[One-Shot]

Camino perdido

—Marin & Tōma—

La peor parte de haberlo tenido todo, y luego haberlo perdido con más rapidez de la que le tomaría a una piedra hundirse en el agua de un río, era el tener a quien te lo recordase al lado y no poder cerrarle la boca.

Advertencias: WHAT IF? | Irrespeto por la trama canon del manga (Next Dimension). | Un poco de OOC.

Disclaimer:

Saint Seiya (ND) © Masami Kurumada.

Camino perdido © Adilay Fanficker.

Fic regalo para "Lis con S" por la actividad navideña 2020 'Santa Dorado'.

Notas:

Primero que nada, quiero confesar que no me he leído el manga ND y medio me acuerdo de la película, y dado a que no fue de mis favoritas, ya tiene mucho que no me ha dado por verla otra vez.

Lamentablemente, debido a mi corto tiempo, e interés por el personaje de Tōma, preferí investigar por mi cuenta quién era él realmente, ya saben, en el manga, y al parecer, en ninguna parte de esa historia se confirma al cien, si es el hermano de Marin o no… si es un error, no teman en decírmelo. Es decir, todo apunta a que sí. Incluso en la película lo dicen, pero dado a que "canónicamente" no se ha dado por hecho, pues no queda más que esperar a que el señor Kurumada nos lo diga por lo menos.

En fin, este es un obsequio para Lis con S, traté de hacer lo mejor posible lo que pidió como su regalo; y espero de corazón que le guste. Además, aprovecho para desearle felices fiestas.

Como dije, el personaje de Tōma se me hace muy interesante… como trágico, hasta cierto punto, claro.

Siento que su actuar no es muy diferente en la película y en manga, sin embargo, por obvias razones y acontecimientos, sí demuestran ser un poco distintos. En este caso, voy a tratar de tomar al Tōma del manga y a ver qué tal.



—Seiya de Pegaso, no es nada personal, pero debo tomar tu cabeza —musitó luego de encontrar a su objetivo; iba a decir algo más, pero al ver a aquel joven hombre perdido en quién sabe dónde, Tōma simplemente lo observó.

Más tarde, miró en el brazo del santo una cadena de flores, el cual contenía un poco del cosmos de la diosa Athena. Un fuerte pinchazo de envidia lo asoló.

«¿Por qué a ti no te ha abandonado?» pensó centrando su atención en aquel objeto, «¿por qué Athena busca tu salvación?».

¿Por qué su diosa estaba buscando su liberación de la maldición de Hades?

¿Por qué no lo había arrojado como una basura, como cualquier otro dios haría con sus siervos que ya no le servían?

—¡Aléjate de él!

Usando su velocidad inigualable, Tōma esquivó unos débiles meteoros.

Prestando su atención a una amazona de Athena, él pensó que ella no sería rival. Sin embargo…

—¡¿Quién eres y qué buscas?! —exclamó la guerrera, poniéndose frente al santo, a modo de protección.

Tōma no sabía quién era esta mujer, pero daba igual, ella no podría hacerle ningún daño.

La miró atento, a diferencia de su máscara; la cual era más bien una segunda cadena que le mantenía sumiso a las órdenes de Calisto y Artemisa, la de ella le cubría completamente el rostro. Mientras esquivaba los ataques de dicha amazona, y sin ánimos reales de asesinarla, él lanzaba sus propios golpes hacia el santo moribundo, los cuales, eran recibidos o desviados por dicha mujer, Tōma se dijo que algo había escuchado al respecto de esas máscaras.

A pesar del tiempo encadenado, Tōma no había perdido condición, seguía siendo tan habilidoso como antes. Cuando él era el favorito.

La amazona y él estuvieron intercambiando unos cuantos golpes, incluso ella se dio cuenta de que él no estaba siendo serio con sus ataques; en realidad… Tōma no buscaba matar a nadie, sólo quería disfrutar de la poca libertad que tenía.

¿Calisto le prometió que lo liberaría? Patrañas.

Tōma sabía que la muy maldita no tenía ese permiso, sus escasos movimientos, habían indicado que ella había acudido a él, para eliminar a un patético santo de bronce, sin consultarlo anteriormente con Artemisa.

Tōma, el ángel caído, jamás sería libre del castigo injusto de los dioses; haga lo que haga.

Sin embargo, tan perdido estaba en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que uno de los meteoritos de la amazona, impactó contra su abdomen, zona antes afectada por el báculo de Calisto, y la cual le hizo reaccionar más violento, impactándole a esa mujer una patada fuerte en su cara.

La mujer fue lanzada, apenas pudo caer de rodillas, pero su máscara voló hacia los pies del santo moribundo.

Cuando ella se incorporó, tapándose la boca y la zona inferior de su rostro con la mano, él pudo mirar unos ojos azules cubiertos por el fleco rizado.

