La vez que Bakugo tuvo que pedir una revancha

Tonight, I want to see it in your eyes
Feel the magic, there's something that drives me wild
And tonight, we're gonna make it all come true
'Cause girl, you were made for me
And girl, I was made for you

I Was Made for Loving You, Kiss


Lo primero que recuerda es la furia de haber perdido mezclado con la satisfacción de que Uraraka por fin hubiera demostrado la verdad tras todas esas declaraciones. Y luego sus labios. Y luego la nada.

Usualmente solían volver juntos a los dormitorios después de sus peleas. En silencio, porque Katsuki no tenía nada que decirle a Uraraka y solían estar cansados y hambrientos. Pero esa vez vuelve solo, a paso lento. Pensando en los labios de Uraraka y en su manera de besar y en que lo había besado y en que nunca antes había besado a nadie.

No se hubiera fijado en Uraraka dos veces si no la hubiera visto pelear.

Demasiado pequeña, demasiadas mejillas para un solo rostro; demasiado amable, demasiado sonriente.

Quién diría la pasión que se escondía tras esa fachada.

Así que camina lento, mientras se disipa la furia. Ya no la ve. Ya no siente la tentación de gritarle que vuelva, porque se fue corriendo como una cobarde. Después de todo, ¿qué le diría si se hubiera quedado?

Regresa solo, más tarde que de costumbre.

Ni siquiera siente la derrota de la pelea, lejos de un confuso orgullo.

No hay nada frágil en Ochako Uraraka. Subestimarla equivale a morir lentamente, poco a poco.

No hay nada frágil en la manera en la que pelea, en la que se mueve, en la que golpea. Pudo inmovilizarlo y eso es símbolo de una increíble fuerza.

Pero tampoco hay nada frágil en sus labios, que atacan en forma de beso.

Katsuki se lleva los dedos a sus labios, buscando la sombra de los de Ochako. ¿Por qué tuvo que huir?


No se encuentra con casi nadie al volver. Hay un grupo de estudio que no hace ruido en la zona común y puede oír a alguien preparando algo en la cocina, pero no se asoma. Se dirige a su habitación. Tiene que ponerse al corriente con la tarea de Present Mic —inglés no es nada complicado pero igual tiene que hacerlo— y después tiene tarea de matemáticas pendiente. Las integrales no se van a hacer solas sólo porque él no pueda dejar de pensar en Ochako Uraraka.

(¿Por qué tenía que besarlo?)

Trabaja sólo un rato hasta que alguien llama a su puerta.

—¿Bakugo?

Es Kirishima.

—Necesito ayuda.

Gruñe, pero va a abrirle la puerta. Tiene un cuaderno y un lápiz en la mano y cara de confusión.

—Pasa, idiota.

Kirishima es el único que ha tenido el privilegio de conocer su habitación. Otros sólo la han visto por fuera y otros saldrían volando con una explosión si se atrevieran a si quiera llamar a su puerta.

—¿En qué demonios te atoraste?

—Matemáticas —dice—. Los números dan vueltas en mi cabeza.

Explicar matemáticas ayuda.

De repente Ochako Uraraka ya no es la dueña de un buen espacio de su mente. Pensar en que lo dejó tirado en medio del campo de entrenamiento queda relegado porque Kirishima es un idiota que en momentos de estrés olvida que dos más dos es cuatro —pero en realidad no es malo, sólo duda demasiado y eso irrita a Katsuki, que ese día gruñe más de lo habitual y se queja más de lo habitual.

Kirishima cierra el cuaderno de un golpe.

—¿Está todo bien? —pregunta, volteando hacia Bakugo—. Estás más distraído que de costumbre y…

Es un milagro que Kirishima pueda notar eso.

O quizá no, porque lo conoce más que nadie.

—Métete en tus asuntos —espeta.

—Estuviste con Uraraka hace rato, ¿le ganaste? —pregunta Kirishima, incapaz de quitar el dedo de la llaga—. La vimos llegar e ir a comer algo, pero no nos dijo nada.

Bakugo hace una pausa.

Así que asumen que le ganó, como siempre.

—No —responde, bajo.

Está pensando en su derrota, pero también en el beso. Una cosa no opaca la otra. No, más bien, el pensar en que Uraraka lo besó tras derrotarlo, hace que su estómago de una o dos vueltas nerviosas que nunca antes había experimentado.

—¿Qué…? —Kirishima no parece creerle.

