Graciaas por los comentarios! :D De verdad! No había podido subir capitulo porque aunque sé a donde va la historia, de repente pasé por un "bloqueo" y despues empecé con mis practicas de la uni y eso quita tiempo... Pero poquito a poquito le avancé jaja. Evitare los "mexicanismos" pero si se me escapa alguno me avisan :) Sobre las groserias no las quitare del todo, ya que a la edad de los personajes siento que de repente no se pueden quedar con un "tonto" o "bobo", pero intentare disminuir. Gracias por leer ¡Y lamento la tardanza! Al menos este capitulo es largo... Dejenme saber que opinan.
A leer!
-¡Hey Helga! Tranquila -Phoebe había alcanzado a su amiga parándose entre aquel muchacho y ella.
-¡¿Tranquila?! ¡¿Ya viste al cabeza de balón?!
El entrenador se encontraba junto a Arnold mientras que el médico del equipo revisaba el lugar donde había recibido la patada.
-¡Oye idiota! ¿Quién te crees? ¡Es solo un juego!
Gerald empujó a aquel grandulón y éste le regresó el empujón, al ver que se enojaba más Phoebe fue hacia su novio y lo detuvo.
-¡Pero un juego de hombres, cabrón!-le contestó el chico.
-¡Hey! ¡Hugo a las bancas! Tengo que reportarte-le gritó el entrenador.
-¡Tú lo has dicho, estúpido y lo que acabas de hacer es de imbéciles cobardes!- Helga trató de empujarlo también pero el chico sostuvo sus manos.
-¡Tú no te metas güerita!- y en un solo movimiento hizo que Helga cayera de espaldas.
-¡Hey Hugo! Te dije que te fueras-Hugo vio a Helga con coraje- ¡Lárgate del campo de una buena vez!- Insistió el entrenador.
Y se fue a las bancas maldiciendo en voz baja.
-¿Helga estás bien?-Phoebe ayudó a su amiga a levantarse.
-Sí, estoy bien- respondió mientras se sacudía la ropa.
-¿Qué fue todo eso Pataki?-preguntó Gerald con extrañeza.
Pero antes de que Helga pudiera contestar escucharon al entrenador
-¿Estás seguro? ¿Fractura?
Sus compañeros se acercaron a Arnold.
-Hay que llevarlo a un hospital, necesita radiografías y probablemente enyesar.-explicó el médico.
-Vayamos en mi coche, el hospital está cerca.-dijo el entrenador-¡Terminó la practica!-anuncio al resto de los chicos-Hugo, pasare tu deporte directo a la dirección y no vuelvas a poner un pie en este campo.
Dado que Phoebe aun tenía práctica de esgrima ese día, Helga la acompañó de regreso a la escuela. Gerald iría con Arnold al hospital.
-¡Ogh! ¡¿Por qué soy tan estúpida?! ¡No debí defender a Arnoldo! Yo y mis malditos impulsos-se quejó Helga mientras pateaba una piedrecilla por la calle.
-Bueno, sucede que no pudiste controlarte… Le pudo pasar a cualquiera. Hasta Gerald lo hizo.
-¡Pero no debió pasarme a mí!
-Existe la posibilidad de que Arnold ni siquiera lo haya notado.
-"Existe la posibilidad de que Arnold ni siquiera lo haya notado"-dijo Helga imitándola- pero tu adorado novio sí, y se lo comentará. De ahora en adelante necesito que me ayudes a controlarme y olvidarlo, Phoebs.
Phoebe guardó silencio un momento…
-De acuerdo…
La restante cuadra ninguna dijo nada. Aunque se notaba que algo inquietaba a Helga. Poco antes de llegar a la preparatoria Phoebe habló.
-Quedé con Gerald de alcanzarlo más tarde en Hospital. Hoy termino a las seis-Helga no dijo nada-Yo te aviso como está él.
-¿Qué te acabó de decir, chica lista?
