Encaje rosa pastel.
Martes, 6 de octubre.
[Ultraviolet]: ¡Miiira lo que me ha pasado por leer tu relaaato, cielo!
Ultraviolet me ha abierto un chat privado. A continuación, adjunta una fotografía donde puedo ver el torso de una chica delgada con los pezones erectos bajo una camiseta naranja de tirantes. Físicamente me resulta tan agradable como BlackCat, pero carece de nada erótico para mí: no veo sumisión, no veo entrega… solo veo algo vainilla.
Aunque es sexy.
[Huntress]: Gracias por el piropo. 3
[Ultraviolet]: ¿Cómo sabes tooodas esas cositas sobre los ómnicos, Huntress?
[Huntress]: Hm…
[Huntress]: ¿Tú qué crees? =P
[Ultraviolet]: ¿Te has tiraaado a una ómnica, amor? ¿DE VERDAAAD?
Durante el ensayo del sábado pasado, tras la reunión del consejo estudiantil, Luna me dijo que le pidiera lo que necesitase a cambio de mi ayuda… y decidí preguntarle cómo era el sexo para los ómnicos. Al principio creo que me malinterpretó, pero enseguida vio que era simple curiosidad sin segundas intenciones (¿qué intenciones iba a tener yo si la intimidad es una fruta prohibido para mí?). Cuando me explicó los detalles se me ocurrieron muchísimas ideas… y he estado plasmándolas en forma de relato a lo largo de las últimas noches. Hoy, tras terminar de pulirlo, lo he subido a Blackwatch. Ha quedado bastante vainilla, pero mi lado creativo está muy satisfecho por haber hecho algo distinto.
Decido no responder a Ultraviolet aún. Voy al chat principal y me fijo en la conversación activa.
[Goddess]: No he podido escribiros en todo el fin de semana a pesar de que tenía una noticia muy interesante. Hoy he sacado un hueco para contaros una experiencia que el sábado pasado me robó el aliento: tuve a Elizabeth en contacto con mi cuerpo. No puedo transmitiros lo bien que huele a crema pastelera, lo suave que es su piel… ¡Se le veían las bragas, y me guiñó el ojo cuando me descubrió mirando! Me faltó poco para desvanecerme debido a la ingente cantidad de sangre que se me desvió de su curso normal para acumularse en mis zonas erógenas. La sensación fue comparable a la que me produce leer a BlackCat.
¿Incluso tú, Satya…? Aggh. Todas están obsesionadas con Elizabeth. Los comentarios sobre ella llegan constantemente.
[Cyberspace]: Yo también la tuve en contacto con mi cuerpo ese día, Goddess…
Pues ya sabemos quién le corrió el pintalabios.
La envidia, el miedo y todas esas horribles sensaciones que procuro ignorar consiguen cebarse conmigo una vez más. ¿¡Por qué tienen que hablar todo el rato de ella!?
[Goddess]: Por favor, Cyberspace, dime que no eres mi mejor amiga.
No, Satya, tu mejor amiga es Huntress.
[Goddess]: ¿No hay emojis de pánico? Siento que mi último mensaje no es tan rotundo como pretendo expresar.
[Cyberspace]: No tengo amistad con ninguna de las que estaban allá…
[Asp]: PERO ¿QUÉ HA PASADO? ¿HA HABIDO UNA ORGÍA O ALGO ASÍ?
[Devil]: Hala, la otra… *Risita*.
[Mako]: …
[Shieldmaiden]: *Se sienta corriendo en las RODILLAS de Cyberspace*. ¿Alguien ha dicho ORGÍA?
[Mako]: …
[Cyberspace]: No. Elizabeth quedó con unas personas justo cuando yo me iba y estuvimos a solas un rato el otro día…
De repente, recuerdo la puerta moviéndose durante la reunión. Entonces ¿Cyberspace estuvo en casa de Katya el día de la reunión del consejo estudiantil? ¿¡Quién es!? De repente siento muchísima curiosidad. No había más vehículos fuera… ¿Se enrollaron Elizabeth y ella en la casa de Katya?
Podría enviarle un mensaje a mi amiga rusa y preguntarle que quién estuvo en su casa ese día, pero no se me ocurre una buena excusa para hacerlo. ¿Le digo que vi cerrarse una puerta a lo lejos cuando ella y su criada estaban en el salón? No sería tan extraño que eso me generase curiosidad. Aunque… sabiendo que ella y yo estuvimos a punto de tener algo el invierno pasado, quizá me malinterprete.
