Avión navideño rumbo a tus recuerdos
Suspiré al revisar el nuevo mensaje que me había llegado de parte de mi madre, un escueto "ánimo" junto a una cara sonriente, como si eso arreglara mi mala suerte al ser de las pocas y desafortunadas personas que deben viajar más de 12 horas en la víspera de la navidad por un jefe caprichoso que, simplemente, no quería ser él quien se perdiera una fecha tan importante como esa. Miré de reojo las ostentosas decoraciones que cubrían casi la totalidad del aeropuerto y a niños caminando de la mano de sus padres, ya sea con grandes sonrisas al poder conocer otras partes del mundo como regalo de navidad o con quejas y muecas al tener que visitar a familiares que con suerte si verán una vez al año.
La voz del altoparlante interrumpiendo los villancicos navideños, me dio a entender que mi vuelo estaba por salir, por lo que acomodé mejor mi abrigo y agarré el mango de la pequeña maleta a mi lado para dirigirme rumbo a la escotilla del avión rumbo a Estados Unidos.
Al notar la longitud de la fila volví a suspirar, para luego teclear algunas palabras a mi madre dándole a entender que pronto me embarcaría y tendría que apagar el teléfono. Levanté levemente la mirada al sentir un ruido a mi lado, encontrándome con un joven que parecía ser de mi edad, tal vez mayor, de llamativo cabello bicolor peinado de manera extravagante y vestido con un buzo deportivo de detalles rojos. Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue el hecho de que se movía constantemente tratando de ver el comienzo de la fila y notablemente inquieto por algo.
Sin percatarme, mantuve mi mirada sobre él más tiempo del que hubiera debido, lo que hizo que éste se percatara de mi presencia y me sonriera ampliamente. No pude evitar desviar la mirada por instinto de manera muy poco disimulada, hecho por el cual me reprendí mentalmente para luego volver a observarlo de reojo y notar que parecía deprimirse al haber sido ignorado. Intenté parecer interesado en cualquier cosa que no sean esos luminiscentes ojos ámbar y, en esos momentos, los números del boleto de avión parecían ser una buena opción. De repente, sentí un leve jalón de uno de mis brazos y, sabiendo de quien se trataba, intenté mostrarme lo más sereno posible.
—D-disculpa, no quería molestarte, pero ¿podrías guardarme el puesto en la fila mientras voy al baño?— Preguntó rascándose la nuca en un claro signo de nerviosismo.
"Así que por eso se movía tanto" No pude evitar pensar.
—Está bien, pero no creo que tenga mucho tiem-
No alcancé a terminar la frase para cuando el joven ya estaba corriendo toda una maratón rumbo al baño.
Noté que había dejado casi todas sus pertenencias a mi lado, lo que me hizo pensar que se trataba de una persona que, o bien, no viajaba muy seguido o era muy ingenua. No pude evitar mirar de reojo las inscripciones y pegatinas en su maleta que daban a entender que al parecer gustaba bastante del deporte, en especial, del Volleyball.
Mis pensamientos fueron interrumpidos al notar el repentino avance de la fila y a los recepcionistas de los boletos cerca. Sin saber muy bien qué hacer, tomé las cosas del desconocido para seguir avanzando y voltear la mirada de tanto en tanto esperando que alcance a llegar.
La ansiedad fue en aumento al reparar en la pequeña cantidad de personas que quedaba frente a mí, por lo que tuve que recurrir a dejar pasar a la gente que había llegado después. Sin embargo, hubo un punto en que esto dejó de ser posible, llegando a ser el último en la fila y con la mano exigente de los funcionarios del vuelo esperando mi boleto.
Volteé por última vez en espera del joven, pero éste no daba rastros de aparecer, por lo que tuve que recurrir a un plan de emergencia.
—No puedo subir al vuelo— Dije escueto ante el rostro confundido de los funcionarios.
—S-señor, esta fila es para subirse al avión— Mostró una sonrisa la joven frente a mí— ¿Puede explicarme sus motivos?
Tragué pesado en búsqueda de alguna excusa que pudiera ganar algo de tiempo, sin embargo, al no llegar a nada, opté por lo clásico.
—Tengo dolor estomacal— Dije, pero supongo que mi rostro neutral no ayudaba en demasía.
Ellos se miraron entre sí, para luego volver a sonreírme.
