¿¡Quién no necesita la cafeína desesperadamente al levantarse!?


Martes, 22 de septiembre.

Son las seis de la mañana. Mi primera clase será a las nueve.

Me levanto y me dirijo al modesto cuarto de baño que tengo en la habitación. Mi pelo está recogido en una trenza muy suelta que impide que se enrede durante la noche. Lo suelto para volver a recogerlo un poco mejor y que no se moje mientras me lavo. Hago pis, ese que es cuestión de vida o muerte nada más despertarme, me lavo las manos y acciono el grifo de la ducha. Uso un guante de crin bajo el agua caliente para quitarme las células muertas y dejar mi piel lo más suave posible. No conviene exfoliarse a menudo, pero hoy tengo tiempo y puedo adelantar la sesión de belleza de esta semana. Compruebo que no he perdido elasticidad cuando flexiono los brazos hacia atrás, uno por arriba y otro por abajo, y sujeto cada extremo del guante con una mano para poder deslizarlo por toda la espalda. Al acabar con el resto del cuerpo, retiro la espuma perfumada con agua fría y procedo a secarme con una toalla. Extiendo un bodymilk de aguacate por mi piel, me aplico desodorante, contorno de ojos, crema hidratante facial, protector solar y, cuando acabo, abro el armario. «La ropa que debo llevar». La petición de BlackCat aflora de repente en mi cabeza. Supongo que hasta ahora estaba demasiado dormida como para recordarla. No sé qué clase de órdenes espera que le dé, pero es demasiado temprano como para pensar en ello. Decido centrarme en vestirme. Escojo una blusa con transparencias elegantes y unos pantalones de pitillo. Me falta peinarme: quiero llevar el pelo recogido, así que lo sujeto en un moño sencillo de los que uso durante los ensayos de ballet. No suelo maquillarme fuera de los focos, así que ya estoy lista para salir a desayunar.

No cojo las llaves del coche, me apetece pasear.

En el exterior oigo el canto de los pájaros. Cualquiera diría que cantan igual en todo el mundo, pero no se parece en nada a lo que una puede oír en el château Guillard a pesar de la similitud del entorno. El amplio paisaje que me rodea es extraordinariamente verde y está salpicado de montañas y roca, de lagos cristalinos que se hielan durante el invierno y parecen sacados de un cuento de hadas. Annecy es muy parecida, ligeramente más cálida y con sus canales atravesando el área rural.

El vasto terreno del campus se adentra en la ciudad, así que a medida que avanzo voy viendo cada vez más edificios. Primero aparecen algunas de las facultades y luego las residencias de estudiantes. Veo los laboratorios y el taller de robótica donde las estudiantes y profesoras ómnicas reciben cuidados.

Quince minutos más tarde, estoy fuera del campus y en plena ciudad. En esta zona hay muchos edificios con apartamentos en alquiler. Los suizos saben que es un negocio seguro, ya que Overwatch acoge cada año a varios miles de alumnas de todo el mundo. Al fin y al cabo, la universidad oferta todos los estudios posibles. Llego a una plaza peatonal. En frente de mí puedo ver la estación de tren que viene a la universidad y también la cafetería más frecuentada por las alumnas: Elise. Siempre desayuno ahí. Tengo la costumbre de comer fuera de mi apartamento: los numerosos restaurantes en torno al campus me permiten ahorrarme el tiempo de cocinar para invertirlo en estudiar, ensayar, escribir o atender eventos. A mi familia no le importa hacerse cargo de este gasto. Por lo que sé, nuestra economía apenas lo nota.

Entro en Elise. Veo que soy la primera clienta del día. La dulce voz de una camarera me saluda con energía en cuanto se cierra la puerta.

¡Nǐ hǎo!

No conozco a la alumna que está trabajando aquí este año. Lleva shorts, una blusa verde y un delantal con un melón dibujado. Tiene sobrepeso y en su enternecedor rostro se perciben rasgos asiáticos.

La adoro de inmediato.

Bonjour.

—¿Oh…?

La expresión le cambia cuando me oye saludar en francés. Al mirarme parece reconocerme, pero no recuerdo haberla visto antes.

Me acerco a la barra y le dedico una sonrisa pequeña y ladeada que se asemeja más a un puchero.

