Interludio II

A Bokuto Kotarou,
He de admitir que los fuegos artificiales siempre serán algo que me llenará de dicha el observar, mi madre solía decir que era por su parecido con las flores.
Justo como propone, miraré el cielo nocturno imaginando que brillan junto a las estrellas. Aunque también espero que no se meta en muchos problemas por ello.
Con cariño, Akaashi Keiji.

~•~•~

El decidir irse a vivir juntos fue, probablemente, la decisión más impulsiva que tomó Akaashi alguna vez en su vida.

¿Si se arrepentía?

Jamás lo hizo.

Elegir el lugar no fue problema, puesto que la abuela de Bokuto le había heredado una parcela y aunque fuera a kilómetros de la ciudad, alejada de prácticamente cualquier rastro de civilización, a Keiji le encantó.

La casa si fue un problema, no por cuestiones de dinero, ya que Bokuto usó el que tenía guardado por la herencia de su familia, aunque Akaashi no dejaba de sentirse mal al respecto, sino que para construirla y decorarla a gusto de los dos. Bokuto quería una casa enorme, con toboganes y un gran jardín, mientras que Akaashi solo quería una pequeña y acogedora. Al final, el azabache pudo convencerlo de que los toboganes eran mala idea, no obstante, se quedaron con el jardín.

Hubo días que tuvieron que dormir en una carpa tras tardes de arduo trabajo y, aunque al final igualmente tuvieron que contratar a alguien para que se encargara de terminar la construcción, nadie pudo quitarles la profusa alegría de poder dormir en su casa la primera vez.

Akaashi no supo, hasta ese entonces, que podía hallar la felicidad en cosas tan simples como pintar las paredes o comenzar a plantar flores. Le divertían las ocurrencias con las que salía Bokuto cada día y sentía que no podía pedir nada mejor cuando lo escuchaba batallar con los peces en el río mientras él disimulaba su risa detrás de un libro.

Fueron conociendo a sus vecinos de a poco, aunque con el que mejor se llevaban era un peliplata de amable sonrisa que estaba a cargo de dos energéticos pelirrojos, una que solo era un bebé y otro que no dejaba de pelear con su vecino, un azabache de su misma edad. Bokuto solía divertirse con ellos algunas tardes, enseñándoles cómo jugar volleyball o dibujar en la arena ante la divertida mirada de Akaashi.

De vez en cuando, se preguntaba qué había sido de su padre, si había podido volver a centrarse en su trabajo y encontrar algo más para su vida que solo salvar la suya. Le había dejado una escueta carta que le pedía que no lo buscara, pero se hallaba pensando a menudo si habrá sido suficiente.

Cuando notó la determinación en los ojos del nuevo cartero se vio sonriendo al saber que su padre no cambiaba. De forma silenciosa y cautelosa, como un gato asustado de ahuyentar nuevamente al ratón, no había hallado mejor forma de mantenerlo vigilado que contratar a alguien para observarlo todo oculto tras una gorra.

Suponía que el tal Yaku también tendría sus motivos para hacerlo, así que solo lo dejó ser, esperando que pudiera transmitirle a su padre que se encontraba bien y que no había nada de qué preocuparse.

Que él también podía volver a construir su vida de los cimientos rotos.

Fue así que los años fueron pasando como páginas en sus libros, las pequeñas semillas se habían transformado en un vasto jardín y aquel terreno, junto a todos los que allí vivían, en su hogar.

El único que parecía ir cambiando poco a poco era Bokuto, su vivaz sonrisa permanecía intacta, pero muchas veces se hallaba incapaz de entender lo que pasaba por su cabeza. Aunque no era como si aquello no le pasara también a él, después de todo, a menudo se preguntaba qué es lo que eran ellos realmente. Vivían juntos, disfrutaban de la compañía del otro, pero no cruzaban la línea de lo que parecía ser el amor. Tal vez fuera más una relación de complementariedad, donde Akaashi necesitaba de él para sentirse completo, aunque no sabía si era lo mismo para Kotarou. No obstante, siempre pensaba que si el mayor planeaba cruzar esa línea alguna vez, no lo detendría, después de todo, lo quería demasiado.

