Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, provienen de la bella cabecita de Stephenie Meyer. La historia es mía.


:::ONE SHOT NAVIDEÑO:::…

¿A qué jugábamos?

Hay una cosa llamada "primer enamoramiento" que nos vuelve locos e incluso puede marcarnos de por vida... Pobres Bella y Edward, ya pasaron más de diez años y aún no pueden olvidarse. Inspirada en The Name Of The Game de "Mamma Mia!".


Ella no lo odiaba, solo no quería verlo ni saber más de él. Él no podía olvidarla, ¿cómo podía hacerlo, si la veía por todos lados? Cuando la Clase de 2010 de la Escuela Preparatoria de Forks convocó a sus alumnos a una reunión de caridad navideña, todos los recuerdos de esos cuatro años les cayeron como avalancha y lo único que pueden hacer es preguntarse "¿a qué estábamos jugando?".


El letrero de Forks le dio la bienvenida, firme y verde en el mismo lugar de siempre. A partir de ese punto, solo le tomó veinte minutos llegar a la casa de su infancia. Cada detalle, cada árbol, persona, establecimiento, casa… Todo le hacía recordar a esos años en los que su única preocupación era que los charcos de lluvia no tuvieran el agua suficiente para brincar en ellos y salpicar.

Ahora era una mujer adulta, con preocupaciones adultas. Gracias a Dios por las vacaciones de diciembre y la reglamentaría visita a sus padres, era lo único que la mantenía a flote cuando las cosas se ponían algo pesadas.

Estacionó su auto junto a la desvaída y muerta pick up que la solía transportar a la escuela, casi al mismo tiempo que la puerta se abría y su madre salía corriendo.

—¡Al fin llegaste! Estaba por llamarte —le dijo. Bella le dedicó una gran sonrisa de añoranza. ¡Cuánto la extrañaba! A ella y sus ataques de histeria maternal.

—Te envié mi ubicación en tiempo real, mami —respondió.

—Hace quince minutos se detuvo en el taller de Dowling y no ha avanzado desde entonces —refutó Renée, mostrándole la pantalla de su celular. Como siempre, tenía razón. Su avatar seguía detenido a unas cuadras del único taller mecánico del pueblo. Frunciendo el ceño, sacó su celular, dándose cuenta por fin de que la batería había muerto.

Renée le rodó los ojos.

—Siempre te pasa lo mismo —la regañó.

—Lo siento —se disculpó, con una sonrisa.

—¿Qué tal el viaje? —le preguntó, ayudándola a sacar su ligero equipaje de la cajuela del coche.

—Bien, largo. Había mucha gente en el peaje —le dijo, entrando al calor de la casa.

—Noté eso. Hay chocolate caliente y sopa de brócoli esperando por ti en el comedor, después subiremos esto —musitó Renée, dejando el equipaje de su hija al pie de las escaleras.

—¿Dónde está papá? No vi la patrulla ahí afuera.

Renée lanzó unas risitas, sirviendo un plato de sopa.

—La señora Stanley lo llamó otra vez porque creyó ver a uno de los chicos Stephens en su jardín de concurso. Juro que esa mujer nos va a terminar matando a todos con tal de salvar sus flores —soltó. Bella lanzó unas risitas, revolviendo su sopa para entibiarla un poco—. Jessica ha estado preguntando por ti… —Bella rodó los ojos—, me contó que te vio en el trabajo y que te saludó, pero que no le respondiste.

—Creo que esa es una indirecta muy directa, mamá.

—¿No crees que te adelantaste en sacar conclusiones? No estás realmente segura de que…

—Pero todo indica que sí. Además, no solo es por eso, mamá, sabes que pasaron muchas cosas que me hicieron darme cuenta que estoy mucho mejor sin ellos en mi vida.

—¿Irás a la reunión?

—No lo sé —confesó.

—La señora Mallory escuchó a la señora Cullen decir que es posible que él no venga a casa este año.

