¡Buenas, buenas! Esta es una historia que había empezado anteriormente, pero por motivos de inspiración y tiempo la verdad no había podido lograr terminarla (así que no se preocupen, soy yo, no es plagio, jajaja). No saben lo que me dolió eliminar los reviews que ya tenía la historia, pero era super necesario porque terminé cambiando algunas cosas hasta del primer capítulo. ¡Me dio tanta nostalgia eliminar esos reviews que terminé sacandoles un pdf! (sí, soy de las que acumulan las tarjeticas los días de San Valentín), ajajaj. Los que leyeron la historia anteriormente ya me dirán qué versión les gusta más.
¡Besos!
Disclaimer: Los personajes de Harry Potter le pertenecena J.K. y asociados.
Mírame solo a mí
Parte I
Estaba frente a un librero, fingiendo (o él piensa que finge) buscar un libro afanosamente. Llevaba ahí más que unos pocos minutos, y él podía notar cómo su mirada se desviaba cada poco tiempo (justo como ahora) hacia el otro lado de la biblioteca.
Sus puños se apretaron con fuerza, tornando sus nudillos blancos.
— ¿Harry?—escuchó que lo llamaba Hermione, ignorante de lo que sucedía en su cabeza. Volteó a mirarla con la enojo bullendo detrás de sus ojos y Hermione lo miró sorprendida— ¿Sucede algo?—preguntó preocupada llamando la atención de Ron.
Miró hacia otro lado cuando vio a Ron abrir la boca.
— No pasa nada—dijo con los dientes apretados.
¿Qué le pasaba? Harry apretó su mandíbula cuando volvió a mirar a Malfoy para después suspirar y relajar su mandíbula con esfuerzo.
De un tiempo para acá el rubio había comenzado a ignorarlo, y, quiero decir, Harry lo entendía. Un poco. Aceptaba que desde que había empezado el año no había desaprovechado ninguna oportunidad de devolverle todas las jugarretas de esos seis años, burlándose de su bando en la guerra, de la marca en su brazo y de su cobardía. No que buscaba ser cruel, solo… un pequeño porcentaje de lo fastidioso que Malfoy fue. Sin los periódicos o chapas o maneras de expulsarlo. Ron lo apoyaba, pero Hermione se enojaba con ellos cada vez que se enteraba que habían estado molestando a Malfoy.
¿Él no estaba siendo súper amable en comparación? No entendía por qué Malfoy se hacía el ofendido. Harry bufó y de inmediato sintió las miradas extrañadas y preocupadas de Ron y Hermione. Los ignoró.
Conocía cada una de las teclas que hacían a Malfoy saltar, así que se extrañó cuando, de la nada, el rubio no estaba reaccionando, ni lo miraba, solo se paraba con los brazos cruzados, indiferente. De todas formas, ¿eso era importante?, ya no habría más peleas, se había desquitado ya lo suficiente, y además, ¿no era eso un alivio?, se había acabado esa eterna rivalidad que se tenían, ahora el contacto entre el Trío de Oro y Malfoy sería nulo, ¿se haría la paz, no?
Soltó un bufido irónico. Pues no…
Uno de los últimos días que Ron y él lo habían molestado, Hermione había llegado de la nada para darles la regañada del siglo, defendiéndolo, retándolos a contradecirla, y obligándolos a disculparse (cosa que hicieron entre dientes). Días después, Hermione llegaría a la sala común en shock contando que Draco Malfoy le había dado las gracias.
Desde ese momento y como por arte de magia, Hermione y el estúpido hurón se habían hecho amigos.
¡Era algo que Harry no se entendía! Le dio las gracias a ella solo por defenderlo de dos adolescentes y no a él por salvarlo de Azkabán. Por amor a merlín, ¡solo ayudó a Malfoy! A ella le daba las gracias y a él lo ignoraba. Era jodidamente incoherente.
Se sentía furioso. Y no quería darle explicaciones a su furiosidad. De todas formas estaba seguro de que dentro de poco eso ya no importaría, porque Hermione y Malfoy se habían hecho taaan amigos, que su furiosidad no entraba por ningún lado, principalmente porque Hermione no les iba a hacer ningún caso.
Apretó su mandíbula. Malfoy lo había vuelto a hacer. Un segundo después, salía de la biblioteca hecho una furia dejando a Hermione y Ron atrás. Era mucho mejor que acercarse a ese Slytherin y gritarle que dejara de mirarla.
O reclamarle a ella.
•°•
Se sentía furioso (otra vez). Y al parecer no era el único, viendo como Ron golpeaba sus pies contra el piso al caminar y al mismo tiempo le reclamaba a Hermione el por qué se había hecho compañera de trabajo de Malfoy en la clase de Pociones. Él, en cambio, aunque estaba enojado, no quería hablar al respecto y darle explicaciones de su enojo. De todas formas, seguro le decía lo mismo que le llevaba diciendo a Ron, "No te importa, Ron Weasley".
