Capítulo 7
Cuando abrí los ojos, un descolorido paisaje estaba frente a mí, el cielo estaba nublado, la tierra seca y solo veía pies corriendo desesperados. Sentía como si la respiración se hiciera pesada en mi pecho mientras una especie de pitido me impedía escuchar más allá que murmullos lejanos.
Volví a cerrar los ojos, pero cuando los abrí nuevamente, los pasos desesperados se convirtieron en cuerpos inmóviles en el suelo. Comencé a caminar, tratando de evitar volver a ver los rostros conocidos congelados en esa expresión de terror que cargarían por toda la eternidad, pero siempre me detenía a verlo a él. Esta vez tenía los ojos abiertos, viéndome fijamente, como si aún estuviera tan vivo como lo había estado minutos antes de que todo desapareciera.
Casi como un reflejo, me agachaba tratando de que volviera a respirar, siempre lo hacía, los mismos movimientos, las mismas exclamaciones...el mismo resultado.
Sin embargo, en esta ocasión hubo un cambio, cuando volvía a ver mis manos manchadas en sangre, sentí cómo mis muñecas eran tomadas con fuerza mientras su rostro me veía con una seriedad tan impropia de él que me causaba escalofríos. De pronto, era yo quien estaba sobre el suelo cubierto de sangre y con mi propia garganta impidiéndome respirar. Bokuto me miraba desde mi posición anterior con un brillo enigmático en los ojos.
—Deja de pretender tener mi vida.
Abrí los ojos asustado, tocándome el abdomen como asegurándome de que no hubiera ninguna herida. Solía tener pesadillas, pero con esa intensidad ya no era usual. Paseé mi vista por los alrededores, cada pequeño sitio parecía irradiar la esencia de mi amigo, tal vez por eso mi subconsciente tenía la decencia de burlarse de mí cuando pretendía que todo fuera bien.
Me obligué a calmar el temblor en mis manos, dándome cuenta de la frazada de búhos con la que estaba cubierto. No recordaba haberla usado, incluso estaba seguro de haberle insistido a Akaashi Keiji de que estaba bien con dormir nada más con mi ropa en el sofá.
—Veo que ya despertó.
Di un sobresalto en mi lugar, sujetándome el pecho para cerciorarme que los fantasmas de mi sueño no hayan traspasado la realidad, pero la curiosidad de sus ojos grisáceos me daban a entender que seguía tan vivo como lo era el ardor en mi garganta, como una probable consecuencia de no acostumbrar llevar un paraguas conmigo los días de lluvia.
—¿Ha-hace cuánto estás ahí?— Pregunté rogando por no haber babeado mientras dormía, tratando de acomodarme, sin buenos resultados, mi cabello.
—Hace unos minutos, parecía tener una pesadilla, así que pensé en despertarlo— Me explicó con tono parsimonioso, dejando los platos que traía sobre la mesa.
Se dedicó a acomodar mejor los vasos que, probablemente, había traído mientras aún dormía. Como un reflejo de mi reciente sueño, me pareció ver a Bokuto cómodamente sentado en una de las sillas, viendo con una sonrisa los ligeros movimientos que hacía Akaashi para arreglar algunos detalles del mantel o los utensilios.
Cuando ya la imagen tendía a hacérseme dolorosa, bajé la mirada tratando de apartar el murmullo de las palabras del sueño junto a mi oído. Akaashi pareció no darse cuenta de ello, o más bien, fingió no hacerlo.
—Su ropa ya está seca, por si gusta pasar a desayunar después de vestirse— Dijo levantándose nuevamente en dirección al comedor.
—Si, gracias— Respondí con riesgo de sonar seco, aún tratando de quitarme la somnolencia y concentrarme.
Una vez me volví a vestir con mi ropa de ayer, vi con algo de tristeza la que él me había prestado, como si la sonrisa que había visto se fuera a desvanecer al igual que un sueño.
Me senté frente a él de la misma manera que la noche anterior, sin embargo, en esta ocasión parecía hallarle un interés particular a su tostada, por lo que yo imité su acción. No sabía cómo sacar un tema de conversación después de que haya evitado mi pregunta el día de ayer y me haya respondido con un escueto "Ya está anocheciendo".
¿Fue eso un rechazo?
¿Me habré apresurado demasiado?
