Para Genee, de tu amiga secreta.
Sora
*
El apartamento se encontraba a oscuras y el tiempo se detuvo.
Un destello invadió la habitación.
¡Sorpresa!
Un extintor salió volando.
Agua cayó del techo.
Y la gran pregunta: ¿por qué?
*
A diferencia de inviernos anteriores, el cálido e inusual clima hacía parecer cómo si los árboles se encontraran envueltos con bufandas, manteniendo su calor y así transmitiéndoselo a todas las personas que salían a sus días ordinarios de trabajo, unos a la escuela, algunos a jugar con niños y otros… otros simplemente en casa decorando su hogar. Después de todo era diciembre, y ese mes significaban muchas cosas tanto para Taichi Yagami como para Sora Takenouchi.
No era su primera Navidad juntos, tampoco era porque la Nochebuena tuviese un significado diferente para cada uno. Para Taichi, era reservar con semanas de antelación el menú del KFC más cercano para asegurar la cena navideña. Para Sora, era recordar un concierto, un regalo, una incómoda conversación y algo que no resultó. No obstante, ahora se estaba transformando en un cómodo apartamento pequeño (encima de una lavandería lastimosamente porque era lo único que había disponible en el área y los sueldos de ambos no eran espectaculares) junto a brillantina, suéteres extraños por parte de la familia Yagami y lleno de color con todos sus arreglos de flores.
—Y listo.
Taichi bajó de un diminuto banco que lo ayudó lo suficiente para colocar la estrella en la copa del árbol.
Sora sonrió, observando el arduo trabajo de ambos.
Las luces iban bien decoradas, los adornos sutiles que parecían caramelos y una alfombrita alrededor para colocar los regalos que llevarían hoy a la familia Yagami y el día siguiente a la familia Takenouchi.
—Ahora, si apagamos esto…—Taichi presionó un botón y luego otro, el árbol iluminándose.
—Es hermoso—mencionó Sora complacida—. Ahora que lo pienso, esos adornos en forma de estrellas parecen konpeitō. ¿Acaso no suena como una historia de Navidad el tener un árbol decorado con dulces? Sería algo muy bonito de ver.
—¿En serio?
—Sé que suena algo infantil.
—No, no. Claro que no. Es encantador.
—En fin—Sora ríe un poco, buscando el interruptor. Papel de regalo y decoraciones no usadas se hallaban, irónicamente, adornando el suelo de madera plastificada—. Tenemos que ordenar todo esto, Taichi. De ahí debemos alistarnos para ir donde tus padres y dejar los obsequios, recoger la cena que tanto quieres que coma y todo eso. Ah, y evitar beber mucho champagne. No quiero llegar tarde mañana donde mi madre porque no te pudiste despertar a tiempo.
Para Taichi, escuchar que Sora en sus veintisiete años de vida no había comido un menú navideño de KFC en Nochebuena fue como un insulto a la mismísima Navidad. Después de todo, la familia Takenouchi no era mucho de celebraciones y pasaban el veinticuatro como un día regular en vez de estar juntos por la noche, el día siguiente abriendo los presentes como todos los demás.
Cuando Sora abrió los ojos, asimilando la luz en sus retinas, tuvo un mal presentimiento.
—¿Taichi?
No había nadie.
Miró la puerta del apartamento, notando que faltaban sus zapatos.
—No sé si aterrorizarme o llamar a Mimi.
Y luego de pensarlo, llegó a una conclusión.
—Ambos.
*
Mimi Tachikawa disfrutaba de una silenciosa salida a una pastelería que acababan de abrir en el área. Últimamente, se había vuelto de sus lugares favoritos en donde solía pasar su tiempo a solas. El aire del ambiente era más delicioso que cualquier sabor. De alguna manera, el aroma capturaba todo lo bueno que había allí: el café filtrado, las diversas tortas, los pasteles daneses. La mezcla era perfecta, pero como mezcla de sabores sería terrible: "café-pastel-pastelería", no lo creía de alguna manera. Es el tipo de lugar en el que podía sentarse durante horas, con el aire tan perfumado a jengibre y canela. Ojalá pudiera comerlo, deseó que su paladar fuese tan sofisticado como su olfato.
Su estómago se apretó de hambre al pensar en los dulces rollos de miel que había ordenado. Podía imaginar el bollo caliente y esponjoso goteando con un líquido de color ámbar.
En eso, su orden llegó junto a un café au lait, y ese color ámbar se transformó en los ojos de Sora.
