Hola! Tuve un pequeño bloqueo pero ya está un nuevo capítulo. Es uno de los más largos.
Muchas gracias por su paciencia, por sus comentarios Kimagure Bijin, Sabr1, Nimia Forctis, SD Sandra D y Angelica (me da mucho gusto que les gusten los personajes que han salido de mi cabeza jaja)
Gracias por leer :)
Se miró en el espejo. No parecía un disfraz. Llevaba puesta una blusa de manga larga negra, un par de jeans negros y tenis del mismo color. Su cabello caía lacio pasando sus hombros, ya estaba largo quizás pronto sería momento de cortarlo. Eran las 5:30 de la tarde, los talleres de ese día habían sido suspendidos debido a la fiesta de Halloween. Por lo tanto no había tenido su clase de repostería. Había quedado que pasaría a la cafetería de Tom a las 6, se apresuró. No quería llegar tarde.
-Ya me voy, Miriam y Bob-avisó a sus padres que estaba frente al televisor viendo alguna película de terror.
-Diviértete en el baile, querida-dijo su mamá sin voltear a verla.
-¿Cuál baile?-preguntó Bob
-Supongo que se refiere a la fiesta de Halloween-explicó Helga.
-Así es- dijo su madre volteando la vista a su hija- Pero Helga, ese no es un disfraz.
-No voy al baile-respondió volteando los ojos, no quería dar explicaciones- solo saldré con un amigo.
-¿Cuál amigo?-preguntó Bob- ¿Por qué no irás al baile? Olga nunca faltó a ninguno. ¿Recuerdas, Miriam? Era la mejor en la pista.
-Ni siquiera es un "baile" solo es una tonta fiesta-dijo Helga.
-Pero la gente bailará ¿no es así?-dijo Bob
-Sí. Todos menos yo porque no iré. Tengo cosas más interesantes que hacer. Nos vemos después.
Dicho esto Helga salió de su casa eliminando la posibilidad de que le respondieran.
Llegó justo a tiempo a la cafetería. Tom y Lizze ya estaban ahí. Ella con su disfraz de zombie, tenía la cara pintada con moretones, una playera sin una manga y jeans desgastados, llevaba el cabello suelto pero con un listón alrededor de la cabeza.
-Oye ¡qué buen disfraz!-le dijo a la niña- eres mejor zombie que tu hermano vampiro
-Ah, qué chistosita- dijo Tom, este vestía una camisa negra, un par de jeans negros y tenis del mismo color- pero si estás vestida igual que yo, parecemos meseros o algo así.
Helga rió.
-Es porque aun no están listos-explicó Lizzie- Helga, aquí está tu capa, yo misma ayudé a mi abuela a coser los últimos detalles.
Le entregó una capa negra de un lado y del otro roja, era una tela brillante y suave, además tenía ese cuello alto característico de vampiros el cual se unía por un listón. Helga tomó la prenda y la ató a su cuello. Le gustaba como se veía. Tom hizo lo propio. Después Lizzie se encargó de blanquear sus rostros con un polvo blanco y oscurecer un poco debajo de sus ojos, al final pinto sangre en las comisuras de la boca.
-Solo falta esto-dijo la niña sacando unos colmillos de plástico de su bolsa.
-¿No crees que ya es suficiente?-le preguntó su hermano-Además ¿Dónde conseguiste esto?
Ella lo volteó a ver molesta.
-Tengo mis secretos.
-Espero que no le hayas pedido dinero a mi abuela...
-No-respondió indignada, Tom la miró con desconfianza- Lo compré con mis ahorros.
Helga y Tom se sorprendieron con aquella respuesta. Intercambiaron miradas. No dijeron nada y tomaron los colmillos. Una vez listos se voltearon a ver. Sus disfraces eran sencillos pero funcionaban, se veían bien.
Tom fue a despedirse del señor Diego ultimando detalles por si lo necesitaba para alguna urgencia.
-Bien. ¿Por cuál vecindario quieres iniciar?- preguntó Tom a su hermana una vez fuera de la cafetería.
