* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studdio Mapa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Aclaración: Este pequeño relato transcurre antes del capítulo 10 del anime.


Capítulo 3

Sonrisa

— Cejas

— Ce…jas…

— Ojos.

—O… o… ojos…

— Nariz.

— Na…riz…

— Boca.

— B-bo… ca…

Conforme Dororo iba mencionando cada palabra nueva iba tocando cada parte mencionada en el rostro de Hyakkimaru y este repetía las palabras para memorizarlas.

El mayor no podía comprender muy bien porqué lo hacía, y por, sobre todo, al ver todo como siluetas blancas no tenía la menor idea de cómo lucían en realidad, pero eso no era lo realmente importante, el verdadero objetivo de las enseñanzas de Dororo era para que él pudiera comprender el significado de diferentes palabras.

— ¿Lo entiendes, Aniki? —Continuó la pequeña ladrona dejando apoyada sus manos en las mejillas del joven espadachín—Esas son las partes de tu rostro, es importante que las recuerdes. Sé que no tiene mucho sentido que lo sepas ahora pues aún no recuperas la vista, pero cuando puedas ver y ya sepas estas palabras estoy segura que te serán de mucha utilidad.

Mientras Dororo le seguía explicando esto, Hyakkimaru relajó su rostro y se perdió en la agradable y cálida sensación que ocasionaban las pequeñas manos de la niña en su rostro, era un tacto tan cálido y placentero.

En un auto reflejo soltó un bajo suspiro de tranquilidad. Dororo pareció notar el cambio en su semblante pues de inmediato preguntó:

— ¿Qué pasa, Aniki? Ahora luces muy tranquilo…

— Dororo… Bien… Está bien…

Apenas comenzaba a hablar más y a entender el significado de diferentes palabras, por lo cual aún cometía errores y se expresaba por medio de las primeras frases que le venían a la cabeza. Intentó decirle a Dororo que sus manos en su rostro se sentían bien, por desgracia no usó las palabras correctas.

La pequeña pudo entender que se refería a sus manos en su rostro cuando Hyakkimaru levantó sus manos de madera y las dejó apoyadas contra las suyas. Al hacer esto, Hyakkimaru captó cierta tensión en ella, y de nueva cuenta, una pequeña flama rosa apareció en el pecho de la menor.

Antes de que otra cosa pasara Dororo se las arregló para separar sus manos del rostro de Hyakkimaru y alejarse de él dando un ágil salto hacia atrás, ocasionando que el mayor ladeara su cabeza confundido ante sus repentinos movimientos. Le fue imposible no sentirse decepcionado al dejar de sentir sus cálidas manos sobre su rostro.

— B-bueno, ya fueron suficientes lecciones por hoy. —Exclamó Dororo con nerviosismo, comenzando a caminar—. Lo mejor será que busquemos algo de comer antes de que anochezca.

— ¿Por qué? —Preguntó Hyakkimaru mientras comenzaba a seguir a Dororo.

— Porque si nos esperamos será más difícil que encontremos algo en la oscuridad.

— ¿Por qué?

— Porque la noche es oscura.

— ¿Por qué?

— Porque la luna no ilumina tanto como el sol.

— ¿Por qué?

Dororo suspiró frotando sus cienes, tratando de juntar toda la paciencia que le era posible. Hyakkimaru había entrado en una extraña etapa del "porqué", desde hace días no dejaba de preguntar el porqué de todo.

— Se supone que tú eres el mayor, Aniki…

Susurró la niña con ironía. Era molesto, sin embargo, no podía culparlo por hacerlo. Entre más sentidos iba recuperando y dado que ya podía comunicarse mejor, era normal que quisiera entender y saber el significado del mundo que lo rodeaba.

Dororo lo sabía, que Hyakkimaru era como un niño pequeño descubriendo todo por primera vez, desconocía muchas cosas y ella era la única que podía explicárselas. Por esta razón debía ser paciente con él y comportarse como una hermana mayor que le explicara todo, ella deseaba hacerlo por Hyakkimaru.

— Dororo… ¿por qué?

Insistió. Claro, no lo iba a dejar pasar tan fácilmente.

Esto solo empeoró conforme los días pasaban, la etapa del porqué se combinó con una nueva etapa, la etapa de la imitación. Hyakkimaru seguía preguntando el porqué de todo, pero también comenzó a imitar todo lo que Dororo hacía.

Dororo bostezaba, él también lo hacía, se estiraba, el mayor la imitaba, se rascaba un costado, lo hacía también. Eso claro, venía también con sus respectivas preguntas del porqué de sus movimientos o acciones.

