Los personajes de Love Live no me pertenecen.

– 6 –

Jueves

Aún estaba sorprendida. Quizá ya se encontraba comiendo, sentada en una de las bancas de las jardineras de su universidad, con la mujer que amaba a su lado, mientras ella hablaba sin parar de lo que le había dicho su maestra de Literatura cuando se presentó y le preguntó en qué consistía un análisis literario. Entonces la veía sacar un cuaderno de su mochila y empezaba con la explicación de cada uno de los puntos que tenía que llevar a cabo para conseguir un buen trabajo. Y esa era la situación, bastante ordinaria, que le tenía un poco consternada.

Ella era consciente de que Eli le llamaría en la noche del miércoles o quizá la mañana del jueves, pero nunca creyó que le llamaría para decirle que se encontraba en su escuela y que la vería en un determinado lugar. Y lo que le sorprendía incluso más, era el hecho de que había traído algo para desayunar preparado con sus manos. Eran unos someros sándwiches, pero ella los había hecho, acomodado, untado la mayonesa, puesto el jamón, el queso, la lechuga, el jitomate y todo lo que pudieran llevar unos emparedados comunes. Y ella estaba segura de ese hecho porque a algunos les faltaba el jamón, a otros la mayonesa, varios carecían de un ingrediente y era raro el que se hallaba completo. Sus acostumbrados regalos de cumpleaños eran ligeramente costosos y traían consigo el regalito, pero aquello era nuevo. Y le gustaba demasiado.

– Elicchi –la interrumpió en su retahíla.

– ¡No me digas que los sándwiches son un asco! –Comentó un poco asustada–. Juro que intenté hacerlos lo mejor que pude.

– No es eso –se rió suavemente– ¿No tienes clases, Elicchi?

– Te lo acabo de explicar, Nozomi –empezó a reírse–. Parece que no estás aquí. Tenía clase de literatura, pero era únicamente revisión de avances y como mi apellido es Ayase, fui de las primeras en pasar. Entonces me vine para acá. Mi siguiente clase es hasta las 12 y tengo entendido tú tienes libre hasta las 11. ¿No?

– Sí –la observó un tanto sorprendida por saber su horario de clases.

– No me mires de esa manera –comió el último bocado de sándwich–. Tú me diste tu horario de clases, ¿lo recuerdas?

Sí, ella le había dado su horario de clases, pero ella no recibió el de Eli a cambio. Miró su emparedado, el cual únicamente contenía jamón en su interior, y siguió con su almuerzo mientras la rubia volvía a retomar su relato de la clase y ella a ensimismarse.

– Cuando vea a Umi, le preguntaré si lo que me ha dicho la maestra es lo necesario para el análisis básico –le dijo un tanto preocupada–, porque esto me parece exagerado.

– ¿Umi? –preguntó en cuanto salió de su trance.

– La chica que me ayuda con el trabajo –se quedó con un sabor peculiar en la boca.

Ahora que ambas lo pensaban detenidamente, Eli nunca había mencionado el nombre de aquella niña, como la catalogaba la rubia en sus discursos. Y no sólo eso, pasó de ser una párvula a una chica.

Nozomi se le quedó mirando por unos instantes, tal vez procesando aún lo extravagante que le parecía la escena, o quizá intentando delatar alguna posible artimaña oculta en sus acciones y palabras. Sin embargo, lo único que encontró en la rusa fue aquella mirada curiosa que tantas veces había visto cuando la conoció. Lo recordaba lúcidamente, incluso la vaga excusa que le dio su amiga Nico sobre la presencia de Eli: estaba ahí, acompañándolas en sus acostumbradas fiestas de dos, porque al parecer había tenido problemas en casa. Fue cuando descubrió que, de hecho, iban a la misma preparatoria, donde volvieron a encontrarse y desde aquel día empezaron a citarse en los almuerzos. Fueron los momentos que compartían, que por pequeños que fueran, siempre eran gratificantes; hasta que se dio cuenta de lo que sentía por ella. ¿Cuándo había surgido? No lo sabía. Realmente, tampoco su relación tenía un inicio específico, nunca hubo la normativa pregunta para comenzar con el noviazgo, sólo ocurrió que en alguna de sus salidas se arriesgó y la besó mientras ella estaba con la cabeza en su regazo dormitando, cuando se separó de ella se dio cuenta que la chica la miraba y sin palabra de por medio, algún gesto o reacción, con sus manos volvió a acercar su rostro para volver a besarse. La fecha que tomaban –o al menos ella– como el inició de su relación, consistía en el cumplimiento de su impetuoso capricho: sexo. ¡Claro que sí! Por ser su cumpleaños y por ser la mujer que empezaba acariciar vehemente con la mirada, porque su boca escupía briosas palabras de amor, deseo, cariño, y todo posible nombre para el sentimiento que se expandía por su cuerpo y que no lograba adherirse al otro.

En todo aquel tiempo, había dado con 3 facetas de la rubia. Estaba Eli, aquella chica hosca, fría y terca que sabía hacerle daño; luego su adorada Elicchi, con la que acostumbraba compartir la mayor parte de su tiempo y cariño; y por último la linda e inteligente Elichika, esa de quien se había enamorado en un principio, para después amar a Eli y encontrarse en un punto medio con Elicchi. Sin embargo, ahora tenía en frente a aquella persona, esa faceta que se había hecho pedazos desde Erena, esa chica cándida que siempre quiso corromper, abrazar y besar. Y aunque se encontraba rebosante de alegría por su parvo regalo de cumpleaños, por compartir el tiempo con Elichika, por oírla hablar, sentir su mano sobre la suya y su mirada en ella, muy en lo profundo le alarmaba aquel insólito retroceso.

Puede que… ¿debería?

– Elicchi –le llamó, le acarició la mano que estaba sobre la madera de la banca. La rubia guardó silencio en cuanto la escuchó y volteó a verla–. Quiero besarte.

Eli parpadeó un par de veces, su mirada estaba sobre los esmeraldas de su novia, sintió como la sangre se le subió al rostro.

– Pero estamos en tu escuela y nos pueden ver –se rascó la mejilla.

– No ve van a mandar un reporte por besar a mi novia en el patio –giró su cuerpo y empezó a acercarse a la rusa a la vez que ella se hacía para atrás sin cambiar su posición–. Deberías estar tranquila de que no te pida algo más indecente.

