El mundo de Groenlandia no ha cambiado mucho.

La nieve que cae constantemente, la poca movilidad por los abrigos alrededor de su cuerpo, el congelamiento de sus pestañas contra sus mejillas, el entumecimiento de los dedos de manos y pies, la permanente piel de gallina, el viento fuerte que te arrastra unos pasos atrás, el frio que calcina hasta el hueso; no son situaciones nuevas o desagradables para él. Son solo la normalidad de su vida. Pero el silencio muerto por la ausencia de humanos y de sus compañeros es algo a lo que jamás se podrá acostumbrar.

Ha estado vagando por mucho tiempo, durante tanto que ha perdido el conteo de los días que han pasado. Estar tan al norte donde las noches podían durar semanas no ayudo a su sentido del tiempo. Sin embargo, puede decir que ha pasado solo dos años desde que el clima del planeta se volvió en contra de ellos. Decidido a hacerlos pagar por todo el daño que habían hecho. Años de abusar de la tierra, de contaminar el aire, de la sobreexplotación de los recursos naturales y matar sin medida a miles de especies; al fin fueron cobrados, porque olvidaron un detalle.

El planeta también era un ser vivo. Y como en cualquier organismo, trata de eliminar el virus desde la raíz.

Al principio no lo creyeron ¿Cuándo lo hicieron? Hasta que era demasiado tarde. Nadie quiso escuchar la verdad porque era como la poesía. A casi nadie le gustaba escucharla.

Pero cuando se volvió un hecho y no una teoría, fue cuando los gobiernos trataron de mantenerlo en secreto, para que la población no entrara en pánico. Se convoco una reunión de emergencia, se organizaron planes, se analizaron todos los escenarios y soluciones posibles, los líderes mundiales con sus naciones se gritaron el uno al otro echándose la culpa, se eligió la opción de los búnkeres bajo tierra y planes de respaldo en caso de que fallara.

De alguna u otra forma (a lo que Groenlandia no le interesaba) la información salió a la luz.

La histeria colectiva fue histórica. Las multitudes estaban desesperadas por vivir que incluso dejaron de lado su moral para ponerse a robar y tomar todos los suministros que pudieran, algunos mataron por ello. Incontables murieron aplastados por las turbas de gente histérica, fue particularmente malo en países sobrepoblados. Muchos supermercados fueron robados, autos abandonados en medio de la calle, las casas habían sido allanadas, el precio de la gasolina se disparó, los edificios gubernamentales vandalizados y destrozados por sus ciudadanos en pánico y la lista solo continua y continua hasta lo inmejorable.

Los medios lo llamaron el Armagedón, el Juicio Final, el Apocalipsis, el Ragnarok.

Pero el nombre que se le dio fue la Era Climática.

Esos idiotas llamados reporteros no hicieron más que avivar las llamas del pavor de la población que desembocarían en la anarquía con sus noticias sensacionalistas. Como lo que ocurrió en Turquía solo unos días antes de que el fin del mundo que conocían se acabara de golpe.

Hubo humanos remilgosos que creían que esto era el Juicio Final profetizado en la Biblia cristiana, llevaron a sus familias y se reunieron en Iglesias celebrando que serían llevados al mundo perfecto; ignorando las advertencias que gritaba el planeta. Otros creían que fue una conspiración del gobierno para controlarlos y asustarlos. Algunos, los suicidas o quizás los más sensatos aceptaron el hecho y decidieron irse en paz antes de que el infierno en la tierra se desatara.

Locos, dijeron los asiáticos.

Idiotas, se burlaron los europeos.

Patéticos, hablaron los africanos.

Ciegos, como los nombro él.

Porque no era el final, la Tierra continuaría con o sin ellos. Solo era otra era, no era el fin. Pues las eras eran temporales, iniciaban y terminaban una tras otra. Eso había sido siempre.

Y al final ocurrió en un 4 de marzo, el día en que el planeta se consumió a sí mismo.

[ ... ]

Tenían dos semanas para prepararse, o eso pensaron.

El modelo meteorológico se equivocó.

Tan, tan equivocado.

Groenlandia no lo entendió, se suponía que había un plan. El jodido plan en las que todos se habían quedado noches en vela en la sala de conferencias mundial para prepararse. Pero todo se salió de control.

No.

Nunca tuvieron el control.

La era vino dos semanas antes de que se lograra al menos una evacuación completa de un país.

Cargaba suministros a un barco que se embarcaría a un viaje desde la casa de Canadá a la suya. Y...

Hubo un destello en el cielo, literalmente bloques de hielo caían del cielo. Humanos corriendo hacia los búnkeres. Cráneos siendo fragmentados por los bloques. Llanto incesante. Su cabeza comenzó a doler y la sangre comenzó a humedecer su cabello negro. La puerta se cerró detrás de ellos. El techo se derrumbó encima. Mas gritos, luego silencio.

Nanuk Køhler se dejó arrastrar a la oscuridad.

Groenlandia recuerda despertarse en dolor, en una lucha constante entre el desmayo y la conciencia. Fragmentos de su memoria que le hacían ver edificios cubiertos de hielo resplandeciente, el blanco que se metía a sus ojos, animales angustiados, el viento gritando ¿o tal vez era su gente? ¿Era el viento o su gente pidiendo auxilio? ¿Estaba todo en su cabeza o fue real? ¿Acaso fueron sus propios gritos? ¿Dónde se supone que estaba? ¿Qué estaba pasando? Un momento, esta no era su gente ¡Su jefe! Su jefe estaba en la capital ¿O no? ¿Está a salvo? ¿Su gente estaba bien? ¿Cuántos de ellos se salvaron? ¡Dinamarca! ¡Su familia! Dios, esperaba que estuvieran bien.

