Ha sido una semana difícil, las cosas parecen mejorar por momentos, pero luego todo parece de nuevo estar mal.
Bueno, ya una vez sacados mis traumas, :).
Hola DoppelGangerSeven, que gusto que te agradara el capítulo, ojalá te siga gustando. Gracias por tus buenos deseos, está siendo difícil, para ser franca, pero aun así, todo parece un poco mejor cada día. Ten una bella semana.
Disclamer.- Todo esto pertenece a Moffat, Gatiss, la BBC, Arthur Conan Doyle y no sé quien más, mío solo es la historia y si hubiera un James Sholto al alcance de la mano, también me encantaría que fuera mío.
Obviamente dedicado a Violette Moore, que siempre está cuando le escribo.
Que lo disfruten!
Si Caer No Te Mata
por Adrel Black
II
Las Placas Militares
El avión ha dado la vuelta...
—Moriarty está muerto —repite el detective, Mary, John y Mycroft están rodeándole, —yo le vi volarse la cabeza.
—Lo sé —responde Mycroft —lo comprobé, mi gente recogió el cuerpo y yo personalmente me aseguré que fuera él.
—Entonces no es Moriarty —dice John.
De pronto un estallido que hace cimbrar el piso les sobresalta, Sherlock y John se apresuran a acercarse a la puerta del avión, Mary y Mycroft miran a través de las ventanillas.
El auto en el que el matrimonio Watson ha llegado a la pista acaba de estallar, humo negro se levanta en espirales hacia el cielo, las llamas consumen la tapicería, algunos hombres del MI6 intentan apagar las llamas con extinguidores. El automóvil se ha partido básicamente por la mitad.
—¿Qué está pasando Sherlock? —pregunta John.
—No lo sé —responde el detective y se prepara para bajar del avión, se desliza por la escalera con John pisándole los talones.
Es imposible acercarse a causa del calor.
—¿Una falla mecánica? —el detective niega.
—Si hubiera sido una falla mecánica habría estallado el cofre o el tanque de la gasolina, pero mira la forma en la que se partió el techo, sea lo que sea lo que estalló…
John se mueve mirando desde distintos ángulos.
—Estaba bajo nuestros asientos —completa John al mirar como el sillón de la parte de atrás se convirtió en una especie de fuente hecha de resortes y trozos de tela.
—Si.
Mycroft que se acerca despacio pero con el inconfundible sonido del paraguas golpeteando contra el asfalto dice:
—Scotland Yard va a llevárselo para analizarlo. Te diremos lo que sea que encuentren.
—No van a encontrar nada —aclara Sherlock.
—¿Cómo lo sabes?
—Es un auto del servicio secreto, ¿quién tiene suficiente sangre fría e inteligencia para poner una bomba en un auto del MI6? —John niega, y se encoge de hombros —alguien con esa capacidad no va a dejar ni una huella.
.o.O.o.
Mary y la Señora Hudson han sido llevadas a un hotel con los mismos resguardos que si estuvieran en un programa de protección de testigos.
Mycroft les ha asegurado que el perímetro está cubierto, John y Sherlock han vuelto a la calle Baker, John desde la ventana, entre las cortinas puede ver una patrulla al otro lado de la calle. Greg Lestrade monta guardia, saluda a John levantando su vaso de café, John le lanza un asentimiento y vuelve a cerrar las cortinas.
Sherlock está en su sillón muy quieto mirando al vacío, John por su parte toma la SIG y se asegura que el cargador está completo.
—¿Por qué alguien me necesita en Londres? —pregunta Sherlock sin referirse a nadie en particular.
—¿A qué te refieres?
—Moriarty está muerto —John asiente —entonces no es Moriarty, pero le usaron para mantenerme en Londres, quien lo hizo sabía que si Moriarty regresaba no me obligarían a irme.
—Pero no fue tu auto el que hicieron estallar —aclara John.
—Ya antes han intentado llegar hasta mí, usándote.
John se aclara la garganta y se sienta en su sillón, se siente en tensión, lo recuerda, claro que si, los lotos negros, Moriarty, Irene Adler, Moriarty de nuevo, Magnussen, todos usaron a John en un intento de atrapar o dañar a Sherlock.
Afuera está oscureciendo, John pide a Speedy algo de comida para él y para Sherlock, sirve un par de vasos de agua y acerca la comida al detective.
—No tengo hambre —dice Sherlock.
—¿Cuánto hace que no comes? —pregunta el doctor, el detective se encoge de hombros. —Entonces toma, —el otro no hace amago de tomar la comida —Sherlock, por favor, creí que te enviarían a Europa de nuevo, después el auto en el que viajaba con mi esposa embarazada estalló. No puedo discutir sobre esto.
Sherlock toma la comida en silencio, espera a que John se haya sentado para empezar a comer.
—¿Crees que lo intentarán de nuevo? —pregunta John, Sherlock asiente.
Ambos siguen comiendo en silencio, un momento más hasta que John vuelve a interrumpir.