Tal vez me estoy complicando demasiado y simplemente no le gustan los fuegos artificiales, quiero decir, hay algunas personas y animales que no les gustan. Recuerdo que a mi gato Misifuz tampoco le gustaban...ah, tal vez se enfade si lo comparo con un gato, ¿será mejor con una lechuza? ¿A las lechuzas les gustan los fuegos artificiales?
—Kuroo-san.
Di un respingo asustado al escuchar su voz, haciendo que mi tostada cayera sobre el plato, derramando la mermelada que le acababa de poner.
—¡Te juro que no estaba comparándote con mi gato de la infancia!— Exclamé por reflejo, a lo que él entrecerró los ojos— ¿Ah? Ignora lo que acabo de decir, por favor— Me avergoncé tratando de ocultar mi rostro con el flequillo.
—En realidad—, Prosiguió, lo que agradecí desde el fondo de mi alma— Quería disculparme.
—¿Eh? ¿Disculparte, por qué? — Pregunté volviendo a levantar mi accidentada tostada.
—Ayer...pasaron algunas cosas y terminé por comportarme de forma inadecuada frente a usted, no debería involucrarlo en mis problemas de esta manera— Explicó aún con la mirada gacha.
Detuve mi acción para verlo sin entender, pero al ver que seguía sin devolver la mirada, me centré en el reflejo que mostraba mi té.
—¿Qué es lo que consideras como "inadecuado"?— Me atreví a preguntar— ¿Llorar? ¿Reír?— Continué con una risa irónica, puesto que parecía que le hablaba a mi propio reflejo en el té— Independiente de cualquiera de las dos, no debería ser inadecuado el simplemente comportarte como humano, ¿no?.
Abrió la boca con el propósito de responderme algo, pero ninguna palabra salió, simplemente se formó el atisbo de una sonrisa honesta.
—Últimamente siento que le debo más que un simple agradecimiento— Dijo por fin levantando la mirada, haciendo que una miga de pan por poco no pasara a mi esófago.
—Esa debería ser mi frase, Akaashi Keiji, lo cierto es que no dejo de causarte problemas...—Dije con un significado a medias en mis palabras.
—No tiene que llamarme por el nombre completo, puede ser simplemente "Akaashi".
—Dices eso a pesar de que me sigues tratando de "usted", no creo ser mucho mayor que tú, ¿sabes?— Reí, a lo que él hizo un gesto avergonzado que me hizo acentuar mi sonrisa.
—Mi culpa, en mi familia solemos tratarnos de manera bastante respetuosa, por lo que terminé por acostumbrarme— Explicó con un tono más relajado.
—Venimos de familias parecidas entonces— Comenté, a lo que puso una mirada incrédula, puesto que solo era cosa de escucharme hablar para saber que no había necesariamente respeto en mi habla— Solo que nunca fui bueno obedeciendo las reglas.— Levanté los hombros en gesto de resignación, lo que lo hizo enarcar una ceja con un aire divertido.
Un golpeteo en la puerta captó nuestra atención, a lo que los dos hicimos ademán de levantarnos, pero finalmente fui detenido por un gesto de la mano de Akaashi, quien decidió ir a abrir.
—¿Realmente cree que esté aquí, Yaku-san? ¿Q-qué hacemos si fue secuestrado por el FBI o algo así? ¿Lo estarán torturando? ¡¿Lo están torturando, Yaku-san?! ¡¿Y si nosotros somos los siguientes?!
—Lev, me estás sofocando, si no te calmas te tendré que golpear.
—¡Yaku-san, no quiero morir, pero tampoco te puedo dejar solo! ¡Huyamos juntos, Yaku-san! Mi tío tiene un barco pesquero y-¡Auch!
Akaashi abrió la puerta para toparse con un castaño, quien respiraba en un intento de calmarse y un peliplata sujetándose con dolor la pantorrilla.
—Buenos días, Yaku-san, Lev— Saludó cordialmente Akaashi, indiferente a la casi escena de asesinato que presenciamos.
—Buenos días, Akaashi— Le devolvió el saludo el más bajo, ignorando los sollozos del peliplata que se aferraba a su pierna aún repitiendo cosas de huir a la Atlántida o al triángulo de las Bermudas—. Lamento interrumpir tu mañana, pero me preguntaba si sabías algo del idio-ejem, del cartero que te presenté la vez pasada.
