Capítulo 12: Final

Exhalé profundamente, viendo indiferente el halo que escapaba de mis labios. Tenía mis brazos entumecidos por el frío y la ropa sucia por la tierra húmeda en la que estaba sentado. Probablemente lucía como un idiota, puesto que me hallaba de esa manera aún teniendo la banca del parque apoyada en mi espalda, pero era la única posición que me dejaba ver aquella hermosa panorámica del cielo nocturno sobre mí.

Llevándome mis pasos ya lo suficientemente lejos como para volver a sentir más que solo remordimiento, me di cuenta que no sabía a donde ir.

No quería ver el rostro de quienes me esperaban en casa.

No podía volver al cementerio ... él ya debería mejores visitas que yo.

Mordí mi labio como castigo por cada una de las palabras que salieron sin consentimiento de la razón horas atrás. Había planeado y repasado tantas veces lo que se supone que debió haber pasado, sin embargo, en ese momento solo la culpa pudo hablar.

¿Qué podía hacer ahora?

¿Volver? ¿Llorar? ¿Disculparme ...?

No ... él ya no quiere saber nada más de mí.

Cerré los párpados, parecían más pesados de lo usual, como si tampoco quisieran ver lo desolada que se había vuelto nuestra visión cuando días atrás solo eran colores y amable tranquilidad.

¿Qué pensar ...?

¿Aún puedo recordar? ¿Tengo derecho a eso?

Tal vez lo mejor sea no pensar nada.

Ah ... pero ahí va ese molesto latido de nuevo, como si mi corazón estaba advirtiéndome que se estaba rompiendo en pedazos y, si no hacía algo al respecto, terminaría solo en fragmentos imposibles de volver a reunir.

Sentir ...

No ... duele tanto que prefiero no volver a hacerlo jamás.

Terminé por dirigir mi vista al silencioso cielo, tan majestuoso en su oscuridad, como si no le temiera a sus propios límites. Inconscientemente comencé a contar estrellas. Me aliviaba pensar que podría estar así cuanto quisiera, sin complicados sentimientos ni angustiosos recuerdos.

Oh ... seguía siendo tan cobarde.

- Tetsuro, tú siempre serás la estrella favorita de mamá.

Pude ver su figura de nuevo, su melena azabache caer sobre sus hombros, haciendo que su sonrisa quedara oculta parcialmente por aquellas finas hebras oscuras.

- Mamá ... ¿qué puedo hacer? Ya estoy tan cansado de equivocarme siempre.

Vi un destello triste en sus iris aceitunados, a la vez que sintió sus brazos rodearme con parsimonia, transmitiéndome una calma que dolía.

- ¿Ya ... no puedo solo rendirme y quedarme contigo?

Ella solo estrechó aún más el abrazo, antes de soltarme y dejar algo en mis manos.

- Yo ya dejé de escribir— Dijo con una sonrisa nostálgica, haciendo un gesto para que vea lo que me había entregado—. Fue la historia más hermosa. Mi corazón siempre me las muestra, aquellas fotografías donde sales tú y tu padre ocupando toda la memoria— Añadió riendo.

Bajé la mirada hasta el pequeño bolígrafo que reposaba en mi mano.

- Ahora te toca a ti.

- Ella tiene razón, Kuroo.

Me sobresalté al ver su silueta ahí también, como si mis miedos se hubieran materializado en sus ojos ámbar, solo que estaban lucían calmos, incluso más de lo que eran vivo.

- Boku ...

- Kuroo ... tienes cara de idiota, como si hubieras visto un fantasma.

Yo abrí mi boca sin saber qué decir, ¿tal vez me había golpeado con la banca al quedarme dormido? ¿Estaba muerto yo también?

Mi amigo pareció entender mi confusión, pero no halló mejor solución que largarse a reír, a lo que yo seguía tratando de encontrar una forma de reaccionar.

- Kuroo, dime, ¿qué historia quieres escribir? - Me preguntó una vez frenó sus carcajadas.

- ¿Qué historia ...?

- Si— Asintió alegre— Deja de pensar en lo que otros quieren que escribas o en lo que quisieras tener de las vidas de los demás, solo detente a pensar en lo que tú quieres. Lo que quieres tener a tu lado en este momento.

¿Lo que quiero tener a mi lado en este momento?

"¿Entrando a hurtadillas de nuevo, joven amo Kuroo?"

"Solo espero que sepas, que ya sean lágrimas o risas, estaremos todos los días a tu lado, aunque tú finjas no vernos, de lo contrario, no merecería llamarme tu amigo, ¿no es así?"

