.
.
18
.
Ay, me gusta este camino. ¿No sabes de qué hablo? Ya verás, ya. Es un poco cliché, ¿pero qué hay mejor que un buen cliché? Significan que las piezas han encajado de alguna manera.
Taichi conoce ese pelo. No es muy común en Japón, no es que haya estado pensando en ella… aunque algo sí, quizá. Se le ha pasado por la cabeza a veces. Esa chica pelirroja con la que se cruzó. Ahora está ahí, al otro lado del campo de fútbol, con una pelota entre los pies.
Una rival adecuada, está seguro.
Sora también se acuerda de él, su ceño fruncido lo deja claro.
Sigue y sigue frunciéndolo conforme avanza el partido, porque ese chico es tan indomable como su pelo. Y no piensa perder, no quiere perder.
Se lo cruza en cada regate, se lo encuentra interceptando pases y disparos, se ve obligada a hacer lo mismo con él. Pasan el juego cruzándose, chocándose, interponiéndose en el camino del otro. Ambos quieren ganar. Él con entusiasmo, ella porque tiene algo que probar. A sí misma y a los demás.
Así que, cuando acaba el partido en empate, no se siente satisfecha, ni él tampoco.
Para lo que sí ha servido el encuentro es para que a Sora le parezca el chico más irritante del mundo, y que a Taichi le dé la impresión de que esa chica necesita relajarse un poco.
Sí, se llevan mal, se caen mal. Y quizá van a tener que sufrirse el uno al otro en la adolescencia. Depende de lo que elijas.
Decisión:
-Taichi es un impuntual, pero al menos siempre pide perdón. (Ve al capítulo 6 de la Parte II) [Próximamente, o quizá cuando leas esto ya esté]
-Sora aprende a dibujar. (Ve al capítulo 7 de la Parte II) [Próximamente, o quizá cuando leas esto ya esté]