—Y la señora Mallory te lo dijo a ti porque todos en este pueblo saben lo loca que estaba por Edward Cullen en la preparatoria y como le grité "idiota" en el estacionamiento unos días antes de la graduación —masculló, llevándose ambas manos al rostro. Por eso se había largado del pueblo en cuanto pudo; todos la veían como la niña tonta que persiguió a un chico por cuatro años, sin descanso, siempre encontrando la manera de aparecerse en su campo de visión. Él debía estar tan traumado como ella, por eso no volvía a casa desde hacía ¿cinco años?

Pero él tenía la culpa, también. Un juego necesita de al menos dos jugadores para funcionar, porque ese era el único nombre que se le ocurría para describir lo que hicieron durante toda la escuela. Un juego en el que ella casualmente se paraba frente al salón de él, y él salía abrazando a una nueva chica, una diferente cada día.

Un juego en el que, durante el almuerzo, ella se sentaba en una mesa cercana a la de él y coqueteaba con su compañero de Lengua, o con el de Gimnasia, o con el de Álgebra, y él fingía no verla, aprovechando que ella se sentaba dándole la espalda.

Un juego en el que se miraban cuando creían que el otro no lo veía, o en el que celaban a sus amigos, o en el que se buscaban por toda la escuela cuando alguno faltaba. Un juego, solo eso.

Un juego que terminó cuando, en pánico al verlo acercarse, le gritó un ruidoso "IDIOTA" cuando él cambió su destino.

Diez años habían pasado desde entonces. Se volvieron a ver las caras dos o tres veces en ese tiempo, ninguna incluyó conversaciones, ni un mísero saludo, solo miradas sorprendidas porque la vida era una perra y su amigo el destino era un desgraciado. Solo a ellos les podía pasar eso.

Pero la escuela estaba organizando una reunión de caridad para su generación, junto a otros eventos que el pueblo tenía planeados para rehabilitar ciertas áreas del pueblo que necesitaban mucha ayuda, esa era la oportunidad perfecta para que los viejos amigos se reencontraran, y los viejos amores reencendieran la chispa…

Dios quiera que esa chispa entre ellos se mantenga apagada.

—Deberías ir…

—Mamá, no quiero. Aunque Edward no vaya, Jessica, Mike y Lauren estarán ahí y no tengo ganas de fingir que la vida adulta me absorbió los últimos cinco años para justificar por qué no he hablado con ellos.

—No tienes por qué fingir. Habla con ellos, diles por qué te alejaste, ellos lo entenderán.

—No lo harán, me culparán de todo, como solían hacerlo en la escuela —masculló con amargura. Renée torció el gesto, recordando cómo casi todos los días de su último año, tenía que consolar a su hija después de otro de los reclamos de quienes decían llamarse sus amigos. No cabía duda que ella necesitaba alejarse de ahí para poder tener una vida tranquila—. No tengo hambre, iré a cambiarme por algo más cómodo.

Renée dedicó un vistazo al plato rebosante que dejó Bella en la mesa, convenciéndose que el siguiente año serían ella y Charlie quienes hicieran el viaje a Seattle por las fiestas. Su pequeña lo merecía y lo necesitaba.

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¿Y qué tal la vuelta a casa por las fiestas? —le preguntó Garrett al otro lado de la pantalla de su celular.

—Caótica, igual que siempre.

¿Ya te visitaron tus fantasmas de las clases pasadas? —se burló Kate.

—Sí, gracias por preguntar. Mi mamá está insistiendo en que vaya a esa reunión, pero…

Temes encontrarte con el Innombrable o con ese trío del mal —musitó Garrett. Bella asintió—. De acuerdo, esto necesita de un viaje de emergencia. Llegaré mañana a las seis de la mañana.

—Garrett, no —respondió Bella, aunque su voz la traicionaba.

Garrett, sí. Tienes que ir a esa reunión, y como no lo harás sola, me pongo a tu disposición. Además, tengo ganas de ver cómo son esas cosas. Una de las desventajas de haber sido educado en casa es que nunca tendré una reunión de exalumnos.

—Pero sí tienes una medalla de oro, señor gimnasta olímpico.