—Mei-Ling —leo en la pequeña chapa de su pecho.

—¿Sí, Amélie? —responde con la voz aflautada. Sabe mi nombre, así que nos hemos tenido que ver previamente. Quizá es de las que frecuentan las representaciones de la facultad de artes escénicas… El año pasado tuve muchas fans que acudían al camerino y me hacían regalos después de las actuaciones. Solían presentarse en grupos más o menos grandes y gritaban mucho, así que yo no llegaba a conocerlas y ahora mismo no podría identificar prácticamente a ninguna.

—¿Eres la camarera del turno de mañana?

—De momento sí. Quiero apuntarme a algunos cursos para obtener créditos extra, pero son un poco caros… y no quiero que me ocurra como el año pasado.

—¿Qué te ocurrió el año pasado?

—Tuve que limitarme a hacer los cursos que necesitaba para aprobar, y no pude disfrutar de ningún curso por gusto. La beca no me dio para más.

—Se lo comentaré al consejo estudiantil —le aseguro. Y pienso cumplirlo—. Parece que entonces vamos a vernos a diario.

—¿Sí?

Oui, siempre desayuno aquí, en Elise. ¿En qué facultad estás, Mei-Ling?

—¡En la de ciencias!

—A menudo sois las alumnas que realizan los estudios más exigentes quienes tenéis que trabajar aquí o en el taller. No sé cómo lográis abarcar tanto, pero os considero admirables, ma douce.

Su carita redondeada se sonroja con el elogio y el efecto queda amplificado por el contraste con su uniforme verde.

—¡Ayy! —Está nerviosa y sus manos tiemblan—. ¡Perdona, te estoy entreteniendo! ¿Qué quieres tomar?

—Café con leche vegetal y barritas con tomate, s'il vous plait.

—¡Enseguida! Siéntate donde quieras.

Mei-Ling desaparece dentro de la cocina y yo me adueño de la mesa junto a la entrada. Aquí me verá Satya cuando llegue. Casi siempre desayuna conmigo. Vendría aunque no estuviese yo… Ha invertido más dinero de su beca en café que en comida, pero no me deja reprochárselo. Es extremadamente maniática y no soporta que nadie interfiera en sus rutinas. Y el café, siempre solo pero con una pizca de canela y otra de edulcorante, es su rutina favorita.

Se abre la puerta y entran dos alumnas: reconozco a las hermanas Shimada. Siempre están discutiendo, y hoy no es la excepción. No entiendo de qué hablan, y tampoco quiero meterme en sus asuntos, pero salta a la vista que Kenji (la menor y más alocada) lo considera muy grave y Hatsu (la mayor; fanática de los tatuajes por lo que veo de su brazo) hace lo imposible por mantener la compostura. Hatsu me saluda inclinando respetuosamente la cabeza y sigue su camino hacia la barra. Kenji me dedica una sonrisa desvergonzada. El año pasado fue una de las alumnas que se me declararon… y se tomó muy bien mi rechazo. Dijo que antes o después lograría enamorarme y, a continuación, se dedicó fallidamente a intentar conquistar a Moira O'Deorain.

Me resultó cómico.

Mi desayuno no tarda en llegar. Extiendo el aceite de oliva y una capa del tomate triturado con ajo sobre las dos barritas de pan tostado mientras veo que van entrando más compañeras; a algunas no las conozco, a otras sí… Llueven los saludos en varios idiomas y el entusiasmo. En un momento dado, mi mirada se cruza de nuevo con la de Mei-Ling, que está atendiendo la barra. Ella se percata de que la observo y vuelvo a dedicarle esa sonrisa mía pequeña y enigmática con los labios ligeramente fruncidos. Se ruboriza tanto que las clientas miran en mi dirección, pero yo estoy ya con la taza en la boca y disfruto del primer sorbo del café templado.

Imagino las reacciones de la asiática si yo estuviese arrodillada frente a ella, oculta de la clientela bajo el mostrador, bajándole la ropa interior. La mezcla de vergüenza y placer en Mei-Ling mientras intenta aparentar normalidad frente a todo el local con mi lengua acariciando su clítoris…

—¿Por qué no me has pedido café?

—¿Hm?