-Hmm hagamos la ruta de siempre-contestó esta mientras jugaba con la calabaza de plástico donde pondría sus dulces.
-¿Vecindario?-preguntó Helga confundida.
-Sí, cada año recorremos varios vecindarios.-respondió Lizzie- Es nuestra tradición, no nos conformamos solo con este.
-E-entonces ¿Cuántos? ¿Cuáles?
-Depende del tiempo y los dulces que reciba- dijo esta vez Tom
Helga se preocupó, no quería acercarse a su casa o peor: a la de sus conocidos, no vestida así. Quiso preguntarle a Tom pero se contuvo, no era momento de echarse para atrás. Si eso pasaba ya se le ocurriría algo para desaparecerse.
El sol iba bajando y a pesar de que la noche era fresca, el frío era tolerable con aquella capa, además estaban caminando por lo cual entraban en calor. Lizzie se veía contenta y por lo tanto Tom también.
Helga recordó los años en que ella se disfrazaba para Halloween, nunca tuvo ayuda de sus padres para los disfraces. Olga la había ayudado en una ocasión para disfrazarla de momia, pero había sido una pésima idea, no podía ver ni caminar bien, desde entonces decidió ocuparse ella de su disfraz. Solía ir con Phoebe y en ocasiones se encontraban a otros compañeros. Al final del día ella y su amiga compartían los dulces mientras Helga inventaba historias de terror.
Pero no olvidaba su último Halloween disfrazada, en quinto grado. Todo su grupo había decidido salir juntos, acordando que sería el último año que lo harían. Arnold la había felicitado por su disfraz de pirata asesina mientras que él era el hombre lobo más atractivo que Helga había visto (aunque nunca había visto un en realidad), esa noche ambos se habían quedado atrás pasando así casi toda la velada juntos, compartiendo dulces y bromeando sobre quien ganaría una pelea entre sus personajes. Helga se lamentó de que ese fuera el último año que se disfrazaba, le hubiera gustado repetir.
Llevaban una hora de recorrer casas, se sentaron en un parque a tomar de unas botellas de agua que Tom había comprado.
-Es un buen año-comentó Lizzie mientras miraba los dulces que había conseguido.
-Déjame ver- dijo Helga alargando el brazo. La niña le entregó la calabaza- ¡Pero si te han dado muchos malvaviscos!
-¡Lo sé! Son mis favoritos.-respondió la niña.
-No me gustan tanto- dijo Helga regresándole el recipiente.
-¡Agh!-dijo Lizzie con disgusto
-Bueno cada quien sus gustos-le reprendió Tom.
-No es eso, ahí vienen chicos de mi clase...
Un par de niños de la edad de Lizzie se acercaron. Uno era pelirrojo disfrazado de payaso asesino y el otro moreno disfrazado de ¿príncipe?
-¡Hola, Lizzie!- le dijo el niño moreno.
-¿Qué quieren, par de zopencos?- respondió ella toscamente
-Solo saludarte- respondió el niño- Es raro verte por acá
-Siempre vengo, Matthew-dijo Lizzie cruzando los brazos-con mi hermano, cada año.
-Ah, hola- dijo saludando a Tom y Helga- qué buenos disfraces.
-Gracias-dijo Tom. Helga no respondió, parecía que a Lizzie no le agradaba aquel niño Matthew.
-Y supongo que tú estás aquí por tu noviecita Sophie...-dijo la niña mostrando despreocupación.
-No es mi novia-respondió sonrojado- bueno, nos vemos en la escuela.
Ambos niños se alejaron platicando.
-Wow, no te agrada nada ¿verdad?-dijo Helga.
-Son un par de tontos- respondió la niña alzando los hombros.
Tom volteó los ojos.
-Él es su inspiración para los poemas-le explicó a Helga.
-¡¿Qué?! Creí que lo odiabas- dijo Helga- Además ¿por qué está disfrazado de príncipe? No entiendo. ¿Desde cuándo los disfraces de Halloween dejaron de dar miedo?
-Porque Sophie se disfrazó de princesa. Y yo tampoco comprendo esa moda.
