Archivista

El sol se alzaba por el horizonte iluminando el continente con sus cálidos rayos de luz. En Xadia la mayoría iniciaba su día con las primeras luces del sol, algunos pocos comenzaban antes su día y otros preferían la vida nocturna. Cuando despertó analizó de forma instintiva su habitación por unos cuantos segundos hasta que unos cansados ronquidos a su lado lo trajeron de vuelta de su condicionamiento. Se giró a la izquierda para encontrarse con la bella espalda de su amado, se acercó a él para darle un beso en el hombro y acariciarlo un poco.

- buenos días ¿dormiste bien?- preguntó con suavidad. Un par de murmullos, algunos incomprensibles, fueron su respuesta.

- mgh... un rato más... un rato... Él se río ligeramente ante su comportamiento. No le sorprendía que estuviese así, anoche fue un poco frenético su trabajo y él sabía muy bien que el arte de trabajar el metal y la magia eran muy agotadoras.

- no hay problema, voy a hacer el desayuno- le dijo con el mismo tono. Le dio otro beso en el hombro, se levantó de la cama y caminó a la cocina. De pasada pasó por la pieza del miembro más pequeño de su familia. Se extrañó un poco al notar que la puerta se encontraba abierta, anoche hizo más frío del que solía haber por lo que daba gracias al tener a su marido en la cama. Al asomarse su corazón dio un brinco, la cama estaba desordenada, habían un par de juguetes en el piso junto con un par de herramientas. No estaba, había desaparecido. Sin perder la cabeza buscó pistas. Con bastante rapidez encontró un rastro que lo llevó hasta la entrada de su casa donde la puerta se encontraba entre abierta aumentando su creciente pánico, nadie en su hogar dejaba puertas o ventanas abiertas antes de irse a dormir. Salió corriendo hasta apoyarse en la baranda. Sus ojos se deslizaron por todos lados, de planta en planta, banca en banca, persona en persona hasta que se detuvo en una diminuta figura en mitad de un claro cerca de la base y por fin exhaló con alivio.

- Rayla- dijo con fuerza- ¿qué estás haciendo allí abajo a estas horas?- preguntó mientras trataba de contener su creciente enojo.

- ¡oh! hola tío Runnan, buenos días- gritó de vuelta con una enorme sonrisa, con rastros de cansancio en ella y en su voz. Él arqueó la ceja.

- Rayla, te pregunté qué haces allí abajo a estas horas.

- oh, eh estoy entrenando por supuesto, como me desperté más temprano con algunos de los pájaros quise venir para acá- gritó cada palabra con evidente entusiasmo. Exhaló con cansancio mientras su figura se derretía visiblemente sobre la baranda. La niña no tenía ni idea de lo preocupado que lo puso.

- ¿y por qué no nos avisaste?

- fui a avisarles pero como estaban durmiendo no quise despertarlos- dijo con un tono más suave a la vez que ella se encogía al haber sentido que tal vez estaba en problemas. Su respuesta lo sorprendió más de lo que pudo haber creído. Nunca creyó que alguien pudiese entrar en su pieza de noche, o mejor dicho madrugada, sin antes haberlo alertado. Se aguantó darle una reprimenda, era evidente que ella no quería molestarlo y por eso esta única vez decidió salir sin avisar, no tenía ninguna mala atención.

- como sea no hay problema y será mejor que subas voy a hacer el desayuno si es que quieres que la comida esté fresca y caliente- dijo con un tono más suave, ahora no sería el momento para discutir sus acciones. Al ver que no estaba en problemas volvió a tener una sonrisa radiante en el rostro como a la vez su cuerpo entero se enderezó con vigor. Asintió enérgicamente y partió corriendo.

- buenos días Runnan ¿problemas con la niña?- dijo una seductora voz femenina a su lado. Él supo de inmediato quien era, solo había una persona que le hablaba con ese tono en todo el Bosque Plateado, sin contar el hecho que también era su vecina.

- buenos días Ekkrein ¿dormiste bien?- dijo con un tono más serio mientras su mirada se deslizaba hacia la mujer. Su figura se acercaba hacia él de una forma muy seductora y su sonrisa dejaba en claro que no tenía vergüenza en mostrar su interés por él de una forma tan abierta. Él la respetaba en gran medida respecto a su profesión, era una asesina eficiente con un corazón inamovible que con un solo pensamiento, completar la misión. Si es que era necesario, podía congelarlo y así evitar la interrupción innecesaria, a veces fatal, que eran las emociones en su línea de trabajo. Sin embargo cuando se trababa de ella como persona fuera del trabajo la historia era vastamente diferente, en ese aspecto solo tenía respeto por su inmortal determinación porque más allá de eso todo le disgustaba sobre ella. Él nunca fue una persona que se mostró interesado por otras personas lo que llevó a Ekkrein a creer que él simplemente no había encontrado a la mujer ideal e intentó sin cesar conseguir que él le correspondiera dicho interés. Lamentablemente para ella jamás se lo correspondería y menos aún cuando Ethari decidió tomar un salto de fe con Runnan que fue recibido con calidez. Él hubiese entendido si es que ella hubiera tratado por al menos un mes y desistir o que se enojase con él por cual motivo que la gente solía enojarse cuando no mostraban el mismo interés de vuelta, pero que siguiese intentando incluso después de diez años lo enfermaba. Siempre dejando comentarios fuera de lugar, insinuaciones muy atrevidas cuando estaba con su marido entre otras cosas, menos mal no había cruzado la línea y se ha mantenido de hacer cualquier comentario negativo sobre Ethari porque o sino ella probablemente terminaría al menos un mes en cama si es que otros de sus compañeros intervenían con suficiente rapidez. Tomó un gran respiro para asegurar control, cada vez que hablaba con ella tenía que estar bastante consciente de sus emociones para evitar cualquier posible desastre.

- lo mejor que uno puede estar sin que estés tú a mi lado- respondió, miró hacia abajo y luego hacia sus ojos- no respondiste ¿problemas con la niña?

- sí- respondió cortante. Ella soltó una pequeña carcajada.

- un consejo, la regla de oro que tienes que tener presente en todo momento con los niños es paciencia- le dijo con una sonrisa mientras se apoyaba en la baranda sin quitarle los ojos de encima. A su ojo izquierdo le dio un tic.

- y dime ¿desde cuando tú sabes sobre niños?- preguntó con sarcasmo a pesar de que su tono seguía igual de monótono, un logro que solo él había llegado a conseguir. Ella, por su parte, logró captarlo lo que era de esperarse después de tantos años lidiando con él.

- a diferencia de lo que crees mi mundo no gira eternamente alrededor de ti- respondió con una sonrisa y sin una pizca de enojo- según lo que he conversado con un par de amigos que son padres y lo que me han comentado algunos ancianos he aprendido que cuando un niño hace una mala acción independiente de la magnitud, o si es consciente de ello o no, lo hace porque no conocen mejor, son demasiados ingenuos porque simplemente no saben y nuestro trabajo, al menos en este caso el tuyo y de Etahri, enseñarle lo que se debe hacer y asegúrate de que ella entienda que no es ella quien es la mala por haber cometido cualquiera sea el acto, sino que son sus acciones las malas, de lo contrario vas a dañar severamente la imagen que ella tiene sobre sí misma y no quieres eso- se enderezó y le dirigió una sonrisa que habría hipnotizado a cualquiera- además asegúrate de amarla incondicionalmente y de esa manera tendrás a una pequeña niña sana que crecerá para ser una adulta sana si es que todo sale sin grandes imprevisto- explicó con un tono que iba entre seductor y seriedad. Las sorpresas parecían que no iban a terminar y esta parecía ser mucho mayor al hecho de que una niña de seis años se metió a su pieza sin que él se diera cuenta. Todo lo que había dicho le hacía sentido, aunque algunas cosas simplemente no eran en su caso.

