Hola a todos! Bueno, esta vez la inspiración llegó rápida. Gracias por sus comentarios a Kimaguri Bijin, Sabr1, AreOvilla y Rosali Leon Huamani. Me gusta mucho saber sus reacciones.

Pensé en hacer este capitulo más largo pero pasan suficientes cosas y preferí dejarlo ahí, aunque ya estoy trabajando en lo que sigue.

Gracias por leer. :)


Helga abrió la puerta de su casa y ahí estaba Tom esperándola en el pórtico, vistiendo un abrigo color negro, se veía elegante y casual, nunca lo había visto así. Ella solo llevaba una sudadera gris y un gorro para el frio. La noche la recibió.

-Justo a tiempo-dijo al momento que cerraba la puerta a espaldas suyas- Me estaba volviendo loca "conviviendo" con Miriam y Bob. Creí que vendría Lizzie.

-No, cayó rendida después de tanta comida-explicó sonriendo.

-Cielos, cada vez veo que nos parecemos más.

-¿Y cómo estuvo tu cena?-le preguntó Tom.

-Mejor de lo que esperaba, Miriam pidió la comida y evitó un desastre.

-¿Suelen ser desastrosos tus Días de Acción de Gracias?

-Mmm, no todos- respondió y su mente viajó al cuarto grado cuando había pasado la tarde con Arnold.

-¿Por qué no cocinas tú?

Helga frunció el ceño.

-¿Estás demente?

-Al menos pudiste preparar un postre-opinó alzando los hombros.

- En clase tú me ayudas. Es diferente- Tom rio- ¿Me estás diciendo que tú te encargaste de la cena en tu casa?

-Seguí las instrucciones de mi abuela y ya sabes, Lizzie me ayudó. Aunque la cocina no es lo suyo, creo que quiere aprender para cuando me vaya a la universidad-explicó con tono nostálgico.

Helga lo miró.

-Cada vez falta menos… Te van a extrañar mucho- ¿Y ella?

-Estaré cerca por cualquier cosa, por eso elegí la universidad de Washington-explicó- No tiene el mejor programa educativo, pero es conveniente la cercanía a casa, a Hillwood.

-¿Por eso también escogiste esa carrera?

-No-respondió con una sonrisa- Siempre me ha fascinado la química.

Helga lo vio como si estuviera loco.

-Yo creo que estás loco. Serías mejor como chef.

El chico rio y frotó sus manos para calentarlas.

-La química es parecida a la cocina ¿sabes? Además, me gusta estar solo, experimentar, saber el resultado entre distintos compuestos, así como diferentes ingredientes.

-Pero la comida es deliciosa. Ahora solo serás un científico loco-dijo alzando los brazos.

Tom volvió a reír.

-¿Y tú? ¿Ya sabes qué estudiarás después?

Helga dudó.

-Tengo algunas ideas… Lo que siempre he tenido claro es que Princeton aguarda por mí.

Siguieron hablando unos momentos más. Helga se sentía bien en el frio riendo con su amigo, pero a la vez le incomodaba pensar en el momento en que dejarían de verse, quizás sería antes de lo previsto. Y si realmente lo analizaba, no quería dejar de hablar con él. Ya se estaba acostumbrado a los malos chistes, a los momentos en que se molestaban mutuamente, a verlo y saber que estaba cerca.

-Creo que es momento de que me vaya-dijo Tom después de un rato.

-¿Qué? Pero no ha pasado tanto tiempo. -dijo con extraña decepción.

-Debo volver con Lizzie. Pero hazme un favor. Antes de que entres a tu casa espera unos minutos.

-¿Qué?- preguntó sin comprender aquello- ¿para qué?

-Solo hazlo. Nos vemos, Helga.

Después de esto se despidió de ella con un beso en la mejilla y se fue.

Helga se quedó ahí confundida. ¿Qué había sido aquello? ¿Y qué sintió con ese beso? Se tocó donde la había besado. ¿Sentía algo?

-¿Helga?

La voz de Arnold la sobresaltó.