Basta, me sonrojas.

Amaba a ese par de amigos que la vida le regaló. Cuando ella creía que su destino era ser una perra amargada, conoció a Garrett Hills y Kate Saenz en la universidad, desde entonces tenía las amistades con las que siempre soñó, personas que sabía que nunca la iban a traicionar.

Como lo prometió, Garrett estuvo en la casa de sus padres en punto de las seis de la mañana, despertándolos a los tres, por cierto.

—Pensé que bromeabas —le dijo Bella, dejándolo entrar.

—¿Sabes qué no bromea? Este maldito clima. ¿Cómo puedes vivir así?

—Es el clima navideño, no critiques. Vuelvan a la cama, yo me encargo —les dijo ella a sus padres, quienes no dudaron un segundo en tomarle la palabra y subir a dormir unas horas más. Bella guio a Garrett hacia la cocina, donde puso a calentar el chocolate.

—¿Y bien? ¿Cuál es el plan?

—No lo sé. ¿Vamos a desayunar a la cafetería?

—Buena idea. Gracias al cielo que me preparé con mi ropa de esquí, o moriría de frío en este lugar.

De pronto, una idea cruzó la cabeza de Bella. Se giró hacia Garrett con los ojos abiertos de par en par.

—¡Vamos a Colorado en Año Nuevo!

—¡Vamos a Colorado en Año Nuevo! —gritó Garrett al mismo tiempo que ella. Él tronó los dedos en señal de frustración.

—¡Lo dije yo primero! —celebró Bella, dando pequeños saltitos.

—Bien, yo pago el desayuno —masculló él.

Después de pasar más de una hora platicando sobre cualquier cosa menos la reunión que les esperaba en dos días, Bella subió a cambiarse, dejando a Garrett entreteniéndose con Renée y Charlie, quienes habían bajado listos para comenzar su día.

Correctamente vestida para el inclemente invierno del exterior, Bella guio a su mejor amigo a la única cafetería del pueblo. Con muchas personas volviendo al pueblo por las fiestas, el establecimiento estaba lleno, así que decidieron pedir su desayuno para llevar, en vez de esperar Dios sabía cuánto tiempo por una mesa. Garrett se quedó esperando la orden mientras Bella volvía a su casa por unas mantas para desayunar al aire libre. Se encontraron fuera de la cafetería. Garrett le tendió su café, antes de que Bella enganchara su brazo libre al de él.

—Lauren estaba ahí —le dijo Garrett cuando se acomodaron en las gradas del campo de béisbol, con las mantas sobre sus piernas. Bella alzó ambas cejas.

—No la vi —respondió con honestidad, Garrett asintió.

—Lo sé, y ella fingió no haberte visto cuando me golpeó "accidentalmente" el costado al irse, solo supe que era ella porque la mesera la llamó por su nombre —rio. Bella esbozó una pequeña sonrisa—. ¿Ellos saben que tú tienes esas sospechas?

—No. Como dice mi mamá, no tengo suficientes pruebas de eso, solo son conjeturas…

—Conjeturas serias —insistió Garrett—. Qué casualidad, Bells, que tu ligue de Biología, el único al que besaste, te acusa de usarlo mucho antes de que se descubriera el jueguito entre ustedes dos. Vamos, ni siquiera tú te habías dado cuenta de lo que estaban haciendo. ¡Oh! Y no me hagas recordarte esa vez que viste a Edward hablando con los ligues de tus amiguitos, ¿eso también fue casualidad? ¿O cuando lo viste riendo con Jessica?

—Ese año no compartieron clases… —Bella sacudió la cabeza—. Paremos ya o me arrepentiré de ir a esa reunión, mejor organicemos el viaje a Colorado.

—Ya le avisé a Kate, me mandó un audio gritando —soltó, haciendo reír a Bella—, supongo que es un sí. ¿Tus padres querrán venir?

—Tal vez. Solo han salido de aquí para irme a ver a Seattle.