—¿Sora se volvió un rollo de miel?
—No, aquí estoy sin ser un postre—replicó, sentándose frente a ella.
—Oh, llegaste rápido. Lamento haber pedido algo sin esperarte, tenía ganas de comer algo.
—No hay problema—dijo Sora, solo para que un mesero se le acercase con la carta la cual ella negó amablemente—. Solo un vaso de agua, por favor.
—¿Segura? Yo te invito—Mimi insistió.
—Segura, segura.
En cuestión de segundos, apareció su vaso de agua junto a una lima cortada en la mitad al borde. Movió la pajilla, preguntándose internamente por qué siendo invierno bebía algo con hielo. Mimi, por el otro lado, había terminado de tomarle una fotografía a su postre y café, publicándolo en alguna de sus miles de redes sociales que Sora tenía problemas manteniéndose al corriente.
Desde su asiento tenía una vista de la entrada, muchas parejas entraban y salían. Después de todo es Nochebuena, una noche en la cual muchos en una relación pasaban juntos. Sora se movió nerviosamente, arreglando un prendedor de girasol que Taichi le había dado en su primera Navidad juntos. Se permitió sumergirse en la música ambiental durante unos momentos, preguntándose cómo iniciar la conversación.
—¿Qué hizo Taichi ahora? —preguntó Mimi sonriendo, aguantando una risa.
Sora se sonrojó.
—¿Un bebé? Creo que es algo pronto, pero él siempre tuvo las hormonas muy alborotadas desde chico. ¿Recuerdas cuando fuimos a las aguas termales hace siglos? Pues ahí el niño grande estaba espiando cómo me desvestía junto a Koushirou y Jou, aunque creo que a estos dos últimos los obligó a mirar. No tengo de qué avergonzarme de mi cuerpo, mírelo quien quiera, pero, ¿de esa manera? Quizás si pedía amablemente podía haber disfrutado de mí y yo de él ya que no soy una mujer de piernas flexibles—Mimi le dio un mordisco a su bollo, seductoramente mirando a Sora.
La pelirroja bajó la mirada.
—Espera, ¿¡no me digas que fuiste tú!? Aunque, repito, ahora que lo pienso, una vez te escuché en un campamento de verano muy intensa contigo misma y…
—¡Mimi, basta! —Sora podía parecer una poinsetia de la ventana, así de roja estaba.
—Es muy divertido hacerte esto—riendo, decide detenerse—. ¿Y? ¿Qué pasó? ¿Tuviste problemas con tu regalo?
—En lo absoluto. Más bien, muchas gracias por tus consejos, me sirvieron mucho para no cometer errores.
—Uno aprende muchos pasatiempos luego de estar confinado por meses.
—Mimi, fue una gripe.
—¡Y una muy fea que me tuvo meses tumbada en cama!
—Fueron cinco días.
—¡M-E-S-E-S!
La risa de Sora fue un abrazo auditivo. Se abrió camino a través del aire invernal envolviendo incluso a los extraños en su abrazo cosquilleante. Incluso el más estoico de los comensales fue sofocado por la risa. Debajo de un cielo que solo prometía nieve y con un día estresante por delante que amenazaba con extenderse hasta el infinito antes del anochecer, esa erupción inocente llena de amor y de pura alegría era el regalo que no sabían que necesitaban.
En los ojos de Mimi, el perfil de Sora se derretía.
Y en las lágrimas de alegría de Sora, Mimi se deslizaba.
—Verás, Taichi… desapareció.
—¿… Excuse me? —Mimi ladeó el rostro.
—No lo sé, todo parecía andar bien y en eso… simplemente ya no estaba. Y antes de que preguntes, no discutimos, no hablamos y tampoco hay otra u otro. Puedes borrar todos esos escenarios de tu mente—cuando finalizó, para su sorpresa, Mimi andaba con los ojos cerrados, seriamente meditando el tema—. …No creí que reaccionarías así.
—Tampoco yo, pero Taichi es Taichi. Sea lo que sea que haya decidido hacer para desaparecer y déjame adivinar, no responde su celular porque lo olvidó en casa, puede tener tanto buenas como terribles consecuencias.
—Todo depende de que bichito se le haya metido a la cabeza—suspiró Sora.
—Es imposible que Taichi arruine la Navidad, ¿…cierto?
