CONFESIONES EN ROCKEFELLER CENTER

One-Shot


Desde aquella vez que dejé Nueva York en medio de la nieve juré no regresar y sin embargo, aquí estoy; ha pasado apenas un año y ya lo siento tan lejano. Gracias a Albert pude superarlo más pronto de lo que pensé, ¿quién iba a adivinar el verdadero motivo de ello? Ni siquiera yo sabía el porqué hasta que fue demasiado tarde: me había enamorado de mi mejor amigo y no lo supe hasta que lo perdí.

¿Cómo pude ser tan ciega?... Bueno, me imagino que no darme cuenta en aquel entonces de mis sentimientos fue lo mejor, porque todo me indica que eran unilaterales. Y después de meses de añorarlo, hace unos días recibí de Albert un regalo para primavera en plena nevada, como si eso fuera capaz de traer flores y olor de hierba fresca a este invierno tan frío que siento dentro de mí ahora que él se ha ido.

Y aquí estoy, en medio de Rockefeller Center observando a las multitudes pasar como si todo en la vida fuera el trabajo, y a unas cuantas parejas patinar sobre la pista de hielo frente al gran árbol navideño y a esa estatua dorada de Prometeo. Pero ni Prometeo puede hacer que mi invierno sea más cálido...

¿Qué fue lo que me impulsó a venir aquí después de mi visita fallida a Rockstown? Me había jurado no regresar, y sin embargo... Nadie dice que vaya a vagar por Broadway, no lo haría ni de loca; aunque si lo pienso mejor, no tengo nada que temer. Yo misma he comprobado que Terry no se encuentra en esta enorme ciudad, sino actuando para un teatro de mala muerte en un pueblucho en medio de la nada, y también me he convencido de que mi corazón ya no late por él como antes lo hacía.

¿Y entonces a qué vine? No es que quiera ver a Terry o buscar a Susanna, no quiero que piense que la compadezco porque no lo hago, pero la verdad es que mientras más lo pienso menos comprendo la razón de este viaje impromptu. ¿Qué estoy haciendo aquí? Si al único que quiero ver es a Albert y está claro que no lo voy a encontrar en medio de una multitud de hombres de negocios en la Gran Manzana.

Aún así, no me arrepiento, de todas formas hice una maleta y estaba dispuesta a quedarme con él si lo encontraba en Rockstown, el doctor Martin no me espera aún, y la verdad es que no quiero regresar a Chicago con este peso de desilusión dentro de mí.

Rockstown... ¿Qué pretendía Albert al enviarme ahí? Porque estoy convencida de que fue él quien lo hizo, ¿que me encontrara con Terry y retomáramos nuestra relación?! El solo pensarlo hace arder mis ojos, pero no, no puedo llorar, no por eso; estoy cansada de llorar por amores perdidos, porque ahora entiendo que eso es... de nuevo...

Para Albert solo soy como su hermanita, una simple amiga y nada más, y tal vez por eso estoy aquí, por eso tomé el tren a Nueva York en vez de regresar a casa, porque esa casa duele. Juntos creamos un hogar y ahora se ha disuelto en nada. No puedo regresar así, no mientras mi hogar se ha ido, no mientras me siento a la deriva, necesito primero recuperarme de alguna forma.

Los trajes y abrigos formales no dejan de pasar, el frío se hace cada vez más intenso y este abrigo de primavera no me cubre lo suficiente, en definitiva tendré que dirigirme a una casa de huéspedes para refugiarme del clima y pasar la noche. Pero hay algo que me mantiene anclada a este lugar y aún no descubro qué es...

De repente, entre todos los trajes negros veo un flashazo de tartán rojo y me congelo, volteo a ver a ese hombre que sobresale de entre la multitud: es alto, y sus cabellos rubios le caen en la frente y cubren un poco sus brillantes ojos azules que creo haber visto antes. Me percato de que la tela de tartán rojo es en realidad una bufanda que trae enrollada cubriendo casi toda la parte inferior de su cara, e instintivamente me llevo la mano al cuello y trazo con mis dedos la letra "A" del broche de mi príncipe que llevo colgado debajo de mi blusa, como un continuo amuleto.

