Disclaimer: Todo pertenece a Rick riordan.
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Un octubre olímpico
Día 3: Sally
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Sally sabía lo que iba a pasar en cuanto vio al chico desgarbado y a la niña de las gafas y la ropa de colores. Ella era una semidiosa. Él, por más que costara creerlo con ese aspecto, era un dios. Sally tenía la suficiente experiencia con dioses y semidioses como para saber que no se trataba de una visita de cortesía. Nunca eran visitas de cortesía. Siempre eran misiones, peticiones de ayuda que acababan con su hijo corriendo peligro.
No dijo nada. Lo comprendía. Ella siempre lo había comprendido. Fue amable con ambos y los dejó solos con Percy para que pudieran hablar. Cuando volvió al salón, esperaba encontrarse con su hijo listo para partir, mas solo sus dos invitados se fueron.
–Mi tiempo de misiones ya ha acabado. He pasado por dos guerras. Ahora me toca descansar.
Sally sonrió. Estaba orgullosa de su hijo, de todas sus hazañas y heroicidades, pero no podía sentirse más aliviada de que hubiera decidido terminar con eso. Esperaba que al dios y a la semidiosa les fuera bien, pero también esperaba que el Olimpo no necesitara a su Percy nunca más.
