¡Otro! :) Se siente muy bien entrar y ver todos sus comentarios. De verdad, hacen que me den ganas de publicar capítulos más rápido. Leo cada comentario y lo aprecio mucho y lo trato de tomar en cuenta.
Espero les guste, y sobretodo espero que me lo hagan saber! Tuve pequeñas dudas sobre en que momento terminar este capitulo, pero creo que ha quedado bien. Otra cosa, si hay palabras que no entiendan haganmelo saber, yo sé que no todos son de México así que trato de poner lo mínimo en modismos... Bueno a leer! :)
-¡Phoebe!
Era la mañana siguiente afuera de la escuela, aun temprano para ingresar al edificio. Helga llevaba un suéter rosa ligero, solo para cubrirse del frio matutino.
-¡Helga!- su amiga la saludaba con una gran sonrisa.
-No tenía suficiente crédito para contestarte anoche. ¡Así que el cabeza de cepillo al fin se animó!
-Helga….- Phoebe la miro con reproche pero sonrojada.
-De acuerdo de acuerdo, así que GEEERAAALD al fin dio el siguiente paso…
-¡Sí! ¡Ay fue tan maravilloso todo! Era la una de la mañana cuando escuche a los músicos y después su voz. Ya sabes que yo soy de sueño ligero. Me asomé por mi ventana y lo vi ahí afuera sonriéndome mientras cantaba. No sé ni cómo describir ese momento.
-Volvió a afinar su garganta ¿No? ¿Qué fue lo que te cantó?
-No me sé el nombre pero decía algo como "Something in the way she knows...and all I have to do is think of her"
-Ni idea de cual sea pero ¿Supiste en ese momento para que iba?
-Para nada. No pensaba. Lo disfruté mucho, Helga. Después mi mamá entró a mi recamara preguntando qué pasaba pero bueno…se dio cuenta muy pronto… -la rubia sonreía al ver a su amiga tan feliz relatando aquello- Cuando terminó la canción bajé, abrí la puerta ¡Y no supe que hacer! Le sonreí, y estoy segura que nunca había estado más roja… Y lo abracé mucho. Me explicó que aquello tenía un motivo. Y pues me preguntó que si quería ser su novia… ¡Y acepté! Y bueno luego…
Phoebe hizo una pausa y se sonrojó.
-¿Y luego?- preguntó su amiga alzando una ceja.
-Nos besamos… Anda dilo, di que es cursi y asqueroso.
-Jajaja no iba a decir nada- la verdad era que sí lo había pensado, pero Phoebe estaba muy feliz por aquello, además ya habría tiempo de decirlo...-Qué bueno que estés tan feliz, Phoebs.
Llegaron a su salón, en la puerta se encontraron con Gerald
-Hola cariño.
-Hola Gerald.
La rubia se alejó hasta su lugar.
-Oye Helga ¿Es verdad que entraste a un taller a hacer galletitas y pasteles?- gritó Sid desde lejos.
-¿Es cierto eso Helga? ¿Desde cuándo te volviste tan delicadita y femenina para que te guste cocinar?- le preguntó Harold pero ella siguió hasta su asiento- Habrá que advertirles entonces que tengan cuidado de no vomitar el betún cuando te vean Pataki.
Nadie supo como de repente Helga ya estaba frente a Harold amenazándolo con su puño.
-¡Escucha gordinflón de quinta! ¡Mis actividades y lo que yo haga te tienen sin cuidado! Ahora los dos déjenme en paz si no quieren enfrentarse a Betsy y los cinco vengadores -los dos chicos solo la miraron entre atemorizados y enojados.- Mucho mejor, pero al menos una cortesía.
Les mostró el dedo corazón y se dirigió a su asiento.
-Muy bien siéntense todos- minutos después llegó su maestro de matemáticas- A ver, hoy necesito parejas…
-Eso será fácil, profesor.-dijo Gerald guiñándole un ojo a Phoebe.
-Vaya vaya… ¿De qué me perdí?- pregunto Rhonda al ver aquello.
-Silencio. Es un decir, joven Gerald. –continuo su maestro- Yo formaré los pares. Les entregare unas hojas a cada equipo, son cuarenta ejercicios y necesito que me los traigan para el día del examen.