"Tu príncipe es un Ardlay", las palabras de Anthony retumban en mi cabeza y yo no puedo creer lo que ven mis ojos. Como puedo despego los pies del piso y sin pensar comienzo a acercarme, navegando en contra corriente hacia él me abro camino por entre la muchedumbre y me coloco a su paso. ¡Tiene que verme! ¡Aquí no podrá evitarme! Si es mi príncipe tengo que devolverle su broche, y si no lo intento ahora, nunca lo sabré.

Cuando lo tengo a pocos metros, la multitud se despeja y para mi sorpresa puedo ver a su lado a alguien que conozco muy bien, mis ojos no se equivocan, es George y caminan como si llevaran la misma intención. De inmediato caigo en cuenta de que si viene junto a George tiene que ser un Ardlay, y comprendo que debe de ser él, ese chico a quien por tantos años he buscado y quien tantas veces ha ocupado mis sueños y pensamientos. ¿Qué voy a decirle cuando lo tenga enfrente? Han pasado tantos años desde aquel encuentro en la colina que lo más probable es que él no me recuerde.

Alguien se les acerca y me hace salir de mis cavilaciones, he dejado de avanzar y me quedo frente a ellos, viéndoles mientras trato de planear mi siguiente paso. Pero de repente él se quita la bufanda de la cara y saca de debajo de ella sus cabellos, que son más largos de lo que parecían... Contengo mi respiración, ¡no puede ser! ¡Seguramente mis ojos me engañan!

Como si de repente todo a mi alrededor se hubiera detenido y estuviéramos solo ellos y yo dentro de un escenario, puedo escuchar la conversación desde donde estoy parada:

ーSeñor Villers, buenas tardes, ¿me recuerda? ーdice el recién llegado.

ーPor supuesto que sí, señor Jones, ¿cómo ha estado? William... te presento al señor Mathew Jones ーcontesta George girándose, y al escuchar ese único nombre siento que mi corazón también se detiene.

Seguramente todo esto es un error, pero él extiende su mano para saludarle y le sonríe cálidamente... No, no me queda la menor duda, reconocería esa sonrisa en donde quiera que fuera, la llevo grabada en el corazón.

Mi mente empieza a trabajar a mil por hora, ¡no entiendo nada, no es posible!... ¿Qué está haciendo Albert en Nueva York? ¿Qué hace al lado de George? ¿Por qué se parece tanto a...? Y ¿qué es eso de William?! ¡Esto debe ser un error! Estoy segura de que en cualquier momento él mismo los sacará de su confusión.

ーMucho gusto señor Jones, William Albert Ardlay a sus órdenes.

Esto es demasiado para asimilar, mis piernas comienzan a fallarme, el frío parece intensificarse a mi alrededor y yo no puedo despegar mis ojos de su cara. Una parte de mí no tiene dudas de lo que veo, de lo que escucho: es él... ¡Son ellos!... ¡No puedo negarlo, los he encontrado después de tanto buscarlos!

Todo en mí se ha tornado confuso y sin darme cuenta la maleta resbala de mis manos, sobresaltándome al escucharla golpear la acera. Bajo la mirada de inmediato y veo que se ha abierto, con el dibujo que el doctor Martin hizo de Albert asomándose por entre mis pertenencias, quiero agacharme a recogerla pero escucho mi nombre y levanto la vista, los tres hombres se han girado y puedo ver unos brillantes ojos azules clavados sobre mí.

ー¿Candy? ーescucho de nuevo, lo veo extender su mano y me doy cuenta de que no me puedo quedar aquí, ¡tengo que huir!

En un segundo me giro y empiezo a correr rumbo a la enorme pista de hielo en el centro de la plaza, no me di cuenta cuando empezó a nevar pero puedo sentir los copos de nieve golpeando mi cara.


Estos días en Nueva York no hemos parado de trabajar, y ahora, después de haber cerrado nuestras negociaciones exitosamente, por fin podemos tomar un merecido descanso. Es raro para nosotros el regresar al hotel caminando, se lo he pedido a George como favor, para ver si así puedo despejar un poco mis pensamientos.

