Hola! Esta vez no me demoré tanto jaja De hecho pensaba publicar el sábado, pero quise alargar el capitulo!
Muchas gracias a Kimagure Bijin y a Mara Paz Prada por sus criticas, siempre es bueno saber que alguien está del otro lado leyendo, eso motiva a continuar.
Espero me dejen saber sus reacciones a este capitulo. :) Gracias por leer.
-¡¿QUÉÉÉ?! – la voz de Helga se escuchó en toda la cafetería.
-¿Sí sabes que las clases extracurriculares son importantes para ingresar a una buena universidad, Helga?- continuó Gerald haciendo caso omiso- ¿Sí sabes que el expediente de Arnold se vería mejor si reflejaba haber estado en el equipo de baseball desde primer grado?
-¿Quién te ha dicho esa mentira?- preguntó Helga sin dar crédito a lo que había escuchado.
-¿Te preocupa que alguien confesó tu secreto?
-¡No, idiota! Me preocupa que alguien esté mintiendo sobre mí.
-Ay, por favor, Helga. Todos sabemos cuánto odias a Arnold. Obviamente cuando encontraras "el amor" tenía que ser alguien como tú.- Gerald estaba muy molesto, no había cambiado su duro tono de voz desde el momento en que se había acercado a ellas.- Alguien dispuesto a caer tan bajo.
Helga se quedó sin saber qué decir. Seguramente Jason había iniciado aquello. ¿Pero por qué? ¿Qué quería?
-Gerald, tranquilízate.- dijo Phoebe tomando la mano de su novio- Las cosas no son así. Todo fue plan de Jason. Helga no tuvo qué ver.
Gerald volteó a ver a su novia con extrañeza.
-¿Qué? ¿Me estás diciendo que tu lo sabías?- Phoebe asintió y el chico le soltó la mano- ¿Y la defiendes?
-No la defiendo. Lo que pasa es que ella no tiene nada qué ver. Déjame explicarte...
-No lo puedo creer.- Gerald lanzó una mirada desdén a Phoebe- Yo vine a advertirte que no te juntaras con personas así... pero ya lo sabías y no te importó. Y ni siquiera me lo contaste.
-¿Y cuando te lo iba a contar? ¿Durante tus practicas de americano? ¿O debo faltar yo a esgrima para estar contigo? –Phoebe empezaba a impacientarse- ¿O cuando te juntas con los de último grado? Últimamente ni nos vemos...
Se miraron durante un momento.
-Después hablamos- sentenció Gerald antes de irse.
Las dos salieron de la cafetería sin decir nada. Era claro que tenía que buscar a Arnold y explicarle las cosas. Pero debía pensar qué diría.
Le dijo a Phoebe que no entraría a las siguientes clases. Se refugió en un rincón del patio de la escuela, aun no podía verlo. Obviamente Gerald le habría contado todo a su mejor amigo, y estarían odiándola entre los dos.
No. Arnold no era capaz de llegar al punto de odiarla... decepción quizás. Sentía culpa porque ella era el vinculo entre Jason y Arnold, si ella no hubiera comenzado a salir con él, Jason no se hubiera metido con Arnold. No, no era su culpa. Phoebe se lo había dicho y su amiga siempre tenia razón. No era su culpa.
Cuando terminaron las clases Helga salió de su escondite buscando a Arnold. Se dirigió a la entrada principal, ahí no podría perderlo de vista. Esperó. Finalmente lo vio salir, por suerte iba solo.
-¡Arnold!- exclamó acercándose, temiendo que el chico la ignorara.
Pero no lo hizo.
-¿Qué sucede, Helga?- preguntó sin expresión. Era lógico que ya lo sabía.
-No sé qué es exactamente lo que Gerald te ha dicho. Porque ni siquiera sé la mentira completa. Solo quiero que sepas que yo no hice nada, no tuve qué ver.-dijo todo esto de forma agitada, ansiando porque Arnold le sonriera y le dijera que él la conocía y lo sabía.
Pero tampoco hizo eso.