-Es ridículo, Lizzie.-dijo Tom- si te gusta alguien no puedes tratarlo así.- miró a Helga por un segundo.
-No lo hacía-se defendió Lizzie mientras abría la envoltura de una paleta de caramelo.
-¿Y qué pasó?-preguntó Helga, se le hacía extraño que Lizzie fuera así cuando al parecer su familia era buena comparada con la suya.
-Llegó Charlotte y te rompió el corazón- dijo mirando a Tom-Y no solo eso, también papá lo hizo con mamá.
Ninguno supo qué decir. Helga recordó lo que le había dicho a Tom en Chez Pierre
El chico suspiró.
-Bueno, Lizzie-dijo- También tuve buenos momentos y prefiero esto a quedarme pensando qué hubiera pasado. Ahora sé que quizás Charlotte no es para mí, quizás la siguiente persona lo sea.
La niña no dijo nada, se quedó disfrutando de su paleta.
Siguieron su camino, la noche ya había llegado pero ni Tom y su hermana parecían querer terminar el recorrido. Todo estaba bien hasta que Helga notó que comenzaban a acercarse a su vecindario, y no solo eso, sino que estaban tomando camino hacia la casa de Arnold.
-Creo que ya son suficientes dulces ¿no?-dijo en un intento de hacerlos querer regresar.
-Aún faltan algunas casas-dijo Lizzie despreocupadamente, iba un poco más adelante.
-Empieza a hacer frío-insistió Helga.
-No es verdad, el clima está siendo generoso a comparación de otras noches-dijo Tom quien entonces volteó a ver a su amiga, parecía preocupada-¿qué pasa?-le preguntó bajando la voz para que su hermana no escuchara.
-Nada-respondió con el mismo volumen de voz- Bueno, por aquí vivo y no sabía que vendríamos.
Doblaron una esquina y ahí del otro lado de la calle estaba la casa de Arnold. Helga se inclinó y fingió atarse las agujetas. Lizzie siguió caminando pero Tom notó aquello.
-¿Helga?-empezó el chico- Oh, claro, aquí vive él.-dijo volteando a la casa color rojo- Por eso cuando vinimos la otra tarde me extrañó que Arnold viviera aquí.
-¿Qué? No me importa que el cabeza de balón viva aquí...-intentó justificarse- solo que no sabía que estaríamos en este vecindario, es todo.
-Bueno, si no te importa vamos con Lizzie-dijo Tom sonriendo y viendo como su hermana se acercaba a la casa mencionada.
-¡De acuerdo, de acuerdo no quiero que Arnold me vea!-confesó abriendo los brazos
-¿Por qué?
-No lo sé. Ya no hablo con él y... no sé-dijo con enojo sin saber explicarse.
-Pues Lizzie ama pedir dulces aquí, por eso reconocí la casa. Hay dos señores que siempre la hacen reír.
Helga supuso que se trataba de los abuelos de Arnold.
-Aquí los espero-dijo cruzando los brazos.
-Helga, no estás aquí por él. Además recuerda que te dejó sola en Chez Pierre.
-Gracias por recordarme la humillación...
Tom sonrió.
-Vamos-sentenció tomando su mano y guiándola hacía Lizzie.
Su hermana ya se encontraba frente a la casa de huéspedes, ellos esperaron más atrás, fuera del pórtico. Cuando Lizzie tocó la puerta, sin saber por qué, Helga apretó más la mano de Tom.
Fue el abuelo de Arnold quién abrió.
-¿Dulce o truco?-preguntó la niña
-Wow, definitivamente dulce-respondió el abuelo riéndose-no nos gustaría saber de qué trucos es capaz esta zombie.
Salió la abuela de Arnold con un recipiente lleno de dulces y colocó un puñado en la calabaza de Lizzie.
-Eso es lo que yo llamo un buen disfraz-dijo- pero al parecer no es la única. ¿Ves lo que yo veo? Un par de vampiros acompañan a esta zombie...
-Es mi hermano y Helga-explicó Lizzie.-Yo les ayudé con sus disfraces. ¿Verdad que son geniales?