Vio la manera en la que se relamía los labios, anticipando su desgaste por el uso. Eli tragó saliva, pero se dejó envolver el cuello por los brazos de la pelimorada mientras sentía la gravedad del cuerpo de Nozomi afectándole a su postura, se acomodó y la tomó por la cintura. Fue un beso minúsculo, una caricia de unos labios sobre otros, no se permitió ni cerrar los ojos para disfrutarlo o siquiera sentirlo. La miró desconcertada, con sus rostros separados por centímetros, su novia le sonreía de manera misteriosa.

Nozomi volvió al ataque, la diferencia fue que le tomó el rostro con las manos, ladeó ligeramente la cabeza para poder besarla mejor. Poco le importaba que alguien pasara y la viera besándose con una chica. Era su Elichika. Entonces empezaba despacio, acercando sus labios a los de ella, rozándolos, sintiendo su respiración mezclándose con la suya, haciendo el aire aún más cálido, dilatando ligeramente sus labios, aumentando la circulación, causando un sonrojo notorio en el rostro ajeno. Depositaba un casto beso para apaciguar el sofoco, para menguar el calor. Y tal como ella quería, el ansia se manifestaba en el otro cuerpo.

Sentía las manos de Eli viajar inseguras por su cintura, era ese mismo temblor que notó en ella la primera vez que se encontró desnuda entre sus brazos. Y ella, con malicia, acercaba aún más su cuerpo, subía una de sus piernas ligeramente sobre la rodilla derecha de la rubia, quien no dudó en poner su mano sobre la misma, para sujetarla. La pelimorada repetía la misma acción de acariciarle con los labios, viajaban desde su oreja, la barbilla, la mejilla y sus labios. Permitió que le besara como ella quisiera, para su sorpresa, la rusa pasó ligeramente la lengua por sus labios y le depositó un tierno beso en ellos.

– Tramposa –le reprendió.

– Tacaña –le reclamó.

No necesitó pensarlo dos veces. Le dio un profundo beso donde se encontró con el sabor de los sándwiches acompañados con un poco de chocolate y las sobras de un cariño que parecía apagarse de a ratos. Un amor del cual su desgaste se hallaba en las constantes hogueras en las que se convertía hasta consumirse y en su necedad de meter las manos al fuego y alejarlas demasiado tarde.

Escuchaba el ruido seco de sus zapatos al dar con el suelo, al mirar al cielo daba con el porqué de su decisión de no quedarse hasta tarde en el consejo: el día estaba ligeramente nublado y las lluvias de junio amenazaban con iniciar. Todavía le sorprendía pensar en el transcurso de su día, incluso podría a atreverse a decir que fue en suma aburrido. Volvió a despedirse, yendo en sentido contrario a sus amigas, con la mísera excusa de tener que ayudar a la rubia del día pasado. Temiendo el interrogatorio o al menos la mirada inquisidora, no llegó a ella nada, salvo la sonrisa comprensiva y una despedida escueta.

Se lamentaba el no haberse encontrado a Maki, a pesar de haber dado con la pelinegra –que trabajaba para su padre– en la entrada de la escuela, eso indicaba que seguramente la pelirroja aún se hallaba en la escuela, quizá en el salón de música. Por un instante había pensado que la chica se acercaría a hablar con ella, por la mirada pesada y penetrante que le dedicaba, más no sucedió, sólo la siguió con su vista en el camino que ella trazaba.

Fuera de eso, su día estuvo demasiado tranquilo. Algo inquietante teniendo en cuenta las últimas dos semanas que había pasado desde que se había comprometido. Con ese pensamiento llegó a casa y vio que el automóvil de Eli estaba estacionado en la entrada, seguramente la rubia se encontraba esperándola. Sacó su llave, aquella que su futuro suegro había mando a hacer a par, aún le parecía curioso, todavía no encontraba el sentido de aquello. Al abrir la puerta, no dio con la rusa que solía permanecer en el sillón en el que dormía, pero el ruido proveniente de la habitación le hizo saber su verdadera locación.

Se encaminó a la recamara, tenía que ir porque debía dejar sus cosas y cambiarse de ropa. Entró y vio que las puertas del closet estaban abiertas de par en par y que Eli se encontraba sentada en el suelo acomodando su ropa en los cajones.

– Buenas tardes –saludó mientras dejaba su mochila en el suelo y se acercaba a ella para poder tomar las cosas de su lado del armario.

– Hola –le contestó mientras soltaba una suave risa.

– ¿Qué te parece tan gracioso? –preguntó mientras tomaba su ropa y la miraba de soslayo.

– No necesitas ser tan formal conmigo, pensé que no lo merecía –alzó la cara para mirarla a los ojos–. Seguramente la educación que recibiste es más fuerte que todo el coraje que me puedas tener.

La peliazul no pudo evitar sonrojarse ante aquel comentario. Eli tenía razón, últimamente no se había comportado como debía, pero era comprensible porque de repente su vida ya no era como se suponía que tenía que ser. Además, la rubia parecía estar alegre, así que decidió permanecer en silencio.

– Vi que me dejaste espacio para acomodar mis pertenencias, gracias –se levantó y empezó a poner sus camisas y blusas en ganchos.

– Es lo que se supone, ¿no?

– Creo que tienes razón –empezó a sonrojarse ligeramente y se rascó la cabeza–. No pude adivinar cuales eran mis cajones, así que los tuve que abrir para ver cuales estaban vacíos –empezó a reírse otra vez–. Lo único que puedo decirte es que tienes buen gusto para la ropa interior.

Su argumento no era falso. Con sus ojos azules observó la reacción, era bastante fácil hacer sonrojar a su prometida, tanto que incluso podría llegar a ser divertido. La vio tomar sus cosas rápidamente y salir hecha una furia en dirección al baño. Suspiró resignada al enfado del que sería victima por aquella tarde. No importaba, había valido la pena.

Siguió acomodando su ropa que por bastante tiempo se había negado a sacar de su valija, un acto de rebelión, quizá la nula aceptación de su situación; paulatinamente iba haciéndose a la idea de su irrevocable destino. Aquella mañana con Nozomi, su actual novia, le había servido para valorar el tiempo que aún tenía con ella, para darse cuenta de los errores que estaba cometiendo y probablemente sí era prudente hablar con Umi, tal vez era necesario hacérselo saber a la pelimorada. Sin darse cuenta de ello, la arquera se encontraba en la puerta, con ropa casual puesta, el uniforme doblado en sus manos y la mirada sobre ella.

