Los personajes de Love Live no son de mi propiedad (por desgracia, sino haría canon el UmiEli xD).
…
– 2 –
Miraba directamente al par de ojos ámbar, se concentraba en ver la pupila, en notar cada cambio de ella, se expandía y regresaba a su tamaño original. Después bajaba su vista a los labios, eran adornados por un tenue labial rosa, casi imperceptible. Se movían, soltaba palabras que a sus oídos no llegaban porque tenía la mente obnubilada con un único pensamiento: Me voy a casar. Intentó prestar atención, oír lo que le estaban pidiendo, pero se sentía cansada y aturdida. Ya no viviré en casa.
Salió de la oficina de la Directora Minami con un disimulado pánico. Sus dos amigas se encontraban frente a ella, mirándola con curiosidad y preocupación. Seguramente había dado un mal aspecto todo el día.
– ¿Umi-chan, segura que te encuentras bien? –preguntó Kotori.
– Sí, sí. Vayamos a hacer lo que nos pidió la Directora Minami –se apresuró a decir.
– De todos modos, no sé quién es Nishikino Maki –Honoka se encogió de hombros.
– Yo sí –comentó Kotori mientras sonreía y entrelazaba sus manos.
Para aquel entonces ya habían terminado las clases y aunque todo el día Umi estuvo rara, tanto Honoka como Kotori sabían que no tenían que preguntar. Todavía no. La peligris las llevó por los pasillos de la escuela, tenían que llegar al salón del club de música que regularmente estaba desocupado y que desde que inició el segundo semestre, a veces se podía escuchar una ligera y tranquila melodía. Sin embargo, muy pocas personas prestaban interés en ese tipo de detalles.
Se estaban acercando y las tres podían oír con claridad la lenta canción, era dulce y relajante. Se quedaron de pie frente a la puerta. Umi y Kotori le dedicaron una mirada a Honoka, la presidenta del consejo estudiantil. La chica sonrió, tronó los dedos, las señaló y les guiñó un ojo. Sin tocar la puerta, pasó. Se escuchó el alarido del piano al ser azotado con brusquedad para después instalarse un silencio incómodo. La chica sentada detrás del piano las miró claramente sorprendida. La pelinaranja tenía una sonrisa resplandeciente, la peliazul miraba a su compañera con un ligero sonrojo y el ceño fruncido y la otra chica estaba visiblemente nerviosa.
– ¡Tú! –La señaló Honoka con alegría hasta que sintió un ligero pellizco– Ay… lo siento.
– Discúlpanos la intromisión –agregó la peliazul–. Ciertas personas no saben lo que es tener modales.
Honoka se rió nerviosamente ante la mirada asesina de su amiga, se sobó el brazo en el que había sido pellizcada y empezó a acercarse a la pelirroja que aún las miraba confundida.
– Eres Nishikino Maki, ¿cierto? –preguntó recargándose en la caja del piano con una de sus manos.
– S-sí –se sonrojó ligeramente y desvió la mirada a la ventana.
– Yo soy Honoka Kousaka, la presidenta, ella es Umi Sonoda, la vicepresidenta y ella es Kotori Minami –señaló a cada una. Las tres sonrieron.
– Ya, ¿y? –espetó con indiferencia.
La pelinaranja se tensó, regresó sobre sus pasos y se abrazó a Kotori.
– Esta chica es difícil, Kotori-chan –lloriqueó, un aura depresiva empezó a surgir de su casi siempre hiperactivo cuerpo. Su amiga le acarició la cabeza mientras sonreía y le decía a Umi con los ojos que hiciera algo.
– Ah –se quedó un rato pensando, ¿qué se suponía tenía que hacer? ¡Claro! El recital– Verás, la directora Minami nos ha pedido…
– Lo sé –la interrumpió– y le he dicho que no, personalmente.
– Pero…
– No sé por qué es tan insistente, pero no puedo permitirme entrar en un evento como ese –sentenció, le dedicó una mirada entre fastidiada y nostálgica a la peliazul.
– Seguramente lo harías muy bien –de repente, Honoka había regresado a su habitual estado de ánimo, se acercó de nuevo y tomó a la joven pianista por los hombros.
– E-esto es una invasión del espacio personal –nerviosamente se quitó las manos de la otra de sus hombros–. No importa que reviva a Chopin para intentar convencerme, mi respuesta seguirá siendo no.
– ¿Ni aunque hicieras dueto con él? –preguntó la pelinaranja.
La pelirroja sólo alzó una ceja y después miró a las otras dos chicas. La hija de la directora parecía no dejar de sonreír y la peliazul mantenía un porte serio. Cuando miró a sus ojos, dio un pequeño respingo, la chica estaba escrutándola. Deslizó tímidamente su mirada por las teclas del instrumento, por alguna razón se sentía incómoda.