"¡Será un gusto trabajar contigo, Kuroo-san!"

" Déjame decirte que no creo que lo que estés haciendo esté bien, pero ... pienso que si hay alguien que debe decírselo, ese eres tú".

"Estás pisando nuestro dibujo"

"¡Señor secuestrador!"

"Sugawara, y esta pequeña de aquí es Natsu. Aunque las apariencias engañan, ¿sabes? Aún puedo ser un asesino serial en potencia."

"Yo no creo que seas una mala persona. Eres algo grosero, malo con los niños y nunca sé en lo que estás pensando ... pero no una mala persona. Y aún si eres un villano como los de los videojuegos, también mereces ser feliz ".

- Me haces pensar que te olvidaste de lo último que te dije— Me recriminó Bokuto con una mueca infantil.

- No lo he olvidado— Murmuré con una media sonrisa, trayendo a mi mente al único que irónicamente me había hecho cumplir con ello.— "Vive", ¿no es así?

"Me gustan las camelias, es muy raro encontrar de este color, ¿por qué optó por incluso?"

"Así que ... ¿el señor secuestrador tiene entre sus formas de captura el helado?"

"Fue un partido muy entretenido"

"Me siento indeciso entre la parte en que caíste a los arbustos o en la que tropezaste con la red"

"No tienes que venir solo para entregarme cartas."

"Si me gustan los festivales"

"Quería escucharlo de ti"

- Entonces, ¿a qué esperas para escribir? - Dijo su voz entusiasta, tal como la recordaba antes de seguirlo en cada locura que se le ocurría— ¡Yo estaré leyendo todo sin falta! - Agregó apegando el bolígrafo a mi pecho.

- Después de hacerme llevar todas tus cartas— Fingí un suspiro exasperado—, te empezaré a cobrar, ¿sabes? - Reí con la sensación cálida de una amistad eterna.

- No tengo nada para pagarte— Hizo un gesto pensativo, pero lo cierto es que pensaba que ya me había pagado lo suficiente—. Es más, creo que tengo un favor que pedirte.

- ¿Un favor? - Pregunté, pero mi voz ya comenzaba a sentirse más real, al igual que el frío.

- Si— Lo último que vi fue una sonrisa triste y un gesto de despedida— Asegúrate de que él también vuelva a escribir, ¿de acuerdo?

—Oye, despierta, inmundo animal.

Gruñí en respuesta. Estaba incómodo y tenía el cuerpo helado, pero aún así me empeñaba en seguir con los párpados cerrados.

—Niño, ¿prestame tu balón?

Me relajé al quedar todo en silencio de nuevo, tratando de acomodar inútilmente mi espalda. Al no lograrlo, terminé por abrir levemente mis ojos justo en el momento en que un balón de voleibol impactó directamente en mi rostro, haciéndome caer "delicadamente" en el césped.

Entre que escupía el pasto que había quedado en mi lengua y trataba de reponerme del "amable" despertar, miré a mi atacante, alegre de haber acertado y devolviéndole el balón a un niño que no conocía.

—Espero que con eso hayan despabilado, aunque sea un poco más, las míseras neuronas que te quedan — Yaku parecía más enfadado que otras veces, pero solo fruncí el ceño al verme ofendido y me acomodé, esta vez, correctamente en el banco.

—Es extraño no verte con Lev, ¿estás trabajando? - Le pregunté con desinterés, aunque su ropa casual ya me daba una idea de la respuesta.

—Solo pasaba de casualidad por aquí, es mi día libre y pensaba disfrutarlo paseando por el parque cuando me encontré con cierto vagabundo conocido— Respondió cruzando los brazos— ¿Ya no jugarás a no saberte los nombres de la gente? - El semblante de Yaku era serio, parecía haber dejado las bromas pesadas de lado.

Elevé los hombros para darle un sentido que me tenía sin cuidado, en tanto posaba mi vista en el cielo, preguntándome cuánto tiempo había estado dormitando para que éste se cubriera de nubes. Escuché un suspiro antes de sentir el crujir de la banca a mi lado.

—Entonces, ¿qué parte de tu magnífico plan viene ahora? - Preguntó sarcástico sin que me dignara aún a mirarlo— ¿O me dirás que huir y hundirte en la autocompasión es lo único que te queda?

—¿Eres la voz de mi conciencia? ¿Debería llamarte Pepito Grillo a partir de ahora? - Solté una risa sin ganas.

