* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 8

La historia de la fiebre

Después de la discusión que habían tenido y tras sincerarse el uno con el otro los días del feliz y amoroso matrimonio continuaron transcurriendo en una completa calma y tranquilidad. Así fue hasta que cierto día, la rutina a la cual ya estaban tan acostumbrados tras seis meses de casados estaba por verse alterada debido a un acontecimiento un tanto particular.

Dororo, quien era conocida por ser una mujer animosa, llena de energía y trabajadora siempre se levantaba apenas comenzaban a salir los primeros rayos del sol para aprovechar el día lo mejor posible y dedicarse desde temprano a las labores tanto de su hogar como de la aldea.

Siempre cada mañana era igual, se levantaba haciendo unos cuantos estiramientos y tras salir a mojarse su cara con el agua del pequeño pozo que tenían afuera de su hogar se disponía a levantar a su esposo para desayunar los dos juntos y que luego cada quien se ocupara de sus labores diarias.

Normalmente para cuando subía de nuevo a su habitación Hyakkimaru ya se había levantado y estaba alistándose también para comenzar el día, sin embargo, ese día todo fue diferente. Al entrar, Dororo observó con extrañeza que su esposo aún estaba acostado en el futón, este mantenía los ojos fuertemente cerrados.

— ¿Hyakkimaru? —Lo llamó su esposa con voz fuerte pero no sirvió de nada. Tras escuchar su voz solo movió ligeramente su cabeza para un lado, aún era incapaz de levantarse—. Vamos, no seas perezoso, ya es hora de comenzar el día.

Dororo lo siguió apurando con voz divertida, se arrodilló a un lado del futón y comenzó a picarle sus costillas en un intento por despertarlo. Esto tampoco funcionó, Hyakkimaru abrió ligeramente su boca sin embargo no dijo ni una sola palabra.

El corazón de la jovencita comenzó a latir rápidamente ansioso al notar el rostro adolorido de su esposo. Hyakkimaru estaba respirando agitadamente y sus mejillas estaban sonrojadas.

— Hyakkimaru ¿qué te pasa? —Preguntó sin poder ocultar la preocupación en su voz—¿Estás bien?

— Dororo…

Susurró el joven de cabello azabache con voz cansada cuando Dororo colocó su mano en su frente. Al sentir el tacto este abrió lentamente sus bellos ojos caramelo denotando cansancio en ellos.

— ¡Estás ardiendo en fiebre!

Exclamó Dororo aumentando su angustia tras sentir lo caliente que estaba la piel de Hyakkimaru. Era muy extraño que éste enfermera, por lo cual Dororo no pudo evitar entrar en un pequeño ataque de pánico cuando se dio cuenta de esto.

Se levantó rápidamente y comenzó a caminar de un lado a otro en la habitación como una bestia enjaulada pensando en lo que era lo mejor por hacer.

Hyakkimaru ladeó su cabeza y la observó en silencio. Dororo murmuraba exaltada para sí misma sin poder dejar de moverse de un lado a otro:

— Muy bien, primero iré a buscar algunas hierbas medicinales… No, mejor primero iré a buscar un médico… No, no puedo dejarlo solo, entonces…

— Dororo, estoy bien…—Hyakkimaru le habló aun con una voz baja y apagada, la jovencita contuvo la respiración al voltear hacia él y observar que se levantaba lentamente del futón—. No te preocupes por mí, es solo un poco de fiebre.

Ni bien había dado apenas dos pasos cuando inevitablemente las fuerzas le faltaron y Hyakkimaru se dejó caer de rodillas en el suelo. Dororo no perdió tiempo y se dirigió rápidamente hacia él para ayudarlo a volver al futón.

— ¡Hyakkimaru tonto! —Lo regañó reaccionado sin ser su intención con enojo a causa de lo nerviosa que se sentía—La fiebre te tiene muy débil, debes descansar en cama ¿¡que no te das cuenta!?

Se las arregló a duras penas para arrastrarlo de vuelta al futón, lo dejó bien arropado y comenzó a secarle el sudor de la frente con unas cuantas telas que tenía en la habitación.