– Bueno, lamentamos haberte interrumpido y molestado –hizo una leve reverencia y dio vuelta–. Vamos Honoka, tenemos que terminar nuestro trabajo del consejo.
– Mou, Umi-chan aburrida –la chica la siguió, no sin antes dedicarle una mirada intensa a Maki y sonreírle cuando fue descubierta.
Salieron de la habitación las tres, se quedaron un momento enfrente de la puerta. Seguramente la pelirroja esperaría a que se fueran para empezar a tocar otra vez o quizá para escabullirse. Kotori seguía teniendo esa misteriosa sonrisa, Umi estaba reconcentrada, pensando en posibles jugadas, y Honoka tenía las manos detrás de su cabeza, mientras jugaba con uno de sus pies. De repente, la chica de cabello cenizo empezó a reírse. Sus dos amigas se sorprendieron.
– Iré a hablar con ella –después de decir eso, volvió a entrar al club, cerró la puerta tras de sí y se acercó a la menor.
Honoka se pegó a la puerta y se asomó por la pequeña ventana. No podía escuchar nada, pero fue testigo de cómo su amiga se acercaba despacio a Maki, mientras movía los labios. La pelirroja se sonrojaba a cada paso que daba.
– No escuchó nada…
– Ni siquiera deberías estar de fisgona –comentó Umi, quien se recargó en la pared, estaba divirtiéndose con los movimientos que hacía Honoka.
– ¡Woah! –la pelinaranja volteó a ver a su amiga– Nishikino-san está súper roja.
Con eso captó su atención y picó su morbo. Se acercó a su amiga y se asomó ligeramente para ver como Kotori le decía algo al oído a la chica de primero, quien en el instante abrió los ojos y su rostro se tiñó del mismo color que su cabello. Se levantó de golpe del asiento, se volvió a escuchar la disonancia del piano al ser tocado sin maestría. La peligris cerró los ojos con fuerza mientras la pelirroja le espetaba algo que no llegó a sus oídos. Honoka y Umi intercambiaron miradas de confusión.
De repente, su amiga se encontraba abriendo la puerta, lo que obligó a la presidenta a moverse. Sintió ambas miradas sobre ella, una azul y la otra miel. Suspiró y volvió a sonreír.
– Dijo que no –se encogió de hombros y siguió caminando.
– ¿Qué le dijiste? –preguntó Umi.
– Es un secreto –volteó a ver a su compañera, le guiñó un ojo e hizo señal de silencio con su dedo sobre la boca.
…
…
Observaba el camino, no, lo escudriñaba, cada cosa que parecía nunca haber estado, ahora se hacía visible a sus ojos. ¿Sería la última vez que las vería? Quizá con un poco de suerte el regreso a casa coincidiría. Cada recinto, cada color, cada local, incluso la gente, se le resbalaba de los confines de su mente para instalarse en un lugar oscuro. Podía escuchar a Honoka hablar, como de costumbre, de sus aventuras y desventuras, sintió una punzada de nostalgia. Miró hacia el cielo: era un día hermoso.
– Entonces esa chica de cabello corto y ojos verdes me habló, por un momento creí que me había vuelto loca –empezó a bailar sobre su lugar y se sonrojó.
– Honoka-chan tiene una admiradora –se burló Kotori.
– Jeh –se rió nerviosamente– ¡Para nada!
Habían llegado a la dulcería. Las tres empezaron a adentrarse en el lugar, de repente, Umi se detuvo. No podía quedarse a hacer tarea con ellas.
– ¿Qué pasa, Umi-chan? –cuestionó la peligris.
– No… no voy a poder quedarme –contestó, bajó ligeramente la cabeza–. Debo ir a casa con mi padre, lo siento.
– No pasa nada Umi-chan –agregó la pelinaranja–, no es como si fuera la última vez que vienes, aunque será más difícil hacer tarea sin tus constantes regaños.
– Honoka-chan…
– Sí, tienes razón –dijo la peliazul, sonriendo lo mejor que pudo–. Más te vale que traigas la tarea bien hecha mañana.
Con eso se fue, dejando a sus amigas preocupadas, a una por su desempeño en la escuela y a otra por ella. Siguió caminando todo el recorrido que solía hacer con Kotori en soledad. Ese día tendría que arreglar algunas cuantas cosas, las básicas, el uniforme, un poco de ropa casual y cosas para la higiene. Tenía muchas preguntas rondándole por la cabeza, pero decidió pensar en la que menos aflicción le causaba, ¿qué podía hacer para que Maki Nishikino accediera a dar el recital? Llegó a casa sin solucionar ninguno de sus problemas, su padre estaba esperándola en la entrada, lo que le sorprendió porque solía estar siempre ocupado en el dojo.