—No le gané. —No cree necesario explicar más. Si Katsuki dice eso es porque Uraraka le ganó limpiamente.

—Oh. No se veía tan… animada. —Kirishima sonríe—. ¡Yo hubiera festejado!

—¡Porque tú eres un idiota! —espeta Katsuki.

Vuelve la vista a su cuaderno abierto y al cuaderno cerrado de Kirishima. Podría hacer que volvieran a concentrarse en todo el trabajo escolar pendiente. Sería fácil. Patearía el tema de Uraraka de nuevo hasta el fondo de su ser, hasta que pudiera sacarlo y examinarlo como Deku examina cada pelea de un héroe, hasta que pudiera revisarlo hasta el cansancio y pudiera recordar el sabor exacto de sus labios. Pero si lo hace sólo, siente que se volverá loco.

—De hecho… —empieza, sin saber cómo poner lo que ocurrió en palabras, porque nunca le he pasado antes. Nunca le hizo caso a las chicas o a los chicos de la secundaria, nunca tuvo una cita. Nunca nada. Sólo Uraraka sobre él y sus labios sobre los suyos—. Pasó algo más —dice, esperando que Kirishima pregunte. Así es más fácil. Pero no lo hacen, sólo le da su espacio, esperando. El único gesto del chico pelirrojo es alzar una ceja. Katsuki no tiene más remedio que confesarse aquí—. Uraraka me… —pausa; ¿por qué es tan difícil decirlo?— besó —concluye, con la voz más baja, más tranquila.

Kirishima abre mucho los ojos.

—¡¿Qué?!

—¡No me hagas repetirlo, imbécil! —espeta Katsuki—; ¡no saldrás ahora con que no tienes buen oído!

—¡Escuché bien! ¡¿Y después?! —pregunta—. ¿Por qué volvió tan… callada? ¡La rechazaste!

—¡Ella huyó! —le dice Katsuki—. ¡Yo que voy a saber por qué…!

—Oh… —Kirishima carraspea, esperando que Katsuki vuelva a proferir gritos enojados—. Bueno. Ehm. Bakugo. Voy a hacerte una pregunta. Intenta responder calmado. —Entorna los ojos—. ¿De acuerdo? —Katsuki no hace ningún gesto. Ni accediendo, ni negándose—. Bueno, también puedes no responder, si te incomoda. —Kirishima carraspea de nuevo—. ¿Te gusta Uraraka?

¿Qué?

¡¿Qué?!

Katsuki debe quedarse un momento sin tener ni idea de qué decir o sin cambiar de expresión, porque Kirishima pasa una mano enfrente de su rostro.

—Ey, ¡Bakugo! —insiste. Pero él sigue sin responder, así que Kirishima suspira, en su infinita paciencia, agarra su cuaderno y se pone en pie—. Creo que necesitas pensar en eso.

—¡Ey, espera!

—No, no, lo siento, debí haberme dado cuenta de que no era el momento oportuno. —Kirishima agita las manos, haciendo aspavientos y se dirige a la puerta—. ¡Piensa en mi pregunta! De todos modos ya casi había entendido el tema. Si necesito más ayuda o algo así le pregunto a Momo. O a Todoroki. O… Lo que sea. Sólo no explotes a alguien mientras piensas, ¿vale?

Y sale.

Katsuki se queda solo.

¿Le gusta Uraraka?


Para empezar, «gustar» es un verbo demasiado grande para Katsuki, al menos en el sentido romántico.

Le gustan las playeras negras —tiene una colección infinita—, el ramen picante y All-Might —aunque a veces quiere golpearlo, especialmente cuando habla como si nada del secreto que Deku y él comparten—. Le gusta también jugar Mario Kart —aunque no es ni de lejos el mejor de la clase— y le gusta coleccionar magicarps en Pokemon a los que les pone de nombre Deku —a los que luego entrena sin cesar hasta que evolucionan, como irónica metáfora de su historia con Deku—. También le gusta cocinar curry —picante, por supuesto— ver documentales viejos sobre héroes —mayormente All-Might—. Pero, ¿Uraraka?

No es que tenga algo especial.

Sus mejillas don demasiado grandes para su cara —y por eso el rostro redondo que tiene—, su fleco es demasiado corto, su actitud es demasiado sonriente. Que Katsuki pueda evocar inmediatamente su semblante no tiene que ver con nada.

Excepto.