¿Será lo mismo el querer que el amar?

No estaba seguro, pero se conformaba con acariciar sus hebras plateadas mientras dormía en su regazo en medio del jardín.

Tal vez debió haber sido más observador, percatarse de las fugaces miradas que le daba Bokuto mientras arreglaba las flores o las caricias a su rostro cuando dormía.

Así tal vez no hubiera dejado que lo apartaran de su lado.

~•~•~

A Bokuto Kotarou,
Me alegro de saber que podré disfrutar del festival de otoño a su lado, apuesto a que Hinata y Kageyama también estarán impacientes por verlo.
En cuanto a la sorpresa, como siempre, estoy seguro de que saldrá con algo que no podré predecir, pero supongo que está en mi naturaleza el tratar de averiguarlo.
Por como habla de Kuroo-san, me llama la atención el que parezca que más que odiar lo que tiene, simplemente añore el poder volver al tiempo en que si lo valoraba...aunque estoy solamente especulando.
Me gustaría conocerlo algún día, puede que sus sospechas sean ciertas y nos parezcamos más de lo que pensaba.
Con cariño, Akaashi Keiji.

~•~•~

Para cuando se enteró de todo, ya era lo suficientemente tarde para detenerlo. Solo pudo pararse a escucharlo, con el retumbar del reciente espectáculo pirotécnico aún desvaneciéndose. Lo sentía todo tan irreal que ni siquiera podía dilucidar si su respiración volviéndose pesada era parte de su imaginación o no.

—¿Qué?— Fue lo único coherente que pudo pronunciar, sintiendo su propia voz ajena a él.

Vio los iris ambarinos de Bokuto titilar, sus labios separándose en un intento de volver a reunir el valor para hablar.

—Que iré al servicio militar— Repitió sin atreverse a verlo a los ojos.

—¿Por qué?— Preguntó Keiji, aunque parecía estárselo diciendo a sí mismo.— No estás en la lista, de lo contrario lo hubiera sabido por alguna carta o-

—Es porque lo estoy haciendo voluntariamente— El azabache nunca pensó que unas palabras podrían llegar a doler tanto.

—E-estás mintiéndome— Dijo apartándose lo suficiente para reunir el aire que sentía que le faltaba— Dime la verdad, por favor, no me hagas esto.

Veía las manos de Bokuto temblar, era la primera vez que lo veía tan lejano al joven tan seguro y jovial que conocía.

¿Desde cuándo lo había perdido de vista?

—Akaashi, yo-

—¡No me mientas!— Exclamó sorprendiendo a Bokuto, puesto que nunca lo había escuchado alzar la voz y menos así de molesto— No me sigas mintiendo...— Añadió en un murmullo que parecía costarle cada palabra.

El mayor hizo ademán de acercarse, pero a cada paso Akaashi retrocedía uno más, o eso fue hasta que se detuvo al ver el rostro afligido de quien representaba lo más cercano a la felicidad que pensó que había obtenido.

Formó una sonrisa triste, aunque asemejaba más una mueca dolorosa. Una solitaria lágrima escapó por su mejilla al por fin empezar a leer lo que tanto intentaron decirle aquellos amables ojos por tanto tiempo.

—Era la única manera— Dijeron los labios contrarios, en un tono suave que Akaashi pensaba no calzaban con su personalidad.

No la era.

El azabache se apretó el pecho al sentir el dolor cada vez más fuerte mientras Bokuto alcanzaba a sujetarlo en un abrazo antes de caer.

—No era la única manera— Murmuraba al apretar la tela en la espalda del mayor, pero parecía cada vez más lejano a pesar de tener sus brazos rodeándolo— No lo hagas...

—¿Akaashi? ¡Hey, mírame! Estoy aquí, tranquilo.