Hyakkimaru volvió a abrir sus ojos y observó con una mirada apagada a su esposa. A Dororo le partía el alma verlo en tal estado vulnerable, sin embargo, juntó fuerza y se esforzó por mostrarle una dulce sonrisa mientras le hablaba con suavidad:

— Tranquilo, todo estará bien, Hyakkimaru.

— Dororo, debo ir a trabajar—insistió débilmente—, mis pacientes me necesitan.

— Hyakkimaru, que tú seas un médico no quiere decir que no puedas enfermar también. En este estado no podrás atender a nadie, así que lo mejor será que descanses en cama todo el día de hoy.

Hyakkimaru apretó sus labios y movió su cabeza de lado a lado descontento, volvió a quejarse con cierta preocupación:

— Pero ¿qué tal si hay una emergencia?

— ¡Pues lo siento, pero si hay una emergencia tendrán que esperar!

Dororo soltó un bajo suspiro al darse cuenta que había alzado su voz más de lo necesario, Hyakkimaru desvió su vista con frustración y tristeza a la vez. Se dio cuenta que en ese momento en que estaba débil y enfermo no podía gritarle de esa manera, tenía que ser paciente y no ser tan ruda con él, lo que menos debía hacer era ponerlo más ansioso.

Dororo continuó limpiando su rostro para volver a hablarle con la voz más suave y cariñosa que le fue posible:

— Hyakkimaru, debes entender que en tu condición no puedes trabajar hoy normalmente. Yo sé lo mucho que disfrutas trabajar y lo importante que son tus pacientes para ti, pero lo mejor es que descanses en cama para recuperar fuerzas, y después cuando estés mejor podrás volver a trabajar como siempre. —Tomó su mano con dulzura y la sujetó fuertemente contra la suya—.

Por favor Hyakkimaru, quédate en cama descansando, hazlo por mí.

Dororo le dirigió una mirada de súplica la cual su esposo observó con culpa. En verdad Dororo odiaba tener que recurrir al chantaje con él, pero no le quedó otro remedio. Conocía bien a Hyakkimaru, sabía lo entregado que era él hacia sus responsabilidades, si quería que realmente lo obedeciera debía ponerle presión para que no siguiera descuidando su salud.

— Está bien Dororo, lo haré. —Respondió su esposo quedamente aferrando su mano con fuerza. Dororo le mostró una enorme y cariñosa sonrisa, una que desapareció tras unos segundos con confusión cuando este continuó hablando—: Pero ya que no podré ir a la clínica hoy, entonces voy a necesitar tu ayuda.

— ¿Mi ayuda?

— Si… Por favor quédate en la clínica todo este día y toma nota de los pacientes que vayan. Diles que yo los atenderé en cuanto me sienta mejor.

— Pero Hyakkimaru… No puedo dejarte solo.

— No te preocupes por mí, solo tengo un poco de fiebre. Aunque me quede solo estaré bien, por favor, Dororo…

Dororo no estaba muy convencida al principio. Tal vez no tuviera los mejores conocimientos médicos, pero sabía que una fiebre debía ser tratada por medio de medicamento, hierbas medicinales o buscando bajarla colocando trapos húmedos en la frente del paciente.

A pesar de esto, sabía lo responsable que era Hyakkimaru y lo preocupado que debía sentirse por no poder atender su clínica, por este motivo accedió a la petición de su esposo con la condición de que no se levantara de cama y que iría a darle varias vueltas de vez en cuando.

Este accedió de inmediato, y tras recibir otro regaño de parte de su esposa pues había intentado levantarse para besarla a modo de agradecimiento Dororo bajó a la primera planta para atender la clínica.


— Muy bien Sr. Motomi, no se preocupe… Hyakkimaru atenderá esa pequeña herida en su rodilla en cuanto se encuentre bien.

— Se lo agradezco mucho, Sra. Dororo. Disculpe las molestias, espero que el doctor Hyakkimaru se recupere pronto.

— Descuide, no debe disculparse, tenga mucho cuidado con su rodilla.

Dororo se despidió del hombre con una enorme sonrisa, en cuanto salió de la clínica no perdió tiempo y escribió el nombre del hombre en una de las libretas de pacientes que Hyakkimaru manejaba.