– Bienvenida, cariño, ¿Cómo te fue? –La pregunta estandarizada, que no siempre se respondía, después seguiría el discurso filoso– Luka me dijo que Eli-san pasaría por ti en cuanto estuvieras lista.
– ¿Por qué no está dando clases? –se encaminó a la sala en compañía de su padre.
– Bueno… –se rascó la mejilla mientras se sonrojaba–, hay más gente… ya sabes. Sólo espero no les disguste el cambio de maestro.
– ¿Tan rápido? –abrió los ojos por la sorpresa, pasó a dejar su mochila en la sala.
– Sí, escalofriante, ¿no lo crees? –estaba más nervioso de lo normal–. Lo que no ha encontrado es para danza, pero le he dicho que no va a encontrar, tu madre era incomparable y él lo sabe…
La peliazul lo miró cuestionándolo, ¿Quién diablos eran los Ayase? No le convendría saber, ¿o sí? Se paseó por la sala, luego por la cocina, buscando en el refrigerador algo de comida. Su padre la seguía como venadito asustado.
– ¿Cómo convencería a alguien de hacer algo que no quiere? –preguntó mientras sacaba un par de verduras y unos cuantos huevos.
– ¿Eh? –el hombre se dirigió al lavadero y se limpió las manos, le ayudaría a su hija a cocinar– Umi, yo no…
– No me refiero a eso –le interrumpió. También se limpió las manos, le pasó un cuchillo a su padre mientras buscaba donde poder batir los huevos–. Tenemos que convencer a una chica de tocar un recital de piano representando a la escuela.
– Oh, ¿y por qué no quiere? –empezó a cortar las verduras despacio.
– No lo sé –sacó un pequeño bol de la estantería que se encontraba a un lado de la estufa–. No quiero incomodarla, pero siento que oculta algo. ¿Le suena el apellido Nishikino?
Su padre se detuvo en seco y volvió a cortar pero sin quitar la vista de la tabla y el cuchillo. El recuerdo de su esposa en el hospital le turbó los sentidos, su hija lo miraba con cierta preocupación. Era egoísta, inmaduro e irresponsable.
– Son unos doctores famosos, dueños de uno de los hospitales más prestigiosos en Japón –dejó el cuchillo de lado cuando terminó de cortar–. Ellos atendieron a tu madre. Tienen una hija, pero no se habla mucho de ella.
– Oh… –se quedó meditando un rato, tendría que prender la estufa, casi todo estaba listo– ¿Maki Nishikino? Ella está en mi escuela.
– Se me hace raro, teniendo tanto dinero, ¿por qué meterían a esa escuela a su hija? –Se escuchó el ruido que hacían las verduras al entrar en el aceite precalentado, Umi movía la sartén para que fuera más rápido la cocción.
Sí, su escuela no era del todo mala, de hecho estaba posicionada entre las mejores a nivel académico, pero no tenía tanto prestigio o envidiables instalaciones como otras. Ni siquiera una especialización en algo que tuviera que ver con la medicina.
– Quizá pueda acercarme a ella –carraspeó.
– No sería mala idea.
Una vez que estuvo lista la comida, pasaron ambos a sentarse en la mesa. Hace mucho tiempo que no comía en compañía de su padre, esos momentos murieron a la par que su madre. Y aunque la relación permanecía y se fortalecía, había cierto distanciamiento que ninguno de los dos se atrevía a disminuir. Así era mejor. Comieron en silencio, un silencio al que estaban acostumbrados y que era en suma bienvenido. Sin embargo, Umi tenía aún muchas dudas, sobre su madre, sobre él, sobre ella misma.
Dio las gracias por la comida, se levantó, lavó su plato y se dispuso a hacer sus maletas. El hombre aún la seguía, despacio y en silencio, con una evidente angustia. Miraba cómo en aquella valija que él le había regalado en uno de sus cumpleaños para ir a las montañas empezaba a acomodar pulcramente su ropa. ¿Por qué se sentía tan impotente? ¿Por qué no pudo llegar a otro acuerdo con Luka? ¿Por qué lo permitía?
– ¿Quiénes son los Ayase, padre? ¿Cómo es que el señor Ayase le conoce? –preguntó mientras acomodaba su uniforme deportivo en un pequeño espacio que aún sobraba.
– Él era un viejo amigo de tu madre, en aquel entonces mi rival de amores –le dijo mientras la veía desaparecer en el baño y regresar con su cepillo de dientes y algunos utensilios–. Recuerdo que en aquel entonces yo me juntaba con la mamá de tu amiga Honoka, o bueno, ella se me pegaba. Parecía que ambos compartíamos cierta afición por la increíble chica Sonoda.
– De tal palo tal astilla –ambos rieron.
– Así que en realidad tenía dos rivales, además de que Kousaka era en verdad cercana a tu madre –sonrió para sí–. Cuando tu madre llegó a una de nuestras reuniones con Luka, de verdad la padecimos.
