¡Hola! Culpen a la universidad por la demora! Bueno ni para qué culpar. Lamento el tiempo que me tomó este capitulo, y el hecho de que es corto!
Lo bueno es que aquí está :) Gracias a todos por sus comentarios! Ojalá les guste. Espero que sigan ahí...Trataré de no tardar tanto con el siguiente!
A leer :)


Helga se levantó y dio media vuelta. Ahí estaban Arnold y Gerald

-¿Qué cosa?

-¿Que preferirías estar en cualquier lugar antes de mi fiesta?

-¿Quién te crees para escuchar conversaciones ajenas, Arnoldo?-preguntó molesta.

-Es imposible no escuchar tu voz a un kilometro de distancia, Pataki-opinó Gerald mientras tomaba a Phoebe de la mano para alejarse de aquella escena.

-¡Nadie te preguntó a ti!-le gritó Helga- ¿Además qué te importa si no voy a tu ridícula fiesta, cabeza de balón?

-Amanda hizo un lindo gesto en invitarte, a pesar de que no la has tratado muy bien.

-¿Esa es tu razón? ¿Qué yo vaya a disfrutar de las maravillosas y ridículas cosas que ha planeado tu noviecita?

-No solo eso, Helga… Últimamente has actuado diferente…

-¿Eh?

-Ya ni siquiera te preocupas en molestarme… Digo, no es que extrañe tus insultos o algo por el estilo pero eso es raro en ti.

-¿Y? ¿Algún problema?

-No, pero…Bueno, desde que tienes emmm… Novio has actuado diferente…

-¿Cuál es tu punto, viejo?

-Creo que ese sujeto…

-Se llama Jason.

-Ajá… Él. Creo que te está cambiando. Y sería bueno que pasaras un rato solo con nosotros, tus amigos. Es decir, realmente me gustaría verte el sábado en la fiesta… Sin él… Sin Jason.

Aquello congeló a Helga. El sobre elegante que le había dado Amanda como invitación se quedaba muy corto comparado a aquellas palabras de Arnold.

-Yo… No lo sé…

El chico le sonrió.

-Ese día me quitan la férula… Y además así puedes conocer mejor a Amanda, ver lo linda que es y tratar de llevarte mejor con ella.

¡BUM!

Helga volteó los ojos y lanzó un suspiro lleno de enfado.

-Te quedarás con las ganas, Arnoldo. Ese mismo día ya tengo planes con Jason. Mi novio.-mintió y resignada trató de dar media vuelta pero el rubio la detuvo.

-No me agrada ese tipo. Creo que es…

-¡Escucha, no puedes venir y decirme que trate de conocer mejor a Amanda cuando tu también estás prejuzgando a Jason!

-Pero…

-Déjame en paz, tonto.-dijo alejándose.


-¡Está sonando el teléfono!-gritó Helga al llegar a su casa- ¿Es que nadie puede contestar?

-¿Querida, puedes contestar?-respondió Miriam desde el segundo piso de la casa.

-¡Criminy! Todo yo.-murmuró mientras se acercaba al teléfono-¿Hola?

-¿Helga? Soy Tom. Pensaba que podríamos vernos este viernes para preparar la receta que haremos la siguiente semana en clase.

-¿Cuál receta?

-¿La del examen?

-Ah sí. Dime la hora y el lugar.


Miró una vez más el papel que llevaba en la mano con la dirección. Sí, ese era el lugar. Estaba frente a una cafetería, era pequeña y se veía acogedora. Entró pero no vio a Tom por ningún lado. Se sentó en una mesa cercana a la caja. Los pasteles en el mostrador lucían demasiado deliciosos, quizás ordenaría una rebanada mientras esperaba. Aquel tonto ya iba tarde.

-Hola-dijo una voz sacándola de sus pensamientos. A su lado estaba una niña de aproximadamente nueve años. De tez blanca y un largo cabello castaño.

-¿Qué?

-¿Tu eres Helga?

-Ajá. ¿Por?

-¿Buscas a Tommy?

-Busco a un Tom. ¿Sabes dónde está?

-¡Claro! Te está esperando. Sígueme-la pequeña niña le tomó la mano y la guió hacia la parte detrás del mostrador, después siguieron por un pasillo hasta llegar a un cuarto grande. A una cocina.

Ahí estaba Tom con las manos cubiertas de harina detrás de una gran mesa de acero inoxidable.

-¡La encontré!-exclamó la niña.

-Bien, ahora puedes tomar una bolsita de galletas. Pero no te las comas de prisa.

La pequeña exclamó emocionada y salió de ahí.

-¿Qué es esto?-preguntó Helga.