-Bueno, pero es mejor que ir al hospital a escondidas y averiguar cómo está Arnold, que si no me equivoco es lo que estás pensando-Helga se quedó estática- No puedes ir… Y no es posible que lo olvides de la noche a la mañana, llevas 3 días con esto y no has podido avanzar ni un poco. Y hoy se notó. No me gusta verte así. Déjamelo a mí, Helga. Tratare de ayudarte.
-Ya llegué Miriam-anunció Helga al entrar a su sala.
-¿Qué tal las clases, querida?
Siempre la misma pregunta… Pero cualquier respuesta le daba lo mismo a su mamá.
-Bien... ¿Volviste a quemar la comida?-dijo oliendo su alrededor.
-Bueno, Helga… La estaba preparando cuando un amiguito tuyo llamó y al colgar me olvidé por completo de lo que preparaba! ¿Puedes creerlo?
-¿Qué? ¿Quién llamó?
-Oh sí, un joven muy educado, alrededor de las 2:30…
-¿Quién, Miriam?-preguntó impaciente, el tono de su madre le desesperaba.
-Me dijo que se llamaba Thomas.
Helga puso cara de extrañeza.
-¿Thomas? No conozco a ningún… Ah…
-En fin, dejó su número para que le devolvieras la llamada, está junto al teléfono… Y creo que de paso podrías ordenar una pizza para comer-dijo mientras abandonaba la sala.
-Genial, mamá, genial.
¿Para qué la buscaba ese tal Tom? ¿Cómo diantres había conseguido su número de casa? No le quedó de otra más que empezar a marcar.
-¿Bueno?-dijo una voz familiar del otro lado del teléfono.
-Eh… ¿Tom?
-¡Oh pero si es Helga Pataki!
-Sí sí. Tu sueño hecho realidad. ¿Para qué me llamaste a mi casa?
-¿Yo? Te recuerdo que tú eres la que acaba de marcar… ¿Cómo conseguiste mi número, por cierto?
¿Eh?
-¡Tú me llamaste hace rato, gran tonto! ¡Mi madre te contestó y le diste tu teléfono!
-Oh sí… Ya recuerdo.
Helga sentía en el tono de su voz como su compañero sonreía.
-¿Y cómo conseguiste mi numero?
-Mmm eso no lo recuerdo.
-Deja de jugar conmigo. ¿Me crees tonta?
Silencio.
-….En fin. Llamé porque olvidé decirte que mañana además del recetario debes llevar un mandil, y zapatos cómodos con los que no resbales.-al parecer seguía sonriendo ¿Por qué? Qué tipo loco.
-Sí sí. De acuerdo, muy amable de tu parte- dijo en tono sarcástico.
-Uy, lo hice para que no quedaras como tonta….Bueno…Más.
-Ogh eres un…
Muy tarde, Tom había colgado.
"Joven muy educado" había dicho su mamá ¡Que fácil era de complacer!
Pizza grande para uno. Con extra queso y gaseosa Yahoo. Eso era vida.
¿A quién le importaba Arnold?
Aunque…
No podía ser tan malo escabullirse en el hospital ¿O sí? Pero no, no podía. Suficiente había hecho con defenderlo frente a tantas personas hace rato… Aunque claro, ahora nadie se enteraría si acudía. ¿Pero qué rayos le importaba como estuviera ese tonto cabezón?... ¿Y qué tal que le tenían que cortar una pierna? ¿Qué tal que necesitaban un tipo de sangre que solo ellos dos tuvieran?
Estaba dramatizando demasiado.
No. Simplemente esperaría en su casa y más tarde llamaría a Phoebe para preguntar cómo estaban las cosas…
-¡Helga! Helga, querida…
La rubia abrió los ojos. Se había quedado dormida frente al televisor.
-¿Qué pasa, Miriam?
-Te llama Phoebe-contestó su madre y le pasó el teléfono.