– ¿Necesitas ayuda? –preguntó con voz tímida.

– No, gracias –volvió a reírse y de repente guardó silencio y meditó un poco su situación–. Mejor sí, soy mala en la cocina y mi apetito empieza a hacer aparición.

– ¿Quieres que haga la comida? –abrió los ojos por la petición. Se acercó al armario y guardó ahí su uniforme.

– Sólo si quieres cocinar, sino podemos pedir algo –agregó cálidamente para que no pareciera hosca su solicitud.

– No tengo problema –se encogió de hombros y se retiró de la habitación.

La chica, al llegar a la cocina, lo primero que hizo fue revisar tanto la alacena como el refrigerador. Literalmente sólo tenían para comer ese día, mañana tendría que salir a comprar la despensa. Pensó en pedirles a sus amigas que la acompañaran, se quedó un rato meditando la opción, sacudió la cabeza y la descartó. Además, tenía muy poco dinero que su padre le había dado el fin de semana pasado, para necesidades específicamente de ella porque, según le había dicho, Luka se encargaría de su hija mientras siguiera estudiando.

Suspiró resignada, tendría que hacer la despensa sola, de preferencia en un lugar que no fuera concurrido por sus amigas para que pudiera regresar tranquilamente a casa. Se dispuso a preparar lo poco que aún había en casa, sería una comida bastante sencilla.

– ¿Hace falta algo? –preguntó Eli que acababa de llegar y se encontraba recargada en una de las paredes.

– Pues todo –se rió suavemente.

– Mañana vamos a comprarlo –le dijo, acercándose a ella–. Mi padre me da dinero para este tipo de cosas… para ti y para mí.

Para nosotras.

– Si no tienes problemas con ello –comentó.

La peliazul se dedicó a hacer la comida mientras la rubia se mantenía al margen, cerca de la puerta, viéndola actuar. Era una extraña situación en la que la imagen de la pelimorada era sustituida por la de Umi. La diferencia era enorme, mientras por un lado tenía un toque de sensualidad y feminidad, la arquera poseía una elegancia que incluso la obligó a retirarse. Volvió a la sala, donde la esperó con la mente divagando un poco.

Comieron sentadas en los sillones mientras hablaban sobre lo que Eli tenía que hacer para realizar su análisis literario. En efecto, su maestra no le había mentido, todos aquellos datos que le había dicho que tenía que recopilar, eran necesarios.

– Debes tener conocimiento del contexto del autor: su lugar de nacimiento, qué pasaba mientras escribía el libro, si tiene alguna filosofía, algún maestro en literatura u otros escritores que siga –le comentaba mientras iba apuntando en el cuaderno de la rusa lo que tenía que buscar para ese día–. Todo eso está vinculado con el libro. Y eso es sólo para un análisis muy superficial, que si te quieres meter más a fondo, podríamos ver el acomodo de las palabras y la sintaxis.

– No… –Eli miraba con curiosidad la caligrafía de Umi, estaba ladeada a la derecha y era cursiva–, gracias.

– De eso que vas a sacar hoy, tienes que hacerme una relación con respecto al contenido que maneja el libro. De ahí partirás para hacer el verdadero análisis, esto es como la puerta de entrada.

– ¿Hablas en serio?

– Claro –asintió con la cabeza y se levantó recogiendo los platos para llevarlos al lavadero. Vio que la rubia la seguía con los vasos en sus manos–. Esto no te llevará ni dos horas. Es, en realidad, bastante sencillo. Es pura inferencia.

– Infe… ¿qué?

– Deducción, Eli –se rió suavemente.

La rubia hizo un puchero, regresó a la sala donde se sentó y abrió su laptop para empezar con su trabajo. Pudo escuchar como Umi se alejaba del lugar y se iba a la habitación. Los primeros minutos los dedicó para empezar a buscar la información, al poco rato se encontraba revisando su celular, mandándole mensajes a Nozomi, quien la regañó por no estar haciendo su tarea. Volvió a su antigua labor, pero la concentración no le duró mucho. Quizá con un poco de música pudiera concentrarse. Y cuando menos se lo esperó, se hallaba jugando solitario en el ordenador. Cerró el portátil, suspirando por la desesperación, se levantó, con su computadora en el brazo y se dirigió a la habitación. Vio a la peliazul que estaba sentada en el escritorio, escribiendo en su cuaderno mientras su miraba iba de su computadora a la libreta. Tocó la puerta y Umi volteó.

– ¡Qué rápida!

– Este… –se rascó la cabeza–, ¿puedo estar contigo? Es que me cuesta concentrarme.

Sus ojos amielados la miraron con una extraña pesadez, se notaba la reticencia en ellos, en la postura que su cuerpo había adoptado. Giró la silla y siguió escribiendo en el cuaderno, para consternación de la rubia que se quedó de pie en la puerta esperando una respuesta.

– Si eso te sirve, hazlo –escuchó decir a la peliazul.

Eli entró alegremente al cuarto, se sentó en la cama y ahí se dispuso a trabajar. Sorpresivamente, le sirvió, puesto que los únicos distractores que tenía eran la ventana de la habitación y la peliazul. Si lo pensaba un poco, nunca había tenido la oportunidad de mirar detenidamente a la chica, si bien, en muchas ocasiones no se lo había permitido quizá porque no tenía un verdadero interés en ella. Sin embargo, la escena que ofrecía, estando sentada en la silla giratoria del escritorio, mientras tomaba apuntes en su cuaderno y parte de su cabello se caía como cascada cubriendo la mitad de su rostro, parecía sacada de alguna película. La poca luz del sol que atravesaba los nubarrones, daba directamente a la habitación, alumbrando de manera precisa los puntos que realzaban la belleza de Umi. De repente la vio erguirse, sobarse el cuello y relajar los músculos de la espalda en el respaldo de la silla. Sus ojos miraron de soslayo a sus celestes.

– ¿Te has enamorado? –le preguntó inusitadamente.