Y por algún motivo, los roles deberían haber sido inversos aquí. Mimi debería ser quien le de una respuesta motivadora a Sora, no al revés y eso la asustó en niveles desproporcionales. Sin embargo, sonrió.
—Claro, ¿qué puede salir mal? Es Taichi siendo Taichi. No sé por qué me puse así.
—Sweetie, es entendible. Taichi es inesperado mientras que tú eres calma y serenidad. Eres un cable a tierra, por así decirlo. Eso es lo que los hace a los dos una pareja adorable. Siempre pensé que fue un error que te declararas a Yamato, pero también hacían linda pareja. Eran como los papás del grupo. Me alegra que todo eso haya terminado bien.
—A mí igual.
Ese era un tema del cual Sora no hablaba mucho. Su madre la juzgó mucho en ese entonces, diciendo que se paseaba entre sus dos mejores amigos. Aquello la dejó con una gran impresión en su mente. Por supuesto, Toshiko se disculpó de inmediato. No obstante, las palabras habían quedado impresas en su mente y no se iban hasta el día de hoy. Sabía que ni Taichi ni Yamato pensaban eso de ella, ni nadie dicho sea de paso y que todos comprendían la situación. La aceptaban con el mismo amor que ella entregaba. Aun así, todavía algo dentro de ella la dejaba con una sensación en el estómago de disgusto hacia ella misma. Yamato no la odiaba, al contrario, no se resintió ni enfadó cuando Sora terminó la relación para a los cuatro años estar con Taichi. Después de todo, su relación no acabó por un amor errado, sino por el hecho de Sora sentir que las cosas estaban bien, pero que no era lo correcto de alguna manera.
—Perdona por sacar el tema—Mimi se mordió los labios, evadiendo su mirada.
—No hay problema, ya estoy grande.
Sin embargo, la mirada de Mimi se encontraba perdida.
—Me alegra haber tenido esta conversación contigo. Estoy segura que solo son ideas y todo estará bien cuando regrese a casa. Lamento más bien no quedarme más tiempo. Tengo que terminar de envolver unos regalos.
—No worries. Además, yo era quien estaba aquí sola y luego de llamarme viniste a buscarme. Yo debí haber ido a tu apartamento.
—No, no.
—Podemos quedarnos toda la tarde en esto así que acepta lo que dije y anda yendo, Sora—Mimi suspiró.
—Lo siento, Mimi—se levantó de su asiento, moviendo la mano desde lejos una vez emprendió camino a la puerta—. Nos vemos mañana en el lonche.
—Claro, ¡bye-bye!
En Navidad, luego de que todos terminaran sus visitas familiares, los elegidos se reunían a un ameno lonche. Daisuke practicaba su soba de año nuevo, Mimi y Miyako preparaban un karaoke con canciones de Navidad, Hikari decoraba su casa (siempre era donde los Yagami) junto a Takeru, Ken e Iori se encargaban de los verdaderos aperitivos ya que sino comerían soba hasta el amanecer. Yamato era quien traía los dulces más deliciosos del planeta negando que tomó un curso de repostería, Jou tenía la lista del intercambio secreto, Koushiro se relajaba al ser el único día libre de todo el año para él… lo cual Taichi arruinaba estresándolo y Sora arreglaba las cosas.
Mimi volvió a tomar un bocado de su bollo, observando a Sora caminar al otro lado de la acera al estar sentada cerca de la ventana.
En eso, una imagen del pasado vino a su mente: Sora y Taichi hace cuatro años.
Sin darme cuenta, mi mirada se desvió hacia ustedes dos. Me pregunté de qué estaban hablando, realmente no podía escuchar por más que espiara. Parecía que te estabas divirtiendo un poco más de lo habitual, lo que me daba ganas de apartar la mirada.
—Vamos, Mimi. ¡You're better than this! —la muchacha se dio palmaditas en las mejillas, espabilándose—. Tienes que seguir adelante.
Sí, porque por más que lo negara siempre, desde ese momento creyó que llevarse bien con Sora no sería suficiente, ya no se sentía especial después de todo. Le dolía y dolía. Quería ser la número uno.
No tengas celos. No tengas envidia.
Pero los tenía y se sentía impura.
Nieve empezó a caer del cielo, sorprendiéndola. Por ímpetu, dejó todo en la pastelería y salió riendo, lágrimas formándose en las comisuras de sus labios mientras se lanzaba en el jardín del parque colindante, sus risas llenas de vacío seguían.