—Si gusta puedo recomendarle unos medicamentos o-
—No será necesario— La interrumpí— Quiero decir, no me duele tanto como para no poder caminar, pero si para tener que quedarme en la fila por, al menos, diez minutos más— Agregué viendo mi reloj.
—Señor, eso no será posible, el vuelo debe salir pronto y-
Ignoré sus explicaciones al ver cómo se asomaban por el pasillo los mechones bicolor del chico deportista, sin embargo, fue justo en el momento en que ya comenzaban a cerrar el túnel para el ingreso al avión.
Se notaba que el joven hacía todo lo posible por llegar y, al encontrarme sin otra opción, fingí una caída dramática sobre el suelo tratando de cubrir mi rostro del vergonzoso acto que estaba haciendo.
—Oh no— Exclamé sin mucho ánimo— Siento que la cabeza me va a explotar.
—¿No que era dolor estomacal?— Preguntó la chica con cierto resentimiento.
—¿No que su trabajo era asistir a la gente?— Contraataqué viéndola de reojo desde el suelo.
—¡Ah! ¡Esperen...me?— Se quedó paralizado el chico de cabello bicolor al ver la extraña escena de mi tirado en el suelo y a la joven funcionaria siendo retenida por su compañero para no golpearme.
—Ya era hora de que llegaras— Dije levantándome del suelo y lanzándole sus pertenencias, las que atrapó como si nada.
Le mostré mi boleto al funcionario más calmado y me dirigí al túnel de ingreso al avión tratando de controlar el impulso que me hacía querer voltear para comprobar la presencia del chico hiperactivo. Sin embargo esto no fue necesario, ya que minutos después, éste ya estaba nuevamente a mi lado en la escalera que daba al avión.
Intenté permanecer indiferente a las miradas que me daba o a los movimientos nerviosos que hacía cual cachorrito avergonzado, pero llegó un punto en que estos ya colmaron mi paciencia, aunque siempre me han halagado por su alto medidor.
—¿Sucede algo?— Terminé por preguntar haciéndolo sobresaltar y provocando que me mirara con cierta vergüenza.
—No, bueno, en realidad quería agradecerte por lo sucedido en la entrada...aunque no haya entendido muy bien, pero fue gracias a ti que alcancé a llegar ¿verdad?— Dijo de forma algo rápida, por lo que solo le entendí a partes, sin embargo cualquier pensamiento quedó diluido al ver cómo formaba una amplia sonrisa— ¡Muchas gracias!
Un sonrojo se formó en mi rostro, obligándome a voltear la mirada tratando de ocultarlo.
"¿Pero qué me pasa? Si lo acabo de conocer" Me reprendí mentalmente, para luego percatarme que llevaba rato sin responder y que el hiperactivo joven ya se estaba inquietando por ello.
—No es nada— Respondí, aún evitando su mirada— Conozco los problemas que conlleva perder un vuelo y no se los recomendaría a nadie.
Él me miró con curiosidad mientras íbamos avanzando por los pasillos del avión.
—¿Viajas muy seguido?— Preguntó, en tanto yo me empezaba a cuestionar por su asiento, ya que ya llevaba caminando un buen trecho junto a mí.
—Si, se podría decir que es una de las tantas exigencias de mi trabajo— Dije de forma casual mientras iba chequeando los números en los asientos.
—Ya veo...— Se rascó la nuca en un gesto nervioso— La verdad es que esta es la primera vez que yo viajo en avión.
Alcé mi ceja escéptico, puesto que me había parecido por su maleta que se trataba de algún tipo de deportista reconocido, de esos que viajan por el mundo y cosas así. Iba a preguntarle al respecto, pero eso me llevaría a involucrarme de más y es algo que prefiero evitar.
—Pues, en ese caso, espero que sea una grata experiencia— Dije más por cortesía que por otro motivo, sin embargo el brillo de emoción que se instaló en sus ojos ámbar me dio a entender que le dio más importancia a mis palabras que yo mismo.
—¡Muchas gracias!
Simplemente asentí con la cabeza algo nervioso, para después desviar la vista y encontrar mi salvación a manos de aquel asiento junto al pasillo que parecía brillar junto a la asignación "B-16", equivalente a mi boleto.
Una vez llegamos a la línea de mi asiento, iba a proceder a despedirme, pero al ver cómo el joven no parecía entender nada acerca de la disposición de asientos, me vi en la obligación de ayudarlo.
—¿Sabes en qué sección te tocó?— Le pregunté haciendo que apartara su mirada del boleto.