—¿Kuroo-san?— Preguntó Akaashi, recibiendo un asentimiento por parte del visitante— Está aquí.
Justo en ese momento la silla del comedor se cayó, dejando en evidencia mi intento de fuga que se vio frustrado por haberme devuelto a buscar mi tostada.
Los sollozos de Lev se detuvieron, a la vez que sentía la furia de Yaku acrecentarse a pesar de su corto tamaño.
—¡Kuroo-san! ¡está vivo!— Exclamó alegremente Lev.
—Vaya, vaya, ¿qué no es la persona reformada con el trabajo honesto que me prometió estar presentable en la oficina a las 16?— Dijo Yaku con una sonrisa amable, pero el aire oscuro a su alrededor le quitaba cualquier atisbo de esa virtud— ¿Qué pasa? ¿El gato te comió la lengua?
Yo solo terminé de tragar mi tostada, como asumiendo que esa podría ser mi última comida, a la vez que sentía los brazos de Yaku arrastrarme del cuello de la camisa.
—Perdón por la intromisión, Akaashi. Me llevaré a este céstodo para que aprenda a ser más que un sucio parásito— Dijo chasqueando la lengua, a la vez que Lev me levantaba de los pies con alegría para ayudar a Yaku a llevarme.
—¡No quiero escuchar eso de alguien con el tamaño de un verdadero helminto!— Me quejé, lo que solo acrecentó la ira del castaño.
—¡Y yo que intento ayudarte! ¡Gato malagradecido!— Exclamó, a lo que Lev solo reía.
Al cruzar la puerta, Akaashi les hizo un gesto para que se detengan, sorprendiéndome a mí también.
—Kuroo-san, se me había olvidado responderle...responderte— Rectificó tras meditarlo unos segundos. Se agachó hasta quedar a mi altura y, con una media sonrisa, susurró:— Si me gustan— Yo lo miré sin entender, tratando de evitar el inevitable sonrojo que me estaba dejando en evidencia ante los dos carteros espectadores— Los festivales.
Mientras yo aún asimilaba la información, mis dos captores me alejaban de la casa, ante la ligera despedida de Akaashi con una de sus manos.
—En-ent-entonces— Traté de decir una vez pude reaccionar— ¡Vayamos al festival de otoño juntos!— Exclamé lo más fuerte que pude para que pudiera escucharme aún desde el umbral de la puerta.
Él pareció desconcertado, haciendo un gesto dudoso por unos segundos que hicieron que empezara a hiperventilar. Yaku le hacía un gesto disimulado a Lev para que guardara silencio.
Admito que sonaba mejor en mi mente, donde mis voz no había temblado, ni me llevaban como asado al palo entre dos carteros, uno claramente más bajo que yo, lo que hacía que luciera aún más extraño.
Cuando asintió, hizo que volviera a sentir las palpitaciones en mi pecho, sin embargo, la distancia me impedía ver con claridad el rostro que había puesto al aceptar.
Por el momento, eso era un primer paso, uno ligero y casi imperceptible como sus sonrisas, las mismas que intentaba disimular cada vez que se asomaban con la misma aprehensión con la que yo guardaba las cartas que aún me quedaban.
El mismo primer paso que intentaba cruzar el límite entre ser su cartero y ser quien pueda abrazarlo cuando mira solitario por la ventana.
"Deja de pretender tener mi vida"
Era un primer paso, pero temía que fuera ese mismo el que me terminara llevando aún más lejos de él.
~•~•~
A mi querida lechucita,
Últimamente no he podido dormir muy bien, la lluvia siempre hace que tenga pesadillas, pero en estas circunstancias solo puedo aferrarme a mis mantas. Sin embargo, encontré un método para volver a dormir tranquilo, Kuroo debería esconder mejor los lápices, después de todo, es como si ellos me llamaran para que los use en su cara. Te contaré que rostros graciosos hace cuando despierte, ¡apuesto que serán divertidísimos!
Estuve contando días en el calendario y ¡no vas a creerme! Puede ser que alcance a estar allá para el festival de otoño, ¡muero por probar de nuevo las manzanas acarameladas de la señora Nakamura!
Te prometo que este año saldrá mucho mejor que el anterior.
Te ama por siempre, Bokuto Kotarou.