—Muy bien, dos boletos más. Mientras estaba en la cafetería, estuve viendo algunos chalets. ¿Qué tal este? Es lo suficientemente grande para todos.

Nueve habitaciones, dos salas de estar, vista a las montañas…

Un mensaje se hizo ver en la pantalla del celular de Garrett.

—Kate dice que está convenciendo a Tia de ir —musitó Bella, entre risas. Garrett bufó.

—Si la pobre sale a disfrutar del aire frío, lo tomaremos como un triunfo.

—No te burles de la novia de tu amiga…

—Yo no me burlo, solo hago una observación sobre una de sus cualidades. ¿Aparto el chalet?

—Seguro, me encanta eso de la vista a las montañas.

—¿Vas a llevar a alguien? —preguntó Garrett, mirándola de soslayo.

—¿Además de a mis padres? No lo creo.

Garrett sonrió.

—Aún puede ocurrir un milagro en Navidad —le dijo, palmeándole la rodilla.

—Más vale que no. ¿Me crees tan desesperada?

—Por supuesto que no. Traumada, tal vez, pero desesperada no —bromeó. Bella le sonrió, arrojándole una servilleta.

Lo que escapaba del conocimiento de ambos, es que había alguien fuera del campo que los veía atentamente, como no lo hacía desde diez años atrás. Edward Cullen sentía esa misma cosquilla de celos en el estómago, al ver a la chica que tomó por sentado durante tanto tiempo, reír con un hombre que no era él. ¿Era ya demasiado tarde?

.

.

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—No puedo creer que me obligues a hacer esto —masculló Bella, abriendo el frasco de labial rojo.

—Eres una mujer adulta independiente y autosuficiente que toma sus propias decisiones —le dijo Garrett, quitándole el labial de sus manos temblorosas—, pero si culparme de esto te hace sentir mejor contigo misma, está bien. Solo no te acostumbres.

Garrett torció el gesto, intentando aplicarle el labial a Bella. Ella se rio.

—Eres más inútil en esto que yo —se burló ella, al tiempo que su amigo tomaba una toalla húmeda y le quitaba el intento fallido.

—"Gracias, Garrett, por ser tan buen amigo y salvarme de ser un desastre con un feo labial rojo por toda la boca. Eres el mejor". Oh, Bella, mi cielo, es todo un placer, yo también te quiero —masculló él, dándole un pellizco en el brazo. Ella reprimió unas risas—. ¡No muevas los labios!

Bella permaneció seria, mientras Garrett deslizaba el aplicador con lentitud por sus labios. Él tenía práctica, con un montón de compañeras gimnastas nerviosas que necesitaban ayuda para arreglarse cuando sus manos no les servían de mucho. La situación ahora era diferente: Bella se encontraría con personas a las que no quería volver a ver en toda su vida, demonios que la perseguían aun ahora, recordándole lo tonta que había sido durante su adolescencia y por qué no dudaba un segundo en salir del pueblo en cuanto le era posible...

Al terminar, Bella guardó lo necesario para un retoque en un pequeño bolso negro con cadena dorada, combinando así con el suéter oversize dorado y los pantalones de cuero negros que eligió para esa noche. Se quitó los rizadores con ayuda de Garrett, descubriendo unas ondas definidas, muy diferente a su lacio cotidiano y natural.

Garrett le guiñó un ojo cuando se cubrieron para salir a la nieve. No iba a estar sola esta noche, siempre lo tendría a él.

Se despidieron rápidamente de Charlie y Renée, estos prometiéndoles que no abrirían los regalos hasta que volvieran de… Dónde sea que pasaran el resto de la noche. Garrett suponía que Bella querría ir al after party en algún bar de la zona para olvidar lo que podría pasar en la reunión.

El viaje en auto a la escuela fue como un relámpago. Siguió el mismo camino de siempre, sintiéndose como una adolescente de nuevo, emocionada por ver a ese chico que la tenía loca.