— "Es como viajar con un niño de cinco años. —Pensó Dororo cruzándose de brazos, observando como Hyakkimaru también lo hacía—. Bueno, aunque esto es más divertido. Tal vez pueda hacer cosas graciosas y obligar a Aniki a que las haga también al imitarme".

Dororo río maquiavélicamente en voz baja al retomar su camino, Hyakkimaru simplemente la siguió en silencio. La traviesa niña pensó en que podía obligar a hacer al mayor por unos cuantos minutos cuando se percató de algo extraño.

— Es cierto Aniki, casi nunca sonríes.

— ¿Son… sonríes? —Preguntó Hyakkimaru consternado.

— Si… te he hablado de las emociones, sin embargo, nunca sonríes.

Su Aniki ladeó su cabeza con confusión, tal parecía que no podía comprender nada de lo que Dororo decía. Viendo esto, la niña prosiguió:

— Lo recuerdas ¿no es así? Como esa vez que te reíste de mí cuando me asustó esa araña.

Hyakkimaru asintió levemente, a pesar de esto, no hubo cambio en su semblante. Dororo refunfuñó un poco antes de seguir hablando:

— ¡Debes sonreír más Aniki, te haré sonreír!

Alzó la voz con determinación y se llevó sus dedos a su boca, con ellos jaló sus labios hacia arriba para formar una sonrisa en su rostro. Su plan era que Hyakkimaru la imitara para hacerlo sonreír, pero no salió como esperaba.

En efecto, Hyakkimaru la imitó, pero al no poder verla más que como una flama blanca no le fue posible notar correctamente los movimientos de Dororo, por lo cual solo colocó sus manos en su boca, su semblante era tan indiferente como siempre.

— No, así no era…—Se quejó en voz baja, pero Dororo era testaruda, no se iba a rendir tan fácilmente—Da igual. Quiero ver tu sonrisa Aniki, te haré sonreír.

Ya lo había intentado anteriormente pero no importaba, se lanzó hacia él e intentó hacerle cosquillas de nuevo. Por segunda ocasión no hubo reacción del mayor, Hyakkimaru simplemente bajó su rostro, apreciando con atención los movimientos de la pequeña alma blanca que era Dororo.

— Es imposible. Aniki, no puedo creer que no tengas cosquillas.

Dororo se rindió y se alejó de él, sin embargo, cayó en cuenta de las consecuencias de sus actos demasiado tarde. Si Hyakkimaru seguía imitando todo lo que ella hacía eso quería decir que… Apenas se había dado cuenta de esto cuando Hyakkimaru se acercó a ella y en efecto la imitó, comenzó a hacerle cosquillas en su pequeño estómago.

No pudo soportarlo por mucho tiempo, la niña comenzó a soltar unas fuertes y potentes carcajadas. Era tanta su risa que incluso se dejó caer de rodillas al piso mientras Hyakkimaru continuaba con las cosquillas.

— ¡B-basta! —Balbuceó entre risas, sus ojos se cerraron, incluso las lágrimas habían salido de sus ojos—¡Suficiente Aniki, ya no me hagas más cosquillas! ¡Ya no lo resisto!

Al escuchar estas palabras Hyakkimaru se detuvo al instante. Dororo calmó su risa poco a poco y al abrir sus ojos no pudo creer lo que vio, Hyakkimaru tenía una pequeña sonrisa en sus labios.

— Aniki…—Susurró la niña anonada.

Hyakkimaru se percató de esto pues tocó su boca con confusión, y le dijo extrañado a Dororo:

— Dororo… Mi boca… es extraño…

— No es extraño Aniki… ¡es tu sonrisa! ¡Estás sonriendo!

— Sonrisa…

Repitió esto y al escuchar como Dororo seguía riendo su boca volvió a moverse de nuevo sola hacia arriba, volvió a sonreír. Sintiendo una placentera sensación cálida en su pecho se dio cuenta de algo, pudo comprender que la risa de Dororo lo hacía sonreír.

— Aniki, debes sonreír más a menudo a partir de ahora ¿de acuerdo? —Le dijo Dororo con dulzura, tomó su mano y la jaló para hacerlo caminar con ella—Vamos, debemos seguir nuestro camino.

Sonreír era agradable, ese día pudo entenderlo. Al escuchar las palabras de su pequeña acompañante se dio cuenta de algo, mientras ellos dos siguieran viajando juntos el poder sonreír de nuevo estaba más que asegurado.

FIN