—Si, sé que estoy en la sección correcta pero no entiendo eso de las letras— Explicó formando muecas con su boca.
—Veamos— Dije acercándome para ver mejor su boleto, lo que hizo que se sobresaltara un poco— Acá dice que es "A", por lo tanto debe ser un asiento junto a la ventana, y el 15 pues...ah...
Él me quedó mirando confundido mientras yo repasaba mentalmente si hoy había echo algo que hubiera enfadado a Dios o algo así. Supongo que pasar el cumpleaños de su hijo viajando y trabajando haría enojar a cualquier padre ¿no?
—Es...el asiento junto a mí— Dije casi en un susurro mientras era testigo de unos ojos que me brillaban con una emoción exagerada.
—¡Viajaremos juntos!
Una extraña sensación de relámpagos cayendo a mi alrededor me hizo considerar la tentadora idea de huir del avión, sin embargo, el sonido de las indicaciones de seguridad me indicó que ya era tarde.
Resignado, acomodé mis maletas en la parte superior y me senté mientras observaba de reojo cómo el chico-de-trastornos-bipolares trataba de acoplar su maleta junto a las demás sin destruir el compartimiento en el proceso.
Al ver cómo hacía acopio de fuerzas para incrustar su equipaje en el diminuto espacio, tomé la iniciativa para ayudarlo justo en el momento en que empujó más fuerte y más de 10 maletas cayeron de lleno encima de la azafata que se acercaba.
—¡Ay, dios! ¡Creo que la maté!— Dijo entrando en pánico— ¡Una ambulancia! Espera ¿las ambulancias pueden entrar a los aviones? ¡Ay, no! ¡Una ambulancia aérea, por favor!
—Cálmese, por favor— Dije indeciso de ayudar a la azafata a levantarse o tratar de calmar la crisis de pánico del chico.
Al final, por suerte, nadie murió, la azafata está bien, las maletas están bien y mi salud mental también, aunque no por mucho considerando la extensión del viaje.
Suspiré con la mirada preocupada hacía mi compañero, quien por fin había logrado quedarse tranquilo por...¿5 minutos?
—Lo siento— Fui testigo de cómo su cabello caía levemente— No hago más que causarte problemas desde que nos encontramos.
—No tiene que preocuparse— Le respondí, analizando si su cabello no tendría algún extraño nervio que conectara con sus emociones al ver que volvía a encresparse— Son cosas que ha cualquiera le pueden pasar.
—Realmente eres una buena persona— Dijo tomándome por sorpresa— Ahora que lo pienso, aún no me he presentado, mi nombre es Bokuto Kotarou.
"Bokuto Kotarou...es un nombre que definitivamente calza con él" Me dije considerando sus grandes ojos similares a los búhos y su energética personalidad comparable a la luz.
—Es un gusto, Bokuto-san— Terminé por decir tras mi análisis mental— Yo soy Akaashi Keiji.
—¡Whoa!— Exclamó de repente sobresaltándome— Es un nombre muy hermoso, definitivamente calza contigo, Akaashee.
Me ahorré el comentario asociado a la alabanza a mi nombre con la posterior desfiguración de éste, cuando pasaron a decirnos que el despegue estaba por comenzar.
Noté como el nerviosismo de mi compañero se acrecentaba, lo que de cierta forma terminaba por contagiarse a mí.
—No tiene que preocuparse tanto, en todos los viajes que he vivido nunca ha sucedido nada malo— Dije en un intento por tranquilizarlo.
Él me vio con algo de sorpresa por el repentino gesto y después formó una media sonrisa.
—Si...es solo que, pues, ayer estaba tan ansioso por el viaje que no podía dormir, así que me puse a ver películas sobre aviones, sin embargo en la mayoría terminaban cayendo, explotando o desapareciendo en una dimensión desconocida— Explicó mientras trataba de identificar el tipo de películas que, definitivamente, no se deben ver antes de viajar en avión— Pero supongo que tienes razón, después de todo, esas películas empezaban de manera distinta como con cortes de luz o que justamente ese día un piloto nuevo se encargue del viaje.
Como llamado por sus palabras, las luces del avión repentinamente fueron cortadas, quedando a oscuras con sus ojos ámbar frente a mí.
—Q-que falla técnica más inoportuna— Tartamudeé sin poder evitarlo.
—S-si— Recibí una respuesta no muy convencida.
Tras algunos minutos que se hicieron eternos, la luz del avión volvió junto a un suspiro de alivio que salió involuntariamente de mis labios, para después ser disimulado por una repentina y fingida tos.