El chico solo la miró inexpresivamente todavía. Después suspiró.
-Tengo que irme, Helga.
Se dio la media vuelta. Pero ella lo sostuvo del brazo.
-¡Arnold! Tú...me conoces, me crees ¿Verdad?
Parecía que él la estaba examinando, viéndola a los ojos intentando descifrar alguna señal de culpa o de inocencia.
-No es posible que te atrevas a verlo a la cara- dijo una voz acercándose.
Era Amanda quien tomo el brazo de su novio.
Helga rodó los ojos. Quiso insultarla, pero eso no iba a ayudarle en aquella situación.
-Déjanos en paz, Helga. Ya has hecho mucho, tú y tu novio.- continuó la chica.
-Yo no hice nada- respondió tan tranquila como pudo, al menos su conciencia estaba de su lado.- Arnold, ¿me crees?
-¿Quién te va a creer si lo único que has hecho toda tu vida es molestarlo? Vámonos ya, Arnold.
La pareja se fue de ahí.
Helga lanzó un suspiro que confesaba tristeza y desesperación a la vez.
Volteó nuevamente a la entrada. ¿Dónde se había metido su amiga?
Esperó en el edificio B, se sentó en el piso del pasillo y comió sin ganas un emparedado que había comprado en Canela. Hubiera preferido irse a su casa, pero tenía su clase de repostería, donde prepararían las tartaletas que Tom le había enseñado la semana anterior en su cafetería... Qué lejano parecía aquello.
Y entonces pensó: si ella era el vínculo entre Arnold y Jason... Tom era el vínculo entre ella y Jason. Incluso fue Tom el que los arregló en una cita. Quizás él tenía que ver en todo aquello.
Soltó un gruñido de enojo. Tom no le desagradaba, parecía un buen tipo... Pero sin duda tenía relación en todo lo que estaba sucediendo.
-¿Por qué la molestia?- dijo precisamente el chico acercándose a ella.
Helga lo miró con enojo durante un momento.
-Porque gente como tú me enferma.
Tom abrió mucho los ojos a manera de sorpresa.
-Wow, creí que habíamos progresado... Que ya no serías dura conmigo.
-Sí, eso creí, chico. Pero ya uní los hilos. No sé a qué están jugando tú y tu amigo Jason pero quiero que me dejen fuera, no quiero tener nada que ver con ustedes, par de idiotas.
Se levantó del suelo y empezó a recoger sus cosas.
-¿Te vas? Pero tenemos examen.
-Pues que me reprueben - empezó a alejarse. Tom corrió hasta quedar frente a ella de nuevo.
-Tú no te vas. Has mejorado mucho como para irte. Y además acusándome de cosas que no entiendo.
Helga quiso evadirlo para seguir su camino pero Tom le sujetó la mano.
-Déjame en paz. Estoy muy molesta para hornear tartaletas.
-Helga...siempre estás molesta.- confesó Tom con una sonrisa.
Ella casi rió con ese comentario, pero consiguió morderse el labio para ocultarlo.
-Pues ahora lo estoy más. Apártate.
Pero Tom no le soltó la mano.
-¿Qué hizo Jason?
Helga lo miró a los ojos, igual a como Arnold la había visto antes. Tratando de descifrar culpa o inocencia.
Parecía inocente.
Y habló. Le contó todo. Desde hace más de un mes en la cafetería de la escuela, donde Jason había conocido a Arnold. Le contó sobre las prácticas de baseball y la fractura de Arnold. Le contó que el sábado pasado había terminado con Jason porque se enteró de todo. Le contó que esa misma mañana Jason le había advertido que no la dejaría en paz. Le contó cómo Gerald la había acusado sin darle oportunidad de explicarse. Y finalmente con un nudo en la garganta le contó como Arnold no le creía...
Guardaron silencio un momento. Viéndose a los ojos. Después Helga desvió la mirada a su mano, Tom la seguía sujetando. Se soltó.
-Lo que no comprendo es ¿por qué crees que yo tuve algo que ver?- dijo él al fin poniendo atención a aquel gesto.