-Vaya que sí-dijo el abuelo, Tom sonrió pero ninguno de los aludidos se movió-Pookie, creo que hemos escuchado el nombre de Helga antes...
-Oh sí-respondió ella entre risitas.
El rostro de Lizzie se iluminó.
-¿La conocen?
-No hay aventura de nuestro Arnold que no la incluya-dijo el abuelo sonriendo.
-¿Arnold?-preguntó la niña con cierto desdén y enfado-¿Quién es Arnold?
Detrás de ellos Helga quiso huir de ahí, temía que en cualquier momento un chico rubio saliera de la casa de huéspedes.
-Nuestro precioso nieto, han sido amigos desde siempre-respondió Pookie orgullosa-Toma, dale un par de dulces a tus vampiros.
Lizzie aceptó los dulces extra pero ya no sonreía.
-Gracias-dijo dando la media vuelta con notable enfado.
Les entregó los dulces a Helga y su hermano.
-¿Continuamos?-le preguntó Tom.
-No. Creo que ya estoy cansada-respondió la niña de manera tajante.
No insistieron y comenzaron a caminar de regreso, Lizzie iba al frente liderando el camino, el silencio reinaba. Helga mantenía la mirada baja para evitar ser vista.
Estaban cerca de la preparatoria, se escuchaba el alboroto por la fiesta.
-¿Todo bien?-le preguntó Tom a su hermana finalmente, notando que su humor había cambiado.
-Sí-respondió ella.
-¿Segura?
-¿Por qué no van al baile?-dijo ella con tono desafiante.
-Lizzie, ya lo hablamos- respondió su hermano- No queremos ir.
-Pero estamos aquí cerca y ya están disfrazados- insistió.
-No. Vámonos ya-dijo Helga cansada de estar ahí mirando el piso.
-¡Sí! ¡Vamos!-exclamó la niña y empezó a correr en dirección a la escuela de su hermano.
-¡Elizabeth!-gritó Tom al tiempo que corría tras ella.
Solo por inercia Helga los siguió. Quizás era peor quedarse ahí sola. ¿Qué le ocurría a esa niña? ¿Se había vuelto loca?
Un par de cuadras después estaban ahí, en la acera frente a la preparatoria. Lizzie los esperaba.
-Ya lo ven, están aquí.-dijo triunfante mientras señalaba el gimnasio donde se llevaba a cabo la fiesta.
-Elizabeth ¿Qué te pasa? No vuelvas a correr así por las calles-la reprendió su hermano recuperando el aire.- Nos vamos directo a la casa.
Algunos alumnos empezaron a pasar cerca de ellos y los volteaban a ver.
-No... Por favor.-entonces su mirada cambió, se veía triste- Lamento haber escapado pero así como tú cada Halloween haces algo por mí, yo también quiero que te diviertas.
Tom suspiró.
-Yo me divierto contigo-le explicó aunque seguía molesto- No asumas que no. Y tampoco asumas que Helga quiere ir.
-No quiero ir-confirmó Helga fastidiada por toda la situación, olvidando todo levantó la cabeza. Distinguió a Arnold acercándose. Iba disfrazado pero no asustaba ni a un bebé. De la mano de Amanda, ambos simulaban una pareja del viejo oeste. Él vestía un pantalón café a juego con una chaqueta, un sombrero y botas. Ella llevaba un vestido blanco, corto y sobre este un corsé negro, sus botas color café al igual que las de su pareja su cabello estaba rizado. Se veía muy guapa. Helga volvió a bajar la cabeza y fingió rascarse la frente para cubrir más su rostro.
-¿Por qué?-preguntó Lizzie a gritos- ¿No quieres que te vea tu querido Arnold?
Lo habían escuchado. Era obvio. Aunque aún estaban a metros, la voz de la niña pudo escucharse a una cuadra de distancia.
-No es esa la razón.
-Pruébalo, Helga.-dijo con tono desafiante- ¿O por qué más no querrías ir con mi hermano? No quieres que Arnold te vea.
