Iba a empezar a subir esta historia hace una semana, pero he tenido unos días horribles, perdí a alguien querido y ahora estoy enclaustrada por sospecha de COVID.

En fin, ya no importa, el asunto es, esta historia es una continuación de "Un Sueño Que No Tuvo", aunque se puede entender por si misma, aunque algunas veces los personajes harán referencia hacia cosas que pasaron en esa otra historia.

Y un enorme Spoiler, porque no quiero que nadie esté leyendo algo que no le guste, esto es un joltolock (John/Sholto/Sherlock). Es a donde nos dirigimos.

Y claro, esta historia es para Violette Moore que tuvo que escuchar mis lloriqueos por James Sholto, gracias Ángel.

Ahora si, si aun hay alguien aquí, que lo disfrute.


Si Caer No Te Mata

por Adrel Black


I

El Vals

La música resuena apagada conforme se aleja, el jardín huele a madreselvas, a tierra húmeda y a fresno. No hace frío, pero aun así se arrebuja dentro del Belstaff como si fuera una coraza.

Se aleja por el camino encementado sin mirar atrás, no quiere ver a John aun bailando con Mary bañados en luz amarilla.

John…

No quiere ver a John moviéndose a ritmo de vals durante una canción pop, porque no sabe bailar nada más; no quiere ver a John abrazando a Mary más tiempo del necesario. Y no tiene nada en contra de ella, ni de John, es solo que siente como si le hubieran drenado la sangre de las venas.

La sensación de malestar que le persigue se ha vuelto crónica desde su vuelta a Londres, es como si fuera una pieza en un rompecabezas que se empeña en acomodarse en un lugar que no es el suyo, entrando a la fuerza, doblando y cortando contornos en un afán de hacerse de un espacio cuando es obvio que no corresponde.

Sale de los terrenos del salón hacia una calle vacía, no hay tráfico, ni transeúntes, sigue caminando, despacio, algunas cuadras hasta una calle principal, donde hay algo más de movimiento, detiene un taxi y le pide que le lleve a Londres.

Mira por la ventana pasar un borrón de imágenes en colores indistinguibles a esa hora de la madrugada.

Es cuando se acercan a la ciudad que el taxista pregunta:

—¿Tiene la dirección?

Está listo para pedirle que le lleve a la Calle Baker, pero se detiene de último momento y en lugar de eso le pide:

—Al Hospital St. Barts. —Frunce el ceño sin entender por qué está haciendo esto, qué es lo que busca.

El taxi se detiene unos minutos después frente al edificio, se apea y paga un par de libras.

Levanta la vista, puede ver el techo, en momentos como aquel casi desearía que la caída le hubiera matado, en el sentido práctico de las cosas le hubiera ahorrado montones de dolores y problemas, se pregunta si John se habría casado tal como ha hecho y la respuesta obvia es: si. Para John todo habría sido tal cual es, pues para él había estado muerto todo aquel tiempo.

Ingresa al hospital y anda por los pasillos. Luego de la oscuridad del Londres de medianoche y de su olor a lluvia, los pasillos iluminados y el olor a desinfectante le resultan chocantes.

Se acerca a una enfermera y despliega su encanto en un intento de averiguar dónde está. Le muestra de forma rápida la identificación de Scotland Yard que ha robado a Lestrade hace años y la mujer le indica el pasillo y la habitación.

Sherlock se aleja andando de forma ágil, se deshace de la corbata que aún lleva puesta y la guarda en el bolsillo interior del abrigo. Los hombres que resguardan la puerta son hombres de Lestrade, le reconocen y le dejan pasar.

Abre con sigilo, intentando no importunar al ocupante del lugar, tal vez esté dormido y ni siquiera se de cuenta que Sherlock ha estado ahí, tal vez sea mejor así. El detective no sabe lo que en realidad va a decir, pero en cuanto abre la puerta apenas una rendija el hombre, con los ojos grises despiertos y alerta ya dirige su mano hacia la mesilla que tiene a la derecha, cubierta por un montón de ropa, Sherlock está muy seguro que ahí hay un arma.

Sin embargo, al reconocerle, aleja la mano y se vuelve a recostar sobre su lado derecho con una leve mueca de dolor y alivio a la vez.

John alguna vez le dijo que el hombre recibe más amenazas que el propio Sherlock, dado que él —Sherlock —nunca ha recibido a un visitante buscando un arma, debe suponer que es verdad.

—Señor Holmes —la voz del hombre es profunda, a pesar de los años, aún tiene la voz de un soldado.

—Sherlock —dice el detective y se acerca a su interlocutor. —Buenas noches Mayor Sholto.

—James —responde el hombre y después aclara, —serán buenos días, es ya de madrugada ¿no?

—Si, —Sherlock se acerca hasta una solitaria silla y se deja caer —pasa de medianoche.

—Aun así es temprano para que el padrino haya abandonado la boda —dice con ojos serenos, es como si estuviera escrutando a Sherlock, intentando ver por debajo de su piel.

—Cumplí con todo lo que era mi deber, —aclara —no tenía el pretexto de que intentaron asesinarme antes del vals, pero en la primera oportunidad… huí.

Sholto asiente.

—Pues yo tuve ese pretexto —medio sonríe, aunque no es una sonrisa exactamente, es más una mueca. —Casi me siento agradecido, no me hubiera gustado estar ahí para ver el vals.

—El vals… —dice Sherlock y las palabras flotan en el aire, —fue un poco menos malo que los votos en la iglesia.

Ambos hombres se quedan en silencio, Sholto se remueve en la cama de hospital incómodo, Sherlock se pone de pie como intentando ayudar, pero el Mayor le detiene con una mueca y con dificultad a causa de la herida y de su brazo inservible cambia de postura.