- hablas con sabiduría algo que no me esperaba de ti- admitió con su eterno tono monótono- pero te advierto desde ya que no la amo y menos de forma incondicional, solo le estoy haciendo un favor a unos amigos que estimo mucho mientras reciben el más grande de los honores- agregó. Ella soltó una ligera sonrisa.

- lo que tú digas bonito- respondió mientras le guiñaba el ojo. Dicho eso ella comenzó a caminar alejándose de él y por ende dejándolo en paz. Suspiró con fuerza, cada conversación con ella siempre drenaba sus fuerzas de maneras que ya no podía mantener la cuenta. A pesar de todo suponía que al menos recibió un buen consejo.

- ¿qué vas a preparar hoy?- preguntó una aguda y alegre voz. Parece que la niña tenía más talento de lo que había previsto porque ella de nuevo había logrado sobrepasar su guardia, aunque tal vez estaba muy concentrado en sus pensamientos que no la sintió llegar, siempre podía ser una posibilidad. Al mirar abajo vio una radiante sonrisa mientras su dueña parecía emitir alegría con cada movimiento que hacía. Le sonrió de vuelta, puede que no la amase y sea solamente la hija de unos amigos, pero eso no significaba que no podía disfrutar de su presencia de vez en cuando.

- todavía no lo decido, podrías sugerirme algunas cosas mientras me encargo de ello- le sugirió mientras la invitaba a entrar con una seña.

- ¿¡en serio!?- exclamó exaltada mientras aceptaba su invitación.

- por supuesto, tú también vas a comer después de todo- le explicó.


- ¿qué es esto lo que huelo? huevos revueltos de her´noks, lechuga y... berries tostados- dijo una alegre voz. Un agudo e igual de alegre "hm" fue la respuesta. Cuando Ethari se asomó por la puerta vio que el desayuno ya estaba listo, la mayoría al menos, mientras Rayla traía un par de cosas desde la cocina mientras Runnan le daba los toques finales a los huevos que todavía estaban en la sartén.

- sí, Runnan está cocinando el desayuno- comentó excitada la pequeña- y ¡hola Ethari!- exclamó con entusiasmo. Él le sonrió de vuelta y evitó comentar que uno saludaba primero antes de cualquier cosa, pero no era como que le importase.

- hola hermosa, una mañana como tú ¿no crees?- le dijo con una amplia sonrisa mientras se acercaba a la mesa. Ella solo se río mientras se achicaba, se dio media vuelta y se apresuró en esconderse dentro de la cocina. Eso le dio inevitablemente una sonrisa en su rostro, adoraba tenerla presente en la casa, creía que aportaba algo en la casa que ninguno de los dos podía dar, a pesar de que todavía no tenía palabras para ello. Sonrió, levantó la mirada en dirección de la cocina donde se encontró con su mirada posándose en él.

- buenos días grandulon- lo saludó. Él soltó una pequeña carcajada, de esas raras que solo aparecían cuando él pensaba en algo muy irónico o alguien decía algo muy chistoso.

- ¿te has visto en el espejo al menos? estoy seguro que ahí te darías cuenta de quien sería el verdadero grandulón- le dijo desde la cocina mirándolo a través de la ventana hacia el comedor con una sonrisa mientras la torcía en un ángulo más travieso.

- pero el tío Runnan es el más grande de los dos ¿por qué sería el tío Ethari el más grande?- cuestionó una aguda voz en confusión. Eso le sacó una ligera carcajada.

- cierto, yo tampoco entiendo a Runnan, tal vez es un problema de ego- le respondió con un evidente fingido rostro de confusión- veo que ya pusieron excepto los platos, por qué mejor no vas a buscar el tuyo mientras Runnan termina con el suyo y el mío- le sugirió a lo que ella respondió asintiendo, una vez que ella salió del rango de su voz levantó su vista hacia Runnan para fijarle la mirada con intensidad- no insinúes esas cosas en su presencia. Meneó la cabeza ligeramente con una leve sonrisa a la vez que se guardaba el comentario "por algo lo insinúo en vez de decir que tienes el pene más grande de los dos", pero para que discutirle en algo tan mínimo a estas horas de la mañana. Una vez que estaban los tres en la mesa comenzaron a comer. Al poco rato empezaron a conversar.

- entonces Ryla ¿qué estabas haciendo antes de que me levantara? puedo notar que estas un poco sucia- preguntó el herrero.

- oh, estaba entrenando antes de que se levantaran- respondió casi saltando en el asiento de lo emocionada que estaba.

- cosa que no le avisó a ninguno al contrario de lo que ha hecho todo el tiempo y preferiría que así se mantenga- agregó Runnan sin quitarle atención a su comida.

- pero estaban durmiendo... y no quería despertarlos- respondió en casi murmurando como a la vez su figura se achicaba de manera considerable. Se le apretó un poco el corazón.

- vamos no te sientas mal- dijo casi de inmediato mientras colocaba su mano sobre su hombro- Runnan no está enojado contigo y yo tampoco, él simplemente estaba preocupado cuando vio que no estabas ¿no es así?- dijo con una sonrisa y una mirada penetrante en su dirección. Él arqueó los ojos mientras suspiraba con un aire de derrota.

- es verdad Rayla- admitió exasperado- ya te dije antes que no estabas en problemas, solamente estaba preocupado. Asintió con una sonrisa en dirección de la niña para apoyar a su marido en su respuesta. Ella se animó de manera visible y con ello volvió a concentrarse en su comida.

- hey podríamos incluso solucionar el problema de que si estamos dormidos y quieres salir, pero no nos quieres despertar de una manera muy sencilla- dijo Ethari como si hubiese tenido una revelación- podrías colocar un cartel en tu puerta que digas que saliste- explicó un poco emocionado.

- ¿¡en serio!?- exclamó emocionada la pequeña.

- si, incluso podría encantarlo para que diga diferentes cosas como "durmiendo" o "no molestar" entre otras cosas- agregó. Ella asintió exaltada.

- ¡sí!- reafirmó.

- está decidido, entonces te haré un cartel esta tarde para que lo cuelgues en tu puerta y nadie se tenga que preocupar de forma innecesaria en el futuro. Runnan asintió a modo de aprobación por la idea. Los tres volvieron a concentrarse en sus platos que estaban a la mitad de comer.

- ahora que lo pienso- dijo Ethari de forma repentina- mencionaste que no querías despertarnos- se dijo con un tono pensativo- lo que significa que entraste a la pieza ¿cierto?- le preguntó a lo que su respuesta fue asentir con la cabeza enérgicamente- entonces significa que el asesino de esta casa no se dio cuenta de tu presencia- dijo con fuerza, una amplia sonrisa mientras se tapaba la boca en gran "shock". Dicho asesino inclinó la cabeza mientras le hacia un gesto con todo su cuerpo de "¿¡en serio!?" a lo que recibió una "inocente" sonrisa de respuesta. La reacción de la niña fue tomar una enorme bocanada de aire en asombro al darse cuenta de lo que eso implicaba.

- ¿¡en serio!?- le preguntó excitada.

- en serio- confirmó a la vez que se acercaba hacia a ella- ¿y sabes qué?- dijo con un tono conspiratorio. Ella se acercó también hasta que estaban a un dedo de distancia. Runnan ya se podía imaginar lo que iban a decir de él por lo que suspiró con cansancio en adelanto a lo que venía.

- ¿qué?- respondió con el mismo tono.

