Capítulo 8
—No puedo creerlo— Decía Yaku con el rostro ensombrecido mientras yo solo me dedicaba a posar con mi traje nuevo fuera de la oficina de correos—. Realmente debemos estar faltos de personal si aceptamos a un tipo como este.
—Lo que no deberías creer es mi encanto y elocuencia, solo bastaron unas cuantas de mis palabras para hacerlos contratarme— Dije imitando una sonrisa de comercial.
—¡Estabas hecho un manojo de nervios ahí dentro! Tuve que tirarte un vaso de agua fría para que reaccionaras— Reclamó el castaño.
—El agua y yo tenemos una alta afinidad, me atrevería a decir que pude haber sido un tritón en mi vida pasada— Mencioné con aire pensativo.
—¡Oh! ¡Un tritón! ¡Eso suena genial!— Lev me miraba con ojos de emoción como si realmente me fueran a salir unas aletas de repente.
—No le creas, Lev— Suspiró Yaku—. En vez de estar dándote aires, deberías agradecernos a Lev y a mí por haberte recomendado— Enarcó una ceja el castaño.
—¡Será un gusto trabajar contigo, Kuroo-san!— Exclamó alegre el más alto, en contraste con la seriedad del otro— Siempre es bueno hacer nuevos amigos.
—No es nuestro amigo, Lev. ¿Ya te olvidaste de cómo te engañó?— El castaño no daría su brazo a torcer tan fácil.
—Si, pero de no ser por eso, no me hubiera enterado que mi amor por ti es correspondido— Respondió inocentemente el peliplata, generando que un gran rubor cubra el rostro del más bajo, a lo que yo solo les dirigía una mirada insinuadora.
—¡Es-eso no justifica nada!
—¿Qué es esto? Me parece escuchar un tsundere en las cercanías— Comenté distraídamente, a lo que esquivaba un puño asesino dirigirse hacia mi cara, pero el rostro nervioso y el tartamudeo definitivamente le quitaban cualquier nivel de letalidad a su enojo.
—¿Qué es un tsundere?— Preguntó curioso Lev.
—Eso no es bueno, Jev. Tienes que aprender a reconocer la especie a la que pertenece tu novio— Me burlé, a lo que la pareja de carteros mostraron un sonrojo en las mejillas, además de una mirada asesina a la que ya me estaba acostumbrando.
—¡Lev no es mi novio!
—¿No lo es?
—¿No lo soy?— Se apuntó con tristeza el peliplata.
—Nunca me pediste noviazgo— Yaku desvió la mirada con falso enojo.
—Pensé que era algo automático después de confesarse— Meditó confundido— Además, me golpeaste después de decir que me gustas, pensé que eso era un "somos novios".
—No, eso era un golpe por abrazarme estando desnudo en plena oficina de correos— Suspiró.
—Creo que eso fue culpa mía— Levanté la mano en señal de rendición.
—Lo sé— Dijo entre dientes el castaño.
—Oh, pero entonces es algo que se arregla fácil— Con una sonrisa, puso una de sus rodillas en el suelo ante nuestra mirada extrañada.
Tomó una de las manos de Yaku entre las suyas, en tanto algunas personas empezaban a detenerse en su andar para mirar. Yo me sentía como esos violinistas que contratan en los restaurantes para las propuestas de matrimonio, pero no tenía ningún instrumento que tocar, por lo que solo me saqué la gorra de cartero en señal de...hum...¿respeto?, lo que dejaba una escena aún más extraña a la vista.
—Yaku-san— Habló de repente, sobresaltando al castaño que no sabía dónde meterse de la vergüenza—. No puedo ofrecerle mucho, tal vez solo cartas, mis propinas y algunos paseos en el barco pesquero de mi tío, pero quiero que sepa que lo amo desde el primer momento en que lo vi, desde la primera vez que me dirigió la palabra aunque solo fuera un "tarado", pero la leve sonrisa divertida que me brindó aquel día quedó guardada en mi memoria para siempre. Quiero pedirle-
—No es necesario que sigas, Lev. Me equivoqué— Lo cortó de repente, haciendo que sus iris verdosos titilaran con un temor que yo bien conocía.
El temor al rechazo...