Observó el cuaderno con atención, no pudo evitar torcer la boca y entrecerrar los ojos con enfado al comparar su letra con la de Hyakkimaru. La letra de su esposo era hermosa y estilizada, la de ella por el contrario era sucia, descuidada y hasta complicada de entender. Siempre escribía rápido y sin mucha atención, esa explicación siempre daba cuando alguien no podía leer bien sus garabatos.

— "Ahora entiendo porque Yahiko dice que mi letra parece como si fuera escrita por un Kappa[1]."

Pensó Dororo soltando un bufido al tiempo que dejaba caer el cuaderno en el escritorio reclamándose internamente su falta de cuidado para muchas cosas.

Pasado un rato se encontraba anotando los nombres de un matrimonio de edad avanzada que había ido a la clínica cuando se escuchó un fuerte golpe cerca de las escaleras. Cuando Dororo se dirigió a investigar su respiración se detuvo al observar que Hyakkimaru estaba tirado en el suelo inconsciente.

— ¡Hyakkimaru!

No supo de dónde sacó la fuerza para mantener la compostura y no verse presa de un ataque de pánico al encontrar a su esposo desmayado debajo de las escaleras cuando se suponía que estaba descansando en su habitación en la planta de arriba.

Los ancianos que estaban con ella fueron rápidamente a buscar a Jiheita y Yahiko para que la ayudaran a subirlo a su habitación, mientras tanto la angustiada jovencita no podía más que sujetar sus manos con fuerza y suplicarles a sus fallecidos padres que no se llevaran a su esposo con ellos tras ver como seguía su respiración agitada y la fiebre incluso había aumentado más.


— ¡Hyakkimaru idiota! —Le gritó con ojos humedecidos casi a punto de llorar tras unos minutos después de que recobrara el conocimiento—¿¡Por qué demonios bajaste!?

Hyakkimaru la observó por unos segundos en silencio hasta que le respondió con voz débil y arrepentida.

— Lo siento… Quería ver cómo iban las cosas en la clínica.

— ¡Pues no debiste hacerlo, casi te mueres, tonto!

Apretó sus manos fuertemente en puño sobre la tela de su kimono y bajando su cabeza dejó escapar unas cuantas lágrimas desesperadas. Hyakkimaru soltó un cansado suspiro, sujetó débilmente la muñeca de Dororo y volvió a pedirle disculpas una vez más.

— Hyakkimaru, en tales condiciones lo mejor es que cierres la clínica por este día. —Sugirió Jiheita amablemente mientras le daba unas palmaditas en la cabeza a Dororo a modo de consuelo—. Estoy seguro que todos en la aldea entenderán.

— Pero…

— ¡Nada de peros, eres tan tonto y necio! —Gritó Dororo furiosa ocasionando que los tres hombres en la habitación abrieran sus ojos enormemente con miedo—Ahora vamos a hacer lo que yo diga y no lo que tú quieras… ¿¡Entendido!?

Hyakkimaru entrecerró sus ojos no muy convencido dispuesto a no dar su brazo a torcer, al darse cuenta de esto Dororo optó por recurrir al chantaje de nuevo pues sabía lo testarudo y poco cuidadoso que era su esposo con su propio bienestar. Fue así desde que era ese joven ronin de dieciséis años que había conocido cuando niña y eso no cambió con los años.

Dándose cuenta de esto Dororo se acercó al oído de Hyakkimaru y le susurró con determinación:

— Si vuelves a desobedecer y sigues empeñado en no reposar, puedes estar seguro que no dejaré que me pongas un solo dedo encima durante todo un mes, es más… Incluso dormiremos en habitaciones separadas… Entiendes lo que quiero decir ¿verdad?

Le sostuvo una dura mirada a lo cual su esposo solo pudo contemplarla arrepentido, tenía el mismo semblante de un niño que acaba de ser regañado por su madre. No respondió, se limitó a afirmar lentamente con la cabeza con ojos de cachorro regañado.