- yo creo que el tío Runnan está celoso de que cierta niña de seis años pasó sus defensas sin que fuera notada- explicó mientras le rozaba la nariz con la suya, ella se río con fuerzas con un claro intento por contenerlas- ya- dijo enderezándose- será mejor que termines tu comida, te vayas a lavar después y te cambies a ropa más casual- dijo con un tono autoritario. Ella asintió y con renovado vigor atacó el plato de comida. Desde ese momento los tres pasaron comiendo en silencio hasta que Rayla fue la primera en terminar con su plato. Se excusó llevando su plato a la cocina para después partir hacia el baño, tal como le había dicho Ethari, dando pequeño saltos de alegría. Los adultos continuaron con su desayuno en silencio manteniéndolo después de haber terminado e incluso mientras levantaban la mesa y lavaban los platos junto con los utensilios. Cuando terminaron de lavar todo Rayla se asomó por la puerta, ya lavada y con ropa más civil, les avisó que iba a jugar con unos amigos antes de marcharse. El silencio se rompió cuando ella desapareció de la casa.

- no deberías protegerla en todo momento cada vez que hace algo que no debería- dijo Runnan- ella va a tener que aprender a lidiar con sus problemas por su cuenta si es que va a ser una asesina- le explicó. Le sonrió de vuelta, se acercó hacia la ventana para mirar como la luz del sol se posaba sobre el Bosque Plateado, una bella vista a esas horas de la mañana.

- eso lo tengo muy claro- respondió sin dejar de mirar por la ventana- la cosa es que hay momentos y momentos, cosas en las que se equivoque mal ahí adiós con las sonrisas y los chistes, pero si no hay ofensa mayor entonces voy a seguir con las sonrisas y los chistes- explicó con una sonrisa. Runnan suspiró, discutir con él siempre le ha dolido y jamás podrá sentirse mejor respecto a eso, esta vez era necesario como todas las veces anteriores.

- ¿y cuándo será eso? ¿cuándo será la ofensa lo suficientemente grande que dejarás el acto de padre amable?- cuestionó mientras se acercaba hacia él. Notó de inmediato que sus palabras tuvieron más efecto de lo que esperaba porque inclinó su cabeza de forma abrupta e hizo un giro a medias como si quisiera corregirlo en algo que dijo, de todas maneras no dejó de mirar por la ventana.

- me pondré con un tono de enojo cuando ella haga lo que merezca esa reacción de mí- respondió con firmeza- cuando ella ponga su vida en peligro o la de otros, también cuando ella se haga daño o a otra persona, ahí se acabarán las sonrisas si es que tanto deseas saber en qué momento dejaré de ser amable- explicó ya mirándolo directo a los ojos- y no aparte, pero algo que tienes que saber desde ya es que no estoy "actuando" como un padre amable- dijo con un tono más grave mientras se daba vuelta para mirarlo directo a los ojos- hago todo lo posible para ser lo más parecido a un padre amable en que ella pueda confiar, sentirse apoyada y amada. La respuesta lo impactó como un rayo, sintió su pecho estrecharse al escuchar su seriedad, sentirla en todo su ser, y saber que todo lo que dijo lo iba a defender férreamente.

- ¿por qué?- preguntó desconcertado con un tono tan ajeno a él que los dos se sorprendieron. La sorpresa fue breve y recuperaron la compostura casi al instante.

- muy simple en realidad- comentó con suavidad a la vez de que una ligera sonrisa aparecía en su rostro- porque es una niña, una niña que ya no está con sus padres, padres que a lo más verá una vez al año de los cuales la única interacción a través de la mayoría del tiempo será a través de cartas, si es que, una niña que le han dicho que debería sentirse orgullosa por la decisión de sus padres que fue básicamente abandonarla con unos extraños- explicó con un tono más triste, tono que Runnan siempre odiaba con todo su ser escuchar de él- los niños solo quieren sentirse amados por sus padres ¿cómo crees que se sintió cuando le dijeron que ya no los vería más? ¿recuerdas que lloró las dos primeras semanas enteras? ella estaba sufriendo del dolor y cuando se dio cuenta de que nosotros cuidaríamos de ella ¿qué fue lo primero que hizo?- hizo la pregunta al aire.

- nos hizo esos collares con piedras jade de río- respondió.

- correcto, ella quería saber que nosotros la queríamos y por eso hizo la típica cosa que hacen los niños a los padres que es regalarse cosas hechas por ellos- tomó una pausa- Runnan, mi amor, se te olvida que Rayla es una niña y en vez de eso la ves como una asesina, una asesina en entrenamiento con habilidades muy rústicas y con talento, pero una asesina lo que no puede ser más equivocado porque hoy, a fin de cuentas, ella es solo una niña como el resto de los niños que ves corriendo afuera en las plazas y calles- explicó. Caminó hacia él hasta que estuvo a su lado, tomó sus manos y le sonrió.

- además tienes que saber que hago esto no solo porque ella lo necesita, sino también por mí- recibió la pregunta implícita y la respondió antes de que la dijera- nunca te dije, pero yo siempre he querido tener una familia, tener hijos y cuidar de ellos- se detuvo para reírse brevemente- esos eran mis inocentes sueños cuando era un niño, a esa edad uno no sabe que no se puede tener hijos entre hombres, ahora de adulto la solución sería que nos presten un vientre o adoptar, ambas opciones bastante imposibles hoy en día- tomó un respiró- así que tomaré esta oportunidad y daré lo mejor de mi mientras dure ¿puedo contar con tu apoyo?- preguntó con su frente apoyada en la de él. Un beso fue la primera respuesta que se extendió por unos diez segundos.

- por supuesto que sí, te apoyaré en todo lo que me pidas- respondió con un tono más suave del usual.

- no pido que hagas lo mismo por ella que yo hago, solo te pido que me comprendas. Un "hm" que sonaba positivo fue la respuesta. Una sonrisa más traviesa comenzó a aparecer en el rostro de Ethari.

- tema aparte yo ya sé cómo cierta niña se metió en la pieza sin que te dieras cuenta- comentó con un tono más alegre.

- ¿cómo? ¿por qué es una genio?- preguntó con curiosidad y un poco de anticipación.

- por la luna, eres tan buen asesino que ya has dejado de ver las cosas obvias generales y solo buscas cosas específicas sospechosas- comentó entre ligeras carcajadas- tal vez sea una genio en el arte del sigilo, pero la respuesta es mucho más simple- tomó una pausa- ya te has acostumbrado a su presencia- dijo finalmente entre risas. Runnan también se unió a las risas una vez que procesó la respuesta, la realización de dicho hecho fue una sorpresa más grande de lo que hubiese esperado. Tal vez debería trabajar sobre ello en el futuro. Más tarde Runnan se daría cuenta que por alguna razón la gente que más se involucraba en su vida, uno que si quería que lo hiciera y otra que prefería que pusiera una gran distancia, sabían harto sobre niños. Tal vez más adelante les pediría consejos.


La plaza Brillo de la Luna era muy popular entre la joventud, habían muchos juegos disponibles para que los niños llegaran y se entretuvieran según su imaginación se los permitiese mientras que, por otro lado, a los adolescentes entre la tarde y las tempranas horas de la noche era su tiempo favorito para ir por la privacidad que existía, si es que uno sabía donde encontrarla. A estas horas de la mañana la población que primaba eran los pequeños niños entre cuatro a diez años. Todos ellos se encontraban jugando, las agudas y alegres carcajadas que florecían de los pequeños eran tantas que lograban saturar el aire lo suficiente como para que los pocos adultos que estaban cerca, algunos padres y otros guardias, se taparan los oídos para proteger sus pobres tímpanos. Una pequeña y ágil figura que venía recién llegando se unió a un pequeño grupo entre la enorme masa.