—¿Por qué estamos aquí, Sherlock? ¿no deberías ir a otro lugar? si quien hizo estallar el auto va tras de ti ¿no será este el primer lugar en que te buscarán?
—Si, pero me necesitan. —Sherlock bebe un poco de agua y dice: —sabían que si te pasaba algo yo volvería. —John no dice nada frente a aquella declaración, —creo que intentan mantenerme visible.
Sherlock sigue comiendo, pero sus pensamientos se han ido, John aprovecha para mirarlo con atención. Se ve distinto, más tranquilo, más adulto, por decirlo de alguna manera. John también se siente diferente, se siente cansado, casarse con Mary significó dejar una parte de sí mismo a un lado.
Casarse fue una decisión que tomó en un mal momento, en el momento en que creyó que Sherlock se había ido y que era algo tan bueno para hacer con su vida como cualquier otra cosa y después había seguido adelante, porque no podía retirar la palabra que ya había dado a Mary.
Pero esa era la historia de su vida, ir por el mundo cumpliendo promesas que los demás no se detenían a valorar.
Fue eso lo que ocurrió con James Sholto, prometieron retirarse juntos de la vida militar, prometieron buscar una vida para los dos, pero luego James fue licenciado y rompió sus promesas dejando a John acompañado solo de los trozos de un sueño que ya no se cumpliría.
Luego Sherlock, John había sido amenazado, golpeado y secuestrado por él y no le importaba, había abandonado sus intentos de trabajo y las novias de fin de semana, y luego éste se había ido dejándole en un departamento lleno de sus cosas y con la promesa de una vida que ya nunca pasaría.
Entonces llegó Mary, tan sonriente y agradable, un consuelo que ya no esperaba, comprensiva y tranquilizadora, dispuesta a aceptar el corazón resquebrajado que era todo lo que tenía para ofrecer, prometiendo ser amable e indulgente con todos los dolores que John cargaba, todo para luego descubrir su cara real, una asesina a sangre fría, con la que John estaba casado y con la que esperaba un bebé.
Y claro, como John no rompe sus promesas se había mantenido, enfadado, abatido y estoico a su lado, mientras miraba a Sherlock partir de nuevo hacia Europa del Este.
—Estás callado —dice Sherlock mientras lo mira con suspicacia —¿es porque estás cansado?
—Si.
—Ve a dormir, tu habitación no está arreglada, pero puedes usar la mía. —Ofrece. —Creo que yo me quedaré aquí esta noche.
John niega y murmura algo que suena a "me quedaré contigo". Luego se levanta y prepara café, es ya muy avanzada la madrugada cuando al fin se queda dormido en su sillón.
Sherlock acerca una manta y cubre el regazo de John, la SIG sigue descansando, cargada en la mesita a su lado. Piensa que lo mejor que podría hacer es poner a John a salvo, en un lugar lejano, lo suficientemente apartado para que quien sea que haya puesto esa bomba no le encuentre.
Si encuentran al propio Sherlock, bueno, él se lo buscó, se lo ha buscado toda la vida, pero no va a perdonarse si John sale herido por su culpa.
Está tan cansado; antes, antes de John, podía mantenerse despierto por horas y horas, podía estar activo en casos durante días enteros sin acuciar la necesidad de dormir o comer. Pero después de John todo se volvió complejo.
Puso los cerrojos en las puertas que dan a las escaleras, aunque sabe que aquello no detendrá a quien dejó la bomba, aun así, es todo lo que puede hacer, se deja caer en su propio sillón. Podría ir a dormir en su habitación, pero ahí no estaría John.
Prefiere quedarse aquí.
.o.O.o.
Los golpes en la puerta del salón despiertan a ambos hombres por la mañana, John con unos reflejos que pensó ya no tenía echa mano a la SIG y mira a Sherlock que tiene los ojos clavados en la puerta, como si esperara que ésta se abriera de pronto, pero lo que ambos escuchan es la voz de Mycroft.
—Sherlock —dice el mayor de los Holmes —¿puedes abrir de una buena vez? —luego sin ninguna necesidad aclara —a menos que ustedes no estén presentables.
Sherlock rueda los ojos y abre la puerta de golpe.
John está fajándose la SIG en la pretina del pantalón y tallándose los ojos, se acerca a las ventanas y mira afuera, el auto de la policía sigue en su puesto, por lo que puede ver Greg está cediéndole el lugar a otro Detective.
—Dime que tienes una buena razón para estar aquí —dice Sherlock de malas maneras.
—En realidad la tengo.
John desde su lugar al lado de las ventanas puede ver como Mycroft saca algo del bolsillo de su pantalón con un suave tintineo y se lo muestra a Sherlock, este lo toma en la mano y lo examina con atención, luego ambos Holmes dirigen la vista hacia John, que se acerca para ver en la palma de la mano de Sherlock sus placas militares.
Bueno, hasta aquí por hoy.
Nos leemos en una semana.
Adrel Black