— Hyakkimaru ya ha entendido, va a cerrar la clínica y se quedará descansando. —Anunció Dororo a los dos muchachos detrás de ella con una enorme sonrisa de triunfo.

— Vaya, me pregunto qué le habrá dicho para convencerlo.

Exclamó Yahiko con asombro a lo cual Jiheita solo pudo cruzarse de brazos e intentar pensar en que método había utilizado esa tramposa jovencita para convencer al testarudo médico. Dororo río traviesamente con disimulo para recobrar su actitud de líder y hablarles de nuevo a los dos muchachos:

— ¿¡Y ustedes que hacen ahí parados, par de haraganes!? ¡Necesito su ayuda!

— ¡S-sí, líder! —Respondió el par en una perfecta sincronía, tensando sus cuerpos.

— Jiheita, revisa las notas médicas de Hyakkimaru y busca que hierbas medicinales pueden ayudarnos para que le baje la fiebre, cuando las tengas tráelas aquí. Y tú Yahiko, ve con la Sra. Shibame de la posada y pídele de favor que me prepare algo ligero para poder darle de comer a mi esposo ¡No los quiero ver perder el tiempo, vamos, rápido!

— ¡Si!

Los dos muchachos salieron rápidamente a trompicones del cuarto siguiendo las órdenes de esa jovencita determinada y carácter fuerte. Dororo rascó su nariz sonriendo con satisfacción para volverse para ir con Hyakkimaru, cuando lo hizo se sintió un tanto asombrada al darse cuenta la manera en que este la apreciaba.

Si bien sus ojos aún estaban cansados la observaba enternecido y lleno de admiración, era como si observaba un cofre lleno de oro.

— ¿Y ahora que pasa? —Preguntó Dororo con rudeza mientras se arremangaba su kimono.

— Dororo es una excelente líder y es muy fuerte. Cuando da órdenes se ve hermosa.

Todo el rostro de Dororo se sonrojó al escuchar ese singular cumplido, su esposo por otra parte la seguía observando con una completa adoración. Eso enterneció su corazón aun así no se dejó dominar, sabía que tras las inconsciencias de su esposo debía mantenerse firme para que no volviera a hacer una imprudencia.

— Tus halagos son muy lindos, pero esto no me hará bajar la guardia, aún sigo molesta contigo. —Reclamó al tiempo que inflaba sus mejillas—. Voy al pozo por algo de agua… ¡más te vale que no te muevas de aquí o ya verás!

Hyakkimaru en verdad se sentía muy cansado, débil e incómodo, aun así, rio para sus adentros. No importaba que estuviera molesta o le reclamara, Dororo siempre le parecería hermosa.


La tarde transcurrió con Dororo cuidándolo, no se atrevía a separarse de él más que para lo necesario. Le preparó un té medicinal cuando Jiheita le trajo las hierbas adecuadas y una vez Yahiko regresó de la posada se dispuso a darle de comer.

Hyakkimaru recibió gustoso las cucharadas de arroz que Dororo le daba de comer en la boca. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios cuando notó el semblante relajado y complacido de su esposo.

— No tienes remedio, eres como un niño grande que le gusta que lo consientan. —Le dijo Dororo entre risas traviesas mientras le limpiaba su boca con un pedazo de tela limpia.

— Me gusta que me cuides. —Admitió el mayor observándola con dulzura—. Pero… no me gusta hacerte perder el tiempo ni ocasionarte molestias. Lo siento por enfermarme.

— Soy tu esposa, así que es algo que debo hacer. —Le respondió apacible mientras dejaba con cuidado el cuenco de comida a un lado—. Por muy fuerte que seas no eres indestructible, todos nos enfermamos de cuando en cuando. Solo no olvides que yo estoy aquí para ayudarte y cuidarte siempre. —Recalcó desviando la vista para ocultar su vergüenza.

— Dororo es una excelente esposa.

Murmuró conmovido mientras esta lo ayudaba a recostarse de nuevo. Lo observó con cariño para responderle mientras acariciaba suavemente sus mechones azabaches:

— Y tú eres un excelente esposo, aunque a veces me saques esos sustos.

Hyakkimaru soltó una baja y apenas perceptible dulce risa antes de cerrar los ojos y quedarse profundamente dormido.


