* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Aclaración: Este pequeño relato transcurre en el capítulo 17 de "Atada a mi alma". Este es el lemon que les debía de cuando Dororo levantó la abstinencia, es esa famosa y pasional noche que Dororo y Hyakkimaru pasaron en la posada en las montañas. Como se darán cuenta todo este capítulo contendrá lemon, por lo cual les recomiendo que se abstengan de leer este capítulo si no gustan de este tipo de contenido.


Capítulo 7

Al diablo la abstinencia

— Al diablo la abstinencia.

Al escuchar esto Hyakkimaru levantó la vista al instante para encontrarse con que Dororo había comenzado a quitarse su ropa, al tiempo que lo miraba juguetonamente.

— Tienes razón, Hyakkimaru, esa fue una idea tonta. —Continuó Dororo—. El disfrutar tanto de nuestra compañía también forma parte de lo que somos, si nos gusta tanto estar juntos entonces no tenemos por qué negarlo.

Hyakkimaru ya no quiso escuchar más, se lanzó a ella como una bestia salvaje a punto de devorar un filete de carne que se le había negado por mucho tiempo.

La yukata para dormir de Dororo estaba a medio quitar, por este motivo su esposo la tomó hábilmente entre sus manos y comenzó a deslizarla hacia abajo con delicadeza. Muy pronto, la piel de Dororo se vio invadida por la sensación de la tela resbalando por su piel a la par de los besos que le iba depositando su esposo en su piel expuesta.

Dororo tragó saliva nerviosamente mientras que Hyakkimaru iba trazando sus hombros y brazos por medio de sus dulces y cariñosos besos. Su piel se erizó y soltó un bajo suspiro ansioso cuando su yukata cayó completamente al suelo y el mayor comenzó a lamer su abdomen con avidez.

Había extrañado tanto sus besos y sus caricias, le pareció increíble como su cuerpo había comenzado a reaccionar apenas reconoció la sensación de los labios de ese hombre que adoraba contra su piel.

— Dororo…

Oyó su nombre ser susurrado con una mezcla de dulzura y pasión, de inmediato sus labios se curvearon por si solos en una enorme sonrisa, cerró sus ojos con satisfacción al sentir la lengua de Hyakkimaru paseándose esta vez por la parte baja de sus senos.

— Te amo…

Volvió a escuchar mientras ahora comenzaba a respirar agitadamente al sentir la ansiosa lengua deslizarse alrededor de su aureola mientras que una cariñosa y atenta mano masajeaba su otro seno de arriba abajo.

— Hyakkimaru…

Lo llamó con voz baja y agitada comenzando a acariciar suavemente su cabello. Paseó sus dedos entre los mechones lacios color azabache hasta llegar a la cinta y desatar su largo cabello. El cabello de Hyakkimaru cayó despreocupadamente por su espalda y hombros, Dororo lo observó con adoración. Amaba verlo con el cabello suelto siempre que pudiera, pensaba que su esposo se veía mucho más apuesto de lo que ya era cuando lo dejaba así.

Al darse cuenta de este acto Hyakkimaru le dirigió una rápida y coqueta mirada para continuar con su labor. Dororo mordió su labio inferior y su cuerpo tembló casi imperceptiblemente al sentir unas pequeñas mordidas en su pezón, por otra parte, su esposo había bajado su otra mano para olvidarse de su seno y comenzar a masajear esta vez uno de sus glúteos.

Dororo entreabrió sus ojos apreciando a Hyakkimaru en silencio. En verdad adoraba todas las caricias que este le daba, y aunque quería seguirlo experimentando se dijo a si misma que le tocaba recompensar a su esposo por el enorme enojo que le había hecho pasar. Se le había ocurrido una idea al momento de dar por terminada la abstinencia y tenía que llevarla a cabo, había decidido que lo iba a ser por él.

— Espera, Hyakkimaru…

Lo tomó suavemente de sus fuertes hombros y lo alejó de ella suavemente. Al darse cuenta de esto Hyakkimaru levantó la vista y parpadeó varias veces observándola intrigado.

— ¿Qué pasa? —Preguntó un tanto inseguro—¿No te está gustando?

— No se trata de eso, tranquilo. —Se apresuró en responder al notarlo preocupado—Hyakkimaru... ¿me dejarás compensarte por haberte preocupado tanto y por tenerte en abstinencia por casi un mes?

— ¿Compensarme? —Respondió ladeando su cabeza confundido.

Dororo se acercó a él, comenzó a besar su cuello delicadamente mientras que con su mano derecha iba bajando lentamente por su pecho. Siguió hablando con sus labios sobre la piel de su esposo.

