Retazos de Sueño.

La frase de: "el sol sale para todos" nunca tuvo tanto sentido, incluso para una época tan singular como la del Japón feudal, donde las guerras civiles, los caprichos de los señores y las criaturas sobrenaturales agobiaban a la población común.

No obstante, pese a esta era tan turbulenta, había aldeas que gozaban de una relativa paz. En una de estas aladeas afortunadas, vivía una niña.

Pero...

Esta niña no era como los demás, a su cortísima edad podía correr y saltar más que un adulto en plena forma; tenía sentidos muy finos, en especial el olfato, un sentido que no escatimaba en utilizar, más aún cuando intentaba localizar alguna golosina oculta.

Era un día reluciente y la pequeña salió de su casa de un brinco para disfrutar la benevolencia del astro rey; con la adrenalina de la niñez cargada al 100, correteo por los alrededores hasta que escucho que la llamaban, la voz pertenecía a uno de sus progenitores. Obediente al mandato, la pequeña se detuvo y del mismo modo que salió, así regreso al regazo de sus padres que la esperaban amorosamente.

Como ya se dijo, era un día relumbrante, coreado por las aves y aromatizado por los olores campestres; el perfecto día en familia. La niña era llevada cariñosamente de ambas manos. Por el lado izquierdo sentía un amor fuerte, protector e imponente, los deditos de la infanta rodeaban los dedos índice y medio de aquella mano, una mano grande, áspera y con unas filosas garras al final de cada dedo. En el lado derecho también había amor y protección, pero este amor se sentía grácil, amable y dulce, en este lado la pequeña palpaba la suavidad y la delicadeza en esa mano en contraparte del lado izquierdo.

La familia paseaba alegremente por el campo; la pareja ocasionalmente se repartían las fuerzas para columpiar a su retoño para sacarle un par de risitas.

De pronto una nube negra apareció y se esparció como un virus, tanto que venció la luminiscencia solar.

Como un animal salvaje que actúa por instinto y amor, el más fuerte de la familia se puso adelante y sin pensarlo dos veces se lanzó contra la oscura amenaza, pero la oscuridad fácilmente empequeñeció al valeroso progenitor y lo engullo; con él fuera del camino, el resto de la familia fue fácilmente devorada.


Moroha despertó ahogando un grito, sudando helado e intentando recomponer su realidad. La realidad con la que se encontró fue la intemperie, calentado apenitas por una agonizante fogata, bajo un cielo estrellado. Al lado suyo estaba Towa durmiendo apaciblemente, y un par de metros lejos de allí, estaba Setsuna en la rama de un árbol, quizá montando guardia o simplemente intentando pasar la larga noche.

Para evadir un involuntario intento de interpretación del sueño, Moroha se distrajo en su compañera, y empezó a criticarla; su excesiva confianza, la "domesticación" a la que estaba acostumbrada, impedía su adaptación a un ambiente tan hostil como el feudal.

No paso mucho tiempo para que la modorra empezara a invadirle, modorra que se transformó en sueño pesado; Moroha no se resistió y se volvió a dormir.


- ¡Jan- ken- po! ¡Jan- ken- po!

Resonaba en un frondoso bosque de bambu…

- ¡Jan- ken- po!

Le decía una madre a su hija que apenitas había pasado el año y medio de edad…

- ¡a… e… en… po! ¡ay…eeee… po!

Repitió la niña con dificultad y entre risas inocentes. Pese a la pronunciación accidentada, se ganó el dulce aplauso de su madre, después de todo era sorprendente que a esa edad hubiera indicios de querer hablar; la niña era inteligente y se debía estimular esa cualidad. Para hacerlo, a la madre se le ocurrió recurrir a un juego que aprendió en su infancia y que posteriormente enseño a sus amigos más cercanos; pero esta vez se las ingenió para adaptarlo a la edad de su pequeña, ya que el propósito era hacerle la enseñanza más divertida. Ja Ken Po, piedra, papel o tijera era el nombre de aquel juego.

Por un tiempo (y para sorpresa de aquella madre) la niña era bastante buena adivinando, tanto que daba la impresión que podía leer la mente de su progenitora.

Pero…

Llego un momento que la suerte se esfumo, cada falla, era penalizado con cierta distancia que la madre debía alejarse. Lo peor es que la niña no se daba cuenta, que esa penalización implicaba mucho más. Cada vez que su madre se retiraba, el ambiente se enrarecía; aquel centenario y protector bosque de bambú, se estaba volviendo sofocante y laberintico, las aves en la distancia que parecían animar el juego, cada vez parecían gritos de advertencia.

Entonces la niña decidió parar; aquello ya no era divertido.

