solo mi presencia frente a él. Estaban apagados, mirando una perspectiva del mundo completamente distinta a la mía, aún cuando solo estábamos uno frente al otro.

Me entregó las cosas junto a las indicaciones para llegar al baño en un suave susurro que me hizo voltear a verlo antes de que se sentara próximo a la ventana. Su silueta melancólica viendo la lluvia se veía tan armónica, tan familiarizada a él, que me hizo pensar en cuantas veces estuvo de la misma forma, en solitario esperando a quien nunca llegaría.

Tragándome mis propios sentimientos, seguí sus indicaciones tratando de despejar mi mente con el agua tibia que caía sobre mí. Estaba cansado de las mentiras, pero tampoco quería ver su rostro opacado por la soledad para siempre.

Si tan solo me quedaban cuatro cartas por entregarle...calculaba que no podría ser más que un par de semanas, máximo un mes a su lado antes de que se enterara de todo. Me preguntaba si podría llegar a quitar aquella mirada tan triste de su rostro. Era un egoísmo fruto de la misma autosatisfacción que me daría el saber que no genero solo infelicidad a los que me rodean, pero quería verlo.

Quería hacer feliz a Akaashi Keiji aunque sea por una vez.

Hice una mueca al verme en el espejo, puesto que los pantalones y la playera me quedaban algo pequeños, llegando a la conclusión de que me había prestado unos suyos. Visualicé en mi mente la ropa de Bokuto, guardada pulcramente en su armario, sin que él se atreviera a sacarla sin que su propietario estuviera presente. Mi mueca se transformó en una sonrisa triste mientras salía del baño, algo avergonzado por estar usando su ropa.

Cuando llegué al living, capté su atención, haciendo que guardara los papeles del sobre que estaba leyendo. Dio un vistazo a mi vestimenta, formando una mueca entre divertida y apenada.

–Veo que la ropa le queda algo pequeña, lo siento mucho— Se disculpó.

—No te preocupes, yo fui el que vino sin avisar— Dije sentándome en la silla frente a él en el comedor.

Un silencio incómodo se hizo presente, pude notar cómo jugueteaba con sus dedos de forma inquieta, completamente contrario a la tranquilidad que denotaba su rostro.

—¿Puedo preguntar por el motivo de su visita? Asumo que por su forma de vestir no está aquí para entregarme una carta— Analizó, posando sus inquisitivos ojos en los míos.

—E-estaba de paseo— Respondí, reprendiéndome por el titubeo inicial— Desde que vine la primera vez, comencé a encariñarme con los alrededores...de alguna forma, me relaja caminar por aquí— Opté por una verdad a medias mientras lo veía con una media sonrisa.

Él pareció no esperarse esa respuesta, pero me pareció ver el atisbo de una sonrisa en sus labios.

—Pensamos parecido— Respondió ajeno a las reacciones que generaban esas simples palabras en mi corazón— Pero, ¿la lluvia no le molestaba?

—Me gusta— Respondí hasta que me di cuenta que mis palabras se podían malinterpretar— L-la lluvia, quiero decir.— Añadí más nervioso de lo que pretendía.

Cada vez más la comisura de sus labios tendía a curvarse hasta que terminó formando una mueca dudosa.

—A mí no me gusta la lluvia— Pronunció con un tono que cargaba tanto sentimiento que me causó escalofríos.

El silencio volvió a caer sobre nosotros, pero presentía que era diferente al anterior, éste parecía la antesala a algo más grande.

—¿Realmente...realmente crees que vuelva?— Casi susurró.

Apreté mis manos por reflejo mientras bajaba la mirada, siéndome demasiado dolorosa la que tenía en frente.

—¿Te refieres a él?— Pregunté, aunque la respuesta fuera evidente—. ¿Al remitente de las cartas que te traigo?

—Sé que me prometió que volvería, que él jamás rompería una de sus promesas, pero...— El quiebre de su voz me hizo volver a levantar la mirada, siendo testigo de las tímidas lágrimas que escapaban de sus ojos y que intentaba ocultar en vano con sus manos— Ya pasaron semanas desde que debió haber vuelto, sus cartas no me dicen nada al respecto y ya...ya ni siquiera sé qué escribirle en las mías. Es como...si ya no hubiera una persona al otro lado.

Mordí mis labios con frustración, tenía las palabras en la garganta, pero temía que con la verdad terminara de romper a la persona frente mío. Ver esos ojos siempre tan armónicos y tranquilos de aquella manera tan desolada, me hizo culpar de forma inconsciente a mi fallecido amigo.

¿Qué pudo haber sido tan importante para marcharse dejando atrás a quien amaba?

Mi razón no dejaba de culparlo, pero la parte de mi alma que recordaba su risa y su calidez me decía que había más detrás de lo que creía. Dudaba de muchas cosas, por Dios, si a veces ni siquiera me entendía a mí mismo, pero lo que sí sabía con completa certeza es que no podía quedarme sin hacer nada cuando cada una de sus lágrimas parecían llevarse un pedazo de su corazón lejos.

En ese momento, me pareció que Bokuto y yo pensábamos lo mismo.

—Yo...no puedo hacer esto sin él— Fue lo último que susurró, antes de que me levantara del asiento, decidido a decir algo.

—¡Yo-!— Solté, pero el sonido de tela desgarrarse captó la atención de ambos. Por el rabillo del ojo, noté cómo la rotura del pantalón llegaba hasta mi pierna, por lo que asumía mi ropa interior también estaría expuesta.

Ambos nos quedamos callados por un rato hasta que el silencio fue aplacado por tercera vez, pero en esta ocasión por el sonido más hermoso que había tenido la oportunidad de escuchar en mi vida.

"No suele reírse mucho pero, cuando lo hace, es como si todo tu mundo se iluminara de repente".

Sonreí por el recuerdo de sus palabras, para luego echarme a reír también. Era un motivo absurdo, en medio de una lluvia torrencial y un ambiente discordante, pero en ese momento se sentía tan bien que me hacía desear que nunca acabara.

Frené mis carcajadas segundos antes solo para darme el lujo de verlo reír, preguntándome si siempre había tenido el poder de generar su alegría y el porqué no lo había intentado antes. En eso, él se percató de mi mirada, tosiendo un poco para disimular lo que había pasado y tratando de volver a su rostro impasible, aún con mi sonrisa ladeada.

Era egoísta, lo sabía perfectamente, pero quería volver a ser la persona a la que no le importaba lo bueno y lo malo, si eso significaba ver esa expresión en su rostro aunque fuera por unos instantes.

—Akaashi Keiji— Lo llamé, captando su atención—. Dime, ¿te gustan los festivales?

Si mi límite eran cuatro cartas, entonces convertiría esos días en los mejores de todos antes de volver a pensar en la realidad que aún me aguardaba en la fría lápida del cementerio.

~•~•~

A mi querida lechucita,

¡A qué no adivinas lo que conseguimos con Kuroo hoy! Te daré tres pistas; son de colores, son hermosos como tú y te encantan. ¡Son fuegos artificiales! Aunque chiquitos jeje. Nos conseguimos algunos de contrabando, así que intentaremos usarlos hoy por la noche.

Sé que no los podrás ver desde donde estás, pero haz de cuenta que los estamos mirando a la vez como lo hacíamos en el festival de otoño.

El tiempo se está pasando volando, así que espero ya llegar pronto a tu lado, ya verás la sorpresa que te tengo preparada.

Te ama por siempre, Bokuto Kotarou.