Quinta: después del festival cultural

Darlin' you got to let me know
Should I stay or should I go?
If you say that you are mine
I'll be here 'til the end of time
So you got to let me know
Should I stay or should I go?

Should I Stay or Should I Go, The Clash


El festival cultural es un respiro para todo el mundo. Ochako puede concentrarse en una multitud de cosas buenas y diferentes y recordar que ser una heroína no tiene que ver únicamente con la tragedia sino también con hacer sonreír. Incluso Bakugo —puede observar— se lo toma muy en serio. Ochako se distrae viéndolo una vez en un ensayo.

Cada vez se le dificulta más enterrar esas miradas para la Ochako del futuro. Miradas que recorren la actitud en apariencia malhumorada de Katsuki al mover las baquetas, la manera en la que su pie pisa el pedal. Guarda esos momentos en ese espacio entre el corazón y el estómago, pero el cuerpo le arde de tanto escondérselos a sí misma, pretendiendo que no existen. Da respingos cada que se descubre a sí misma atraída, como un imán, hacia Bakugo.

Descubre su faceta calmada y tranquila —que ya sabía que existía, porque más de una vez lo ha con el ceño fruncido—, esa que existe entre grito y grito, los ruidos de sus cuerdas vocales. Observa con mucha más atención cómo se mueve y por qué. La manera en la que camina y en cómo siempre trae las manos escondidas. En las bolsas de los pantalones, usualmente. Como toca las cosas con cuidado —ese mismo que no tiene al pelear— y como cocina con calma. Hace un curry delicioso y a veces, cuando observa que aún no ha cenado, prepara tres platos y le deja uno en la mesa, sin una nota, pero Ochako sabe que es para ella.

Lo ve en el festival, solemnemente arreglado —aunque con la camiseta que Kaminari le pone encima, por la fuerza— porque todo se lo toma demasiado en serio. Ochako no puede saber qué es lo que pasa por su mente con ese festival —que para muchos es sólo la oportunidad de divertirse—; quizá tiene que ver con demostrarle a la escuela que la clase 1-A es mucho más que la clase problema —y puede aplastarlos en circunstancias completamente diferentes a las de un combate— o que él es mucho más que el adolescente encadenado y furioso del festival deportivo —aunque la segunda apreciación quizá le importa poco, corrige Ochako después, porque nunca lo ha visto preocuparse por lo que otra persona piense de él—. Quién sabe.

El caso es que lo observa.

Así, piensa en una estrategia. Se da el tiempo necesario. La última vez lo decepcionó a él y se decepcionó a sí misma. Por imprudente, por furiosa, por no ser capaz de mantener la cabeza fría y atacar con las emociones y no con la racionalidad.

No que las emociones estén mal.

Usualmente esas mueven al heroísmo —aunque también otro tipo de ambiciones, Ochako y su cartera lo saben perfectamente.

Pero al pelear debe tener el corazón en el lado correcto y la cabeza fría, para sobrevivir, para salvar a la gente, para ganar. Cuando se trata de Bakugo, lo último es lo más importante.

Quiere ganarle.

Erguirse alta y, aunque sea por un momento, mejor que él. Quiere la certeza de que caminan sendas iguales, a la misma altura, al mismo ritmo. De repente ya no es sólo cuestión de revancha, sino de saber que nadie la separa de él. La no-certeza —incertidumbre— hace que algo dentro de ella tiembla. Así que también por eso sus ojos no lo dejan ni un momento. Preguntándose cómo ganarle. Hasta que poco a poco, va a armando una estrategia que se cimienta dentro de ella cuando lo ve en la carrera de obstáculos del festival.

Luego, deja pasar unos días, practica un poco antes de acercarse a Aizawa para pedirle el permiso.

«Que no se te vuelva una fijación», le dice cuando se lo entrega. «Tienes más cosas en las que entrenar».

Ochako asiente.

«¡Le ganaré esta vez!».

Así que está allí. Frente a la puerta permanentemente cerrada de Bakugo. Nadie sabe qué es lo que se esconde en su habitación. Y ella sólo sabe que el chico está adentro porque Kirishima le dijo que se había encerrado allí a hacer tarea. Respira hondo y llama dos veces.

—¡Te dije que no te atrevieras a…!

Abre la puerta y se calla abruptamente cuando se da cuenta de que es Ochako quien está parada delante de él.

Entorna los ojos.

—No eres Kirishima.