-Tú arreglaste esa cita con él hace mucho.
-¡Porque él me lo pidió!- Helga resopló- Bien, ya me contaste tu versión. Ahora sigo yo: Espero que recuerdes que el día que conociste a Jason fue después de nuestra primera clase de taller. Sheena te iba a entregar las copias del recetario, después yo te las pedí. Ese día no ocultaste tu carácter, Helga. Eres dura en las primeras impresiones, pero cualquiera que se dé la tarea de conocerte un poco sabe lo genial que puedes llegar a ser.
-Deja las adulaciones y ve al grano.- dijo Helga sin poder evitar un leve sonrojo en sus mejillas.
- Me topé con Jason y sí alguna vez fuimos amigos, pero hace mucho que yo... estoy solo.
-¿Solo?
-Fuimos amigos en primer grado, ahora no me llevo muy bien con nadie de mi clase. Prefiero alejarme.
-OK... continua- dijo Helga al notar que aquello había causado incomodidad en Tom.
- Me lo encontré ese día y me preguntó sobre mi clase extracurricular. Le platiqué un poco, lo vi como conversación de viejos amigos. Me preguntó a quien conocía de esa clase. Y salió tu nombre, la siguiente pregunta que me hizo fue "¿Es linda?" Le dije que sí.- Tom bajó la mirada. Helga se quedó sin saber que decir.- Y le expliqué que en ese momento tenía que buscarte para pedirte aquel manojo de copias. Dijo que él lo haría, pensé que estaba siendo amable.
-Sí, recuerdo ese día. Se me acercó como un idiota.
-Después simplemente me preguntó más por ti, hasta confesarme que le habías atraído... Me dijo que si podía conseguirle una cita. Lo demás ya lo sabes.
-No debiste hacerlo -dijo Helga con frustración. Lamentaba haber conocido al estúpido Jason.
-Ahora me doy cuenta. Pero créeme que no tuve nada qué ver respecto a tu amigo Arnold o a cualquiera de sus otras citas.
Helga lo vio... y le creyó.
-Quiero matar a Jason.-dijo con furia.
-No creo que sirva de nada. ¿Lo has confrontado?
-Aun no.
-No lo hagas. Todo esto son palabras, no hay pruebas. Pero si tú haces algo la gente seguirá creyéndole a él. Será otra víctima de Helga Pataki.
-Supongo que tienes razón. No merece ni mis puños.-suspiró rendida-Esto no sirve de nada. El cabeza de balón aun no me cree.
-Sí sirve. Sirve porque ahora puedes quedarte, podemos cocinar como nunca y olvidar todo un rato. Concéntrate en lo que puedes hacer.
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En la clase cada pareja estaba concentrada en su postre, había menos murmullos que de costumbre, pero más nervios. Era examen y la chef Victoria no podía apoyarlos si se equivocaban. Helga confió, en ella y en el chico que tenía al lado. Era fácil confiar en Tom. No sabía cómo había dudado de él. Lo volteó a ver mientras el chico prendía un fogón de la estufa. Le recordaba un poco a Arnold, emitía bondad por los ojos.
Al final cuando la chef se acercó a su estación de trabajo probó su tartaleta y sonrió.
-Clase, esto es lo que yo buscaba. No entiendo porque algunos de ustedes intentaron hacer postres complicados, macarons cuando ni siquiera la temperatura es adecuada... Excelente elección Helga y Tom, es sencillo, tiene elementos vistos en clase y es delicioso.
Siguió calificando otras parejas.
-En general, quiero felicitar a todos. Han hecho un buen trabajo- dijo la chef cuando terminó de probar los exámenes- Les advertí que el mejor postre tendría una sorpresa. Sin dudas, la calificación más alta de hoy ha sido de Helga y Tom. Felicidades, han ganado una cena en Che Pierre para dos personas.
Se envolvieron en aplausos y antes de salir del salón la chef les entregó el cupón que hacía valer su premio.
-Son válidos solo este mes. El chef es amigo mío, los atenderán muy bien- les dijo sonriendo.