— Déjame consentirte un poco a modo de disculpa.

El cuerpo de Hyakkimaru se sobresaltó al sentir como Dororo jugueteaba pasando sus dedos sobre uno de sus pezones para después bajarlos y comenzar a acariciar su firme y bien trabajado abdomen. Acto seguido fue siguiendo el camino que trazó por medio de sus manos dándole cortos y suaves besos.

— ¿Puedo hacerlo…?

Preguntó tímidamente para después levantar la vista y observarlo atentamente. Hyakkimaru contuvo el aliento mientras veía como Dororo desataba lentamente la parte baja de su yukata y dejaba sus manos apoyadas en su fundoshi.

— Lo sabes, Dororo…—Respondió Hyakkimaru tratando de ocultar lo excitado que lo hacía sentir ver a su esposa actuar así—Tú siempre podrás hacer conmigo lo que quieras.

Dororo le mostró una pequeña sonrisa para en seguida bajar sus ojos y susurrar con nerviosismo:

— Mientras estábamos de abstinencia vi algo en una pintura erótica que me gustaría intentar.

— ¿Pintura erótica? —Preguntó el mayor con inocencia—¿Por qué Dororo veía algo como eso?

— ¡N-no tiene nada de malo! —Exclamó esta con voz alta y avergonzada—¿Acaso está mal que trate de aprender como complacer a mi esposo?

Finalizó frunciendo sus labios y sonrojándose, Hyakkimaru no fue capaz de responder nada al escuchar su confesión, su corazón se agitó en su pecho al saber que lo amaba tanto al punto de incluso preocuparse en esos aspectos por él. Aun estando avergonzada por tener que confesarle eso Dororo bajó de un tirón su fundoshi, no perdió tiempo y tomó el miembro de su esposo con ambas manos.

— ¿Vas a tocarlo de nuevo? —Le preguntó con voz baja e intrigada.

— No, esta vez será algo diferente…

Hyakkimaru abrió sus ojos de par en par y contuvo la respiración cuando su amada esposa comenzó a lamer el cuerpo de su pene ¿En verdad había visto eso en una pintura erótica? Nunca antes se le había pasado por la cabeza que tal cosa se pudiera hacer.

Bajó la vista con algo de inseguridad y un estremecimiento lo recorrió de pies a cabeza cuando se encontró con la imagen de su hermosa esposa con sus ojos fuertemente cerrados mientras se esforzaba en lamer lo mejor posible cada parte de su pene.

— Do-Dororo…—La llamó con agitación dado lo agradable que se sentía—N-no debes hacer algo tan sucio por mí…

— E-está bien…—Le respondió entre nerviosa y ansiosa—No me molesta hacer esto por ti, Hyakkimaru.

Todo el cuerpo de Hyakkimaru tembló de éxtasis mientras sentía como Dororo pasaba su lengua entre sus testículos. Tras concentrarse unos segundos en estos volvió al cuerpo del pene rodeándolo con su lengua.

Intercalaba este movimiento entre besos y pequeñas mordidas a lo largo de todo este. Dororo sintió a su parte baja humedecer al escuchar como su esposo comenzaba a respirar agitadamente mientras que soltaba unos bajos y tímidos gemidos de placer de vez en cuando.

— "Le está gustando, menos mal".

Pensó con dicha cuando el pene comenzó a levantarse y aumentar su tamaño al seguirlo lamiendo concentrándose en su glande. Levantó la vista con disimulo deleitándose con la imagen del semblante de su esposo completamente excitado. Hyakkimaru tenía sus ojos entrecerrados fijos al frente, su rostro estaba sonrojado mientras que su pecho iba y venía en una respiración errática y descontrolada.

— "¿Podré hacerlo con toda mi boca?"

Pensó con nerviosismo mientras tomaba el miembro con ambas manos y comenzaba a introducirlo lentamente en su boca. En cuanto Hyakkimaru sintió la humedad de la boca de su esposa rodeándolo soltó una baja y ronca exclamación de placer mientras todo su cuerpo temblaba. Bajó la vista, y entre la excitación de estas nuevas sensaciones en su miembro y la imagen de Dororo haciéndolo su miembro quedó completamente erecto en la boca de su esposa.

Al sentir esto Dororo cerró fuertemente sus ojos y tensó su cuerpo para intentar seguir complaciendo a su esposo en su boca. Sentir el cuerpo de Hyakkimaru temblar de placer y percibir como su respiración estaba ya completamente fuera de sí era demasiado para ella, comenzó a sentirse demasiado excitada. Incluso unos extraños deseos por acariciarse a ella misma comenzaron a inundarla.