-¡Phoebs!-dijo levantándose del sofá
-Lo lamento, Helga. ¿Te desperté?
-Sí. No pasa nada. ¿Cómo está?
-Acabo de llegar. Arnold está bien, pero que tuvieron que hacerle cirugía.
-¡¿Qué?!
- Sufrió una fractura en el tobillo. Pero le han colocado tornillos y placa.
-¡Eso no suena a que esté bien!-exclamó impaciente.
-Usará una férula durante un mes.
Helga se desplomó sobre el sillón.
-Supongo que ya no estará en baseball.
-Eso parece.
-¿Dijo algo sobre mi? Quiero decir… Sobre la tontería que hice.
-Bueno… Cuando llegué escuché que Gerald le comentaba… -Helga abrió los ojos aun más- Se les hizo extraño, dijeron que el hecho de que lo hayas hecho era mucho tratándose de ti. Quizás hasta eso era amable.
-¡Lo sabía! Fue una estupidez. No debes dejarme hacer algo así de nuevo, Phoebe. Es tu responsabilidad.-sentencio con voz mandona.
-Entendido, Helga. Te ayudaré.
-Ah y Phoebs, ¿Podrías llevar algún mandil de cocina que tengas mañana a la escuela?
Arnold no se presentó a clases durante el siguiente día. Al parecer le habían dado reposo.
Helga no tenía ánimos para quedarse a repostería. Quería irse a su casa, comer, ver televisión… Y sí, quizás escribir un poco. Pero por eso mismo había elegido aquel taller. Debía distraerse.
Llegó diez minutos antes. Ahí ya estaba ese molesto chico Tom.
-Hola-la saludó.
Helga gruñó.
-No vienes de muy buen humor ¿Cierto?
-No creo que te importe ¿Cierto?
Guardaron silencio hasta que la chef Victoria llegó.
-Buenas tardes-saludó sonriendo- Hoy prepararemos una tarta de frutas. En total lo que hoy realizaran será: pasta sucrée, brillo natural y la deliciosa y básica crema pastelera. El uso de las frutas es tan variado como ellas mismas, hoy utilizaremos fresa, kiwi, uva blanca y zarzamora.
Realizaran la pasta que es su base, deben dejarla mínimo 45 minutos en refrigeración por lo que recomiendo que empiecen por ahí. Después continúan con brillo natural, lo refrigeran 20 minutos y finalmente la crema. Por favor pasen en orden por sus utensilios y a pesar ingredientes. Cualquier duda háganmela saber.
Comenzaron los estudiantes de en frente. Helga y Tom eran los últimos.
-¿Qué quieres hacer tu?-preguntó Tom mientras esperaban.
-Nada. No quiero hacer nada.- respondió tajante.
-Pues eso será un problema…
-Entonces lo que sea ¡No me importa!
-De acuerdo, tu harás la pasta, yo el brillo y al final los dos la crema.
-Bien.
Tom fue por los ingredientes que utilizarian. Y una vez listo todo, la rubia no sabía cómo comenzar. Tom la observaba discretamente divertido.
-Para la pasta tienen que hacer un cuenco con los ingredientes secos, en el centro irán los líquidos y la mantequilla e irán integrando poco a poco. No la trabajen mucho o se arruinará- dijo la chef para alivio de Helga.
Empezó mezclando harina, sal y azúcar. Los puso en un bowl pero era imposible hacer un cuenco decente!
-Se supone que debes hacerlo sobre la mesa- le explicó Tom riendo.
Helga le dedicó una mirada desdén mientas vaciaba los ingrediente a la mesa. Formó el cuenco y al tener los ingredientes líquidos en el centro comenzó a integrar… O algo así.
¿Qué rayos hacia? ¿Y por qué se le pegaba todo a las manos? Echó un vistazo a las demás mesas, nadie más parecía tener problemas.