Bueno, no me urge averiguar la identidad de nadie.
[Cyberspace]: *Le hace tap-tap en la cabeza a Shieldmaiden*.
[Asp]: DETALLES.
[Shieldmaiden]: *Echa la cabeza hacia atrás para que el tap-tap sea en las TETAS*.
[Ultraviolet]: ¡SHIELDMAIDEN, STOOOP! ¡Eres demasiado, cielo!
[Shieldmaiden]: AGÁRRALAS bien, querida administradora.
El chat multimedia se ilumina, y no necesito mirarlo para saber que Shieldmaiden está enviando fotografías. Es adicta al intercambio de fotos. Y vídeos… Toda una exhibicionista. No me extraña que insista tanto con lo de los streamings.
[Cyberspace]: Elizabeth solo me besó. En la frente, eso sí, pero ya veo que necesitan salseo…
¿En la frente? Ya. Nadie se pasa un cuarto de hora besando una frente hasta que se le difumina el maquillaje. Supongo que está reculando porque las palabras de Satya pueden facilitar que se filtren sus identidades.
[Shieldmaiden]: ¿Soy la única IDIOTA a la que Elizabeth no ha BESADO?
Cada vez la mencionan más. Y durante más rato. ¡Aggh!
[Huntress]: Lo dices como si se hubiera enrollado con la mitad del campus.
He tenido que intervenir. No debería. Debería cerrar la app y tranquilizarme.
[Cyberspace]: Hahahaha, ¿y quién no lo ha hecho…?
[Ultraviolet]: Pueees creo que las úúúnicas que no lo han hecho son las chicas nueeevas de primero porque en tres semanas no han tenido tiempo, las del consejo estudiantiiil y alguuunas de las que estudian sin parar y no salen nuuunca, amores.
[Beachrat]: yo tmpoco :(
[Devil]: Me ofrezco voluntaria para remediar esto, Beachrat… *Risita*.
[Beachrat]: nserio?
[Mako]: …
[Beachrat]: no t pongas zelosona gorda!
[Cyberspace]: ¿Con quiénes te has enrollado tú, Huntress, ya que preguntas? Dale, cuéntanos, hace falta salseo como puedes leer…
[Ultraviolet]: Con ómniiicas… ¿Verdad, amor?
[Huntress]: Os planteo un trato: en vez de esa información, os doy una foto.
[Asp]: ACEPTO.
[Ultraviolet]: ¡Yo nooo!
[Shieldmaiden]: Asp, DEBERÍAS esperar a saber qué tipo de foto será ANTES de aceptar. *Tira de la cabeza a Cyberspace para ponerle las tetas en la cara*.
[Cyberspace]: Siento que esto fue demasiado gratuito…
[Beachrat]: sokorro a ntrao n mi 4º!
[Beachrat]: grjiyrslgkjl kjrljlkjr gjrlkjòoiwept
[Cyberspace]: ¿Beachrat? ¿Todo bien…?
Nadie responde.
[Cyberspace]: Por cierto, yo acepto el trato…
[Goddess]: Tras una ardua búsqueda, debo decir que no encuentro el emoji apropiado para esclarecer el tono de mi mensaje anterior, pero quiero hacer hincapié en lo cerca que he estado del infarto de miocardio.
[Ultraviolet]: ¿Creéis que Beachrat está bieeen, amores?
Me meto en el cuarto de baño. Mi primer impulso es desnudarme y mandar una foto de mi espalda sin más, algo simple y con mucha clase, pero sospecho que eso no hará que piensen más en mí que en Elizabeth. Quiero arrebatarle el protagonismo en el chat. Quizá así dejen de mencionarla y yo, al dejar de leer su nombre, pueda olvidar que ella representa todo lo que no puedo permitirme ser.
No, no es más fácil cerrar la app.
Vuelvo a la habitación, busco un culote de encaje rosa pastel para sustituir mis comodísimas bragas básicas. Apoyo el teléfono con la cámara abierta sobre mi escritorio, activo el temporizador, me coloco de espaldas a la ventana asegurándome de que mi pelo cae por delante de mi torso (mi larga melena negra es bastante característica, así que es mejor que no se aprecie su longitud exacta) y separo las piernas apoyada sobre las puntas de los pies para que mi culo se levante más y parezca todavía más redondo.