Cerró los ojos de forma lenta, tratando de aferrarse a la calidez que le daba el sentir la respiración ajena. Asemejaban tanto unas suaves caricias en su cabello, unas que no quería volver a perder.

Bokuto se había transformado en todo para él, sin sus sonrisas, sin su calor, entonces todo parecía volver a la oscuridad. Se sentía tan frustrado, porque a pesar de no querer perderlo, lo único que podía hacer era murmurar:

No puedo hacer esto sin ti.

~•~•~

A Bokuto Kotarou,
No soy el mejor en temas de amistades y me sorprende el que haya llegado alguien que lo haga dudar de sus habilidades de sociabilidad, aún así estoy seguro de que si habla con él podrá comprender mejor su personalidad, y si aún cree que tiene problemas con ello, debería escribirle una carta, estoy seguro de que Kuroo-san también se alegrará por eso.
El día de ayer volvieron a visitarme Sugawara-san y los niños, querían saber cómo le estaba yendo y también cómo estaba yo, al parecer lucía más solitario de lo que yo mismo había pensado. Espero no seguir preocupándolos a usted y a ellos a futuro.
Con cariño, Akaashi Keiji.

~•~•~

Lo primero que pasó por su mente al despertar en la clínica fue si tal vez así era el paisaje que veía su madre todos los días. Si aquel absorbente y claustrofóbico blanco le había dado sensación de paz alguna vez.

Suponía que no.

La imagen de Bokuto, solitario y cansado mientras dormitaba en la banca, le dio también una idea de lo que sentía ella al despertar y verlo así cada mañana.

Como si estuvieras acabando no solo con tu vida, sino también con la de tus seres queridos sin quererlo realmente.

Cuando Bokuto despertó, no sabía qué decir exactamente, sentía que cualquier palabra estaba de más. Por si fuera poco, la explicación del médico diciendo que, ahora que su enfermedad era sintomática, solo iría cuesta abajo y que la única alternativa iría siendo una cirugía, no ayudaba en absoluto.

—Debería ir a cuidar de las flores, no vaya a ser que comiencen a marchitarse mientras yo estoy aquí— Fue lo único que dijo, a lo que el mayor asintió con una sonrisa débil y salió de la habitación.

Akaashi sabía que, tanto como él lo conocía, ello también se aplicaba a la inversa, por lo que supo tendría el tiempo suficiente para conocer la verdad que Bokuto tanto se negaba a decirle y es por eso que llamó al único que, probablemente, podía darle las respuestas que estaba buscando.

Minutos después, Yaku ingresó algo dudoso y reservado a la habitación, calmándose un poco al ver que el azabache no pretendía reclamarle nada, llegados a esas alturas solo quería hablar.

—¿Mi padre sabe que estás aquí?— Le preguntó en tono calmo.

—No— Respondió honesto el castaño, a lo que Akaashi lo vio curioso.

—Siempre pensé que le contabas todo— Dijo mirando cómo las nubes grises empezaban a soltar ligeras gotas.

—Él solo me preguntaba si eras feliz.

Keiji se imaginó a su padre, con el rostro cansado y con más arrugas que la última vez, preguntando semana a semana solo por si seguía igual de feliz con su vida.

—Yaku-san, ¿verdad?— Lo llamó con una sonrisa, enseñándole la silla a un lado de la cama— Te agradecería si me lo pudieras contar todo.

Era una historia más larga de lo que Akaashi había pensado, resultaba que su inesperada huida solo había durado poco más de una semana, puesto que fue Bokuto quien buscó a su padre para rogarle que lo dejara vivir junto a él con la excusa de un futuro matrimonio. El solo imaginar la cara de su progenitor ante esas palabras lo hacían soltar leves carcajadas que frenaban la historia a momentos.

Se preguntó si su padre había podido llegar a ver la misma luz que él vio como para hacerlo aceptar.

Después de aquello, su padre se había mantenido en contacto con Bokuto solo por algunos mensajes de Yaku, donde le contaba al peliplata que había conseguido un nuevo partido para su candidatura y que cada vez le iba mejor. Sin embargo, tras unos meses comenzó a tener complicaciones con los mismos, puesto que los había encontrado en situaciones de extorsión y fraude al fisco bastante graves.

