2 ~ El que adopta y el que es adoptado ~

Para Maiko aquello era nuevo. No estaba acostumbrada a tratar con profesores que tartamudearan y pidieran disculpas cada vez que lo creyeran necesario, pero, más extraña era la request que le estaba haciendo aquel hombrecito de lentes. Al principio, pensó que se trataba de una broma, pero al ver sus ojos llenos de determinación supo que aquel hombre hablaba enserio. Eso la hizo dudar.

- ¿Y por qué no se lo pide usted? —Preguntó la chica. La idea era decir que no y salir cuanto antes del lugar.

—Créeme que ya se lo he pedido. Desde que me designaron como entrenador del equipo he ido cada tarde a visitarlo y rogarle, pero por más que me esfuerce parece no escucharme. Entonces, al oír tu nombre completo esta idea vino a mi mente, te lo pedí y aquí me tienes.

Maiko sabía lo agrio que su primo podía ser cuando le rogaban, incluso con ella misma. También sabía que Keishin jugaba voleibol con sus antiguos compañeros de preparatoria todos los fines de semana y que dirigir se le daba bastante bien. Ya no estaba pensando con claridad. Sabía que, de aceptar, Keishin le daría un balonazo en la cara para gritarle que no le apetecía cuidar un montón de niños.

Entonces miró al hombrecito de lentes. Gran error.

Maiko no sabía decir no .

Además… ¿Para qué pensar demasiado? A Keishin le hacía mucha falta sentir la adrenalina de un buen juego corriendo por sus venas y la oportunidad de socializar con más personas sin contar a las que se acercan a la tienda cada día. Sí, aquello era una excelente excusa para justificar en algo lo que diría a continuación.

Después de algunos minutos en silencio, platicando consigo misma, tomó una decisión:

- ¿Qué es lo que tengo que hacer? —Preguntó sinceramente, mientras en sus labios se curvaba una tenue sonrisa que demostraba más nervios que otra cosa—. Lo ayudaré solamente porque veo que está desesperado y porque sé que esta es la oportunidad perfecta para que mi primo también alce el vuelo… o eso me conviene creer.

- ¡Maiko - chan!

La castaña puso los ojos en blanco al ver las incipientes lágrimas de su maestro. En verdad Takeda - sensei era muy sentimental. Por solo un segundo, dudó de lo que estaba haciendo. Tal vez su primo no quería adrenalina y todas esas cosas que se dijo a sí misma para sentirse mejor, más eso duró, un solo segundo.

—Takeda - sensei, cálmese por favor.

A Maiko le tomó cerca de cinco minutos calmar a su angustiado, pero agradecido profesor. Una vez en el pasillo, se encaminó hacia su salón con las indicaciones que Takeda - sensei le dio. Escogió un pupitre cercano a la ventana, tomó asiento y comenzó a preparar sus cosas para la clase. Recordó su invitado de piedra al ver como una de sus compañeras aplicaba brillo labial en la boca de otra. Recordó que no le había reclamado a su madre por tan "fantástica" sorpresa. Quizás la llamaría antes de dormir o esperaría a que ella lo hiciera. Después de todo, no sabía cuánto se tardaba un vuelto desde Japón a Estados Unidos.

—Oye… disculpa —una cantarina, pero asustada voz la sacó de sus pensamientos. Al elevar la mirada hacia la responsable, lo primero que se le vino a la mente fue un «¡Qué adorable!» -. ¿Este lugar está ocupado? También apuntaba el pupitre junto a ella.

—Para nada —contestó sin más—. Puedes ocuparlo, no hay problema.

La pequeña rubia suspiró con alivio antes de sentarse. Maiko la exhibir con curiosidad y no puedo evitar sonreír ante las expresivas miradas que la chica le lanzaba a todo aquel que la observara. Aquella joven le recordó a ella misma unos años antes. Una pobre y escuálida chiquilla con frenos, lentes y un cabello indomable en el fondo del salón, being ignorada por todos y defendida únicamente por su medio hermano y el chico que le robaba el aliento.

—Mi nombre es Maiko. —Decidió que no quería volver a repetir la historia por lo que el primer paso para lograrlo era entablar una conversación con quien fuera. Los libros y uno que otro anime le enseñaron que las grandes amistas comenzaron con su simple saludo—, ¿cuál es tu nombre?

La rubia se tardó un tiempo en contestar a la pregunta. La castaña pensó que lo había hecho mal. Estaba a punto de disculparse cuando la rubia contestó:

- ¡ME LLAMO YACHI HITOKA! —Más bien gritó lo que intentó decir.

Aquello sorprendió a todo el salón. Al parecer, la chica era un tanto nerviosa al relacionarse con los demás… o, simplemente, temía que alguien desconocido le hiciera daño. Maiko quiso reír a carcajadas. Pensaba fervientemente que las personas estresadas, paranoicas y ansiosas, únicamente, se encontraban en Tokio.

Comenzaron con preguntas simples de respuestas cortas hasta que las clases iniciaron. En medio de esta, Takeda - sensei la interrumpió para sacarla por unos minutos.

