Este fic participa en el evento del amigo invisible para la navidad 2020 que organizó nuestro querido Doc, a través del grupo de wspp que ha cambiado tanto de nombre que ya no sé ni qué le toca, pero como locos que somos, pertenecemos al foro Proyecto 1-8 de Digimon.


Me tocó regalarle a una personita muy especial y, sinceramente, pensé en hacer muchas otras cosas, pero esto terminó siendo el resultado.

Espero que te guste, Abyss :3 Puse un poquito de ti, un poquito de mí y un montón de nuestra OTP.


Dulce Navidad

Taichi no despertó aquel día de navidad por las insistencias en su nombre. Ni porque lo zarandeara o sacudiera la cama para llamar su atención. No. Lo que le despertó totalmente fue ver a Sora tal y como su madre la trajo al mundo.

Bien. Ella quería atención a su rostro, a sus palabras y a su forma de expresarse. Él se tomó su tiempo en procesar sus ojos, su boca, sus pechos, el tono moreno de su piel, el triángulo entre sus piernas que lo llamaba, sus largas piernas y sus pequeños pies.

—¿Me estás escuchando? —repitió ella.

La miró directamente a la cara.

—Todo lo que un hombre puede escuchar teniendo a su mujer desnuda de esa forma. Sí.

Sora chasqueó la lengua, avergonzada. Se había emocionado demasiado como para pensar que estaba desnuda. No pensó siquiera en ponerse algo encima. Tampoco en que Taichi se la comería con los ojos y tendría tanto brío al despertar. No era extraño que él despertara con esa parte "feliz" suya, claro. Que incentivase eso no le ayuda a ocultar su deseo por ella.

Antes de que sus manos fueran a donde quería, Sora le plantó el móvil frente a la cara. A Taichi no le quedó más remedio que mirarlo.

—¿BuenRostro? ¿Ese no es el grupo que te gusta?

Sora asintió, emocionada.

—¡Su nuevo single por fin ha llegado a Japón! ¡Lo necesito!

Taichi arrugó el ceño y sus gruesas cejas se unieron. Se dejó caer hacia atrás después de un poco de silencio, suspirando agotado.

—¡Es importante para mí, lo sabes! ¡Taichi!

—No digo que no —comenzó mirando la hora—. Es que es Navidad. ¿Eres consciente de que está todo abarrotado ya? Todos están haciendo las últimas compras. Parejas, niños correteando por todos lados, madres, padres…

—Solo es ir a la tienda de discos…

—Que estará hasta los topes y no cabrá un alma.

—¿Con el Coronavirus? Sabes que no —reprocho.

Una idea iluminó su mente. Bajó la mirada, traviesa, por su cuerpo. Acarició con el índice por encima de su camiseta a la par que levantaba lentamente su pierna por encima de él. La avergonzaba pensar que él tenía una vista perfecta de todo su cuerpo y especialmente, esa parte abriéndose sobre él antes de sentarse sobre sus caderas.

—¿Qué tal si hacemos un trato? —propuso—. Yo hago por ti algo que necesitas… y tú haces por mí algo que necesito.

Para incentivar su idea se frotó contra él. Un gemido de impaciencia escapó de la garganta masculina. Dios, si Sora no sabía cómo alegrarle la navidad, lo estaba consiguiendo.

Continuó zarandeando con cuidado sobre él, notando como su miembro se endurecía más bajo ella. Su mano se movió por su torso, levantando la camiseta y exponiendo la piel morena para ella. Se inclinó para ir dejando un sendero de besos suaves y lametones ahí, donde ella sabía que le encendían.

—Sora —masculló alargando una mano para apretar su muslo—. Esto es trampa.

—No lo es —negó observando cómo se fijaba en sus pechos aplastarse sobre él, formando pequeñas y morenas montañas—. Uno da y otro recibe. Es equivalente.

Entonces, sus manos se desviaron por sus muslos hasta su trasero, deteniéndola.

—Sora —murmuró intentando tomar el control de su cuerpo—. No quiero que me des sexo para que te lleve a un sitio o para conseguir lo que quieres. ¿Has mirado bajo el árbol?

Sora se incorporó, con la boca abierta y las palabras deteniéndose a borbotones en sus labios. Antes de pensarlo, saltó de encima de él para correr hasta el árbol. Cuando Taichi la siguió, rascándose la nuca y maldiciendo el tirón en sus ingles, ella estaba a cuatro patas abriendo el paquete que le había costado la vida misma envolver. Cosa que se notaba en los detalles arrugados del papel.