—¿Lo ve? No sucederá nada malo— Dije sin saber si me estaba convenciendo a mi mismo o a él.
Su respuesta fue opacada por el sonido de los altavoces con la voz del piloto a cargo.
[—¿Holo? ¿Se escucha?
—No puedes escuchar sus respuestas, idiota.
—¡Auch! Yaku-san, eso dolió. Ejem, para empezar quiero disculparme por el corte de luz, es que, pues...juraba que ese botón era para la comida. Son cosas que pasan.
—Solo a ti te pasan cosas como esas.
—Yaku-san, no me humilles frente a mis pasajeros. Bien, como decía, mi nombre es Haiba Lev y seré su súper piloto durante este súper este viaje, así que ¡ajústense sus cinturones para el mejor viaje navideño de sus vidas! Jo Jo Jo.
—¡Ah, Lev! ¡Cuidado, que casi aprietas el botón de aterrizaje forzoso!
—¡Ay, no! Lo siento, es que como es mi primer viaje aún estoy algo nervioso y-]
La transmisión fue cortada repentinamente mientras sentía mi rostro ponerse pálido y mis manos aferrarse con mayor fuerza al pasamanos. Sentí esos ojos ámbar mirándome, esperando algún comentario, pero lo único que pude hacer fue fingir una risa que posteriormente fue seguida por él.
—Jajaja ¿de qué nos reímos?— Terminó por preguntar al recordar el ausente motivo de su risa.
—De las bromas de los pilotos— Respondí tras un rato de idearlo, desviando la mirada tratando de no dejar ver mi mentira.
—¡¿E-era una broma?!— Exclamó auténticamente sorprendido y captando la atención de los otros pasajeros.
—Si, siempre sucede, no hay que tomárselo muy en serio— Añadí otra mentira a mi lista.
—Y-ya veo— Fue todo lo que dijo, pero su rostro me hacía ver que no estaba del todo convencido.
Por suerte, sus dudas fueron acalladas con el comienzo del despegue, cuando se aferró repentinamente a mi brazo. Algo enternecido por su acción, le toqué el hombro y le indiqué que mirara hacía su ventana. Él negó con la cabeza cual niño pequeño, pero terminó por ceder ante mi insistente mirada.
Fui testigo de cómo sus ojos se iluminaron emocionados por el paisaje casi mágico que se reflejaba a través del cristal. Las nubes más cerca de lo que nunca estuvieron y la tierra como algo lejano de colores multicromáticos.
—Es...es hermoso— Le escuché susurrar.
Formé una leve sonrisa mientras seguía su mirada y comenzaba a calcular el transcurso del viaje.
1 hora
—¡Akaashee! ¿Qué te parece hacer un juego para conocernos mejor?— Preguntó de repente.
—¿Y de qué se trataría?— Devolví, apartando la vista del libro que pretendía leer.
—¡Preguntas y respuestas!
—Pues suena como un juego bastante simple— Dije para después intentar negarme, sin embargo sus ojos de cachorrito abandonado detuvieron mis palabras— Está bien, pero solo unas cuantas preguntas.
—¡Bien! ¡Yo empiezo!— Anunció de forma alegre— ¿Comida favorita?
—Nanohana sin Karashiae, sigo yo, ¿signo zodiacal?
—¡Virgo! Ahora yo, hum...¿deporte favorito?
—Volleyball— Respondí de forma automática, al recordar mis días en el instituto, a lo que su boca formó una gran "O".
—¡¿En serio?! ¡Yo también amo el Volleyball! ¡Es mi deporte favorito!
—Es por eso que te dedicas a eso ¿no?— Dije al recordar algunas características de sus pertenencias, sin embargo me arrepentí al instante, ya que sonaba como un perfecto acosador.
—¡Wow! ¡Eres genial! ¿Cómo lo supiste?— Preguntó sin rastro de prejuicio por nada.
—Bueno, en su maleta estaba la calcomanía con la insignia del equipo de Japón, además de las firmas de muchos jugadores famosos— Expliqué algo avergonzado por mis análisis— Era de suponer que, o bien, gustaba mucho del deporte o jugaba de manera profesional.
Él seguía observándome fascinado mientras yo trataba de mantener mi rostro indiferente.
—Sin embargo, hay algo que no entiendo muy bien— Dije llamando su atención— Quiero decir, si realmente es un jugador profesional, entonces ¿Cómo es posible que nunca haya viajado en avión?