—Esta es la lista de los alumnos que pertenecen al club y los nombres de cuatro alumnos de primer año que decidieron unirse. De todas formas, las solicitudes de ellos deben tener la firma del capitán del equipo de oferta Takeda - sensei mientras le hacía entrega del papel que él mismo había escrito.

La pelinegra miró el papel con algo de confusión.

—Disculpe, pero… ¿para qué quiero yo los nombres de los integrantes del club de voleibol?

Y ahí volvió el Takeda - sensei inseguro de su misma existencia.

- ¡Discúlpame! ¡Pensé que sería más fácil si Ukai - kun los conoce un poco!

La chica lo miró con los ojos en blanco. Media sonrisa nerviosa se curvó en sus labios. Definidamente no sabía lidiar con personas que fueron más alteradas que ella misma.

—Tranquilícese, sensei, yo veré qué hago. De todas formas, gracias por la información.

El resto de la clase se la pasó acariciando los nombres de cada integrante con las yemas de los dedos. Había nombres con significados hermosos que esperaban que fueran compatibles con las personalidades de sus portadores. Ninguno se le hacía conocido. Ni siquiera los de tercer año. Entonces recordó que el equipo de voleibol de Karasuno, en palabras de su abuelo, no destacaba hace ya mucho tiempo. Aquella sería una misión muy difícil, pero sabía de alguien que podía ayudarla.

A la hora del almuerzo, la chica corrió con su comida hasta la azotea del edificio en busca de alguien. Si bien, las azoteas de las preparatorias eran muy populares a la hora de comer, esta parecía ser lo contrario. Un solo individuo se encontró allí, dándole la espalda. Maiko no pudo evitar emocionarse y correr a su encuentro. Su cabello negro, alborotado y denso, junto a su elegante porte le demostraban cuanto había crecido.

- ¡Hiroki - kun! —Gritó la muchacha, colgándose de su espalda.

El joven dejó salir un grito. Al parecer, no se había percatado de la presencia de su mejor amiga.

—Pensé que mi mensaje no te había llegado. Me alegra mucho verte, Mai - chan.

Hiroki y Maiko se conocieron a los seis y cinco años, respectivamente, en Sakanoshita. Ambos congeniaron al instante y al sabor de un helado se hicieron inseparables. Se veían semanalmente en Sendai debido a una pasión que tenían en común, pero cuando ella cumplió los diez años las visitas cambiaron de edificio. Desde ese momento, más cosas los unieron. Estaban felices de que ahora, por los siguientes dos años, compartirían preparatoria. Si bien Hiroki estaba en segundo año, eso no le impediría seguir rondándola cuando ella llegara a tercero.

—Take - chan de verdad está ilusionado con el club de voleibol. Desde que le dieron el puesto no ha parado de correr y hacer llamadas. Al parecer, los zapatos de tu abuelo son muy difíciles de llenar ofrecen Hiroki mientras se llevaba a la boca algo de lechuga.

Maiko tragó con algo de dificultad.

- ¿Take - chan ?, ¿se te ocurrió a ti?

El pelinegro negó.

—Un chico que va a mi clase le dio ese apodo. Inmediatamente, todo el salón comenzó a llamarlo así. Es divertido. —El chico le devolvió su típica mirada grisácea llena de alegría. En sí, Hiroki parecía sacado de una tarjeta de felicitaciones. Era imposible verlo triste o enfadado—. Cambiando de tema, ¿qué harás para que tu primo entrene al equipo?

La chica se limpió las manos antes de cerrar la bandeja de su almuerzo, que por cierto estaba increíblemente deliciosa. Acto seguido, llevó su mano derecha hasta su mentón para pensar en sus siguientes palabras.

—En realidad mi plan inicial era sentarme y hablar con él sobre esta oportunidad, pero al analizarlo con más detalle, pues… perdería mi tiempo. Keishin suele ser muy testarudo. Entonces, Takeda - sensei me entregó esto. —Buscó en el bolsillo de su chaqueta del uniforme la hoja que el sensei le había entregado por la mañana—. Son los nombres de los integrantes del club se voleibol, incluidos los cuatro alumnos de primero que quieren ingresar a él. De casualidad, ¿conoces a alguno?

Hiroki tomó la hoja reconociendo al instante la caligrafía de Takeda - sensei. Luego miró a su amiga sintiéndose ligeramente ofendido ante su pregunta. ¿Qué si conocía al club de voleibol? ¡Por supuesto que los conocía! Es más, conocía a todos en esa maldita preparatoria.

—Amiga, tu pregunta me ofendió en serio. —Por un momento, Maiko creyó en esa seriedad—. Por algo llevo ya un año aquí. Conozco hasta los invisibles que pertenecen al coro.

—Entonces, ¿me ayudarás? —Preguntó con ilusión.

—Solo si ves mi práctica el día de hoy.

Aquello se tradujo como un balde de agua congelada en la espalda de la chica. Sin querer, recordó al invitado de piedra que tenía escondido en su armario. Eso no podía ponerse peor, no podía.

- ¿Sigues practicando? —Preguntó con cautela.