Pero desde que salimos de la junta no he dejado de preguntarme si Candy se quedó con Terry en Rockstown, o si han retomado su relación. Por una parte pienso que no tengo derecho de interferir de tal forma en su vida, y parte de mí desea que Candy olvide a Terry y pueda amarme a mí. Pero estoy consciente, y lo he estado desde hace muchos años, de que ella no me ve como nada más que un buen amigo, ¡aún hasta como un hermano mayor! Y a pesar de que eso duela, sé a ciencia cierta que lo que más deseo en esta vida es su felicidad, aún a costa de la mía.

Levanto la vista percibiendo que la multitud de hombres de negocios a nuestro alrededor ha disminuido, el cielo está completamente gris y no me extrañaría que en cualquier momento comenzara a nevar, pero aún con este frío, la iluminación del enorme árbol navideño de Rockefeller Center hace que el ambiente se sienta un poco más cálido y festivo. He ajustado la bufanda alrededor de mi cara para calentarla un poco, pero cuando veo que un hombre de mediana edad se nos acerca directamente, la acomodo sacando mis cabellos de debajo de ella.

En unos segundos el hombre está frente a nosotros, él y George se saludan y me presenta, con cortesía sonrío, le extiendo mi mano y digo mi nombre. De repente, un ruido seco me hace voltear en otra dirección y la veo parada, con una maleta abierta a sus pies.

ー¿Candy? ーme escucho decir con incredulidad, mis ojos no dan crédito, ¡esa imagen que tanto adoro y que tanto he extrañado está frente a mí a tan solo unos pasos de distancia!

Ella levanta la vista, sus ojos me miran llenos de... ¿De qué? ¿Sorpresa? ¿Temor?... ¿Lágrimas?!...

¡Demonios! ¿Acaso me escuchó diciendo mi nombre? Y justo cuando pronuncio de nuevo el suyo y empiezo a caminar hacia ella, la veo darse la media vuelta y empezar a correr rumbo a la pista de hielo. ¡Esto no se puede quedar así, necesito darle alcance! Pero antes de siquiera intentarlo, mi posición me exige despedirme cortésmente.

ーFue un gusto conocerlo señor Jones, por favor discúlpenme, debo retirarme. George, espérame en el hotel.

Estrecho de nuevo su mano y dando unos pasos me agacho de prisa para recoger la maleta; entreabierta, un papel sobresale de entre la ropa, lo tomo en mis manos y me quedo viéndolo por unos segundos, tratando de comprender el porqué de su existencia. Pero no tengo tiempo para cavilaciones, no ahora, tengo que alcanzarla, así que con determinación guardo todo en la maleta, la cierro y salgo corriendo en su dirección.


Voy corriendo sin rumbo fijo, lo único que sé es que tengo que escapar de él. Tenía planeado arrojarme a sus brazos cuando por fin lo encontrara, golpearle el pecho, preguntarle por qué me dejó y haciendo todos los convencionalismos a un lado, decirle que lo amo y que estos últimos meses sin él han sido para mí muerte en vida, pero ahora...

Siento que la cabeza me va a estallar, siento la piel de mi cara tensa y fría y me doy cuenta de que he estado llorando desde que comencé mi carrera, me detengo de repente, justo a la orilla de la pista de hielo, tratando de ordenar mis sentimientos y de entender un poco lo que acabo de escuchar, me doy cuenta de que mis manos están vacías, he dejado la maleta tirada en medio de la acera; no tengo idea si todo el contenido se ha volcado también y tampoco tengo idea si podré recuperarla.

Encorvada, con las manos sobre mis rodillas trato de recuperar el aliento, cuando de repente escucho una voz llamándome a mis espaldas, una voz que conozco a la perfección, esa voz que siempre ha sido capaz de calmar mi torrente de sentimientos y que ahora está teniendo en mí el efecto contrario.

ーCandy... ーme dice suavemente. Mis piernas no pueden sostenerme más, sin planearlo caigo de rodillas sobre el hielo, temblando, puedo sentir mis hombros convulsionarse por el llanto, lágrimas surcando mis mejillas y congelándose al segundo que tocan la superficie de la pista.