– ¿Cómo lo conoció mi madre?
– Eso es algo que ni yo sé, sólo me dijo después de casados que en realidad Luka se había acercado a ella –al ver que tenía dificultades para cerrar la maleta, se apresuró a ayudarla–. Luka se acercó a mí, aunque yo no quería. Y quien sabe cómo diablos dio con mi casa y desde entonces no dejó de molestarme que debería hacer tal cosa o intentar esto, para que realmente fuera una batalla de amor digna de él.
– Parece que no ha cambiado mucho…
– Lo noté –el hombre se rió con ganas–. Llamaré a Luka para que le avise a Eli-san.
La menor sólo asintió. Se quedó sentada en su cama, mirando su habitación. Por el momento sólo eso era suficiente, nunca sacaría de ese lugar sus libros, ni mucho menos otras cosas que para ella tenían un profundo significado. No para llevárselos a un lugar que de primera instancia no lo sentiría como su hogar. Su padre volvió a asomarse sólo para avisarle que tardaría un poco en llegar y después lo vio desaparecer.
Decidió hacer sus deberes hasta terminarlos. Luego, ante su ociosidad optó por visitar cada espacio del dojo y ver a los nuevos maestros. Se tranquilizó al ver que eran buenos, que incluso poseían casi la misma capacidad que su padre. Encontró a su progenitor en el espacio dedicado al kendo, su especialidad. Parecía estar sentado, meditando, pero lo vio cabecear. Ya se merecía un descanso.
La noche los alcanzó, las actividades terminaron y Eli no había llegado. Umi acostumbraba dormir temprano, en cambio, se encontraba sentada en el sillón, mirando a su padre en el interminable ir y venir que daba por la sala. Estuvo llamando constantemente a Luka, su viejo amigo, hasta que de repente él le regresó la llamada y suspiró aliviado. Se escuchó el timbre de la puerta y la atendió de prisa. La peliazul lo siguió hasta la entrada de la sala, donde vio a su padre llegar acompañado de la rubia.
– Lo siento.
– No te preocupes, Eli-san –le sonrió nerviosamente.
– Buenas noches –dijo al entrar a la sala y ver a la peliazul de pie, le sonrió.
Umi no le contestó, sólo se le quedó mirando. Su padre se adentró, tomó la valija y se la llevó afuera donde se encontraba el auto. La peliazul los seguía desde atrás, mientras escuchaba la lánguida plática que mantenían ambos. En la salida no vio el carro del mayor de los Ayase, sino uno diferente, que, suponía, pertenecía a Eli: un Chevrolet Cavalier 2018 color ámbar. Vio a la rubia cerrar la cajuela, para después acercarse y abrirle la puerta del asiento del copiloto. Le dedicó una sonrisa ladina.
– Umi, cariño, no dudes en venir a casa cuando quieras –le dijo en voz baja su padre cuando vio a la rusa alejarse para ir a su lugar como conductor–. Iré a visitarte constantemente. Pórtate bien.
Le dio un tierno beso en la frente y un abrazo fuerte, la chica le correspondió. Se metió al carro, totalmente insegura.
– ¡Hasta luego, señor Sonoda! –Se despidió Eli con una linda sonrisa, agitando su mano–. Cuidaré bien a su pequeña.
Se adentró en el carro, cerró la puerta y posó las llaves para encenderlo. La peliazul miró desde la ventana por el espejo retrovisor a su padre que seguía en la puerta, moviendo el brazo a modo de despedida. Ella alzó débilmente una de sus manos, dudando que el hombre lo hubiera notado. Era casi imperceptible la vibración del auto al estar encendido y se sintió ligera al empezar a andar. Eli prendió el estéreo, cosa que agradeció porque no estaba con ánimos de hablar. Se llevó una grata sorpresa al descubrir que la chica escuchaba música clásica.
Fue testigo desde la ventana de todo el recorrido que estaban haciendo, pasó cerca de aquel camino que siempre tomaba para ir por sus amigas, pasó por su escuela y después de un rato dejó de reconocer las calles. Un semáforo detuvo su fluido andar de noche, lo que aprovechó para darle un rápido vistazo a su compañera. Vestía un pantalón blanco entallado, una blusa ajustada color granate, una chamarra negra y unas botas de piel que, a pesar de darle un toque rudo, le hacía ver demasiado femenina. A pesar de lo ceñida que estaba su ropa, no había ningun atisbo de grasa corporal sobrante. Juraría que cuidaba su alimentación y que hacía ejercicio. Pasó su vista hasta la mano que se encontraba sobre la palanca de velocidades, eran pálidas y delicadas. Escuchó una leve risa que le obligó a alzar la cabeza. Eli la miraba de reojo, de repente volvió a arrancar.
– Ni siquiera los hombres me escanean de esa manera, Umi –le dijo en un tono picaresco.