El tiempo pasó mientras Dororo comió algo, preparó más té medicinal y siguió remojando su frente con trapos húmedos. Incluso decidió pasar toda la noche despierta para no descuidarlo pues si bien la fiebre había bajado un poco gracias al te medicinal Hyakkimaru aún se notaba muy débil.

— No… ¡no!

Escuchó de pronto unos bajos quejidos mientras remojaba la tela en el agua.

— ¿Hyakkimaru?

Se volvió a ver a su esposo para encontrarse que su respiración volvía a percibirse agitada, tenía los ojos fuertemente cerrados y sus labios temblaban, movía su cabeza de un lado a otro con desesperación mientras sus bajos lamentos seguían:

— Váyanse… aléjense… déjenos en paz…

— Hyakkimaru ¿qué pasa? —Lo llamó Dororo con voz baja y cuidadosa.

— Los demonios… otra vez… ¡no se acerquen!

Al parecer estaba teniendo una pesadilla, e incluso tal vez deliraba. Dororo sintió a su corazón encogerse de dolor al escuchar la palabra "demonios".

— Aun no puedes olvidarlos por completo, Hyakkimaru.

Murmuró Dororo con pesar cuando se dio cuenta de esto. Habían pasado ya años desde esos terribles acontecimientos, sin embargo, podía comprenderlo.

Ella a veces aún revivía esos espantosos momentos en sueños, y a pesar de que Hyakkimaru nunca había vuelto a mencionar nada al respecto, no era extraño suponer que de vez en cuando también lo recordara, probablemente incluso también tuviera pesadillas como ella. Podía estar segura que para él era incluso peor pues él tuvo que lidiar con todo eso solo en un principio, él fue la víctima de esa maldición.

— Dororo… ¡dejen a Dororo! ¡No la toquen!

Contuvo al aliento cuando lo escuchó pronunciar esas palabras en un tono atemorizado y desesperado en sueños. No pudo soportarlo más, decidió repetir ese gesto que tantas veces hizo por él cuando era niña. Se aferró con fuerza a su esposo atrapándolo en un cariñoso abrazo, dejó su cabeza recargada en su pecho y le habló con serenidad:

— Tranquilo, Hyakkimaru. Es solo una pesadilla, tranquilo, estoy aquí contigo.

Se revolvió intranquilo a un lado de ella aun dejando escapar unos bajos lamentos, Dororo lo abrazó con aún más fuerza e incluso le depositó un suave beso en la barbilla.

— Mi amado Hyakkimaru, por favor… Escúchame, siénteme a tu lado. —Le suplicó tratando de no sonar desesperada—. Solo tienes un mal sueño, estoy aquí contigo, nunca voy a dejarte solo…

— Do… ¿Dororo?

— Sí, soy yo. —Llevó una mano a su rostro y comenzó a acariciar suavemente su mejilla—. Todo está bien, tranquilo, ellos no volverán, ellos no pueden hacerte daño de nuevo. Nunca nadie nos separará, siempre estaremos juntos.

Los apresurados latidos en el pecho de la jovencita comenzaron a recuperar su ritmo normal cuando percibió como su esposo aun dormido dejaba de quejarse y estaba más tranquilo. Experimentó un enorme alivio al darse cuenta de que de cierta manera sus esfuerzos habían ayudado a que Hyakkimaru dejara de delirar.

Se separó con sumo cuidado de su lado para retomar la labor de colocar telas húmedas en su frente. Aun mostraba malestar en su rostro, pero de igual manera parecía estar mucho más calmado gracias a su intervención.

— "Si mañana permanece igual, no me quedará más remedio que buscar a Tahomaru para que me ayude".

Pensó Dororo mientras su pecho era atacado por una desagradable sensación de opresión. Para ella, desde que era niña, Hyakkimaru siempre había sido un hombre fuerte e invencible, verlo enfermo y en cama le ocasionaba dolor y preocupación. No soportaba la idea de que empeorara y se alejara de ella para siempre.


— ¡Mierda! ¡Me quedé dormida!