Fueron escasos segundos, pero algo en él se inquietó e instintivamente dio un paso hacia atrás.

Apenas pudo esquivar una ventisca helada proveniente de otro estorbo.

—¡Marin! —exclamó el segundo santo, dispuesto a tomar el lugar de la amazona para enfrentarse a Tōma, quien, al oír aquel nombre decidió retirarse.

Por la noche de esa misma tarde, sentado arriba de un edificio alto de la ciudad japonesa, mientras él veía la luna cuarto menguante, se preguntó por qué estaba pagando tan cruelmente un castigo que no había merecido.

No lloró.

Tampoco golpeó ninguna pared.

Ya no sentía esa rabia, ni esa tristeza. De hecho, se sentía demasiado vacío, seco, e insípido como para lamentarse por su destino.

Fueron escasos segundos… pero él pudo ver… a…

¡¿Por qué el santo de Pegaso sigue vivo?!

La voz adentro de su cabeza exclamó con dureza, pero Tōma no estaba prestándole atención. Y como si Calisto hubiese detectado ese desdén, alzó más su tono.

—¡Mátalo!

Las sienes le dolieron un poco, pero, irónicamente, lo que más le estaba doliendo no era lo que sentía de forma física, sino adentro de ella, en lo más profundo; en un punto que ni Calisto ni Artemisa podrían jamás tocar.

¿Hace cuánto que no pensaba en su pasado?

¿Hace cuánto que no pensaba en el nivel de fracaso en el que se sentía?

»¿Quieres ser fuerte?

Hace mucho, dejó de culparse a sí mismo por su ingenuidad.

»Ven conmigo, y obtendrás la fuerza suficiente para proteger a tu hermana.

Tōma admitía que debió habérselo pensado mejor, pero en su defensa, ¿quién se habría negado?

Ella, tan magnánima, pura y blanca, literalmente bajó del cielo, una noche como esta, y se presentó como Artemisa, la diosa de la caza. Curó las heridas que él y su querida hermana mayor (quien se había quedado dormida) habían recibido por parte de unos ladrones que les quitaron las pocas monedas que lograron juntar luego de un fuerte día de trabajo en el pueblo, y le prometió a aquel niño apaleado, la grandeza; una fuerza incomparable; también le prometió un lugar a su lado.

Pero… ¿todo a cambio de qué?

Los dioses nunca dan nada por nada.

»Cuando seas un ángel del cual me pueda sentir orgullosa, podrás ver a tu hermana otra vez. Te prometo que ella estará bien.

Tōma cerró sus puños con fuerza.

¡Artemisa jamás le dijo que su hermana había sido reclutada por los santos!

¿Le impactaba saber que su hermana era también una guerrera de los dioses? Sí. ¿Le molestaba? No mucho.

Lo que le revolvía el estómago, era tener la entera certeza de que Calisto sabía bien dónde estaba mandándolo.

Con sus dedos tocó los bordes de la máscara que llevaba.

Sabía lo que Calisto le haría si no acababa con Seiya. Sin embargo, por mucho dolor que le tocase soportar, Tōma no iba a levantar un solo dedo contra su hermana otra vez. No cuando fue por ella, que él aceptó involucrarse con Artemisa.

Aunque…

Lo que más le quemaba en su interior, era recordar el modo en que Marin protegió al santo de Pegaso.

¿Irónico no?

Tōma había entregado duramente para proteger a su hermana, y ella protegía a quien él debía matar.

El ángel caído sonrió de forma agria.

Los dioses jamás dejarían de burlarse de él.

Sintiendo una ligera brisa removiendo sus cabellos, Tōma se preguntó si podría buscar la manera de ser libre sin que Calisto (y sobre todo los dioses) lo viese venir.

¿Habría un modo?

La peor parte de haberlo tenido todo, y luego haberlo perdido con más rapidez de la que le tomaría a una piedra hundirse en el agua de un río, era el tener a quien te lo recordase al lado y no poder cerrarle la boca.

—¡Tōma!

Haciendo una mueca, el ángel se puso de pie.

«Ya te oí, no tienes que gritar» pensó sabiendo que ella lo escucharía.

Él no era libre de ninguna forma; dudaba que eso cambiase en un futuro cercano.

—FIN—


En definitiva, lo que me salió fue un one-shot. Quise hacerlo más corto, a modo de drabble, como se supone que debía ser, pero no pude :( espero me disculpes por eso, Lis.

Por otro lado, no sé, tampoco pude hacer algo muy dramático ni triste. Usualmente esas cosas se me dan, pero cuando se trata de una tragedia entre dos hermanos, mi corazoncito de pollo interviene =(

Bueno, espero que el fic te haya agradado; felices fiestas.

¡Amigos! Gracias a ustedes también por leer. Este es el último fic del año de mi parte; si dios quiere, nos veremos en otros el año 2021. :D

Cuídense y que la pasen bien en estos días.

Saluditos.


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