La peliazul se tensó en su asiento y se removió incomoda, estaba roja por haber sido descubierta infraganti. Sin embargo, nunca creyó que le tomaría tanto tiempo ver a alguien. ¡Cuánto atrevimiento! A su nariz le llegó la extraña esencia que portaba la otra, era una mezcla entre perfume fino, cigarros y alcohol. Sin quererlo, le molestó hasta sentir un vacío en la boca del estómago.
Llegaron al lugar unos cuantos minutos después, haciendo cuentas, le tomaría unos 15 minutos llegar a su escuela caminando. Vio el lugar, era una casa incluso más grande que el recinto que compartía con su padre. Claro, si lo comparaba con el dojo, era muy pequeña. Eli le ayudó a bajar su equipaje y lo llevó hasta la puerta, muy a disgusto de Umi que le insistió muchas veces en que le dejara cargar sus pertenencias.
– En la mañana vine a la casa, no chequé todo, pero tomé el primer cuarto, espero no te moleste –le comentó mientras abría la puerta con una llave y le permitía pasar primero– ¿Pu-puedes prender la luz? Por favor.
La miró con curiosidad, ¿Acaso le tendría miedo a la oscuridad? No, no lo podía concebir, de ser así le daría mucha risa la situación. Buscó a tientas el interruptor y la luz iluminó de golpe el lugar. Estaba amueblado de una manera bastante cotidiana, como si no se hubieran esmerado en buscar los muebles adecuados ni darle un correcto acomodo.
– Es un desastre, lo sé –comentó la rubia, empezaba a sentir que estaba hablando sola–. No me extraña que esto fuera de mi padre.
Se adentró con la valija, la dejó en el suelo, cerca de uno de los sillones, y empezó su recorrido por los pasillos. Se saltó la que había escogido como su habitación y pasó a la que se encontraba frente a ella. La abrió y se encontró con un cuarto lleno de documentos y archiveros. La cerró, seguramente no deberían tocar nada eso. Se encaminó a las otras dos que tenía más adelante, abrió una puerta y volvió a ver algo similar a la pasada. En la otra lo que descubrió fueron cajas y unos libreros a reventar. Dentro de su cabeza algo empezaba a incendiarse y halló a una Eli interna rogando al dios en el que nunca creyó, que esa última puerta fuera otra habitación y que el baño estuviera afuera como a la antigüita. No le importaba tener que salir a las 3 am, pero, por favor, que eso fuera otra recamara. Lo que vieron sus ojos destruyeron todas sus esperanzas, había un hermoso sanitario y una tina lujosa, al parecer lo único que se preocupó en escoger.
– No hay otro dormitorio –anunció con un hilo de voz.
– Debe estar bromeando –fueron las primeras palabras que le dedicó aquel día. Umi se apresuró a abrir cada una de las puertas para dar por hecho lo que la rubia acababa de decir. Ni siquiera en sus pijamadas con sus amigas había osado dormir a lado de alguna de ellas. Y ahora, cada día, tendría que compartir la cama con una desconocida.
Regresó a la sala de estar vuelta un zombi, se dejó caer en uno de los sillones y ahí permitió que la angustia, el miedo y la vergüenza le carcomieran por completo. Eli sólo observaba a lo lejos los cambios en el rostro la peliazul, de repente estaba rojo, luego palidecía para terminar ensombreciéndose. En realidad esa chica era peculiar. Sonrió para sí, se acercó a la menor y desde la espalda asomó su cabeza por el lado derecho.
– ¡De-demasiado cerca! –le espetó la chica, sonrojándose aún más. Por alejarse de golpe, casi cae del sillón de no ser por la mano de la rubia que la sostuvo.
– Umi, no te preocupes –seguía sujetándola–. No ronco, no muerdo, ni pellizco. Juro que seré decente.
Se soltó de golpe del agarre, volvió a acomodarse en el sillón. Estaba cansada y necesitaría dormir para ir mañana a la escuela. Claro, también requería de una buena excusa para cancelarles a sus amigas de encaminarse con ellas y de regresar a su lado.
– Dormiré en el sillón –se encogió mientras apretaba los bordes de su falda con ambas manos–. No, no necesitamos dormir ju-juntas, Ayase-san.
– Te dije que me llamarás Eli –se dio la vuelta y se sentó a su lado, se le quedó mirando por unos segundos, luego empezó a reírse suavemente– Hoy puedes dormir en la habitación, necesito hablar con mi padre… en persona. Toma.
La menor la miró de reojo, la rubia estaba extendiéndole una copia de la llave de la casa, vio el grabado a cincel que simulaba las olas de mar, era azul. Estaba por decir algo, hasta que la vio levantarse y dirigirse a la puerta.