Recibí un gruñido de respuesta, seguido de un silencio que llamó mi atención.

—¿Me dirás que te trajo a buscarme o debo seguir fingiendo que es mera casualidad? - Pregunté sin ánimos de seguir una conversación sin sentido.

Él me ejecuta por el rabillo del ojo, para después soltar el aire que parecía estar conteniendo.

—Varios estaban buscándote, pero de la recomendación de Sawamura de "estar en un lugar solitario y frío como un gato callejero" supongo que yo di con el número de la suerte— Contó, a lo que yo me imaginaba esas exactas palabras salir de la boca de mi pragmático amigo.

—Pues lamento decirte que no vengo con un premio incluido.

—Pensé que estabas enamorado de él— Soltó tan de repente que sentí que mi corazón se saltó un latido. Volteé mi mirada para ver su rostro con una calma impropia de él. Sin toques de rencor ni reproche, tal vez solo curiosidad.

—¿Por qué viniste a buscarme, Yaku? - Pregunté directamente esta vez, no dispuesto a responder su afirmación anterior.

—Está en la clínica— Respondió de forma clara, tal y como siempre lo ha hecho— Después de que el imbécil con el que se había encariñado le envenenara la vida con sus palabras terminó por colapsar.

Una ligera exclamación de entendimiento salió de mis labios, pero sintió que ya no estaba allí, estaba repasando en mi mente la noche anterior, se sujetaba su pecho o incluso su ritmo respiratorio.

Escuchaba el crujir del suelo al dar cada paso mientras me alejaba de él.

—Debe ser bastante molesto— Siguió Yaku acomodándose mejor en la banca— Nació con un corazón más frágil que los demás sin que haya pedido, sin poder nunca disfrutar por completo porque incluso las emociones fuertes podrían matarlo.

Recordé con ironía las pistas que se han puesto en mi camino, pero que no había querido ver para poder seguir con mi egoísta propósito.

—Veo que sabes mucho al respecto— Reí tratando de ocultar lo tembloroso de mi voz.

Yaku se quedó unos momentos quieto, para después formar una sonrisa triste, la cual alcancé a ver por el rabillo del ojo.

—¿Sabes por qué no me agradas, Kuroo Tetsuro? - No tenía ánimo de discutir, pero con mi silencio esperaba darle paso a continuar— Porque somos tan estúpidamente parecidos que no soportaba tenerte frente a mí.

Levanté una ceja curioso, a la vez que él desviaba su mirada a un sencillo, pero bonito anillo en su mano izquierda.

—La verdad es que mi trabajo es solo una tapadera— Lo miré sin entender— O al menos lo era hace algunos meses. En realidad, trabajaba para un padre sobreprotector que no tenía cara para acercarse a su hijo, por lo que mandaba a otros a cuidarlo por él.

Mi pobre mente falta de buen dormir trataba de hilar ideas mientras Yaku solo reía sabiendo que todo me resultaba sumamente confuso.

—Pero resultante que ese hijo es muy difícil de engañar— Hizo una media sonrisa— Te hace pensar que se cree todo lo que le dices, pero pienso que tiene una habilidad especial para ver a través de los ojos de la gente. Tanto para saber que un cartero lo visita para informarle después a su padre que todo está bien o como para confiar en que el mejor amigo de su prometido le miente por querer proteger algo más ... aunque ese "algo más" sea algo que solo ellos pueden ver.

"Quise creer que serías tú quien me lo dijera todo ..."

—Si ... aunque estoy seguro que más que astucia es amabilidad— Dije levantando la comisura de mis labios en una sonrisa melancólica que despedía su voz en mis recuerdos.

"Es una persona que, aunque no parezca preocuparse mucho del resto, en verdad lo hace más que cualquier otro".

—Todos somos mentirosos, Kuroo Tetsuro— Dijo Yaku levantándose del banco— Eso va más allá de si está bien o está mal. Algunos le mienten a los demás y otros a sí mismos, pero para eso tenemos toda una vida, ya sea para aprender a ver la verdad de los corazones de los demás o ...

Para aprender a verla en tu propio corazón.

Después de acompañarme a buscar ropa para cambiarme y comenzar a encaminarnos a la clínica, Yaku me comentó que lo hizo atendido a tiempo cuando se desmayó y que lo mantuvo hospitalizado a la espera del a seguir. Me dijo que era su decisión el continuar como estaba, con tratamientos paliativos y controles regulares, u optar por una cirugía que le ofrecía una mejor calidad de vida a cambio del riesgo de la operación.