Tengo ganas de pedir un deseo a la nieve que cae del cielo. Para que me tiñe de blanco puro. Que congele mi amor y lo deje dormir en la niebla para siempre.
—¿Cómo puedo llamarme la mejor amiga de Sora así? Soy patética—se sobó los ojos, pretendiendo todavía reír—. Nuestros corazones han estado conectados desde que nos conocimos, eso quiero pensar.
Pero ahí inició el torrente, la risa transformándose en un incontrolable llanto.
—Quiero decirlo, aunque como es demasiado importante, no puedo decírselo. De cualquier manera, es frustrante.
Mimi nunca había sido cohibida cuando lloraba, pero ahora simplemente cedía ante la enormidad de su dolor. Sollozó en sus manos y las lágrimas gotearon entre sus dedos, lloviendo sobre la tierra blanca. Su respiración era irregular, jadeante y la fuerza abandonó toda parte de su ser impidiendo que se mantuviera de pie y formara ángeles en la nieve. Ella era ruidosa, su piel estaba manchada pero no había nadie allí para presenciarlo y mucho menos venir a consolarla. Podría correr un kilómetro en cualquier dirección y no encontrar otra alma. Ella lloró hasta que no brotaron más lágrimas, pero el vacío y el dolor permanecieron.
—Entonces dímelo. Quiero saber.
Mimi se quedó congelada, incapaz de creer la voz que escuchaba.
Una mano fue extendida hacia ella, haciendo que se pusiera de pie. Sora le extendió su cartera y Mimi la recibió sin pensar.
—Regresé al café para comprar de ese bollo que estabas comiendo cuando veo que olvidaste la cartera y saqué un par de yenes de ahí para pagarle a un muy enfadado mesero. Fue así como noté que estabas aquí—rio Sora apenada.
En ese momento, Mimi quería abrazarla.
Fue incapaz.
En cambio, Sora estiró ambos brazos, todavía sonriendo: —¿Abrazo?
Sora alcanzó a Mimi, y Mimi a Sora.
—Siempre… siempre quiero estar contigo. No me dejes, Sora. Estos sentimientos jamás han cambiado y parece que jamás lo harán. Me hacen sentir mal, tan, tan mal. Sentí que te perdía de vista y mi corazón… no daba más y fue ahí cuando me di cuenta… me di cuenta que yo…
Sora la abrazó más fuerte, acariciando su cabello.
—Nunca dejaré de estar a tu lado. Siempre te tomaré de las manos. Jamás me iré, y tampoco me dejes ir, ¿sí? —murmuró la pelirroja, apaciguando la errática respiración de la castaña.
Mimi asintió.
El viento frío y la lluvia helada. Mis lágrimas se han convertido en nieve. Nunca te dejaré ir de nuevo. Mientras la nieve blanca cae sobre nuestros hombros, finalmente he sido capaz de dejar salir lo que siento.
Para Mimi Tachikawa, la Nochebuena, por primera vez, significó Sora.
*
En la oscura habitación, incluso el tictac del reloj tenía una sensación de relajación, como si fuera un latido en reposo. Sora sintió como si el aire se moviera como agua fría y el aroma de las velas perfumadas de la sala de estar la infundiera mucho más profundamente que a la luz del día. En el crepúsculo, algo parecía tener forma en la esquina del lugar en donde se encontraba el árbol de Navidad.
—¡Sorpresa!
La voz de Taichi iluminó el ambiente junto a las luces del árbol y las decoraciones… ¡que habían sido cambiadas por completo!
El árbol estaba decorado con hermosas estrellitas de azúcar, el colorido konpeitō corriendo a través de electricidad para darle esa bellísima escena.
Un momento… ¿electricidad…?
—¡Taichi, no!
Pero Sora reaccionó muy tarde. En cuestión de segundos, el verde árbol de plástico prendió en llamas. De algún lado, la muchacha de cabello color cobre consiguió el extintor.
La escena fue una desgracia.
—¡Eres un idiota, Taichi! —Sora contuvo las ganas de golpearlo ahí mismo con el objeto que tenía en manos.
—¡No sabía que eso pasaría! —se excusa, en pánico.
—¡Hasta un niño sabría que eso pasaría! —dio un último suspiro, retomando la calma luego de la calamidad—. ¿Por qué?
—Es que… sonabas tan ilusionada cuando dijiste que sería lindo ver un árbol decorado de konpeitō. Quería sorprenderte.