Salieron juntos del edificio y Helga empezó a comer la tartaleta que había sobrado para ella. Siguieron caminando sin hablar por las calles, Helga se dirigía a su casa y nunca le preguntó a Tom a donde iba ni él se ofreció a acompañarla. Solo caminaron. La rubia seguía con una mueca en el rostro.
-¿Realmente te importa ese amigo Arnold verdad?- preguntó Tom después de unos minutos.
-Un poco quizás-mintió.
-Se me ocurre como podrían arreglar las cosas...
Helga volteó a verlo con brusquedad.
-¿Ah sí? ¿Cómo?- preguntó extrañada.
-¿Qué tal una cena en Chez Pierre?
-No entiendo. ¿Te refieres a esto? - Helga se detuvo y mostró el cupón.- ¿Quieres regalarle nuestro premio para que vaya él con su noviecita?
-No. Solo mi parte del premio. Invítalo a él, este sábado, tendrás oportunidad de explicarle todo. Todo- hizo énfasis en la última palabra y Helga no supo cómo interpretarla.
La idea no era tan mala pero...
-Arnold jamás aceptará. Está molesto, ni siquiera creo que quiera que me le acerque ¿Cómo lo voy a invitar a cenar? Sin contar que Amanda está a su lado todo el tiempo y suele responder por él.
Tom se quedó pensativo. Siguieron caminando.
-Invítalo de otra manera. Por correo, de manera antigua, envíale la invitación. No podrá negarse y la novia no verá lo que envíes.
Se detuvieron frente a la casa de Helga.
-¿De verdad renunciarías a tu parte del premio? –preguntó ella viéndolo a los ojos- ¡Tú lo ganaste! De hecho, yo no habría podido hacerlo sin ti
Tom sonrió.
-Fue más tu esfuerzo. Yo he hecho ese postre desde que tenía 10 años. Solo repetí lo que hago diario en la cafetería. Tú nunca lo habías hecho, lo mereces más.
Helga sonrió.
-¿Por qué te interesa que arregle las cosas con Arnold?- preguntó con curiosidad.
-Pues porque a ti te interesa. Creo que eres genial pero hoy has estado apagada. Quizás la razón es él. Y si reconciliarte con él hace que vuelvas a ser la molesta Helga de siempre estoy dispuesto a cooperar.- alzó los hombros como si fuera algo lógico, como si estuviera hablando de hacer feliz a una amiga.
Helga sonrió.
-De acuerdo. Lo haré.
-Buena decisión. Nos vemos, Pataki.
Dio media vuelta y se fue.
En realidad Helga no estaba segura de querer hacer aquello, pero la intención de Tom le había gustado. Al final no sabía si lo había hecho por Arnold o por Tom.
Tenía que ser por Arnold, definitivamente, se dijo mientras entraba a su casa.
El miércoles llegó de un mejor humor y si bien quería hablar con Arnold aunque fuera para molestarlo, se contuvo.
-Hola, Phoebs- saludó al llegar con su amiga, aun era temprano, casi nadie estaba en el aula sino en el pasillo.
-Hola, Helga.-respondió su amiga sin ánimo.
-¿Dónde te metiste ayer? No te vi después de clases. –dijo parándose en frente de su amiga.
-¿Me buscaste?
-Me fui a mi clase de repostería y pensé llamarte por la tarde pero no tenía ánimos de hablar. De todos modos debo contarte lo qué pasó ayer con Tom, al chico se le ocurrió una idea. Bueno, al principio lo acusé de ser amigo de Jason pero me explicó las cosas y el no tuvo nada qué ver.- parecía que Phoebe apenas la escuchaba pero siguió- Además nuestro postre fue el mejor de la clase... nadie vence a Helga G. Pataki, al parecer. Aunque mucho merito fue de Tom. En fin, nuestro premio es una cena en Che Pierre, pero ¡qué rayos! el chico es amable y pensó que... Phoebe ¿qué pasa?
-Nada, Helga-respondió esta con un ligero tono de molestia- Sigue hablando de ti, de Arnold, de Tom, de tu postre... Porque así es, siempre se trata de ti. Siempre ha sido así.
