Hola, ¿cómo están? Yo estoy tan (taaaaaan) cansada, pero me han dado de alta y he vuelto al trabajo, y vaya que tengo trabajo, quince días atrasados de trabajo :(

La parte buena es que el trabajo no irá a ninguna parte por lo que puedo ignorarlo y publicar esto.

Hola DoppelGangerSeven, si fue corto, pero los capítulos de esta historia no serán muy largos, lo siento. Me da gusto que te agrade como escribo, si John es complicado, me encanta, no culpo a Sherlock y a James por que lo quieran tanto. El acrónimo de John x Sholto es Jolto y el batiburrillo de ellos tres juntos y revueltos es Joltolock. *Información que a nadie le importa*. Si a mi me pagaran por saber todo esto. XD

Hola Itsaso, también me agrada verte de vuelta, es un gusto. Si, todo está mejor, mucho mejor, gracias. Y bueno, eres bienvenida a la historia, ojalá la disfrutes.

Disclamer.- Todo esto pertenece a Moffat, Gatiss, la BBC, Arthur Conan Doyle y no sé quien más, mío solo es la historia y James y John y Sherlock, que no lo quiero para mí, es para Violette.

Obviamente dedicado a Violette Moore, por ser mi compañía en estos días que fueron difíciles.

Que lo disfruten!


Si Caer No Te Mata

por Adrel Black


III

El Factor Común

John toma las placas de la palma de Sherlock, sabe que son las suyas, aun así las lee, casi como si esperara encontrar un error en ellas, para poder decir, "oh, mira, no son las mías". Pero no hay duda, puede ver en ellas su apellido, sus iniciales, número de servicio, su fecha de nacimiento y su tipo de sangre.

—¿Por qué las tienes? —pregunta mirando a Mycroft.

—Estaban en el auto, —Mycroft le mira muy fijo —las encontraron entre los resortes del asiento trasero.

—No —niega John. —No puede ser.

—¿Dice que miento, doctor Watson?

—Digo que no puede ser, no puede.

John se aleja un poco y mira las placas casi como hipnotizado, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que las tuvo en las manos, las había guardado en un intento de enterrar un pasado en el que ya no quería pensar, sin embargo, ahí estaban. Se las cuelga al cuello en silencio y las resguarda bajo su camisa.

—¿En dónde estaban tus placas, John?

El aludido mira a Sherlock, parece muy contrariado, desvía los ojos hacia un punto fijo más allá de su amigo, casi como si no quisiera mirarle a los ojos.

—En casa, estaban en… —toma aire y Sherlock puede ver como se traga las palabras y evita que escapen, sean las que sean, —nadie sabía dónde estaban, solo yo.

—Al parecer no es así —dice Mycroft, John le fulmina con la mirada, Sherlock se aleja de ellos hacia su sillón

—¿Estaban en tu casa? —John le mira, Sherlock tiene el ceño fruncido, asiente. —¿Escondidas? —John con incomodidad asiente de nuevo.

El doctor se aleja de la puerta y como siempre en los momentos en los que no sabe qué hacer va a la cocina y empieza a preparar té.

Mycroft se ha sentado en el sofá, John los escucha hablar en voz muy baja, pero no se acerca, lo único que le pasa por la mente en ese momento es el resto de cosas que había junto a las placas.

Espera a que el agua esté caliente y prepara tres tazas, dos tés y un café. Los ofrece a los hermanos Holmes y luego se deja caer en su sillón.

Ambos hombres han guardado silencio, John sabe que hablaban de él.

—John —dice Sherlock con lo que parece mucho tiento. —¿Mary sabía dónde estaban tus placas?

John le regresa la mirada, hay una acusación velada en las palabras de Sherlock que no puede pasar por alto, pero tampoco culparle por ello. Mary no es una santa y si alguien tiene derecho a desconfiar de ella, es precisamente Sherlock.

—Podría haberlas encontrado, pero no hubiera sido fácil, han estado guardadas en el mismo lugar por… — "desde antes que volvieras" —algún tiempo, desde que Mary se mudó conmigo, —John da otro sorbo al café como haciendo tiempo —cuando Mary y yo decidimos que viviríamos juntos las guardé y no había vuelto a verlas desde entonces.

Piensa en ese momento, una caja de cartón blanco llena de recuerdos sin ningún valor intrínseco, pero eran recuerdos de su vida, aquella caja sin marcas ni etiquetas guardaba todo aquello que deseaba olvidar, pero de lo que era incapaz de deshacerse. Recuerda haber deseado no volver a pensar en ninguna de aquellas cosas, haberse dicho a sí mismo que debía enterrarlas para poder seguir adelante y que si realmente dejar que Mary se mudara con él era el primer paso para conseguirlo entonces debía enterrar todos aquellos recuerdos.

—Adiviné la contraseña de tu portátil en tres intentos —la voz de Sherlock le saca de sus pensamientos, John hace un gesto —Mary es muy lista podría ella haberlas encontrado.

John de nuevo trata de obviar el hecho que parece acusar a Mary y responde:

—Si, podría encontrarlas, —luego niega con la cabeza y aclara —pero Sherlock, estaban en la buhardilla en una esquina dentro de una caja de zapatos, detrás de otras cajas más grandes llenas de cosas. Tendría que haber registrado la buhardilla casi al completo para haberlas encontrado.

Sherlock asiente.

—¿Por qué tomarse tanto esmero en guardar sus placas, Doctor? —pregunta el mayor de los Holmes con curiosidad.

—No es de tu incumbencia, Mycroft —aclara Sherlock en defensa de su amigo, es claro que las placas y lo que sea que haya junto a ellas produce a John incomodidad.