- ¡hola!- saludó con entusiasmo a la vez que agitaba ambas manos. La respuesta del grupo fue instantánea.

- ¡hola Rayla!- respondieron seis niños con igual de entusiasmo.

- hola Rayla- respondió una chica sin mucho entusiasmo, lo único que se podía rescatar era una leve sonrisa en su rostro.

- ¿por qué llegas tarde Rayla? ¿te pasó algo?- preguntó con evidente preocupación un chico quien era más alto que todos, incluyendo Rayla.

- estoy bien Athestar- respondió rápidamente con una sonrisa mientras le daba un golpe juguetón en su hombro- simplemente me desperté a entrenar lo que demoró un poco la rutina en la casa, pero todo está bien- explicó. El chico que preguntó se relajó de manera visible.

- por supuesto que Rayla llegaría tarde a cualquier lugar si pudiera tener la oportunidad de entrenar- comentó una chica, de pelo corto y ruliento, con un tono medio amargado.

- Alli, tu solo estás celosa de que ella va a ser una asesina y tú no- comentó otra niña que era la más pequeña de los ocho.

- Kirie tiene razón Alli, solo estás celosa- la apoyó Athestar.

- pero es tan injusto que ella pueda- se quejó hacia el chico con clara frustración- mis padres no tienen idea de lo que quiero, se rehúsan a escucharme cada vez que les digo que quiero ser una asesina- explicó con una voz que flaqueó en más de un momento. Una mano se posó en su hombro.

- tal vez ya no tienen nada más que escuchar- dijo la chica que había saludado a Rayla de manera desganada.

- ¿qué?- preguntó Alli genuinamente confundida por las palabras de la otra niña.

- si ya se lo has mencionado varias veces entonces es seguro que ya han escuchado todo lo que tienes que decir- explicó- además, son tus padres ellos son los que mejor te conocen y estoy segura que piensan que el camino de los asesinos no les es tuyo, tal vez piensan que tus talentos están en otras áreas quién sabe- cuestionó hacia el aire mientras alzaba sus hombros- tal vez si les preguntas por la razón de que no te dejen los entiendas y tal vez te dejen entrenar como a otros- agregó, terminando por señalar a Rayla. Alli se quedó mirando en confusión por varios segundos a la chica por dos motivos siendo el primero que jamás se esperaría un sermón como ese de ella, o de nadie, pero de ella era más impactante escucharlo y, segundo, lo que dijo tenía bastante sentido que no podía simplemente negar lo que había escuchado a pesar de que quería hacerlo porque ella lo dijo. Rayla notó como todo el resto de los chicos se quedaron en un incómodo silencio frente a lo que dijo Aria y eso le hacía sentirse un poco culpable retorciéndole el estómago en el acto.


Aria había llegado a vivir en el bosque junto a su madre hace cerca de tres meses. Su madre estuvo viviendo por varios años fuera del bosque por lo que no tenía muchos amigos en la zona, lo más cercano que tenía eran un par de familiares por el lado de su marido que no la acogían para nada todavía lo que los llevó a distanciarse de ella siendo que, a la vez, la mayoría de los elfos de la zona siguieron el ejemplo al apartarse de ellas. Los niños eran bastante observadores entonces cuando notaron a los adolescentes y adultos, sobre todo los adultos, comenzaron a evitarlas también sin si quiera tener la más mínima idea de por qué algo como eso podría darse a pesar de que varios de ellos durante la primera semana querían conocer a la nueva chica que tenía un color de pelo diferente de todos. Rayla todavía recordaba el día en cuando llegó a la plaza para encontrarse con una pequeña sorpresa que le sentó bastante mal. Allí entremedio de todo el caos infantil, de los niños jugando entre risas con una vibra que, por lo general, era bastante alegre, se encontraba ella parada sola mirando al resto. Para ella era evidente que la nueva chica tenía muchas ganas de unirse al resto a pesar de que tenía en su rostro en estoica expresión que buscaba mostrar compostura de alguna medida. Cuando se acercó a la chica notó como habían rastros de lágrimas en sus mejillas y que sus ojos todavía brillaban por dichas lágrimas. La niña endureció su rostro ante la llegada de ella.

- ¿también vienes a reírte de mí? ¿de mi pelo?- preguntó con fuerza, casi con un tono acusatorio, a la vez de que trató de esconder por completo el hecho de que su voz estuvo a punto de quebrarse dos veces. Rayla meneó la cabeza con rapidez como si fuera la cosa más tabú que podría cruzarle por la cabeza ¿Por qué diablos se burlaría de ella por su pelo? ¿Porque era negro? La idea era bastante ridícula en su cabeza porque el pelo era simplemente pelo sin importar el color ¿En qué afectaba que fuera negro y no blanco como el resto de todos los elfos de la luna? Algunos de sus padres debía ser un elfo sangre de tierra y eso debía debía ser. Runnan le había explicado una vez cuando vio en el bosque una fénix con un bello plumaje negro con dorado que dos padres de diferentes razas podían tener un hijo que compartiera las características de ambos explicando el exótico color de dicho fénix.

- ¿por qué lo haría?- preguntó mientras inclinaba la cabeza en completa confusión. Al ver la reacción de la niña que la miraba como si estuviese hablando cosas de locos la hizo sentirse mal dejándola efectivamente sin palabras para responder.

- no sé...- fue todo lo que pudo decir antes de que tomara un respiro involuntario que indicaba que estaba a punto de llorar. Rayla tomó ambas manos y le sonrió lo que tomó por completa sorpresa a la otra niña.

- solo quería invitarte a jugar con mis amigos- dijo con una sonrisa- ven vamos- dijo con rapidez para no dejarle tiempo para rechazarla y empezó a tirar de ella forzándola a seguirla. La nueva chica estaba en shock. No podía comprender por qué alguien se acercaría y la invitaría a jugar con el resto de sus amigos cuando claramente antes ninguno de los chicos quería tener nada que ver.

- hey ¿cuál es tu nombre?

- Aria- respondió mientras trataba de contener un remolino de emociones en su interior ¿Cómo sabía que no iba a pasar lo mismo que pasó con el resto? ¿Cómo ella sabía que no iba a abandonarla como el resto lo había hecho?

- mi nombre es Rayla, gusto en conocerte- comentó con una sonrisa. Cualquier duda que existía en su interior se esfumó en el aire. Esa chica Rayla quería realmente jugar con ella sin tener idea por qué, pero quería de todas maneras y era lo único que necesitaba. Así que sonrió y se dejó llevar por dicha niña.


Rayla sonrió ante esa memoria y luego se sintió mal. El resto de sus amigos todavía tenían problemas para aceptarla a pesar de que llevaban varios meses juntos y eso afecto a Aria. Recordaba como en el primer día estaba muy emocionada de jugar con ella y sus amigos, pero ese entusiasmo murió casi al instante cuando el resto le permitió jugar con ellos por la sola razón de que Rayla quería. Ni trataban de esconder que no les agradaba y que apenas la toleraban lo que terminó por transformarla en la estoica chica que mantenía su distancia sin importar qué, que evitaba mostrar cualquier emoción y solo de repente comentaba cosas para decir información útil. Decidió adelantarse e intervenir antes de cualquiera pudiera decir cualquier otra cosa.