-¡Phoebe!
-¿O me equivoco? ¿Acaso viste lo que pasó entre Gerald y yo ayer mientras te defendía? No. Ni siquiera me esperaste al finalizar las clases, solo esperaste a Arnold. Y después no te molestaste en llamarme... Y hoy llegas y empiezas a hablar de ti, de tus problemas o de lo que sea, no importa mientras gire en torno a ti.
-Phoebe yo no creí que...
La campana sonó y sus compañeros entraron al aula. Helga sin saber qué decir tomó su asiento detrás de su amiga.
El resto de la mañana fue aburrida, sin poder hablar con Phoebe entre clases se limitaba a leer sus libros. Pero su cabeza estaba en otro lado.
En la hora del descanso Phoebe salió del salón sin esperarla. Helga supuso que estaría con Gerald pero después la encontró en la cafetería sentada junto a Lila y Eugene.
Helga se dirigió a la mesa de Rhonda y Nadine.
-Ni se te ocurra, Pataki.- sentenció la primera- Ya todos sabemos lo que hiciste para arruinar la prueba de Arnold.
-Yo no hice nada, princesa. Infórmate bien.
-Claro, cómo se me ocurre dudar de ti, tan linda que eres siempre.
Helga se apartó de ahí refunfuñando, había otro lugar con Sid, Stinky y Harold. Al verla, rápidamente Stinky subió los pies a la silla que quedaba libre.
Ni siquiera quiso discutir.
Consideró buscar a Tom para comer con él. Pero al final prefirió ocupar una mesa sola.
¿Cómo era posible que Phoebe la abandonara en ese momento? ¿No se daba cuenta del chisme en el que estaba involucrada? Y ella era su amiga y sabía la verdad. Y sabía que Helga la necesitaba. Por otro lado, era cierto Phoebe también tenía sus problemas, pensó mientras veía a Gerald en una mesa con su equipo y las animadoras.
Helga no era especialista en disculparse, era algo que le costaba. En especial con Phoebe porque no tenía muchos antecedentes de haberlo hecho. Pero al finalizar la última clase intentó hablarle.
-Ahora no tengo tiempo, Helga. Tengo que buscar a Gerald. Y preferiría que me dejaras sola unos días.
Su amiga no supo que decir. Se quedó ahí parada mientras Phoebe se alejaba.
Por la tarde se dedicó a escribir la invitación a Arnold. Se sentía tonta. ¿Qué se supone que debería escribir?
"Querido Arnold..." ¿Querido? No, no.
"Estimado cabeza de balón" Era más su estilo pero no.
"Arnold: El sábado nos vemos en Chez Pierre y más vale que vayas, cabeza de balón si no quieres que te golpee"
Tiró su enésimo intento a la basura. Se rindió. No sabía cómo invitar a Arnold sin que pareciera una cita y sin ser agresiva... ¿Por qué le había dicho a Tom que sí?
Al siguiente día en su clase de repostería le confesó a su compañero su indecisión.
-Creo que seremos tú y yo en Chez Pierre...
-¿Rechazó tu invitación?- preguntó Tom con sorpresa mientras mezclaba yemas con azúcar.
-Ni siquiera le he entregado la invitación.
-¿Por qué? Creí que la cena sería este sábado.
-¡Porque ni siquiera tengo invitación! No sé qué escribir. – dijo desesperada.
Tom sonrió ante la angustia de ella.
-No puede ser tan difícil. Es una invitación a cenar solo hazle saber que es para aclarar las cosas.
-Es qué no sé cómo. O soy muy agresiva o... no.
-No importa lo qué escribas, Helga. – dijo Tom mirándola a los ojos- Mira, he escuchado que Arnold es una buena persona. Si realmente es la mitad de bueno de lo que dicen que es, no tendrá problema en aceptar escucharte.
Tenía razón. En ese momento Helga sacó una hoja en blanco y empezó a escribir.
"Arnold: Lo que se dice no es verdad. Déjame aclararte todo lo qué ha sucedido.
