Nota: No sé qué escribí, pero si no lo hacía, no iba a perdonarme... Hay ligero SuguRiko, porque me enamoré de ellos.


Porque así como las cosas suben, deben bajar.

Porque así como tus convicciones pueden ser claras y tus creencias firmes, pueden nublarse y flaquear. Y puedes hallarte perdido en un mar de preguntas sin respuesta.

Porque no siempre se halla la respuesta a todo, siempre algo debe sobrar o faltar. Simple.

Porque llega un punto en tu vida donde te das cuenta que nada es tan blanco o tan negro, y que hay una gama de grises; y que tan grises deben ser tus decisiones o pensamientos, los decides tú.

Porque hay situaciones que te hacen dar cuenta de que la vida nunca es justa pero tampoco demasiado injusta. Pues, la vida no tiene preferidos.

La vida puede tratarte bien un momento y al rato, puede hacerte sufrir como un juego de niños.

Porque en esta vida, existen y pasan tantas situaciones que te hacen pensar. Te hacen cuestionarte, te hacen dudar, te hacen caer y te hacen llorar.

Nada es inmaculado, pero nada es tan percudido. Puede existir una pequeña luz entre tanta oscuridad.

Y esta misma, puede devorar esa luz en un santiamén.

Y es ahí donde Suguru se pregunta, ¿Vale la pena seguir? ¿Vale la pena seguir salvando tantas vidas por el valor de una? ¿Vale la pena comer maldiciones que saben a lo más vil y menospreciado de las personas?

¿Seguir siendo un hechicero…Vale realmente la pena?

Y es que, desde que Riko murió, las cosas comenzaron a decaer en su vida. Sus ideales, sus sueños, su razón de ser.

Todo.

Porque casi siempre es perdóname Riko, perdóname.

Y a veces es adiós, Gojō, Ieiri, todo lo que conocí, adiós.

Porque nada es ni tan blanco ni tan negro.

Y él, decidió ser el más gris de todos.