Desde el rabillo de mi ojo puedo ver que él se hinca frente a mí, Albert, ¿William? ¿Mi príncipe? ¿Quién?! Me toma con dulzura de las manos y siento su mirada sobre mí. Cierro mis ojos, no tengo voz, solo puedo escuchar mis sollozos y me estremezco al sentir el toque de sus delicadas manos sobre mis mejillas, limpiando mis lágrimas.

ーCandy... ーdice de nuevo, esta vez su voz suena rota. Como puedo saco fuerzas de mi interior para abrir los ojos y levantar la vista... me está viendo con sus ojos transparentes que tanto adoro y que tanta falta me han hecho, puedo ver sentimientos en ellos pero no quiero permitirme descifrarlos, de seguro mis ilusiones están haciendo que me los invente. Por más que intento no puedo parar de llorar, él, se lleva mis manos a su boca y las besa.

ー¿Qué haces en Nueva York, Candy? ¿Viniste con Terry? ¿Por qué no está él contigo? ーpregunta, devolviéndome del cielo a la tierra en un instante.

Mis lágrimas paran de repente, siento despertar una ira descomunal en mi interior, ¡entonces no estaba errada! ¡Sí, fue él quien me envió a encontrarme con Terry! Mi cara se tuerce en una mueca, no sé si es de furia o de dolor, Albert me ve con extrañeza.

ー¿Qué pasa Candy, estás bien? ¿Pasó algo con Te...

¡No puedo dejarlo terminar y estallo en un grito de dolor!

ー¡Basta de Terry! ーle digo, y puedo ver como sus ojos se desorbitan, parece que quiere preguntarme algo pero no lo dejo, me suelto de su agarre y me paro como puedo, tratando de no caerme con lo resbaladizo del hielo debajo de mis pies, pero no lo logro, me resbalo de inmediato y caigo sobre sus brazos.

Albert, o quien quiera que este hombre frente a mí sea realmente, me sostiene de inmediato por la cintura y me doy cuenta de que la distancia que nos separa es peligrosa, al menos para mí, porque tengo sus labios frente a mis ojos y lo único que pienso es que deseo perderme en ellos. ¡Pero no puedo! Está de más entendido que él no siente nada por mí, y... ¡un momento! Si su nombre es realmente William, ¿quiere decir que...? ¡Ahora lo entiendo todo! ¡Por supuesto que no puede sentir nada por mí! Es más, ¡yo no debería sentir esto por él, este hombre es mi tutor!... Y sin embargo...

Como puedo me zafo de sus brazos, muy posiblemente me he ayudado con un par de codazos para que me deje ir, y en el instante que afloja su agarre me arrastro fuera del hielo y me paro para comenzar a correr, pero de nuevo me detiene... ¿Qué pretende?! ¿No dejarme ir?!

ー¡Suélteme, señor William Ardlay! ーle digo entre dientes, pero lo suficientemente firme como para que me escuche. Puedo sentir sus brazos a mi alrededor ceder un poco, pero al segundo, me toma de la mano con fuerza y suavidad a la vez.

ーCandy, por favor... Entiendo que esto es difícil para ti, pero si de algo sirve, no era así como hubiera querido que te enteraras. Por favor, vayamos a algún lado a platicar, está nevando.

¡Entonces es cierto! No se ha molestado ni siquiera en negarlo. En este momento no deseo ir con él a ningún lado, me siento herida, engañada, frustrada, y sin embargo en todo este tiempo mi corazón no ha dejado de latir con fuerza. Sé que a pesar de todo esto que siento dentro de mí, también deseo platicar con él, el hombre de mis tormentos, y sobre todo, conocer toda la verdad.

No tengo más fuerzas para pelearle, ni siquiera tengo fuerzas para contestar, pero Albert nunca ha necesitado de mis palabras para comprenderme a la perfección, y con la intensidad de la nieve aumentando segundo a segundo, sin soltarme de la mano, me guía con suavidad a una de las bancas alrededor de la pista de hielo, debajo de un cobertizo, justo al lado del enorme árbol de navidad.

Nos sentamos, su mano aún sobre la mía es cálida en este día de invierno, puedo ver que lleva mi maleta en su otra mano y la coloca al lado de la banca.

ーLa dejaste tirada sobre la acera... ¿Quieres que vayamos al lugar en donde me estoy quedando para que descanses? ーlo escucho preguntar con voz dudosa.