En ese momento el mencionado pasó cerca, si no habían escuchado lo anterior, al menos eso sí. Había que darle crédito a Lizzie. La niña sabía cómo jugar, sabía cómo pegarle en el orgullo a Helga, quizás era consecuencia de parecerse en algunos aspectos.
-Elizabeth, relájate. Vámonos a casa-dijo Tom
No. Pensó Helga. Ahora no se podían ir, porque Arnold pensaría que él era la razón. No. Debía quedarse y probar que no era así. No podía quedar como cobarde, después de todo ella no había hecho nada malo.
-Entremos al baile-dijo al fin con toda la furia que tenía dentro.-Bueno, si tú quieres...
-¿Qué?-preguntó Tom sin dar crédito a lo que acababa de oír- Helga, no puedes caer ante la provocación de mi hermana. Y yo no puedo premiarla por este comportamiento tan extraño que está teniendo.
-Solo quiere que te diviertas, a veces uno hace locuras por quienes queremos, en especial a esa edad...- Helga no supo de donde había sacado aquello. Solo quería terminar esa noche con más dignidad que andar por las calles tapando su rostro y huyendo como si realmente hubiera sido culpable de aquello que se le acusaba.
Tom la miró con duda, después vio a su hermana que ya estaba sonriendo. Suspiró.
-No podemos. Lizzie no puedes regresar sola a casa, de ninguna manera.
-¡Ah, quizás eso tenga solución!-respondió la niña como si eso fuera un obstáculo que ya había pensado- Esperen aquí.
Se dirigió a la entrada del auditorio escolar, donde estaban dos profesores de Tom y Helga, se acercó a hablarles de nuevo con su cara de tristeza.
Helga y Tom la observaron incómodos.
-¿Segura que quieres hacer esto?-se atrevió a preguntar el chico.- No me parece que consientas a Lizzie en lo que ella quiere.
-Alguna vez te dije que tu hermana puede ser persuasiva y no me creíste.
Tom la miró a los ojos unos instantes.
-¿Haces esto por ella o hay otra razón?-se atrevió a preguntar.
-No lo sé-respondió ella sosteniéndole la mirada- Quizás ¿por nosotros?
-¿Nosotros...? ¿A qué te re...?
-¡TOM, HELGA!- gritó con su inconfundible voz Lizzie, voltearon a verla, estaba agitando una mano- ¡VAMOS!
Los dos chicos caminaron hacía la puerta.
-Buenas noches, jóvenes- saludó su maestra de literatura, Lucy- Tomás, tú hermana nos puso al tanto de la situación. No se preocupen. Pueden pasar los tres.
-¿Cómo?- dijo Tom sin comprender
-Hermanito- explicó Lizzie con una voz dulce nada típica en ella- les dije que realmente quieren asistir al baile pero no puedo quedarme con nadie en casa y que me da mucha pena porque ustedes ya me han acompañado por mis dulces.
La profesora la observó con ternura.
-Tu hermana es muy linda, pasen los tres, yo me hago responsable de que ella esté adentro.
-¡Muchas gracias!-exclamó Lizzie mientras abrazaba a la mujer.
Helga y Tom se miraron evitando reír. Después la niña tomó la mano de su hermano.
Y entraron.
El espacio estaba increíble, desde el techo colgaban calabazas, murciélagos y unas telas que simulaban fantasmas. Las luces eran tenues, en cualquier esquina se encontraban telarañas. En dos extremos del gimnasio estaban unas mesas con bebidas. Además las luces aportaban un ambiente ideal para esa noche. La música sonaba por todo el lugar, muchas parejas en el centro divirtiéndose. Era un ambiente en el que Helga no estaba segura si encajaba.
-¡Wow!-exclamó Lizzie apenas entraron- ¡Ya quiero estar en preparatoria!
No se movieron mucho de la entrada, en realidad no sabían qué hacer a continuación. Helga aprovechó para ver alrededor. Distinguió a Rhonda vestida de ¿policia? ¿Qué tenía eso de aterrador? Después vio a Curly y su novia vestidos de zombies, Eugene y Lila iban vestidos de momias, lo cual no era una buena idea en opinión de Helga.