La otra permaneció en silencio, sin apartar la vista en ningún momento. Había estado viéndola disimuladamente mientras trabajaba, parecía que algunas veces estaba bastante concentrada que incluso no se percataba de que golpeaba suavemente su cabeza con el lápiz. Suspiró, cerró los ojos y sonrió.

– Sinceramente, no lo sé.

Volvió su cuerpo para quedar de frente a la rubia y así poder continuar conversando. Parecía que últimamente Eli tenía ganas de hablar sobre ese tipo de cosas.

– Yo sí, una vez.

– ¿Ah, sí? –Lo pensó por unos segundos y se sonrojó suavemente– ¿Cómo es?

– Es como una maraña de todo, es confuso.

– Una vez leí que el amor es la convivencia y la resolución de problemas a base de pactos.

– Pues no está muy alejado de la realidad –soltó una tímida risa. Umi abrió los ojos por la sorpresa, nunca había visto a Eli estar en plan cohibido, regularmente era petulante e impertinente–. Hay veces en las que es necesario establecer algunos lineamientos para su buen funcionamiento, porque en ocasiones es inevitable ser imbécil.

La arquera vio la nostalgia en la mirada celeste, era un cielo que empezaba a nublarse y que amenazaba con lluvias. Miró a la ventana, el paisaje era gris afuera y adentro hacía demasiado calor.

– ¿Ya terminaste lo que te pedí? –preguntó con toda la intención de cambiar de tema.

– Por supuesto que no –soltó una carcajada que trajo consigo las primeras gotas de lluvia–, pero tengo un avance. Mira.

Umi se levantó del asiento y se acercó a Eli, se sentó a su lado y miró la pantalla de la laptop. Sus cejas se fruncieron y la escrutó con un poco de desconcierto.

– Está mal.

– ¿Pero qué? Sólo lo miraste unos segundos.

– Y está mal.

– Me juzgas por ser rubia –se cruzó de brazos y giró su rostro indignada.

– Claro que no, es sólo que no puedes empezar un trabajo escribiendo: el tío este nació… –se quedó un momento pensando–. O sea, simplemente no. Debes ser más formal.

– ¡Ni que fuera un documento oficial!

– Es tu trabajo parcial, si no lo haces bien no te pienso ayudar.

– Siquiera lee lo demás, luego lo hago más serio.

Se levantó de la cama, dejando a Eli sentada en ella, la miró desde la distancia. Volvió a sentarse en la silla con el propósito de seguir con sus deberes. Desde ahí le dedicó una mirada pesada y le advirtió con total seriedad.

– Si no me entregas nada presentable el día de hoy, en tu vida te vuelvo a ayudar.

Eli tragó saliva y se pasó la mano por la cabeza mientras reía nerviosamente.

– Sí, cariñito.

...

Viernes

Miraba por la ventana como las gotas caían sin piedad alguna sobre el suelo. Estaba como de costumbre en el consejo estudiantil, salvo que aquella vez no se encontraba haciendo algo productivo. Sus amigas se hallaban con ella, una sentada frente a la otra, Kotori mirando con detenimiento a la peliazul y Honoka comiendo un panecillo que había traído para almorzar. Las tres seguían ahí porque la peligris se iba a ir con su mamá y porque alguien había quedado de pasar por Honoka. Y claro, Umi recibió un mensaje de Eli diciéndole que iría por ella debido al clima y para que compraran la despensa de camino a casa.

Qué situación tan íntima. Eso era lo que pensaba Umi ante la idea de tener que hacer algo tan de la familia con aquella rubia que apenas y comenzaba a tratar. Giró el cuerpo para encarar a sus amigas, en ese momento Kotori le sonrió y Honoka le extendió su pan a modo de invitación. Ella se negó.

Se oyeron unos suaves golpes en la puerta. La peligris se levantó y fue a abrir, del otro lado se hallaba una chica de cabello castaño y ojos verdes, la cual cruzó mirada con Kotori y Umi, les sonrió. De repente, Honoka se levantó y se le abalanzó a la recién llegada.

– ¡Tsubasa-san! –se le aventó para abrazarla por el cuello, mientras la otra chica sólo se reía y le correspondía con sus brazos en su cintura. Para sorpresa de todas, la pelinaranja la tomó por el rostro y le deposito un beso en los labios.

– ¡Dios mío! –exclamó la peliazul, girándose violentamente para dar con la ventana y no ver tan desvergonzada escena.

– Parece que me extrañaste –escuchó la profunda voz de la castaña.

– ¡Qué va! Ya te ansiaba –esa era la voz de su amiga.

Umi estaba poniéndose roja mientras escuchaba aquel discurso empalagoso, se llevó las manos a los oídos y cerró los ojos con fuerza. Su amiga Honoka, que desde la infancia no le había conocido pasión alguna más que la que sentía por el pan y los videojuegos, ahora se encontraba dándole mimos a otra persona. Era insólito.

Sintió como una mano la tomaba por el hombro, dio un respingo y soltó un grito ahogado. Giró su rostro ligeramente para encontrarse con la presta sonrisa de Tsubasa.

– Hola, Umi –le dijo con alegría–. Soy la novia de Honoka.

– Dios, dios, dios –dijo varias veces mientras se volteaba par mirar de nuevo a la ventana, suspiró hondamente y, hasta que se hubo calmado, giró para encararla–. Sé buena con ella.

– Claro que sí, ella es la que es mala –se rió, mientras veía como la pelinaranja hacía un puchero. Tsubasa miró alrededor de la sala como buscando algo– ¿Y tu novia?

– ¿Eh? –Umi parpadeó varias veces.

– La pelirroja… –se quedó un rato tratando de recordar su nombre, pues a veces Honoka le platicaba sobre cómo su amiga la seguía con la mirada.

– ¡¿Nishikino-san?! –exclamó Kotori soltando un pequeño gritito que parecía más el piar de un ave.

– ¡Exacto, ella! –Tsubasa volteó para encontrarse con la peligris que miraba a la puerta, ahí se estaba la pelirroja de pie.

– Tsk –se cruzó de brazos y desvió la mirada, uno de sus dedos empezó a jugar con uno de los mechones de su cabello–. ¿Su novia? Ya quisiera ella.

– ¡Tenlo por seguro!

– ¡Kotori!