ーNo creo que deba quedarme.

ー¿Por qué dices eso? La tarde ya ha caído y te ves cansada, creo que es buena idea que descanses... a menos que tengas ya un lugar en donde dormir... ーpregunta a tientas.

Me encantaría poder decirle que sí, pero si vamos a aclarar las cosas es mejor no empezar a mentirle, así que muevo mi cabeza como respuesta y lo escucho suspirar con ¿alivio?...

ーCandy... ¿Por qué has venido a Nueva York?

Me doy cuenta que no ha soltado mi mano, y de inmediato tiro de ella, posándola sobre mi regazo

ーNo lo sé ーle contestoー. Tal vez no debería de estar aquí...

ーMe agrada que estés aquí, estoy feliz de verte de nuevo.

Lentamente levanto mi vista y puedo ver sus ojos azules sobre mí, me ven con... ¿con qué me ven? Antes pensaba que era con ternura, hasta llegué a soñar que era con amor, pero ahora... ahora solo puedo pensar que me miran con cariño fraternal, no, ¡que va! Con cariño paternal, y eso es aún peor que lo anterior.

Albert acerca una mano a mi mejilla acariciándola suavemente con un dedo, hasta entonces me doy cuenta que mi pensamiento anterior ha hecho que una lágrima ruede sobre ella, y el solo sentir su piel sobre la mía me hace estremecer de nuevo sin pensarlo... siento mi cara caliente, seguramente estoy completamente ruborizada y me agacho tratando de ocultarlo.

No sé de donde sacar fuerzas para enfrentarlo, no sé por donde empezar, quisiera que él por voluntad propia me dijera toda la verdad, pero tal parece que no lo va a hacer sin que se lo pregunte, así que como puedo me hago la fuerte y saco con un movimiento brusco mi mejilla de debajo de su mano.

ーEntonces, ¿no se piensa presentar formalmente conmigo, tío abuelo William? ーle pregunto.


¡He sido un cobarde! Llevo meses planeando cómo decirle la verdad pero en realidad he estado evadiendo enfrentarme con la realidad, ahora no tengo en dónde esconderme, de todas las formas que pude haber ideado para enfrentarla, esta es definitivamente la menos favorable; pero el tiempo ha llegado y tengo que dejar de huirle. Quiero preguntarle tantas cosas sobre su relación con Terry, pero como siempre, la impetuosidad de Candy me sobrepasa cuando es ella quien me confronta con mi recién descubierta identidad.

ーCandy, lo siento mucho... no era la forma en que hubiera querido que te enteraras de esto.

ー¿Ah, no? ーme contestaー. ¿Entonces como lo habías planeado?

No puedo evitar evadir su mirada tan penetrante, esa que hace que sus ojos me pregunten todo y me acusen a la vez. Tengo que sincerarme con ella y decirle la verdad, así que comienzo por contarle el porqué de mi oculta identidad, viendo cómo su rostro se transforma conforme mi relato avanza.

ーMe entristecí mucho cuando te fuiste y me preocupé también, pero... quiero agradecerte por todo lo que has hecho a través de los años por mí. Nunca soñé que alguien como tú pudiera ser mi benefactor ーme dice cuando por fin termino.

ーNo tienes nada que agradecerme, Candy, solo he deseado tu felicidad. Y al contrario, soy yo quien te agradece el haber cuidado de mí cuando más lo necesité.

ーEntonces... ¿Eres un Ardlay? ーpregunta mientras se lleva sus manos al cuello, desabrochando algo con un movimiento rápido. El broche que perdí hace años en una colina está sobre su mano, me lo muestra, mi vista está clavada en él y cuando lo acerca más a mí, volteo de inmediato a verla.

ーCreo que tengo que regresarte esto...


Las caretas han caído y siento entumecida mi alma, si antes me parecía imposible que Albert, mi amigo, sintiera algo por mí, ahora ni siquiera me atrevo a considerar la opción, y sin embargo, no puedo dejar de observarlo mientras me cuenta toda la verdad, y mientras lo hace más me convenzo de que es a mi príncipe a quien tengo frente a mí, ¿cómo es que nunca me di cuenta? Su dulce voz, sus cabellos rubios, sus ojos azules... siempre estuvo a mi lado, ¿cómo es que no lo reconocí?