—Yaku-san, yo de verdad-
—No es necesario que sigas porque, digas lo que digas, yo seguiré diciéndote que si— Mi boca se curvó en una sonrisa, a la vez que Lev intentaba disimular, en vano, sus ganas de llorar de alegría— Yo también te amo, Le-
No pudo terminar de decir su nombre, antes de que éste lo cargara y lo hiciera girar en una euforia reprimida por quien sabe cuánto tiempo. Mis carcajadas no tardaron en salir al ver el rostro de desesperación de Yaku, quien se aferraba con fuerza a la camisa del peliplata para no caer.
Una vez más calmados y con Lev acompañándome parte del camino con la marca de un golpe en la mejilla, me pregunté si la relación que tenían Bokuto y Akaashi pudo haber sido parecida a la que tenían ellos. Una dispareja y contradictora, pero a la vez unida por un lazo que aún no podía ver con claridad.
Traté de imaginarme una situación similar conmigo como protagonista, pero las piezas parecían no encajar. Akaashi seguía siendo un enigma que me costaba resolver.
—Me alegro por usted, Kuroo-san— Lev me sonrió con auténtica alegría— Ahora que tienes tu propio traje, ya no tendrás que seguir mintiéndole respecto a eso a Akaashi-san.
Su nombre me tomó por sorpresa, pero formé una media sonrisa.
—Si— Casi susurré— Ya es una mentira menos.
Decidí dejar de entrar a mi casa como fugitivo, aunque siguiera rehuyendo el encontrarme con mi padre en los pasillos. Apenas llegué, era Sawamura quien me esperaba con los archivos de antes con un rostro que me decía con solemnidad que no preguntaría al respecto.
Yo decidí algo parecido al volver a leer el nombre de Akaashi Keiji en aquel papel, si lo guardaban en secreto, lo que quiera que sea, no tenía el derecho de inmiscuirme en ello, por más que la curiosidad intentara sobrepasarme.
Después de ello, con mi padre, ya no nos sentíamos en la responsabilidad de entablar conversaciones o comer juntos, lo que hacia más fácil para mí el entrar y salir de la casa sin dar explicaciones. Tal vez fuera una forma de huir de los problemas, pero ninguno de los dos estaba dispuesto a hablarlo, al menos, no por ahora.
Les comenté de mi nuevo trabajo a los sirvientes, ellos se alegraron mucho por mí, aún si había evadido sus preguntas respecto a la repentina elección.
Yaku y Lev me ayudaron con mis primeros trabajos, por lo que algunos días después, por fin estaba listo para seguir con las cartas que lo habían empezado todo. Tomé mi bolso con otra de las cartas de Bokuto, pero esta vez me decidí por el desvío que daba al centro de la ciudad. Como trabajaba oficialmente como cartero, tenía más cartas por entregar, aunque se me hacía de cierta manera divertido el imaginar quien podría estar tanto en el remitente como en el destinatario de cada carta.
Parecía que cada carta tuviera toda una historia que contar, por lo que me sentí mal por las que había tirado hace algunas semanas.
Cuando ya había terminado con casi todas, fue que me entretuve frente a una colorida vitrina. Mis ojos se iluminaron al ver tantas flores con cuanto significado uno pudiera imaginarse.
Encontré la gerbera que Akaashi me había dado en nuestro segundo encuentro.
Las rosas blancas favoritas de mi madre.
Los alhelíes que Bokuto siempre robaba de los floreros del hall del casino para ponerlos en nuestra habitación.
Sonreí al recordar el jardín de flores frente a la casa que era mi próximo destino y terminé por comprar unas cuantas. Me fui tarareando una canción, que se me había quedado pegada de una de las sirvientas, pero ésta disminuyó el ritmo al ver por el rabillo del ojo el mismo símbolo que había visto en el sobre que cargaba Akaashi Keiji días atrás. Seguí a la anciana que lo cargaba hasta que mi vista se posó en el camino que daba a la clínica que estaba dos cuadras más adelante.
Me vi a mí mismo de once años, estaba en el asiento de atrás del auto con la mirada inquieta, no entendiendo porqué mi papá me había dicho tan repentinamente que teníamos que salir tras recibir una llamada. Miraba a la gente caminar como en cámara lenta por la ventanilla hasta que mi curiosidad se detuvo junto con el auto. Vi confundido las edificaciones blancas, pero aún más el que mi padre se quedara quieto junto al volante como si aún no hubiéramos llegado.