Akaashi Keiji siempre me pareció una persona completamente decidida, haciendo que me pregunte a qué esperaba para elegir.

" Yo ... no puedo hacer esto sin él"

Claro ... tal vez la pregunta era más bien a quién esperaba para hacerlo.

Mi vista se detuvo frente a la monótona entrada del recinto, trayendo viejos fantasmas a mi mente, a los que alejé con una sonrisa al recordar el curioso sueño de esa mañana.

—¿Vienes? - Me preguntó el castaño, a lo que asentí y continué caminando.

—¿No crees que hace falta un puesto de flores en la entrada? - Pregunté divertido, a lo que el contrario solo me miró confundido.

—¿Un puesto de flores? ¿Cómo llegaste a esa idea?

—Hum ... supongo que solo vino a mi mente— Le respondí honesto, sintiendo la suave brisa otoñal despedirse de mí antes de entrar.

Yaku se detuvo fuera de la habitación A-513, a la vez que me hacia un gesto con la cabeza para que entre, pero al ver que no me movía, ladeó la cabeza con una sonrisa.

—¿Tienes miedo ahora que vienes a verlo solo como Kuroo Tetsuro y no como un cartero lleno de mentiras? - Rió con una sonrisa burlona que segundos más tarde se transformó en una honesta— No tienes que preocuparte, después de todo, Akaashi siempre te vio de esa manera.

De pronto me di cuenta del porqué los ojos azulados de Akaashi me ponían tan inquieto, iba más allá de un mero nerviosismo o el tratar de ocultar la verdad, era porque siempre seen directamente a lo que yo era y lo que todos los días trataba de ocultar de todos y de mí mismo.

Pero él siempre fue capaz de verlo.

Al final ... resultaba que la tormenta en sus ojos nunca fue suya, no era más que un reflejo de lo que yo era.

—Gracias, Yaku— Le dije en un arrebato de sinceridad que lo sorprendió.

—Esa si es una buena mirada, Kuroo Tetsuro— Dijo sonriendo mientras volvía a encaminarse al pasillo y me parecía escuchar más voces conocidas en la escalera— Contamos contigo.

Abrí la puerta tras una respiración profunda, encontrándome con su mirada azulada por sobre un libro. No pareció sorprendido, tampoco irritado o pesaroso, como pensé que lo encontraría, más bien parecía liberado de una carga que no me había dado cuenta que ambos llevábamos desde que empecé mi mentira.

Cerré la puerta detrás de mí y me acerqué a pasos lentos hasta poder ver cada vez más detalles de su rostro cuando apartó el libro. Sus ojos estaban levemente hinchados, dejando ver que había estado llorando hace algún tiempo, lo que me llevó hasta la solitaria carta que reposaba sobre el velador, sobre el cual se hallaba la caja con las argollas que había recibido ayer. Akaashi mantenía un gesto indiferente hasta que suspiró, dejando una media sonrisa en su rostro.

—Sinceramente, no creo que el trabajo de cartero sea lo tuyo— Parpadeé confundido ante sus palabras.

Con movimientos tranquilos, hizo una hojeada rápida a algunas páginas de su libro hasta que pareció encontrar lo que buscaba. Sacó una carta oculta entre las páginas, acariciándola con cariño para luego hacer un gesto para que me acercara.

Me rasqué la nuca algo nervioso por no saber lo que quería, pero obedeciendo su mandato silencioso. Sentí mis mejillas adquirir color al ver que tomaba mi mano y con una leve risa dejaba la carta sobre mi palma.

Aún sin saber qué decir, volteé el sobre en mis manos a fin de leer el remitente.

Bokuto Kotarou

Levanté la vista hasta Akaashi, quien me hacía una señal para que siguiera leyendo.

Fue entonces cuando me percaté de que se trataba de la carta que había estado en mis manos durante meses y de la me había separado nada más anoche. Mis labios temblaron al leer el destinatario, riéndome sutilmente al recordar a mi impredecible amigo.

—Búho idiota— Murmuré al leer mi nombre como destinatario de una carta que llevé tantas veces conmigo y que mi cegado corazón no había sido capaz de leer.

Akaashi pareció sorprendido al ver las lágrimas caer por mis mejillas, pero después solo sonrió llevando su vista hasta la ventana.