- ¡wuaoh! quien lo hubiera pensado- dijo entusiasmada mientras pasaba su brazo por sobre su hombro y la traía hacia ella- es un muy bue consejo ¿no lo crees Alli?- dicha niña asintió con confusión- perfecto ¿les tinca jugar a las escondidas como el otro día?- preguntó con entusiasmo, su objetivo era distraerlos a todos de cualquier pensamiento negativo que tengan hacia Aria.

- es una buena idea- comentó Jurath el chico más gordo de los ocho.

- pero ya jugamos eso la otra vez- agregó Y´Reliath a su lado quien era la chica más alta y flaca de los ocho.

- si ya no sería muy entretenido a menos que le agreguemos algo- dijo Kirie.

- uh ya sé- comentó el niño más silencioso de todos mientras se arreglaba sus lentes, Elereith- podemos ir a jugar cerca de las ruinas- agregó con una ligera y traviesa sonrisa. Todos los niños tomaron una gran bocanada de aire, casi en shock, a excepción de Aria quien simplemente arqueó la ceja.

- pero está prohibido ir a las ruinas- dijo Alli en voz baja a la vez que su figura entera se hacía más pequeña.

- entrar a explorar a las ruinas está prohibido, pero lo que está al rededor no lo es- refutó el chico. Ahí todos, excepto Aria, se dieron cuenta a lo que apuntaba el más callado del grupo y cuando lo hicieron unas sonrisas traviesas surgieron en sus rostros también.

- ¡entonces está decidido!- exclamó Rayla- a las ruinas iremos. Todos asintieron y partieron corriendo con "rapidez". Aria no comentó, pero si partió detrás de Rayla sin alejarse de su lado más de un metro y medio.

Se acercaron a los bordes del Bosque Plateado cerca de la entrada del este donde se encontraban dichas ruinas. Eran impresionantes, árboles gigantes erectos entre las murallas y edificios de piedra erosionados por el tiempo, un par de árboles estaban secos mientras que otros se encontraban quemados, un par de edificios llegaban a cubrir la mitad de la altura que los árboles más grandes cubrían lo que era alucinante tomando en cuenta que los árboles medían sin problemas cien metros o más. Estaban boquiabierta, no solo las ruinas eran impresionantes, sino también notaron que parecían estar cubiertas por una barrera invisible que mantenía la calma adentro hecho que se grababa en sus mentes con más fuerza al notar la ausencia de animales y maleza en los desconocidos vestigios del pasado. Todos, excepto uno, estaban un excitados por jugar a las escondidas en un lugar como este, había cierto aire de misterio que parecía atraerlos. Se acercaron hasta lo que consideraron el límite, que era un poco al interior de las ruinas casi en el borde de estas, y formaron un círculo.

- de acuerdo ya estamos aquí así que queda por decidir quienes serán los dos primeros en partir- dijo Rayla con un tono autoritario. Los demás asintieron.

- yo quiero ir- se ofreció Jurath levantando la mano con entusiasmo. Y´Reliath suspiró con exasperación.

- está bien yo también iré- dijo con molestia.

- de acuerdo- dijo con fuerza Athestar- cierren los ojos y cuenten un minuto a las una... dos... ¡tres!- gritó con fuerza. Todos corrieron en diferentes direcciones, siendo la mitad adentrándose al bosque que rodeaba las ruinas y la otra mitad repartiéndose en los límites de esta. Rayla estaba corriendo y saltando entre las murallas y edificios que parecían lo suficientemente estables como para soportar su peso. No se adentró más allá del límite, no sentía que la necesidad de hacerlo porque creía que podía esconderse igual de bien donde sea por lo que en el momento en que encontró uno de los árboles, que era más un tronco hueco que árbol, que estaba quemado este acumulando unos diez metros de altura llegando a ser uno de los más chicos en las cercanías. Se adentró en este y caminó por las escaleras de piedras, negras como el resto del tronco. Más de algún escalón que estaba suelto cedieron ante su peso estando a punto de caerse y darse un buen porrazo en más de una ocasión. Cuando llegó al final de las escaleras, las cuales estaban incompletas, se sentó con la espalda contra la madera y una pierna colgando. Ella sabía que no la encontrarían si es que no daba alguna pista de que estaba efectivamente allí por lo que empezó a tararear alegremente una melodía que era lenta y suave, como los cantos de algunas de las aves de los bosques. Cerró los ojos y se quedó así, disfrutando del silencio que la rodeaba acompañado de su melodía que la adornaba a la perfección.

Los minutos avanzaban sin que ocurriera ningún evento en las cercanías de su área, aunque si pudo oír como en la distancia habían un par de risas chillonas y sorpresivas acompañadas de unos cuantos gritos de frustración no serios. Eso la excitaba a ella, su corazón se aceleraba y lo único que quería era que la descubrieran simplemente para hacerlos morder el polvo. Diez minutos habían pasado desde que partieron y los gritos alegres de sus amigos habían cesado advirtiéndole que de nuevo se encontraban a la caza siendo lo más probable que fueran por ella. Con una ligera sonrisa de satisfacción por haber durado tanto siguió tarareando esperando que la lograran encontrar. El ruido de una rama rompiéndose seguido de un par de insultos frustrados al aire le avisaron que la habían detectado.

- ¡allí está!- gritó con entusiasmo una voz masculina muy familiar.

- vaya Rayla, una tonta elección donde esconderte- dijo otra voz femenina. Su sonrisa se amplió aún más.

- al fin- gritó con un tono de exasperación bastante exagerado- y yo creía que iba a estar todo el día aquí hasta que fuera la hora para entrenar- comentó mientras se paraba.

- cubre la entrada Athestar mientras yo voy tras ella- dijo Alli con un tono autoritario mientras comenzaba a subir corriendo por las escaleras. El chico asintió mientras se preparaba para cualquier truco que Rayla pudiera hacer a la vez de que gritaba.

- ¡hey! ¡encontramos a Rayla! Su mirada se desvió a Rayla quien simplemente los miraba con una sonrisa de satisfacción como si supiera que incluso en esa situación ella iba a escapar por debajo de sus narices. La chica rulienta, sin quitarle la vista a la otra niña, subió lo más rápido que pudo tomándole cerca de medio minuto en llegar al final de las escaleras.

- no tienes escapatoria- dijo entre bocanadas de aire- es el fin del camino- agregó con una sonrisa que era parte por el juego de palabras. Recibir carcajadas de vuelta fue una respuesta inesperada.

- ¿estás segura? porque todavía no me has pillado así que todavía sigo siendo fugitiva- explicó con evidente satisfacción. La chica frunció el ceño con enojo y se abalanzó sobre Rayla. La última no se quedó quieta esperando a que la pillaran por lo que se subió de un salto a la baranda, que amenazó con ceder estrujando el corazón de los tres, a pesar de ello su mente seguía concentrada y continuó con su maniobra al saltar hacia la muralla de madera agarrándose por donde terminaba el tronco, sin perder el vuelo se impulsó sobre el límite y se sentó.

- hasta la próxima- dijo con una gran sonrisa y procedió a tirarse. Alli estaba congelada en el lugar todavía procesando que su contrincante acababa de saltar de la cima del árbol hacia el suelo, suelo que estaba a diez metros de altura. Cuando la figura de Rayla desapareció Athestar reaccionó al instante corriendo hacia el lugar en que ella caería, el juego ya no estaba en su mente, con el corazón apretado y al borde de un ataque de pánico lo único que le importaba era ver cómo estaba ella. No importaba que tanto talento ella tuviera porque, para él, si uno saltaba de diez metros de altura a su edad el resultado esperado era o romperse varios huesos junto a varios músculos desgarrados o la muerte, ese último pensamiento le estrujó el corazón. Por otro lado Rayla al saltar se apegó al tronco que se iba agrandando a medida que se acercaba hacia la base por lo que frenaba un poco su caída y cuando estaba a dos metros del suelo recién allí se impulso del árbol hacia el suelo sin antes cortarse la palma de la mano izquierda junto a una parte de la muñeca causándole bastante dolor por lo que liberó un inesperado chillido de dolor. El grito lo hizo sudar como nunca y el ruido de un cuerpo golpeando el suelo le heló la sangre. Al asomarse por el borde vio a Rayla parada mirándose su mano izquierda la cual estaba sangrando.