-Una cocina.

La chica volteó los ojos.

-¿Trabajas aquí?

-Algo así… Este lugar es de mi abuela, de ella aprendí todo lo que sé de repostería y le ayudo desde que está demasiado débil para cocinar.

Helga no supo que decir. No esperaba aquello.

-Así que… Por eso sabes tanto.

-Sí. También es la razón por la que escogí ese taller, ya que es más fácil para mí. Pero ven, acércate. Cocinaremos aquí. ¿Has pensado en una receta?

-No. ¿Y tú, chico?-dijo mientras se colocaba al lado de él

Tom sonrió.

-Tengo un par de ideas…

-Bueno, pues escupe.

-Podemos hacer tartaletas de pera y jamaica. Son deliciosas, mi abuela solía venderlas aquí.

-¿Cuál es la otra opción?

-Pues…soy buenísimo haciendo crème brûlée.

-Oye, no seré experta como tú, pero sé que eso no es tan sencillo de hacer.

Tom sonrió.

-Eso es lo que se dice. Pero es una de las recetas más fáciles. Podríamos intentarlo. Incluso creo que es más sencillo preparar crème brûlée que las tartaletas.

-NO. Prefiero tu idea de peras y manzanas.

-Peras y Jamaica. Y ni siquiera lo intentas, Helga.

-Ya he tratado de hacer crème brûlée ¿De acuerdo? ¡Y no pienso repetirlo!-dijo con tono amenazante.

Se miraron un momento.

-De acuerdo, Helga, no insisto. Hagamos tartaletas.

Después de acomodar los ingredientes en la gran mesa, se dispusieron a empezar.

-Yo te dicto la receta y tú lo haces ¿Sí?

-¡¿Yo haré todo?!

-No todo, te ayudare en lo sencillo. Es necesario que practiques. En clase lo haremos los dos.

-¡Bien! ¡Pero si quemo este lugar será tu culpa!

-No quemarás nada, Helga. No eres tonta.

-Eso lo sé.

Fue más sencillo de lo que esperaba. Tom sabía mucho y hacia que cocinar fuera interesante, eso ya lo había notado en clase. Prepararon el almíbar que necesitaban a base de vino tinto, azúcar y Jamaica para después cocinar ahí las peras.

-Ahora debemos extender la pasta para tarta.-Helga tomó el rodillo que Tom le entregó- Antes pon un poco de harina en tus manos y en la mesa.

-¿Con eso es suficiente?

-Sí, ahora extiende la pasta.

Tom sonrió al verla tratar.

-¿Te estás burlando de mi? ¿O qué es tan gracioso?

-No tienes porque "tomar" el rodillo, debes dejar planas las palmas de tus manos.

-¿Así?- Helga volvió a intentar pero solo logró que el rodillo se escapara de sus manos.

-Déjame ayudarte.

El chico se acerco a ella por detrás y colocó sus manos encima de las de ella entrelazando sus dedos.

-Así… ¿Quieres intentarlo?

Helga asintió con la cabeza.

Un momento después la pasta estaba extendida con el grosor exacto.

-Bah, no era tan difícil-señaló la rubia.

Forraron los moldes para las tartaletas y arriba colocaron frangipone (una mezcla para pan) el cual siempre había en la cafetería de Tom. Colocaron las peras. Hornearon. Esperaron.

-¿No fue difícil encontrar la dirección?

-No tanto, pero creí que me citabas en una cafetería para platicarlo o algo así-Tom sonrió- ¿Alguien más sabe lo que haces por las tardes?

-Nadie. Solo tú.

-¿Te avergüenza?

-No. Pero nunca he tenido necesidad de contárselo a nadie.

-Buena respuesta.

-Por eso la gente crea rumores.

-¿Qué rumores?

-Como si fuera un vago o algo así.

-Yo no he escuchado ningún rumor.

-Eso es bueno…Dime, ¿Cuándo intentaste hacer crème brûlée?

-El pasado día de gracias, mi hermana Olga siempre me obliga a ayudarle y ese día "me tocó el postre". Fue un desastre.

-Sí, me imagino…-dijo el chico riéndose.

-No es gracioso.

Tom se dirigió al horno y checo las tartaletas. Volvió a cerrarlo. Aun les faltaba.

-¿Y cómo vas con Jason?

-Bien- contestó la rubia con tono aburrido.

-Se nota en la forma convincente en que lo dices…

-No tengo ganas de hablar de eso.

-¿Por qué?

-¡Porque no!

-De acuerdo no insistiré…

El silencio solo reinó unos segundos…

-¿Te ha pasado que imaginas algo en tu vida con todo el corazón pero conforme el tiempo avanza y no lo consigues tus esperanzas se van agotando?-preguntó Helga sin pensar, pero aquel chico le daba confianza. No sabía por qué.