—¿Papá...?
Mi voz se quebró al verlo de aquella manera, fue la primera y también la última vez que lo vi así.
Tan vulnerable.
Tan temeroso.
Tan...roto.
—Haruka, Haruka...No me dejes solo, por favor...n-no puedo hacer esto sin ti.
—Disculpa, ¿te encuentras bien?
Miré aún algo distraído a los ojos marrones del joven peliplata que me observaba preocupado a mi lado. Me pregunté cuanto tiempo llevaba allí, o más bien, cuanto tiempo llevaba yo perdido en mis recuerdos.
—¿El señor se siente mal?— Escuché una aguda voz infantil provenir de una pequeña pelinaranja observándome preocupada junto al chico que no parecía mucho mayor que yo.
—Lo siento, estoy bien, es solo que no he dormido bien últimamente— Me excusé tratando de formar una sonrisa amable.
Él me miró no muy convencido, volviendo a tomar su bolsa con víveres que había dejado en el suelo.
—Si sigue sintiéndose mal, no tenemos reparos en acompañarlo a la clínica cercana— Insistió.
—No, no, estoy bien, de verdad— Definitivamente me negaba a volver a ese lugar—. Es más, ya tengo que irme.
Hice un ademán de despedida con la mano, dejándolo sin oportunidad de responder mientras me encaminaba rápidamente por el camino que daba a la casa de Akaashi. En tanto más lejos estuviera de esa clínica, mejor para mí y mi salud mental.
Tras unos metros de distancia y ya comenzando el camino de ripio, miré con nerviosismo hacia la persona que iba detrás de mí desde la ciudad. Barajé las posibilidades de que fuera algún tipo de asaltante o asesino en serie, pero lucía un rostro tan pacífico que definitivamente no calzaba con el perfil, además de llevar a una niña consigo.
¿Y si la niña es una víctima? No, luce demasiado casual para serlo. ¿Un secuaz tal vez? Por si fuera poco, el rostro de la pelinaranja me generaba un ligero deja vú.
—Este...¿me están siguiendo?— Me atreví a preguntar ya sin poder con la inquietud.
Ellos se detuvieron en su andar para verme confundidos, uno parecía falsamente ofendido por la pregunta y la otra un tanto divertida por el mismo motivo.
—¿Piensas que soy una especie de acosador?— Preguntó el peliplata, ya quitando su disimulo y formando una sonrisa divertida.
—Acosador, acosador— Reía divertida la menor.
—Hum...¿si?— Respondí alejándome unos pasos.
—¿Luzco como uno?— Preguntó volviendo a avanzar mientras yo retrocedía en la misma medida.
—D-disculpa, me estás asustando, ¿debo empezar a correr?— Pregunté viendo de reojo el camino, cuestionándome si sobreviviría al intentar escapar o me alcanzarían antes.
Él siguió viéndome fijamente por unos momentos más hasta que se largó a reír.
—Lo siento, lo siento— Decía entre risas mientras yo me preguntaba si me asustaba más eso o que estuviera serio— Lo cierto es que vivimos por aquí, a mí también me sorprendió ver que caminabas por la misma dirección, nunca te había visto como cartero por estos lados.
—¡Un nuevo cartero!— Exclamaba emocionada la niña.
—Ah, conque eso era— Solté un suspiro de alivio— Comencé a trabajar hace poco, ahora estaba por entregar una carta en la casa del fondo.
—Oh, ¿dónde Akaashi?
Asentí algo sorprendido de que supiera a quien pertenecía, a lo que él pareció percatarse, puesto que sonrió de manera dulce.
—Prácticamente nos conocemos entre todos aquí, hay pocas casas y no mucha gente transita por estos lados— Explicó acariciando los cabellos de la pelinaranja, a lo que volví a asentir, algo apenado de no haber reparado en detalles como esos a pesar de ya llevar su tiempo visitando ese sitio.
Tras ese extraño inicio de conversación, nos acompañamos mutuamente por unos minutos hasta que llegamos a la bifurcación del camino que daba a su casa.