-¡Cielos, Arnoldo! Casi me matas del susto. ¿Qué haces aquí?

-Estaba caminando por el vecindario-explicó- Y te vi. ¿Cómo estuvo tu cena?

Helga encontró aquello muy extraño.

-¿Estabas caminando solo por mi calle?

-Bueno, mis planes de hoy se cancelaron. Y no estoy de ánimo para festejar el día de la independencia. Recordé que no querías estar en tu casa.

-Ah… Pues… mi cena estuvo bien, Arnoldo.

-¿Quieres caminar?-preguntó el chico- Así entramos en calor.

-Eh… claro. -aceptó, aunque todavía encontraba todo aquello muy raro.

Empezaron a caminar. Conforme avanzaban Helga se dio cuenta que usar una sudadera no la salvaba del frio de esa noche. Arnold en cambio llevaba un suéter y sobre este un abrigo color vino. Se veía bien.

-¿Entonces no celebraste acción de Gracias?-le preguntó.

-Este año no. Empiezo a creer que es cuestión del humor de mi abuela. Además, tenía otros planes para hoy.

-Ah sí. ¿Cómo va tu vida de soltero?

-No tan bien como la tuya.

-¿De qué hablas?-preguntó alzando su ceja.

-Hace tiempo que quería terminar las cosas con Amanda-dijo Arnold ignorando la pregunta de Helga- Así que estoy bien. Ni siquiera quería ir a esa estúpida cena de hoy.

-Apuesto que Gerald no opina lo mismo.

-Yo no estaría tan seguro-dijo alzando los hombros- De cualquier manera, creo que te debo una disculpa.

- Quizás me debes mil disculpas. Pero ¿Por qué te disculpas esta vez, cabeza de balón?

Arnold rio y se detuvo para quedar frente a frente.

-Actué como un tonto hoy.

-Es normal en ti-dijo ella con una sonrisa.

-No sé qué me pasó. Yo sé que Helga Pataki no me necesita para defenderla-ella sonrió mientras asentía- pero por alguna extraña razón… busco defenderte.

La rubia se sonrojó al escuchar aquello.

-Es tu complejo de héroe, Arnoldo.

-No. No lo creo.

Siguieron caminando.

-Yo lamento que hayas terminado tu relación.

-No lo lamentes- se apresuró a decir- ni siquiera tuviste nada qué ver.

-Tienes razón-admitió- No lo lamento. No te merecía, Arnoldo.

Ambos rieron y se miraron unos instantes.

-Debes estar congelándote, Helga- dijo Arnold al tiempo que se quitaba el abrigo.

-Estoy bien, cabeza de balón.

Haciendo caso omiso, el chico le colocó su abrigo. Y Helga lo dejó. Porque no era un paraguas esa vez, pero el sentimiento era el mismo.

Siguieron caminando.

-¿Sabes, Helga? En este día me acuerdo mucho de ti.

-¿En día de Gracias?

-Sí. Pienso en aquella vez que lo pasamos juntos, que ninguno quería estar en su casa.

Helga rio.

-Y terminamos con el Señor Simmons deseando poder volver a casa.

-Sí-confirmó el chico- Y siempre que ceno con mi familia me pregunto si estarás pasando un buen momento con la tuya y trato de pensar que sí.

-Cielos, cabeza de balón-dijo con nerviosismo-No sé qué decir… Creo que es momento de que volvamos.

El abrigo de Arnold la hacía sentirse cómoda, como si estuviera en el lugar correcto.

-Si no hiciera tanto frio, te invitaría el helado ahora yo.

-¿De chocolate o pistacho?-preguntó con burla.

-De fresa-dijo entre risas.

-¡Jamás!-exclamó-Soy…

-Alérgica. Sí.

Sonrieron.

Llegaron nuevamente al pórtico de Helga.

-Quizás la próxima vez, te cobre ese helado-dijo Helga-U otra pizza.