La situación ahora era diferente. Deseaba que, al final, los rumores fueran ciertos y que Edward decidiera respetar la tradición autoimpuesta y volviera a quedarse en su propia casa por las fiestas, que el trauma que ambos tenían fuera tan fuerte y estuviera tan arraigado que actuara como un repelente entre ellos, manteniéndolos lejos, muy, muy lejos.

—¿Estás lista? —le preguntó Garrett cuando ella estacionó el auto en el mismo lugar de antes. Bella sacudió la cabeza.

—No —respondió con honestidad. Garrett le tomó una mano.

—Voy a estar contigo todo el tiempo.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo, por la garrita —le dijo, sacándole una sonrisa.

—Supera esa película, por favor.

—Jamás —declaró Garrett, bajando del coche. Al encontrarse, Garrett la tomó de la mano, dándole un apretón cariñoso.

Les tomó más de lo normal, pero al final lograron entrar al gimnasio de la escuela. Bella temblaba de la cabeza a los pies, y no precisamente por la nieve que caía del cielo.

—Mantenme ocupada y con un trago en la mano, por favor —murmuró ella. Sabiendo que hablaba en serio, Garrett asintió con solemnidad. Fueron a la mesa de registro, donde Bella recibió una etiqueta con su nombre.

—¿Él es tu novio, Bella? —le preguntó Angela Webber, la encargada de la mesa. La pregunta le sorprendió tanto, que no encontró las palabras para responder. Garrett lo hizo por ella.

—Yo espero ser pronto el prometido —soltó. Bella lo miró con los ojos abiertos de par en par, Garrett le sonrió—. Supongo que la sorpresa ya se arruinó.

Si Edward, Jessica, Mike y Lauren no la mataban esa noche, Garrett seguramente lo iba a hacer.

Mantuvo la compostura lo mejor que pudo, mientras se giraba hacia una perpleja Angela y le sonreía.

—Nunca ha sabido guardar un secreto. Nos vemos, Angie —musitó, volviendo a tomar la mano de Garrett. Lo alejó rápidamente de ahí—. Esa es la cosa más incestuosa que has dicho en los últimos ocho años.

—Solo di gracias y déjalo pasar. Con suerte, será la única vez que lo tengamos que decir.

Claro que no hubo suerte. Angela se encargó de correr la buena nueva por todo el gimnasio, contándoselo a todo aquel que se acercaba a ella. Media hora después, todos lo sabían y los miraban como si tuvieran señales de neón sobre ellos.

—Muy bien, me largo —masculló Bella, girándose. Garrett la tomó de la cintura, deteniéndola.

—Tú no vas a ir a ningún lado, solo tienes que desaparecerte unos años —le dijo. Bella lo miró con frustración—. Hablo en serio. Nadie lo recordará cuando alguno de la generación se case de verdad. Tal vez Edward.

—¿Puedes dejar de invocarlo, por favor? No sé si son mis nervios, pero te juro que lo siento cerca…

Garrett la miró con diversión.

—¿Tienes un radar?

—Después de cuatro años de perseguirlo, tal vez —soltó, sacándole a Garrett unas risitas.

Como si de verdad tuviera un imán, miró hacia la entrada del gimnasio, justo a tiempo para ver a Edward Cullen encontrándola entre la multitud. Garrett maldijo por lo bajo a su lado.

Los ojos de ambos saltaron, sosteniéndose la mirada como nunca lo hicieron.

—Te traeré una copa —murmuró, pero Bella no lo escuchó, ni siquiera lo sintió irse.

Edward salió del trancé al sentir la suave mano de su acompañante en su brazo. Bella sacudió la cabeza, recibiendo el vaso de vodka que Garrett le llevó.

—No iba a venir —se quejó.

—Pues a menos que sea un holograma, que no lo creo, aquí esta…

—Vámonos, por favor.

—¿Bromeas? Ahora menos te voy a dejar escapar. Sonríe que Jessica te está mirando —murmuró. Bella no sonrió. Se giró hacia la mesa en la que estaban apoyados, bebiendo un poco de vodka. Garrett la imitó—. ¿Me puedes explicar…?