-¿Algo de tomar?-preguntó Tom sacándola de sus pensamientos.
Helga asintió. Caminaron hasta una mesa y pidieron a su profesor de deportes tres vasos de lo que parecía un jugo con colorante verde. Al probarlo notaron que era de manzana.
-¿Tiene alcohol?-preguntó Lizzie examinando el vaso.
Su hermano rió.
-No, claro que no. Solo es jugo de manzana.
-Tiene un sabor extraño- se quejó la niña
-Debe ser el colorante.
-Iré al baño, mientras bailen o algo...-dijo Lizzie sonriendo mientras se abría paso entre la gente.
-No puede ser que se haya salido con la suya-dijo Tom una vez que la niña desapareció.
Helga no respondió. Buscaba a un rubio con la mirada, quería que viera que no le importaba que él estuviera ahí, que ella estaba con su amigo y se la pasaría bien. Que ya estaba cansada de dejar de hacer cosas por él. Ojala hubiera manera de hacerle saber que también había asistido a Chez Pierre sin él.
Y entonces vio a otro rubio. Un rubio disfrazado de pirata. Jason.
-Oh no...-dejó escapar-ahí viene ese imbécil.
Pero no se acercó, fue directo por una bebida. ¿No los había distinguido? ¿O solamente los había ignorado?
-Creí que preferías ver a la novia fantasma que estar aquí, Helga-dijo una voz a sus espaldas.
-Es que pensé que me asustaría más aquí que con ella-respondió la aludida- Pero con ese disfraz no asustas nadie, princesa.
-Es la moda. Ya no se trata de dar miedo, solo un buen disfraz. Es pura diversión.-dijo alzando la mirada con orgullo-¿Y quién eres tú?
-Hola, me llamo Tom- respondió el chico sin acercarse a ella. Lo cual le agradó a su acompañante.
-Hola-respondió Rhonda viéndolo de arriba abajo con desconfianza.
-¿Se te perdió algo, princesa?- le espetó Helga.
-¿Has visto a Gerald?- dijo ella.
-No. ¿Por qué no le preguntas a Phoebe?-dijo la rubia como si fuera obvio.
Rhonda sonrió.
-Porque Phoebe también lo está buscando, pronto empezaremos a calificar las parejas y la suya no ha llegado.
-No puedo decir que Johanssen sea el más puntual.
Rhonda se fue de ahí.
-¿Qué pasa con todos estos disfraces?-dijo Tom señalando a sus compañeros.
-No tengo idea. Nadie asusta.-respondió ella- aunque a muchos no les hace falta el disfraz.
Tom rió.
-Tu... amiga da miedo con su simple actitud.-comentó señalando por donde Rhonda se había ido.
-¿Rhonda? No es mi amiga.
-Lo sospeché. En fin, ¿quieres bailar?- le preguntó, como si le preguntara si tenía sed.
-No es mi fuerte-contestó ella alzando los hombros.
-Ni el mío.- admitió el chico- Pero hacer el ridículo sí lo es. Vamos.
La tomó de las manos mientras se acercaba más a la pista. No la soltó cuando empezó a bailar de manera extraña y con poco ritmo. Helga estuvo a punto de soltarse para salir de aquella situación cuando notó que a su lado bailaba el rubio que había estado buscando, se movía contento con Amanda hasta que en cierto momento sus miradas se cruzaron. Entonces sin dudarlo, Helga apartó la vista y se dedicó a bailar con Tom, alguna dosis extraña de emoción la recorrió. Quería que el mundo supiera que ella estaba bien, que no tenía ningún remordimiento en su cabeza y que además podía bailar y sonreír con quien confiaba en ella. Terminó la canción e inmediatamente le siguió otra igual o más alegre, sentía en ocasiones los ojos de Arnold puestos en ella pero lo ignoró, siguió riéndose con Tom sobre el poco ritmo que ambos tenían para bailar.
-¿Qué estamos haciendo?-le preguntó Helga sonriendo- No creo que los vampiros sean de los que bailan, son oscuros y serios.-dicho esto dejó de moverse y cruzo los brazos mientras apagaba su sonrisa.