Todas empezaron a reírse salvo Umi y Maki que se encontraban considerablemente rojas. La menor con el ceño fruncido y la peliazul con un sonrojo que le dibujaba hasta las orejas de carmín.

Cuando la situación se hubo calmado, las 5 se sentaron y empezaron a hablar de trivialidades. Honoka y Tsubasa estabas sentadas una a un lado de la otra, muy de cerca, con las manos unidas y molestándose constantemente. Umi alternaba su mirada entre la pareja y la pelirroja. Maki tenía la vista puesta en la ventana con una indiferencia atroz por lo que pasaba a su alrededor, mientras le comentaba a la peligris que había subido porque habían estado haciendo mucho escándalo. Y Kotori parecía divertirse con cada una de las escenas.

¿Te has enamorado? Eso fue lo que le había preguntado Eli. Y ahora que miraba a Honoka y Tsubasa, que se reían y bromeaban entre ellas, que se acercaban sin ser conscientes de ello, que se buscaban y se hallaban para saberse una a la otra. ¿Qué pasaba si ella se sentía así? Era ese impulso invencible de voltear a verla cada que su nombre surgía de otros labios, de poder evocarla y querer sentirla cerca… ¿Estar enamorado es un sentimiento compartido o unilateral? Agachó un momento la cabeza y se llevó una de las manos a su pecho, su corazón latía con fuerza. Podía ser correspondido, pero el suyo era en una sola dirección.

Tsubasa y Honoka se retiraron cuando la lluvia menguó, Maki se fue en cuanto le llamaron para avisarle que el carro estaba en la entrada y que Nico –la pelinegra de mirada pesada– estaba esperándola con un paraguas en la mano. Sólo que quedaron ellas dos, Kotori y Umi. La peligris había traído un poco de té para ambas, a pesar de que el día estaba cálido, la lluvia calaba por los vacíos pasillos e instalaciones de la escuela. Ambas permanecían en silencio, disfrutando de la compañía y de la buena bebida.

– ¿Esperas a alguien o me estás haciendo compañía? –Kotori rompió el silencio.

– Ambas –le dio un sorbo a su té.

– ¿A quién esperas, Umi-chan?

Ambos ojos de color semejante al oro se encontraron. Ese pequeño instante le bastó a la arquera para entender que no tenía como escapar, ni mucho menos razones para seguir ocultándose.

– A Eli, la rubia de ayer –le dijo por lo bajo.

– ¿Ella es algo tuyo?

De nuevo se quedaron mirando en silencio. Umi le sonrió y Kotori le correspondió con el mismo gesto. Un mensaje llegó al celular de la peliazul, lo leyó y empezó a levantarse.

– Eli no es nada mío, por ahora –tomó sus cosas dispuesta a ya irse–. Pero en un futuro será más de lo que quisiera.

Y con ese último dialogo salió de la habitación, dejando a su peligris amiga con miles de preguntas en la cabeza.

Maneja con cuidado porque está lloviendo –se escuchaba en las bocinas del vehículo. Eli hablaba con Nozomi desde la interconexión de su celular con el automóvil–. Me avisas cuando llegues a casa.

– Sí, amor –volvía a reírse, le encantaba soltarle ese tipo de cosas por teléfono porque a veces la chica se quedaba callada. Se la imaginaba sonrojándose y desviando la mirada mientras se sonrojaba dulcemente.

Gr-gracias por ir por mí a la escuela y traerme a casa –escuchó. Eli sólo carraspeó a modo de asentimiento–. Adiós.

Y colgó. Le parecía en suma gracioso. Desde ayer había notado que Nozomi parecía estar demasiado tímida con ella y eso le gustaba. Incluso, en la noche del jueves, cuando habló con ella después de que Umi por fin aceptara su séptima propuesta de escritura, la voz de la pelimorada había tomado un tono demasiado femenino y algo mimado. Eso sólo podía significar dos cosas, que su novia quería algo que no podía pedir o que estaba necesitada. Volvió a reírse con ganas.

Miró por la ventana en la que se veía la entrada a la escuela preparatoria Otonokizaka, pudo vislumbrar la figura de la peliazul que corría con el paraguas en mano. Le quitó el seguro a la puerta y entró lo más rápido que pudo. Se miraron y se sonrieron.

– Si mi carro se apesta por la humedad, vas a lavar los tapetes.

– ¿Qué?

– Sólo bromeo.

Encendió el automóvil y partieron en dirección al súper que se encontraba a unos minutos de su casa. Para suerte suya, la lluvia había cesado cuando llegaron. Bajaron del vehículo sin problema alguno y se adentraron al establecimiento. En todo el recorrido que hicieron en todas las secciones, Eli iba manejando el carrito y Umi iba seleccionando todo lo que faltara en la casa. Y no porque no supiera realmente lo que necesitaban, sino porque ella de marcas y esas cosas no sabía. Solía comprar a como le viniera en gana, por ello también le había dicho a la peliazul que no importaba si llevaban demasiadas cosas, de todos modos terminaría pagando su padre.

Terminaron llevando todo lo que era menester y un poco más, contando algunos antojos que tuvo la rubia al momento de ir pasando por los pasillos. Lo único, fuera de lo que necesitaban, que le permitió Umi comprarle, fue un libro de Antonio Orejudo con el cual le brillaron los ojos al momento de verlo en el estante.

Regresaron a casa mientras hablaban amenamente, por primera vez, sobre sus pasiones. Mientras Umi le platicaba un poco sobre los escritores que ella seguía y el cómo le encantaba que la literatura tuviera el poder de crear mundos y aludir a la imaginación, Eli le platicaba sobre el cine y todas aquellas películas que le habían marcado desde la infancia. Regresaron a casa, mientras seguían charlando sobre cosas que bien inmiscuían en ellas. Acomodaron todas y cada una de las cosas en la alacena y el refrigerador, sin ser conscientes de la profundidad a la que podía llegar una plática que empezaba con trivialidades. Pero ya había sido demasiada resistencia por parte de ambas, que llegado el punto, de ambos lados se había aceptado la situación, en diferente medida y con diferente perspectiva. Un tácito acuerdo consigo mismas.