—No le voy a sonreír a ella, ni a ninguno de ese grupito. Antes, me caso contigo.

Garrett sonrió.

—Así se habla. Dame puñito.

Bella lanzó unas risitas, chocando el puño con el de su amigo.

—¿Qué me vas a comprar? —le preguntó ella a él, tomándolo del brazo para llevarlo a las mesas donde estaban los artículos de subasta.

—El viaje a Colorado es suficiente regalo para ti.

Bella se rio, dándole un golpe en el costado.

La reunión se convirtió rápidamente en una fiesta, con música para bailar saliendo de las bocinas que instalaron para tal objetivo. Garrett rara vez la dejó salir de la pista con tal de distraerla y que no bebiera hasta el agua de los floreros.

Lo que no pudo evitar fue que Bella y Edward se miraran cada cinco minutos. Rápidas miraditas, que cualquiera podría pensar que no significaban nada, pero para ellos dos significaban el mundo entero: Palabras que no fueron dichas, que no estaban siendo dichas, cosas que solo ellos dos sabían, que sospechaban y que era mejor que no supieran, o eso era lo que ellos creían.

La tensión entre ellos crecía con cada mirada que se dedicaban, con cada sonrisa cómplice que esbozaban cuando se separaban, hasta que, de pronto, todos en el gimnasio se percataron de lo que estaba ocurriendo. En las bocinas comenzó a sonar Break Free de Ariana Grande.

Bella sintió el coro de esa canción en sus huesos, al punto que encontró la manera de hacer de conocimiento general que se la dedicaba a Edward, gritando la letra, sin mirarlo siquiera.

En cuanto terminó la canción, le cayó encima la realidad de lo que hizo y se fue, dejó el gimnasio en medio de una enorme nube de vergüenza. Garrett estaba por seguirla, pero Edward lo detuvo, quitándole de las manos el abrigo negro que le iba a llevar. La fiesta se detuvo, todos sorprendidos y expectantes.

Bella estaba debajo de un árbol, cubriéndose de la nieve, abrazándose para tolerar el frío. Edward otra vez sacó su lado bobo, ese lado que ella creyó dejar atrás, del que se avergonzaba. Ya no quería volver a ser aquella niña que estuvo dispuesta a dejar su orgullo por el suelo con tal de que él le hiciera caso. Con tal de jugar.

—¿Sabías que Tanya, Irina y Riley hicieron un complot para que tú y yo fuéramos elegidos como los reyes del baile de graduación? —Bella brincó al escucharlo. Esa no era la voz de Garrett, ni de Mike. Lo miró sorprendida, mientras él le colocaba el abrigo sobre los hombros.

—Y yo aquí pensando que habíamos sido más discretos… ¿Cómo te enteraste?

—Irina me lo dijo borracha en la universidad. Tenían planeado todo un acto de Cupido, dijo que para hacernos pasar el ridículo, porque, según ellos, no podíamos irnos limpios de aquí después de todo lo que hicimos.

—¿Y qué hicimos?

Edward borró su sonrisa socarrona.

—Buena pregunta —admitió. Bella dejó de mirarlo, apretando los labios—. Siempre me pregunté por qué ese día te arrepentiste, ni siquiera te acercaste a hablarme…

Bella frunció el ceño, mirándolo de nuevo.

—¿De qué hablas?

—San Valentín, tercer año. Jessica dijo que… —En cuanto Bella escuchó el nombre de quien alguna vez llamó amiga, rodó los ojos, sacando unas risas amargas. Edward sacudió la cabeza, metiendo las manos a los bolsillos del abrigo—. Ese beso durante el almuerzo nunca iba a pasar, ¿cierto?

—Entonces, mientras esperabas, te besuqueabas con Samantha…

—Mike dijo que eso te iba a animar.

Bella rodó los ojos.

—Lo sabía.

Ojalá se hubiera equivocado. Ojalá hubieran sido solo conjeturas suyas, producto de las largas horas pensando en eso. Ojalá Renée hubiera tenido razón, pero la verdad estuvo más cerca de las cizañas de Garrett y Kate que de la inocencia de su madre.