Estoy decidida a destapar todas las cartas este día, no vale la pena seguir engañándonos. Y cuando lo haga, voy a cerrar este capítulo en mi vida y voy a superarlo, tal como he superado la muerte de Anthony y mi separación de Terry; así que me desabrocho el broche y se lo entrego. Cuando extiendo mi mano lo veo pasar saliva y puedo imaginarme que debe de ser vergonzoso para él lo que está sucediendo, siendo que yo misma le confesé que mi príncipe había sido mi primer amor.

¡Qué ironía!... ¿Cómo pude ser tan ciega? Pero creo que es tiempo de terminar con todas las farsas, y para mí, la única forma de cerrar este ciclo es esta. Así que de donde puedo tomo fuerzas, de todas formas ya me había preparado para decirle que lo amaba y había considerado que tal vez terminaría con el corazón destrozado si él no me correspondía, pero aún así estaba dispuesta a hacerlo... el riesgo puede parecer más grande ahora, pero la pérdida es la misma, y sabiendo todo esto decido continuar, prometiéndome a mí misma no llorar más.

ーEntiendo si estás incómodo porque te estoy regresando tu broche, pero no tienes que ocultar nada más. Me hace feliz poder verte de nuevo como mi amigo Albert, poder agradecerte como mi benefactor y poder regresarte esto como mi príncipe...

Me hace feliz el haber conocido por fin la identidad de mi príncipe y del tío William, y yo... te estoy agradecida en todas tus versiones. Encontrarte y verte bien me hace feliz y hace más fácil también esta despedida.

Quisiera poder decirle más pero creo que es suficiente, a pesar de que Albert ha sido la única persona que realmente me ha visto llorar, hoy no quiero que lo haga más, es imposible que el causante del corazón roto pueda ser también el consolador, es mejor dejar todo como está. Mi príncipe parece no poder pronunciar palabra ni ha extendido la mano para tomar su broche, así que decido tomarla yo y colocar el broche sobre ella; después me levanto, tomo mi maleta, y al dar un paso, siento su mano cerrarse sobre mi brazo repentinamente, impidiéndome avanzar.


Sus palabras me toman por sorpresa, mi mente está trabajando a mil para encontrar qué decir, y cuando la siento que toma mi mano y coloca sobre ella mi pequeño broche de plata, me quedo inmóvil por unos segundos. Para cuando reacciono, Candy ya se ha parado y ha tomado su maleta. ¡No, esto no puede terminar así! Antes de que dé otro paso la sostengo por el brazo y me paro frente a ella; si ya hemos sido sinceros hasta aquí, ¿por qué no sacar todo a la luz de una vez?

En cuanto mi mano se cierra sobre su brazo, siento sus músculos tensarse y a ella sacarse de inmediato de mi agarre. Es la primera vez que Candy me evade y eso hace que mi corazón se duela, la conozco demasiado bien, ella no es así, puedo ver que está haciendo un esfuerzo sobrehumano para conservar la máscara de tranquilidad, pero a mí no me engaña. De repente me pasa por la mente que su actitud puede deberse a su visita a Rockstown y decido preguntarle de nuevo, pero antes de terminar mi pregunta, Candy levanta una mano frente a mí, puedo ver sus labios temblar y escucho su voz quebrada diciendo:

ーYa deja de preguntarme por Terry, no tienes que ocultar que fuiste tú quien me enviaste a ese pueblo, y por cierto... gracias por el regalo. Pero aunque vi a Terry de lejos, no hablamos... tú mejor que nadie deberías de saber que él ya no significa nada para mí, y que si fui a Rockstown no fue para verlo a él sino para...

A medio enunciado se detiene, agacha la cabeza y la veo tragar en seco... sé que no quiere terminar la frase, ¡pero yo tengo que saberlo todo!

ー¿Para qué, Candy? ¿Para qué fuiste a Rockstown?

Me voltea a ver con ojos llenos de dolor, aguantando las lágrimas me observa por unos segundos, mueve la cabeza y extiende su brazo para tomar su maleta de nuevo.