Exclamó nerviosa cuando abrió sus ojos y se dio cuenta que estaba acostada sobre el tatami de la habitación que compartía con su esposo. No perdió tiempo y se enderezó, observando por la ventana como los primeros rayos del sol comenzaban a salir. Su pulsó se aceleró y abrió sus ojos de par en par cuando dirigió su vista al futón y descubrió que Hyakkimaru no se encontraba recostado.

— ¡Hyakkimaru!

Gritó hecho una furia al darse cuenta que su esposo la había desobedecido de nuevo. Salió de la habitación dando unos fuertes pisotones a causa de lo enojada que la hacía sentir que a pesar de todo lo hablado siguiera haciendo lo que él quisiera.

— ¡Olvídate de intimar conmigo por todo un mes! —Siguió gritando exaltada mientras lo buscaba por las habitaciones del segundo piso. Sus reclamos aún podían escucharse mientras bajaba las escaleras—: ¡Nada! ¡No te dejaré que me hagas nada! ¡No dejaré que me des un beso siquiera!

Sin embargo, calló en seco cuando percibió un singular aroma de pronto: arroz, pescado y verduras hervidas. Se quedó boquiabierta cuando llegó a la cocina y se encontró con Hyakkimaru ahí, estaba cocinando.

— Buenos días, mi pequeña y hermosa Dororo. —La saludó con cariño volteándose a verla al percibirla.

— ¡Nada de buenos días! —Exclamó acercándose a él con sus manos fuertemente cerradas en puño—¿¡Qué demonios haces aquí!? ¡En tu condición…! ¿Eh?

El enojo de la menor se disipó poco a poco cuando al estar frente a él pudo apreciar mejor su aspecto, se veía mucho mejor que el día anterior.

Los hermosos ojos caramelo de Hyakkimaru se mostraban tranquilos como siempre, habían recuperado su lucir habitual. Ahora respiraba normalmente, el sudor frío se había ido, así como sus mejillas enrojecidas y se movía sin dificultad.

— Hyakkimaru, ya no tienes fiebre. —Afirmó Dororo con sorpresa cuando se acercó a él y colocó su mano en su frente.

El apacible joven negó lentamente con la cabeza antes de responderle con su voz baja y calmada tan característica:

— Se ha ido. Gracias a ti esta mañana me sentía mucho mejor. No fue nada fácil darme cuenta pues en la noche tuve un sueño muy profundo, pero… me cuidaste durante toda la noche ¿verdad?

— ¡Claro! No hubiera podido conciliar el sueño aunque quisiera pues estabas muy débil y la fiebre casi no bajaba.

— Ya que Dororo me cuidó durante toda la noche ahora estoy mucho mejor. —Respondió mientras se acercaba a su esposa y acariciaba con cariño su cabeza—. Debes sentirte muy cansada, por eso pensé que prepararte el desayuno como agradecimiento estaría bien.

— Eres tan tonto e inconsciente —Se quejó mientras se aferraba a su pecho con fuerza por medio de un abrazo, agradeciendo internamente a los cielos que ese mal momento hubiera quedado atrás. Ocultó su cabeza para que Hyakkimaru no pudiera ver las pequeñas lágrimas de felicidad que escaparon de sus bellos ojos— ¡No vuelvas a darme esos sustos!

— No lo haré, lo lamento. Gracias por cuidarme, Dororo.

Mientras Dororo terminaba de poner la mesa y Hyakkimaru apagaba el fuego no pudo evitar pensar en lo asombroso que seguía siendo su amado esposo. En verdad había estado en una condición casi critica el día anterior, a pesar de esto como por medio de una obra milagrosa ya había recobrado su salud por completo.

Si bien era cierto que cuando Hyakkimaru recuperó todas las partes de su cuerpo perdió sus habilidades especiales, Dororo había notado que era muy extraño que enfermara, y con lo que acababa de suceder se dio cuenta que cuando lo hacía se recuperaba con una velocidad envidiable.

Sin duda era un hombre con una vitalidad increíble. Ese descubrimiento en verdad lo hizo sentir dichosa, eso significaba que su amado Hyakkimaru iba a estar a su lado por muchos años más, estaba convencida de eso.