Umi hubiera querido negar que muy en el fondo le agrada Eli, que se sentía más tranquila cuando ella estaba deambulando por los pasillos de la casa, con una sudadera larga y sus calzoncillos únicamente, buscando en el refrigerador algo que comer o algo que tomar, pasando los canales de la televisión con aburrimiento o simplemente escuchando música en un nivel considerablemente bajo. No importaba que no se encontrara expresamente en la habitación, pero el simple indicio de su presencia, como la tenue advertencia de ella, le bastaba para mitigar la soledad y el hartazgo de ella misma y todos los secretos que ella procuraba ni pensar.

Mientras tanto Eli divagaba entre el recuerdo de su madre, de la cual había hablado con la peliazul, y de su hermana... 10 años sin saber de ellas, ni siquiera la certeza por parte de su padre acerca de su muerte, por ello aún mantenía la esperanza como su último pilar. ¿Qué haría si aquello se derrumbara y lo único que quedara en su vida fuera Nozomi? Muchas veces lo había pensado y su decisión siempre había sido que se alejaría de ella. Quizá era un acto egoísta, pero no permitiría que sufriera más. No por ella.

Habían terminado de comer, por el tiempo que se tomaron haciendo las compras habían optado por llevar algo que ya estuviera preparado. Recogieron los platos y los vasos, esta vez Eli se encargó de limpiarlos, mientras Umi se retiraba y se iba a la habitación. La rubia la siguió una vez que acabó con su deber, volvió a sentarse en la cama, con el ordenador en sus piernas y se dispuso a trabajar tal como la peliazul le había dicho que lo hiciera mientras estaban en el carro.

Y de nuevo se descubrió a si misma pensando en otras cosas y observando a Umi que parecía estar entretenida en su celular mandando mensajes de vez en cuando. Y es que la acción en sí era desconcertante, la veía escribiendo en la computadora y luego haciendo algunas anotaciones en su cuaderno, después se escuchaba el ruido que hacía el móvil al vibrar sobre el escritorio y ella se apresuraba a tomarlo y ver su contenido. Claro que esa actitud era reciente porque en un principio no le hacía caso a los mensajes. Parecía que hablaba con alguien que realmente le interesaba, o al menos algo de aquella conversación o información que leía, le cautivaba.

Entonces lo vio, un notorio sonrojo que se apoderaba de su rostro hasta llegarle a las orejas. Eso no era de algo indiferente, se trataba de una de dos cosas, hablaba con alguien que realmente le interesaba o estaba viendo cosas impúdicas en su celular. Claro que, conociéndola, seguramente algo indecente para ella sería un casto beso en los labios. Se rió ante la imagen de encontrársela viendo el top de los 10 mejores besos en las novelas. Su risa obligó a Umi a voltear, aún con el rostro carmesí.

– ¿Qué te causa gracia? –le preguntó porque en algún punto se sintió incómoda ante la presencia de la rusa.

– Nada, es sólo que estás muy roja –se encogió de hombros–. No tengo idea del porqué, pero me imaginé que podrías ponerte así por estar viendo algo atrevido como unos besos en live action.

Eli soltó la carcajada mientras Umi fruncía el ceño. ¿Qué era lo que le tenía considerablemente roja? Había recibido un mensaje de Maki diciéndole que la temporada de eventos culturales de verano estaba por comenzar, así como las vacaciones estaban próximas, lo que le permitiría tener tiempo libre para visitar a su padre y quizá salir con sus amigas. Pero más con la pelirroja.

Sin embargo, esa no era la gran sorpresa, sino el último mensaje que había recibido de ella en el que le decía que, si no tenía problema, podrían salir varias veces e ir a varios eventos entre los cuales había encontrado uno de literatura que, según Maki, en cuanto lo vio pensó en ella y por ello se encontraba avisándole. Pensé en ti, esas fueron las palabras que había vuelto a leer y a las cuales les había encontrado un encanto peculiar. Y de nuevo su corazón latía con fuerza y su cuerpo se sentía caliente, como si de repente la sangre se le hubiera calentado.

– Pues te equivocas –espetó, girándose y siguiendo con la mirada en la pantalla de su computadora pero sin poderse concentrar realmente.

– ¿Ah, sí? –preguntó Eli curiosa, levantándose del lugar donde estaba sentada y acercándose a la peliazul.

Se quedó de espaldas a ella, viendo lo que había en la pantalla del monitor, era un evento de literatura que se llevaría a cabo a finales del mes en el que estaban. Se trataba de una entrevista y firma de autógrafos, así como una pequeña narración a viva voz, de uno de los escritores jóvenes, de aquellos de la nueva generación de Japón. Se recargó poniendo sus manos en el respaldo de la silla y pegando su barbilla a la cabeza de la chica. Desde ahí le llegaba el olor a rosas que desprendía la peliazul.

– ¿Quieres ir?

– Por supuesto.

– Vamos.

– Ni te gusta la literatura.

–Podemos intentarlo.

El silencio que se apoderó de Umi hizo a Eli reaccionar. Levantó el rostro y ladeó su cuerpo para poder verla detenidamente. La otra estaba ligeramente cabizbaja, con un sonrojo notorio en su cara y el corazón casi saliéndose de su pecho. La rubia sonrió.

– ¿Umi?

– Lo que pasa es que ya tengo con quien ir.

Sus iris azules relucieron al momento en que abrió sus ojos, su sonrisa fue remplazada por una expresión entre irritada y curiosa. Sin alejarse ni un centímetro, la interrogó con la mirada y luego con palabras.

– ¿Quién?

– M-Maki –contestó.

Eli la miró sin sorpresa en su rostro, ya se lo esperaba. Se irguió y la miró desde arriba, pues la peliazul seguía sentada. Se cruzó de brazos, volviendo a construir la barrera que hace un momento parecía haber tenido una puerta de entrada.

– ¿Sabes? Sé que no soy nadie para decirte esto, pero no deberías tratar mucho con Nishikino –ante eso, Umi volteó a verla con evidente molestia–. Créeme, te lo digo por tu bien.

– ¿Por mi bien? ¿Tú que puedes saber de lo que es bueno o no para mí? –contraatacó–. Si tú puedes salir con otras personas y enamorarte, ¿por qué no podría hacerlo yo?