Desafortunadamente se detuvo demasiado tarde, su madre se había alejado tanto que ya no podía verla. Esto la asusto en sobremanera e inmediatamente decidió buscar a su mama, pero antes de dar el primer paso escucho tras de si como los arbustos se agitaron violentamente. Por instinto se dio la vuelta y en los huequitos de oscuridad del bosque, vio varias luces rojas que relumbraban de amenaza y furia. Una de esas luces se empezó a acercar más y más. Aterrada, la pequeña tuvo la intención de huir, pero una piedra le estropeo el intento y cayó pesadamente, el dolor de la caída la distrajo un momento y cuando volvió a ver, una enorme sombra de ojos carmesí centellante estaba frente a ella; la sombra se abalanzó sobre ella.


Moroha volvió a despertar con el rostro empapado de frio sudor y respirando agitadamente. Su mente trabajaba al máximo para disipar el estrés de la pesadilla y asentar la calma que ofrece la realidad. Moroha hundió su rostro en su mano derecha ¿Qué era esto? ¿Y porque era atormentada por estas pesadillas?

Moroha…

Al escuchar su nombre, Moroha dirigió su mirada a la par suya. Towa había despertado y la miraba entre preocupada y dubitativa.

– Lo siento ¿Te desperté? – Pregunto Moroha sonriendo forzosamente.

– ¿Estas bien? Es la segunda vez que despiertas.

Moroha arqueo una ceja de pura sorpresa, tal vez su prima no era tan incauta después de todo, sin embargo, esto la puso en una situación incómoda; Moroha no deseaba explicar el motivo de su intranquilidad.

– ¿Te preocupa el próximo trabajo de Jyubei? – Pregunto Towa dulcemente – No te preocupes, te ayudaremos.

Moroha asintió, sonrió aliviada y le contesto un "gracias" a la ligera, no obstante, ese gracias fue más por el diagnostico equivocado de Towa, que por la buena fe que le mostro; expresar un "alivio" por mero compromiso era preferible a exponer el motivo de sus aflicciones.

La pesadez del sueño volvió a Moroha, paulatinamente sus ojos se cerraban, una vez más se entregó al sueño sin oponer la más mínima resistencia.


Ya sea que fueras medio o cuarto demonio, tenías ciertas ventajas sobre los humanos, por mucho que estos odiaran estas fracciones genéticas, era un hecho innegable. Es por eso que esa niña podía y le gustaba hacerlo, el saltar tan alto como un árbol, como cualquiera salta las piedras de un rio. Pero parece ser que ahora se había superado así misma, ahora podía saltar más… ¡mucho más! Era casi como si volara.

Pero… espera…

No… No Era ella…

La caricia del viento y el divertido efecto de la gravedad al descender, no le había permitido darse cuenta que no era ella quien saltaba, sino que era alguien que la llevaba en su regazo.

¿Pero quién era? ¿Cómo fue a dar allí? Pero más intrigante, si no lo conocía ¿porque no tenía miedo? ¿Por qué sus deditos se aferraban tan dócilmente a esa manga larga color rojo? Quiso levantar la mirada para conocer la identidad de aquel ser, pero los rayos del sol le estropeaban la visión; lo único que podía ver desde esa posición eran las cuencas de un rosario negro que ondeaba al unisonó de un cabello blanco.

Independientemente de la confusa situación, todo fue diversión, hasta que un grito gutural rompió esa calma. Desde su posición, la niña no podía saber la procedencia de ese sonido tan aterrador, pero si supo que el peligro empezó a perseguirlos, lo sintió aún más, cuando ese regazo cambio de cariñoso a modo protector.

El vuelo, o mejor dicho los saltos, se volvieron turbulentos, de giro en giro aquel ser intentaba evadir algún golpe comprometedor. Inconscientemente la niña se aferró a esa seguridad, lamentablemente no pudo mantenerse intacto por mucho tiempo, aquel ser recibió un golpe tan fuerte que lo derribo y en consecuencia soltó a la pequeña que llevaba en sus brazos; la niña inevitablemente cayó en un vacío de oscuridad.


Una vez más Moroha despertó de golpe, de nuevo enfrento los efectos de un mal sueño, respiración agitada, sudor helado empapándole la frente… otra vez, su mente debía reordenar ese equilibrio entre subconsciente y realidad.

Desde su lejana posición Setsuna noto la intranquilidad de su amiga; era la tercera vez que despertaba de esa manera. Aunque tuvo la intención de bajar a preguntar que ocurría, no lo hizo; no porque le importara un bledo, sino porque sabía que Moroha no iba a soltar aquel temor… quizá mañana tendría la oportunidad de saber.