- ¡Rayla!- gritó angustiado mientras corría. El grito de su amigo la trajo de vuelta a la realidad dándose cuenta de que si perdía un segundo más podría perder, estaba probablemente siendo rodeada por el resto por lo que solo quedaba una opción para huir. Sin pensarlo más partió corriendo hacia el interior de las ruinas a toda velocidad.

- ¡Rayla!- volvió a gritar Athestar con angustia siendo esta vez otra la razón de la causa de su angustia. Él notó como ella estaba cojeando un poco y se adentraba a las ruinas que debían estar prohibidas por alguna razón que debía ser importante entonces nada aseguraba que ella podría salir sin sufrir más daño.

- ¡Rayla detente!- gritó al borde de la desesperación. Ella volteó su cabeza y le sacó la lengua de una manera juguetona.

- alcánzame si lo quieres- respondió entre alegres carcajadas sin detenerse en su carrera. El chico se extrañó ante la respuesta quedándose congelado en el lugar, a los pocos segundos sentía que su corazón estaba siendo destrozado por dos ideas conflictivas que eran ir tras ella para asegurarse que estuviera bien o evitar entrar a las ruinas porque podía meterlo en muchos problemas con los adultos algo que sus padres siempre hacían hincapié en su hogar, siempre sigue las reglas. Al final se quedó parado allí sin decidir nada, aunque quedarse parado podía tomarse como que prefería seguir las reglas.


Ella continuó adentrándose tomando varios giros en más de una ocasión, subir a los techos de algún edificio para saltar a los edificios vecinos. Después de correr por más de cinco minutos continuos estaba agotada, las piernas le temblaban, su mano le ardía y su tobillo derecho también le ardía, más de lo normal. Se detuvo al interior de lo que parecía haber sido una sala de clases. Se echó en el suelo con la espalda contra la pared, apreciaba el pequeño descanso. Un repentino ardor en su mano izquierda le recordó que tenía una herida que tratar. Gritaba en su mente por lo tonta que fue al no revisar todo su entorno o sino se habría dado cuenta de la rama rota que salía del árbol. Suspiró con cansancio, al menos la herida se veía superficial. No creía que fuese necesario vendarla porque ya parecía que estaba parando de sangrar por lo que al final solo tendría que ser consciente de cuidar no tocar nada con su mano.

Terminado con su mano se enfocó en el tobillo, le ardía más de lo que debería dolerle después de una carrera como la que acababa de hacer. Trato de moverlo y cuando lo hizo sintió el dolor dispararse junto a una sensación de debilidad, suspiró con frustración. Sabía que se había dañado el tobillo y tomando en cuenta donde estaba no creía que iba a poder mejorarse pronto. Tenía unas amarras cerca de la altura del codo para que su polera manga larga no le molestara con ciertos movimientos, se sacó el del brazo izquierdo y lo usó para apretarse lo más que pudiera su bota logrando de esa manera inmovilizar lo más que pudiera su pie. Se aguantó el dolor del tobillo y su mano izquierda durante el proceso, cuando terminó suspiró de alivio.

Se quedó un par de minutos mirando al vacío preguntándose qué debía hacer. Lo más seguro sería volver para ir con un curandero y que le tratara sus heridas, la herida del tobillo sería fatal para su entrenamiento de asesino. En su aburrimiento y frustración su mirada se deslizó por la supuesta sala de clases en la que estaba. Al poco rato notó que las paredes y el techo estaban grabadas, tenían frases, símbolos y en más de una ocasión figuras interactuando entre sí. Eso la llevó a pensar, después de unos momentos una pregunta surgió en su cabeza ¿Por qué este lugar estaba en ruinas? ¿Por qué un salón de clases estaría en este estado? Ella se paró con cuidado con un renovado vigor impulsado por la curiosidad. Comenzó a explorar las ruinas fijándose en cada pedazo de piedra o mármol que estuviera en su visión, se adentraba en edificios y los inspeccionaba tanto por dentro como por fuera. Más de alguna vez vio imágenes que se referían a todas las fuentes primordiales. Todo lo encontraba interesante, pero a la vez nada que estuviera fuera de lo ordinario, las cosas permanecieron de dicha manera hasta que vio algo que le heló la sangre llevándola a apretar los puños haciendo que gimiera de dolor gracias a cierta herida, pero eso era algo menor comparado con lo que estaba viendo.

En lo que quedaba de un monumento vio como un elfo de las estrellas parecía estar enseñándoles a un elfo de cada raza incluyendo a un humano ¿Por qué un elfo buscaría enseñarle lo que sea a un humano? Se sentía horrorizada por el simple hecho de pensar que en el mismo lugar que estaba también lo habitaron humanos siendo lo peor que los elfos los dejaran. Continuó buscando por si encontraba más señales de humanos, su mente amenazó con entrar en pánico. Habían muchas más piedras, murallas y esculturas que mostraban a los humanos conviviendo en armonía con los elfos cosa que era inimaginable para su pequeña mente. Todo lo que había escuchado de ellos era que eran criaturas despiadadas que no tenían remordimiento por quien tuvieran que aplastar para seguir adelante, salvajes primitivos era el término que más solía escuchar de ellos. Su mente estaba corriendo a mil por hora, su respiración era rápida y entrecortada y lo peor es que su cuerpo entero estaba temblando. La gota que rebalsó el vaso fue cuando vio un monumento que parecía adorar a las seis fuentes primordiales y al medio de todos los símbolos estaba esculpido orgullosamente el símbolo de la "magia" oscura.

No pudo soportarlo más y partió huyendo en la primera dirección que sus pequeñas piernas la llevaron, ignorando por completo el dolor que surgía con cada paso que daba con la pierna derecha. Sin darse cuenta se adentró en un hueco árbol que debía tener unos 25 metros de altura. Se apoyó con ambas contra la pared, de nuevo sin importarle el dolor, de hecho parecía que lo prefería, mientras buscaba recuperar el aliento. Sin darse cuenta el árbol comenzó a brillar con unos resplandecientes y agradables símbolos blancos por toda la superficie interior. Al poco rato ella notó que el lugar se estaba iluminando cosa que no podía ocurrir por el ángulo del sol. Cuando levantó la vista su corazón se elevó hasta su garganta mientras que ella en ese instante perdió por completo la habilidad para emitir cualquier tipo de sonido. El suelo comenzó a temblar con fuerza disparando su creciente pánico lo que terminó por dejarla congelada en su lugar. Después de un minuto desde que los temblores dejaron de ocurrir ella logró acumular el suficiente valor para mirar hacia su alrededor. Notó que a un par de metros en el suelo un pasaje secreto se había revelado. Ella quiso huir cosa que comenzó a hacer, pero se detuvo en seco cuando escuchó una etérea voz llamándola.

- acércate mi niña- dijo la voz con un agradable tono, más que cualquiera que hubiese escuchado. La voz sonaba potente, autoritaria y a la vez acogedora y comprensiva, todo lo que uno podía querer sentir de la voz de alguien.

- ¿yo?- preguntó al aire con un hilo de voz.