-Quizás- respondió Arnold aunque no parecía escuchar, la miraba de manera extraña. Fijamente. Se acercó más y más, directo a su mejilla

-¡Qué estás haciendo Arnoldo!-estalló Helga al tiempo que lo apartaba con el brazo.

El chico suspiró.

-Creía que era parte de la nueva Helga, pero veo que solo con algunos eres así.

-¿De qué rayos hablas?-y entonces entendió- ¿Me espiaste?

-No-se apresuró a responder- Te lo dije, estaba caminando por aquí y te vi. Los vi.

-Estás loco, cabeza de balón. ¿Qué pretendías hacer?

-Nada. Me sorprendí al ver como eres con él-Arnold rio, confundiendo más a Helga- ¿Un beso? ¿En serio?

-No tengo por qué darte explicaciones-dijo ella cruzando los brazos.

El chico se quedó pensativo, mirándola.

-No. Tienes razón-admitió- no tienes por qué darme explicaciones. Y como hemos dicho, no necesitas un defensor.

-Me alegra que quede claro.

Arnold sonrió con nostalgia.

-Que pases buena noche, Helga-dijo y dio media vuelta.

La rubia suspiró. ¿Qué había sido eso? ¿Y por qué se negó al beso? Lo vio doblar la esquina. Solo cuando entró a su casa notó que todavía tenía puesto su abrigo. Y olía a él.


El viernes Helga notó a Phoebe ansiosa.

-Sé que la ensalada no es apetitosa, pero a ti te gusta y no has probado bocado-le dijo durante el descanso.

-No tengo hambre- respondió bajando la mirada.

- Cielos, Phoebs, has estado muy extraña todo el día. Ni siquiera has participado en clase.

Su amiga suspiró.

-¿No lo recuerdas?

-¿Qué cosa?-le dio un sorbo a su jugo- Habla claro.

-Lo que dijo esa chica. No quiero verlos.

-¿A quién?-en ese momento Gerald entró junto a Denisse y se sentaron con el resto del equipo porristas- Ah…

-A ellos.

-Solo están comiendo. No significa nada-intentó calmarla.

-Gerald tiene derecho a hacer lo que quiera-dijo con tono molesto- Solo no quiero verlos.

-Quizás ni siquiera fueron a la cena-dijo intentando sonar despreocupada- Ya que el otro par de zopencos no fue.

-O quizás fueron solos-dijo con evidente tristeza-Más romántico.

-Olvídalo, Phoebs. Geraldo es un idiota, no puedo creer que ni siquiera intentó arreglar las cosas contigo.


La última semana de noviembre fue una odisea para Helga. Por donde volteaban veían a Gerald con aquella porrista. Y aunque intentaba convencer a Phoebe de que eso no significaba que tuvieran una relación, en el fondo no estaba tan segura.

En más de una ocasión pensó en preguntarle a Arnold directamente, pero al final no se decidía. Casi no habían vuelto a hablar desde la noche de Acción de Gracias ni tampoco habían mencionado el abrigo que seguía en posesión de Helga.

Con Tom las cosas seguían como de costumbre. El tema del beso no se había mencionado y tampoco se volvió a despedir así de ella durante los siguientes días.

No sabía cómo sentirse, sonaba tan lejano que ya ni siquiera podía concentrarse en recordar lo que había sentido cuando Tom la besó en la mejilla. Solo lo recordaba extraño, así como Arnold se lo había dicho "la nueva Helga", pero no era cierto, simplemente Tom la había tomado desprevenida. Y si le preguntaran si quisiera repetirlo dudaba que la respuesta fuera afirmativa.

Diciembre llegó el viernes de aquella semana, Helga caminaba a su casa imaginando poder comer un emparedado caliente y olvidándose de las clases. Pero conforme se acercaba divisó a alguien esperando fuera de su fachada.

-¿Qué haces aquí, cabeza de cepillo?

-Hola, Helga-respondió Gerald ignorando el apodo- ¿Puedo hablar contigo un momento?

-No entiendo de qué-dijo mientras sacaba sus llaves.

-De Phoebe.