— ¡Pero es que no entiendo! ¡Es Malfoy! La persona que nos ha hecho la vida imposible desde primer año, la que te llama—llamaba, se escuchó la voz de Hermione corrigiéndolo. Ron a regañadientes le tuvo que dar la razón— sangre-sucia, come-libros, dientes de castor, sabelotodo…—Hermione lo interrumpió ya fastidiada.
— Gracias, Ron. Por recordarme todos y cada uno de mis apodos escolares y defectos. Eres un idiota.
Ron gruñó frustrado.
— ¡No! ¡Malfoy hizo todo eso, yo no!
— Pues Malfoy no lo está haciendo ahora, tú sí. Y él ya se disculpó por todo eso, tú no.
— ¡Pero si yo no he hecho nada!
Harry suspiró, sabiendo que esto iba para largo. La misma escena se había repetido varias veces esta semana, él solo había abierto la boca una vez, y había salido tan frustrado de esa discusión que no entendía como Ron lo seguía haciendo cada día.
Harry ponía sentir la impaciencia del pelirrojo a su lado que, como él, había empezado a notar los acercamientos cada vez más directos de Malfoy hacia Hermione en toda la semana. ¿Ya había mencionado que no le quita lo ojos de encima? Aunque ya eso era lo de menos.
Las miradas habían pasado a saludos en los pasillos, a ser pareja en clases y a trabajos juntos. Y eso estaba poniendo a Ron como una cabra. Y aunque Harry sabía que lo que Ron sentía eran celos no podía evitar sentirse satisfecho de ya no ser el único enojado con la situación. Justo ahora solo estaba pensando en el desahogo que sentía al despotricar contra la parejita de amigos, porque (oh, que inesperado) su enojo no hacía más que crecer, directamente proporcional al avance de su relación, y sentía que estaba perdiendo el control de sus emociones.
Ese día en especial se sentía un poco más ansioso, porque mientras esperaban fuera del salón y veían cómo esos dos salían muy juntos (según lo que gruñó Ron a su lado), él había visto cómo el rubio le dejaba una nota muy delicadamente en la mano a Hermione. Harry inmediatamente sintió esa ráfaga de ira ya conocida, y por qué negarlo, intriga. Pero sabía que esa ansiedad venía con la urgencia que sentía de hacerse con ese papel.
Pasó el resto de la tarde pensando en una y mil maneras para hacerse con ese trozo de pergamino. Lo consiguió al final del día, en un descuido de la castaña:
Ven al Invernadero de las flores a la media noche. Quiero decirte algo.
Tuyo, Draco.
Sus ahora tan comunes ataques de rabia hacen que casi rompa ese (realmente estúpido) pedazo de papel en trocitos y lo eche al fuego. Era el invernadero de los enamorados. Ignoró ese pensamiento y logró frenarse lo suficiente para colocarlo en el lugar donde lo encontró, perfectamente doblado.
Esa noche, cuando el reloj marcó quince minutos antes de las 12, vio cómo los dos salían de sus camas a la vez. Harry ni siquiera se preguntó por qué Malfoy la había citado en ese lugar o lo que significaba que Hermione aceptara su propuesta mientras se movía rápidamente detrás de ellos.
Los vio reunirse desde su posición detrás de uno de los arbustos de rosas dentro del invernadero, escondido en su capa de invisibilidad. Vio, rodeado de todo ese tipo de flores y rosas de todos los colores, cómo las mejillas de Malfoy se tornaron rosadas cuando vio a Hermione aparecer, cómo poco después agarró la mano de la castaña cómo un caballero de impoluta armadura y la llevaba a sus labios, depositando un beso, y cómo poco después le confesaba sus sentimientos y dejaba un tulipán rojo detrás de su oreja, enredada entre sus hebras.
En ese momento sentía cómo su corazón se rompía con cada palabra y cada beso brotados de los labios del rubio y cómo las lágrimas caían por sus mejillas. Su mano se movió inconscientemente hacia su boca para acallar los sollozos que salían de sus labios. Los estaba espiado y debería sentirse como un sinvergüenza pero en ese momento no le importaba en lo más mínimo.
Si había estado confundido acerca de lo que estaba sintiendo… esto se lo había aclarado completamente.
¿Qué iba a hacer ahora? Siente un miedo atroz de que ella le acepte.
Lo que había creído rabia descontrolada eran en realidad unos celos furiosos que lo llenaban, y que ahora se convertían en absoluta tristeza y desesperación.
Harry rápidamente escapó al refugio de su cama, sabiéndose incapaz de soportar las miradas embobadas de Malfoy un minuto más. Necesitaba la suavidad de su almohada para desahogarse, para pensar. Necesitaba hacer algo. Si no, estaba seguro de que no lo soportaría…