Tom rió.
-Quizás somos únicos entre nuestra especie-respondió el chico.
Ella no cedió. Entonces Tom se acercó y empezó a picarle las costillas produciendo la carcajada de Helga. No se detuvo ahí.
-¡Está bien! ¡Está bien!- exclamó ella mientras hacía movimientos extraños para librarse de las manos de Tom.
-¡CUIDADO, PATAKI!- gritó un molesto Arnold
Accidentalmente lo había empujado a él y su pareja.
-Lo siento, no fue intencional-respondió ella sorprendida por aquel grito. Ni siquiera había sido un choque fuerte.
-Ten más cuidado-dijo Amanda volteando los ojos y arreglando su vestido.
-No fue con intención. Y ya se disculpó- dijo Tom tomando la mano de Helga para conducirse a otro lado del lugar.
Se quedaron sin bailar y en silencio un momento hasta que Helga empezó a reírse de la situación. Tom también rió.
-"Ten más cuidado"-dijo él imitando a Amanda.- No vayamos a arruinar su magnífico disfraz de vaquera.
Helga rió aun más.
-¿Sabes?-dijo una vez controlada su risa- Muchas veces intenté molestar a Arnold, pero nunca me había divertido así.
-Pero dijiste que había sido un accidente.
-¡Y lo fue! Es lo gracioso.
La noche iba mucho mejor de lo que Helga esperaba. Una canción más lenta empezó. Se vieron a los ojos, le alegraba tener a Tom, entonces se dio cuenta de que todo ese tiempo habían estado tomados de la mano, y no se sentía raro ¿Por qué no quería soltarse? Se aproximó un poco más sin realmente estar consciente de lo que hacía. Quería ver más cerca los ojos cafés del chico que la había hecho reír y que había confiado en ella. Se acercó más.
-¿Quieres bailar?-le preguntó Tom por segunda vez esa noche.
Ella asintió con la cabeza.
Caminaron de nuevo al centro del lugar.
-¡Helga!-la rubia suspiró como si la hubieran despertado de un trance.
-¿Ahora qué quieres, princesa?- preguntó sin preocuparse de sonar grosera.
-Phoebe está inconsolable.
Helga no dudó un segundo y acto seguido ya iba detrás de Rhonda hacía los baños. Entraron pero no vieron a nadie. Entonces se escuchó un sollozo desde un cubículo.
-¿Phoebe?-preguntó Helga-¿qué pasa?
No hubo respuesta.
-Gerald no se disfrazó y llegó con alguien más-explicó Rhonda.
-¡¿Cómo?!¿Con quién?
-Con Denisse, una de las porristas.
Se escuchó un sollozo.
-¿Pero qué se cree ese estúpido?-exclamó Helga con enojo- Yo lo mato. No puede hacerte esto, Phoebs. Ya verá...
La puerta del cubículo se abrió y salió una Phoebe triste que corrió a abrazar a su amiga. La consoló un momento y observo su disfraz, era una novia fantasma muy bella para dar miedo.
-Oh, Helga. Me siento terrible.- dijo apartándose.
Y realmente se veía mal.
-Sigo sin entender completamente.-dijo la rubia- ¿Por qué Gerald llegó con alguien más?
-Porque fue a su práctica de americano...
-Creí que hoy las habían suspendido.
-Esas no las suspenden-aclaró Rhonda que seguía ahí- son prioridad para el entrenador. Tampoco las del equipo de animación, llevan 4 trofeos en los estatales.
-Debía disfrazarse de novio fantasma... –siguió Phoebe-Pero no le dio tiempo de cambiarse. No entiendo por qué. Y además de todo llegó con esa chica y...
-Y ahora parecen la típica pareja de jugador de futbol y la animadora-terminó Rhonda.
Phoebe rompió a llorar de nuevo. Helga fulminó a Rhonda con la mirada, esta volteó los ojos y las dejó solas.
-Eso no es todo-dijo Phoebe calmándose de nuevo- Creo que algo pasa entre ellos, estos días a veces he ido a las practicas y los veo bromear y platicar bastante. Con todos sus entrenamientos pasan más tiempo juntos de lo que yo paso con Gerald. Y ahora hace esto.