Tras varios intentos, consigo una foto lo suficientemente interesante. Estoy inclinada hacia delante, la cabeza apenas se ve, la espalda se adivina arqueada y desnuda, pero todo el protagonismo le pertenece a mi culo. También se intuye con absoluta claridad la forma de mi coño entre las piernas separadas.
La envío.
[Ultraviolet]: Valeee, creo que debería haber aceptaaado el trato. ¡MADRE MÍA, CIELO!
[Cyberspace]: ¿Huntress…?
[Cyberspace]: OMFG…
[Shieldmaiden]: Huntress, puedes pisarme la cara cuando QUIERAS.
[Asp]: INSISTO EN QUE TE SIENTES EN LA MÍA, HUNTRESS!
[Beachrat]: sigo biba
[Goddess]: Me temo que me he quedado sin palabras de nuevo. Y tampoco conozco ningún emoji que exprese esto adecuadamente.
[Ultraviolet]: ¡Necesitamos mááás!
Sonrío satisfecha en cuanto se me empiezan a iluminar varios chats privados. Recibo todo tipo de invitaciones (rol, intercambio de vídeos, incluso citas) y me doy cuenta de que el chat de BlackCat desciende hasta desaparecer bajo los demás porque no me responde desde hace varias horas. Recuerdo que mencionó que hoy iba a quedar con una amiga suya mientras vuelvo a ponerme ropa cómoda. Me pregunto si podría encontrar la forma de quedar con ella sin delatar mi identidad. Quizá con una máscara de cuero, ella con los ojos vendados… Todo muy fetichista. En su dormitorio no, temo que alguien me vea llegar, pero… ¿y si pago una noche en un hotel? Solo tendría que disimular mi acento.
Y hay más alumnas francesas.
Es una idea interesante, tendré que pensar en ello con más detenimiento cuando tenga tiempo. Ahora debo acostarme para poder rendir mañana y el resto de la semana.
Sábado, 10 de octubre.
Es mediodía. Los sábados Elise se llena de estudiantes. Yo he venido a relajarme antes de afrontar todo el trabajo de clase que tengo, pero algunas alumnas vienen a estudiar aquí. Yo, personalmente, sería incapaz por el exceso de ruido y, además, tendría que traer mi ordenador portátil…y nunca sale de mi dormitorio porque me da pánico que alguien encuentre mis relatos. Entre mis manos, la humeante taza de una infusión emana su agradable perfume. Echo un vistazo a las mesas cercanas: una preciosa chica de pelo azul apodada La Reina charla con Fareeha, hija de la rectora Amari. Hablan sobre batallas de robots con un entusiasmo que las vuelve ligeramente gritonas. La Reina es partidaria de una tal Wrecking Ball, y Fareeha le asegura que los rusos y los coreanos… Oh, se interrumpe con la llegada de Brigitte, hija de la diminuta y malhumorada profesora Lindholm. Las tres son preciosas, y nada me gustaría más que acercarme a su mesa y unirme a su conversación. En realidad, he exagerado: se me ocurren unas cuantas cosas que me gustarían más que limitarme a charlar con ellas.
Apoyo la barbilla sobre las palmas de ambas manos y suspiro. Mi aliento remueve las volutas de vapor que aún salen de la infusión. Me vibra el teléfono móvil. Sé que es BlackCat por el rosa del led y, justo cuando voy a desbloquearlo, me doy cuenta de que alguien me observa. Es Jackie Morrison, una profesora indianesa. No me da clases a mí, la conozco porque es ocupa el puesto de secretaria general y forma parte de la junta directiva. Es la mano derecha de Ana Amari. Me giro hacia ella. Sus afables ojos azules giran rápidamente con cierto bochorno porque la he sorprendido, gesto pudoroso que no esperas en alguien que pasa de los cuarenta años. Sus pestañas rubias tiemblan por los numerosos parpadeos que da tratando de posar la vista en algo que no sea yo. Levanto la mano y le dedico un saludo solo para regodearme con el modo en que se sonrojan sus mejillas. Se apresura a responder a mi saludo y Gabriela Reyes, la decana de letras californiana, se cruza en su camino. Si Jackie es el prototipo de mujer sencilla y llena de dulzura, Gabriela es su polo opuesto: complicada, cortante en muchos aspectos y, ciertamente, demasiado vehemente. Cada vez que trabajan juntas organizando eventos, y lo hacen a menudo, discuten. Posiblemente porque Gabriela era la secretaria general hasta que decidieron reemplazarla por la indianesa.