El problema se presentó al intentar renunciar, puesto que éstos lo habían investigado lo suficiente para empezar a amenazarlo con su propio hijo. La condición que ellos le pusieron para no culparlo de todos sus propios crímenes fue:

—Que Akaashi Keiji vaya al servicio militar— Dijo Yaku, sabiendo que a esas alturas el azabache ya habría armado todo el rompecabezas en su cabeza.— Según ellos era para demostrar que hasta los hijos de los políticos deben cumplir con su deber, pero...

Akaashi frunció el ceño al imaginarse la escena, prácticamente escuchando la risa de quienes lo decían, puesto que si sabían que tenía un hijo, entonces también estarían enterados de la salud de éste.

—Casi como un homicidio— Dijo el castaño al adivinar sus pensamientos—. Con tu padre intentamos buscar alguna forma de salir de la situación, le dijimos a Bokuto para que te mantenga alejado de todo, pero...él pareció encontrar una solución diferente.

—Una tan alocada e impredecible como él mismo— Río sin ganas mientras se sentaba en la camilla para ver mejor la lluvia caer.

—Será difícil tratar de modificar los registros para que calcen con tu nombre y que solo un grupo reducido sepa sobre Bokuto, pero...— Se interrumpió al ver que Akaashi no parecía escucharlo, perdido en sus pensamientos.

—¿Qué pasará si le llega a suceder algo?— Preguntó con su rostro escondido entre sus rodillas— Si tienen que prácticamente ocultar su existencia, entonces...

—Él...no parece tener más familiares y solo su escuadrón sabrá quién es realmente, por lo que...— Yaku no sabía muy bien cómo tratar con un tema que parecía tan delicado para el contrario.

—Lo entiendo...— Dijo con calma, pero un leve temblor en su voz delató su temor ante la situación.— Gracias por contármelo todo, Yaku-san.

El castaño le brindó una mirada que pasaba del remordimiento a la comprensión, pareció querer decirle algo, pero al final optó por inclinarse levemente y salir de la habitación.

Fue ya entrada la noche que Bokuto llegó con su cabello aún con algunas traviesas gotas de lluvia. Dejó una solitaria margarita en el velador y se sentó a su lado.

Tímidamente sintió su mano llegar hasta la suya, acariciándola tan delicada y a la vez tan desesperadamente que lo hizo cerrar los ojos para centrarse solo en la calidez que le daba ese toque. Sus pensamientos divagaban a los días, incluso los meses pasados, donde había estado tan enfocado en tratar de conseguir su propia alegría que no había sido capaz pensar en la ajena, tan centrado en escapar de todo que no se dio cuenta cuando había soltado la mano de aquel vivaz florista para encerrarse nuevamente entre otras paredes aún más gruesas que las anteriores.

—Te amo— Separó sus párpados para ver aquellos iris ambarinos tan determinados que lo hicieron estremecerse— Pero sé que tú no sientes lo mismo.

Iba a reprocharle lo contrario, pero él lo calló con una sonrisa.

—Aún así soy un egoísta, Aka...Keiji— Cambió sus palabras sin soltar su mano— Así que quiero tener una esperanza, aunque sea mínima, de estar a tu lado de una forma distinta.

Dejó su mano solo unos momentos para tomar la delicada margarita que descansaba sobre el velador, la miró sonriente antes de enrollarla en su dedo anular simulando un anillo.

—Si para cuando vuelva del servicio militar, aún crees que puedes darle tu vida a esta caprichosa persona— Dijo acercando su frente hasta la contraria con lentitud— Entonces ya no podré resistirlo más y te pediré que te cases conmigo cuantas veces sea necesario, te pediré egoístamente que te hagas esa cirugía para que pases más tiempo a mi lado y te tomaré en mis brazos para jamás dejarte ir.