Él solo sonrió y se rascó la nuca nervioso, lo que solo aumentaba mi curiosidad.
—Pues, antes si nos han convocado a jugar en otros países, es solo que siempre me dio pánico el hecho de subirme a un avión— Lo observé animándolo a continuar— Verás, cuando era niño una vez acompañé a mi papá a uno de esos eventos de navideños típicos de fin de año. Todo estaba bien y alegre hasta que llegó el momento en que llegó Santa Claus subido en un helicóptero y saludándonos desde arriba...y pues, la cosa es que se terminó por tropezar y caer desde el cielo.
Lo observé con los ojos entrecerrados algo impactado por el relato, a lo que él, intentó explicarse mejor moviendo los brazos.
—No fue nada grave, en serio, por suerte Santa cayó en el mar bajo él, sin embargo, no sabía nadar y por el peso de su saco de regalos y ropa comenzó a ahogarse. Todos los niños gritaban que salvaran a Santa y, al final, pudieron mandar una lancha a ayudarlo, pero parte de su barba quedó atrapada en el motor. Finalmente, gracias a la ayuda de todo el personal del evento, no hubo muertes que lamentar, aunque supongo que una parte de mi niñez si murió ese día— Terminó por decir con una sonrisa melancólica.
"No sé si reír o llorar" Me decía mientras cuestionaba si poner una mano en su hombro a modo de consuelo.
—¿Y cómo lo hacías cuando debías jugar en otros países?— Pregunté una vez superada la conmoción de la historia.
—Oh, simplemente caminando.
—¿Caminando? ¿De aquí a dónde?— Pregunté al asociarlo con el "a otros países".
—Hum, que yo recuerde hemos jugado en Corea, España, Italia...
—¿C-caminando?— Repetí algo aturdido.
—Si— Respondió como si fuera lo más normal del mundo recorrerse casi todo un continente o dos a pie.
—Bien— Dije comenzando asumir que la persona a mi lado, definitivamente, no era normal.
3 horas
—¿Akaashee? ¿Estás despierto?— Sentí su voz cerca de mi rostro mientras me negaba a abrir los ojos— ¡No mientas! ¡Te vi parpadear!
Abrí los ojos resignado y posé mi mirada cansada en él incitándolo a explicar el qué tiene contra los instintos naturales de dormir del ser humano.
—Estoy aburrido— Dijo con un puchero, a lo que solo rodé los ojos, para voltearme y volver a intentar conciliar el sueño— ¡No me ignores! ¡Ayuda! ¡Moriré de aburrimiento!
—Pues vea la ventana— Gruñí por lo bajo cerrando los párpados con más fuerza.
—Es el mismo paisaje hace 2 horas— Se quejó.
—Entonces cuéntese los cabellos o algo así— Dije acomodando mejor la manta sobre mí.
—¡Ya lo hice! ¡Dos veces! Son exactamente 102.568 cabellos— Me respondió ya sin sorprenderme con sus ocurrencias.
—Hum...en ese caso ¿por qué no ve una película?— Pregunté, aunque al instante me dije que si había llegado a contarse sus cabellos, es que ya había considera esa opción.
—¿Qué? ¿Películas? ¿Se pueden ver películas en un avión?— Me preguntó auténticamente sorprendido, a lo que levanté la cabeza viéndolo con una mezcla de extrañeza y enfado.
—Por supuesto que si— Respondí señalándole la pequeña pantalla frente a su asiento.
La luz emocionada de sus ojos me dio el paso para por fin cerrar mis párpados y descansar con el sonido de las teclas del control ser presionadas a mi lado.
4 horas
Me desperté con un inusual silencio rodeándome para encontrarme con una orbes ámbar sumamente concentradas en una película que parecía ser de detectives. Lucía tan centrado en la película que ni siquiera se percató de cuando me levanté para dirigirme al baño o cuando volví para volver a acomodarme para dormir.
"Debe ser una película muy buena" Fue mi último pensamiento antes de caer nuevamente en los brazos de Morfeo.
6 horas
Abrí los ojos con solo el sonido del motor de fondo para, esta vez, encontrarme con el hiperactivo chico inusualmente tranquilo y con un gesto pensativo que me asustó más que cualquier otra acción que haya hecho desde que lo conocí.
—¿Akaashe?— Me llamó de imprevisto sobresaltándome.
—¿S-si?— Respondí algo asustado por el repentino cambio de actitud y su mirada seria puesta en mí.