Se levantó del asiento con la intención de salir de la habitación, pero de nuevo Eli la detuvo con una mano en la suya. La sostuvo con fuerza, pero sin llegar a lastimarla más allá del ardor y el cosquilleo que sentía en su palma. Era una sensación totalmente distinta a aquella que experimentaba cuando estaba en la misma situación con Maki. La de ella era delicada y cálida. De repente la rubia la soltó, en su rostro se asomó cierta tristeza, pero eso no detuvo a la peliazul a salir con coléricos pasos de la recamara.

¿Qué diablos le pasaba? Ni siquiera con Nozomi hubiera reaccionado así. Umi tenía razón, la única que estaba siendo mentirosa ahí, era ella. Salió de la habitación y se dirigió al baño con el agotamiento abotagándole los movimientos. Cerró la puerta, se lavó el rostro y se miró al espejo. Sintió asco ante su reflejo y hubiera roto aquel espejo si hubiera estado sola, así como aquella vez que se lastimó los nudillos rompiendo un cristal en el que se vio reflejada después de haber tomado y haber tenido sexo con Erena.

Su cuerpo empezaba a convulsionarse y a su pecho llegaban arcadas de dolor. Era un mecanismo de defensa, era su manera de evitar el llanto. Se sentó en el suelo recargándose en la pared, intentó regular su respiración, pero nada le fue útil. Apoyó su cabeza en la pared, con el rostro al techo, intentando rezagar lo inevitable. Sintió el líquido caliente de sus lágrimas contenidas. Una de sus manos llegó a su boca y la presionó firmemente para acallar sus sollozos. En silencio se lamentó todas sus decisiones y, como muchas otras veces, se lloró.

Sábado

Al escuchar los golpes en la puerta, se sorprendió, miró al reloj que tenía cerca del mueble de su cama y vio que apenas eran las 6:17 am. No podía tratarse de otra persona más que de ella, no había sido la primera vez que llegaba tan temprano a su casa, solía hacerlo cuando quería evitar discutir con su padre o sólo cuando no quería verlo por las mañanas. Se levantó con pereza y salió descalza de la habitación. Llevaba un simple camisón, pero el clima era agradable y si era para abrirle la puerta a su novia, no había problema.

En cuanto la puerta se abrió, Eli la miró desde afuera con una extraña expresión que no supo descifrar. Estaba por decirle que pasara cuando la rubia se adentró y cerró la puerta tras de sí, sin siquiera quitarle la mirada de encima o saludarla. Se acercó a ella, la tomó por la cintura y para su sorpresa, la besó suavemente. No la soltó ni tampoco se alejó de ella. Nozomi la miraba, teniendo sus brazos siendo presa de la presión a la que era sometida.

Te quiero –le susurró con una voz profunda y rasposa, sacada de lo más hondo de su deseo.

La pelimorada tragó saliva antes de volver a sentir los labios de Eli sobre los suyos. Sin separarse, la encaminó a la habitación con precaución. Le daba besos lentos y pasmosos que le extrañaban porque el cuerpo que la abrazaba se sentía demasiado caliente. Cuando liberó sus labios, Nozomi se apresuró a preguntar.

– ¿No tenías que estar en tu casa trabajando, Elicchi?

– Ya terminé –y habían llegado a la puerta de la habitación–. Quería tener este día libre para estar contigo.

– Pero… –otro beso la acalló, ese fue más profundo pero igual de lento–. Pudiste venir otro día.

– No. Te quiero ahora –la liberó un poco, con la única intención de que Nozomi se acomodara como pudiera.

– Seguramente no has dormido casi nada, o siquiera desayunado –intentó que su mirada se volviera seria, pero no lo logró, estaba más preocupada que molesta.

– No tengo esa clase de hambre o de necesidad –la soltó cuando estuvo cerca de la cama, se quitó la chamarra que traía encima y se sentó en ella recargándose en el respaldo.

– Ya vi –Eli la asió del brazo obligándola a acercarse a ella. Nozomi sabía lo que tenía que hacer. Se subió a la cama y se sentó en el regazo de la rubia con una pierna en cada lado envolviendo las de la rusa–. ¿Estás molesta?

– No –la tomó por la cintura obligándola a acercarse aún más. Nozomi se tuvo que poner sobre sus rodillas por aquel acercamiento, la cabeza de la rubia estaba entre sus senos y sus manos cerca de sus muslos, tocando el borde de encaje del camisón–. Adoro este pijama.

– ¿Por qué es fácil de quitar? –se rió nerviosamente.

– Y porque te queda bien –alzó ligeramente el rostro, rozando sus mejillas entre sus pechos y su nariz en el hueco que se formaba entre ellos–. Alza las manos.

Nozomi obedeció y sintió como se deslizaba la prenda sobre su piel, el frío casi la hace encogerse de no ser por el abrazo de la rubia y los cándidos besos que depositaba en su cuello, recorriéndolo hasta las clavículas. La pelimorada volvió a sentarse sobre las piernas de Eli, no le importaba su semidesnudez, lo único que le preocupaba en ese momento era el extraño comportamiento de su novia.

Sus labios volvieron a encontrarse. La pelimorada seguía con su voluntad de pie, pero las manos de Eli se deslizaban con tanta delicadeza por su espalda, pasando por su cintura hasta dar con sus caderas y terminar en sus piernas, que empezaba a dudar de su capacidad para resistirse. Todo eso, mientras la rubia seguía besándola, con la misma lentitud con la que sus manos recorrían su cuerpo.

Sus labios se movieron de posición y buscaron otra piel a la cual asediar, se fue a su cuello, lo que la obligó a encorvarse ligeramente. Nozomi se levantó suavemente para evitar que la chica se lastimara la espalda, al mismo tiempo, le dio más territorio que conquistar a sus labios. Mientras su piel ardía sobre cada ósculo que le era depositado, sus brazos se posicionaron en el cuello de la rubia. Quería detenerla y pedirle que le dijera qué pasaba, pero perdió la batalla en cuanto sintió que sus pechos eran presas de las manos que tan laboriosamente se habían encargado de estimular su cuerpo. Y su respiración, que empezaba a serle trabajosa, se convertía en tímidos jadeos cada que sentía la lengua pasarle por el cuello.

Volvieron a besarse, permitiendo que el ritmo aumentara, obligando un jugueteo cobarde entre sus lenguas. La pelimorada intentó ganar territorio para poder besarla como le fuera en gana poniéndose de rodillas, pero no contó con el hecho de que Eli aprovecharía ese movimiento para pasar una de sus manos por su entrepierna, presionando ligeramente su sexo sobre la ropa interior. Soltó un sonoro jadeo.