Akaashi sentía las lágrimas rodar por sus mejillas a la vez que se aferraba con fuerza a las manos contrarias.

Es una promesa.

~•~•~

A Bokuto Kotarou,
Ya la fecha en que termina el servicio ha de estar cerca, solo ha sido un año, pero había días en que parecía una eternidad.
Espero con ansias su regreso, ver si su pelo ha crecido, si ha obtenido alguna cicatriz o si se ha hecho unos centímetros más alto.
La verdad es que, sea cuál sea el cambio, estoy seguro de que seguirá siendo la misma vivaz persona de siempre. Con sus iris ámbar tan apasionados por lo que ama, con su contagiosa risa de completa alegría, con el tamborileo entusiasta que hace con sus dedos mientras cocino, con la calidez de sus manos cuando toma las mías y con aquel amable corazón que siento que nunca logré comprender del todo, pero el que espero lograr hacerlo algún día.
Ya tengo la respuesta a su propuesta, Bokuto-san, así que espero volver a verlo pronto.
Con cariño...
Te ama, Akaashi Keiji.

~•~•~

—¿Está seguro que lo lleva todo, Bokuto-san?

—Es la quinta vez que me lo preguntas, Akaaashi— Le reprochó el mayor con un puchero que hizo reír al azabache.

—Es porque estoy más del 90% seguro de que se le olvidó algo— Dijo ya conociendo lo despistado que podía ser el de hebras bicolor.

—Es lo más probable— Admitió a pasos del andén de tren— Pero también estoy 90% seguro de que tú metiste aquello que me faltaba en la maleta.

Akaashi parpadeó sorprendido al no esperarse esa respuesta, pero después sonrió con melancolía.

—Lo extrañaré— Dijo acercándose unos pasos hasta quedar frente a él.

—Yo mucho más— Le dijo apartando unos cabellos rebeldes de su frente— No olvides volver a la clínica después de despedirme.

—Lo sé.

—¡Oh! ¡Y no olvides escribirme cartas, yo te escribiré una todos los días!— Exclamó con energía, lo que hizo sonreír al azabache, el cual no dudaba de que realmente lo hiciera.

—Lo haré.

—¿Puedo decirle a los del servicio que eres mi prometido?

Keiji sintió sus mejillas enrojecer antes de soltar una suave carcajada.

—Supongo que si— Asintió con una sonrisa, pero al ver que el contrario se había quedado en silencio, volvió la vista hacia él encontrándolo inusualmente serio— ¿Bokuto-san...?

Fue tan rápido que Akaashi tardó unos segundos en procesarlo correctamente, solo sintió el agarre en su cintura y un delicado roce en sus labios que no parecía provenir de la misma persona que irradiaba energía con cada paso que daba. Solo pudo verlo algo sorprendido mientras sentía su respiración tan cerca como nunca lo había estado, a pesar de ambos saber que eran esas piezas del rompecabezas que encajaban a la perfección, pero que ninguno se había atrevido a juntar antes.

—Te amo, Keiji— Le dijo con una sonrisa— Quiero que nunca olvides eso.

—No hables como si no fueras a volver— Le dijo olvidando los formalismos por una vez, lo que acentuó la sonrisa contraria.— Prométeme que vas a volver.

Bokuto hizo una pausa que se le hizo eterna hasta que depositó un beso en su frente y se alejó para subir al tren. Lo siguió con la mirada hasta verlo en su asiento, donde empañó una zona de la ventana y le escribió "Te lo prometo".

Esperó hasta que el tren se fuera para poder dejar escapar el suspiro que había estado conteniendo, tratando de quedarse con el último recuerdo de su sonrisa al menos hasta que lo tenga de regreso.

Porque él siempre mantiene sus promesas...¿verdad?

Fue cuando vio llegar el tren que llevaría a los otros reclutas que se resignó a volver a la clínica, estaba tan centrado en sus propios pensamientos que pasó a chocar el hombro con un azabache al que no le alcanzó a ver el rostro. Un "lo siento" fue todo lo que escuchó del taciturno joven que caminaba a pasos secos hasta entrar al tren, sin despedirse ni voltear a ver a nadie.