-¡Para eso aún falta mucho!-gritó Harold- Oh me duele la cabeza de solo pensarlo.
-¡Cuarenta ejercicios es demasiado!- se quejó Sid.
-Es por eso que se los encargare desde ahora. No tendrán tareas, pero esto sí les contara mucho en su calificación.
Empezó a formar las parejas. Eugene con Brainy, Sid y Sheena, Harold y Gerald…
-Pataki y Arnold.
-¡¿Qué?! No me puede poner con el cabeza de balón.
Arnold volteó los ojos.
-Rhonda y Phoebe-el profesor la ignoró por completo.
-¿Puedes creer que me pusieran con Arnoldo?
Era la hora del almuerzo, Helga y Phoebe estaban ya sentadas en una mesa.
-Extraña coincidencia… -Phoebe había llevado su desayuno tan nutritivo como siempre, un sándwich vegetariano y barras de avena.
-¡Es lo que menos necesito en estos momentos!- y se cruzó de brazos.
-Lo sé Helga. Pero no por eso arriesgaras una calificación… ¿No tienes hambre? ¿Quieres un poco de mi sándwich?
-Iuk- Helga hizo un gesto de asco y se apartó. Phoebe se había hecho vegetariana desde primero de secundaria, después de unirse con su familia a un grupo de meditación. Su amiga no entendía como alguien podía vivir sin consumir carne, pero en el fondo eso mismo hacia que la respetara- Iré por una hamburguesa, a ver si el panzón de Harold no ha terminado con todas.
No tardó más de 5 minutos en pelear la última hamburguesa con Curly y regresar para darse cuenta que no quería volver a sentarse en la mesa de Phoebe: Ahora la acompañaban Gerald, Amanda y Arnold. Y justo en ese momento, Amanda le acomodaba el cabello a Arnold ¿Se vería muy obvio llegar y llenarle el cabello de mostaza a ambos? De hecho, casi estaba segura que segundos antes Amanda la había volteado a ver.
Decidió sentarse sola en una mesa, de espaldas a sus compañeros. Comenzó a comer, tratando de no pensar en nada más que lo mucho que detestaba que las hamburguesas de la escuela no llevaran pepinillos.
-Hola.
No se había dado cuenta de que Jason se había sentado al lado de ella.
-¿Sí?- dijo Helga extrañándose de aquello.
-¿Te acuerdas de mí?
-Aja, eres el que actuó ayer como un inmaduro ¿No?
-Jajaja sí. Solo le hice un favor a un viejo amigo. Pero es cierto, fue una pendejada.
-Mmm
Helga siguió comiendo, no le agradaba mucho que desconocidos se sentaran con ella y trataran de entablar una conversación, sobre todo cuando quería estar sola.
-¿Te gustan esas hamburguesas? Yo no las aguanto, odio que no lleven pepinillos.
-Es lo que hay, y hace un hambre de los mil demonios.
- Es cierto, de todos modos siempre traigo conmigo provisiones.
Y en ese momento sacó de su mochila un pequeño tupperware con rodajas de pepinillos.
Helga soltó una carcajada.
-¿Qué idiota carga con sus propios pepinillos?
Él también rió.
-Sí, es una idiotez… Así que supongo que no quieres- y se dispuso a guardarlos.
Ella lo ignoró y siguió comiendo.
-Hola Helga- Arnold la saludó sin poder extrañarse de la compañía que tenia la rubia.
Ella se sobresaltó. ¿Por qué estaba tan despistada?
-¿Qué quieres?-le preguntó bruscamente al ver que iba acompañado de una sonriente Amanda.
-Bueno, me preguntaba cómo nos íbamos a poner de acuerdo para los ejercicios de matemáticas.
-¿No puedes molestarme con eso más tarde, Arnoldo?
-No lo creo. Hoy tengo la prueba de baseball…
-Oye viejo-interrumpió Jason de repente mientras observaba a Arnold como si fuera un raro espécimen- tu cabeza tiene forma de balón…
Helga no pudo evitar reír… Y lo hizo con muchas ganas. Ese chico empezaba a agradarle.
-¿Amigo tuyo?- preguntó Arnold no muy contento por lo que aquel desconocido le había dicho.
-Así, es cabezón.