—Ahora me tocará hacer cola. —Satya deja su bolso y su chaqueta en la silla libre que hay en mi mesa y se aleja, pero la huella de su perfume de té verde ya lo impregna todo.

Tomo nota mentalmente de lo interesante que sería escribir un relato donde explorar los límites del exhibicionismo con Mei-Ling. Asocio rápidamente este pensamiento con el BDSM y se junta con la certeza de que ya hay cafeína en mi cuerpo. No tengo razones para posponer un análisis de la propuesta de BlackCat. Veamos: soy una persona dominante que no quiere que nadie conozca sus gustos para no hundir a su familia, que ya ha sufrido bastante… Eso me convierte en una persona dominante sin experiencia con las relaciones ni mucho menos con el BDSM. Bueno, relaciones sí que tuve con una chica cuando aún era adolescente, se llamaba Geraldine, pero eso da igual. Todo lo que sé sobre mi sexualidad es que la idea de que alguien se eche a mis pies y me pida que cumpla sus fantasías me enloquece.

Y BlackCat me lo ha pedido…

Es genial, pero me aterra. Si ella supiera que no tengo ninguna experiencia, entonces no se le habría ocurrido proponérmelo.

Abro el teléfono y miro Blackwatch. BlackCat no está conectada. Empiezo a elaborar mi rechazo hacia su propuesta y Kenji se cruza en mi campo de visión al marcharse (a todas luces airada con su hermana mayor) sujetando un vaso de café desechable: vuelvo a recordar su declaración. Siempre que alguien se me declara lo rechazo porque tengo miedo… Por eso me instalé Blackwatch, pensé que de esta forma podría decir que sí al cibersexo, o al sexting o lo que sea, para experimentar con el BDSM desde una posición segura.

Eso me devuelve a la casilla de salida sin conclusiones.

Borro mi negativa.

Suspiro. Doy otro trago al café y vuelvo al chat principal. Cyberspace nos ha deseado buenos días a todas, Asp saludó en mayúsculas y Goddess dijo que «necesita un café con urgencia». Hay varios gifs cariñosos. Ojeo el chat de rol por curiosidad y descubro que Ultraviolet y Shieldmaiden interpretaron una cita durante la cena. Parece divertido e inocuo… incluso intercambiaron fotos de sus platos y bebidas.

—¡Por fin! Necesito un café con urgencia —dice Satya tomando asiento. Ha pedido un café en la taza más grand…

Un momento.

¡Son las mismas palabras de Goddess! ¿Es posible que ella…?

—Oh —murmuro bloqueando mi móvil.

Aunque… podría ser casualidad. ¿¡Quién no necesita la cafeína desesperadamente al levantarse!?

—El curso se plantea de un modo extraordinariamente interesante, Amélie. Voy a comenzar a experimentar con la luz sólida. Los arquitécnicos de segundo año no podemos trabajar con estructuras excesivamente dilatadas, pero practicaremos con algunas moderadamente complejas y…

Ay. Sí que es el estilo rebuscado de los párrafos de Goddess. ¿Por qué no lo pensé al leerla por primera vez?, cuando dijo… ¡que Amélie era su crush! ¿¡Soy el crush de Satya, mi mejor amiga!? No me importaría que fuese mi pareja, es una persona maravillosa, pero al saberlo me siento con un poder que no debería tener.

Y el poder me excita.

Saber que he podido ver un lado oculto de Satya roza mi ideal de intimidad y confianza… El mismo que forma parte de mis fantasías. Pero hay algo muy pervertido en todo este asunto, algo que me disgusta mucho. Al fin y al cabo, esta «intimidad» no es algo pactado. Está mal que yo tenga ese conocimiento sin que ella lo haya consentido.

Estoy precipitándome. Seguramente ella no sea Goddess. En realidad no puedo imaginar a mi amiga india usando una app como Blackwatch.

—Satya —digo de golpe. Ella alza las cejas mientras le da un sorbo a su café—. Quería hablarte de Aleksandra Zaryanova…

—¡Ah! ¡Lo sabía! ¡Te gusta! ¡Me percaté del modo en que mantenías el contacto con sus manos!

Pues sí, es Goddess. No hay duda.

Y, en contra de lo que BlackCat piensa, sí que realicé esos movimientos obscenos con los dedos por el capricho de controlar la libido de Aleksandra.