Astuta como un zorro, Gabriela se percata de que Jackie ha mostrado un leve interés hacia mí y desvía sus pasos para plantarse en mi mesa. Me fijo en que lleva los labios pintados de negro, y su piel oscura parece más propia de una diosa que de una mujer de cuarenta y pocos.
Es espectacular. A lo mejor podría escribir algo sobre ella… ¿O es demasiado inadecuado que fantasee con las profesoras?
«Seguro que a Elizabeth le daría igual», dice una vocecita dentro de mi cabeza.
Qué vocecita tan hija de puta.
—Amélie, ¿qué tal ha ido el verano? —me pregunta Gabriela. Sus ojos, de por sí ácidos, le dedican miradas de provocación a la secretaria general. La desafía.
Me da que Jackie y ella tienen algo escondido detrás de todas sus peleas. ¿Es posible que su lucha de poder encierre algo más? Mantengo una breve conversación con Gabriela y noto de reojo cómo la «girl scout» (así la llama la californiana) se va poniendo nerviosa.
Cuando mi interlocutora se marcha, le doy un trago largo a mi infusión.
No puedo evitar fijarme en que Jackie sale de la cafetería detrás de Gabriela. Me encantaría saber cómo termina esta historia…
Apoyo la taza en el pequeño plato que Mei-Ling me dio con un montón de sobres de azúcar (y cuando digo un montón me refiero a que me puso dos puñados con un entusiasmo muy cómico) y veo la luz led rosa de mi móvil brillando. ¡Es verdad! Iba a haber mirado antes las notificaciones de Blackwatch, pero me he distraído con las dos profesoras.
[BlackCat]: ¿Estás?
[Huntress]: Sí, claro. ¿Ocurre algo? No has dado señales de vida en varios días y estaba preocupada.
[BlackCat]: Sí, lo sé… Pues… A ver, algo sí que ha ocurrido.
Esto me preocupa. Tiene que tratarse de algo grave para que BlackCat no use emojis.
[Huntress]: ¿Todo bien?
[BlackCat]: Sí, lo cierto es que sí. Quedé con una amiga y… bueno, una cosa llevó a la otra y ahora somos pareja. Lo he estado pensando, y creo que no sería nada justo para ella que tú y yo siguiésemos con nuestro juego, ¿sabes?
… No me jodas.
[Huntress]: Entiendo.
[BlackCat]: De todas formas, tú tampoco has querido que nos veamos en persona ni que vayamos más allá en ningún momento. Quiero decir… no es como cerrarse una puerta o algo así, ¿no?
… NO ME JODAS.
[Huntress]: Me hago cargo, BlackCat. Me alegro por ti. Echaré de menos el rol, has sido una gatita encantadora.
[BlackCat]: Gracias por ser tan comprensiva. ¿Seguiremos en contacto?
[Huntress]: Sí. Por supuesto.
Me voy a desinstalar Blackwatch.
No voy a obtener nada más de esta maldita app, ya tengo mis relatos protegidos… Aggh, ¡con lo que me costó decidirme a participar en el jueguecito de BlackCat! Al final me atreví pensando que sería divertido, y así termina la historia: «de todas formas, tú tampoco has querido que nos veamos en persona». ¡Justo cuando había empezado a buscar una forma segura de quedar!
Quizá sea mejor así, antes de que haya podido cagarla. Pensándolo bien, no era una buena idea que me arriesgase a…
—Parece que Huntress se lo ha tomado bien.
Me quedo inmóvil. Agarro la taza y me la acerco a los labios. Observo por encima mientras el corazón me late como el de un hámster asustado.
—¿Llevabais mucho liadas con eso del BDSM?
Finjo bastante mal que estoy bebiendo porque ni siquiera inclino la taza, pero da igual.
—En realidad no.
—Bueno… mejor. Ahora estás conmigo, Hana.
Localizo con estupor a Hana Song y a Yuna Lee, dos estudiantes coreanas de informática. Enseguida logro encajar todas las fotografías de BlackCat en la figura estilizada de Hana.
Así que ella es quien presume por ahí de querer que yo le ponga una correa, ¿eh?
Muy bien.
Deposito la taza ruidosamente sobre ese platito de cerámica donde no encaja y me incorporo. Hago como que Hana y Yuna entran en mi campo de visión por casualidad y desvío mis pasos hacia su mesa.
—Hola, Hana. Yuna —sonrío.
—¡Hola, Amélie! —me dice Hana. Sus ojos brillan: dijo por el chat que soy su crush, y parece que sigue siendo así por mucha novia que se haya echado.