Tom la miró frunciendo el ceño.

-No-dijo al fin- pero supongo que de eso se trata. Siempre vas a encontrar obstáculos, hechos que te traten de convencer de que no lo conseguirás. El caso es seguir luchando. Y al final, el destino y tu lucha se combinan para darte lo mejor.

- Es decir, ¿Lo que deseo?

-No necesariamente, simplemente lo mejor.

-Mmm.

Helga se quedó pensativa. Tom se acercó a ella.

-¡Anímate, Pataki!- dijo al momento que le embarraba harina en la mejilla.

-¡¿Qué te pasa!?-exclamó la rubia mientras lo atacaba de la misma manera.

-Ok con eso basta…Creo que las tartaletas ya están…

Las sacaron del horno y barnizaron con el almíbar. Las base estaba crujiente y el frangipone era suave y dulce. Y el almíbar era el toque perfecto.

-Eto abe hema-ado beno, chico- dijo Helga aun con la boca llena.

-oh- sé, hema-ado -contestó él aun con comida en la boca.

Ambos rieron.


El sábado Helga decidió quedarse en su casa a ver televisión. Hasta que su celular vibró a las ocho de la noche. Era un mensaje de Jason.

"Estoy afuera de tu casa. Vamos a tomar algo"

-¿Qué haces aquí?-le preguntó al abrir la puerta la cual no cerró.

-Ya te lo dije.

-No tengo ganas de "Ir a tomar algo".

-Anda. Cámbiate y vamos a algún lugar.

Helga que llevaba ropa deportiva no tenía ánimos para cambiarse de ropa y menos si el motivo era salir a tomar.

-No.

-¿No?

-Te estoy diciendo que no tengo ganas. ¿No puedes descansar ni un sábado?

Jason volteó los ojos y suspiró.

-De acuerdo. Mínimo vamos por un helado o un café. Ya estoy aquí.

Lo pensó un momento.

-De acuerdo…

Se había decidido por el helado. Estaban en una heladería cercana que había inaugurado hace poco. Se encontraban en una mesa afuera del lugar. No habían charlado mucho. Helga parecía ausente y Jason creía saber la razón.

-¿Hoy es el cumpleaños de tu compañero cabezón no?

-Sí, es hoy.

-¿Por eso estás así?

-¿Cómo?

-Distraída.

-Estoy así porque me sacaron de mi casa cuando todo lo que tenía era pereza.-bostezó.

-No te creo. Sigo creyendo que hay algo entre ustedes dos.

-Cree lo que quieras-sentenció Helga fijando la vista en su mantecado.

-Iba a tener una fiesta ¿No?

-Ajá.

-Ni siquiera ha de poder bailar con el pie así-dijo riendo.

-Hoy le quitaban la férula.

-Hugo hizo un buen trabajo ¿No?

Helga lo miró.

-¿Qué?

-¿De qué?

-¡¿Te refieres al imbécil que lesionó a Arnold?!

-Hugo es un amigo mío. Ese mismo día me demostraste lo mal que te caía ese tonto cabeza de huevo.

Helga no daba crédito a lo que escuchaba.

-¿Y le pediste que lo lesionara?

Jason sonrió.

-¿Por qué te molestas?

-¡Eres un idiota! ¡Me largo!-exclamó al momento que le arrojaba en la cabeza el resto del mantecado.

-¡¿Qué te pasa?!-escuchó que le gritaba mientras ella se alejaba.

Caminó de prisa camino a su casa. No podía creerlo. Arnold se había fracturado por culpa de Jason. Empezó a recordar, el día de las pruebas de baseball Helga había charlado con él en la cafetería y Arnold se acercó para preguntarle alguna tontería. De cualquiera manera lo que había hecho Jason era estúpido. ¡Y ella había salido con él!

Entró a su casa y buscó en su closet. Ahí estaba. Envuelto en un papel azul. Nuevamente salió de la dirección de los Pataki. Empezaba a sentir frío, pero poco le importó. Aun sentía enojo, quizás eso la ayudó a caminar rápidamente hasta la casa de Arnold. No pensó en lo que haría al estar ahí pero eso era lo de menos.

Al llegar le extrañó verlo sentado solo en el pórtico. Pero el destino había decidido que así era mejor.

-¿Arnold?-preguntó para llamar su atención.

-¡Helga!-dijo de manera sorpresiva al verla. Se levantó para quedar frente a frente.

-Feliz cumpleaños…-le dijo al entregarle el regalo.

Él la abrazó.