– Duerme tranquila –se encontraba en la puerta, dándole la espalda y, sin voltear a verla, la cerró.
…
…
Era obvio que no podría dormir y por dos simples razones: 1. El pensamiento de que Eli podía llegar en cualquier momento y acostarse a su lado, o 2. El de que no llegara. Para fortuna, aunque también desgracia, fue la segunda opción la que se cumplió. Y en ese momento caminaba estúpidamente hacia su escuela, después de haberse despertado como de costumbre, sin recordar que ahora vivía a 15 minutos de ella. En su andar tuvo que mandarle un rápido mensaje a sus amigas diciendo que no podía ir con ellas, sin explicación alguna. Eso le costaría un interrogatorio profuso y no se encontraba con los ánimos ni la energía para contestar.
Llegó a la preparatoria aproximadamente 50 minutos antes de iniciar las clases, alivio fue el encontrar las instalaciones abiertas. Seguramente estaría vacía, así que aprovecharía ese pequeño lapso de tiempo para adelantar algunos deberes del consejo estudiantil. Fue andando tranquilamente por los pasillos desolados, la mañana les daba un ambiente totalmente distinto al que adquirían en la tarde. El frío se colaba por donde pudiera, era algo nostálgico.
Mientras iba subiendo las escaleras, a sus oídos se hacía audible una tenue melodía, que por más que intentara esconderse, podía escucharse. Se acercó al lugar de donde provenía el sonido, era el club de música y dentro de este se encontraba la chica que ayer rechazó hacer el recital, Nishikino Maki. La vio desde el pequeño vidrio de la puerta, traía puestos unos audífonos para facilitar el seguimiento de la canción. Por alguna, la tonada se le hizo familiar. Aprovechó la reconcentración de la otra para adentrarse en el lugar sin ser descubierta. Lo consiguió. Permaneció sentada en una de las bancas que se encontraba en una esquina. Escuchó la canción, era nostálgica, con un ritmo medio, sencilla pero bastante cautivadora. Conforme pasaba la melodía, los tiempos iban cambiando, los arreglos se volvían más difíciles, de repente se volvían lánguidos, para terminar con una potencia increíble. Llegó un punto donde pudo observar a la pelirroja moverse a la par con la canción, con los ojos cerrados, sintiéndola, viviéndola. Eso era pasión, no otra cosa.
Se detuvo de golpe, respiró hondo, abrió los ojos, se quitó los audífonos y lo escuchó. Aplausos. Se sonrojó violentamente cuando vio a la peliazul sentada. ¿Cuándo llegó? ¿Por cuánto tiempo estuvo ahí? ¿Por qué le sonreía?
– ¿Qué diablos haces aquí? –Le espetó, bajando la tapa del piano para cubrir las teclas–. Además, ¿quién llega a estar horas? Tampoco es como que me importe, eh.
– Bueno –empezó la peliazul, con una disimulada diversión–, podría preguntar lo mismo.
La pelirroja se sonrojó y desvió la mirada. Se cruzó de brazos en una señal infantil de orgullo. Sí, se notaba que venía de una familia acaudalada. Umi se quedó sentada donde estaba, sin dejar de mirarla, quería acercarse a ella, pero aún no sabía cómo.
– Nishikino-san –esperó a que la otra volteara, pero sólo recibió un murmullo por respuesta–, dígame las verdaderas razones por las que no quiere presentarse en el recital.
Maki se estremeció, sentía la pesada mirada sobre sí. Tenía miedo de voltear y encarar a aquella chica. No abrió la boca, porque no pudo, ni siquiera para protestar. El nerviosismo le hizo pasar una de sus manos por el cabello, hasta terminar enrollando uno de sus dedos en un mechón.
– Bien –volvió a hablar Umi, cerró los ojos por un momento y después se puso de pie. Esta chica es tierna, pensó–. No es la única con buenos talentos aquí.
Ante ese comentario petulante, la pelirroja volvió a ver a la que según, tenía entendido, era su "amable y agradable vicepresidenta". Eso conforme a las versiones de muchas de sus compañeras. Sintió un escalofrío al verla acercarse a ella, inconscientemente se fue recorriendo del asiento, hasta que la otra chica pudo sentarse a su lado.
– ¿Siente pena al estar frente a muchas personas?
– Claro que no –contestó, su voz le pareció ajena.
– ¿Se ha equivocado estando frente al escenario? –Esa pregunta fue respondida con una sonrisa sardónica– ¿No siente la suficiente pasión? Porque parece que usted se miente sola.
Le parecía en suma raro que una de sus superiores le hablara con tal formalismo, quizá fue por ello que a cada pregunta le fue más difícil mantenerse estable e indiferente.
– Desde que era pequeña escribo –comentó mientras se sonrojaba ligeramente–, ¿toca desde pequeña?
– Sí –volvió a tomar otro mechón de su cabello y jugueteó con él.