—¿Qué…? ¡Non! Iba a hablarte de ella, de Mei-Ling y… De las becas, algunas alumnas me han estado contando cosas. No cubren todos vuestros gastos, ¿verdad?

Satya es una alumna becada por sus excelentes notas. Y por el mismo motivo es miembro del consejo estudiantil.

—No es algo que me afecte porque tengo la puntuación máxima en todas las asignaturas, pero este sábado tendremos la primera reunión de este año y podemos plantearlo.

D'accord. —Remuevo mi café, que posiblemente ya esté demasiado frío. Satya apura su enorme taza con avidez. Hay algunas partículas de canela en la aséptica porcelana blanca de Elise—. Por cierto, ¿qué opinas de Elizabeth Ashe?

—¿Esa rufiana caótica que irrumpió en la ceremonia y la desestructuró por completo?

«Desestructurar» es una palabra muy grave en boca de una arquitécnica.

—Tu nueva mejor amiga —me río. Ella no capta mi sarcasmo. Nunca lo hace debido a su TEA.

—¡Por supuesto que no! ¿En qué te basas para afirmar semejante despropósito? Su comportamiento fue terrible, el de una malcriada. Confío en que la señora Amari le diese alcance y castigase adecuadamente sus faltas.

(Castigar, ¡qué palabra!).

—Ya… A mí tampoco me agradó. De hecho, me enfadé muchísimo cuando me quitó el micrófono. ¿Y se puede saber qué necesidad había de derrapar con la cicloplaneadora frente a la primera fila? ¡Podría haber atropellado a alguien!


Cuando abro el teléfono a la hora de comer, veo dos cosas importantes: la primera, que me ha llamado Chloé, una de mis madres. La segunda, una notificación en la app de Overwatch (ahí se comparten horarios, fechas de entrega y nos comunicamos con el profesorado).

Devuelvo la llamada inmediatamente, por supuesto.

—¿Mamá? —pregunto en francés.

—Hola, princesa. ¿Cómo van las cosas? No has actualizado instagram desde que saliste de casa y por aquí queremos ver tu carita.

Mis madres son mi mayores fans en las redes sociales. Seguro que si les contase que escribo, también serían fans de mis relatos. Los Guillard somos una familia que se apoya. Aunque la filtración de aquel vídeo sexual fue más fuerte que nuestra red de apoyo…

Me estremezco. Le fallamos a Danielle cuando más nos necesitaba.

—Ah, no he hecho muchas fotos. Subiré ahora unas cuantas.

Durante las dos horas que tengo para comer, charlo con mi familia. ¡Qué relajante es hablar en mi lengua materna y no en el inglés del campus! Tratamos todos los temas que son normales (los materiales, el planteamiento del curso, proyectos, visitas y demás) y me informan de que este año empieza a estudiar en Overwatch una alumna cuya familia es clave para nuestros negocios fuera de Europa. Los Guillard planean una fusión, y parece que yo podría contribuir si potenciase una amistad con la susodicha. Les prometo que le prestaré atención a sus mensajes para conocer lo antes posible la identidad de nuestra futura aliada.

Luego me despido.

Aún tengo pendiente comprobar la notificación en la app de la universidad, así que la inicio. Resulta que el sistema de streaming (lo han llamado Talon) ya está operativo y que, efectivamente, servirá para acumular créditos cuando los profesores lo especifiquen. No sé si me veo a mí misma haciendo un tutorial de baile o emitiendo coreografías en directo, pero supongo que puede ser práctica.


Es de noche. Llevo algunas horas enfrascada en mis primeros trabajos de clase. Consulto el reloj y veo que son las diez: por eso estoy tan cansada. Me cercioro de que he adelantado suficiente trabajo y decido concederme media hora en Blackwatch antes de dormir.

Sé qué voy a hacer.

Apago el portátil, me desvisto y entro en el baño para lavarme la cara y desenredar mi pelo. Lo trenzo y salgo, me recuesto en la cama y desbloqueo el teléfono. Encuentro un chat privado de Cyberspace, que me da las instrucciones para proteger mi ordenador, y otro de BlackCat preguntándome si estoy. En el chat multimedia hay un par de fotografías nuevas: una compañera nos enseña sus nuevas bragas… puestas. Se trata de una chica negra, y no sé absolutamente nada más. Me doy cuenta de que este tipo de fotografías son las más seguras porque nadie va a reconocer los escasos detalles visibles. Si fuesen fotos de mascotas, comidas u otro tipo de prendas más inocentes quedarían revelados rasgos fácilmente reconocibles.