—¿Sabes configurar el idioma de las películas?— Preguntó volviendo a su semblante normal mientras yo notaba en su pantalla los subtítulos italianos.
Decidí que lo mejor era no haber despertado.
8 horas
Le di otra mordida al muffin de frambuesa que nos repartió la azafata, para después enfocar nuevamente la vista en la película. Después de una lucha con la configuración de la pantalla, pudimos establecer los subtítulos en japonés y nos dispusimos a ver ambos una película de ciencia ficción en la pantalla frente a su asiento.
En un principio sentía constantemente sus ojos ámbar sobre mí como analizando mis reacciones a la trama. Sin embargo, esto luego fue intercambiado por sus exclamaciones de sorpresa o expresiones de tristeza según los diálogos de la película. Cuando, finalmente, sentí una inusitada tranquilidad a mi alrededor, volteé la mirada para verlo, éste tenía los ojos cerrados y un pequeño hilo de saliva recorría su barbilla.
Mi primer pensamiento fue el despertarlo, después de todo, él era el que había insistido por casi una hora para ver una película juntos, sin embargo, su expresión de placentero dormir y el pensar en que él debe ser el más cansado de los dos al no dormir nada con anterioridad, detuvieron mis dedos del roce con su hombro.
Me acomodé mejor en mi manta y no me percaté cuando fue que mis ojos, más que interesados en la película frente a mí, quedaban detenidos en aquellas hebras que se resistían a su peinado y caían sin cuidado sobre su frente.
Sin medir el tiempo, mis ojos se fueron cerrando poco a poco hasta acompañarlo en el reino de los sueños.
10 horas
Me desperté tras un extraño sueño con Santas ahogándose y aviones volando hacía otros planetas, para toparme con un par de ojos ámbar que me observaban divertidos.
—¿Bokuto-san?
—Buen día— Me respondió— ¿Tuviste una pesadilla?
Fruncí el ceño al verme descubierto mientras analizaba si, tal vez, había hablado dormido o algo así.
—Si...— Dije con inseguridad— ¿Cómo lo supo?
—Bueno, digamos que tienes más fuerza de lo que parece— Me indicó uno de sus brazos, el cual tenía una coloración levemente cianótica y marcas de dedos en él.
Até cabos y lo solté de inmediato avergonzado de mis propias acciones.
—L-lo siento mucho— Dije volviendo a la calma— Debió simplemente haberme despertado...
Él se detuvo en su labor de intentar volver a hacer circular la sangre por su brazo para sonreírme con un leve rubor en las mejillas.
—Es que lucías muy lindo mientras dormías— Dijo por respuesta haciendo que los colores subieran a mi rostro— Aunque, si te soy sincero...si lo intenté— Agregó señalando su mejilla que, efectivamente, no estaba roja solo por la vergüenza del momento— Fue un gancho impresionante...
—Lo...lo siento mucho— Repetí.
Un nuevo sonido por parte de los altavoces interrumpieron nuestra conversación para dejar paso nuevamente al excéntrico piloto.
[—Ejem, soy yo de nuevo, espero estén disfrutando de la comodidad del viaje y me comunicaba con ustedes para hacerles saber que estamos cerca de enfrentarnos a leves turbulencias pero ¡no hay nada de preocuparse! Les puedo asegurar que todo estará bien ¡cuenten conmigo!]
Nos quedamos mirando con Bokuto-san, sin saber muy bien qué decir, hasta que el altavoz fue encendido de nuevo.
[—¡Yaku-san! ¿Escuchó lo genial que fue mi discurso? Incluso los calmé diciéndoles que serían "leves" turbulencias aunque el radar diga que van a ser horribles ¿a que soy muy inteligente?
—¡Lev! ¡Tienes el altavoz encendido!
—¿Ah? ¡Dios, tienes razón!]
El altavoz se apagó junto a un gran silencio que se hizo presente en todos los pasajeros, los cuales se abrocharon mejor los cinturones, empezaron a escribir cartas o, incluso, algunos comenzaron a rezar.
—E-esa fue otra broma del piloto ¿verdad?— Lo escuché tartamudear a mi lado apuntando con un dedo tembloroso hacía los altavoces.
—¿Ah? Hum...si— Respondí dubitativo— Aunque lo mejor será abrocharnos mejor el cinturón, solo por si acaso.