—Aquí me quedo yo— Dijo deteniéndose para ver de reojo el trecho que aún le quedaba— Fue un gusto...Hum...¿Kuroo Tetsuo?— Dijo leyendo la placa que llevaba puesta.
—Es Kuroo Tetsuro, se equivocaron en la inscripción— Suspiré pensando en el karma de la vida—. También fue un gusto para mí, me alegro de que no hayas sido un asesino serial y su secuaz...este...
—Sugawara— Respondió mi interrogante con una sonrisa divertida— Y esta pequeña de aquí es Natsu— Añadió, a lo que ella asintió con energía, puesto que la paleta que estaba comiendo le impedía responder— Aunque las apariencias engañan, ¿sabes? Aún puedo ser un asesino serial en potencia.
—Tienes una personalidad bastante retorcida, ¿sabes? ¿No has pensado en ser actor o algo así?— Dije, ya negándome a caer en sus engaños solo por su cara inocente.
—No, me gusta mi profesión, ser enfermero es lo que siempre soñé— Respondió honestamente, sorprendiéndome—. Hasta la próxima, mándale mis saludos a Akaashi, dile que tiene que cumplir con los ejercicios que le di la vez pasada.
—S-si— Respondí algo perplejo por su repentina despedida, viendo su espalda preguntándome a qué se refería con lo último.
Solo me hizo falta caminar unos metros más para ya empezar a ver el atisbo del jardín de flores que daba a la entrada de la casa. Sonreí por inercia al volver a verlo de aquella forma tan hermosa que él tenía de plantar sus flores, parecía tan concentrado en su labor que ni siquiera había caído en mi visita.
Me quedé observándolo por algunos momentos, viendo cómo tomaba un gusano sobre una de las flores con su ceño fruncido. Con una sonrisa divertida, vi cómo se debatía entre qué hacer con él, hasta que optó por volver a dejarlo sobre la tierra, pero más lejos de las flores que estaba plantando.
Aproveché su distracción para llegar hasta donde estaba, dejándole ver por sobre el flequillo las camelias que le había comprado. Él dio un leve sobresalto que me hizo tratar de disimular una risita, a lo que después me observó confundido.
Disfruté de forma silenciosa lo adorable que se me hacía ver la conjugación de sus ojos con las camelias azuladas que había dejado sobre su cabeza, las cuales tomó curioso.
—¿Te gustan?— Le pregunté acuclillándome junto a él y desviando mi mirada a los claveles frente a mí— Las encontré en la ciudad y pensé que serían buenas para conmemorar nuestra amistad.
—¿Cuándo decidimos ser amigos, Kuroo-san?— La pregunta sonaba a auténtica curiosidad, pero aún así sentí como una flecha me atravesaba sin compasión.
—Pues...¿comenzamos a tutearnos?— Dije con un tono más de interrogante que de afirmación.
—¿Ese no sería el paso de desconocidos a conocidos?— Preguntó con su característica impasibilidad.
—Hum...¿me dejaste alojar en tu casa?— Intenté de nuevo.
—Eso pasaría más por caridad, estabas mojado y afuera de la casa, algo así como quien adopta a un gato callejero— Sentí otra dolorosa flecha.
—No tienes piedad, ¿eh?— Dije con un tic en el ojo, pero cuando levanté la mirada hacia él, me sorprendió verle una sonrisa divertida en el rostro.
—Es broma— Dijo volviendo a tomar sus herramientas de jardinería, pero sin dejar la conversación— tú has sido mi única compañía por varios días, a mí también me gustaría considerarte mi amigo.
Formé una mueca indecisa en mi rostro, debatiéndome entre si sentirme feliz por significar algo para él o desesperanzado por el mismo significado que él le daba.
—Me gustan las camelias, es muy raro encontrar de este color, ¿por qué optó por éstas?— Comentó, sacándome de mis pensamientos y viendo dónde podría poner las nuevas flores.
"Es porque combinan con tus ojos", fueron las palabras que no me atreví a decir mientras seguía viéndolo.
—Si no mal recuerdo, tenían varios significados— Optó por seguir hablando—, uno era el nacimiento de algo nuevo, el refinamiento y-
—"Te querré por siempre"— Salió de mis labios automáticamente, sorprendiéndonos a ambos.