Akaashi lo miró curioso unos segundos antes de decidirse a ir por el camino contrario.

~•~•~

A Bokuto Kotarou,
Ya ha pasado más de un año desde que lo dejé partir en aquel andén de tren, Bokuto-san, y ya sé que debo dejar de esperarlo, que estas cartas ya no llegarán a sus manos nunca más, pero pensé que sería bueno el al menos escribir una última.

Lo cierto es que quise guardar la esperanza de ver su silueta avanzar tan animosamente como siempre desde el camino a la lejanía, me imaginaba el verlo llegar desde la ventana y entonces correría a su encuentro como esas historias que tanto le gustaban mientras le decía que lo único que quería era casarme con usted.

Pero hay cartas en las que no podemos escribir.

Cuando conocí a Kuroo Tetsuro pensé que la vida volvía a intentar burlarse de mí, me lo entregaba todo a sabiendas de que no me atrevería a tomarlo por temor a una verdad más dolorosa que la mentira.

Lo cierto es que solo me bastó el saber su nombre y darme unos segundos para ver a través de sus ojos el caer en que se trataba de alguien que ya conocía, aunque solo fuera a través de sus letras.

Empezó por una curiosidad que nació mediante sus constantes relatos, pero la verdad es que Kuroo Tetsuro era un enigma por sí mismo. Había momentos en que lo sentía tan cercano como para rozar sus dedos entre los míos y otros tan alejado que sentía que ninguna de mis palabras podía alcanzarlo.

Comencé a pensar en cómo se vería sin ese brillo triste en sus ojos y si la sonrisa que siempre mostraba podía llegar a ser auténtica en algún momento.

Era curiosidad, Bokuto-san, o eso era lo que pensaba antes de aguardar su llegada todas las semanas o reír por cada curiosa anécdota que terminaba construyendo sin quererlo.

No soy tan ingenuo como para creer que estos sentimientos podrían catalogarse como "amor", no cuando se edificaron en base a un engaño que me resultó más doloroso de lo que yo mismo había previsto.

No cuando eran sus ojos los que parecían rogarme que dijera que lo odiara para que pudiera seguir por un camino diferente al mío.

Pero si pudiera ponerle un nombre...solo diría que si usted era el torbellino que llegó a teñirlo todo de colores, entonces Kuroo Tetsuro sería la brisa otoñal que te alivia sentir al cerrar los ojos, serían los colores opacos de las hojas recordarte que la vida no era ni monocromática ni arcoíris, simplemente era el reflejo de lo que tu alma quisiera ver en ese momento.

Al final, si lo pienso, probablemente fuera por eso que nunca pude ver el mundo como usted lo hacía.

¿Qué era lo que veía, Bokuto-san? ¿Veía los mismos opacos colores otoñales que yo no puedo sacarme de la cabeza?

Espero que pueda estar tranquilo donde sea que esté en este momento, yo me ocuparé de llenar la lápida con su nombre de miles de colores para que la gente pueda ver su alma aún si ya no está aquí.

Ah...y ya no tiene que preocuparse por mí, después de todo, creo haber empezado a entender un poco mejor qué es lo que la vida quiere de mí, así que dejaré de cubrirme los ojos y lo veré todo directamente.

Veré a los médicos a los ojos.
Veré a mi padre sin desviar la mirada.
Y...si la caprichosa vida quiere ponerlo de nuevo en mi camino, entonces quiero volver a ver a Kuroo Tetsuro. Con sus malos chistes, con sus muecas pensativas, con su extravagante risa y con sus ojos tan irónicamente honestos.

Le agradezco desde el fondo de mi corazón todo lo que hizo por mí, nada nunca será suficiente por todas y cada una de las experiencias que me brindó, pero espero que si hayan bastado para hacerlo sonreír antes de que el tallo de su vida haya sido cortado.

Con cariño para el florista más especial de todos, Akaashi Keiji.