– E-Eli… –suspiró en el oído de la otra.

Sólo le llamaba por su nombre a secas cuando estaba molesta, eso logró excitarla más. Siguió con su tarea de besarla, mientras una de sus manos se mantenía estimulándola y la otra acariciando uno de sus senos. La mayor no hacía más que respirar laboriosamente y abrazarse a la rubia como si estuviera a punto de caer por un precipicio. Intentó volver a sentarse, pero Eli la abrazó impidiéndoselo. La miró desde abajo.

– No, quédate así.

Y sin pedirle permiso o si quiera advertirle, sin necesidad de quitarle la prenda, la movió ligeramente y ante la humedad de su cuerpo, deslizó con facilidad uno de sus dedos. Se mordió los labios para evitar que saliera un grito sofocado, se aferró a la espalda de Eli, que seguía, para coraje suyo, con toda la ropa puesta. Empezó con un ritmo tan lento que le mareaba. Mientras sentía la intromisión de su intimidad, también estaba la exaltación de su cuerpo cuando ella estimulaba sus senos, uno con la boca y el otro con su mano libre.

Nozomi odiaba sentir ese ardor en su vientre, aquel que de joven tantas veces había querido saciar. Pero ahora se encontraba a merced de una mujer que le sabía cómo si de un libro abierto se tratara. Eso le fastidiaba porque muy pocas veces ella había sido quien descubriera el cuerpo de Eli.

Y mientras su novia hacía movimientos y hazañas que le aceleraron el orgasmo y le cansaron aún más de lo normal físicamente, ella se preguntaba en qué momento Eli se sinceraría. Porque si aquello era simple sexo, no le gustaba para nada.

Estaba carente de todo sentimiento.

..

Se levantó a la hora en la que su cuerpo le obligaba a levantarse cuando no programaba el despertador, la maldición de tener reloj biológico. No supo en qué momento se quedó dormida, lo último que recordaba era que había estado esperando ver salir a la rubia del sanitario, cosa que no sucedió, no al menos que tuviera memoria de ello. Tanta fue la contradicción, que incluso su plática con Maki perdió su fuerza motivante. Se levantó rápidamente, fue al lavabo, la puerta no tenía pasador. Seguramente Eli se encontraba en el sillón, dormida, con la mitad de su cuerpo siendo expuesto por su mala posición al dormir. Se dirigió a ese lugar, no había ni rusa ni cobija. En la mesa de centro se veían unas cuantas hojas que tenían un post-it pegado, se acercó y leyó: Terminé mi trabajo, así que decidí que podía salir con "OTRA". Mañana estaré ahí para hablar con tu padre. Regreso pronto. Ese mensaje parecía un reclamo.

Desayunó sin la rubia, como muchas otras veces lo había hecho. Acomodó un poco la casa, barrió, limpió, lavó su ropa, sin Eli siguiéndole el paso o molestándola con cualquier pequeñez. ¿Acaso en tan poco tiempo se había acostumbrado a su presencia? No podía ser, estaba acostumbrada a pasar sus días en soledad. Quizá era que la tranquilidad ya no le sabía tan insípida, pero tampoco eso significaba que realmente le gustara su sabor.

Se sentó en el sillón y poniendo un poco de música a bajo volumen, leyó el trabajo de Eli. Por alguna razón su proyecto era limpio, organizado y preciso. Si la rubia gustaba de hacerse la tonta, le salía muy bien, porque con ello demostraba que tenía facilidad para ciertas cosas.

En el estéreo se escuchaba algo que ella desconocía, lo único que había en la casa eran discos de su prometida, puesto que la colección de ella era escasa. Sin embargo, aquello que sonaba le agradaba bastante, tenía un ritmo lento, romántico y fresco. El cansancio tanto emocional como físico ante su poco descanso de la noche anterior, más la melodía, le adormecían el cuerpo. Cerró los ojos permitiéndose un poco de consuelo. Por alguna razón, escuchar la música de Eli le hacía sentir menos indefensa, menos sola.

¿Qué pasa si en algún punto llego a necesitar de esto?

¿Cambiaría algo?

¿Realmente puedo permitirme algo así? ¿Es, siquiera, correcto?

¿Qué pasaba si el ardor, el coraje, el cosquilleo y la necesidad, las pasaba a todo lo que sentía al pensar en Maki? ¿Se complementaría? ¿O se destruiría? ¿Por qué era abismal la diferencia?

¿Por qué de ella su presencia y de Maki la esencia?

¿Qué había de lindo en ello?

Nada.

Aquello era la bifurcación de sus caprichos y sus impulsos. De su deseo y su cariño.

N/A:

***IMPORTANTE***:

Me iré de Fanfiction… ¡ah, no es cierto! ¿Los asusté?

Bueno, en serio, necesito me contesten 2 preguntas, que puede que tengan o no que ver con la historia :v

1 ¿Maki o Eli?

Sólo contesten, no pregunten para qué, ni por qué jajajajaja

2 ¿Quién de todas las musas creen que podría ser una psicópata? (Ok, esto es algo random, pero les agradecería que me contestaran xD)

Pasando a lo del capítulo…

No me pude aguantar y lo subí :v no se suponía que tenía que ser así T_T yo iba esperarme a tener otras actualizaciones listas.

En fin…

¿Tienen dudas? ewe espero que sí muajajaja

Jajajajaja sí, casi a las 3 am y sólo con la mitad de mi cerebro derritiéndose porque no he dormido, sólo así me atrevería a escribir algo "subidito de tono". Es mi primera vez :v pero era necesario xD Pensé que sería más difícil, aunque tampoco sé si sea bueno, realmente; así que está en ustedes matarme o darme consejos. Aclaro, no haré cosas tremendamente explícitas, a veces mucho detalle me desespera xD (por eso no hay diálogos con Gmi2)

Bueno, sólo quería aclarar lo del cambio de clasificación xD

Sin más, gracias por el inmenso apoyo de esta historia. Como que los amo tantito ;w; jajajajaja

Ya saben que se acepta todo tipo de comentario, incluso amenazas de muerte, sería interesante… -w-

¡Hasta la próxima!