-No- se apresuró a decir- Lo que quieras decirme tendrás que decírselo a ella.

-Ya lo intenté.

-¿Qué?-preguntó extrañada.

-Ya lo he intentado. Miles de veces.

-No mientas, Geraldo-dijo Helga con tono amenazante.

-¿Por qué mentiría? ¿Qué Phoebe no te lo ha dicho?

-No-confesó inquieta porque su amiga no le hubiera contado aquello.

Gerald se sentó en las escaleras del portico con aire de desesperación.

-Desde lo ocurrido en el baile, al día siguiente la busqué. La busqué diario por una semana. Incluso falté a entrenamientos.

-No es verdad. Me estás mintiendo para que escuche lo que tienes que decir-dijo aun sin poder dar crédito a aquello.

-No lo hago, Pataki. Si estoy hablando contigo es por desesperación.

-¿Y por desesperación también te pavoneas con Denisse?

-Denisse no tiene nada qué ver. -dijo con voz calmada.

-¿Ah no? Porque hasta donde yo sé intentan ser la pareja más bonita de toda la escuela-dijo con sarcasmo.

-Es mi amiga, nada más.

-Eso no es lo que ella cree y dice por los pasillos-dijo molesta.

-No vine a hablar de ella. Vine a ti como último recurso. Pero veo que ni siquiera sabes lo que ha pasado.

Helga suspiró.

-Tienes cinco minutos-sentenció al tiempo que se sentaba junto a él.

-Llegué tarde al baile de Halloween, sí. Pero no fue mi intención, me ofrecí a llevar a Denisse a su casa después de la practicas. Pero al llegar no tenía llaves y no había nadie ahí. Decidimos irnos al baile, ya no tenía tiempo de cambiarme.

-Qué conveniente.

-No quería llegar tarde con Phoebe.

-Y entonces llegaste con otra chica.

-Pero mi intención no es la que estás pensando. Llegué con Denisse y por alguna razón sus amigas se volvieron locas e iniciaron comentarios sobre nosotros llegando como pareja. No pude encontrar a Phoebe y cuando al fin se acercó a mí fue para terminar todo.

-Pero Phoebe no terminó su relación solo por lo que sucedió esa noche-respondió con enojo- Llevaban semanas sin verse, tú dedicándole más tiempo a tus entrenamientos donde además veías a esa porrista agitar los pompones todo el tiempo.

-Sí, admito que eso fue mi culpa. Jamás fui protagonista en algo, Pataki. Phoebe lo entendió, pero abusé de su apoyo y descuidé todo.

-¡Vaya!-dijo alzando los brazos- No eres tan tonto como pensaba. Al menos lo admites.

-Y se lo he dicho. Al día siguiente salí antes de mi práctica, fui a buscarla y le dije todo lo que te estoy diciendo a ti, pero no me escuchó. Le expliqué lo del baile también.

-Cielos, Johanseen. Después de tanto tiempo conociendo a Phoebs ya deberías saber que su orgullo es importante para ella. Y se sintió humillada frente a todos.

Gerald suspiró.

-Después de una semana ya no supe qué hacer. Dejé de insistir.

-Y empezaste a pavonearte con Denisse-sentenció Helga con reproche.

-Nunca hubo nada. Era amable conmigo, me contaba todo de los demás chicos en el equipo, me incluía con sus amigos de último grado. Se sentía bien.

-Te sentías bien, supongo que importante.

-¡No!

Helga lo miró.

-¿Entonces?

Hubo unos instantes de silencio.

-Me recuerdas a Arnold-dijo Gerald dejando escapar un suspiro.

-¿Eh? ¿Qué tiene que ver el cabeza de balón?

-Tus preguntas me hacen pensar, como cuando hablo con él.

-Eso no es un halago para mí. A todo esto, ¿Qué dice Arnoldo de que su mejor amigo sea un idiota?

-Él pasaba casi todo su tiempo con Amanda-Helga volteó los ojos- Así que dejamos de hablar al inicio. Solo conversábamos en clases. Y fue otro motivo para refugiarme con Denisse y sus amigos.