Hubo frio. El frio agudo se filtró por las grietas del refugio. Su cuerpo fue golpeado con un dolor sordo con la cabeza zumbante que no le permitía captar los sonidos de su entorno. Unas manos lo tomaron del brazo obligando a que se parara. Él grito arremetiendo a su alrededor. Escucho que lo arrullaban tratando de calmarlo. Cuando vio a personas uniformadas de rojo se acordó en qué lugar estaba. Lo guiaron a un cuarto custodiado por oficiales canadienses. Le explicaron que sabían perfectamente quien y que era. Adentro de ese cuarto gris estaba lleno de máquinas con múltiples botones que hacían Dios sabe qué.

Cuando pregunto para que servían. Le contestaron:

— Para mantenernos en contacto con los otros.

En unas horas se perdió toda comunicación con los países asiáticos y africanos. Unos días después el resto del continente americano dejo de contestar. Oceanía se desconectó cinco minutos más tarde. En una semana, Europa fue cubierta por un huracán de nieve y no se supo que fue de sus gobiernos. Groenlandia trato lo humanamente posible para comunicarse con su familia nórdica, pero el silencio al otro lado de la línea nunca se interrumpió con la voz de Dinamarca, Noruega, Islandia, Finlandia o Suecia.

Los humanos con los que se quedó atrapado se acurrucaron entre ellos para conservar el calor. El frio que hacia afuera podría convertirte en una escultura de hielo en segundos. Aunque el bunker estuviese a un kilómetro bajo la tierra, el clima en la superficie lograba entrar. A algunos se le comenzaron caer los dedos. Otros perdieron partes de su talón y su nariz. Comenzaron a enfermar de diversas aflicciones que apagaron su vida. Todo por no tener el calor suficiente para que la sangre y su temperatura fluyera de manera correcta.

Nanuk sabía que la tormenta no duraría eternamente. Pero ya habían pasado demasiado y la tormenta no parecía menguar en su fuerza. Lo que en verdad le preocupaba es como reaccionaria su cuerpo ante el nuevo clima y si podría adaptarse a este nuevo mundo. Por qué esta vez no habría retorno. Si moría ahora ya no regresaría como lo hizo en el pasado. Su gobierno no estaba, la muerte de la realeza danesa y de los ministros pesaba en su interior, lo único que lo mantenía con vida fue que aún existía gente groenlandesa que mantenía su cultura e historia con ellos.

No hablo con ninguno de los humanos. Jamás fue un gran conversador a diferencia de su tutor. Solo se dedicó a hacer trabajos en bunker como administrar las raciones, limpiar y llevar los cadáveres a una habitación que se cerraba herméticamente.

Pensó que estaba acostumbrado a la soledad, a estar apartado de todos, pero se equivocó. Era un idiota al pensar que podría lidiar con esto por su propia cuenta.

Extrañaba a todo el mundo. Extrañaba a Rusia cuando venía a visitarlo con Ucrania para pescar juntos en el hielo. Añoraba los días en que Islandia venía con s u frailecillo a platicar sobre banalidades. Necesitaba ver a Estados Unidos junto a Canadá para platicar de películas. Quería volver, aunque sea a una reunión mundial donde todos enloquecían con la presencia del otro. Quería que Estados Unidos viniera a fastidiarlo con las novedades sobre tecnología con Canadá tratando de calmarlo. Deseaba que México lo arrastrara con el resto del continente con la frase que siempre le decía "Vente con la raza, mamon".

Los oficiales al ver que no serían rescatados abandonaron sus funciones para mantener con vida a los que quedaban. Los medicamentos y raciones comenzaron a acabarse. La gente volvió a ser desconfiada, robando la comida que quedaba y acaparando los lugares alejados de la entrada-salida del bunker.

Nanuk sabía que ahora su cuerpo era tan frágil como el de un ser humano, pero seguía siendo una nación. Una nación que quería ver a alguien más de su especie. A su familia y amigos. Vivió lo suficiente para saber cuándo tenía que irse antes de que estallara el conflicto. Tenía que salir de ahí.

— ¿Qué estás haciendo, niño? — pregunto un anciano viéndolo empacar su tienda de campaña.

— Me voy — contesto sin dejar de guardar.

— Muchacho estás loco, te congelaras ahí afuera.

— Lo sé — se encogió de hombros. Groenlandia camino hacia la salida del refugio el frio comenzó a calar en su piel, apretó su bufanda alrededor de su rostro y se puso sus goggles.

Cuando salió del bunker, nada puso haberle advertido de la devastación de afuera. Negro y blanco, todo era una desolación de blanco con negro. No era capaz de ver las calles por toda la nieve sucia que las enterraba. Miro al cielo confirmando que la nieve era negra.

Camino, camino guiándose por una brújula a través de los vientos furiosos helados. Paso el tiempo, el frio era tal que varias partes del océano se congelaron los cuales uso para seguir su travesía. No vio a ningún humano, animal o planta en su entorno. Nadie.

Solo, solo, solo.

Solo.

Solo.

Silencio.

No hay nadie.

Nadie.

Esta solo.

No quiere estar solo.

Soledad.

¿Alguien está ahí?

Alguien tenía que estar por ahí.

No podía ser el único que quedaba.

No podía estar solo.

No quería estar solo

No, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no, no.

La nieve era negra y el silencio rompía su cordura.