Moroha por su parte se volvió acostar dándole la espalda a Towa, aunque con los ojos bien abiertos (por un tiempo) temerosa que una cuarta pesadilla la aterrorizara. Por suerte su subconsciente la dejo tranquila lo que quedaba de la noche.

A la mañana siguiente, el trio se preparó como era costumbre, se alistaron para emprender la aventura, para cumplir esa encomienda del comerciante Jyubei. Sin embargo, entre los preparativos y la andariega, las gemelas notaron demasiado silencio en Moroha. Hoy no hubo intentos de imitar las canciones de "ese armatoste" que trajo de la época moderna, tampoco experimentos de comida instantánea, solamente era ella caminando como un autómata, mirando al firmamento.

Las hermanas ya se habían acostumbrado a la exuberante energía de Moroha y ese comportamiento preocupaba más de lo que aliviaba. Towa tuvo el valor de preguntar, pero Moroha al no ser una persona que gritaba a los cuatro vientos sus preocupaciones, evadió la pregunta, pero más que eso, ni ella sabía exactamente lo que ocurría… aquellos episodios, esos desconocidos se internaban más y más en su subconsciente, con el tiempo los olvidaría y solo tendría presentes retazos de sueños… o recuerdos; pero independientemente de los horridos desenlaces, no olvidara que al principio de cada sueño, jamás se sintió tan amada y protegida.


Notas de la autora:

Bueno señores… de nuevo se me antojo romper la regla que me impuse de no escribir sobre una serie anime en esta cuenta.

En esta ocasión tenemos un caso interesante. Primero. He visto muchos animes en mi vida y hay algunos que les guardo un intenso cariño, pero desde que me interne en el mundo de Inuyasha hace mucho tiempo, no ha habido serie que he amado más que esta, NADIE le ha quitado su privilegiado lugar… y al parecer nadie se lo quitara. Curiosamente en su apogeo jamás escribí un fic de este fandom, por esa misma razón; es demasiado buena y no necesita casi ningún "arreglo" tampoco leía muchos fics de otras personas, ya que, al ser una serie muy permisible en cuanto al romance, no me gustaba la inmadurez de algunos autores con las escenas "subidas de tono" o el modo que trataban a Kikyo.

Segundo. Si ya es raro que escribiera sobre Inuyasha ahora imagínense su secuela. Debo decir que ODIO las secuelas, ODIO los "después de…" porque por lo general terminan botando a la basura las series originales en un afán de "renovarse" razones por las que DETESTO Boruto, ABORREZCO Dragon ball super (aunque dragón ball z jamás me gusto del todo) Saint Seiya Omega me da PENA AJENA. Sin embargo, Hanyo no yashahime ha roto mis expectativas (ya que no le tenía NADA DE FE xDDDD) Sin embargo esta secuela es sorprendente buena y no se aparta ni se olvida de donde viene.

Sin embargo, pese a la calidad de esta secuela, he notado falencias muy grandes, por ejemplo: Que Towa está bastante OP, el desbalance casi descarado que hacen sobre las hermanas por encima de Moroha (en especial con Towa) desaprovechamiento de personajes secundarios, etc. Creo que lo que más me duele es lo que está pasando con Moroha, de dejarla de lado, o que solo la están utilizando como "alivio cómico" Espero esto se arregle en capítulos posteriores, porque la verdad me interesa muchísimo más el desarrollo de Moroha, que el de las hermanas (no soy la única que piensa eso). Por tal razón se me vino a la mente hacer este one shot, para darle un poco de espacio a este personaje.

Moroha no solo me parece un gran personaje por todo lo que irradia y en como ha sido su vida, sin sus padres, sino porque es muy simpatica e inteligente. En poquisimo tiempo aprendio como funcionaban las tarjetas de credito, hasta le topo la tarjeta al tio Sota jajajajajajajajajajaja... además aprendio a usar un Ipad y pudo hacer buenos pancakes a la primera... cuando algunos para aprender tuvimos que quemar algunos. Además se nota que tiene mucho conocimiento que sabe aprovechar (cuando la serie lo muestra bien) En serio esa niña es muy inteligente xDDD

Se y entiendo que en lo que vamos en la serie se nos ha dicho que Moroha NO conoce a sus padres, creo que los ficferos tenemos derecho a inventar, aquí no es que los conozca, sino que más de alguna idea ha de tener, por algunas cosas que le habrá contado el anciano Myoga fuera de cámara xDDDD

No sé si volveré a escribir sobre esta serie (lo dudo muchísimo, pero, así como estoy todo puede pasar xDDD)

Por ultimo. Les deseo feliz navidad y prospero año nuevo, se y entiendo que este año ha sido difícil para todos, pero realmente espero que encuentren un respiro en esta época tan bonita del año.

Saludos cordiales.