ーAdiós Albert... ーdice apenas audiblemente, y me da por primera vez una de esas sonrisas que sé que usa con otros para tratar de aparentar que todo está bien, pero sus ojos me dicen algo diferente... siempre he podido leer los ojos de Candy y hoy no es la excepción, y al verla aquí bajo la nieve, con maleta en mano, lo entiendo todo en un instante... ¿Podrá ser cierto?


Como puedo me he aguantado las lágrimas y le he sonreído, si no puede entender es porque él definitivamente no siente nada por mí. Me giro, y después de dar unos cuantos pasos aguantando las ganas de echarme a correr, siento de nuevo su mano tomando la mía.

ー¿Por qué llevas un retrato mío en tu maleta? ーlo escucho preguntarme y me congelo.

Albert coloca sus manos sobre mis hombros, me gira suavemente para que lo enfrente y cuando lo hago, agachando la cabeza para que no pueda leer mis sentimientos, puedo sentir una lágrima correr sobre mi mejilla.

ー¿Por qué me buscabas, Candy? ーpregunta, después de levantar mi cabeza con su mano. Yo no sé qué contestar y todo mi valor se esfuma.

ー¿De qué hablas? ーle pregunto, tratando de hacerme la fuerte.

ーHay un retrato mío en tu maleta, es para buscarme. Si dices que no hablaste con Terry porque ya es parte de tu pasado, dime, ¿por qué me buscabas a mí, Candy?

Su mirada me desarma, por más que trato de evadir sus ojos no puedo, su mano debajo de mi barbilla no me deja... mis lágrimas comienzan a caer con rapidez mezclándose con los copos de nieve. No tengo donde esconderme, estoy segura de que mis sentimientos están pintados como un lienzo en exposición sobre mi cara, para que todos puedan verlos.

Con su otra mano, Albert me quita la maleta y la pone sobre el piso que está ya totalmente cubierto de blanco, suelta mi barbilla y se quita su abrigo cubriéndome con él, y en cuanto lo hace me doy cuenta de que había estado temblando de frío. Él se ajusta su bufanda de tartán, toma mi mano y coloca sobre ella su broche, cubriendo mi mano con la suya... yo aún no puedo decir nada, pero siento que me atrae hacia él por la solapa de su abrigo y me rodea con sus brazos. Pero esos brazos que tantas veces me han rodeado para consolarme ahora los siento distintos, este abrazo no es igual a ningún otro y lentamente volteo a verlo, con mil preguntas en mi rostro.

ーSi fue a mí a quien buscabas en Rockstown y ahora me has encontrado, ¿por qué te quieres marchar tan de repente? ¿Acaso lo que acabas de saber acerca de mí ha de algún modo, truncado tus planes? ーsu pregunta tan directa me saca de balanceー. Sigo siendo Albert, Candy... quiero seguir siendo solo Albert para ti... nada más que Albert ーme dice mientras mis ojos siguen clavados en los suyos.

Me escucho suspirar y puedo ver como lentamente se empieza a acercar a mis labios. Mi cabeza me dice que es imposible, ¡esto no puede estar pasando! Pero a la vez no hay nada que desee más en este instante. Puedo ver nuestros alientos mezclándose frente a nosotros en esta noche helada, lo tengo a milímetros de mí pero aún siento que está muy lejos, y de repente, sus palabras me acarician diciéndome suavemente:

ーSolo Albert, Candy. Porque para mí, tú solo eres Candy... no la niña que conocí en esa colina, ni la muchachita que acogí bajo el nombre de mi familia. Solo Candy, la enfermera que con su alegría y ternura calentó mi alma y me infundió ganas de vivir, me ayudó a sanar mi mente y se metió en mi corazón.

Albert acorta la poca distancia entre nosotros, sus labios son suaves, su beso insistente, y con la nieve cayendo suavemente sobre nosotros y haciéndose hielo bajo nuestros pies, me olvido de todo, me pierdo en ellos, y siento que he regresado a mi hogar.


¡Gracias por leerme, gracias a Gaby Andrew y a BERTFANS por anohito por invitarme a participar en esta dinámica, y gracias a Iris por su hermoso FanArt para acompañar mi historia!

Espero que este One-Shot les haya gustado ❤

¡Felices fiestas y feliz 2021!