Tiene gracia.

[Huntress]: Buenas noches, BlackCat. He estado pensando en tu propuesta…

He tenido que borrar antes de enviar el mensaje para corregir mis palabras, pues, a pesar de que en Overwatch nos comunicamos en inglés, tengo tendencia a saludar y despedirme en francés. No quiero arrojar pistas sobre mi identidad.

[BlackCat]: ¿Y qué has decidido…? :O

[Huntress]: Hm.

[Huntress]: ¿Qué forma es esa de dirigirte a tu ama, gatita?

[BlackCat]: u/u

[BlackCat]: Lo siento, ama. ¿Cómo debería portarse esta gatita? :3

[Huntress]: Jejeje…

[Huntress]: Vamos a decidirlo ahora. Quiero saber qué esperas exactamente de mí para poder dártelo.

[BlackCat]: Me distraigo mucho jugando a videojuegos. Me gustaría que me dieses órdenes para que me porte mejor, estudie más y eso. ^_^

[Huntress]: ¿Cómo podría mantenerte motivada? ¿Con fotografías? ¿Juegos?

[BlackCat]: Sí, exacto. Incluso podríamos vernos en persona si tú quieres o involucrar a terceras. A mí no me importa que conozcas mi identidad. 3 3

A mí sí. Y mucho.

No se me escapa que ya es la segunda vez que insiste con esto de vernos en persona.

[Huntress]: Prefiero dejar eso para un poco más adelante…

[Huntress]: Dime, gatita, ¿cómo estás ahora?

[BlackCat]: En pijama. Sentada en el escritorio. Juego con la consola. ^_^'

[Huntress]: Las sillas no son para los gatos, querida. Vete a dormir ahora mismo y, si cuando me levante veo que llevas desconectada desde esta hora, habrá un premio. Te mostraré dónde deben tumbarse mis gatitas.

Le enviaré una foto de mis muslos… y ojalá realmente la perciba como un premio y no como una tontería.

¿Lo estoy haciendo bien? ¿Es esto lo que quiere?

[BlackCat]: o/o

[BlackCat]: ¡Por supuesto, ama! 3 3

[Huntress]: Descansa.

Veo que BlackCat se desconecta. Miro el chat principal por curiosidad, pues aún me quedan diez minutos de margen para acostarme.

[Shieldmaiden]: ¿TANTO te ha gustado el texto, Goddess?

[Goddess]: «Arrebatador» y «apasionante» son términos que no bastan para explicar lo mucho que he disfrutado de la lectura. Siempre he dicho que BlackCat tiene una prosa sencillamente singular.

Ignoro a qué se refiere, así que rebusco por los chats. En el de multimedia resulta que no solo hay fotografías y vídeos, sino que también hay textos. BlackCat ha publicado uno.

Lo descargo para leerlo mañana con el café matutino.

[Beachrat]: eberda q mola

[Shieldmaiden]: Entonces… ¿por qué no nos ENSEÑÁIS lo mucho que os ha gustado?

[Goddess]: Debo señalar que es imposible plasmar un concepto abstracto como los gustos o la receptividad de mi mente hacia un relato erótico más que aplaudiendo, y aquí no están aceptados los audios.

[Ultraviolet]: ¡Creo que ha pedido fotos seeexys, cielo!

[Goddess]: ¡Ah, coño!

Justo cuando mi reloj marca las diez y media, llega al chat de multimedia una fotografía donde podemos ver las piernas morenas de apariencia flexible de Satya… muy separadas. Lleva ropa interior azul, y puede verse clarísimamente cómo uno de sus dedos se desliza debajo de la goma elástica. Se trata de una imagen absolutamente explícita donde en realidad no se ve nada.

[Huntress]: Una fotografía preciosa.

[Goddess]: ¡Gracias por la apreciación, Huntress! Confío en que baste para expresar adecuadamente lo mucho que me ha impresionado el nuevo texto de BlackCat.

Tras esto, me voy a dormir.