Ella le sonríe de oreja a oreja.

—No, para eso necesitaría ser un poco más alta. Alto. En realidad.

—¿Qué quieres? Responde o te estrello la puerta en la cara.

—¡La revancha definitiva!

Bakugo alza una ceja.

—¿Definitiva? ¿Ahora sí?

Asiente, muy segura.

Bakugo sonríe de lado.

—Vamos, no me perdería eso por nada.


Después de tanta observación, Ochako entiende cómo es que se mueven las manos de Katsuki Bakugo. Como funcionan sus fintas, sus brazos, la trayectoria de sus extremidades en el aire y en el suelo. Esa vez, Ochako se concentra en ser rápida. Lo obliga a darle municiones y lo abruma con ellas. No las guarda, eso ya no tiene ninguna clase de elemento sorpresa para él. En vez de eso, se las lanza todas hasta que prácticamente está peleando rodeados de cascajo y todas las explosiones de Katsuki levantan algo.

Su poder entonces le juega en contra e intenta alejarse, jugar sobre nuevo terreno donde Ochako no tenga tanta munición, pero ella es rápida, no se lo permite. Lo mantiene cerca, siempre bajo la amenaza de atacarlo.

—¡MUERE!

No, no, no.

No puede. Esta vez tiene que ganar, sabe cómo hacerlo. No necesita una distracción que no dependa de ella o una debilidad del otro. Puede acabar con Bakugo así, con toda su fuerza. No necesita esperar a que tenga un mal día, se dice. Se la tiene que creer y lo tiene que lograr. Algo no se vuelve verdad por repetirlo mil veces en su cabeza, sino porque lleva mucho tiempo entrenando para ello.

Al final, él la ve venir.

Lo más satisfactorio para Ochako es que no puede hacer nada. Lo abruma con cascajo que está a su alrededor y lo usa como escudo para protegerse de las explosiones de las manos de Katsuki. Es un método caótico pero funciona. Bakugo la está viendo con los ojos muy abiertos cuando ella se lanza sobre él y le cae encima y entierra sus manos en cascajo. Sus manos aprietan los brazos de Bakugo para que no pueda levantarlas y reza que ya no pueda ni tenga energías para lanzar otra explosión. Se le pone a horcajadas y tiene casi la misma fuerza que él, que intenta patearla, pero ella no se mueve, no se lo permite. Se inclina para quedar cerca de su rostro y con una sonrisa orgullosa de sí misma, decirle:

—Gané.

Bakugo traga saliva y el mundo se detiene.

Se detienen sus patadas y todo el movimiento. La fuerza de sus brazos. Así le reconoce la victoria. Con ese gesto. Porque ya no puede moverse; Ochako no lo deja.

Pero ella no lo suelta inmediatamente, como debería de hacer. Se queda viéndolo más tiempo. Así, de cerca. Sus ojos rojos brillan y es estúpido quedarse prendada de ellos tanto tiempo, pero de todos modos lo hace. Ya no tiene la cabeza fría, sino que su corazón late con fuerza, mucha fuerza y es el único conductor de sus acciones en ese momento.

—Uraraka… —empieza él.

Y no sabe qué va a decir.

Nunca se entera de cuáles pudieron haber sido sus palabras entonces. En vez de eso lo ve abrir los labios siente un impulso estúpido —como todos los impulsos no pensados ni reflexionados— y corta la distancia entre ambos de una manera tan brusca que incluso ella se sorprende. Sus narices chocan —sólo un momento, después se acomodan— y ella lo besa. Con furia. Como supone que besaría Bakugo —porque los besos que se asemejan a las peleas son los mejores besos— y como imagina que reaccionarían sus labios atrapados con los suyos.

Y entonces se separan y Ochako sólo puede ver a cara sorprendida de Katsuki.

Le cae encima lo que acaba de hacer.

Y se pone roja y lo único que puede hacer es salir corriendo.

Sólo alcanza a oír un enfurecido grito.

—¡Vuelve aquí, Uraraka!

Pero no vuelve. Corre lejos.

Le ganó a Bakugo y lo besó. Todo se mueve dentro de ella y quiere volverlo a poner en orden, antes de volver a mirar a la cara. No importa lo difícil que sea.


Uraraka tras ser la bad ass que todos sabemos que es pero que no la dejan ser: *panics in kissing* Seh. Esa es Uraraka. Además con Katsuki si me imagino que ella podría dar el primer paso.

Andrea Poulain