-Voy a pasar por sus mesas para ver cómo van.-anuncio la maestra Victoria.
Mierda.
Helga volteó a ver a Tom quien a su vez miraba por la ventana.
-¿Terminaste?-le preguntó el chico.
-Ayúdame.
El chico la miró y después a sus manos.
-¡Creí que lo tenias bajo control!-Helga lo fulminó con la mirada- Está bien…Pero me deberás un favor-dijo acercándose
-¡Ni loca! Déjame a mí hacer el ridículo.
-Como quieras.
-Está mal, tienen que empezar de nuevo, les dije que cualquier duda me la dijeran- se escuchó la voz enojona de la chef a lo lejos regañando a unos de las primeras mesas.-Van a tener que volver a empezar.
-¡Ogh! De acuerdo. Te deberé el estúpido favor.
Tom se puso harina en las manos y empezó a integrar lentamente… Llevando harina al centro, cada vez más conforme iba necesitando. Una vez integrado todo empezó a llevar pequeñas cantidades a sus palmas y a rozar una con otra como si estuviera la estuviera deshaciendo.
-¿Quieres intentar?- le preguntó a Helga al ver que la maestra se acercaba.
Helga repitió lo que hacía su compañero, sentía como si tuviera arena en las manos. Tom se había ido a lavar las manos, para hacer creer que la rubia había hecho todo el trabajo.
-Bien. Ahora júntalo todo despacio, no la trabajes mucho.-dijo mientras regresaba secándose las manos.
-Muy bien.-les dijo la chef al llegar a su mesa- Ya pueden envolverlo en vitafilm y refrigerar.
Y así lo hicieron.
-¿Cómo es que supiste la forma de arreglarlo?-preguntó Helga mientras observaba a su compañero hacer el "brillo natural". Lo único que había en la pequeña cacerola sobre el fuego era agua con azúcar.
-Se le llama poner atención a las instrucciones-contestó mientras mezclaba en un bowl mas azúcar con pectina
-No te hagas el listo conmigo, chico. Victoria no dijo nada sobre "rozar las palmas"
-Lo ves, no pones atención.-dijo con calma mientras incorporaba la nueva mezcla a la cacerola y empezaba a mezclar lentamente.
-¿Y cómo estás haciendo todo esto sin leer la receta?-preguntó Helga impaciente- ¿Que tal que cometes una tontería y nos sale todo mal?
-Memoricé la receta, no te apures.
-¿Memorizaste qué?
-La receta. ¿Ves como tu atención falla?-Helga estaba a punto de decir algo pero Tom la interrumpió-¿Puedes pasarme ese limón?
Helga se lo dio de mala gana. Tom agregó el zumo del limón y refrigeró la preparación.
-¿Hacemos juntos la crema?
-Eso depende. ¿Con receta o sin receta? ¿Cómo se que no has estropeado lo que acabas de hacer?
-Ya te lo dije. Y te recuerdo que tú eres quien estropea las cosas. Aun no hemos hablado de tu favor.
-¡Tampoco te vayas a querer pasar de listo, chico!
Después de realizar la crema pastelera y de lavar lo que habían utilizado comenzaron a cortar las frutas para adornar su tarta.
-El viernes hay una fiesta-dijo Tom mordiendo una fresa.
-Que emoción-dijo sarcásticamente su compañera.
Ya había pasado tiempo suficiente. Helga fue por la pasta.
-¿Quieres extenderla?-preguntó el chico. Helga lo miró confundida-De acuerdo lo hare yo.
Y empezó a extender la pasta para después colocarla en el molde de tarta. Definitivamente no era la primera vez que hacia aquello. La metió en el horno debían esperar 20 minutos.
-… Y quiero que vayas.-dijo con seguridad Tom
-¿A dónde?-preguntó Helga distraída mientras cortaba mas fresas.
-A la fiesta.
-En tus sueños, viejo.-dijo apuntándole con el cuchillo.