—Claro que sí. Recuerdo haberte dicho desde que nos conocimos que quería vivir de esto. También quiero tener una cafetería que sirva comida gourmet.

Ambos rieron como en los viejos tiempos, aquellos tiempos en donde se animaban cuando estaban cansados o se curaban las heridas y ampollas de sus pies.

- ¿Y practicas aquí?

—El subdirector me prestó uno de los almacenes del segundo piso del gimnasio. Desde allí tendrás una vista panorámica perfecta de esos cuerpos sudorosos cuando practican sus saques. —Tanto el joven como la chiquilla se sonrojaron levemente—. Después de clases, pasaré por ti para ir hasta el almacén y de camino te iré enseñando a cada integrante del equipo. Luego observarás mi práctica y quizá, con algo de suerte, te vuelves a entusiasmar.

Maiko suspiró con desgano al creer hacia dónde iba todo esto.

—Más te vale no estar engañándome.

- ¿Desde cuándo te he mentido, Mai - chan?

Por la tarde, los amigos se dirigieron con calma hacia el edificio. A esa hora era normal ver a los alumnos ir hacia los clubs. Los de primer año iniciaban la siguiente semana por lo que debería que conformarse con los de segundo y tercero. Ya vería después cómo transmitirle esa información a su primo.

—Y bueno, aquella elegante y bella dama es la manager del equipo, Shimizu Kiyoko. Linda, ¿verdad? —Las cejas de Hiroki subían y bajaban para darle énfasis a sus palabras.

- ¿Es enserio, Hiroki? Es tu hermana, por supuesto que la conozco.

Maiko conoció a Kiyoko, al igual que Toshio, el mayor de los Shimizu, el mismo verano que a su mejor amigo. Le resultaba extraño que siendo tan unidos fueron tan diferentes. Incluso, a ella le costó entablar una amistad sincera con la joven pelinegra debido al miedo que le producía la mayor cuando se le quedaba mirando seriamente. Quizá por eso Hiroki se fijó en ella desde el principio. Una vez le escuchó decir a su medio hermano que los entusiastas siempre terminaban adoptando a algún tímido como amigo. Inmediatamente, la Maiko se sintió como un gatito.

—Pensé que Hiroki mentía cuando me lo ofrecieron al estrechar a la más pequeña entre sus brazos. Con los años, del miedo pasó al cariño y la amistad. Para la mayor, Maiko se había convertido en algo así como su hermana pequeña -. Me alegra que estés aquí, Mai - chan.

—Lo mismo digo, Kiyoko - senpai oferta graciosamente.

Kiyoko podía ser la persona más directa y fría sobre la faz de la tierra, pero, una vez que se le conocía y entraba en confianza, se convertía en la más divertida y amable de las chicas.

Minutos más tarde, la manager emprendió rumbo hacia el gimnasio. Los amigos hicieron lo mismo, pero sin ser vistos por ella. La idea era que absolutamente nadie se enterara de sus reales intensiones. De ser descubierta, quedaría como la peor sicópata de toda la preparatoria.

—Deja de ponerte nerviosa. Nadie nos está viendo Hiroki mientras arrastraba a su amiga por el pasillo.

Caminaron por un pabellón hasta girar a la derecha y encontrarse con un largo corredor hacia el gimnasio. Maiko podía jurar que desde su posición podía escuchar el típico sonido que las zapatillas al tener contacto con el suelo de madera. Pero algo más interesante llamó su atención. Dos chicos, uno pelinegro y otro peli naranja, se miraban con furia en la entrada del gimnasio que, extrañamente, mantenía sus puertas cerradas.

—Y esos de ahí, ¿quiénes son? —Preguntó sin dejar de observarlos. Le parecían un dúo de lo más extraño, pero amistoso a la vez.

Hiroki los miró, pasando sus ojos de uno a otro en repetidas ocasiones.

-Ni idea.

La pareja quiso pasar en medio del dúo, más la entusiasta voz del más bajo los hizo detenerse:

- ¿Ustedes pertenecen al club de voleibol también ?, ¿pueden decirle al capitán que nos deje pasar? ¡Prometemos que nosotros dos seremos un equipo y cooperaremos entre nosotros!

Maiko pensó que aquel chico hablaba muy rápido y que el más alto no dejaba de asesinarla con la mirada. Era muy intimidante, la verdad. Si en un principio, aquellos chicos le parecieron graciosos, ahora le parecían una extraña combinación química dispuesta a hacer explotar sus nervios.

—Lo siento, chicos, pero nosotros somos de otro club y si nos permiten…

Hiroki arrastró a su amiga hacia el interior del gimnasio en cuanto su hermana le abrió la puerta. Mientras tanto, Maiko atinó a levantar levemente su mano en señal de saludo y disculpa. Hiroki podía ser muy alegre, pero a ratos se parecía demasiado a su hermana.

El más bajo le sonrió mientras hacía un gesto con las manos de que todo estaba bien. En cambio, el más alto se limitó a fulminarla con la mirada y correr la vista hacia un lado, completamente ofuscado mientras la puerta se cerraba frente a ella.

Soltó un bufido involuntario, cargado de cansancio y estrés.

Y eso que se trataba del primer día.