Edward dio un paso más cerca de ella, casi tocándole el brazo con el suyo.

—¿Cuándo te diste cuenta?

—Hace cinco años —respondió—. Tú no creías en Papá Noel, ¿verdad?

Edward suspiró, avergonzado.

—Tenía mis sospechas, al igual que tú, supongo. Pensé que solo había sido de mi lado, no creí que…

—Edward, te perseguí por cuatro años. Ya era suficiente humillación sin agregarle una alianza con tus amigos para quedar como una tonta todos los días —masculló, mirándolo a los ojos, por fin. Edward asintió, aliviado. Al final, la única culpa con la que ellos cargaban era haber sido tan ingenuos como para confiar en dos grupos de personas que se hicieron pasar por amigos—. ¿Por qué harían algo así?

—Porque éramos su diversión —soltó Edward con amargura—. Porque les resultaba de lo más excitante convertirnos en sus títeres…

—Ellos tenían su propia dosis de juego —musitó Bella, desesperada. Recordó todas las veces que sus amigos persiguieron a quienes les gustaban, se veían tan tontos como ella.

Edward frunció el ceño.

—Bella, los tres salieron con ellos —le dijo, estupefacto—. Dime que lo sabías, por favor —rogó.

La respuesta de Bella fue regresar al interior del gimnasio con furiosas zancadas. Edward fue detrás de ella; Garrett, al verlo, siguió a Bella, pero ninguno de los dos alcanzó a detenerla antes de que ella abofeteara a sus examigos.

—Y aún tuviste la desfachatez para preguntarle a mi mamá por mí, como si no supieras lo que hiciste —le reclamó a Jessica. Ella apenas podía mirarla por encima de sus pestañas, avergonzada.

—Yo quería hablar contigo, explicarte…

—¿Explicarme qué? ¿Que por cuatro años jugaron con nosotros para alegrarse sus tristes vidas? ¿Que nos convirtieron en el hazme reír de todo el pueblo porque la escuela se les hacía monótona?

Edward le envolvió la cintura con un brazo, apartándola.

—No lo vale —murmuró en su oído.

—Bueno, hasta que por fin tienes los pantalones para… —Emmett no pudo terminar su comentario antes de que Edward le propinara un fuerte puñetazo en el rostro, tirándolo. Bella se apresuró a Edward, alejándolo en cuanto Emmett se levantó, listo para iniciar la pelea.

Garrett se los llevó a ambos para evitar que los provocaran y convirtieran a esa bien intencionada reunión en un espectáculo de ajuste de cuentas.

—Están enojados, lo entiendo —les dijo—, pero las discusiones y peleas que tengan ahora no les devolverán los catorce años perdidos. Queda en ustedes lo que harán a partir de ahora.

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.

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Llegaron a Colorado el 28 de diciembre. Su chalet los esperaba listo para una estadía de dos semanas, en las que disfrutarían del clima frío y la nieve, y el delicioso chocolate caliente de Renée.

Todos quienes planearon ir, estaban ahí, emocionados por comenzar un nuevo año y una nueva etapa, sobre todo Bella. El 2021 sería el año en el que dejaría atrás todo lo que ocurrió en la escuela y los diez años que le siguieron. Ya no había dudas, ni sospechas, ni preguntas que esperaban una respuesta; todo fue resuelto en Navidad, todos esos asuntos pendientes que no la dejaban avanzar habían sido borrados de su lista. Era hora de comenzar de nuevo y crecer de una vez por todas.

Se esforzó en crear una noche inolvidable para el 31, consiguiendo el mejor champagne que tuvieran en la zona, buscando recetas para la cena, decorando el chalet para que tuviera un espíritu festivo… Nadie dudaba que ella estaba dispuesta a comenzar en grande.

El día 30 comenzó de manera normal, con Renée, Kate y su hermano preparando el desayuno, mientras Bella, Garrett y Tia ponían la mesa. De pronto, Garrett miró a la ventana y sonrió.