-¿Has hablado con él?-le preguntó aguantando las ganas de buscarlo para confrontarlo.
-No. Cuando estamos juntos intento aprovechar el tiempo y no discutir. Quizás hemos retrasado el final- Phoebe bajó la mirada- Pero creo que hoy es el día.
-¿Estás segura?-preguntó su amiga sorprendida por la decisión.
-Sí. Hoy merecía divertirme... y mírame. Vamos.-sentenció caminando a la puerta-Helga, me alegro de que estés aquí.
Ambas sonrieron.
Salieron de los baños y caminaron hasta encontrar a Gerald precisamente hablando con una chica vestida de animadora, era morena y con cabello corto y lacio, tenía ojos verdes y estaba sonriendo con el chico.
-Aquí estaré-le dijo Helga a su amiga.
Vio como Phoebe se acercaba a Gerald para después alejarse a un rincón del lugar.
-¿Todo bien?- la voz de Tom la desconcentró.
-No, realmente, chico.-respondió sin mirarlo-Presiento que en cualquier momento será hora de irme.
-Bien.-dijo él sin hacer preguntas- También estoy algo cansado.
-¿Dónde está Lizzie?
-La encontré hace rato con la maestra Lucy hablándole de sus poemas.-respondió - Veo que hiciste las paces con tu amiga.
-Sí, aunque no en la mejor situación.
No sabía por qué pero estaba evitando ver al chico a los ojos, no quería sentirse como momentos antes y no poder apartar la vista. Se esmeró en pensar que quizás había sido algo de un momento, sin ningún otro significado. Aún así no quiso arriesgarse y centró su mirada en la pista de baile. Y ahí estaban otros ojos, los de Arnold ¿La veía a ella? No, su mirada era triste y lo más probable era que estuviera viendo a Gerald.
Suspiró. El día había sido largo. Miró su reloj, eran las 10:30 de la noche, la fiesta terminaría en media hora. Y aunque las clases al día siguiente empezarían más tarde, no creía poder levantarse.
Phoebe se acercó.
-Hola-saludó a Tom.
-Hola. Phoebe ¿cierto?
Ella asintió.
-Tú debes ser Tom.
-Sí sí. Mucha formalidad.-interrumpió Helga- ¿Nos vamos?
Buscaron a Lizzie y salieron del gimnasio.
-¡Pero quería ver a los ganadores de la mejor pareja!- se quejó la niña cuando estuvieron en la calle.- Pudieron haber sido ustedes.
-Querías que ganaran los disfraces que nos hiciste, no nosotros-dijo Tom- Además ya es muy noche para ti. Suficiente caso te hicimos hoy.
Lizzie soltó una risita antes de dejar escapar un largo bostezo.
-Lo ves. Estás cansada.
Caminaron hasta casa de Helga. Phoebe se quedaría a dormir ahí y los dos hermanos tomarían un taxi. Era un silencio agradable, porque nadie parecía tener ánimos de charlar. Solo de acompañarse.
Llegaron al pórtico de los Pataki.
-¿Puedo pasar al baño, Helga?-preguntó Lizzie bailando de lado a lado- Es una emergencia.
Helga asintió.
-Yo te digo dónde es-dijo Phoebe. Se despidió de Tom y entró con la niña.
De nuevo el silencio.
Y entonces Helga ya no aguantó y regresó su mirada a los ojos de Tom. Pero la sensación de antes ya no estaba ahí, ahora se sentía extraña. Incómoda.
-Me divertí-dijo Tom-Gracias.
-Sí, estuvo bien.-dijo ella, quería irse de ahí inmediatamente.
Más silencio.
La puerta de la casa se abrió lentamente.
-Listo-dijo Lizzie.
-Bueno, nos vemos Helga-se despidió Tom.
Lizzie miró confundida a su hermano.
-Adiós-respondió la rubia.
Y cerró la puerta esperando dejar afuera la montaña rusa de emociones de aquella noche.