– ¿Qué le parece si hacemos un trato? –De repente una idea le iluminó el pensamiento– Una especie de desafío artístico.
La pianista volteó a verla, portaba un brillo especial en sus ojos. Umi sonrió de manera victoriosa, al parecer había dado en el clavo, era una chica competitiva. Esperó por si decía algo, pero su silencio lo interpretó como un permiso para continuar.
– Yo traigo algo escrito de mi autoría y usted trae algo suyo en piano –agregó, mientras se miraban a los ojos y daban cuenta de su cercanía. Umi se puso de pie para evitar que su sonrojo le delatara–. Podemos traer a alguien imparcial para que juzgue. Tendremos como fecha límite el lunes, y si yo gano, irá al recital.
– ¿Y si yo consigo la victoria?
– No lo sé –se encaminó a la puerta, antes de salir la miró a los ojos y le sonrió–. Podrías pensar en algo que te gustaría que yo hiciera, Maki-san.
La pelirroja se sonrojó al escuchar su nombre y frunció ligeramente el ceño. La vio salir del club. Ella se levantó, apresuró el paso y desde la puerta le gritó:
– ¡Esto no está en términos amistosos, Sonoda!
…
…
Esto es interesante, eso pensaba Kotori. Su atención de aquel día había sido tomada por las actitudes de su amiga peliazul, y no sólo ella, sino también de Nishikino Maki, la chica de primero de la que sabía un secreto. Y ahora lo entendía. Era la mirada soslayada que siempre le dedicaba y sus bruscos movimientos cuando era descubierta por Umi. La distracción y la búsqueda, aun estando con sus amigas, parecía estar pendiente de lo que hacían ellas tres, cosa que no les incomodaba pues algunas chicas solían verlas pero por el simple hecho de que estuviera la famosa capitana del club de arco, su querida y linda vicepresidenta. Pero aquella mirada era diferente, lo sabía por la forma en la que ardía. Me pregunto qué hiciste, Umi-chan.
Además, su querida amiga se encontraba notablemente más alegre que el día de ayer. ¿Acaso ella fue la razón por la que no pudo ir con nosotras? Le habían preguntado por ello, pero sólo contestó con un escuálido "tuve que ayudar a mi padre en algunas cosas" y dio por terminado el tema. Ahora se encontraban de camino a casa, Honoka volvía a hablar sobre la chica de cabello castaño, mientras ella escuchaba y estaba pendiente de la inmersión en la que se encontraba la arquera.
Mientras tanto, la cabeza de Umi se estaba llenando de las posibles cosas de las cuales podría escribir algo, pero ninguna le parecía suficiente. Hacía mucho que no escribía algo, todos esos cuadernos que usaba para escribir sobre cosas que aún le eran desconocidas, los tenía ocultos en su cuarto, escondidos de las manos de su padre, o de cualquiera que sea lo suficientemente curioso como para encontrarlos. Quizá sería bueno dar un vistazo a sus viejos escritos.
Se despidió de Honoka y siguió su camino a lado de Kotori. Pensó en su padre y de repente recordó que ese ya no era su camino de regreso a casa. El evocar la ausencia de Eli le pesó en el pecho, se sintió mal por permitirse olvidarlo por unos instantes. Empezó a tensarse y se mordió el labio inferior, lo que no pasó desapercibido por su amiga.
– ¿Todo bien, Umi-chan? –preguntó una vez que estaban por despedirse.
– Sí, Kotori –le sonrió–. Sólo que hemos tenido problemas con el dojo.
Umi mentía y Kotori lo sabía porque la conocía. Decidió no insistir, quizá en su momento lo hablaría o, como era su costumbre, lo afrontaría sola sin dejar de estar para ellas. Se despidió de ella con un cálido abrazo y luego desapareció en su casa. La peliazul decidió hacer el camino de regreso, le tomaría más tiempo, pero necesitaba ver si Eli había regresado. Empero, al llegar descubrió que esa no era la situación, la rubia seguía ausente y ahora se encontraba sola en una casa que en realidad no le pertenecía.
Tendría que hacer de comer y empezar a acomodar algunas de sus pertenencias. Se acercó al refrigerado y al abrirlo lo único encontró fue un par de cervezas sin destapar. Revisó la alacena, la pequeña puerta que servía como almacén, algunas estanterías, pero no halló nada. Todo era viejo y estaba empolvado o le era inservible. Salió de la casa. Por suerte, había visto un minisúper cerca, donde compró unos cuantos alimentos para la semana. Estando acostumbrada a cocinar para su padre y ella, no le sería difícil racionar las comidas por si la rusa regresaba. Pero eso no sucedió ese día, ni al siguiente.