— "Tranquila. —Pensó con inquietud—. Debes hacer sentir bien a Hyakkimaru, solo concéntrate en eso".

Su cuerpo se tensó y dejó apoyada una de sus manos en su entrepierna como para intentar mitigar la necesidad de caricias que estaba experimentando. De un momento a otro su trasero había comenzado a agitarse a la par que empezaba a mover su cabeza de atrás hacia adelante mientras unos lascivos gemidos escapaban de ella. Pasados unos segundos sus dedos la traicionaron y comenzó a acariciar sus labios vaginales con sus dedos.

— Dororo…

Escuchó de pronto la ronca y profunda voz de su esposo mientras tomaba su cabeza y la alejaba lentamente de él. Sintiendo todo su cuerpo caliente y el violento latir de su corazón casi en su garganta Dororo abrió sus ojos y le preguntó consternada:

— ¿Q-que pasa? ¿Ya no te gustó? ¿Te hice sentir mal?

— No se trata de eso. —Respondió negando lentamente con su cabeza—. No es justo que solo yo me sienta bien, Dororo también merece sentirse bien.

Hyakkimaru seguía siendo una persona muy ágil, cuando Dororo menos cuenta se dio la tomó hábilmente de sus muslos para empujarla suavemente al piso. Abrió sus piernas dejando expuesta su entrada, Hyakkimaru comenzó a lamer la humedad de sus muslos para ir subiendo hasta encontrarse con sus labios vaginales.

— ¿¡Q-que haces!?

Exclamó ésta arqueando su espalda mientras Hyakkimaru continuaba lamiendo alrededor de sus partes íntimas. Dororo cerró sus ojos y dejó caer su cuerpo a un costado, su cuerpo temblaba ante estas nuevas y maravillosas sensaciones sin poder controlarlo.

— Dororo, continua también… por favor…

Le suplicó su esposo con voz agitada, dirigiéndole una mirada salvaje y pasional. Dororo tardó unos segundos en comprender a que se refería, sin embargo, al ver que ambos estaban en el suelo apoyados en sus costados uno frente al otro, y que el miembro erecto de su esposo estaba unos metros delante de ella pudo comprender sus palabras.

— "Los dos… al mismo tiempo…"

Pensó Dororo excitada y sorprendida al darse cuenta que eso era posible. Se acercó impaciente a Hyakkimaru y tomó su miembro para introducirlo a su boca. Al sentir la saliva y humedad de la boca de su esposa rodearlo nuevamente este soltó un profundo suspiro de satisfacción mientras retomaba su labor.

Comenzó a intercalar besos y lamidas en la entrepierna de Dororo para subir y concentrarse de nuevo en sus labios vaginales, hasta que con algo de inseguridad se aventuró a introducir su lengua en su interior, deleitándose con los jugos de esa hermosa muchacha que tanto amaba.

Sintió a Dororo tensarse y comenzar a gemir en voz baja con lujuria mientras que esta se esforzaba por no dejar de satisfacer su miembro, ahora podía sentirlo hasta lo más profundo de su garganta.

No pudo más, era demasiado placer para él. La mezcla de excitación que experimentaba al saber que estaba llevando a la gloria a Dororo al seguir probando su intimidad, mientras que ella lo conducía a la cima de la satisfacción al sentir su pene ser succionado por su boca lo hizo llegar al clímax.

Dejó escapar un intenso gruñido de placer al tiempo que sentía el caliente líquido salir de su miembro. Dororo apenas se las pudo arreglar para sacarlo de su boca justo a tiempo, sin embargo, el semen terminó esparciéndose por parte de su cara y pecho.

— Lo siento mucho…—Se disculpó Hyakkimaru con la voz cansada, mirándola con timidez—No alcancé a avisarte…

— No debes preocuparte por eso…—Le respondió su esposa con voz débil pero traviesa—Esto demuestra que te gustó mucho.

— Ahora yo debo satisfacerte también.

Continuó Hyakkimaru con una voz seductora y retomó su labor. Dororo dio un respingo de sorpresa al sentir como su esposo introducía su lengua hasta lo más profundo de su vagina y comenzaba a lamer y besar cada parte de ella.

Cerró sus manos fuertemente en puño, mientras que irremediablemente dejaba salir todo el placer que experimentaba por medio de tímidos y bajos gemidos.

Irremediablemente dejó escapar un sorpresivo y alto grito de éxtasis cuando Hyakkimaru comenzó a lamer suavemente su clítoris como si fuera una deliciosa y carnosa fruta.

