Disclaimer: la siguiente es una historia escrita por Wu Yi Ning Si. Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, mientras que la traducción realizada de inglés a español fue realizada por mí.


Estaba nevando cuando Sakura Haruno salió del hospital. Los copos de nieve se arremolinaron en el aire y luego cayeron sobre sus largas pestañas, fundiéndose lentamente en agua helada. Parpadeó y finalmente se dio cuenta de que ahora era invierno.

El invierno en Tokyo era muy frío, pero su corazón estaba mucho más frío que eso. Sakura se estremeció y se envolvió una apretada bufanda alrededor del cuello, mientras tanto sostenía un papel arrugado en la mano: era un certificado médico.

Se dirigió a la parada del autobús y esperó a que llegara éste. Tenía los dedos rígidos por el frío, pero aún así intentó marcar un número con el que estaba muy familiarizada. Luego de unos minutos, se hundió en la desesperación ya que nadie contestaba el teléfono. Siguió marcando pero fue en vano.

Sakura arrugó el papel y lo tiró a la basura, sintiéndose decepcionada y frustrada.

Media hora después, finalmente llegó el autobús. Subió y se sentó junto a la ventana. Había poca gente dentro, el ambiente era tranquilo y sereno, lo que relajó sus ansiedades reprimidas. Apoyó la cabeza contra la ventana de cristal y volvió a marcar el número. Esta vez alguien respondió.

–¿Hola?

–Está nevando ahora. Se acerca el invierno. –Dijo Sakura en voz baja y suave, las lágrimas caían silenciosamente por sus mejillas. Habían estado juntos durante catorce años, pero ahora algo había cambiado.

En el otro extremo de la línea, Sasuke Uchiha, acostado al lado de su nueva amante, le indicó a la joven que se callara y preguntó con impaciencia:

–¿Qué pasa? Todavía estoy trabajando horas extras en la oficina. –Obviamente, estaba cansado de los desconcertantes comentarios de Sakura.

–No has estado en casa por mucho tiempo. ¿Puedes volver esta noche? –Suplicó mientras frotaba el anillo de plata alrededor de su dedo anular derecho una y otra vez, las lágrimas brotaban de sus ojos tristes, cruzaban su rostro y caían sobre el dorso de su mano.

Sasuke sintió en sus huesos que algo le había pasado a Sakura, así que preguntó:

–¿Qué sucede?

Sakura no respondió a su cuestionamiento; en cambio, volvió a preguntar:

–¿Puedes volver esta noche? Siempre comemos dumplings cuando nieva en nuestra ciudad natal. Te prepararé algunos.

–No, estoy ocupado ahora. –Dijo Sasuke decididamente, mientras se cansaba de la monótona personalidad de Sakura. –Quédate en casa y no hagas nada. Le pediré a mi asistente que te lleve unos, ¿de acuerdo? Ahora voy a trabajar de nuevo, adiós. –Colgó el teléfono sin dudarlo después de decir eso.

A Sakura le dolió el corazón por la negativa de Sasuke de regresar a casa.

Lentamente puso su teléfono celular en el bolsillo de su abrigo como un muerto viviente sin alma.

Sasuke Uchiha era el presidente de su propia empresa. ¿Realmente tenía tanto trabajo que hacer que ni siquiera tenía tiempo para cenar con Sakura? Tonterías.

La verdadera razón era que Sasuke tenía una amante.

Sakura era tan intuitiva e inteligente que sabía claramente que Uchiha Sasuke le había puesto los cuernos durante casi cuatro años. Pero hizo la vista gorda ante este hecho, no porque no le importara en absoluto, sino porque temía que se separaran por completo si tomaba cartas sobre el asunto. Había amado a este hombre durante más de diez años y prefería tolerar sus traiciones que dejarlo. Había demostrado que aquel era amor verdadero y no sólo un impulso repentino causado por las hormonas del crecimiento.

En los últimos cuatro años, Sakura había hecho todo lo posible por ignorar el perfume de otra mujer impregnado en él, las manchas de lápiz labial en su cuello y sus excusas poco convincentes.

Solían amarse mucho y habían experimentado tantas dificultades juntos. ¿Por qué ahora estaban distanciados el uno del otro?

El autobús finalmente llegó a su destino. Salió de él con los ojos rojos y el rostro pálido. Disimuló su tristeza con una expresión amable, como si nada le hubiera pasado.

Se fue directamente a casa sin comprar comida, porque perdió el apetito al recordar la crueldad de Uchiha Sasuke. Tal vez no tendrían la oportunidad de comer dumplings juntos en la primera noche nevada del próximo año. La Muerte estaba detrás de ella, y aún así su esposo la alejaba y se negaba a acompañarla lo que le restaba de vida.


Jugo, quien era el asistente de Sasuke, llegó muy rápidamente con una caja de comida en sus manos. Tocó el timbre, esperando a que Haruno Sakura abriera la puerta. Pronto fue recibido por la mujer de forma apática, –Hola, Jugo.

Jugo le entregó la caja y le preguntó con preocupación y respeto:

–Señorita, ¿se encuentra bien?

Ella asintió con la cabeza y respondió con una expresión avergonzada en su rostro:

–Lamento haberte molestado. La próxima vez no necesitas hacer este tipo de mandados para Sasuke. Quédate en tu puesto y mejor atiende asuntos de verdadera importancia.

Jugo sonrió y dijo:

–Mi deber es complacer a mi jefe. Me paga bien y a cambio hago todo por él. Es un trato justo.

Sus palabras aliviaron la culpa de Sakura, y tuvieron una breve charla antes de que Jugo finalmente se fuera.

Sakura cerró la puerta y se sentó a la mesa, boquiabierta ante la caja llena de dumplings. Se sintió impotente y triste.

Durante los primeros 10 años de su convivencia, cada año permanecieron juntos en la primera noche nevada. Se sentaban en esa misma mesa, en la que colocaban envoltorios, masa y deliciosos rellenos, y preparaban dumplings en un ambiente alegre. En una ocasión, Sasuke agregó muchos dulces y monedas en los dumplings y se quejó alegando que a Sakura siempre le tocaban los de la buena suerte. Entonces, Sakura tomó en secreto todos los dumplings de la buena suerte y luego los puso en el tazón de Sasuke.

Sakura se despertó de esos recuerdos para encontrarse con su nariz sangrando nuevamente. Sucedía con tanta frecuencia en estos meses que se había acostumbrado a las hemorragias nasales repentinas. Se secó la sangre con servilletas de papel y pensó burlándose de sí misma: ¿Por qué contraje esta enfermedad? Tal vez sea porque solía darle todos mis dumplings de la buena suerte a Sasuke. Y ahora ya no tengo nada.

Finalmente, solo comió cuatro dumplings y se acostó. Cuatro estaciones, cuatro dumplings. Paz todo el año. Eso era suficiente para ella. Sakura yacía en la cama, perdiendo poco a poco la conciencia. Una ligera fiebre la arrastró al agotamiento. Necesitaba dormir bien para ahogar sus penas. Mañana sería otro día.

Buenas noches, mi amor, Sasuke.