Toda esa semana se la pasó sola en aquel lugar, siempre tenía esa tentación de ir a visitar a su padre, pero la idea de que su prometida regresara, le amedrentaba y por ello terminaba regresando a aquel lugar abandonado. Y así se sentía ella. Aunque sus días se vieron coloreados por sus amigas y sus fugaces encuentros con Maki –que sin saberlo le aceleraban la circulación y los latidos–, no dejaba de sentir esas punzadas. Y le dolía. Ahora lo entendía: no quería casarse con la ausencia de una persona. No estaba dispuesta a comprometerse con la incertidumbre de una sonrisa que al día siguiente desaparece.
Aquel viernes, después de intercambiar unas cuantas palabras con la pelirroja que empezaba a ganarse su simpatía, a pesar de ser contradictoria y frívola, se sentía lo suficientemente estable como para soportar permanecer en casa. Eso, junto a la idea de que al día siguiente podría visitar a su padre y que el domingo el señor Ayase lo llevaría a conocer su nuevo "hogar". ¿Y si Eli no regresa? Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos, pero cada día le era más difícil. No temía el abandono, claro que no. Así ella podría…
Estaba ordenando sus pertenencias en uno de los armarios que estaban en la habitación, en la otra puerta encontró una maleta azul cielo, esa tenía que ser de la rubia, así que tomó el espacio de la otra puerta. Fue por un trapo para quitar los rastros de polvo. De tanto tiempo libre que tenía, después de regresar considerablemente temprano a su casa y terminar sus deberes, decidió limpiar un poco la casa. No le gustaba ver un lugar tan desolado y la suciedad no hacía otra cosa que volverlo más lúgubre.
De repente escuchó el timbre del lugar, cosa que le asustó porque nunca había tenido visitas. Nota mental: cambiar el sonido del timbre. La esperanza empezaba a cimbrarle los sentimientos, no lo permitiría, respiró profundo y al abrir la puerta vio un par de ojos azules. Por un momento rebuscó a las espaldas de aquel hombre, ella no se encontraba con él.
– Umi, hija –el hombre le tomó por la barbilla y le depositó un suave beso en la frente. Se adentró en el lugar sin pedir permiso, claro, era su casa.
– Señor Ayase –lo saludó con un ligero sonrojo y una reverencia.
– Déjate de formalidades, soy papi Luka –rió al ver cómo la peliazul se ponía roja como un semáforo. Juraría que incluso sentía el calor que emanaba–. Vine a hacer una rápida visita y a aclararles algunas cosas. Todos los documentos que encuentren, no los muevan y si pueden ni los vean. Yo vendré por ellos cuando sea posible.
Umi asintió, el rubio posó una de sus manos en la cabeza de la peliazul como para reconfortarla.
– Ahora… –recorrió el lugar con la mirada, pasó a la cocina, luego a cada una de las habitaciones pero no encontró lo que estaba buscando. Lo siguiente lo dijo con una voz fría– ¿Y Eli?
La chica palideció al instante, tendría que inventar una buena historia, o al menos una excusa de la actual ausencia de la otra.
– Ella… –desvió la mirada, grave error– salió a comprar algunas cosas.
– Umi –el hombre se acercó y se encorvó hasta quedar de frente a la chica, le levantó el rostro tomándola por el mentón y la miró a los ojos–, ¿desde cuándo?
– ¿Eh?
– ¿Desde cuándo se fue? ¿Cuánto tiempo has estado sola?
– Este… –le era difícil, muy difícil dejar de ver esos ojos y no sólo por el hecho de que le impedía bajar la cabeza o ladearla–. E-el lu-lunes.
El hombre la soltó y, después de unos segundos que le parecieron interminables, lo vio salir hecho una furia sin decir palabra alguna.
…
…
N/A: No me maten :C
He tenido una semana algo complicada, pero aquí está la actualización. Con respecto a mis otros fics :v tengan paciencia, se los ruego, la escuela me tiene sin dormir, apenas ayer pude dormir más de una hora jajajajaja Yo vivo al extremo xD
Y no me maten, otra vez, por si el capítulo les ha hecho sufrir, pero les dije que metería algunas cosillas y será un poco complejo (eso creo). Les aseguro que a Eli no le pasó nada grave :3 y que en el siguiente capítulo saldrá Nozomi ^^ Y si ya se hacen una idea de lo que va a ser de este fic, ¡pues no! Ok no :v lo siento, es de noche y tengo sueño (¿)
Este capítulo fue más de Umi, el siguiente será más de Eli. Después se irán desarrollando a lo loco. Saldrán todos los personajes de µ's en su momento, con diferente relevancia, claro.
Y ya saben, pueden dejar cualquier comentario, un saludo, una crítica, sugerencias, opiniones, suposiciones, todo es bienvenido.
Muchas gracias a todos los que le dieron a seguir, a favorito y/o comentaron ;-; los amo jajajaja
¡Saludos y hasta la próxima!