Sora levantó la caja de disco frente a ella, como si fuera un milagro entre sus dedos.

—¡Lo compraste! ¡Antes de que saliera! ¿Cómo puede ser? ¡Ay, Dios! ¡ESTÁ FIRMADO! ¡Taichi, está firmado!

—Lo sé, lo sé —aceptó sentándose a su lado—. ¿Recuerdas el día que viajé a México? Me echaste la bronca porque olía a otra mujer y tenía marca de pintalabios…

Sora enrojeció culpablemente.

—Dime que no fue con ELLA.

Taichi asintió.

—Se llama Lupita. Aunque eso ya lo sabes, siendo su fan como eres. Conocí a su hijo y su marido. Son personas increíbles, luchadoras y muy cariñosas. Ya sabes que los japoneses no estamos acostumbrados a ese contacto, pero al parecer, Lupita sabía de mí y sin querer, me manchó de carmín. Cuando le hablé de ti casi parecía una fangirl y no dudó en firmar el disco.

Los ojos de Sora se aguaron a medida que hablaba. Abrazó el disco contra ella y, después, a él con el otro brazo.

—¿Cómo has podido mantener esto escondido durante tanto tiempo?

—¿Realmente crees que soy incapaz de guardar un secreto? —protestó ofendido—. Vaale —se rindió al notar la mirada de Sora—. Le pedí a mi hermana que me lo guardase y ayer durante la cena, me lo dio. Lo puse mientras dormías y esperaba que lo vieras por ti misma, pero… Lo mismo da antes que después.

Sora hipo, sonriendo y besándole después.

—¡Eres un tesoro! —exclamó—. Me has hecho muy feliz, Tai. Muy feliz.

Lo besó repetidas veces, empujándolo sobre la alfombra. Su pie encendió las luces de navidad al tocar el botón y el árbol tintineó una cancioncilla navideña. Sora no sólo se lo comió a besos, lo desnudó en abrir y cerrar de hombros y lo tomó entre sus dedos, en su boca y después, dentro de ella. Saltó sobre él hasta que el clímax les sacó sonoros gritos de placer y sus nombres a voces.

Rodaron diversas por la alfombra, haciéndose el amor. Con ella en su cuerpo y él en el cuerpo de ella.

Agotados, más tarde, desnudo y con el cuerpo sudoroso y llenos de besos y fluidos compartidos, ambos miraron el árbol y las luces.

—Creo que esta ha sido una navidad muy dulce —Susurró Sora. Las luces brillando en sus ojos.

Taichi la observó. Apoyando la cabeza en su brazo, encogida contra él mientras estiraba una mano queriendo atrapar las luces entre sus dedos. Él estiró el suyo hasta aplanar su mano sobre su vientre. Jugó con su ombligo, distraído.

—Lo es. O eso creo también.

Bajó su mano hasta el monte de venus y ella se lamió los labios, lánguida, abriendo sus piernas para él. Mordisqueó su hombro y cambió de postura para acariciarla mejor. Su mano cubriendo su sexo, empapándose de su excitación hasta que un nuevo orgasmo, lánguido y vencedor, ganó la batalla final.

Taichi besó su pecho y después sus labios, para ponerse en pie.

—¿Dónde vas? —preguntó ella observándole, demasiado cansada para levantarse siquiera.

—A por algo de las sobras de anoche y a poner el disco —respondió estirándose—. No tengo pensado moverme de la alfombra en todo el día.

Sora soltó una carcajada, estirando también, arqueando su cuerpo desnudo, bañado por las diferentes luces del árbol. La música sonó poco después. Era divertido verla entonar palabras en otro idioma. En cómo lo vivía y sentía.

Incluso hicieron el amor al son de la música. Comieron y bebieron sin cansarse de ella.

Mentalmente le dio las gracias al hecho de conocer a aquella familia mexicana, que esperaba que estuvieran pasando unas navidades tan maravillosas como él mismo.

—Feliz navidad —murmuró.

Sora le besó la mejilla.

—Feliz navidad.


Fin

2020

Amigo invisible para mi querida Abyss.


Espero de corazón que tengas una navidad maravillosa y un año nuevo fantástico y cargado con todas las mejores vibras del mundo. Sigue adelante con tus sueños y vive libre y feliz como hasta ahora eres. Me alegra mucho haberte conocido y tener este pedacito de ti.