—Ni siquiera pude llegar a la iglesia —comenta James —no podía con la idea, —guarda silencio un momento antes de continuar —nunca felicité a la Señora Watson, yo estaba ahí por y para John.

—Mary es… —Sherlock no quiere decirlo, pero aun así lo suelta —buena para él.

Ambos hombres se quedan en silencio mirando al vacío, saben que están pensando en la misma persona y pasando por el mismo dolor.

James conoce ese dolor, lo ha sufrido por años, han sido al menos dos las veces que ha debido despedirse de John, ésta es la tercera. Sherlock por su parte es la primera vez que lo sufre, ha sentido celos y molestia antes por John y todas sus novias, pero esto es abismalmente diferente.

John ahora es un hombre casado, se ha ido de Baker Street, espera un hijo, tendrá pronto nuevas preocupaciones y Sherlock se quedará estático, mira al Mayor; estático como aquel hombre, atrapado en un tiempo diferente, en un tiempo en que tenía a John.

—¿De verdad lo es? —pregunta Sholto, Sherlock descolocado por la pregunta por un momento le mira sin entender. —Ella ¿en verdad es buena para John?

—John es difícil de leer en el mejor de los casos, es decir, es simple, puedo saber cuando algo le molesta, cuando se siente incómodo, cuando ha dormido, pero nunca estoy seguro sobre lo que él quiere.

—Vaya, —James sonríe —sé que a mí solían sorprenderme sus actitudes, pero no pensé que al gran Sherlock Holmes le ocurriera igual.

—Si él es…

—Impredecible, —termina James.

—Si y no. Parece tan simple, pero no lo es en absoluto.

—Recuerdo esa sensación —dice el Mayor y asiente.

—Yo no pensé… —comienza a decir el detective —nunca me pareció que él estuviera especialmente ansioso por casarse. Me sorprendió que se propusiera.

—Él nunca deseó casarse realmente, —dice Sholto y sus ojos se pierden en un pasado que Sherlock solo puede imaginar, —siempre hubo mujeres alrededor, él tiene ese imán, pero siendo sincero, las marcas más grandes en la vida y el carácter de John, creo que las han dejado dos hombres. —Sholto le mira muy fijo —y creo que ambos estamos en esta habitación.

—Cuando usted llegó a la boda, John casi saltó de alegría, cuando Mary dijo que usted no había confirmado él estaba absolutamente seguro que usted estaría ahí.

—Fue una promesa —aclara James —prometí, hace años, que estaría ahí. Ya había roto otras promesas, tenía que cumplir esta.

Sherlock se muerde los labios, casi como si no quisiera seguir hablando, se pasa la mano por el cabello alborotándolo.

—Creo que él aún lo ama.

Sholto no parece emocionado ante la idea, ni sorprendido, sólo parece muy triste.

—Eso terminó hace años, en Afganistán…

—Pero no terminó del todo ¿cierto?

—No terminó porque quisiéramos que terminara, terminó porque caí en acción, porque perdí a mis hombres y sabía lo que vendría, los problemas, las familias, el desprestigio, no podía dejar que John cayera conmigo.

—La caída, —Sherlock no se sorprende ante la ironía de la situación, cada uno de ellos cayó en algún momento y a causa de esa caída perdieron a John.

—Cuando él te conoció, —habla James —me escribió, yo estaba seguro que ya no lo haría, porque nuestra despedida fue… dolorosa. Pero de pronto él parecía animado de nuevo, fue triste verle seguir adelante, pero también fue un alivio, por mucho tiempo creí que no ocurriría. Cuando me licenciaron él pasó por malos momentos, momentos muy oscuros. Y cuando fingiste tu muerte, volvió a pasar por lo mismo.

—¿Él lo buscó? —pregunta Sherlock.

—No —responde James —yo traté de buscarle, pero John pasa por los malos momentos en soledad.

Sherlock asiente.

—Debo irme, —se acerca y ofrece su mano al Mayor Sholto, este la toma en un saludo fuerte y firme. —Lamento si le he molestado.

—Conozco el dolor que sientes Sherlock, lo he sentido también.

—¿Cómo sobrevives a él? —pregunta el detective.

—Porque John se culpará si no lo haces, entonces se convierte en un deber.

Sherlock asiente.

—No sé dónde vive Mayor, —Sherlock saca un bolígrafo de su bolsillo y arranca una esquina al parte médico que hay a los pies de la cama, anota su número. —Pero la calle Baker está cerca de aquí, si necesita un lugar, cercano al hospital, en donde quedarse, puede llamar. —Sholto asiente en un gesto muy militar que Sherlock siempre ha asociado con John. —O si puedo ayudarle con su problema de seguridad.

—Te agradezco, la oferta y la visita.

—Mayor, —luego se corrige —James, no creo que John pueda ser feliz con Mary, porque creo que John aún te ama.

—No Sherlock, no es a mi a quien ama, ya no, pero no creo que ame a su mujer tampoco, creo que estaba esperando una palabra de tu parte para huir de esa boda —el hombre tiene una media sonrisa en el rostro.

—Nunca me ha mirado como te mira, James. —Sherlock también sonríe un poco al recordar a John y a Sholto saludarse —con los ojos tan límpidos y apenas conteniendo la sonrisa.

—Ninguna de ambas opciones hace que sea menos malo.

—No —responde Sherlock luego da media vuelta en un revuelo del Belstaff y abandona la habitación con pisadas suaves.


Hola, ¿hay alguien aquí?

Si es así, bienvenidx.

Procuraré subir capítulos nuevos los domingos.

Tengan una linda semana.

Adrel Black