-Ah, la víctima cabeza de cepillo-dijo sarcásticamente- Sin Phoebe y sin su amigo.

-¡No soy una víctima!- se defendió.

-Como sea…

-Esta semana intenté estar más tiempo con Arnold, ahora que terminó con Amanda y habla igual que tú.

-Pues yo solo te he visto con tu "amiga" porrista-le reprochó-No puedes lastimar a Phoebe frente a todos y disculparte con ella en secreto.

-Helga, no te niego que me divierto con Denisse. Y he pensado en iniciar algo con ella.

-¿¡Qué!?-preguntó molesta- ¿Entonces a que viniste? ¿Por mi bendición?

-Porque todavía quiero a Phoebe. Eso me detiene. Pero ya no sé qué hacer.

Helga se puso de pie.

-No entiendo qué quieres que haga.

-Puedes hablar con ella.

-No, no puedo-dijo tajante- no me voy a meter en su relación. Y si tanto quieres ser novio de Denisse ¿Qué te detiene?

Ahora fue Gerald quien se levantó.

-¿Phoebe todavía siente algo por mí?

Helga se congeló, claro que sabía la respuesta.

-No soy yo quien debe contestar a eso -dijo finalmente desviando la mirada.

Por alguna razón el rostro de Gerald se iluminó.

-Creo que ya lo hiciste- dijo comenzándose a alejar.

-No sé lo que pienses hacer, Johanssen-le gritó- Pero si lastimas a Phoebe te voy a golpear de manera que los golpes en tus entrenamientos se sentirán como cosquillas.


Pensó que el fin de semana recibiría alguna llamada de Phoebe molesta contándole cómo Gerald había llegado a su casa afirmando que la rubia le había dicho que ella estaba loca por él. Pero no fue así y respiró tranquila.

Hasta que llegó el lunes. Helga y Phoebe estaban en la cafetería, comiendo sin prisa.

-Creo que jamás me gustarán los inicios de semana- dijo la rubia ahogando un bostezo.

-Ya falta menos para vacaciones-respondió su amiga con tono cansado.

Una música empezó a sonar de repente y entonces una voz. Ambas la identificaron de inmediato, era Gerald. La letra de la canción era romántica, aunque no la conocían.

Helga volteó a ver a su amiga, parecía a punto de llorar. Después miró a todos lados hasta que distinguió al interprete.

-Vámonos, Helga-dijo Phoebe con voz entrecortada-No quiero ver esto.

-¿Qué?N-no. Espera-dijo tomando su brazo, parecía que su amiga creía que aquello era para alguien más.

Hasta que poco a poco Gerald fue acercándose a ellas.

Y Phoebe dejó de contener las lágrimas. Cuando la música terminó, el chico no apartó el micrófono, sino que empezó a hablar.

-Siempre has sido tú-dijo sonriendo- Que quede constancia de esto y que nadie en esta escuela y en todo Hillwood lo dude. Llevo años enamorado de ti, Phoebe. De tu carisma, tu inteligencia, tu independencia y toda tu esencia. Y frente a todos lo admito, soy un tonto. El más tonto últimamente. Pero ya fue suficiente. Y no haré nada más que pueda arriesgarme a perderte.

La multitud se conmovió. Incluso algo dentro de Helga quien miró a Arnold, ambos sonrieron por sus amigos.

-Gerald…-empezó Phoebe sonriendo.

-Y lo digo en frente de todos. Si alguna vez alguien dudó o empezó rumores sobre mí. Se equivocaron, porque si esta maravillosa persona me lo permite, seguiré demostrando al mundo entero que mi corazón es de ella.

-¡Ay, qué cursi!-resopló Helga.

Pero nadie se inmutó.

Fue entonces cuando Phoebe avanzó hacia Gerald para fundirse en un abrazo.

-¿No te meterás en problemas por este espectáculo?-preguntó la chica.

-Para nada, soy el jugador estrella-respondió él sonriendo.