-Será en casa de un compañero. Solo iremos los de ultimo año…Bueno, y tu.-dijo Tom sin dejarse intimidar.
-¿Estás sordo? ¡Dije que no!
-Ese es el favor que quiero a cambio.
-Yo NO voy a fiestas y menos con gente que no conozco.
-No sabía que eras tan cobarde Pataki.
-Cobarde tu abuela. No iré, tendrás que pensar en otra cosa.
Tom ya no insistió. Al sacar la base del horno y desmoldar, pusieron la crema pastelera y decoraron con las frutas. Por último agregaron el brillo. Al probarla, la chef no pudo evitar comentar lo rica que había quedado.
-No tengo ganas de pensar, Pataki. Pero si se me ocurre otra cosa mañana te lo hago saber.- le informó Tom mientras guardaban sus cosas.
-Muy amable de tu parte.
-Tienes que ir.
-¿¡Qué!?¿Estás demente?
-Me dijiste que te ayudara para que…
-Sí ya sé lo que dije. Pero eso no tiene nada que ver
Las dos amigas conversaban por teléfono esa noche.
-Ya verás que sí, Helga. Irás a esa fiesta.
-No, Phoebs. No iré.
-¿Quieres mi ayuda o no?
Helga gruñó.
-Sí. Pero además le dejé en claro que no tenía nada de ganas de ir, que pensara en otra cosa… Quizás se le ocurra algo más.
-Pues yo espero que no. Y si quieres que te ayude tendrás que ir.
-¿No has sabido nada del cabeza de balón?-preguntó cambiando a un tema de mas interés.
-Sé que mañana ya va a clases.
Al día siguiente Helga intentó llegar mucho tiempo antes de que la clase comenzara, para evitar toparse con Arnold. Para su fiel suerte lo encontró bajándose del auto de su abuelo. Llevaba una férula en la pierna derecha y se sostenía con muletas. Arnold que siempre veía por los demás, que se preocupaba por los demás, que trataba de evitar que ese tipo de cosas le pasaran a alguien… Definitivamente no merecía estar así.
-¿Necesitas ayuda, cabeza de balón?-dijo acercándose.
-Oh, hola, Helga-respondió volteándola a ver- Pues de hecho no me vendría mal algo de ayuda con mis libros.
-Mientras no se te haga costumbre, cabezón.
El abuelo le entregó a Helga la mochila de Arnold.
-Gracias, abuelo.
-Por nada, Arnold… Vendré por ti a las 2 en punto. Cuídate mucho y aléjate de los bravucones.-dijo mientras entraba al auto.
-Lo tendré en cuenta, abuelo.
-¿Y cuanto tiempo usaras eso, Arnoldo?-preguntó Helga mientras empezaban a caminar lentamente.
-En un mes me revisaran para ver cómo voy.
-¿Qué se siente tener una placa dentro de tu cuerpo?
-La verdad es que no la siento, me advirtieron que con clima frio puede llegar a doler…
-Vaya golpe ¿No? ¿Qué le hicieron al fulano que lo causó?
-No estoy seguro, creí que lo suspenderían… Pero Gerald me contó cómo me defendiste ese día.
-Hey hey hey no te defendi.
-¿Ah, no?-preguntó con su característica sonrisa de lado- Porque tratándose de Helga Pataki eso es un gesto muy amable…
-¡Pues no te acostumbres, Arnoldo! Eso solo fue porque… Porque…
-¿Te dejaste llevar por el momento?
Esas palabras helaron a Helga, y por primera vez agradeció que Gerald apareciera.
-¡Viejo! ¿Ya mejor?
-Realmente sí. Aunque es un poco extraño caminar en muletas…
-Ya sabes que cualquier cosa que necesites…
-Bueno bueno, creo que puedes servir de algo y cargar los libros de este infortunado cabeza de balón- Interrumpió la rubia dándole la mochila de Arnold a Gerald.