Esa sonrisa de Taichi era la cosa más bonita que había visto en mucho tiempo, porque se extiende a sus ojos y profundamente en tu alma. Era el toque suave, la honestidad que es la pureza, la inocencia de su infancia tan vibrante y libre por la cuál Sora se derretía de pies a cabeza y se le era incapaz enojarse en su totalidad.
—Gracias por el detalle, Taichi.
Después de todo, su sorpresa había sido con la más genuina intención del mundo.
Hasta que los rociadores del techo se encendieron, empapando todo a su paso, incluyendo los regalos que iban a ser entregados esa misma tarde donde los suegros Yagami y mañana en la mañana a Toshiko Takenouchi.
Sora, mojada de pies a cabeza, junto al cabello de Taichi que se encontraba tapándole los ojos por el agua, fueron incapaces de invocar sonido alguno.
—B-Bueno, la envoltura se puede cambiar—Sora trató de mantener su optimismo ante la adversidad.
Taichi seguía en silencio.
—¿Taichi?
—¡No tenemos árbol, sacrilegio! —gritó a todo pulmón—. Arruiné la Navidad.
—Taichi, es un árbol.
—¡Pero te veías tan ilusionada en general! No… no quiero arruinar un día así para ti. Lo voy a solucionar, ¡lo voy a solucionar!
Y así como misteriosamente se vino y fue, el acto se repitió dejando a Sora sola de nuevo.
—¿Se supone que debo limpiar esto sola…? —Sora respiró profundamente una vez la pequeña lluvia dejó de caer—. ¿Ahora qué piensa hacer…?
Pero, muy dentro suyo, Sora sabía que cada Nochebuena, Taichi se esforzaba demasiado por ella y sabía por qué.
Tonto Taichi, ya han pasado años… No es necesario que…
Se acercó a una alacena, en donde había, por suerte, decidido esconder el obsequio que le preparó.
—Tonta Sora, por seguir pensando en lo mismo y haciendo que Taichi haga estas cosas.
*
Hikari Yagami había terminado de decorar el departamento Takaishi con gran esmero. Natsuko le ofreció algo de té, el cual ella educadamente aceptó y charlaron en el comedor. Gracias por siempre venir a ayudar, últimamente me faltan manos. No, no, todo lo contrario, es un placer. Takeru siempre se va a hacer alguna otra cosa incluso sabiendo que vienes, Hikari-chan. Y la conversación siguió de esa manera.
En eso, el móvil de Hikari suena, Natsuko excusándose para darle espacio.
—¿Hermano?
—¡Hikari, emergencia!
—¿Qué pasó?
—Verás…
En ese instante, un ligero golpe de dedos en su frente la hizo separarse del celular, siendo Takeru quien la había atacado en forma burlona.
—¿Dónde estabas? —murmura ella—. Tu mamá estaba preocupada.
—¿Acaso no puedo escabullirme para tomar fotografías reveladoras tuyas, Hikari? Tuve una muy buena perspectiva tuya de abajo hacia arriba debajo de tu vestido.
Hikari se arrepintió de enseñarle a usar una cámara.
—¿Taichi?
—Sí.
Hikari afina su garganta, retomando la conversación.
—Disculpa hermano, puedes seguir.
—¡Quemé el árbol de Navidad! ¡¿Sabes dónde puedo comprar otro?! ¡Todas las tiendas por departamento están llenas de gente comprando cosas a último minuto o pensando en la inmortalidad del mosquito con sus parejas!
—¡¿QUEMASTE EL ÁRBOL DE NAVIDAD?! —Takeru se ahogó en risa, señalando el celular.
—Ah, esa pequeña mierda también está ahí.
—¡Hermano! —Hikari estaba sonrosada.
—Es tan solo broma, Hikari. Ahora, en serio ¿de dónde puedo sacar un árbol en pleno veinticuatro de diciembre?
—No vas a encontrar en… ninguna… parte…—partiéndose de risa, Takeru tuvo que tomar asiento—. Tu mejor opción es un bonsái.
—¡Takeru! No digas cosas así que…
BIP. BIP. BIP.
—¡Te va a tomar en serio! —la castaña hundió su rostro entre sus brazos, Takeru todavía explotando en carcajadas—. ¡No es gracioso!
—¡Taichi va a comprar un bonsái! ¿Cómo no es gracioso?
—Mi hermano va caer en la deuda.
—¿Entonces eso implica que la hermana menor va a hacer cosas indebidas para ganar el dinero? —Takeru arqueó las cejas.