Nos vemos este sábado a las 8pm en Che Pierre. Yo invito.
Helga Pataki."
Tom vio detrás de su compañera mientras escribía.
-Algo es algo- dijo riéndose.
-¿Y ahora? ¿Tengo que enviársela con sobre y estampilla? ¿Por correo tradicional?
-Claro que no- respondió entre risas- No sabemos cuánto tardaría. No estaría mal que la pusieras en un sobre, después solo déjala en la puerta de su casa.
-Bien, es cierto. –dijo asimilando el plan- No, no está bien. Necesito que me ayudes.
-¿Más?-dijo Tom con ironía.
-Yo no puedo ir a su casa. Su familia me reconoce o podría topármelo a él. Tú debes ir y dejar el sobre.
-¿DEBO?- preguntó con mucho énfasis.
-Creí que éramos amigos, chico.
Tom sonrió.
-Bien. Lo haré.
Un par de horas más tarde estaban en la esquina de la calle de Arnold.
-Esa es. La de color rojo.
-¿Vive en la casa de huéspedes?- preguntó Tom con curiosidad.
-Sí. Con sus abuelos. Si quieres nos sentamos a platicar.- respondió Helga con enojo, quería irse de ahí ya- O mejor ve y deja el sobre.
-De acuerdo, de acuerdo. Voy.
-Gracias por tu ayuda en todo esto.- dijo Helga cuando caminaban hacia su casa.
-No es nada. Espero no me hayan necesitado tanto en la cafetería. O si no tendrás que ir a ayudarme algún día.
-Ni de broma. –respondió negando con la cabeza -Aunque ya soy toda una experta en eso de hornear postres.
Tom rió.
-Eres buena, pero aun te falta para sorprenderme.
-No estoy interesada en sorprenderte.
-Me queda claro- se estaban acercando a la casa de ella.- Por eso me caes bien.
-Bueno, gracias de nuevo, chico. Ahora espero que Arnoldo vaya, si no seré una tonta sola en un restaurante elegante. Y querré golpearlo.
-Suena lógico. Pero no creo que sea necesario. Irá.
Llegaron a la casa de Helga y se apoderó un silencio raramente incomodo.
-Nos vemos, entonces. –dijo ella.
-Suerte, Pataki.
Su viernes escolar fue una copia de días pasados sin su mejor amiga. No sabía a cuantos días se había referido Phoebe cuando le dijo que quería estar sola. Pero iba a esperar que ella intentara algo. Al inicio de clases buscó a Arnold con la mirada, curiosa de saber si ya habría leído la invitación. El chico ni siquiera la miró y no mostraba señales al respecto. Quizás era mejor. Tom tenía razón, Arnold era bueno y probablemente aceptaría verla. La invitación, la cena, no eran típicos de ella y el cabeza de balón lo sabía e iba a reconocer que ella se estaba esforzando.
La cena era en Chez Pierre. Era elegante y para su desgracia no podía ir vestida como quería. A las 7:30 de la noche el sábado estaba saliendo de su casa. Llevaba un vestido rosa muy sencillo de tirantes anchos, un abrigo negro para cubrirse del frío otoñal, el cabello lo había dejado suelto. Quería que Arnold notará que se había esmerado pero no demasiado.
Llegó al restaurante 10 minutos antes de las 8 y le asignaron una mesa para dos.
Esperó. Los minutos parecían horas, volteaba a la entrada cada vez que llegaban nuevos clientes, tomó agua para tragarse los nervios. Se imaginaba a Arnold llegando, le explicaría las cosas y él le creería, después comerían y hablarían de los platillos, de cómo Helga había tirado un helado en la cabeza de Jason, Arnold reiría, después quizás ella sacaría al tema las muchas aventuras que ambos habían vivido en aquella su ciudad.
Ya no esperaba que Arnold se enamorara de ella, pero aquella noche sería diferente.
Volteó una vez más a la entrada principal. Un chico atractivo, con camisa color vino entraba.
Pero no era Arnold.
Era Tom.