— ¿Te gusta?

Le preguntó su esposo seductoramente, alejándose un poco de ese punto que la hizo temblar de placer. Dororo tragó saliva pesadamente mientras le dirigía una mirada de reproche. Era más que obvio que por la forma en que no pudo evitar gritar se había sentido más que bien, pero para ese entonces ya sabía que a Hyakkimaru le gustaba coquetearle y provocarla para que esta le confesara como se sentía en realidad, aunque fuera algo muy vergonzoso para ella.

— La respuesta a tu pregunta es más que obvia. —Le reclamó bajando el rostro apenada.

— No podré saberlo si no lo dices. —Insistió Hyakkimaru con voz coqueta. Comenzó a juguetear con sus dedos con la punta de su clítoris, la excitada jovencita solo pudo revolverse debajo de él y cubrir su rostro con sus manos—¿Te gusta, Dororo? ¿Quieres que siga?

Dororo apretó su mandíbula y lo observó entrecerrando sus ojos con molestia y vergüenza mezcladas, su esposo se limitó a dedicarle una mirada profunda y sensual que la terminaron desarmando por completo. Nunca podía negarse ante ese Hyakkimaru tan seductor que muy a menudo aparecía cuando hacían el amor.

— Me encanta, Hyakkimaru. —Admitió con voz baja, desviando la mirada con timidez—. No pares, sigue hasta que ya no pueda más.

Sus piernas temblaron al sentir como Hyakkimaru se concentraba en ese pequeño punto de placer lamiéndolo primero de una manera tranquila hasta ir aumentando el ritmo cada vez más rápido. Dororo solo pudo dejarse caer por completo al suelo, cerrar sus ojos y volver a deshacerse de su pudor y vergüenza.

Se entregó al enorme placer que su esposo le entregaba con su lengua por medio de fuertes exclamaciones de satisfacción y gozo. Así fue hasta que logró alcanzar el orgasmo, sintió sus líquidos vaginales derramarse por su entrepierna y como Hyakkimaru comenzaba a lamerlos lentamente.

— I-idiota…—Le dijo apenada cubriendo su rostro con sus manos—No hagas algo tan vergonzoso.

— No es vergonzoso—respondió Hyakkimaru con tranquilidad mientras le depositaba suaves besos por su monte de Venus—, me gusta todo de Dororo.


Después de la apasionada noche que tuvieron despertaron muy tarde al día siguiente. Dororo sonrió con satisfacción al abrir los ojos y que lo primero que viera fuera el sereno rostro de Hyakkimaru profundamente dormido muy cerca de ella. Como muchas veces antes habían dormido abrazos fuertemente y habían despertado de la misma manera. Dororo se acercó más a él y se acurrucó a su lado, dejando apoyada su cabeza en su firme pecho.

— "Gracias a los cielos, todo volvió a la normalidad".

Pensó Dororo con dicha al darse cuenta de que el enojo de su esposo había quedado atrás y habían logrado arreglar sus diferencias al sincerarse el uno con el otro. Tal como Hyakkimaru lo sugirió decidieron quedarse un día más en esa zona montañosa donde estaban las aguas termales. Tras comer algo en la posada el feliz matrimonio salió tomados de la mano a dar un agradable paseo por las montañas.

Caminaron por un buen rato deleitándose con las hermosas vistas que ese paraje montañoso les brindaba, hablaban de todo lo que se les ocurría y no podían dejar de darse cortos besos y mimos de cuando en cuando. No podían dejar de sentirse afortunados de haber podido dejar ese malentendido atrás y darse cuenta de que a pesar de que había sido una difícil discusión esto los había unido aún más que antes.

Después de sentarse un rato y observar juntos el atardecer abrazados, compraron unos cuantos adornos para su hogar hechos de madera a modo de recuerdo y volvieron a las aguas termales.


Dororo tenía una sonrisa de oreja a oreja al comparar lo diferente que era ese día en las aguas termales al anterior. Ella ahora se encontraba lavando con cuidado el largo y lacio cabello de su esposo mientras lo escuchaba respirar con paz y tranquilidad. Durante todo el día no pudo dejar de agradecer que todo hubiera regresado a la normalidad y que Hyakkimaru fuera de nuevo ese esposo amoroso que ella tanto había extrañado días atrás.

— Hyakkimaru, tu cabello es tan largo y fácil de manejar. —Le dijo Dororo con tono travieso mientras le hacía primero un chongo alto para posteriormente trenzarlo—¿me dejarías sujetarlo en una trenza alguna vez?