- si pequeña- afirmó- no tengas miedo de la verdad, sé que tienes preguntas, muchas sobre los orígenes de este lugar y yo con gusto responderé tus preguntas con lo mejor de mis habilidades. Ella quería largarse, pero ahora sentía el enorme deseo de saber de por qué existía un lugar así tan cerca de su hogar, un lugar que por lo que vio permitía a los humanos quedarse y hacer magia oscura. Al final ese anhelo casi innatural ganó la guerra interior partiendo en dirección del pasaje.

- excelente elección- comentó la voz a medida que ella se adentraba- no te preocupes por lo que suceda, aquí abajo estas a salvo- agregó en el momento en que la entrada comenzó a desaparecer. Efectivamente logró evitar que ella entrara en pánico, pero no que gimiera de miedo a medida que se adentrara por las escaleras iluminadas con nada más que la luz de los símbolos que estaban en la pared que parecían activarse cuando ella se acercaba cierta cantidad de distancia y se apagaban cuando se alejaba lo suficiente. Continuó caminando por lo que se sintieron como décadas para ellas cuando en realidad solo bajó por unos cinco minutos. Al final de las escaleras salió por una puerta hacia un enorme y vasto salón que superaba con creces su imaginación. Tenía una enorme cantidad de pilares repartidos por el lugar, candelabros apagados, polvo por todo el suelo, un par de libros y pergaminos repartidos por todo el lugar, artefactos que desconocía y lo más impresionante de todo era el cristal que surgía del suelo en el centro del salón y se elevaba hasta unos quince metros de altura. Ella no podía ver ninguna luz prendida en el lugar, pero por alguna razón podía ver a la perfección.

- acércate al cristal- dijo la voz a su oído. Un escalofríos recorrió todo su cuerpo, tragó saliva, acumuló su valor y siguió la instrucción. Cuando estuvo a dos metros de dicho cristal ella se dio cuenta de lo diminuta que era en comparación, cristal que era magnífico y solo se podía imaginar lo que hacia. Sin previo aviso el cristal se ilumino con una luz tenue revelando una figura que utilizaba unas dimensiones cercanas a la del cristal.

- buenos días chica, gusto en conocerte- dijo el elfo con una expresión de total seriedad. Ella se asustó ante la repentina revelación de otro elfo, luego en el piso se dio cuenta de algo mucho más impresionante, el elfo era uno de las estrellas, la raza más rara en toda su especie que además se creían extintos. Estaba sin palabras, su mente en blanco.

- ¿quién eres?- fue todo lo que pudo decir. La figura mantuvo su estoica expresión.

- soy un artefacto creado con un pedazo del alma de mi creador, yo soy el Archivista, me encargo de documentar todo lo que pueda sobre el pasado y el constante devenir del presente para que futuras generaciones que sean dignas puedan evitar repetir los trágicos errores que nuestros antepasados han cometido- explicó con seriedad. Su infantil mente tenía varias dificultades para comprender el significado de su explicación ¿Creado del pedazo de un alma? Nunca en su vida, lo cual en realidad es bien poco, había escuchado sobre alguien haciendo magia que interviniera en el alma. Le daba escalofríos que alguien pudiese utilizar la magia para intervenir la mismísima esencia de uno ¿Que su propósito es grabar todos los eventos de la historia para que la gente digna pudiese evitarlos? Le sonaba muy loca la idea, aunque eso no quitara que a la vez le sonaba muy útil en su mente. La cantidad de cosas desastrosas que uno podría evitar porque alguien desafortunado ya lo hizo antes era algo de lo que se podría beneficiar todos ¿Pero por qué él estaba aislado y su ubicación se consideraba como fuera de límites? ¿Acaso no querían que él fuese encontrado? Las ruinas de arriba daban la idea de que a los adultos no les gustaba que nadie supiera de él ¿Pero por qué no simplemente destruir el aparato si es que no querían que fuese encontrado? Su mente daba vueltas con todas las dudas que surgieron con ese puñado de información.

- es muy evidente que tienes dudas pequeña- interrumpió el elfo con su tren de pensamientos- como una sugerencia te aconsejaría que uses el beneficio que es que te puedo responder cualquier pregunta que tengas- dijo con un tono impasible. Ella volvió a concentrarse en él mientras a la vez quería golpearse por lo tonta que era haber ignorado la principal función que tenía el artefacto.

- hm...- murmuró insegura mientras jugaba con sus dedos. Tenía muchas dudas, pero no sabía cuál quería que le respondieran primero o si su pregunta iba a ser muy estúpida o obvia para al artefacto que podría negarle la satisfacción de una respuesta.

- y...- presionó el elfo. Con ese empuje la llevó a que sus nervios se la comieran y preguntase lo primero que se vino a la mente.

- ¡¿por qué hay imágenes de humanos talladas en las paredes de afuera?!- exclamó con rapidez. La figura la miró en silencio por varios segundos. Cada segundo que pasaba era totalmente angustiante para ella, si tuviera expresiones al menos tendría una idea de lo que pasa por la mente del elfo lo que mejoraría mucho su situación actual. Justo cuando había asumido que su pregunta era estúpida para los estándares del elfo y había decidido golpearse por ello la profunda voz la detuvo.

- asumo que lo único que sabes de la antigüedad en los tiempos en los elfos y los humanos coexistían en Xadia hasta que fueron exiliados de Xadia debido a que utilizaron lo que los elfos y los dragones suelen referirse como magia oscura ¿me equivoco?- comentó sin esperar respuesta, algo que Rayla no pilló y asintió con energía. Todos sabían la razón de por qué los humanos fueron expulsados de Xadia, los adultos se aseguraban que los niños de una muy temprana edad supieran sobre los terribles crímenes que cometieron los humanos que era la magia negra, un arte tan horrible y grotesca que quien la utilizaba quedaba marcado de por vida en reflejo a sus atroces actos. Le dio un escalofrío en pensar en esas cosas, no podía comprender como una raza podía ser tan mala para usar dicha "magia" sin remordimientos.

-... entonces- dijo la voz con bastante fuerza como si no fuera la primera vez que estuviera llamándole la atención a la chica quien se avergonzó bastante por sus acciones- bien ahora que tengo tu atención continuaré con la respuesta, como ya mencioné los humanos y los que coexistieron antes de la división del continente, durante esos largos milenios los humanos sufrían bastante debido a su ineptitud natural para dominar la magia y por ende los elementos dejándolos a su suerte en la mayoría de los casos, unas pequeñas comunidades de elfos junto a unas pocos y grandes figuras de la época quisieron remediar dicha situación por lo que formaron pequeñas comunidades con los humanos de la época para enseñarles y asegurarse de que tuvieran una mejor vida de la que llevaban- tomó una pausa, su intensa visión jamás dejaron los ojos de la pequeña que sentía que estaba siendo juzgada y no para bien, la pausa solo agravó dicho sentimiento- música, artes visuales y plásticas, matemáticas, biología, astronomía, agronomía, minería, etc. los elfos se empeñaron en enseñarle todo lo posible a los humanos y estos a medida en que fueron aprendiendo e internalizando las enseñanzas empezaron a desarrollar sus propias ideas y contribuciones, en un par de décadas los humanos en esas comunidades habían desarrollado una cultura bastante única rica en conocimiento al igual que sus contrapartes los elfos, pronto los lugares se volvieron verdaderos puntos de intercambio de ideas y conocimientos, dieron a nacer las primeras universidades- dijo con un ligero cambio de tono que era difícil de distinguir que sentía- aunque ese sería el termino actual que más se asemeja porque en ese entonces no funcionaban estrictamente como una universidad de hoy, como sea, lo que está arriba es una de las universidades que se desarrollaron en ese entonces, los primeros lugares en que los humanos y los elfos convivían en armonía y en felicidad, espero que mi respuesta haya sido satisfactoria- dijo con una ligera sonrisa que pasó desapercibido por completo por la chica que estaba siendo devorada por dentro en una guerra entre lo que acababa de escuchar y entre lo que le han enseñado en toda su corta vida.