—Es interesante —responde.

Todo se queda en silencio, Mycroft se ha puesto de pie y se acerca a la ventana, Sherlock por su parte murmura entre dientes "Moriarty, la bomba, las placas. Moriarty, la bomba, las placas."

—Es obvio el factor común —dice Mycroft sobre el hombro.

John mira su taza de café, sabe que Sherlock tiene los ojos clavados en él.

—¿Vienen por mi? —pregunta John y su vena de militar hace que las palabras se escuchen quedas y firmes, no hay miedo en su voz, sólo una fría determinación.

—No lo creo.

—¿Qué te hace pensar que no? —pregunta Mycroft.

—Moriarty —responde Sherlock —si fueran tras John, si el punto era que John volara junto con el auto, para qué necesitarían la grabación de Moriarty.

—Para mantenerte en Londres. —Sherlock asiente a las palabras de Mycroft —entonces la pregunta es ¿quién te necesita en Londres y necesita al doctor Watson muerto?

John se pasa las manos por la cara, le duele el cuello y la espalda por haber dormido en el sillón.

—No puede haber muchas opciones, —aclara John, —es decir, cuántas personas hay en el país capaces de difundir el mismo video en todas las televisoras.

—¿Por qué? —dice Sherlock —la pregunta es ¿por qué?, si sabemos el por qué, entonces tenemos el quién.

—Hay muchas personas que podrían venir tras de ti —responde John —personas que hemos atrapado, personas que atrapaste antes de conocerme, personas ligadas a Moriarty, los lotos negros escaparon, personas ligadas a Magnussen.

—No, —dice Mycroft —las personas que han atrapado juntos o por separado siguen estando en Pentonville, Moriarty está muerto, la general Shan está muerta también y los lotos negros se desbandaron hacia otros sindicatos criminales y hasta donde sabemos Magnussen no tenía gente cercana, no hay una familia o amigos que quieran tomar venganza por él

—Además, —dice Sherlock —ir a Europa del Este, —niega con la cabeza, —era una sentencia de muerte, si querían deshacerse de mí, pudieron solo dejarme ir.

—¿Y si el auto hubiera estallado conmigo a bordo? —pregunta John con ligereza, como quien pregunta si lloverá. —Si tú te hubieras ido y el auto estallara...

Sherlock está a punto de responder cuando Mycroft responde en su lugar:

—No se lo diría —mira a ambos hombres desde su posición junto a la ventana —yo no se lo diría, porque se empeñaría en volver y morir.

Nadie dice nada ante aquella aclaración, ni Sherlock lo niega, ni John lo rebate.

Es entonces cuando sucede.

Mycroft instintivamente se lleva las manos para cubrirse el rostro, pero la explosión no causa daño alguno al lugar. Cimbra las ventanas y hace que empiece a sonar la alarma del auto, pero no es una explosión demasiado grande.

John de nuevo con el arma en la mano y Sherlock con los ojos entornados miran fuera, la auto patrulla arde en llamas, un corro de curiosos empieza a formarse alrededor.

—¿Lestrade estaba ahí? —pregunta Sherlock, tiene los ojos asustados.

—No —responde John —lo vi cuando entregó la guardia hace un rato.

—Es el mismo auto —dice Mycroft, —es el auto del Detective Inspector Lestrade.

Los tres hombres siguen mirando por la ventana.

—Si, —responde John —pero estoy seguro que entregó la guardia a otro Detective, lo vi hacerlo.

—Si es el auto de Lestrade, —dice Sherlock el mismo auto que usó para llevar a la Señora Hudson y Mary al hotel y luego vino directamente hasta aquí ¿cómo pudieron dejar una bomba en él?

—Tendrás que buscar otro lugar hermanito —los hermanos Holmes se miran —tengo efectivos alrededor de la calle Baker y aun así aun detonado una bomba en tu puerta, tendrás que ir a otro lugar, quien sea que esté detrás de todo esto no tiene problema en herir a otros. John o su esposa pudieron estar ayer a bordo del auto que estalló, el Detective Inspector Lestrade pudo estar a bordo de este.

—Podemos ir a mi casa —dice John —es una forma de ganar tiempo —mira a Sherlock.

—Si —responde Sherlock, —pero no a quedarnos ahí. John —el doctor sabe lo que va a decirle aun antes de que lo mencione. —tenemos que revisar si la caja donde estaban las placas sigue ahí, o si se la han llevado, puede haber pistas.

A John aquello no le hace ninguna gracia, esos recuerdos no se los mostraría a nadie de forma voluntaria y la idea de que Sherlock rebusque en ella le gusta menos que ninguna otra cosa.

Afuera las farolas estroboscópicas de patrullas y bomberos se acumulan en torno al auto.

El móvil de Mycroft suena y éste contesta.

—No, —guarda silencio y escucha —nosotros estamos bien, pero creo que su hombre estaba dentro del auto. —Silencio de nuevo —sí, se los diré. —Cuelga y dice: —El D.I. Lestrade pregunta si están bien, dice que mandará de nuevo a la brigada antiterrorista para que examinen la bomba.

—Debemos irnos John, antes de que llegue la prensa.

John asiente, vuelve a revisar el cargador de la SIG, luego la regresa a la pretina de su pantalón y se echa encima la chamarra.

—¿Mycroft tu auto...?

—No —responde el mayor de los Holmes —creo que lo mejor es que tomen un taxi, uno al azar.

Sherlock y John asienten y se pierden escaleras abajo.


Bueno hasta aquí por esta semana. ¿Saben quien llegará a esta historia en el siguiente capítulo? *cejitas*

Tengan una linda semana.

Adrel Black