Estaba dispuesta a irse cuando Arnold la detuvo.
-Helga… Estaba pensando que nos podríamos reunir el sábado por la tarde en mi casa para empezar con los ejercicios de matemáticas.
-Supongo que sí, Arnoldo.- Y siguió su camino hasta el aula.
Se sentó en su banco, le apetecía tanto escribir… Escribir de cómo odiaba ver así a su amado, de cómo detestaba no poder cuidarlo a todas horas, él que siempre veía por todos, no lo merecía. Era injusto. Lo justo sería que ahora todos se preocuparan por él, que todos le ayudaran…
Excepto esa fulana con la que acababa de entrar… Amanda.
-¿Y al menos le hicieron algo al que te causó esto?-la escuchó preguntar.
-No lo sé. Tenía entendido que iban a suspenderlo.
-Algo es algo.
Vio como caminaban hasta sus asientos.
-¿Te duele mucho?- preguntó Amanda viendo a Arnold con preocupación
-Ya no tanto. Solo es un poco incomodo.
Y así de fácil se esfumaron las ganas de escribir… ¿Cuánto tiempo tardarían ese par para ser novios? Quizas sería mejor evitarlo, hacer todo por arruinarles la relación que tenían. No, se darían cuenta…
-¡Helga…!
-¡Cielos Phoebs! Me asustas
-¿De qué hablas? Llevo hablándote un rato. ¿Qué piensas?
-Solo en la mejor forma de fastidiar a…
-No. Ya lo trataste de hacer cuando la conociste. Y solo quedaste mal e hiciste que Arnold te hablara por enésima vez de la forma en que menos te gusta… Mejor deberías concentrarte en algo distinto. Eso de arruinarle las parejitas no te ayuda en nada.-dicho esto Phoebe se sentó en frente de Helga y se dedicó a sacar sus libros como quien da por terminado un tema.
Helga se quedo haciéndole muecas como niña pequeña.
Las clases fueron lentas. Tan lentas como pueden serlo un viernes… el primer viernes del semestre. Con lo tedioso que es no saber cuándo termina una asignatura y empieza otra. Comenzaba el viento, anunciando que el fresco otoño estaba cerca, y aunque no hacia tanto frio, Helga se sintió mejor al ponerse su bata blanca antes de salir a su primera clase en el laboratorio de química.
-¡Nos vemos allá, Helga!-le anuncio su amiga mientras salía del aula con Gerald que rodeaba su cintura con el brazo.
Helga tomó su libro, y busco entre sus cosas su bolígrafo favorito, el de color morado.
Dudó un momento. Volteó a ver a Arnold, quizás necesitaría ayuda.
-Dame tus libros- dijo Amanda. ¿Era su imaginación o dos segundos antes había volteado a ver a Helga?
Ya tenía mucha ayuda, y bien le había dicho en la mañana a Arnold que no fuera a acostumbrarse. La rubia salió del salón.
-¡Buuu!
Helga soltó un gritillo.
-¡Idiota!-dijo mientras golpeaba a Tom con su libro quien solo se carcajeaba por haber logrado asustar a la rubia.
-¡Debiste ver tu cara…!
-¿Qué te pasa, estúpido?-preguntó al dejar de pegarle
-¿Qué has pensado sobre la fiesta?- Tom se cruzo de brazos.
-Sigue sin gustarme la idea. No me agradan mucho las fiestas, ya te lo dije.
-Perfecto.
-¿Eh?
-He pensado en otra cosa…
-¿Y cuál es?-preguntó intrigada, aunque nada era peor que ir a una fiestesucha donde no conocía a nadie.
-Una cita.
-¿¡Qué!?
-Aja. Mañana…
-¿Quieres que tenga una cita contigo?-preguntó horrorizada.
Tom volvió a reir.
-Conmigo no.-dijo al calmarse- Con Jason.