—No estoy de humor—Hikari se levantó, sin saber qué hacer.
—Vamos, estoy seguro que Taichi transformará esto en una increíble historia mañana y Sora tendrá muchos detalles que agregar.
—Tienes razón, no es como si mi hermano arruinara la Navidad.
Sin embargo, la memoria traicionó a Hikari cuando Taichi había malogrado cosas pleno veinticuatro como comerse todo el balde de KFC solo, rompiendo los presentes restantes cuando le regalaron un helicóptero a baterías, cuando esa vez le dio muchas alitas picantes a Agumon y el pobre Digimon quemó el árbol con sus llamas, entre otras.
—Oh. Ahora que lo pienso, lo hizo de nuevo.
—¿De nuevo?
—Te cuento si me das esas fotografías reveladoras mías para eliminarlas.
—¿Estás loca? Tengo que compartirlas con Daisuke.
*
La multitud tenía vida propia, la ropa vibrante brillaba a la luz de la noche y la gente se movía como bancos de peces encantadores. Había charlas entre vendedores y compradores, viejos amigos poniéndose al día, nuevos amigos hechos, primeras citas y primeros amores terminando. El ajetreo y el bullicio le daban una vida a esta ciudad que Taichi deseaba eliminar en ese mismo instante. El mar de gente estaba llegando a sus nervios junto a los millares de villancicos que escuchaba en repetición salir de los parlantes y, sin olvidar, que el centro Palette Town estaba inundado de gente por el gigantesco árbol de Navidad al centro.
A los ojos de Taichi, era ridículo. Realmente debería pertenecer a un bosque, no dominando sus pesadillas como lo hace. Todos sonreían bajo los arreglos, tomándose fotografías y por un segundo pensó en robarlo, pero aquello lo volvería en un criminal y no entraría en su casa. En realidad, la segunda razón era lo que lo detenía.
Para él, la Navidad siempre habían sido árboles bonitos y muchos regalos, junto a delicioso pollo y torta navideña otorgadas por el coronel Sanders dado a que se le tenía prohibido cocinar a Yuko Yagami ese día. Él y Hikari siempre esperando de pie a pie el visto bueno para colgar las decoraciones. Paquetes de oropel yacían sin abrir en el suelo, no solo del tipo serpiente, sino también de las tiras sueltas. Susumu enchufaba las luces y casi explotaban los dos, con los dedos ansiosos por empezar. El recuerdo de decorar realmente el árbol era mucho más corto que el tiempo que los llevó hacerlo hermoso hace tantos años; pero el árbol terminado era como una fotografía perfecta. Le parecía curioso cómo estos eventos permanecen en la mente cuando muchas otras cosas no lo hacen. Pero se alegró de que así sea, de lo contrario se quedaría con los malos recuerdos, las veces que sus padres no lograron mantener la calma, o algo peor. Pero ese recuerdo le trae memorias de cómo lo intentaron, cómo amaron, a pesar de sus muchas faltas.
Es por eso que siempre quería hacer las Navidades perfectas para Sora.
Siempre sabía que cuando llegaba a casa de pequeña, tenían un árbol chiquito ya decorado en la sala del departamento, al Toshiko no ser mucho de celebraciones. Aun así, se esforzaba en brindarle alegría a Sora de alguna manera. Cuando ella visitaba en diciembre, él siempre la veía mirando el bello árbol de la residencia Yagami, y cómo su mirada se perdía en las luces.
Una mirada que le dolía.
No obstante, Navidad significó amor cuando Sora se le declaró a Yamato el veinticuatro, y para Taichi significó seguir adelante.
Ahora, no podía creer el giro que la vida había tomado. Taichi sabía muy bien que la Navidad no era particularmente el momento más feliz del año para Sora, por eso quería traerle sonrisas y que nada saliera mal. Sin embargo, por una idea del momento todo colapsó y ahí la tiene sola en casa, esperando. Sora nunca creyó en Santa, entonces, ¿a quién esperaba todos esos años atrás? A que su padre finalmente tuviera un descanso y la visitara en fiestas.
Ahora, la tenía esperando por él sin saber cuándo iba a regresar.
Sumido en sus propios pensamientos, Taichi no se percató cuando llegó a una florería dentro de Palette Town tras tanto sufrir solo para ver los diferentes bonsáis por fuera. Todos eran únicos y diferentes, con otras gracias. Uno le pareció muy lindo, recordándole a los arreglos de flores que Sora hace hasta que sus ojos dieron con el precio.