Me arrepentí de inmediato de mis palabras, pero intentar arreglarlo sería aún más sospechoso, por lo que escogí seguir manteniéndole la mirada. Él me observó cómo tratando de indagar más allá de mis palabras, más allá de mis propios iris...más allá donde solo tengo ojos para él.
Quien terminó el contacto visual, para mi sorpresa, fue él. Con una mueca avergonzada inusual en su, supuestamente, imperturbable persona.
—Está comenzando a hacer frío— Cortó de repente, levantándose de donde estaba— Iré por un abrigo.
Lo dejé irse, puesto que yo no estaba en la estabilidad mental para detenerlo. Posé la mano derecha en mi pecho, justo en el sitio donde impactaba con más fuerza el bombeo de mi corazón.
Hacía tanto...hacía tanto que no me sentía así de vivo.
Como no me veía en la capacidad de volver a verlo a los ojos, al menos por lo que dure mi repentina taquicardia, opté por dejar la carta junto a las camelias que le había traído.
Cuando me levanté, caí en la cuenta de algo que no me había percatado antes. Era cierto que el jardín tenía tantas flores que parecía el reflejo de un amplio arcoíris, pero había una zona en especial que solo gozaba de dos tonalidades. Eran sencillas margaritas de tintes rosados en las orillas de sus pétalos con el resto blanco llegando al centro.
Era hasta curioso el porqué de tener más flores de ese tipo que de cualquier otro. Pero yo ya sabía la respuesta, la sabía tan bien cómo eran mis memorias de Bokuto recogiendo margaritas aún en plenas prácticas de campo.
Me sentí estúpido por la pequeña chispa de esperanza que había nacido minutos atrás. Me fui por el camino de vuelta mientras la vitalidad que me había inundado iba menguando con cada paso que daba como el marchitar de una flor abandonada.
Me pregunté cuánto tiempo más resistiría dándole la espalda a la verdad.
La verdad que le debía a Akaashi Keiji y la verdad que aún quería saber sobre ellos.
Reí irónico, puesto que tal vez si fuera mucho más de lo que pensaba, después de todo, no hay nadie mejor que yo para engañarse a sí mismo.
Por un segundo me imaginé las margaritas de Bokuto junto a mis camelias azuladas, negando con la cabeza al ver que no conjugaban para nada en su jardín. Incluso podría llegar a pensar que las camelias calzaban mejor con Bokuto y las margaritas conmigo, pero seguía dejándome inconforme.
Tenían un contraste tan grande como era la sutil diferencia entre sus significados. La diferencia entre un "Solo tengo ojos para ti" y un "Te querré por siempre".
~•~•~
A mi querida lechucita,
Últimamente he hablado mucho con Kuroo, los superiores están ocupados en todo lo que tiene que ver con las últimas semanas del servicio, por lo que hemos tenido más tiempo libre que el habitual. ¡Incluso he alcanzado a recolectar algunas flores para ti! Intentaré colarlas en los sobres de las cartas, aunque Kuroo insiste en que llegarán más planas que la carta, ¡pero la esperanza siempre es lo último que se pierde!
Como te decía, he hablado más con Kuroo y me doy cuenta que es más curioso de lo que pensé, a veces se parece a mí y se une a mis inventos, pero otras veces tiene un brillo en los ojos que no sé descifrar. Espero poder entenderlo mejor en el tiempo que nos queda en el servicio, aunque supongo que no es justo que yo lo diga siendo que aún le oculto varias cosas...¡aunque mi abuela siempre decía que los amigos se conectan por el alma! Me gusta creer en eso.
Cada vez queda menos tiempo para volverte a ver, me había prometido a mí mismo no sacar el tema de nuevo hasta encontrarme contigo, pero tú sabes que ser paciente nunca ha sido lo mío, así que solo te diré que espero sigas recordando nuestra promesa.
Te ama por siempre, Bokuto Kotarou.
Postdata 1: Me enteré por tu carta anterior que Sugawara te está ayudando con algunos ejercicios de respiración, dile que le estoy muy agradecido, lo ayudaré con sus compras la próxima vez.
Postdata 2: Creo que está carta fue más larga que lo habitual, ya estoy llegando al borde del papel y tengo miedo.
Postdata 3: ¿ya puse que te amo?
Postdata 4: Muy tarde, última línea. Corto ser. Te amo.
