Cuarta: tras el asalto a la guarida de los Shie Hassaikai

From every heart you break
And like the blade you'll stain
Well I've been holding on tonight
What's the worst that I can say?
Things are better if I stay

Helena, My Chemical Romance


Al principio, todo parece bien.

Porque ganaron, porque ella habló con Aizawa. Porque intenta convencerse de que hizo todo lo posible.

Porque es sólo una estudiante y Aizawa volvió a repetirle, más tarde, cuando le pidió el pase, que no se deje arrastrar por todo aquello que no puede controlar.

De todos modos se lo dio.

«Bakugo, ¿otra vez?», preguntó.

«Quiero ganarle. Uno a uno».

«No descuides aprender a trabajar en equipo. Allá afuera eso es lo que vale. Ningún profesional puede enfrentarse solo a los peligros, Uraraka. Ni siquiera All-Might, aunque hace parecer que sí».

Ella prometió no descuidarlo.

Así consigue el pase y espera hasta que Bakugo y Todoroki lleguen un fin de semana. Está sentada afuera, en la entrada. Sola. Todoroki la saluda, con un gesto, pero se marcha, con una mueca cansada. Probablemente a bañarse y quitarse toda la mugre de encima. Bakugo, en cambio, se detiene.

—¿Qué haces aquí?

Uraraka levanta el papel.

—Quiero romper algo.

A pesar del cansancio en los ojos de Bakugo, él le sonríe de lado.

—¿Ahora?

—Si no tienes nada mejor…

—¡No me vas a ganar sólo porque estoy más cansado que tú! —espeta Bakugo—. ¡Y tendrás que esperar a que vaya a buscar el otro uniforme!


Ella, objetivamente, no tuvo la culpa de la muerte de Sir Nighteye.

Objetivamente.

El alma no se preocupa de lo objetivo, el corazón lo ignora siempre. Su mente se llena de «pudiste haber hecho más». «Más».

«Más».

«Más».

«Mucho más».

Necesita ser más fuerte. Más capaz.

«Más» como nubes en la mente, que la ahogan y hace que se le olviden sus objetivos.

Bakugo llega a mover todas esas nubes y esas dudas con un solo grito. Sonríe de lado antes de lanzarse hacia ella.

—¡MUERE, URARAKA!

Uraraka alcanza a reaccionar a tiempo y sonríe para sí.

«Se sabe mi nombre».

Qué razones más estúpidas para sonreír.

Y sin embargo. En sus labios. Como la ola del mar, una curva sútil que revela que es mucho más. Más. Más.


Prueba combinando sus estrategias. Es difícil tener factor sorpresa cuando han peleado ya de esa manera varias veces, así que tiene que superarlo a pura fuerza y estrategia. Para asegurarse munición, lo conduce siempre hacia donde las explosiones afectan mucho más a los edificios. Cerca de columnas que causen mayores derrumbes.

Es consciente de que esa no es una estrategia que sirva en la vida real. Como héroes, no pueden ir destrozando edificios donde la gente vive, trabaja y respira. Pero en ese momento sólo quiere destrozarlo todo. Dar un golpe bien dado. Llevarse a sí misma al límite y demostrarse hasta dónde puede llegar.

Con Bakugo es fácil hacerlo.

Algo en él la obliga a estirar un poco sus fuerzas.

Algo en sus ojos en su sonrisa, en las palmas de sus manos que truenan justo antes de la explosión.

Ella frunce el ceño y ataca con todas sus fuerzas. Usa una columna para lanzarle encima todo el cascajo, que él apenas si se las arregla para explotar antes de que llegue hasta ella.

Lo hace una y otra y otra y otra y otra y otra vez.

Y otra.

Y otra.

Quiere romper todo. Romper el mundo y volverlo a rehacer.

(Quizá un mundo más amable, donde los héroes no tengan que morir).

Romper la tierra, las piedras, hacerse fuerte para poder salvar a la gente. Aprender a apoyarse en otros que pueden alzarla hasta el cielo. Aprovecha las explosiones de Bakugo para propulsarse un poco hacia arriba y saltar tan alto como ella puede hacerlo para intentar atacarlo con la espalda.

Piensa una estrategia. Necesita tocarlo.

Elevarlo.

Pero Bakugo puede controlar su cuerpo muy bien en el aire. Ya no es opción esperar que pierda la estabilidad en un momento. Tiene que hacer que caiga inmediatamente, antes de que pueda explotar nada. O hacer que caída en una posición en la que no pueda salvar la caída con sus manos.

Pero piensa demasiado y él se le lanza encima. La inmoviliza.

El mundo huele a dulce quemado.

—Basta —dice, cuando ella intenta, con todas sus fuerzas y sin lograrlo, soltarse del agarre de Bakugo—. Basta. Ríndete. Basta.

Esa pelea duró mucho menos.

Ochako está decepcionada de sí misma. Puede aguantar mucho más. Debería poder aguantar mucho más, especialmente contra Bakugo. Así que sigue debatiéndose, pero él no cede ni un centímetro.

—Basta —espeta, más fuerte—. Estás distraída. Sólo vas a lastimarte a ti misma. O a hacer que te lastime más. Basta.

—No, n-no, aún puedo.

—No.

—Bakugo…

Intenta soltarse, sin lograrlo. Él sigue encima de ella.

—Ríndete. No voy a pelear contigo si estás distraída.

Parece enojado de verdad. No esa simulación que es su carácter todo el tiempo. Así que Ochako deja de pelear.

—Está bien.


Bakugo le extiende la mano antes de que ella la estire pidiendo ayuda para levantarse. Eso es extraño pero Uraraka no lo cuestiona.

—¿Tiene que ver con tus prácticas?

—Quizá.

Bakugo asiente.

—Dijeron que había muerto un héroe —dice, con toda la delicadeza de la que él es capaz. O sea, absolutamente ninguna.

—Sí. —Ochako mira al piso—. Lo tuve en mis brazos. —Y no sabe por qué confía en él. Quizá porque Bakugo ha sido parte de experiencias más horribles aún—. Un momento. Sólo un momento.

—Te sientes culpable —adivina él.

Y ella asiente.

Se quedan en silencio, sentados en el suelo de un campo de entrenamiento destrozado por completo.

Bakugo no dice «no te sientas culpable» y ella lo agradece.

Pasan unos minutos, hasta que él, sin verla, agrega algo más.

—Sé lo que se siente. —No explica más y Ochako sospecha que no está dispuesta a compartir mucho más—. Apesta.

No le ofrece un abrazo, porque ese no es Bakugo. Su único consuelo es quedarse allí sentado, a un lado de ella, compartiendo el silencio y dándole un poco de comprensión que Ochako, hasta ese momento, no se había dado cuenta que necesitaba.

Se quedan allí otro rato, sin hablar mucho, hasta que el estómago reclama algo de comida.

Bakugo de pone en pie y da un par de pasos antes de voltearse a verla.

—¿Vienes? De todos modos tengo que preparar algo de cenar para mí.

Silencio y comida. Así habla Bakugo el lenguaje del consuelo.


Bueno y esta fue la cuarta vez. No tengo más notas. Aunque usualmente me explayo aquí.

Andrea Poulain