También puede invocar hasta él el rostro temible de Uraraka cuando está peleando, con el ceño fruncido, los ojos entornados y la sonrisa de lado.

Y si le gusta algo, tendría que decir que le gusta su no-fragilidad, esa que todos buscan, sin encontrarla, porque no existe. Y esa no-fragilidad —fuerza, fortaleza, determinación, lo que sea, acaso— es parte del todo de Uraraka siempre está ahí.

Oh.

Oh.

Así que era eso.


No va con Aizawa porque para lo que tiene en mente no necesita un campo de entrenamiento. Sólo llama a la puerta de Uraraka muy temprano en la mañana. Demasiado temprano en la mañana. Antes de que ella pueda huir y evitarlo cobardemente, como el día anterior.

—¡Vamos! —espeta—. ¡Abre la puerta!

Ochako Uraraka tiene la pijama puesta —guantes incluidos, para no hacer flotar nada por error mientras duerme—, el cabello desordenado y se está tallando los ojos cuando abre la puerta.

—A algunos nos gusta dormir hasta más tarde —espeta—. ¿Qué quieres?

Katsuki no puede evitar notar que Uraraka mantiene su distancia.

—Mi revancha.

—¡Para eso tienes que pedirle un pase a Aizawa! —espeta Uraraka—. Si para eso tienes que venir a tan temprano…

—No necesito un pase de Aizawa.

Uraraka bufa.

—Claro, y que nos castiguen por…

Katsuki da un paso hacia ella. No tiene ni idea de lo que va a ser y todas las voces de su cabeza le dicen que está a punto de cometer una estupidez.

—Creo que no entendiste la revancha que quiero, Uraraka —dice.

—¡No te di permiso de entrar a mi habitación! —le espeta ella e intenta empujarlo. No se empeña demasiado. Si se empeñara, habría lanzado a Katsuki contra la pared contraria.

—¡Dame un momento! —espeta Bakugo—.¡Tú te quedaste con el primer beso! ¡Yo quiero el segundo! ¡Es una revancha justa!

Uraraka se queda un momento con los ojos muy abiertos. Parece en estado catatónico. Y luego se echa a reír.

—¿Qué? —pregunta, entre carcajada y carcajada.

—¡¿Estás sorda?! ¡Dije que si tú te quedaste con el primer…!

—Oh, dios mío, escuché bien. —Y de la risa histérica pasa a sonrojarse entera. A Katsuki no se le ocurrió que Uraraka se pudiera poner del color del cabello de Kirishima, pero es un buen descubrimiento, porque se ve adorable—. Oh, dios mío. Oh, dios mío —repite, incrédula y estira una mano para agarrar a Katsuki por la muñeca y jalarlo, ahora sí, adentro de su habitación, y cerrar la puerta tras de él—. Oh, dios mío, no estás bromeando.

Eso, por alguna razón, enfurece a Katsuki.

—¡¿Te parece que estoy bromeando?!

—¡No, no, claro…! —Está roja. Muy roja. Y se está riendo. Y Katsuki no puede pensar que eso es adorable. Oh, dios mío, en qué problema se fue a meter. Al final, Uraraka consigue mantener la compostura, se para frente a él y, fingiendo una seriedad muy solemne, agrega—: ¿Quieres tu revancha? Bien. ¡Pero que sepas que beso mejor yo!

—Lo dudo.

Katsuki sonríe de lado.

Después de un momento se da cuenta de que debería hacer algo porque Uraraka lo está mirando muy seria y sólo atina a agarrarla por la cintura y atraerla hacia sí y estampar sus labios con los de ella como puede en su nula experiencia.

Es un beso agradable.

Se separan.

—Creo que necesito otro para comprobar que besas bien —se atreve a decir ella—. Y luego quizá otro más. Y otro más.

Katsuki sonríe de lado.

—Los que quieras.


La hora del desayuno encuentra a Uraraka sentada en la barra de la cocina, a un lado de Katsuki, mientras él prepara algo para los dos.

Quizá más tarde necesiten una revancha más. No acaban de decidir quién de los dos besa mejor.


fin


¡Y llegamos al final! La verdad no me esperaba la respuesta tan bonita que tuvo este Kacchako porque es la primera vez que escribo uno y no esperaba ni las gracias. Bueno, muchas gracias por leer. Si quieren dejar un comentario, mi alma ficker se alimenta de ellos. ¡Nos vemos en el próximo fic!

Andrea Poulain