—De nada —le dijo a Bella al oído. Confundida, Bella echó un vistazo a la misma ventana detrás de ella, jadeando por la sorpresa. Dejó la servilleta en la mesa y salió, abrazándose al darse cuenta que no tomó su abrigo ni sus guantes.

—¿Qué haces aquí?

—Garrett me envió la información en Navidad, dijo que estarían aquí para Año Nuevo —respondió Edward, quitándose su abrigo. Como el día de la reunión, envolvió los hombros de Bella con él. Ella miró hacia el interior del chalet, encontrándose con Garrett, Kate y Renée mirando atentamente por la ventana, pegados al vidrio como si quisieran escuchar. Sacudió la cabeza con diversión.

—¿Y tu novia? —le preguntó, refiriéndose a la chica que lo acompañó en Nochebuena.

Edward sonrió, pateando un poco de nieve, con las manos en los bolsillos del pantalón.

—No podía llegar solo, ¿cierto? Menos cuando te vi en el campo de béisbol riendo con ese gimnasta —respondió con una sonrisa avergonzada—. Es mi prima. Ella fue quien insistió en que viniera, yo estaba seguro de que no querrías volver a verme, mucho menos después de lo que ocurrió la semana pasada, pero tenía que darte algo. Lo estuve guardando por diez años —musitó, dejando caer en su mano una delicada cadena de oro con una simple bolita del tamaño de una canica—, iba a dártelo en la graduación, pero… bueno, ya sabes. Se abre. —Bella le sonrió, intentando abrir la caniquita dorada. Sus manos estaban tan frías que difícilmente podía moverlas, sin embargo, lo logró, separó gentilmente las dos partes, descubriendo en su interior una pequeñísima nota.

—¿Esto ha estado aquí adentro diez años? —le preguntó. Edward asintió.

—Sigue intacto —musitó bastante orgulloso, como si se tratara de un logro.

Bella lanzó unas risitas.

—Eso parece. ¿Qué dice?

Edward tomó la notita, viendo que Bella no podía mover las manos, y se la mostró, sacándole otro jadeo. "No me olvides. Yo te recordaré siempre".

—Claro que deseaba que me recordaras de manera diferente, como yo lo hice todo este tiempo, pero la vida no siempre es justa…

Bella se mordió la comisura de los labios.

—Estaba muy enamorada de ti, ¿lo sabías?

Edward asintió.

—Fue el peor error que pudimos cometer.

—¿En serio?

—En el momento que lo hicimos evidente, les dimos la oportunidad de hacer lo que hicieron. Pero ahora ya no están.

—Sí, ahora ya no están —musitó Bella con una sonrisa. Se sostuvieron la mirada y las sonrisas unos minutos, reconociéndose, aceptando por fin que la culpa no fue de ellos, nunca lo fue. Solo… no era el momento, tal vez—. Hace mucho frío, ¿quieres entrar a calentarte? Hay chocolate.

—Me encantaría —respondió él. Bella asintió, guiándolo hacia el interior del chalet.


The Name Of The Game by Lisa Stokke: www youtube com/ watch?v=-nljjQfIFio

The Name Of The Game by Amanda Seyfried: www youtube com/ watch?v=ZJSiWLzt6cs

The Name Of The Game by ABBA: www youtube com/ watch?v=iJ90ZqH0PWI


¡Holi, holi! ¿Cómo están? ¿Les gusto este shot navideño? Tenía tantas ganas de cambiar un poco la rutina que me puse a escribir y a soñar con un 2020 en el que pudiéramos reunirnos para las fiestas.

¿Cuál es su hipótesis? ¿Bella y Edward llegarán a estar juntos o con su historial será mejor que se mantengan como amigos?

Gracias a todas por leer y permitirme regresar aunque sea por un ratito, veamos que viene después ;)

Espero que tengan una muy feliz navidad y un prospero año nuevo. Que el 2021 signifique también para ustedes un nuevo comienzo. Nos veremos pronto aquí, en el grupo o en los originales ;)

Annie. xx