—¡¿10,000 yenes?! —gritó en escándalo.
—Ah, tiene buen ojo—se trataba de la dueña de la tienda—. Es el último bonsái que nos queda. La planta lleva más de 50 años en crecimiento.
¡50 años de estar aquí sin que nadie la compre!
—El crecimiento del árbol estuvo restringido por años de poda, alambrado, replantación e injerto, y las plantas fueron controladas y regadas todos los días. Es un arte, como comprenderá, muy parecido al ikebana. De hecho, este pequeñito está inspirado en el ikebana. He por ello los vibrantes colores. Por más que sea un árbol todavía algo joven, tiene mucha vida que dar a un hogar. ¿Lo lleva como regalo?
*
Cuando la puerta del apartamento se abre, Sora se levanta disparada para recibir a Taichi con un abrazo y, luego, un pellizco en la mejilla.
—¡Tonto Taichi! Volviste a olvidarte el celular en casa. No sabía a qué hora ibas a regresar. Ya son las once de la noche. Tuve que llamar a tu casa y avisar que iremos mañana. Por algún motivo, Hikari, Yuko-san y Susumu-san sonaron muy comprensivos. También recogí la cena.
Taichi seguía en silencio, avergonzado.
—¿Taichi? Luego de todo esto, escucharte en silencio me atormenta.
El castaño alzó sus ojos, observando el pequeño espacio que compartían. Todo estaba limpio, los regalos que sobrevivieron en una esquina sobre una alfombrita roja con verde. Asimismo, lo que sobró del árbol estaba en una maceta con la estrella en la punta.
—¿Taichi?
—Lo siento, Sora. Al parecer, siempre arruino la Navidad.
—Claro que no, tuviste buenas intenciones.
—No. La arruino porque… porque no soy capaz de quitarte esa mirada tan triste.
Sora se quedó en silencio, comprendiendo la razón.
—Conque… por eso vas tan lejos. Todo es mi culpa. ¿Por qué hago sufrir a las personas que más me importan? —Sora caminó adentro, sentándose en el sofá y recordando a Mimi en la tarde. Todo ese sufrimiento que ella había causado—. Soy yo quien debería dejar ir eso, pero soy incapaz.
—Sora…—Taichi dejó dos bolsas en el suelo, para agacharse y sostener sus manos—. El amor que tienes para dar es tan, pero tan grande, que eres incapaz de dártelo a ti misma. Yamato no te odia, yo tampoco. Te queremos tanto, pero tanto, que por eso siempre velamos por tu felicidad y sonrisa. Qué daría yo por hacer que en esta época del año sonrieras más. Extraño a Agumon también y sé lo que Piyomon significaba para ti.
—Taichi… yo…
El silencio llegó a sus labios por parte de Taichi, quien sacó algo muy peculiar de una de las bolsas que trajo.
—Un… ¿Es eso un bonsái?
—No encontré un árbol, lo siento.
Y Sora rio. Rio como sí un gigante peso hubiese sido quitado de sus hombros. Taichi siempre encontraba la forma de hacerla sentir mejor. ¿Por qué ella no era capaz de hacer lo mismo? Todos se preocupaban por ella, por ella y esas ideas que formaba en su cabeza. No eran necesarias. Tenía todo el amor del mundo frente a sus ojos y era incapaz de verlo y recibirlo.
Taichi le extendió otra bolsita, llena de adornos diminutos.
—¿Decoramos el bonsái?
—Salvaste la Navidad, Taichi.
—Vamos, esta no es una de las mil películas navideñas de la televisión para decir una línea así.
—La salvaste, para mí. Y por eso, te lo agradezco.
Cuando ella besa su mejilla, Taichi sabe que hay más, para que Sora se vuelva tan íntima siempre hay una razón especial detrás.
Decoraron el bonsái y rieron sobre lo sucedido. Escucharon canciones de Navidad en una vieja radio y Sora disfrutó del pollo frito que Taichi alababa como supremo. Bebieron un poco de champagne y se quedaron viendo el cielo estrellado siendo invadido por flores de colores una vez dieron las doce.
—Vaya, se nos hizo tarde. No nos vamos a despertar mañana—murmuró Sora, recostada en el hombro de Taichi.
—Solo unos minutos más, que termine esto…—y cuando el último fuego artificial se despidió de las estrellas, él se puso de pie sacando un regalito bajo el bonsái—. Feliz Navidad.