—¡Oh, la alumna más popular del campus ha venido a hablar con nosotras! —se sorprende Yuna, maravillada—. ¿Podemos hacer algo por ti, Amélie?
—Ah, nada en absoluto… Solo quería decirle una cosita a Hana. —Me inclino sobre ella. Yuna observa el hueco entre mi escote y la tela de la blusa, y Hana cierra los ojos mientras inhala mi perfume (Poison girl, de Dior)—. Cuando he dicho que has sido una buena gatita, me refería a que has sido una buena perra. Pero si ya no quieres llevar mi correa, allá tú.
Se retuerce sobre la silla de tal forma que queda claro que se le acaban de mojar las bragas. Su boca se cierra intentando contener un gemido de placer. Estoy demasiado cerca como para que no se imagine todo tipo de cosas con esa cabecita pervertida.
—¡Huntress eras tú! Ohhh, ¿cómo he podido rechazarte…? ¡Yuna, no quiero liarme contigo! ¡Amélie…!
—Espera, ¿Amélie es Huntress? ¡Por favor, dejadme participar en vuestro juego sexual!
Supongo que a partir de aquí empieza a resultar demasiado evidente que esto no es más que una fantasía: no he llegado a ponerme de pie. ¿Cómo iba a hacer tal cosa yo, que vivo con tanto miedo? Solo las estoy observando desde mi mesa mientras trato de entender cómo me afecta esta especie de «ruptura». Mi soberbia me dice que Hana nunca me habría rechazado de haber sabido que Huntress soy yo, Amélie Guillard, y eso me frustra más todavía. No quiero tener nada con ella y no debería sentirme así de ultrajada, pero supongo que el orgullo es el orgullo. Y poco a poco me invade la impotencia de saber que esto me seguirá pasando porque nunca voy a aceptar ver a nadie de Blackwatch en persona.
Apuro el té y me pongo de pie. Hana y Yuna se están besando. Kenji incordia a Mei-Ling… Y no me apetece fijarme en lo que están haciendo las otras alumnas presentes. Me dirijo hacia la puerta.
—¡Amélie! —me llama una voz.
Me giro: Fareeha ha venido corriendo. Brigitte y La Reina hablan en un lenguaje muy técnico sobre construir no sé qué aparato.
—¿Sí?
—Mi madre me ha dicho que el sábado que viene decidirán qué alumna del consejo estudiantil va a representar al alumnado en la junta directiva. Tú te has presentado, ¿verdad?
—Sí, lo hice en cuanto inauguramos el consejo estudiantil de este año —le respondo con amabilidad, un poco como si mi cabeza no fuese un hervidero de desvaríos amargos.
—¡Estupendo! Ojalá te seleccionen, el año pasado hiciste mucho por nosotras y tenerte es un auténtico lujo.
No, Fareeha, el lujo sería tenerte a ti… atada, concretamente. En mi dormitorio. Junto a tus amigas.
Vale, tengo que parar de imaginarme a todo el mundo en plan sumiso.
—Oh là là, ¡eres un auténtico encanto! —le digo antes de plantar un efusivo beso en su mejilla. Calculo mal y mis pechos dan contra los suyos. Su torso es duro y fuerte. Me muero por inmovilizarlo, por arañar y lamer su piel…
Bueno, pues no puedo parar. Al menos lo he intentado.
La egipcia se ríe de buen humor.
—Le he insistido en que eres la mejor opción, pero ya sabes que mi madre siempre hace lo que quiere.
—No te preocupes, chérie. Merci beaucoup.
Me dispongo a marcharme con mis ideas enmarañadas cuando Fareeha me toca el antebrazo.
—Oye, ¿te…? Eh, ¿te gustaría venir al entrenamiento del lunes? Estoy en el equipo de baloncesto y ayudaría que hubiese gente en las gradas para animar a las chicas… No hemos empezado la temporada demasiado bien, perdimos el primer partido y seguro que les subiría la moral verte ahí. Te admiran mucho.
—Miro mi horario y te confirmo —le respondo con una gran sonrisa.
Nadie me invita nunca a ir a ningún sitio. Supongo que da la sensación de que es absurdo intentar invitarme porque seré la presentadora de todos los eventos del campus. Eso o que mis negativas son vox populi. Jazzy ha insistido mucho en lo fría que le parezco.
Por eso Elizabeth me gana terreno social a pasos agigantados.
Fareeha retrocede y toma aire. Parece muy feliz.
—¡Vamos hablando, entonces!