Él me observó con expresión de terror, para después revisar mejor su cinturón. Vi de reojo cómo su mano temblaba levemente y se relamía los labios constantemente en un evidente signo de nerviosismo.
Lamentándome tempranamente por lo que estaba a punto de hacer, extendí mi mano frente a él sin atreverme a mantenerle la mirada. Él observó mi gesto con confusión hasta que pareció captarlo poco a poco ya que un leve rubor se instaló en sus mejillas. Al final, terminó por sostener mi mano de vuelta con una gran sonrisa.
Las turbulencias fueron un intermedio de lo que esperábamos, básicamente porque fue más que un leve remezón como el que yo esperaba y menos que un "Apocalipsis aéreo" como pensaba la persona a mi lado. Aún así, las consecuencias fueron devastadoras (para mi ropa), ya que a cierto despistado se le ocurrió tratar de tomar de su vaso de jugo en pleno movimiento, llegando el contenido directamente a nuestro rostro y ropa.
De cierta manera...fue divertido.
12 horas
A diferencia de todo lo sucedido durante el viaje, las últimas horas fueron silenciosas en espera del aterrizaje. Tan silenciosas que ni siquiera me percaté que seguíamos sosteniéndonos de las manos hasta que la azafata nos mencionó que ya estábamos llegando, anuncio que fue recalcado una vez que comenzaron a sonar los altavoces de nuevo.
[—F-fue un placer viajar con ustedes...¡los extrañaré tanto!
—Lev ¿estás llorando?
—¡Sii!
—Pero si ni siquiera los conoces...
—¡El corazón de un piloto recuerda a todos sus pasajeros!
—Claro, claro.
—¡Feliz navidad! ¡Sean felices! ¡Ahora, Yaku-san, lo que habíamos planeado!
—¿Qué? No lo haré.
—¡Vamos, Yaku-san, es navidad!
—No.
—¡Por favor!
—No.
—I need your herp.
—Es "help".
—¡¿No ves que la necesito?!
—Agh, está bien.
—¡Yay! ¡A la cuenta de 3! ¡1!
—2...
—¡3!
—Jo Jo Jo ¡Feliz navidad!
—Listo ¿feliz?
—¡Si! ¡Adiós a todos!]
Una pequeña sonrisa se formó en mis labios al escuchar la divertida conversación, siendo esta descubierta por Bokuto-san.
—Je je Akaashi, al parecer te lograron pasar su espíritu navideño — Dijo con una sonrisa.
—Supongo— Respondí con sinceridad acentuando su sonrisa.
—¿Qué harás una vez que aterricemos?— Me preguntó con emoción mal disimulada.
—Debo dirigirme inmediatamente a mi reunión— Dije sin poder controlar una mueca de disgusto.
—¡¿Eh?! ¡Pero es navidad!— Exclamó con un puchero.
—Si, pero eso no quita el hecho de que tengo que trabajar— Argumenté mientras él mantenía su gesto contrariado— ¿Qué hay de ti?
—¿Ah?— Se distrajo de su debate mental con mi pregunta.
—¿Tienes algo planeado para navidad?— Aclaré.
—Pues, debo dirigirme al gimnasio principal para el partido— Dijo, al parecer, recordando el verdadero motivo de su viaje— Kuroo y los demás ya deben estarme esperando en el aeropuerto.
—Ya veo— Dije analizando sus palabras— Supongo que, al final, ambos pasaremos nuestras navidades trabajando.
—Si...— Terminó por decir con sus ojos ámbar algo apagados.
El silencio volvió a hacerse pesado entre nosotros una vez el avión llegó a destino y, aún más, a medida que caminábamos por el túnel que nos terminaría llevando al aeropuerto...y también a nuestra inminente despedida.
¿Sería correcto pedirle su número a un desconocido que conocí en un avión?
¿Siquiera puedo seguir considerándolo como "desconocido" después de nuestra curiosa travesía?
Antes de poder transmitir con palabras mis inquietudes, Bokuto fue calurosamente recibido por dos personas que, a juzgar por su ropa, podía decir que claramente pertenecían a su equipo de Volleyball.
—OH POR DIOS— Exclamó un joven azabache de ojos gatunos tocando la cara de mi compañero de viaje— ¡Bokuto, llegaste vivo! Y yo que pensaba que te ibas a aferrar a la puerta del avión y a gritar "Me dejan bajar o salto" como la vez pasada.
—¡Kuroo, no digas cosas vergonzosas!— Se quejó de el orbes ámbar mirándome de reojo.