—Taichi…
—Me escabullía con Hikari a abrir regalos a las 12. Después de todo, ya es Navidad, ¿no? Entonces es válido.
Sora sostuvo el obsequio con cuidado, sin saber que era. Lentamente deshizo el listón, la envoltura cayendo a sus pies y así revelar… una cajita más. Pestañeó, creyendo que Taichi le estaba jugando una broma. Él le hizo un gesto para que siguiera abriendo y eso hizo ella.
—Taichi…
Se había quedado sin aliento.
Un encantador anillo se encontraba dentro, con sus iniciales por dentro y un delicado diamante que, de un lado parecía rosa y, por otro, azul. Sora deseaba llorar, sabiendo lo que esos colores significaban.
—Sé que Piyomon no estaría para algo así de importante entonces… pensé que sería… algo muy significativo que la llevaras ese día. Aunque, espera, me estoy adelantando.
Taichi se agachó, el mundo cesando todo sonido.
—Sora, ¿te casarías conmigo?
El tiempo se detuvo, la respiración se contuvo.
—¿Prometes no… quemar la casa?
—Todo depende de los niños.
—Como siempre, te volviste a adelantar.
—Prometo ser un buen padre.
—Y yo dormir con un extintor al lado.
—¿Entonces?
—Claro que sí, tonto Taichi.
Y en ese momento, el moreno esperaba el beso más apasionado del año para solo observar cómo Sora se ponía de pie y se acercaba a la alacena. Algo decepcionado, la siguió para verla sostener una bolsa de regalo de Navidad, extendiéndosela.
—Para ti.
Taichi la sostuvo, muy curioso.
—Me siento avergonzada ya que… bueno… mi regalo… no se compara con todo lo que tú acabas de hacer.
Una vez que sacase el papel crepé de la bolsa, en sus manos estaba el muñeco de felpa más adorable de Agumon que había visto en su vida. Los detalles bordados a croché y el atuendo de lana y los googles en la cabeza, todo gritaba Sora de pies a cabeza.
Ahora fue el turno de Taichi de ponerse a llorar.
—¿¡Taichi..!?
—Te amo, Sora.
—Y yo a ti, Taichi.
Él se le lanzó encima incapaz de contenerse, ambos cayendo al suelo sumidos en un eterno abrazo, sus corazones latiendo a máxima velocidad entre una mezcla de felicidad, amor, melancolía y demás.
—Ahora, hay que pensar en cómo sacarte de la deuda.
—¿D-D-De qué estás hablando?
—Sé lo que cuenta un bonsái, por más que lo trates de ocultar.
Risas volvieron a nacer. Todo se ilumino.
La Navidad para Sora ahora significa amor.
Tal y como la Navidad significa Sora para todos.
.
.
.
Bueno Genee, te cuento sobre esta historia. Verás, originalmente se me ocurrió algo mucho más elaborado que se volvió en un long-fic. En ese momento me detuve a re-plantear todo porque, realmente, no quería dejarte con un long-fic que dejaría en el aire por quién sabe cuanto tiempo como /observa sus miles de long-fics en hiatus/... yeah. Siendo honesta, no creí que la parte de Mimi se alargaría tanto, simplemente iba a pedir un consejo y dar una pista del regalo pero evolucionó. Otro detalle interesante fue el de no saber cómo titular el fic cuando la respuesta estuvo mirándome todo el tiempo mientras escribía la metáfora.
¡Espero que te haya gustado ;;! Y a los demás...
¡Gracias por leer!
¡TRIVIA TIME!
* KFC: Kentucky Fried Chicken. En Japón es una tradición pre-ordenar un menú especial de KFC por Navidad desde 1970 más o menos por una publicidad que se hizo dentro de la compañía para tener más ventas (es una historia muy interesante de leer), tanto así que tiene que ser con mucha antelación porque se acaban. El menú incluye el pollo en original, nuggets, chicken fingers, BBQ Chicken, ensalada e incluso un pastel de Navidad.
* Konpeitō: es un caramelo japonés hecho de pura azúcar, caracterizado de ser multicolor y tener forma de estrella.
* Palette Town: es un shopping mall y complejo de entretenimiento que se encuentra en Odaiba, muy famoso dicho sea de paso.
* Bonsái: Son CAROS. 50 años para un árbol de bonsái es muy poquito, la mayoría pueden llevar 500 años y ser cuidados por familias dedicadas a este negocio de generación en generación.