"Es imposible que los elfos y los humanos hayan estado juntos antes de la división, los ancianos siempre dicen que los humanos son viles y que debemos huir si es que alguna vez logramos ver a uno y avisarles a los adultos a menos que seamos lo suficientemente grandes en cuyo caso tenemos que capturarlos ¿Pero si es verdad que estos grupos existían entonces por qué los elfos soportaban su maldad? ¿Acaso los elfos en ese entonces toleraban el uso de esa cosa? ¿Sufrían de alguna enfermedad los elfos en ese entonces o los humanos los engañaron? Pero este elfo dice que gravó todo lo que sucedió y su creador es uno de las estrellas, quienes son famosos por siempre decir la verdad, pero los ancianos tampoco mienten, ugh". Ella gimió frustrada, no tenía ni idea qué pensar.

- noto que estas en conflicto- comentó la proyección. Ella levantó la vista y sin pensarlo se dirigió a él.

- lo que dices no tiene sentido, los ancianos jamás mentirían- dijo con un tono acusatorio mientras lo señalaba con el dedo.

- ¿qué te hace pensar que los ancianos no mentirían?

- ¡¿qué me hace pensar que tú no mentirías?!- respondió al instante con un grito sin pensarlo demasiado. Por varios segundos no sucedió nada, un silencio profundo inundó el gran salón. Rayla ya estaba arrepintiendo por su respuesta tan agresiva, tal vez ahora la iba a echar del lugar o tal vez atacarla después de todo él controlaba todo el edificio. Unas ligeras carcajadas surgieron del hombre lo que la confundió bastante.

- ya veo que te estás haciendo las preguntas correctas- comentó con un tono que se asemejaba al de alguien con buen humor- tienes razón nada me impide en mentirte, puede que haya sido creado para enseñarle la historia a futuras generaciones, pero eso no significa que no pueda dar información derechamente falsa- dijo al aire- ahora una pregunta de mi parte ¿alguna vez has mentido?

- nunca- fue su respuesta instantánea.

- ¿en serio? por tu estatura y físico diría que tienes más o menos cinco años lo que me lleva a pensar con total seguridad de que mientes- dijo con un cambio drástico de tono en las últimas palabras. Se tornó mucho más oscuro, potente y burlón como si pudiera ver a través de ella sin problema, como si sus pensamientos y recuerdos que ni siquiera ella estaba consciente de ellos estuvieran a plena vista. Se sintió intimidada y cualquier pensamiento para defender su dignidad desaparecieron. Gracias a eso trató de recordar si es que efectivamente ella alguna vez mintió, no le tardó más de cinco segundos. Sus ojos se abrieron como plato ante tal revelación, ella si ha mentido y en más de una ocasión. Trató de calmarse al decirse que eran cosas sin importancia mentiras que les había dicho a sus amigos o a sus padres a sabiendas de que no iba a haber consecuencia alguna. Esa línea de pensamiento la golpeó duro cuando se dio cuenta de un pequeño detalle. Si ella había mentido en algo que no tenía importancia en algo en que si decía la verdad nada le iba a pasar mas que una reprimenda inofensiva entonces ¿Qué les impedía mentir cuando la verdad les traía terribles consecuencias? Nada, podían mentir a diestra y siniestra y nadie sabría, todos les creerían porque eran los ancianos. Sintió como un agujero se formaba en su estómago causándole una sensación de enfermiza, no quería pensar más.

- notó que estas teniendo problemas para digerir lo que he dicho- dijo la voz- no te preocupes nuestra conversación puede suceder otro día, he esperado un milenio para que llegara alguien digno de aprender, soy capaz de esperar días, semanas, meses, años e incluso otro milenio si es que significa que volveré a tener la ocasión de enseñarle a alguien- explicó. Ella asintió estando fuera de sí. Se dio media vuelta y comenzó a caminar en la dirección por la que había llegado siendo asistida por una pequeña y tenue bola de luz flotante. Al salir del edificio se encontró de vuelta al tronco hueco de los extraños signos.

- recuerda que si quieres volver a conversar conmigo será mejor que vuelvas sola o sino nunca más volveremos a encontrarnos y no podas probar que existo- advirtió la voz- también sería bueno que tengas en cuenta que un niño de tu edad te está buscando de manera frenética en los bordes de las ruinas acercándose cada vez más al interior. Ella asintió lentamente y partió con rapidez hacia el encuentro del niño que la estaba buscando. Al avanzar lo suficiente comenzó a escuchar la desesperada voz de Athestar.

- ¡Rayla sal de dónde estés! ¡ya ganaste el juego así que por favor sal! Ella sonrió ligeramente, tenía tanto dentro de su cabeza que lo único que necesitaba ahora era despreocuparse de todo lo anterior por el momento, Athestar sería la mejor distracción del momento.

- estoy aquí- gritó con un claro tono de cansancio lo cual era una atenuación tremenda. A los pocos segundos apareció el chico corriendo quien estaba lleno de sudor corriendo por su piel, su respiración acelerada al máximo y su rostro retorcido en una expresión entre terror y preocupación del tamaño de un buque. Ella sonrió de alivio y él también se alivió, pero su preocupación no desvaneció. Corrió hasta que llegó a estar en frente de ella.

- ¿te encuentras bien? ¿qué sucedió?- preguntó al instante mientras la tomaba de los hombros, como si estuviera asegurándose de que ella no fuese a desaparecer de manera repentina. Ella sonrió, se le calentaba el corazón ver lo mucho que ella le importaba.

- estoy agotada- fue su débil respuesta. Su visión bajó a su mano que ya había parado de sangrar, luego notó que las vendas del brazo izquierdo en vez de estar donde debían se encontraban apretando con fuerza, por lo que dedujo, la bota derecha como si se hubiese torcido el tobillo. En ese momento recordó que ella había saltado de una altura de diez metros momentos antes de perderla de vista. Sintió como su estómago hizo un giro brusco he hizo una mueca de desagrado.

- te heriste- dijo con suavidad mirando su pie. Ella asintió. Él debió sentir el movimiento de afirmación porque al momento siguiente le estaba dando la espalda mientras se agachaba y extendía los brazos, una clara señal de que quería llevarla a caballito. Ella no protestó y dejó que la levantará. Una vez que partieron ella se dejó derretir en su espalda apoyando su cabeza en su hombro, al poco rato se quedó dormida. En todo el viaje de vuelta Athestar no dijo nada y se contentó con el hecho de que ella, aparentemente, por fin estaba tomando el descanso que tanto necesitaba. Sonrió ligeramente, ella no tenía ningún problema en relajarse en él y eso no le molestaba en lo absoluto.


Ligera edición: 21/12/20. Me di cuenta de que habían un par de errores y omisiones en el texto al releerlo de nuevo para poder trabajar en los próximos capítulos. También la idea de revisarlo surgió cuando estaba leyendo un fanfic que tenía omisiones cada dos por tres, problemas de mayúsculas y palabras en MAYÚSCULAS DE LA NADA sin motivo alguno. Me dio un poco de náuseas al leerlo y me motivó a revisar mis historias, después de todo no tengo BETA.

Espero que les haya gustado el capítulo y que por favor comenten lo que les haya gustado y lo que no, o lo que sea en realidad estoy abierto a discutir varios tópicos.

Hasta la próxima, si es que la hay.