El apacible joven de cabello azabache afirmó lentamente con la cabeza para posteriormente voltearse a verla con tranquilidad y responderle:

— Dororo siempre podrá hacer con mi cabello lo que quiera.

Se miraron con un infinito cariño por unos cuantos segundos, después Hyakkimaru rompió el contacto visual para acercarse a ella y llenar su cabeza y rostro de cortos besos dulces. Dororo solo pudo cerrar sus ojos y reír dulcemente en voz baja mientras seguía agradeciendo una y mil veces tener a Hyakkimaru a su lado.

— Entonces, Hyakkimaru… ¿quieres hacerlo o no?

Hyakkimaru se alejó un poco para observarla expectante. Su amada esposa la cual siempre se las arreglaba para sorprenderlo tomó la toalla con la cual cubría su cuerpo y comenzó a desatarlo lentamente, dejando al descubierto parte de sus pechos.

Los ojos del mayor brillaron con interés y deseo ante esta escena. Dororo soltó una baja carcajada mientras tomaba una de sus manos y la llevaba hasta uno de sus senos para después murmurarle con un tono pícaro:

— Habías dicho que querías hacerlo en las aguas termales ¿no es así? ¿Qué esperas, entonces?

Minutos después de pronunciar esas traviesas palabras Dororo ya estaba siendo embestida contra las rocas de las aguas termales por su ansioso y amoroso esposo. El calor que las aguas termales provocaba a su cuerpo se mezclaba con el propio calor de la excitación de sentir a Hyakkimaru introducirse cada vez más en ella conforme el movimiento de sus caderas aumentaba en velocidad.

— N-no tan fuerte…—Le suplicó cubriendo su boca con sus manos—Estamos en un lugar público ahora…

Hyakkimaru le dirigió una fugaz mirada de descontento, en lugar de disminuir el movimiento se dedicó a hacerlo un poco más rápido. De nuevo su esposo la estaba provocando, a modo de regaño se acercó a él y mordió su hombro, pero olvidó que esto más que un castigo para él solo aumentaba su placer. Dejó escapar un bajo gemido de placer mientras el movimiento de caderas se intensificaba.

— No puedo hacerlo—le habló Hyakkimaru con su respiración agitada, aumentando la fuerza de sus embestidas—, no tengo control cuando se trata de ti pues te amo tanto, eres lo más importante y valioso en mi vida.

Movió sus manos y Dororo supo que no podría controlarse por más tiempo pues su esposo había comenzado a masajear sus senos mientras sus embestidas seguían. Destapó su boca e inevitablemente los gemidos de placer comenzaron a salir de su garganta temblorosamente. Dororo dejó apoyadas sus manos sobre los hombros de Hyakkimaru y los apretó con fuerza en un ademan frustrado. Al darse cuenta de esto, el apuesto joven se olvidó de sus senos y le dijo mientras tomaba una de sus manos con cariño contra las suya:

— No te contengas ni te sientas preocupada… Si algún entrometido llega a venir a este lugar yo le daré su merecido. Yo siempre protegeré y defenderé a Dororo.

Esas sencillas y honestas palabras le bastaron para dejar su vergüenza a un lado. Se aferró más a él en un abrazo dejando apoyados sus pechos sobre él pues sabía que sentirlos de esa manera le gustaba. De igual manera, se dedicó a darle pequeños y traviesos mordiscos en sus oídos, cuello y hombros para complacerlo más mientras él continuaba con sus rápidas y profundas embestidas.

Dororo lo sabía, que hacer el amor con su esposo era algo maravilloso. Era tanto el placer que experimentaba a su lado que a veces no podía evitar sentirse avergonzada al perder la compostura de esa manera con él.

Pero en ese hermoso momento en que ambos alcanzaban el orgasmo al mismo tiempo, cuando Hyakkimaru le proclamaba su inmenso amor observándola embelesado y con un intenso amor era cuando podía comprender que el sentirse tan satisfecha a su lado no se debía solo a lo bueno que fuera para satisfacerla, o a que Hyakkimaru fuera un hombre tan apuesto y con un cuerpo tan maravilloso.

No solo era eso, el hacer el amor con su esposo era una experiencia gloriosa ya que lo amaba más que a nada la vida. El intenso amor que tenía hacia él era el principal detonante para poder sentirse tan satisfecha y completa junto con él en el acto. Ese día en las aguas termales pudo descubrirlo. Lo amaba más que a nada en la vida, y estaba segura que así iba a ser hasta el último de sus días.