— Dororo… ¿qué es lo que dice aquí?

Escuchó que le preguntó cuando este se sentó a su lado en la mesa mientras ella se disponía a comenzar a comer el desayuno que le había preparado. Hyakkimaru entrecerraba sus ojos y observaba minuciosamente su cuaderno de pacientes. Solo atinó responder tratando de ocultar su vergüenza e inflar sus mejillas en un gesto de reproche:

— Ya sé que mi letra es horrible y parece que fue un kappa quien lo escribió, no es necesario que tú también me critiques por eso.

— ¿Kappa? ¿Hay uno por aquí? ¿Quieres que me encargue de él?

— Es una broma, no se trata de un kappa de verdad. —Añadió Dororo con voz divertida—Trataré de descifrar lo que anoté acabando de desayunar, no le des más vueltas al asunto.

Hyakkimaru ladeó su cabeza con confusión, pero decidió no darle más vueltas al asunto, se limitó a mostrarle una pequeña y enternecida sonrisa a su esposa mientras apretaba cariñosamente una de sus infladas mejillas.

— "Hyakkimaru en verdad es perfecto… ¿acaso hay algo que no pueda hacer bien?"

Pensó Dororo con resignación mientras recordaba la hermosa caligrafía de su apuesto esposo. Ese fue su pensamiento inicial, sin embargo, al comenzar a comer el desayuno se dio cuenta que si tenía una debilidad: la cocina.

Tensó todo su cuerpo y como pudo se las arregló para no quejarse en voz alta de lo mal que sabía la comida que su esposo había preparado para ella.

— ¿El desayuno sabe bien? ¿Te está gustando?

Le preguntó Hyakkimaru observándola con sumo interés, esperando ansioso su respuesta. Dororo tragó otro bocado pesadamente esforzándose porque no se diera cuenta por medio de sus facciones que en verdad la comida sabía horrible.

El arroz no estaba bien cocido, el pescado estaba casi quemado en su totalidad mientras que las verduras tenían el sabor a especias desconocidas ¿qué demonios le había puesto Hyakkimaru a las verduras?

Hyakkimaru se veía tan entusiasmado al pensar en que había podido preparar un desayuno delicioso para ella que se sintió incapaz de decirle la verdad y romper su ilusión. Le mostró la sonrisa más sincera que le fue posible y le mintió que diciéndole que estaba delicioso.

Al día siguiente, por desgracia, los papeles se vieron invertidos. Dororo cayó enferma en cama con un terrible dolor de estómago a causa de la comida que Hyakkimaru preparó para ella.

Su esposo se disculpó con ella una y mil veces por no ser capaz de cocinar comida decente, a pesar de esto, Dororo seguía empeñada en mentirle asegurándole que probablemente se había enfermado por otra cosa.

Eran un matrimonio y por sobre todo eso debían hacer, apoyarse siempre en las buenas y en las malas. Hacer sacrificios y decir algunas pequeñas mentiras de vez en cuando por su esposo no le molestaba. Ya se había hecho a la idea de que tendría que aprender a vivir con las terribles habilidades culinarias de su amado Hyakkimaru.


[1] Kappa: Es una variedad de yokai o demonio perteneciente al folclore japonés que habita en los ríos en los lagos. Yahiko dice que la letra de Dororo parece escrito por uno, ya que estos yokais tienen las manos palmeadas similares a las de ciertos anfibios.

Así es como este compilatorio de historias cortas llega a su fin, espero de corazón que las hayan disfrutado n.n Muy especialmente quiero agradecerle a Sofia por dejar su lindo rw. Me hace muy feliz saber que te está gustando la Saga Alma, es un honor para mí poder contribuir para el fandom hispanohablante de Dororo.

Les recuerdo que a partir del siguiente mes, mi saga AU de Dororo (Saga Notas) seguirá publicándose. Primero con una historia corta de 13 capítulos el cual es un spin off protagonizado por Shiranui y Saburota (con temática BL), y después de esto ahora si vendrá "Las notas de mi destino", continuación directa de "Las notas de mi corazón".

De nuevo muchas gracias por leer mis historias :)