A mi querido amigo Kuroo Tetsuro,
La verdad es que nunca fui una persona muy centrada en el sentido del deber. No conozco a mis padres, puesto que mi mamá murió al tenerme y mi papá se marchó al no poder vivir con eso. Fui criado por mi abuela, quien no dejaba de mimarme cada vez que podía, por lo que nunca me preocupé de si algo estaba bien o mal siempre y cuando la hiciera feliz a ella.

Cuando ella falleció, fue la primera vez que me pregunté por la ética de la vida. Que si estaba mal mentir, entonces porqué la gente era más feliz cuando les decías que todo estaba bien, que no extrañabas el calor de un hogar o un abrazo que te prometía tranquilidad.

Me di cuenta ... de que no me gustaba mentir, pero no podía dejar de hacerlo si quería seguir avanzando, así que aprendí a mentirme a mí mismo, a decirme que estaba bien siempre que siguiera sonriendo, después de todo, algún día terminaría por creerlo, ¿verdad?

Tomé el trabajo que ella había dejado en la florería, si, vendía flores, Kuroo, ¿a qué no te lo esperabas? Aunque nunca pude superarte en el conocimiento que tenías de ellas. Pero ¡era aburridísimo! Casi nadie pasaba por la tienda y no dejaba de romper los maceteros, así que opté por salir a vender a otros lugares. Vendía en las iglesias, en los centros comerciales, incluso en los restaurantes, pero cuando comenzó a vender fuera de la clínica fue que lo conocí. Hubieras visto lo gruñón que era antes jajaja reclamándome que era una falta de respeto que vendiera flores como haciendo un mal augurio a los enfermos.

Ah ... lo cierto es que me enamoré a primera vista de él.

Sin embargo, nunca dejé de ser un mentiroso, Kuroo, te hablé y hablé de lo mucho que nos queríamos, de cómo sería cuando nos casáramos, pero lo único cierto de todo eso era lo mucho que lo amaba.

Sospecho que Akaashi nunca estuvo verdaderamente enamorado de mí, nos fuimos a vivir juntos porque quería liberarlo de la prisión de vida en la que estaba y me hacía llamar su prometido para que su padre no se lo impidiera. La única vez que lo besé, fue al despedirme de él en el andén del tren, cuando me hizo prometerle que volvería no importa qué.

Creo que el día en que le dije a su padre que tomaría el lugar de Akaashi en el servicio fue cuando fui más honesto conmigo mismo. Porque que él siguió adelante y no se quedara atrapado en otra burbuja en la que no quería que hubiera dado cuenta que lo estaba encerrando. O tal vez solo fuera otra mentira más, para que él me viera como algo más que su querido amigo.

Esta última carta que me quedaba antes de que el servicio termine quería dejártela a ti, para que vieras mi verdad y en cómo me dejabas ver a través de tus ojos la tuya. Quería dejarle esta última carta a mi querido amigo que me hizo reír de todo corazón mientras por fin pensaba en lo agradecido que estaba de la vida que me había tocado.

A mi querido amigo, ese que no importaba cuantas veces me dijera que odiaba la vida, siempre creí que era quien más la amaba.

—Akaashi Keiji— Lo llamé tras calmar mi llanto y volviendo a sentir la calidez que me daba pronunciar su nombre.

—Dime— Respondió cerrando los ojos con un deje alegre en su voz.

No sé dónde estaré para cuando leas la carta, no sé si me atreveré a volver con Akaashi y pedirle perdón por mi egoísmo o me habré ido lejos para tratar de aprender a lidiar con mi propio corazón. Lo que si estoy seguro es que tú también mereces encontrar tu verdad, Kuroo, no tengas miedo de hallarla.

—¿Qué te parece si conversamos? - Dije sacando la foto de mi billetera y dejándola junto a la carta— Sin mentiras esta vez.

—Me parece una buena idea, señor cartero secuestrador— Dijo abriendo sus ojos con una sonrisa honesta, dejándome ver esas estrellas azuladas, a las que por fin podía ver directamente, sin dudas ni máscaras.

—Bien— Inspiré profundo y le sonreí de vuelta.

Las nubes que estaban en el cielo parecían dispersarse, dando paso a los nuevos rayos de sol que se colaban sigilosos por la persiana de la ventana.

- ¿Por dónde empezar? - Susurré hasta volver a leer las primeras líneas de la carta de Bokuto y reír al ver que seguía guiando mi camino no importaba donde estaba—. Nunca fui una persona muy centrada en el sentido del deber ...

Tu amigo en las buenas y en las malas, Bokuto Kotarou.

~ Fin ~