Eso parecía animar a Jason.
-Al menos no entraste a americano o te hubieran partido la cara, literalmente.
Helga rió a un más, no tanto por la broma sino porque ambos se burlaban de Arnold y frente a Amanda.
-Luego hablamos, Helga- Arnold se marchó molesto.
-¿Quién era él?-preguntó Jason aun sonriendo.
-Ah, solo un chico de mi clase…
-¿Te molesta?
-Creo que es al revés… Está en mi naturaleza.
Al final del día Helga se encontraba de muy buen humor.
-¿Te irás a tu casa?-le preguntó a Phoebe, pues sabía que a las cuatro tenia clase de esgrima y apenas eran las 2
-No, bueno pensaba en ir a ver la prueba de baseball, ya que Gerald planea entrar… Y es ahorita, y para esgrima aun tengo dos horas…
-Ah…-Helga sabía lo que venía a continuación, conocía ese tono en la voz de Phoebe.
-¿Podrías acompañarme?
Helga cerró los ojos para demostrar que eso no la hacía feliz.
-No sé Phoebs…
-Vamos… No quiero estar ahí sola. Sé que estará Arnold pero…
-No me molesta que esté Arnold.
-¿No?-preguntó su amiga alzando una ceja-¿Quién era ese con quien estabas hablando hoy?
-Ah, un wey… Lo conocí ayer, es amigo de mi pareja de repostería.
Phoebe la miró detenidamente
-¿Y tiene algo que ver con que no te importe Arnold? ¿Y con tu repentino buen humor?
-¡¿Qué?! ¡Claro que no!-su amiga no dijo nada- De acuerdo, se burló un poco del cabeza de balón y sí me puso de buenas… Y sobre lo otro…ambas sabemos que sí me importa que esté ahí Arnold.
-Sí, supongo… Pero como ese muchacho estaba muy guapo, pues pensé que quizás…
-¿Cómo se te ocurre? ¡Por supuesto que no!- dijo Helga molesta por aquel comentario.
-Bien, lo lamento… Pero por favor acompáñame.
-No, no creo…
-Solo hoy… Por favor.
-No sé…
-Recuerda todo lo que he hecho por ti.
Helga volteó los ojos.
-Solo hoy.
Su amiga la abrazó tan entusiasta como siempre.
-¡Tranquila, Phoebs! ¡Guarda un poco para Gerald!
Las practicas de baseball tanto como los partidos se llevaban a cabo en un club deportivo que estaba a dos cuadras de la escuela, ya que en la preparatoria no contaban con cancha para tal deporte.
Prácticamente no había gente observando, se sentaron en lo que sería la banca del equipo visitante. Helga estaba hundida en su lugar con los brazos cruzados, Phoebe estaba atenta a los movimientos de su ahora novio.
Las pruebas para ingresar consistían en jugar baseball, tan simple como eso. Pero el entrenador los iba cambiando de posición. Al jugar desde niños eso no debía ser problema para sus compañeros, sobre todo cuando Helga normalmente era la encargada de asignarles distintas posiciones.
-Si esos zopencos quedan será en parte gracias a mi-dijo al recordar aquello.
Phoebe solo sonrió.
Después de veinte minutos Helga se animó al ver que Amanda no llegaba. A lo mejor las pruebas de gimnasia eran ese mismo día.
Era el turno de Gerald de lanzar, y a su mejor amigo le tocaba batear. Si Helga no se equivocaba a Arnold le iría bastante bien, pues conocía los lanzamientos de Gerald como la palma de su mano.
Y efectivamente, sin problema Arnold bateó bastante lejos la pelota, si se apuraba podía hacer la carrera.
Llegó a la primera base.
Pasó a la segunda.
Y entonces se cayó. O más bien: Lo hicieron caer. El chico que cuidaba la segunda base le había propinado una patada en la parte baja de la pantorrilla justo cuando Arnold corría a la tercera base.
-¡Arnold!- exclamó Helga y se paró inmediatamente.
El muchacho seguía en el piso doliéndose del tobillo. Sangraba.
Helga se dirigió furiosa hacía el imbécil que había ocasionado la caída estaba roja de ira.
-¡Eres un pendejo! ¡Ponte con alguien de tu tamaño, animal!