—No te olvides de la vez en que logramos que se subiera por 5 minutos y comenzó a rezar al "Santo Superman de los búhos" con un rosario echo de maní— Añadió un chico de cabello y ojos castaños de apariencia elocuente.
—¡Ah! ¡Dejen de humillarme!— Trató de defenderse Bokuto.
—¿Tú crees que lo humillamos, Oikawa?— Preguntó el azabache, cuál acto de niño inocente que, definitivamente, no me creía.
—Nah, él tiene el poder para hacerlo por sí mismo— Respondió el castaño con gesto burlón.
—Un gran poder conlleva una gran responsabilidad ¿eh?— Analizó el de modos gatunos.
—El poder de humillarse y la responsabilidad de asumir nuestras consecuentes burlas sobre ello— Finalizó el de orbes cafés con un asentimiento de cabeza.
—¡No usen frases geniales para encubrir que solo les gusta reírse de mí!— Se quejó el aludido.
—No de ti, contigo— Dijeron los otros dos a la vez con gesto serio.
—Oh— Se asombró Bokuto mientras yo suspiraba.
Con ello, los dos curiosos desconocidos, se percataron de mi presencia y me observaban con una mezcla de curiosidad y diversión.
—¿Oya? Creo que ya entiendo porque quisiste quedarte en el avión— Dijo, el que parecía llamarse Kuroo, con una sonrisa maliciosa seguida por otra del castaño.
—¿Q-qué quieres decir?— Preguntó avergonzado Bokuto por su insinuación.
Los otros dos simplemente se quedaron moviendo las cejas. Un anuncio por el parlante del aeropuerto me hizo percatarme de la hora y con una extraña sensación en el pecho, procedí a interrumpir su extraña conversación en idioma gestual.
—Lo siento, ya se me hace tarde, por lo que debo irme— Dije ganándome una triste mirada de parte de quien me acompañó por más de diez horas.
—Y-ya veo...— Salió de sus labios mientras los otros dos se comenzaban a alejar lentamente y se quedaban tras un basurero de forma "disimulada"— Yo...pues...
Su rostro expresaba las grandes contradicciones que parecía almacenar en su mente sin saber muy bien qué decir.
—Fue un viaje divertido— Me decidí a decir con una leve sonrisa ante su gesto de sorpresa.
—¡Si!— Dijo acompañándome con su radiante sonrisa.
Con una sensación amarga de falta de palabras que expresen lo que de verdad quería decir, tomé mi maleta y comencé a encaminarme hacía la salida.
—¡Akaashi!— Escuché mi nombre (de forma inusualmente correcta) salir de sus labios mientras me volteaba observarlo.
Él abrió su boca, pero después pareció arrepentirse y simplemente me mostró una sonrisa triste.
—Feliz navidad— Fue todo lo que dijo con un gesto de despedida.
—Si...— Susurré— Feliz navidad también, Bokuto-san.
Y con esas palabras nos despedimos.
Cuando salí al exterior, me topé de lleno con un paisaje blanco y luces por doquier que me recordaban que el día en el que estaba ciertamente no era uno común. Levanté la vista al cielo y dejé que los recuerdos del irreemplazable viaje que había tenido se abran espacio en una zona de mi corazón...como un cálido recuerdo navideño.
60 horas
Suspiré con alivio al estar por fin dentro del avión cuando segundos antes había pensado que no lograría alcanzar el vuelo. Me acomodé mejor la ropa por la repentina corrida que había tenido que hacer desde el taxi hasta el aeropuerto y me dispuse a buscar mi asiento. Mi búsqueda fue abruptamente interrumpida cuando un pesado bolso cayó de lleno sobre mí, haciendo que caiga al suelo. Por suerte, éste no poseía pesas o algo así, por que de lo contrario ya no habría historia qué contar.
Escuché una exclamación de sorpresa y después reiteradas disculpas de la persona que parecía ser la responsable de mi casi muerte mientras estiraba su mano para ayudar a levantarme. Al levantar la mirada, me topé con unos iris ambarinos que jamás creí volver a encontrarme. Nos quedamos observando con gesto asombrado por unos segundos hasta que sentí sus brazos estrecharme con alegría junto a su pecho.
Mientras escuchaba mi nombre ser repetido miles de veces con infinita alegría, comencé a pensar que mis experiencias con la persona a mi lado no se limitarían simplemente a un recuerdo navideño.
Y no podía estar más feliz al respecto.
